Feliz fin de semana a todas ustedes, espero hayan pasado un excelente día de las madres, y para quien lo celebra este domingo también les deseo que pasen un excelente día en compañía de todos sus seres queridos.

Les recuerdo que la historia NO es para menores de edad, ni para personas que son sensibles al tema adulto, espero comprendan cuando les pido por favor que se retiren si no cumplen con estos requisitos. Muchas gracias por su comprensión.

EL ABUELO WILLIAM

31

Anthony caminaba despacio hacia la habitación principal en la cual lo esperaba el amor de su vida, seguro de que tal vez el cansancio la había vencido. Una vez más se había tardado más de la cuenta e intentaba no hacer ruido para no despertarla.

-Veo que de nuevo se han extendido en la charla de hombres. – Le dijo Candy sorprendiéndolo en cuanto él abría la puerta con sutileza.

-Lo siento mi amor. – Le dijo con pena, él tenía la intención de llegar pronto a su lado porque sabía bien la promesa que le había hecho con tan sol una mirada. – Nuevamente nos quedamos platicando. – Aceptó con resignación al saber que ya era demasiado tarde y que tal vez su hijo pronto despertaría para alimentarse.

-Alexander se acaba de dormir. – Le dijo Candy mientras lo abrazaba por el cuello. La mirada de Anthony se encendió al escuchar aquella frase que le revelaba su esposa. – Nos quedamos dormidos en cuanto subimos y despertó hace un momento, sin embargo en cuanto lo cambié y lo alimenté quedó dormido por completo. – Dijo la rubia revelando que ya había descansado anteriormente. Anthony la tomó por la cintura y la acercó más hacía él.

-No sabes cómo me alegra escuchar eso. – Le dijo con una sonrisa sensual para después comenzar a besarla en los labios. – Te he extrañado tanto. – Decía Anthony al haber vencido su tiempo de abstinencia por fin. Candy sonrió por sus palabras ya que ella también lo había extrañado bastante.

-Yo también te he extrañado. – Dijo Candy con un sensual suspiro que se escapaba de sus labios al sentir como la boca de Anthony viajaba por su cuello.

El silencio se hizo presente en la habitación, ambos intentando reprimir los sonidos que amenazaban con salir de sus labios víctimas de la pasión que comenzaba a despertar en sus cuerpos. Ninguno de los dos quería despertar al pequeño que dormía en el espacio especial para él de aquella habitación.

Anthony comenzó a desvestir a su esposa, despojándola con lentitud de sus prendas, aprovechando cada vez que descubría un espacio para llenarse de su sabor.

-Anthony… - Gemía Candy su nombre, dejándose amar por él nuevamente, permitiendo que explorara su cuerpo con ansiedad, comenzado a reactivar una vez más aquella zona que se había acostumbrado a la falta de atención. Pronto comenzó a sentir que la sangre recorría sus venas de manera vertiginosa y su respiración se volvía errática. Era incapaz de abrir los ojos, sin embargo podía sentir los labios y las manos de su amado recorrer su piel.

-Eres hermosa… - Decía Anthony mientras acariciaba cada pedazo de su cuerpo, besándola con ternura para lograr estimularla y poder poseerla una vez más.

El cuerpo de Anthony estaba listo desde el primer beso, sin embargo sabía bien que debía preparar a su esposa, sus labios se deleitaban con la suavidad de su piel, con el sabor de su cuerpo que se erizaba en su contacto. La temperatura en ella iba en aumento y él continuaba con su labor, disfrutando cada centímetro de su suave piel.

-¡Candy…! – Decía emocionado, aumentando sus caricias con mayor ímpetu. Sus manos se desviaron entre sus glúteos y la acercó a su cuerpo para besar sus areolas. Candy ahogó un gemido aprisionando los rubios cabellos de su príncipe que continuaba con sus caricias.

Anthony la levantó entre sus brazos y la colocó al centro de la cama, levantándose con la respiración acelerada y el rostro enrojecido. Los ojos de Candy estaban encendidos de placer y su pecho subía y bajaba agitado esperando más caricias. Anthony tomó todo su auto control para detener sus ganas de amarla y comenzar a desvestirse. Candy lo observaba maravillada al ver como su amado comenzaba a exhibir su cuerpo orgulloso, firme, resistente, sus verdes se posaron en su pecho recorriendo su abdomen hasta llegar a su pelvis, la respiración se cortó en ella admirando el bien trabajado y esculpido cuerpo que él poseía. Anthony la miraba con la mirada encendida, con la respiración entrecortada haciéndola palpitar en su centro.

No hubo necesidad de palabras, no hubo necesidad de permisos, ambos deseaban ser un solo ser nuevamente y Anthony no lo pensó más y se inclinó sobre ella, besando sus labios, su cuello, sus senos, bajando cada vez más hasta llegar a su meta. Candy no pudo evitar lanzar un gemido al sentir como los labios de Anthony quemaban su piel, alimentándose de su cuerpo, demostrándole una vez más que tenía ganas de amarla, de adorarla. La rubia no pudo más y pronto se aferró a las sábanas que cubrían el lecho, mordiéndose los labios para evitar gritar de placer. Se dejó llevar por los estímulos de su esposo quien con nuevos bríos buscaba una nueva liberación.

-¡No puedo más…! – Decía Candy con un hilo de voz, incapaz de seguir soportando el placer que le era regalado. Anthony no había escuchado sus palabras y volvía a deleitarse con su esencia. - ¡Ya… por favor... Anthony…! - Decía Candy removiéndose de su sitio para ser escuchada.

-¿Sucede algo...? – Preguntó Anthony sorprendido por la reacción de su esposa. Candy respiraba de manera acelerada, su rostro estaba enrojecido y sus ojos brillaban con intensidad.

-Ya no puedo… - Decía Candy agotada por tanto estímulo. – Estoy… agotada… - Anthony sonrió con picardía al darse cuenta de lo que estaba sucediendo, se había dejado llevar por la intensidad del momento y no había captado que tenía mucho tiempo estimulándola en ese sensible lugar en que él adoraba perderse.

Se acercó a besar sus labios con ternura y Candy lo recibió con timidez, al creer que se molestaría con ella por pedir un poco de tregua. Anthony la besó profundamente y con lentitud mientras con cuidado separaba sus piernas para comenzar a invadir su cuerpo, poco a poco iba entrando en ella, buscando que la humedad natural de su cuerpo emanara una vez más. Candy gimió de nuevo estremeciéndose entre sus brazos al sentirse por fin llena de él. Un gemido, unos cuantos movimientos y Candy volvió a experimentar la cúspide del amor, había perdido la cuenta de cuantas veces había llegado esa noche, lo único que sabía era que su cuerpo pedía descanso, sin embargo su parte baja seguía palpitando por más, necesitada de atención después de tantos días de ayuno.

-Te amo Candy. – Decía Anthony mientras con sensuales movimientos seguía entrado en ella, el lento vaivén que él llevaba en su ritmo la estaba llevando una vez más al delirio. El cuerpo de Anthony se tensó de pronto dejándose llevar por la culminación de su acto, descargando toda la pasión contenida en su cuerpo, liberándose por completo dentro de ella, llenándola de su calor y su esencia. Candy apretó sus uñas en su espalda víctima nuevamente de la pasión y se dejó llevar una vez más por sus sentidos.

Sus respiraciones eran agitadas, sus cuerpos comenzaban a sudar para liberar el calor al que habían sido sometidos, sus alientos calientes golpeaban con sus cuerpos, ninguno de los dos quería separarse, él no quería liberarla y ella no quería ser liberada. La naturaleza fue la encargada de hacerlo y Anthony se dejó caer a su lado, permitiendo que la rubia descansara a pesar de las ganas que tenía de continuarla amando.

-Te extrañaba tanto. – Dijo Candy con pena de revelar que necesitaba su cuerpo en su interior. Anthony sonrió con ternura a sus palabras y besó sus labios con dulzura.

-Y yo a ti preciosa, siento si te hice sentir incómoda. – Le dijo para disculparse por haberla hecho fatigarse. Candy lo miró con ternura, acariciando su rostro suavemente.

-No me hiciste sentir incómoda. – Le dijo mirándolo a los ojos para que estuviera seguro que ese no había sido el motivo por el que pedía se detuviera. – Sentía que ya no podía más, jamás había… - Dijo con pena mientras Anthony la miraba esperando terminara su explicación.

-¿Jamás habías…? – Preguntó incitándola a terminar su frase, ya que la rubia había callado de pronto mientras su rostro se encendía una vez más.

-Tú sabes… - Decía sintiéndose incapaz de revelar el motivo de su súplica. Anthony la miró buscando que ella le dijera sin pena lo que creía había pasado.

-No sé… - Le decía besando sus labios levemente. Anthony bajó sus besos sobre su cuello y Candy cerró sus ojos para dejarse llevar. – Dime… - Le decía meloso, con un tono sensual que lograba que Candy se olvidara de sus ideas.

-Jamás había… - Decía gimiendo mientras Anthony seguía con sus besos. – Había… llegado... tantas… veces… - Decía ya sin timidez, hablando entrecortado para terminar su frase y guardar silencio para así permitirse disfrutar de lleno sus caricias. Anthony sonrió al comprobar que efectivamente la súplica de Candy había sido porque ya no podía con tanto placer.

Anthony la giró hacía él y la colocó sobre su cuerpo, acomodándola para poder irrumpir en ella una vez más. Candy lo miró con sus pupilas dilatadas, con su corazón palpitante y sus ganas de ser abordada. Una mirada, un movimiento y ella cerró sus ojos complacida. Anthony la miró expectante, sus ojos reflejaban el deseo contenido por tantas semanas, su necesidad de ella iba en aumento y la disposición de la rubia estaba ahí.

La mañana los atrapó amándose y el canto de los pájaros era el que anunciaba que era hora de levantarse, ni el pequeño Alexander había interrumpido la tórrida noche que sus padres habían protagonizado, al quedar dormido profundamente, como si los sonidos producidos por sus padres fuesen un canto de cuna para el menor.

-Buenos días. – Dijo Anthony liberándola por completo. Candy sonrió por su saludo.

-Buenos días mi príncipe. – Le respondió enamorada, con los ojos cansados por el desvelo llevado a cabo.

El llanto de Alexander los sorprendió a ambos, al parecer ya se les había olvidado que el pequeño dormía en el espacio contiguo de su habitación.

-Tengo que reconocer que se ha portado muy bien esta noche. – Dijo Anthony con una sonrisa al ver que su esposa se levantaba para cubrir su cuerpo y atender a su pequeño que ya demandaba alimento.

Candy caminó hasta la cuna que protegía a su hijo y lo tomó entre sus brazos para después caminar hasta la cama con su esposo, quien la esperaba observándola perdido en su belleza.

-¿Qué sucede? – Preguntó Candy al ver que Anthony la miraba con aquella mirada profunda que tenía. Él sonrió enamorado.

-Te observo. – Le dijo con una sonrisa tierna. – No puedo evitar ver lo hermosa que te ves con nuestro hijo en brazos. – Volvió a decir enamorado. Candy sonrió y se acercó a él.

-Creo que hay que cambiarle el pañal. – Dijo Candy colocándolo en el cambiador que tenía ahí mismo. Anthony se levantó colocándose simplemente su pantalón de dormir.

-Yo lo hago. – Le dijo para ayudarla, mientras ella se aseaba para alimentarlo. Candy sonrió agradecida, se sentía realmente cansada por no haber dormido casi nada aquella noche, sin embargo su cuerpo se sentía sereno y relajado al igual que el de Anthony.

Candy observaba como su esposo sin querer lucir sexy cambiaba a su pequeño, mientras ella lo observaba con detenimiento, deleitándose con su fuerte figura que se marcaba sobre el pantalón que vestía. Anthony sintió su mirada y giró su rostro para hacerle ver que la había descubierto.

-Tranquila señora Brower. – Le con su voz sensual. – Que nuestro hijo ya despertó. – Le dijo guiñándole un ojo con coquetería. Candy rió por su broma. – De lo contrario te aseguro que no estuviera aquí… sino ahí… - Le dijo señalando el lecho en el que se habían amado el resto de la noche. Candy se sonrojó y sus piernas se juntaron por inercia al comprender a lo que se refería el rubio.

La rubia se sentó para prepararse y así alimentar a su hijo, quien desesperado se prendía de su seno para saciar su hambre. Anthony se acercó y como siempre ofrecía su índice para que el pequeño se aferrara a él.

-Anoche no se podía dormir porque no estabas a su lado. – Le dijo Candy como dato de que había batallado para dormir a Alexander, tal vez por ello había dormido toda la noche sin despertarse.

-Creo que será un problema ahora que regrese a trabajar a las empresas. – Dijo Anthony seguro que tenía que volver ahora que los Cornwell se irían de luna de miel con sus esposas. Candy lo miró preocupada, sin embargo sabía que era necesario comenzar a quitarle aquella tierna costumbre.

Alexander se quedó dormido nuevamente y Candy lo llevó una vez más a su espacio, para después ser tomada entre los brazos de su esposo.

-¡Anthony! – Dijo apenas audible al sentir que flotaba en el aire repentinamente, siendo sostenida por los fuertes brazos de su atlético marido.

-Es hora de tomar un baño pecosa. – Le dijo con una sonrisa mientras caminaba con ella hasta el cuarto de baño evitando hacer ruido. Candy sonrió con travesura al adivinar las intenciones de su príncipe, sabía bien que aquel "baño" significaba una sola cosa.

El agua comenzó a recorrer su cuerpo mientras los labios y las manos del rubio la acariciaban, invadiendo su cuerpo de pie mientras se encontraba de espaldas a él. Anthony la adoraba y la necesitaba y ella se dejaba llevar por esos deseos que él había despertado en su joven cuerpo. Su entrega fue intensa, apasionada, completando nuevamente el clímax en su cuerpo.

-¿Te gustaría salir a pasear? – Preguntó Anthony a la pecosa, quien cepillaba sus cabellos mientras él la admiraba.

-Me encantaría. – Dijo Candy con una mirada ilusionada, le gustaba salir de paseo con él, pero le emocionaba más que esa sería la primera vez que saldría con él en Chicago, a ojos de todos, sin esconderse más de nadie.

Era domingo, sus primos se levantaban tarde, el desayuno se servía una hora después de la habitual, así que no había apuro por llegar al comedor, ambos salieron de la habitación permitiendo que Dorothy se encargara de su hijo.

-Buenos días. – Saludó la pelirroja con un poco de timidez, le causaba pena interrumpir al matrimonio tan temprano y más cuando estaba segura que habían roto la dieta.

-Buenos días Dorothy. – Respondió Candy con una sonrisa tímida a la joven. - ¿Podrías cuidar a Alexander? – Preguntó a sabiendas que siempre la ayudaba, ya que ella era la única que cuidaba al pequeño heredero cuando su madre estaba ocupada.

-Por supuesto que sí, Candy. – Dijo Dorothy con una sonrisa amable.

El joven matrimonio se dirigió hasta el comedor donde un puntual George se ponía de pie ante la presencia de la dama, una sonrisa seguida de un cordial saludo fue dirigida a ellos.

-Buenos días George. – Saludaron ambos con calidez, ocupando sus lugares para después ver aparecer a los Cornwell quien como siempre llegaban juntos.

-Buenos días. – Saludaron ambos a los presentes.

-Buenos días Stear y Archie. – Saludó Candy con una sonrisa radiante, una sonrisa que los chicos no sabían que era por la maravillosa noche que Anthony le había proporcionado, sino que creyeron por un instante que era porque su primo se había atrevido a revelar la plática que habían sostenido la noche anterior.

-Buenos días Candy. – Dijeron con un leve carraspeo mirando a Anthony interrogando con sus ojos el motivo de su gozo, sin embargo al ver que la mirada del rubio brillaba con la misma intensidad, se miraron uno al otro y optaron por pasar la pregunta. Era algo en lo que no tenían que intervenir.

-Candy y yo saldremos de paseo. – Comentó Anthony a sus primos y a George. - ¿Les gustaría acompañarnos? – Preguntó amablemente para invitarlos a disfrutar de su domingo familiar.

-Lo siento yo no puedo. – Dijo Archie de inmediato, había quedado de visitar a su novia muy temprano para terminar de ultimar los detalles de la boda.

-Yo tampoco puedo ir. – Respondió Stear, quien también había quedado de verse con Patty. Anthony miró a George quien aún no había respondido, este sonrió porque sabía que esperaba su respuesta.

-Hoy no podré hacerlo, tengo que organizar algunos pendientes. – Respondió ante la mirada interrogativa del rubio. Anthony le sonrió amablemente.

-¿Por qué no te tomas un día libre? – Le preguntó a sabiendas que siempre estaba trabajando y que jamás en lo que recordaba había ocupado un día para utilizarlo en él. George sonrió agradecido por su oferta.

-Tal vez después de la boda de los muchachos te pediré unas vacaciones. – Respondió con tranquilidad, pero sabía que no serían esos sus planes. Anthony lo sabía muy bien porque George jamás había pedido vacaciones ya que no tenía familia aparte de ellos a quien visitar. Los Andrew se habían convertido en su única familia hacía muchos años atás, desde que el verdadero abuelo William lo había ayudado a salir adelante cuando era tan solo un chiquillo, sus padres habían muerto dejándolo huérfano y no recordaba tener más familia además de ellos, no había tenido hermanos y por ese motivo había sido muy fácil salir de Inglaterra sin dejar nada detrás.

-Creo que no será necesario. – Le dijo Anthony con una sonrisa, seguro de que lo que haría era lo correcto. – Cuando Stear y Archie regresen de su luna de miel, te tomarás unas largas vacaciones en la mansión de Florida. – Le dijo firme para que lo tomara más como un orden que como una sugerencia.

-Pero yo creo que… - Dijo George quien se sentía inseguro de tener que parar su trabajo, estaba tan acostumbrado a trabajar y a estar siempre ocupado que no sabía cómo hacer para no hacer nada.

-Creo que Anthony tiene razón George. – Dijo Candy apoyando a su esposo, ella también había visto el empeño del administrador por años y jamás había visto una recompensa. George la miró conmovido por su preocupación.

-Y no es una petición. – Dijo Stear seguro también de apoyar la decisión de Anthony.

-Tómalo como una orden. – Le dijo ahora Archie con una sonrisa amigable, quien también estaba de acuerdo con todo lo que decía el rubio. George los miró a todos con la mirada conmovida.

-Agradezco mucho su preocupación. – Les dijo con la voz forzada, sus palabras se atoraban en su garganta por la emoción de recibir tanta bondad de los chicos. – Pero creo que ya no recuerdo qué se siente no hacer nada… - Dijo avergonzado, sin querer hacer sentir mal a los jóvenes de que siempre se había dedicado a trabajar.

-No te preocupes es muy fácil. – Dijo Stear recargándose en el respaldo de su asiento, colocando sus manos detrás de su cabeza y si no colocó sus pies sobre la mesa era porque sabía que era una exageración. – Simplemente te colocas así, cierras los ojos y respiras el aire fresco que te golpeará el rostro mientras las olas del mar bañan tus pies y el canto de las gaviotas te libera del estrés. – Agregó imitando muy bien la manera en la que George debía disfrutar de sus vacaciones.

-¡Eso es lo que voy a hacer en cuanto llegue a Florida! – Dijo Archie seguro de que también necesitaba unas vacaciones, tenía tanto tiempo que no tomaba unas.

-Te equivocas hermanito, yo creo que lo primero que harás será encerrarte en la habitación… - Un carraspeo interrumpió la plática de Stear, quien cayó en cuenta demasiado tarde de que Candy estaba presente. Sonrió bobamente y se rascó la nuca apenado. – Lo siento Candy… - Le dijo con la misma sonrisa que le mostraba todos los dientes. Anthony lo miraba con reproche pero sonriendo por dentro al darle la razón al inventor, Candy estaba avergonzada, George intentaba no reírse y Archie seguía pensado en el motivo por el cual se quedaría encerrado en su habitación.


Candy terminó de alistar a Alexander, poniéndolo muy fresco para evitar que tuviera calor, era un día muy soleado y caluroso, algo raro para la ciudad de Chicago. Anthony la esperaba en la planta principal, llevaba un traje color azul cielo como sus ojos, no llevaba corbata, su camisa estaba desabotonada, su apariencia era realmente atractiva para los ojos femeninos.

La rubia bajaba las escaleras escoltada por Dorothy quien le ayudaba a bajar al pequeño que dormía plácidamente ajeno a lo que sucedía a su alrededor. Anthony la miró bajar tan hermosa, tan fresca, llevaba un vestido rosa pastel con detalles blancos, un sombrero de encaje que cubría su bello rostro del sol, así como un par de guantes del mismo material que cubrían sus manos. Una sonrisa se ensanchó en su rostro al verla que ella también lo admiraba desde su lugar, los ojos de la rubia se habían posado en la silueta del atractivo rubio quien la esperaba con las manos en los bolsillos de su pantalón, luciendo como un modelo de revista.

-¡Te ves hermosa! – Le dijo a su esposa en cuanto pisó el último escalón. Candy se sonrojó hasta las orejas al escuchar el piropo que le dedicaba su esposo, recordando que momentos antes habían estado en otra condición en su alcoba.

-Tú también te ves muy guapo. – Le dijo con timidez, aún le costaba decirle halagos a pesar del tiempo que tenían de haberse reencontrado. Anthony besó su mano con delicadeza, siendo discreto por la presencia de Dorothy, quien aún cargaba a Alexander.

Anthony tomó a su hijo en brazos para después colocarlo en el cochecito para bebés que esperaba ser utilizado. Candy le ayudó a asegurarlo y el pequeño ni se inmutaba por el movimiento al que era sometido, por el contrario se diría que se mecía con cada uno de ellos.

-Duerme profundamente. – Dijo Candy con una sonrisa dulce al ver a su pequeño hijo estirarse para acomodarse en el cochecito.

-Es un angelito. – Dijo Anthony igual de conmovido por ver el descanso de su hijo, deseando que siempre tuviera aquella paz y tranquilidad que mostraba en esos momentos. – Tan hermoso como su madre. – Dijo Anthony observando a la rubia quien sonreía por las palabras de su esposo.

Anthony tenía razón el pequeño Alexander se parecía físicamente a su madre, sin embargo el color de sus ojos había cambiado con el paso de los días fortaleciendo ese color azulado con el que había nacido y ahora denotaba un color azul royal justo como los de su padre, sus rizos rubios comenzaron a moverse al contacto con el viento, parecían resortes dorados que se adherían a su frente, las pecas que tenía en su rostro se habían acentuado aún más con el paso de los días, ahora las tenía muy parecidas a las de su madre.

La pareja caminaba orgullosa por el sendero del parque, las familias que lo visitaban también lucían tranquilas y relajadas, todas demostrando que ese día era para pasarlo todos juntos en familia. De pronto las miradas fueron recayendo en el matrimonio Brower Andrew, ya que era la primera vez que se presentaban a la luz pública después del escándalo protagonizado gracias a Neal Leagan. Candy comenzó a sentir las miradas sobre ellos, mientras Anthony seguía empujando el cochecito de su hijo y ella se aferraba a su brazo comenzando a sentir inseguridad y preguntándose si había sido lo correcto presentarse sorpresivamente ante todos.

-¿Qué sucede mi amor? – Preguntó Anthony deteniendo su paso, al sentir que las manos de Candy se aferraban con fuerza a su brazo, podía sentir la tensión de su esposa.

-Todos nos miran. – Dijo Candy intentando ser discreta, mirándolo a los ojos para disimular de lo que hablaban. Anthony le sonrió seguro de sí.

-Es porque están admirando tu belleza. – Dijo para intentar evitar que se sintiera mal, ya que él también sabía el motivo por el cual eran observados, sin embargo ninguno tenía nada que esconder, su conciencia estaba limpia, su familia era inocente de todo lo que había sucedido en el pasado.

-Sabes que no es así… - Dijo Candy con tristeza, temía que por su culpa pudiera traer algún problema a su esposo. Anthony levantó su rostro para verla a los ojos, el sombrero se mecía por el viento y ella suspiró enamorada.

-Candy, tú y yo sabemos lo que realmente sucedió aquel día. – Dijo Anthony con pesar al recordar aquella tarde tan espantosa que habían vivido. – Y no me importa lo que digan o piensen las personan, lo importante es lo que tú y yo sentimos, lo que tú y yo vivimos y yo soy feliz a tu lado sin importar el qué dirán. – Dijo seguro de sus palabras, seguro de que ya había vivido mucho tiempo bajo el yugo de la matriarca quien siempre se había fijado en esas banalidades. Candy lo miró conmovida con los ojos brillosos por la emoción.

-Tienes razón Anthony… - Dijo con una sonrisa ilusionada, feliz por las palabras que él le había dedicado.

Alexander comenzó a moverse hasta ese momento y Candy se acercó a levantarlo de su lugar, el aire golpeó sus rizos y sus hermosos ojos se abrieron con dificultad para adaptarse a la luz del sol.

-Hola mi amor. – Le dijo Candy con dulzura y el pequeño de inmediato reconoció la voz de su madre, enfocando sus ojos en ella para después sonreírle feliz por su descubrimiento.

-¿Tendrá hambre? – Preguntó Anthony al ver que su hijo acababa de despertar.

-No lo creo, lo alimenté antes de salir de casa. – Respondió Candy segura de que aún no llegaba la hora de volver a alimentarlo.


Mientras los rubios estaban disfrutando el día con su hijo, las miradas de las personas no se apartaban de ellos.

-Ella es la joven que demandó al joven Leagan. – Dijo una mujer que se encontraba sentada en una de las bancas del parque, estaba retirado de donde se encontraban los rubios pero tarde o temprano pasarían frente a ella.

-Escuché que resultó embarazada. – Dijo otra que a pesar de su vestimenta se veía que el chisme era lo que la alimentaba, no tenía nada que ver las ropas o los modales distinguidos que evidentemente poseía.

-¿Será de su marido? – Preguntó otra con suma intriga en sus palabras.

-Por supuesto que es de su marido. – Respondió una cuarta que estaba entre el grupo de mujeres que se habían reunido a platicar como lo hacía últimamente cada domingo.

-¿Cómo lo sabes? – Preguntó la primera que había comenzado a mover su viperina lengua.

-Porque yo asistí a la boda de estos jóvenes y cuando ese desalmado atacó a la señora Andrew ella ya estaba esperando a su hijo. – Dijo de nuevo la elegante mujer acomodándose las gafas que llevaba para asegurar que lo que decía era verdad. Sus movimientos decididos y seguros hacían que las mujeres comenzaran a creer sus palabras. – Ese desalmado tuvo mucha suerte de que el pequeño sobreviviera al cruel ataque que realizó en contra de la señora Andrew, de lo contrario estaría preso por asesinato. – Dijo sin dejar de tejer la carpeta que parecía siempre era la misma.

-¿Pero si la atacó? – Preguntó la misma mujer buscando indagar más en el chisme que tiempo atrás había quedado en solo una sospecha.

-¡Por supuesto que si! – Dijo de nuevo la mayor, dejando de tejer su prenda para defender una vez más a la rubia. – Los golpes que recibió fueron un ataque, lo que tú insinúas se llama violación. – Dijo de nuevo con la voz más molesta que al principio, mientras las otras tres damas comenzaban a abanicar su rostro para evitar la pena que les daba escuchar las palabras de la mayor de todas. – Por fortuna su esposo llegó a salvarla a tiempo, hasta tuvieron que quitárselo de entre las manos porque poco faltó para que lo matara… y bien merecido se lo hubiese tenido el infeliz si hubiera sucedido. – Dijo comenzando a tejer de nuevo. Las demás mujeres la miraban sorprendidas.

-Pero él es un Leagan, es parte de su familia. – Dijo una como que no comprendía aquella brutalidad en contra de un joven que había sido muy respetado entre su sociedad.

-Sí mi nieta cargara a mi bisnieto en su vientre y fuera asaltada de esa manera tan ruin, yo misma mataba a su marido sino la hubiese defendido como el joven Andrew defendió a su esposa. – Dijo de nuevo la mujer de cabello corto y entrecano.

-Tienes razón. – Dijeron las otras dos apoyando a la abuelita que últimamente se había unido al grupo dominical.

-¡Abuela Martha! – Dijo Candy con repentina alegría al ver a la abuelita de Patty tejiendo junto a otras tres damas en una de las bancas del parque. - ¡Qué alegría verla! – Decía de nuevo la joven acercándose a abrazar a la aguerrida mujer que la había defendido sin ella saberlo.

-¡Candy! ¡Anthony! ¡Qué gusto de verlos por fin en Chicago! – Respondió la anciana intentando levantarse de su lugar.

Anthony saludó a aquella mujer que él aún no conocía en persona, sin embargo el trato que le daba era como si realmente lo conociera desde antes.

-Su hijo está hermoso, se parece mucho a su mamá, pero tiene los ojos de su papá. – Dijo mirando a Anthony, haciendo énfasis en lo último para que las mujeres que la acompañaban pudieran admirar que efectivamente Alexander tenía los ojos de su guapo padre.

-Cuanto tiempo de no verla, abuela Martha. – Decía Candy aún emocionada por aquel encuentro.

-Desde la boda. - Dijo la abuela Martha antes de que la descubrieran en su alegato anterior. Anthony comprendió casi de inmediato al ver que aquella dama insistía que había ido a su boda.

-Tiene razón abuela Martha, ya hace tiempo de ello. – Dijo Anthony tomando su mano para besarla cual caballero que era, para después hacer lo mismo con las otras tres señoras quienes sonreían halagadas por la presencia del rubio.

-Con permisito señoras, yo me retiro. – Les dijo la abuela Martha al grupo de "amigas" con las que convivía los domingos.

-Con su permiso. – Dijo Anthony inclinándose ante ellas levemente antes de retirarse, Candy les sonrió amable y estas correspondieron a su gesto.

Las mujeres se quedaron entre ellas platicando, sorprendidas por la galanura de Anthony y la hermosura de la joven pecosa, dando la razón a la abuela Martha al pensar ahora que el nefasto de Neal Leagan debió recibir un castigo mucho más severo que el que había obtenido.

-Tiene razón Martita... – Dijo una de ellas cayendo en el juego de la dulce abuela Martha. – El pequeño tiene los mismos ojos que su padre. – Dijo intentando quedar bien ante las demás.

-Hacen una pareja muy linda. – Dijo otra de ellas.

-Ese joven Legan debió tener un peor castigo del que tuvo. – Dijo la más chismosa de todas, la que se encargaría de esparcir que efectivamente Candy y Anthony se habían casado antes del incidente con el desgraciado de Neal Leagan.

Candy y Anthony caminaban junto a la abuela Martha quien tranquilizaba a la rubia acerca de los supuestos rumores que ya habían menguado poco a poco.

-Muchas gracias abuela Martha. – Dijo Candy agradecida con la buena mujer. Ella sonrió con ternura a la rubia. Desde que la había ayudado a colarse en el Colegio para ver a su querida nieta había desarrollado un cariño muy especial por ella.

-No tienes que agradecer Candy. – Dijo tomando su mano de manera maternal. – Cuando la gente es noble se merece toda la felicidad del mundo. – Dijo antes de dirigirse hasta su chofer que la estaba esperando. – Por cierto un gusto haberlo conocido joven Andrew. – Dijo a Anthony guiñándole un ojo de manera cómplice.

-El placer fue mío. – Respondió Anthony con una reverencia a la distancia.

La pareja siguió su camino por el parque, mientras las miradas que ahora les dirigían eran diferentes, ahora les sonreían y le dedicaban una sonrisa al pequeño Alexander y algunos otros se detenían a admirarlo. Candy lo presumía con orgullo y Anthony sonreía feliz por ver a su esposa tan contenta y más tranquila.

Regresaron caminando hasta la mansión, en donde ya los estaban esperando los Cornwell quienes ya se habían desocupado de sus pendientes.

-¿Cómo les fue? – Preguntó Archie al ver que la pareja de rubios entraba con una gran sonrisa y con su pequeño nuevamente dormido.

-Nos fue muy bien Archie. – Respondió Anthony con su sonrisa espectacular, mirando a Candy para corroborar lo que decía.

-Nos encontramos a la abuela Martha y gracias a ella las cosas parece que irán mucho mejor. – Dijo Candy feliz porque por fin podría dejar pasar aquel capítulo tan escabroso de su vida.

-Me comentó que los había visto. – Confesó Stear que sabía algo de lo que había sucedido en el parque.

-Fue una bendición que así fuera. – Dijo Candy de nuevo. Anthony besó sus cabellos y la abrazó con ternura mientras Dorothy llegaba por el pequeño Alexander para llevarlo a dormir su siesta.

-Está cansado. – Dijo Candy al ver como su pequeño se acomodaba en los brazos de Dorothy sin despertar en absoluto.

-Lo llevaré arriba para que descanse mejor y me quedaré a cuidarlo. – Dijo la joven con una sonrisa dispuesta como siempre a cuidar del pequeño.

-Muchas gracias Dorothy. – Dijo Candy agradeciendo con una sonrisa la ayuda proporcionada por la fiel empleada.

-¿Ustedes ya están listos para la boda? – Preguntó Anthony a sus primos, faltaban muy pocos días para la boda y los veía cada vez más impacientes.

-Se puede decir que ya estamos casi listos. – Respondió Stear mientras se sentaban en el salón principal para conversar un poco antes de la cena.

-¿Casi? – Preguntó Candy confundida, le parecía imposible que con tan pocos días del gran evento aún no estuvieran listos.

-Falta que lleguen nuestros padres. – Dijo Archie un tanto cansado de lo mismo. Anthony suspiró comprendiendo la desilusión de sus primos ya que sus tíos seguían sin poner mucho empeño en la relación que tenían con ellos.

-No comprendo cómo pueden pasarse tanto tiempo viajando lejos de ustedes. – Dijo Anthony pensando en Alexander, ya que él no podía percibir un día sin verlo sonreír. Miró a Candy y ella le sonrió segura de sus pensamientos. Anthony se sentía un tanto decepcionado, porque había creído que sus tíos habían cambiado un poco con la última visita, sin embargo después de que se habían regresado habían vuelto a desaparecer.

-No te inquietes Anthony, es algo a lo que estamos acostumbrados. – Dijo Stear con resignación, ya que sus padres nunca habían tenido la delicadeza de tener una relación más cercana con ellos, algo así como la relación que tenía Anthony con su padre, quien siempre con viajes había puesto todo antes que a su familia.

-Incluso se nos hace más incómodo cuando están cerca, ya que no los conocemos realmente. – Dijo Archie de nuevo, para ellos no era tan necesario su presencia, sin embargo sabían bien que si no estaban presentes también se lo demandarían y era mejor llevar la fiesta en paz, ya habían tenido muchas separaciones en la familia y no querían ser los causantes de una nueva.

Anthony los miró con una sonrisa, orgulloso de la manera en la que ambos actuaban ya que habían sabido salir adelante sin la presencia de sus padres y a pesar de que él consideraba que era muy importante aquel contacto, sus primos y también él ya habían sabido adaptarse a su vida, sin embargo él no estaba dispuesto y sabía que tampoco ellos en permitir un alejamiento de aquellos seres que procreara con su pecosa.

-Yo no quisiera estar lejos de mi esposa y mi hijo. – Dijo Anthony mirando a Candy. Ella le sonrió con ternura.

-Y yo no sé lo que haría sin ti y nuestro hijo. – Dijo Candy también segura de que era muy difícil aquella situación y tampoco ella comprendía cómo las personas eran capaces de deshacerse de un hijo tan fácilmente. – Son lo más importante para mí. – Agregó la rubia abrazándose con fuerza a su esposo. Los Cornwell los miraron conmovidos porque sabían muy bien que ninguno de los dos habían tenido a sus padres a su lado, el único que había convivido un poco más con su madre era Anthony y estaban seguros que su tía Rosemary jamás hubiera abandonado a Anthony por voluntad propia como lo había hecho su madre. Pretextos había muchos, pero justificar sus motivos eran pocos.

Los días se habían acelerado y por fin llegaba el día de la boda de los Cornwell, los padres de estos llegaban justo a tiempo para la ceremonia, los últimos toques para el gran banquete estaban siendo realizados y la joven pareja de representantes del Clan ultimaban los detalles antes de salir a la iglesia.

Continuará…

Llegamos a la recta final de la historia, espero les haya gustado el capítulo anterior. Quiero agradecer una vez más por las disposición que tienen en leer la historia, muchas gracias por estar al pendiente de ella y por apoyar a esta autora.

Quiero pedir una disculpa por no haber hecho mis agradecimientos personales, pero la verdad me atraparon las actividades y por poco no actualizo, sin embargo no podía dejar de hacerlo. Gracias por su apoyo y comprensión. Gracias a Silandrew, lemh2001, Julie-Andley-00, Ster Star, Mayely León, TeamColombia, Mía Browher Graham de Andrew, María José M., Rose1404, Cla1969, y las que leen de forma anónima, gracias y felicidades a las que son madres.

TeamColombia: Hola hermosas, quiero desearles muy feliz día de las madres leí que al igual que en Estados Unidos lo celebran el próximo domingo, espero que pasen un lindo día, feliz y bendecidas, rodeadas de sus hijos y sus seres queridos y las que aún no son mamás les deseo que disfruten mucho también con sus madres. Me alegra que les haya divertido el capítulo anterior, espero que este también sea de su agrado.

Julie-Andely-00: Hola hermosa, muchas gracias por tus buenos deseos, la verdad la pasé muy bien en compañía de mis hijos. Fue un día de las madres diferente a los otros años, con una fuerte ausencia, sin embargo con una fuerte conexión entre nosotras. Muchas gracias por leer hermosa, espero te haya gustado. Te mando un fuerte abrazo amiga.

Mayely León: Muchas gracias hermosa, sé que al final del día obtendré tu comentario y te agradezco por ello. Espero que también tengas un feliz día de las madres, que te consienta mucho Mauricio. Me alegra que te haya gustado el capítulo, gracias por leer, espero también este comentario. Te mando un fuerte abrazo amiga

lemh2001: Hola hermosa! Gracias por comentar y por tus lindas felicitaciones y buenos deseos, espero Dios te los multiplique en todos los ámbitos de tu vida. Anthony se las vio negras para poder explicar a sus primos acerca de sus dudas y temores, sin embargo lo bueno que después George le dio una ayudadita jijiji ahora solo falta ver si las palabras de su primo y su administrador suritieron efecto jajaja. Y como lo vaticinaste Anthony no durmió jajajaja ni modo tenía ganas de romper la dieta y pues se le cumplió ese deseo al fin.

George es un personaje muy solitario, siempre lo pensé así y cuando leí que estaba enamorado de la mamá de Anthony comienzan a surgir ideas a lo que lo llevó a tener esa fidelidad y eterna soltería (aunque la autora no revela si estaba casado o no), lo único que puedo decir que George es tierra fértil para muchas historias jijijiji. Muchas gracias por leer amiga, como siempre un placer en leer tú comentario, te mando un fuerte abrazo.

Rose1404: Hola hermosa, tienes toda la razón será tú primer día de las madres! que emoción! espero te consientan mucho y que te mimen y te rodeen de mucho amor. Muchas gracias por tus lindas palabras y por ese pensamiento para mi madre, Dios te bendiga.

Espero que te haya gustado este capítulo, en donde la parejita de enamorados ya por fin pudieron levantar su veda jajaja. Me alegra que te haya gustado el capítulo anterior y el anterior a ese jijiiji y una disculpa por no haber agradecido en el anterior. Te mando un fuerte abarazo amiga y espero no se me olvide felicitarte el próximo 4 de junio de lo contrario ahí te van anticipadas: FELICIDADES! Te mando un fuerte abrazo hermosa.

Muchas gracias a todas y cada una de las lectoras que se toman la molestia de leer y esperar cada actualización, gracias por estar al pendiente de la historia, espero hayan pasado un excelente día de las madres y si aún no lo han celebrado espero que lo pasen muy bien, les deseo mucho amor en sus vidas.

GeoMtzR

12/05/2023.