Capítulo III: La lección del olvido


Car rides to Malibu

Strawberry ice cream

One spoon for two

And trading jackets

Laughing 'bout how small it looks on you


Anne Shirley y Phillipa Gordon pasaron tres semanas deliciosas en Bolingbroke; fueron tres semanas en las que Anne encontró muchas verdades sobre su vida. Tantas que no tuvo tiempo de pensar en Gilbert Blythe, quien aprovechó que Anne no llegaría a Avonlea para hacer una visita a sus padres.

Los señores Blythe (y todo Avonlea) sabían del enamoramiento de su hijo y lo aprobaban. Anne Shirley era una muchacha encantadora y fué criada por los Cuthbert, de quienes John Blythe tenía referencias de primera mano. Marilla Curthbert y él habían estado enamorados durante sus años de juventud, pero se separaron por una discusión que el corazón orgulloso de Marilla no pudo perdonar hasta que fué demasiado tarde.

Aún así, John Blythe poseía mucha fé en los métodos de la señorita Curthbert para educar a las muchachas huérfanas, pues estaba seguro de que Anne Shirley era la mejor opción para su hijo. Por su parte, la señora Blythe la encontraba eficiente y deliciosa, con su cabello rojizo y su manera encantadora de hablar; no le guardaba ningún rencor absurdo a Marilla y si se hubiera enterado de la respuesta de esa jovencita a su hijo se hubiera sentido muy decepcionada.

Gilbert regresó a casa, charló un poco con su madre y fué a encontrarse con la yegua Silverspot. El muchacho se montó en ella y se quedó ahí, sin hacer nada, solo recordando... recordando a dos figuras distorsionadas que estrenaban una calesa...

‒El concierto fue grandioso, mis alumnos estuvieron increíbles... Aunque me costó mucho que St. Claire aceptara no ser el carpintero en la obra‒ dijo Anne emocionada. Fué el primer otoño que Anne enseñaba en Avonlea, la noche era fría y Gilbert la habia llevado a dar una vuelta por Carmody en la calesa que se habia comprado ese fin de semana. Anne llevaba puesto un vestido negro y una chaqueta blanca con el collar de perlas que Matthew le regaló en su cumpleaños.

‒La presentación de tus alumnos fué fenomenal Anne, y cuando recitaste te veias muy hermosa, como un hada.

Anne se ruborizó, pero en ese tiempo no tenía motivo para molestarse por los halagos de Gilbert Blythe, quien era su mejor amigo. Solo eso, un amigo.

‒Gracias Gil, tus alumnos también hicieron un buen trabajo.

Un viento helado sopló del oeste y el cuerpo de Anne tembló de manera inconsciente.

‒Toma mi abrigo, debes tener frío con solo esa chaqueta‒ Gilbert se quitó su abrigo y se lo puso a Anne por la espalda.

‒Gilbert Blythe, te vas a congelar ¿como te voy a quitar tu abrigo cuando fue responsabilidad mía no traer más que esta chaqueta? Y Marilla me lo advirtió, debí tener más sentido común para así evitar tu muerte por neumonía.

Gilbert soltó una carcajada.

‒Creeme Driade, es mejor que yo muera por neumonía a que mueras tú y se quede en mi conciencia... Además, tengo una idea para que ninguno de los dos se congele. Dame tu chaqueta y ponte bien el abrigo, yo traigo un suéter debajo‒ dijo el muchacho con un brillo travieso en los ojos. Usar algo de Anne lo llenaba de emoción; tener su olor guardado en su ropa sería magnífico.

‒Muy bien Blythe, pero no te acostumbres a la moda femenina.

Efectuaron el cambio atacados por la risa que solo la juventud puede poseer. La económica Marilla se encargó de la confección de la chaqueta de Anne con la esperanza se que creciera o engordara por lo que era demasiado grande para ella, pero a Gilbert se le veía increíblemente pequeña. Era una escena demasiado graciosa para todo el que la viera, pero solo dos personas disfrutaron cada segundo de ella. No había dos jóvenes más felices en toda la isla del príncipe Eduardo.

En medio de la risa, Anne casi se cae por un lado de la calesa. El corazón de Gilbert se paró por un momento, pero su mano reaccionó inmediatamente tomando a Anne por la cintura, acercándola a él. Sus caras estaban a solo unos centímetros de distancia.

Las pupilas de Anne se dilataron. Nunca habia visto a Gilbert así. El muchacho se veía como salido de las páginas de una novela, salvandola de caer y morir atropellada. Se mordió los labios como si quisiera olvidar algo, pero Gilbert adivinó que era lo que quería y ahora, el corazón le latía como loco. Justo cuando el chico iba a responder a la petición de esos labios rosas y carnosos, Silverspot aceleró su paso, asustada por algún ruido de la noche, lo que hizo que los muchachos chocaron sus frentes. Anne, más sonrojada que de costumbre empezó a reírse para evitar pensar en lo que estuvo a punto de hacer ¿Besar a su amigo? ¿Era eso, incluso, algo dentro de los límites de la ley? Tal vez no para Anne, pero Gilbert ya tenía lo que quería.

Fué un gran paseo.


You said it was a great love

One for the ages

But if the story's over

Why am I still writing pages?


Cuando el joven Blythe llegó a casa a encerrarse en la caballeriza de Silverspot, pálido y sin energías para nada después de tomar el tren nocturno, John Blythe se dió cuenta de lo que pasaba. Dos semanas antes había recibido una carta del muchacho en la que expresaba sus intenciones de declararse a cierta pelirroja. Una semana después había avisado que pasaría poco tiempo en casa antes de regresar a Kingsport a trabajar y le rogaba a la señora Blythe que no le dijera a nadie de su visita. "No quiero fiestas de bienvenida, sólo quiero descansar y pasar un rato con ustedes" La veía en todos lados. Con los amigos, en cada paisaje y en cada libro.

Gilbert llevaba una hora en el granero cuando el señor Blythe decidió hablar con él. Nunca fue bueno expresando sus emociones, pero cuando se trataba de su hijo lo intentaba.

‒Hola hijo‒ saludó John cuando entró a la caballeriza de Silverspot -Tu madre me pidió que te dijera que la comida está casi lista.

‒Voy en un momento papá, dile que no tardo.

John se disponía a marcharse, pero no iba a tener otra ocasión para hablar con Gilbert y tenía que hacerlo, era su padre.

‒Dime, hijo ¿te declaraste a Anne Shirley?‒ John Blythe no sabía como comenzar esta conversación

‒Si, pero me rechazó‒ dijo Gil con un nudo en la garganta.

‒Ya veo‒ El señor Blythe no era muy propenso a hablar, pero pensó que esta era la ocasión de hacerlo, de contar una historia. ‒Nunca te he hablado de mi historia con Marilla Cuthbert.

‒¡¿Tú qué?!‒ La confusión se reflejaba en la cara de Gilbert. No quería ser malo, pero no creía posible oír las palabras historia y Marilla Cuthbert juntas.

‒Marilla y yo nos enamoramos cuando éramos jóvenes. Ella nunca me lo dijo, pero sabía que esperaba mi declaración. Éramos amigos, como Anne y tú, pero polos opuestos. Yo quería viajar, conocer el mundo y dejar la granja, pero ella tenía obligaciones con Mattew y con su madre. Nunca le dije lo que sentía y ella nunca me lo dijo, pero nosotros lo sabíamos y todo el pueblo hablaba de eso. Una tarde tuvimos una pelea estúpida y ella nunca pudo perdonarme. Estaba demasiado enojada y yo mismo estaba muy molesto. Me fuí a un viaje corto por la Isla y regresé después de unos meses. Ella seguía enojada y yo ya no podía soportar más saber que la pude amar y lo eché a perder.

Gilbert sintió esa frase como un balde de agua. Expresaba exactamente lo que sentía. Si no hubiera presionado a Anne, o sí le hubiera dado más tiempo...

‒Entonces conocí a tu madre. Gilbert, muchacho, debes saber que tu madre es mi gran amor. No fué la primera, pero fué a la que más adoré y lo he seguido haciendo. Con el tiempo pude olvidar a Marilla Cuthbert y amar a otra persona. Pero creo que ella no lo tomó así. No soy tan vanidoso para pensar que fué por mi, fueron las circunstancias en las que vivió. Ella siempre se ha mostrado amable conmigo y con mi familia, algo que te consta. Creo que pudo superarlo finalmente cuando adoptó a Anne, en el fondo, su corazón era muy maternal y queria brindarle su amor a alguien que lo necesitara.

‒Y no había nadie a quien le hiciera más falta que a Anne. En cuanto a Marilla, es cierto, ella siempre se ha portado bien con nosotros, aunque con las otras personas era áspera. Supongo que de alguna manera te veía reflejado en mi.

‒Eso creo. Ella siempre los cuidó indirectamente, a tí y a tu madre. Ustedes son una extensión de mí, el reflejo de mis valores y mi esfuerzo. Y Marilla siempre respetó a estos últimos como si fueran perfectos.

‒Pero, ¿cuál es el propósito de esta historia papá? ¿mostrarme que puedo olvidar a Anne como tú olvidaste a Marilla? No podré ni en un millón de años. La veo en todos lados, todo lo que compartimos es este pequeño pueblo‒ dijo Gilbert con amargura.1

‒No hijo, tu amas a Anne más de lo que yo amé a Marilla. Eso es lo que me preocupa. Sé por experiencia que las chicas criadas en Green Gables pueden ser muy crueles a la hora de rechazar pretendientes. No quiero que te rompa el corazón saber que Anne no te considera como amante, sean cuales sean sus razones. No quiero que eso termine matándote.

«Creeme Anne, es mejor que yo muera por neumonía a que mueras tu y se quede en mi conciencia»

Los pensamientos de Gilbert solo estaban en una noche, de hace cuatro años, en la que paseó con Silverspot y su Anne. Como destellos dándole energía. Como un corte tras otro.

‒Creo que es un poco tarde para eso padre, estoy destrozado‒ admitió Gilbert.

«Un viento helado sopló del oeste y el cuerpo de Anne…»

Un nuevo corte apareció. Justo en el pecho

‒Gil, hijo, entonces tendrás que empezar a vivir para recuperarla.

«Gracias Gil, tus alumnos...» La mente de Gilbert no paraba. Tampoco lo hacía la daga imaginaria que cada vez se acercaba más al corazón.

‒Ella cometió un error Gilbert, eso es evidente, pero no te tienes que desesperar.

Sus caras habían estado a solo unos centímetros de distancia. El último corte.

‒Gracias padre‒ El muchacho tenía un nuevo ánimo cuando dijo esto. Una decisión tomada. No se iba a desesperar. No podía decir adiós. Aún no.

Y antes de cenar se puso a escribir.

"...Why am I still writing pages?"


La primer canción de este capítulo fue deja vu, de Olivia Rodrigo y Dan Nigro (obviamente).

Probablemente necesite explicar por qué esta canción cuando no va del todo con esta historia. Y lo más fácil es decir que si quieres escuchar la canción y leer el capitulo al mismo tiempo... ¡No lo hagas!.

Cuando escribí esto, hace casí un año, reproducí las canciones que me inspiraban y de alguna manera, la introducción de deja vu me pareció tan interesante (la historia de dos personas que comparten una rutina como si dependieran de ello), que me imaginé a Anne y Gilbert dando paseos por Malibu y comprando helado de fresa. Como esto no es un AU moderno, tuve que adaptarlo, para que fuera una verdadera historia de nuestros chicos. Es por eso que sólo tomo la inpiración del primer verso y el resto de la canción no supone nada en el capitulo.

La siguiente es Death By A Thousand Cuts, de los dioses Taylor Swift y Jack Antonoff. Esta canción es de mis favoritas de Taylor y, como con deja vu, tuve muchas dudas sobre ella, pero esta vez de la manera contraria. Era tan similar a la historia de Anne y Gilbert que no sabía que fragmento era el que Gilbert iba a escribir al final, lo que me lleva a...

1 I see you everywhere, the only thing we share is this small town, que es parte de la misma canción y por poco es lo que escribe Gilbert en su cuaderno de notas.

Este fue un capitulo muy largo y tan drámatico que no puedo evitar reir cada que lo leo. Pero le tengo tanto aprecio a esta historia que no puedo modificar nada, y espero que ustedes se diviertan leyendo esto tanto como yo.

~Mund.