¡Llega Boa!


ADVERTENCIA: Lemon.

Nota: Ya os comenté que esto iba a ser muy yo y que no iba a encajar con lo conocido de los alfas y omegas de por ahí (o quizás sí, yo qué sé xD), pero me salió la cosa así y me gustó =) Igual, lo siento.


Capítulo 4


Boa comunicado 4: Una vez un A haya escogido su pareja y esta se haya formalizado, su ficha se actualizará a "emparejado" y el nombre de la pareja en cuestión. No avisar de esto se convertiría en una falta grave.


Iba a comérselo.

De eso no cabía duda.

Todo su cuerpo lo sabía y el de él también.

Él la había olido. Sabía por qué y para qué estaba allí.

Colarse en la habitación no fue difícil una vez eres la primera en llegar, aprovechar que el otro profesor entra y que, una vez estás en la zona comunitaria, al profesor de descubrirte no le queda más remedio que permitirte el acceso. Siempre que no sea para él el acto.

Una vez dentro, activar el aviso de que ella estaba allí implicaba que el resto de policías resguardarían al macho hasta llegar a su hogar, pues una alfa ya lo había reclamado.

Y Sasuke Uchiha era completamente suyo.

Era tan tentador verle ahí de pie, luchar contra sus propios impulsos, mientras que sus ojos se dilataban al momento en que su cuerpo respondía a llamada del suyo propio. Se lamió los dientes con placer. El placer que le daría al morderle y marcarlo como suyo.

—¿Qué haces aquí? —logró articular. Sus fosas nasales dilatándose al no poder dejar de captar su aroma—. Eres una alumna, deberías de…

—Profesor —interrumpió, tirando del lazo de su cuello para quitarlo y dejar que la camisa se abriera más para la visión masculina—, ambos sabemos que esa pregunta es estúpida ahora.

—No lo es —terció dando un paso hacia ella como si fuera un robot—. Eres inteligente y capaz de controlarte. Deberías de estar estudiando.

—Esto es parte del estudio —respondió incrédula. Se fue levantando hasta llegar a su altura. Posó una mano en su hombro y con un solo toque, él empezó a ponerse de rodillas. Su boca estaba tensa y sus mejillas empezaban a enrojecer—. Oh. No me diga que no os avisan a los profesores. Las clases extracurriculares.

Se lamió los labios tirando de su corbata hasta quitársela.

—Son la caza del mejor ejemplar de O.

La parte patidifusa de su gesto la inquietó un poco. ¿Realmente los profesores no tenían conocimiento de eso?

—¿Qué ocurre? —le preguntó apartando su cabello de su rostro. Era condenadamente guapo—. ¿No lo sabías?

Negó y tragó. Adoró la forma en que su nuez se movió en su cuello. Era algo realmente sexy y no se había dado cuenta nunca en otro hombre.

—Dábamos por hecho que todo esto constaba en parte del experimento social, no de una caza para conseguir créditos escolares.

Ella frunció el ceño.

—Esto es más que conseguir créditos —dijo agachándose para aspirar su aroma—. Se trata de conseguir a tu pareja.

—Yo no soy tu pareja… No somos compatibles.

Ella sonrió aceptando el reto.

—Eso ya lo veremos, profesor —susurró lamiendo su mejilla—. Por ahora, esta noche va a ser mío. Es mi caza. Y te he cazado.

Rodeó su cuerpo con cuidado de las piernas y acarició sus hombros, quitándole la chaqueta. Notaba cómo apretaba los dientes, tensando su cuerpo a medida que lo desnudaba.

—Profesor —nombró colocándose delante para desabrochar sus botones uno a uno—. ¿Por qué ese gesto cuando claramente me deseas?

Movió su pie hasta su entrepierna. Plantó la palma cuidadosamente sobre la protuberancia de su sexo.

—Mira. Estás duro.

Él gruñó. Un sonido agradable y sexo lejos del amenazante de rechazo.

En realidad, sería peligroso que él la rechazara hasta el punto en que las cosas no terminarían bien para ninguno de los dos. Sin embargo, que él permitiera a su cuerpo tomar el control era lo que ella había esperado. Lo que todo su ser le había gritado: ese es tu hombre, tómalo, muérdelo, hazlo tuvo condenada.

Se lamió los labios ansiosa, sin dejar de frotar con su pie hasta que lo sintió tragar y temblar.

—Ups, eso ha estado cerca —exclamó retirando su pie y arrodillándose frente a él para desabrochar uno a uno los botones—. Guau.

Su piel era casi Nívea. Encajaba perfectamente con su color de cabello. Nada de bello llegaba más allá de sus caderas, bajando hacia sus ingles, lo que hacía demasiado sexy y tentador como para perder el control.

Retrocedió, divertida por escucharle sisear en protesta. Se sentó en la cama cruzando las piernas de forma que él pudiera ver su ropa interior. No había sido una de las idiotas que las dejó sobre la mesa y ahora andaban en cueros por las instalaciones. Ella ya había ideado otras formas de quitárselas.

Y quería que fuera con él.

—¿Qué tal si te liberas tú mismo? Me gustaría verte, profesor.

Sasuke tragó sin dejar de mirarla directamente a los ojos. Sabía que mientras su cerebro estuviera bajo los estragos de su aroma accedería a ello. Después, si no lo marcaba, sería otro cantar.

Obediente, llevó sus manos hasta sus caderas, directamente al botón del pantalón y, luego, la cremallera. Bajó lentamente hasta que, incorporándose sobre sus rodillas, descendió más sus pantalones, exponiendo su sexualidad.

Dura. Enrojecida. Bastante larga y un poco desviada que no afeaba la forma fálica. La boca se le hizo agua.

—Acaríciate.

La puerta del dormitorio se cerró automáticamente a privativo en el momento en que él rodeó su pene con sus dedos. Sakura lo ignoró, concentrado en la forma en que su mano comenzó un movimiento rítmico en acariciarse. La oscura mirada clavada en ella, su boca abriéndose en cada ramalazo de placer.

Fue abriendo lentamente su propia camisa, dejando ver el encaje de su sujetador a medida que lo hacia hasta que los costados cayeron a cada un de sus lados, dejando ver por completo todo y su vientre. Bajó suavemente sobre su piel y él siseó, deteniéndose cuando estuvo a punto de correrse.

—Buen chico —felicitó. Luego, levantó el bajo de su falda lentamente y movió el dedo índice de la otra mano, invitándolo a acercarse—. Ven. Devórame.

Él gateó hasta ella. No era ridículo. En realidad, sabía que tenía poco tiempo para tenerlo de ese modo. Quería disfrutarlo.

El profesor se detuvo justo a los pies de la cama. Con un gruñido, bajó la cabeza hasta posar su boca en su vientre. Un suave beso alrededor de su ombligo se repitió hasta que notó sus manos tirar de su ropa interior.

Levantó las caderas, obediente, observando como descendía la ropa a través de sus piernas suavemente, tocándola con la punta de sus dedos, como si fuera capaz de herirla.

Comprendió entonces que su cuerpo continuaba luchando con ello.

Dejó caer su ropa en el suelo y levantó la falda lo suficiente para observarla. Dios. Nunca se había expuesto de esa forma frente a otro macho. No podía ser que simplemente eso la excitara tanto. Con su oscura mirada parecía capaz de acariciarle sin siquiera tocarla.

Pese a que mantenía el ceño fruncido, verle tragar o como daba un respingo cuando su sexo parecía aceptar el manjar de buen gusto, se agachó hasta que su cabeza se perdió entre sus piernas y notó su aliento ahí, justo donde más lo necesitaba.

Torpes lamidas y roces de su barbilla que fueron convirtiéndose en más lánguidas y firmes donde las necesitaba. Sakura se descubrió a sí misma tan caliente que apenas necesitó demasiado para alcanzar el primer orgasmo. Lo mantuvo ahí, empujando con sus manos su cabeza hasta que terminó.

Cuando se separó, él tomó aire frenéticamente, pegando su nariz a sus muslos repetidas veces, hasta separarse desconcertado y ponerse en pie, completamente duro y erecto. Ella alargó la mano para tocar la dureza con cautela y abrió la boca. Deseaba metérselo en la boca.

Sin embargo, lo ansiaba más en otro lugar. Con todo su cuerpo palpitando por lo que más ansiaba.

Bajó su otra mano hasta su centro.

—Entra en mí.

Él gruñó su nombre de nuevo, como si fuera la última oportunidad de detenerse. Aunque ambos sabían que no podía ser.

Acomodó su cuerpo a ella.

Era grande, ocupando en gran parte la luz y la cama cuando se posó sobre ella. Sus piernas se abrieron más para encajar sus caderas y, finalmente, notó la punta de la dureza contra su sexo. Frotarse lentamente, tomándose su tiempo.

Irritada por ese acto de rebeldía y tortura, tiró de él con fuerza de tal forma que logró colocarlo bajo ella.

Pareció repentinamente perplejo hasta que lo tomó, guiándolo, antes de sentarse sobre él. No estaba, claramente, preparada para lo que ocurrió después.

Todo su cuerpo, su interior en especial, vibró con una fuerza tan intensa que estuvo a punto de desmayarse. No comprendió que clase de unión era esa, demasiado bestial e intensa hasta que repentinamente, fue como si pudiera ver lo mismo que él veía, lo que sentía.

Y se percibía sí misma con una intensidad estremecedora. Era como si iluminara por completo la estancia. Quería tocarse, quería alejarse. Era un cúmulo de sentimientos contradictorios llenos del placer del sexo y de la posesión muy diferentes a los que esperaba.

Su cuerpo se agitó como respuesta, queriendo continuar en contra de su necesidad mental de recomponerse. Incluso él pareció de acuerdo con ello, porque llevó sus manos a sus caderas y la incitó a moverse sobre él.

Y fue más increíble de lo que esperaba. Sentirlo moverse dentro de ella, descender, ascender, creciendo en cada embiste, en cada cabalgada. Su aroma se impregnaba por completo con el de él. Su esencia entraba dentro de su cuerpo a través de su sexo. Su vientre se contraía en apretones que parecían desear impedir que él la abandonara.

A medida que el ritmo aumentaba pudo, finalmente, sentirlo más exteriormente. Fijarse en la forma en que su cuerpo se tensaba. Los músculos de su cuello, junto a los de sus brazos. Su mandíbula tensa y sus ojos entrecerrados sin dejar de mirarla.

—No necesito decírtelo.

—Eso sería…

—Hazlo. Quiero que lo hagas.

Entonces, repentinamente, sus acciones fueron casi como si alguien moviera su cuerpo. Se sentó bruscamente sobre él, hundiéndolo hasta lo más intenso de su cuerpo. Él la aferró con fuerza, empujando a su vez mientras derramaba su semilla en su interior.

Notó su propio orgasmo como respuesta, tambaleándola de una forma que no esperaba. Con sus uñas clavándose en su estómago y marcándolo.

Sus colmillos le dolieron tanto que abrió la boca para sisear. Él ladeó como respuesta la cabeza, dejándole paso libre a su yugular, ahí donde debería de marcarlo como suyo. Donde todo quedaría pactado.

Estaba pegada a él, todavía exprimiéndole, hasta la última gota. Y Sasuke, sumisamente, ofrecía su cuello bajo el yugo del sexo. Nada más.

Eso fue todavía peor de lo que esperaba.

Su alfa no aceptaba tal acto. Lo quería todo. No sólo una parte.

Se levantó repentinamente y él la miró estupefacto. Todavía quedaban pequeños espasmos que repartieron su simiente en sus muslos y en el vientre masculino.

Jadeante, se limpió el sudor de la barbilla, se agachó para recoger su ropa interior y se la colocó de espaldas a él.

—Sakura.

Ella lo ignoró. Presionó la puerta y se detuvo cuando la cerradura finalmente cedió para mirarle.

—Quiero todo, profesor —le dijo—. Todo. Esta cacería no ha terminado. Será mío al completo o no querré nada. Ni siquiera le daré ese final que desea su cuerpo como buen Omega.

Luego, salió, con su alfa interno gritando de satisfacción y, al poco tiempo, de extrañeza. Porque quería volver ahí, acurrucarse junto a él, que la abrazara. Quería mimarlo.

Quería morderlo.

Joder, quería todo.

Al cien por cien.

Continuará...