Capítulo VII.

Ginny Weasley no despertó hasta la madrugada del día siguiente. A lo largo del día la pelirroja fue recuperando la conciencia a intervalos aleatorios pero duraba tan pocos segundos despierta, y estos eran tan confusos debido a su malestar físico que no se podía decir realmente que la adolescente se hubiera despertado. McGonagall había acondicionado una esquina de su pequeño salón para que la chica pudiera permanecer ahí descansando bajo los irregulares cuidados de Dobby sin que ningún curioso la encontrará, en especial los hermanos Carrow. Por tanto, Ginny pasó todo el día durmiendo en una cama que Flitwick había hecho aparecer la pasada madrugada mediante un movimiento de varita. Los cuidados del elfo como bien he mencionado antes, resultaron irregulares aunque atentos, porque el elfo además de cuidar a Weasley debía atender sus otras responsabilidades en el castillo o los hermanos Carrow se darían cuenta y eso solo traería más problemas a todos los involucrados, incluido el elfo.

A decir verdad, McGonagall estaba impresionada de que aún los hermanos Carrow no se hubieran presentado en su aula dando gritos y exigiendo que les devolviera a Weasley. Aunque no lo fuera a reconocer, la profesora pensaba que sus estudiantes habrían cedido a la tentación de comentar con sus amigos lo que le había ocurrido a Ginny, y todo el mundo sabe que los rumores vuelan en Hogwarts. Sin embargo, se había llevado una grata sorpresa al ver que no había sido así, y agradecida de la camaradería y lealtad que estaban demostrando los alumnos en una época tan complicada. Además de la dicha lealtad, había que tener en cuenta la autoridad que ella aún imponía sobre sus estudiantes y sobre todo el gran respeto que estos le profesaban, mayor incluso que el miedo que tenían los jóvenes a los Carrow.

A pesar de todo, a la vieja profesora le había costado horrores que sus alumnos abandonaran sus aposentos la pasada madrugada, claro que ella había hecho el amago de echarlos antes de que la pelirroja se estabilizará. Asimismo, y ya una vez que pasó la primera impresión y que los estudiantes se cercioraron de que Weasley estaba bien, ninguno quiso abandonar su salón. De hecho, llegados a ese punto Longbottom se había hecho a la idea de acampar junto a la cama de su amiga hasta que ésta despertara, negándose en rotundo a abandonar la sala. Neville siguió oponiendo resistencia hasta que Dobby prometió cuidar de Ginny, y aún así Finnegan se vio obligado a arrastrar al chico todo el camino de vuelta hasta la torre de Gryffindor, acompañado de una furiosa y cansada Lavender que esgrimía su varita de forma amenazadora frente a su compañero de casa. Además del numerito final exhibido por Longbottom antes de que se marcharan, los profesores habían hecho prometer a todos que ninguno diría nadie, y que al día siguiente continuarán con su vida como si nada hubiera pasado. Sin embargo y a pesar de ello, Neville malgastó todo el día siguiente rondando cerca de los aposentos de su jefa de casa como un buitre en busca de información, cosa que resultó completamente infructífera además de acarrearle una buena regañina por parte de su profesora. Puesto que la promesa que le habían exigido al chico el día anterior claramente incluía no rondar como un ave rapaz el lugar donde descansaba McGonagall.


Ginny sintió como algo le mojaba la frente haciendo caer gotas frías hacía los lados de su cabeza, quiso moverse puesto que le aterraba pensar la clase de bestia que habían conseguido los hermanos Carrow para torturar estudiantes, pero los párpados le pesaban demasiado y era incapaz de levantarse. Resignada a lo que le tocaba sufrir, y sabiendo que casi era mejor no saber qué sería de ella, volvió a dejar que la oscuridad la tragara una vez más. Horas más tarde, la misma sensación la despertó, sin embargo esta vez fue capaz de sentir algo más que la simple humedad y las gotas, le pareció que la textura de esa cosa era muy parecida a la de una toalla, pero no tuvo tiempo de procesar nada de aquello puesto que otra vez se desmayó. Un rato después no fue la sensación de ese cosa húmeda en su frente lo que hizo que la chica se despertara, aunque podía sentirla aún, sino un ligero murmullo parecido al que uno escucha cuando una conversación parece a kilómetros de distancia, y ligeramente se preguntó ¿sí los Carrow se estaban planteando qué hacer con ella? ¿Acaso ya no era divertido torturarla? ¿Habría perdido la cabeza como los padres de Neville? Un escalofrío le recorrió el cuerpo, arrancándole un gruñido de dolor.

No fue hasta mucho después cuando Ginny definitivamente despertó. Lo primero que sintió la pelirroja al despertar fue esa confusión que le había invadido todas aquellas veces que había recuperado la conciencia temporalmente, puesto que seguía notando esa humedad. Seguido de un fuerte e insoportable dolor que se extendía por todo su cuerpo y que le hizo volver a gruñir, sin poder controlarse Weasley intentó apartar lo que fuera que le mojaba la frente, pero notó como una mano: delgada, huesuda y pequeña se lo impedía. Weasley esta vez dejó salir un grito el cual apenas se escuchó pues su voz debía haberse rasgado después de toda la tortura. Cuando Ginny intentó ajustar y acomodar su cuerpo a la superficie en la que estaba tumbada, no fue una mano lo que se lo impidió esta vez, sino un dolor paralizante acompañado de un torrente de horribles recuerdos de lo ocurrido el día anterior. El terror le paralizó hasta el último espasmo que su cuerpo podía sufrir, y Ginny sintió cómo involuntariamente cedía ante el pánico y como -sin querer- se le aguaban los ojos. La pelirroja intentó contener las ganas de llorar con todas sus fuerzas puesto que no lloraría delante de esos cerdos, no les daría el gusto, pero empezó a sentir la falta de aire en sus órganos y sin darse cuenta comenzó a hiperventilar aumentando el dolor en su pecho y pulmones, y agrandando el nudo que tenía en la garganta. La pelirroja esta vez intentó incorporarse, pero sus músculos gritaron de dolor, suplicando tanto aire como clemencia tras las horas de torturas sufridas, y fue ahí cuando el dolor finalmente demostró ser demasiado. Dando pie a las arcadas, la pelirroja sintió como el reflujo de su estómago se retorcía en sus tripas y subía quemando su esófago hasta su garganta, Ginny sabía que sí no se incorporaba acabaría ahogándose con su propio vómito. Así que sacando fuerzas de no sabía dónde y haciendo un esfuerzo completamente sobrehumano, la adolescente clavó el codo derecho en el respaldo del sofá utilizando esa parte de su cuerpo como palanca para arrastrarse hasta el borde de esté, consiguiendo que nuevos espasmos del dolor recorrieran su columna. Aguantando: el dolor, las ganas de gritar y las arcadas; la pelirroja tiró de sí misma con la punta de los dedos de su mano izquierda -la cual estaba aferrada al borde del sofá- y gracias a ese esfuerzo titánico consiguió terminar de arrastrarse y girar sobre sí misma para ponerse de lado en el límite del sofá, justo cuando una nueva arcada le llenaba la cavidad bucal de vómito. Esta vez no tuvo que retener el contenido, y en lugar de aguantarlo en su boca soltó todo el líquido. La bruja estuvo vomitando hasta que ya no le quedó nada más dentro y las oleadas de vómitos cejaron en su intento de sacudir su cuerpo excesivamente, con el sabor agrio en la boca y el esófago y la garganta ardiendo Ginny se quedó ahí tirada, sus ojos chocolate posados sobre el líquido verde-amarillento que había esparcido por la alfombra que cubría el suelo.

Un chasquido resonó en el salón sacando a Ginny de sus turbios pensamientos, y el vómito esparcido ante ella desapareció. Asustada la chica levantó los ojos ligeramente, y casi deja escapar un grito de horror al ver una criatura con ojos grandes como pelotas de tenis mirándola a centímetros de su cara. Lo hubiera hecho sí no hubiera reconocido el jersey color marrón que el elfo llevaba puesto.

- Dobby se encarga de la limpieza -comentó la criatura con una voz aguda y una sonrisa dibujada en su fea cara, Ginny intentó responder pero fue incapaz. -Además ahora Dobby también se encarga de cuidar a la novia de Harry Potter.

Weasley estaba a punto de contradecir ese hecho cuando volvió a quedarse dormida. Un rato después la pelirroja volvió a despertarse, seguía en esa postura fetal en el borde de lo que ella había creído erróneamente que era un sofá, pero esta vez no había ni rastro de la humedad en su frente o del elfo doméstico. Con asco la chica recordó como la última vez que se había despertado había vaciado todo el contenido de su estómago sobre la alfombra, y decidió no hacer ningún movimiento brusco que pudiera causarle arcadas nuevamente. Ginny, se quedó tumbada en el borde del sofá, temblando y con los ojos abnegados en lágrimas que se negaba a soltar, aún con la quemazón del pasado vómito en el pecho, estuvo un rato con los ojos cerrados, intentando controlar su respiración y el dolor. Y no fue hasta que abrió sus orbes chocolate que no se percató de que al lado de su cama había una mesa camilla con una jarra de agua, un vaso y su varita. Fue por primera vez, en ese momento, y desde que había abierto los ojos que Ginny se paró a pensar dónde se encontraba, no podía seguir a merced de los hermanos Carrow porque estos jamás hubieran dejado que Dobby la cuidara. Además sabía que no era la sala común de gryffindor o la enfermería porque el techo era completamente distinto, y tampoco podía ser la sala de los menesteres porque Neville y Luna no se hubieran apartado de su lado hasta que despertara, lo sabía. La lumbre del fuego proyectaba un leve resplandor en la habitación pero no era lo suficiente para distinguir nada, además de que tenía un biombo que le impedía ver cualquier cosa. Weasley se sentía completamente desorientada, no tenía ni idea de dónde podía estar pero estaba segura que no era un sitio peligroso para ella.


Un joven muy nervioso seguía con fervor el movimiento del segundero pasar sobre los números del reloj, cada alteración de la aguja se le hacía eterna y los nervios empezaban a pasarle factura. Con el pie marcaba el ritmo del reloj "tik tak, tik tak", mientras que sus manos se ceñían con desesperación al borde de la mesa, casi como sí estuviera esperando a que la pequeña aguja marcara la hora en punto para salir corriendo como una exhalación de la clase. Pero en teoría no podía, o eso le había dicho McGonagall hacía dos noches, y el día anterior. Su jefa de casa le había obligado a irse a su sala común incluso antes de que Lavender y Goldenstein terminarán de asegurarse que Ginny estaba bien, o eso le había parecido a él. Por mucho que Neville y Seamus hubieran protestado y exigido quedarse la profesora de transformaciones les había obligado a irse a su cuarto, y no contenta con eso, McGonagall había hecho que Goldenstein y Brown les siguieran unos segundos después, con órdenes explícitas de hechizarle sí no obedecía. No era que Neville se estuviera comportando como un estúpido, sino que McGonagall estaba siendo muy egoísta al no informarle del estado de su amiga, además que Longbottom tampoco se estaba comportando con normalidad con todo eso. Puesto que hacía meses que el joven no cumplía con el horario que se le entregó el primero de septiembre, y sin embargo ahí estaba sentado en encantamientos como si su mejor amiga no hubiera sufrido uno de los peores castigos en la historia de Hogwarts.

El adolescente podía ver a Flitwick mover la boca y explicar las cosas con movimientos de su varita, pero en su cabeza lo único que resonaban eran las palabras "Ron va a matarte." Lo hacían de forma constante y sin parar desde hacía dos noches, y aunque Neville no tenía pruebas de que fueran ciertas tampoco tenía dudas. Weasley no le había dejado a cargo de su hermana, pero los dos eran amigos, compartían habitación desde primero, y habían ido en aventuras juntos desde quinto. Además, Longbottom sabía que Ron confiaba en él para que frenará los impulsos de Ginny, y en vez de hacer eso, Neville se había pasado todo el curso animándola a luchar y desafiar a los Carrow. Asimismo, si no era Ron quien acabará con él sería Harry, lo cual era mucho peor en su opinión.

- ¡Neville! -El alarmado gritó en susurros de Fay Dunbar hizo que el chico le prestara atención -te he llamado 5 veces y no me has oído.

- Lo siento -dijo el chico moviéndose un poco en su sitio, pero sin soltar aún los bordes de la mesa -estaba distraído.

- Lo sé -contestó la chica suspirando -y Flitwick también, no para de mirarte de reojo, si no prestas atención nos acabará quitando puntos, y no quiero saber qué pasará si Gryffindor llega a tener puntos negativos con los Carrow -la rubia se estremeció.

Neville tenía que admitir que su compañera de casa tenía razón, no sabía sí los Carrow harían algo con eso, pero lo que sí sabía es que no podía darles una excusa. Posó sus ojos marrones, en la chica quién por casualidad se había sentado a su lado aquel día, ahora que lo pensaba, Neville apenas había hablado con Dunbar en los casi siete años que llevaba en el colegio, ella, Emma Vane y Oliver Rivers formaron un grupo desde primero y no parecían necesitar a nadie más desde entonces. Pero ese año todo había cambiado, Oliver, al ser hijo de muggles no había vuelto y Emma se pasaba los días intentando pasar desapercibida para evitar problemas a su madre en el ministerio, no como su hermana Romilda, así que las conversaciones entre Longbottom y Fay se habían vuelto casi algo habitual a esas alturas del curso. El adolesecente agradeció a la rubia-rojiza con un gesto afirmativo de cabeza, y ella le devolvió una ligera sonrisa, Neville sintió una punzada de dolor al ver como su cabello se movía con ese ligero movimiento, puesto que había sacado destellos rojizos que le recordaban dolorosamente a Ginny. El resto de la clase el adolescente se esforzó por prestar atención, pero cuando el segundero marcó la hora en punto salió corriendo en dirección a las habitaciones de los profesores.

Iba lo más rápido que sus piernas le permitían, y estaba ya doblado la esquina que llevaba al pasillo dónde estaban los aposentos de los profesores cuando escuchó como alguien le llamaba.

- Señor Longbottom ¿no le dije que se mantuviera alejado de esta zona? -La voz de su estricta profesora le llegó por detrás paralizándole en su sitio en el acto.

- Profesora McGonagall… -dejó el resto de la frase en el aire sin saber qué más decir, mientras se giraba para mirar de frente a la jefa de los leones.

- ¿Por qué será que nunca hace caso? -Dijo ella mientras le pasaba de largo con grandes zancadas -¡es igual a su madre Longbottom! ¡Siempre corriendo a todas partes, desobedeciendo hasta las órdenes más básicas y por sí fuera poco cayéndose por las esquinas!

Neville se quedó un segundo atontado por toda esa información, era la primera vez que alguien le comparaba de esa forma y en voz tan alta con uno de sus progenitores, siempre que alguien hablaba de uno de ellos era para decirle lo valientes que fueron o lo mucho que lo querían, y por lo general sí escuchaba anécdotas de alguno era de su padre, puesto que nadie de la familia de Alice había sobrevivido a la primera guerra. El caso, es que realmente Neville nunca había sabido nada tan personal de sus padres, y menos de su madre. El chico siempre se había preguntado de dónde venía su torpeza, su mala memoría… o sí resultaba algo inherente de él, que poco tenía que ver con sus padres. Pero ahí estaba su jefa de casa gritándole y echándole en cara tener el mismo carácter desobediente y torpe de su madre. Mientras procesaba todo eso, McGonagall ya había llegado frente a la puerta de su cuarto y estaba abriendo esta con su varita.

- ¿A qué espera?¿Quiere ver a Weasley o no?

- Ah sí, sí gracias -murmuró el chico atontado mientras se acercaba corriendo a la puerta.

Cuando entraron a la sala se encontraron con que Ginny estaba siendo atendida por Anthony Goldenstein y un elfo doméstico, la diminuta criatura ayudaba al ravenclaw mojando paños en agua fría, y vertiendo pociones con mala pinta en vasos pequeños. Mientras que el águila, revisaba los cortes, moratones y heridas de la chica, y le tomaba la temperatura. Ninguno de los dos se dio cuenta de que había entrado más gente en la sala, hasta que McGonagall dejó salir un ligero carraspeo de su garganta. Goldenstein quién fue tomado de improviso dejó caer el frasco que en ese momento le estaba pasando el elfo.

- Profesora McGonagall -saludó el chico -Longbottom, no esperaba que llegarán tan pronto.

- Ya le he dicho señor Goldenstein, que Longbottom intentaría tirar la puerta abajo sí yo no llegaba pronto a abrírsela. Y de tardar unos segundos más en venir con ese mismo panorama me habría encontrado -Neville tuvo la decencia de sonrojarse sabiendo que eso era probablemente lo que hubiera ocurrido si McGonagall no hubiera llegado a tiempo.

- ¿Qué haces aquí Anthony? -Preguntó el león avanzando por la sala hasta Ginny como si estuviera en su propia casa, bajo la reprobadora mirada de la animaga.

- La profesora me pidió que me saltara transformaciones y viniera a echarle un vistazo a Weasley -Neville miró a su jefa de casa sorprendida, pero esta ni se inmutó.

- ¿Y bien cómo está? -Preguntó la bruja aún ignorando a su león.

- Está despierta -Neville se sorprendió al oír eso puesto que no se había dado cuenta, dirigió sus ojos marrones a ella, y esta le devolvió la sonrisa aunque parecía muy cansada. -Las heridas parecen estar sanando, le han empezado a aparecer hematomas por el cuerpo, y tiene un poco de fiebre pero parece estable, y sigue cayendo en periodos cortos de sueño de vez en cuando. Probablemente se deba al dolor que su cuerpo sigue procesando, sin embargo creo que en algún momento tendremos que darle una poción revitalizante para acelerar el proceso, porque Winky -dijo señalando al elfo de su lado, quién resultó ser una elfina -dice que Dobby ha tenido varias conversaciones con ella, y que usted misma la vio la pasada madrugada. -A su lado Ginny asintió con fervor.

- Bien, le pediré e Slughorn que me haga una poción de esas, no quiero que las hagáis vosotros aunque a saber de dónde has sacado todos esos brebajes -dijo mirando con ojo crítico los tarros con pócimas, incluido el que había rodado hasta Neville el cual no se había roto, así que el chico asumió que tenía un hechizo inquebrantable.

Una humareda emergió de la varita de McGonagall quién había apuntado al frasco, en un segundo la poción volvía a estar dentro de este intacta como sí no hubiera estado unos segundos antes derrama sobre su alfombra. Con otro movimiento el bote llegó a manos del ravenclaw.

- ¿Cómo estás Gin? -Se adelantó el rubio para ponerse al lado de su amiga, la chica solo asintió.

Tanto Longbottom como McGonagall dirigieron miradas alarmadas a Goldstein, quien hizo una mueca y luego contestó la pregunta no formulada.

- Le he prohibido hablar durante un tiempo -explicó -al menos unas horas hasta que le baje la hinchazón de la garganta y pueda tragar con más facilidad, ha costado horrores que ingiera las primeras dosis de las pociones… pero lo hemos conseguido.

Ginny intentó levantar el pulgar a modo de confirmación, pero el movimiento le indujo una mueca de dolor que solo causó más preocupación en los presentes, aunque ella intentó ocultarlo. Los dos recién llegados se quedaron un rato en silencio mientras Winky y Goldensetin terminaban de trabajar en la pelirroja. Después de eso, la elfina desapareció para cumplir con su trabajo en las cocinas, McGonagall fue hacía su cuarto y Anthony y Neville se sentaron alrededor de la camilla de la pelirroja, llenando el vacío con conversación banal, como hacía tiempo que no ocurría.

No fue hasta que dieron menos cuarto que la profesora salió de su cuarto, haciendo que el ravenclaw mirara su reloj y se levantara corriendo. Con una mueca le explicó a Neville que debía ir a clase, puesto que tenía con Amycus Carrow. McGonagall entonces permitió que el rubio se quedará en sus aposentos cuidando de Ginny siempre que no la molestara y cumpliera con las instrucciones impartidas por el águila. Neville asintió con fervor y pasó el resto de la tarde en esa habitación junto con su pelirroja amiga, dejando que esta se durmiera cuándo quisiera, despertándola para darle las nuevas dosis de pociones y llenando su tiempo libre en planear nuevas estrategias contra los Carrow.


Luna aprovechó la hora de la cena para pasar por el gran comedor, coger un par de cosas, envolverlas en una servilleta y así poder llevárselas a Neville y comer algo los dos, junto a la improvisada cama de Ginny en la sala de McGonagall.

La rubia había pasado dos días sin tener casi noticias, y además sin apenas haber podido pegar ojo por la preocupación, y ese sentimiento sólo aumentó cuándo vio que Neville no aparecía en la sala de los menesteres. Sí bien, no pasaban todo su tiempo libre ahí, la mayoría del ED se habían acostumbrado a estar ahí en los huecos libres de sus horarios pues se sentían mucho más seguros que en sus salas comunes. No fue hasta que Anthony Goldenstein, llegó y les puso un poco a todos al día de la situación de la pelirroja que sus nervios remitieron ligeramente, las caras de horror y las silenciosas lágrimas se reflejaban en todos los jóvenes presentes en la sala, y muchos de ellos tenían el valor de mirar a Luna con pena como sí ellos no estuvieran pasando lo mismo. Luna ignoró a todos como estaba acostumbrada a hacerlo, pero eso no evitó que sintiera la pesada piedra que había caído en su estómago, esta fue incluso peor, que la que sintió la mañana del día anterior cuando se despertó y escuchó rumores en su sala común de que Goldenstein había desaparecido a las tantas de la madrugada de su habitación. No es que Luna y él fueran cercanos, de hecho Lovegood estaba segura de no haber hablado nunca con Anthony hasta ese año, pero desde que volvieron a poner en marcha el ED había habido un par de alumnos que destacaron en hechizos de sanación, y esos eran Lavender Brown y Anthony Goldenstein, además de que el chico era muy simpático y ella tampoco quería que le pasara nada. Pero el caso es que todo eso ahora daba igual, Lovegood sabía que debía quedarse en la sala con ellos, como uno de los líderes no oficiales del movimiento, pero su mejor amiga estaba en postrada en una cama en un estado bastante malo después de sufrir una horrible tortura gracias a la revista de su padre. Así que después de esa breve interacción con sus compañeros, y de que Hannah Abbott se acabará acercando a ella y en susurros le asegurase que no pasaba nada porque se fuera junto con Ginny y Neville, la rubia abandonó la sala para irse en busca de sus amigos.

En el gran comedor se cercioró de que nadie la seguía, ni los Carrow, ni esos molestos estudiantes que se habían unido a su causa, tuvo que despertar a un par de ellos de camino a los aposentos de McGonagall, pero no le costó nada. Y cuando llegó al área dónde estaban las habitaciones de los profesores notó cómo su corazón se aceleraba, en nada vería a Ginny y Neville, estaría con ellos y todo sería un poquito mejor. Luna tocó la puerta con una inquietud y nerviosismo poco propios de ella, y como recompensa se encontró una varita apuntándole de frente. Fue a pasar, pero Longbottom no se movió ni un centímetro, queriendo asegurarse de que era ella.

- Dime algo que solo la Luna auténtica sepa -exigió el chico con una dureza en sus tiernos ojos marrones, poco propia de él.

Luna podría haber pensado que era excesivo, pero en ese panorama no le sorprendía que los Carrow estuvieran usando "mutatimaginus" para hacerlos salir y poder castigarlos. Así que pensó la respuesta un rato hasta que le explicó el occidente de la mimbulus mimbletonia el día que se conocieron, fue ahí cuando Neville se hizo a un lado y dejó entrar a la chica.

La rubia casi se puso a llorar cuando vio a su amiga, aunque Ginny estaba sonriendo tenía un aspecto horrible, Goldstein no le había hecho justicia con esa descripción. La pelirroja tenía bolsas bajo sus ojos, la piel muy blanca -casi gris- dónde resaltaban poderosamente sus pecas, varios cortes y moratones en la cara, y por lo que podía ver eso último también cubría gran parte de su cuerpo, pero lo peor era el aspecto de enferma, como sí la tortura le hubiera quitado 10 años de vida. A pesar de eso, Luna sonrió y fingió que no le afectaba, se adelantó y besó la frente de su amiga con la mayor delicadeza del mundo, después de eso sacó la cena y la empezó a repartir entre los tres.

- Oh no -le paró Neville -Ginny no puede tomar eso, solo puede tomar líquidos, y mejor si son calientes -la pelirroja infló los carrillos en señal de desacuerdo pero no dijo nada. -¡Ah y tampoco puede hablar! Al menos no hasta que Goldenstein o Lavender le den permiso.

- Vaya -dijo Luna sin saber qué más añadir -creo que será mucho más fácil para los nargles invadir tu cabeza entonces Ginny, porque les gusta la gente callada, -Ginny dejó escapar un sonido que sonó parecido a una risa contenida mientras Neville sonreía.

- Pensaba que a los nargles les gustaban la gente con poco cerebro -comentó el rubio.

- Sí eso también estuvo de acuerdo la ravenclaw, la pelirroja dejó escapar un nuevo bufido indignada y Longbottom no pudo evitar contener la risa.

Así pasaron el resto de lo que quedaba de tarde noche, entre risa y risa, a pesar de todo, parecía que con cada rato Ginny mejoraba un poco. Aunque Neville sospechaba que era la sopa caliente que habían hecho aparecer frente a ella desde las cocinas, seguramente llevaría esa poción revitalizante de la que McGonagall y Goldenstein habían hablado antes, puesto que la bandeja venía con una nota en la que había escrito con letra irregular, "Para la novia de Harry Potter, con un toque de magia de Dobby el elfo libre." A Luna le encantó la frase, pero no tanto como a Neville quien se burló de Ginny sin parar, la pelirroja soló le fulminó con la mirada incapaz de hacer nada más. No fue hasta que la profesora de transformaciones volvió que los dos chicos se tuvieron que ir a sus cuartos. La jefa de gryffindor le aseguró que podrían volver al día siguiente, sí seguían siendo tan discretos, y que mañana a primera hora llamaría a Brown o Goldenstein para que revisaran el estado de Weasley.

Sin embargo, ninguno de los dos le hizo caso, sino que ambos fueron directamente a la sala de los menesteres, con la intención de poder hablar entre ellos con calma y decidir qué hacer con el estado de Ginny, y cómo esto afectaba al ED. Ahí no esperaban encontrar a nadie, pero cuando llegaron la sala estaba llena. Un grupo de cuatro ravenclaws, tres gryffindors y cuatro hufflepuff, de los dos últimos cursos estaban sentados en un círculo con aires de estar teniendo una discusión muy seria. Nada más entrar todos se volvieron a ellos, durante unos segundos que parecieron eternos nadie dijo nada, hasta que Seamus se puso en pie.

- Tenemos que hablar.

Neville y Luna compartieron una mirada unos segundos, con el brillo de la mutua compresión apareciendo en sus ojos, y un ligero suspiro de agotamiento los dos se unieron al círculo, sentándose el uno al lado del otro.

- Esto tiene que parar -afirmó con seguridad Megan Jones, una pelirroja de hufflepuff del último curso.

- Megan tiene razón -apoyó con fervor Morag MacDougal, esta vez una ravenclaw castaña también de séptimo.

- ¿Qué queréis decir? -Preguntó Neville con un tono peligroso en su voz.

- El ED -afirmó Megan, confirmando las sospechas de Neville -se nos está yendo de las manos…

- ¡Eso es una chorrada! -Le interrumpió exasperadamente Seamus, como sí ya lo hubiera dicho quinientas veces, Neville le sonrió agradecido.

- No, no lo es -le rebatió la chica cabezota -mira lo que le ha pasado a Weasley…

- Ginny está bien -afirmó Longbottom.

- Los ojos de Lovegood no dicen lo mismo -observó esta vez un ravenclaw de sexto, Neville miró a su amiga y se dio cuenta de que los ojos azules de la rubia estaban muy enrojecidos de las lágrimas contenidas.

Nadie comentó nada, puesto que todos sabían que lo que le había pasado a Ginny no era normal. Aunque todos habían sufrido castigos duros ese curso, en especial Neville, Luna y Ginny, ninguno parecía haber sido tan grave como ese último, lo que indicaba que las cosas solo estaban escalando.

- ¿Y crees que por que desmantelemos el ED van a dejar de ocurrir esas cosas? -Interrumpió Luna el silencio mirando directamente a Jones.

- Pues… -la chica se movió incómoda en su sitio insegura de qué responder.

- No -dijo finalmente la voz de Ernie Macmillan -pero eso no quita que puedan volverse menos frecuentes. -Hubo varios que estuvieron de acuerdo en el grupo.

Neville analizaba los movimientos de todos y cada uno de ellos, y con alegría se dio cuenta de que ninguno de los leones estaban de acuerdo, de hecho Seamus tenía el ceño fruncido, Parvati parecía estar coteníendose una buena réplica y Demelza miraba a Ernie como si fuera estúpido. Entre los ravenclaws, dos parecían tampoco estar de acuerdo, Boot y el chico de sexto que había hablado. Y por último, los mismos hufflepuff parecían divididos, Hannah Abbott tenía una cara de escepticismo extrema y Susan Bones más de lo mismo.

- ¿Qué crees que pasará? -Volvió a preguntar Luna, una vez más sorprendiendo a todos.

- No lo sé -afirmó el chico -pero sé que esto no.

- ¿No? -Lovegood, ya no sonaba tranquila ni soñadora, parecía haber dejado a esa chica meses atrás, y a Neville no le sorprendía con todo lo que habían vivido en ese tiempo. - Sí de verdad crees que los Carrow no van a encontrar cualquier excusa para castigarte, que no disfrutan con el sufrimiento ajeno, que cada vez se vuelven más creativos y más atrevidos a la hora de aplicar castigos, y que portando bien vas a conseguir que se olviden de ti, eres un ingenuo.

La sala se llenó unos segundos de susurros de sorpresa y de onomatopeyas que demostraban lo sorprendidos que estaban todos de que Lunática Lovegood hubiera respondido así a alguien.

- Los Carrow no van a parar -continuó Neville por ella -son como los kappa una vez han olido sangre solo quieren más. Y si no es porque tú des un paso en falso, será porque lo hagan tus padres, o porque se aburran que entonces aplicaran sus nuevas técnicas en ti.

- Pero solo les estamos dando más motivos para castigarnos -exclamó Megan indignada.

- ¿Por rescatar niños o ejercer nuestra libertad de expresión? -Jones soltó un susurro lastimero, pues la persona que le había formulado esa pregunta era ni más ni menos que Hannah y la pelirroja se sintió completamente traicionada. -Yo estoy con Neville y con Luna -afirmó la rubia haciendo que sus trenzas se sacudieran ligeramente -no creo que todo esto se vuelva menos frecuente.

- Pero tenemos que proteger a los más jóvenes -volvió a insistir Jones.

- ¿Y cómo piensas hacerlo sin el ED? -Saltó Parvati, Seamus intentó contenerla pero no pudo -no suéltame -exclamó mientras apartaba su mano de su brazo -¿crees que vas a poder tú sola?¿Crees que te va a resultar más fácil sin el ED?

- No es eso lo que quiere decir Megan -le defendió Ernie -lo que…

- ¿Y qué quiere decir? -Bufó Parvati.

- Si me dejas te lo explico -replicó el chico con las mejillas ligeramente sonrojadas ante la interrupción.

- Lo que quiere decir, es que con todo lo que el ED lleva a cabo sólo está cabreando más a los Carrow, y eso es peligroso, porque lleva a más castigos -pero no fue el hufflepuff quien lo explicó sino MacDougal.

- ¡Pero los cabreamos evitando que se lleven a alumnos! -Exclamó Robins exasperada.

- Si y no -contestó la ravenclaw -también lo hacemos dibujando pintadas, o metiendo contrabando ilegal en el colegio. Y eso no ayuda a nadie.

- Sino fuera por el ED se hubieran llevado a mi hermana -habló con firmeza Goldenstein, mirando mal a su compañera de casa. -Ellos fueron a por Queenie, no porque sea hija de muggles, porque pudieran usarla contra mis padres o porque hiciera nada malo, pensaron que podían aprovechar su talento, y sí Longbottom no la hubiera salvado no sé qué le habría ocurrido o sí estaría aquí. -Boot apoyó una mano en señal de compañerismo en el hombro de su amigo.

- Y eso solo le acarreó un castigo horrible a Longbottom -replicó Morag, los ojos de Anthony brillaron con furia.

- Pero no me arrepiento -Neville habló antes de que Goldenstein pudiera decir nada -lo volvería a hacer, y lo voy a seguir haciendo. No voy a parar, no voy a dejar que se lleven a niños pequeños para ser torturados o usados como cebo, no voy a quedarme de brazos cruzados mientras insultan…

- Pero eso solo los enfada más y los vuelve peores -le cortó Megan.

- ¡¿Y QUÉ QUIERES HACER?! -El rubio se estaba enfadando de verdad, y la desesperación se filtró en su gritó, la chica le miró sorprendida pero no se amedrentó.

- Creo que deberíamos parar, y cada uno proteger a los nuestros -afirmó -debemos velar por los más pequeños, ¡por Merlín hoy un niño de primero se ha puesto a llorar en la sala común porque tenía miedo de ir a clase, porque no se le daba bien y temía el castigo!

- ¿Y cómo piensas evitar que le castiguen sí se equivoca? -Interrogó Hannah -Megan, entiéndelo, no podemos seguir a los niños pequeños a todas sus clases para asegurarnos de que no fallen y no sean castigados.

- ¡PERO PODEMOS AYUDARLES CON SUS DEBERES Y A MEJORAR EN SU TIEMPO LIBRE EN VEZ DE ENFADAR A LOS CARROW!

La pelirroja también había llegado a su límite, con lágrimas desbordando sus ojos se habían puesto de pie y había gritado eso al círculo mirando a todos sus integrantes. Muchos apartaron la mirada, ya fuera por incomodidad o por la culpabilidad que sentían sabiendo que en parte la chica tenía razón. En un rato nadie dijo nada, mientras Morag se levantaba a consolar a la chica. Y tras un tiempo el silencio fue roto por Susan Bones, la otra pelirroja de hufflepuff.

- Creo que Megan y Morag tienen parte de razón -empezó la chica lentamente, todos los ojos se posaron en ella -hemos dedicado nuestro tiempo libre a aprender hechizos para sanarnos o para sabotear a los Carrow, y no digo que no sean necesarios o que no siente bien -se apresuró a añadir ante la mirada de alguno de los presentes. -Pero creo que igual deberíamos prestar más atención a los más pequeños, sí tanto temen ir a clase por hacer las cosas mal, algo no estamos haciendo nosotros bien -terminó con firmeza.

- ¿Y qué propones? -Preguntó Boot con un hilo de voz.

La chica le miró sorprendida, y con las mejillas ligeramente ardiendo, pero no tardó ni dos segundos en contestar.

- Creo que deberíamos parar algunas actividades del ED, y dedicar tiempo a ayudar a los pequeños.

- ¿Cómo cuáles? -preguntó esta vez Luna.

- Como las pintadas en la pared.

- ¿Alguna más? -Insistió la rubia, pero Susan negó con la cabeza, y su gorda trenza pelirroja se movió con ella.

Otra vez el pesado silencio volvió a invadir el grupo, solo roto por los hipidos de Megan. Neville se preguntó que pensaría Ginny sí estuviera allí, y si habría ya hechizado a Jones y MacDougal, lo más probable es que sí.

- Tal vez podamos hacer eso o, quizá dividirnos en grupos -propuso el ravenclaw de sexto, esta vez todos los ojos se volvieron a él.

- Davies puede tener razón -le apoyó Demelza, entonces Neville cayó en la cuenta de que el chico era el hermano de Roger Davies y que por eso le sonaba tanto. -Podríamos hacer dos grupos, unos que quieran ir en las misiones de rescate y otros que velen por los más pequeños y les ayuden a estudiar.

- No somos tantos -replicó Seamus.

- Lo sé -se encogió de hombros Robins -solo digo que es buena idea.

- ¿Eso os parece bien? -Preguntó Neville a Jones y MacDougal, ambas chicas lo miraron sorprendido. -¿Hacer dos grupos?

- Pero habéis dicho que no somos suficientes -dijo Megan sorprendida.

- Cierto -se encogió de hombros el chico, -pero quizá podemos organizarnos. -Neville suspiró hondo antes de continuar hablando -tenéis razón en que las pintadas no ayudan a nadie y que quita tiempo y recursos, así que podríamos poner fin a eso. Pero no al resto de cosas -afirmó con seguridad -no podemos dejar los rescates, ni quedarnos callados, nada de eso. Así habría más tiempo para ayudar a los pequeños, y podríamos prescindir de gente para algunas cosas, aunque no para las peligrosas, de vez en cuando quienes enseñen a los niños tendrían que participar en alguna misión.

- Parece justo -comentó Luna, hubo un asentimiento general, Megan y Morag compartieron una mirada.

- ¿Quiénes darían clases? -Preguntó Morag.

- Bueno lo lógico es que sean los mejores estudiantes de cada asignatura -comentó Goldenstein, que parecía haber empezado a perdonar un poco a su compañera de casa.

- Creo -dijo Hannah haciéndose oír sobre las opiniones de todos -que antes de decir quién hará qué cosa, deberíamos votar la idea de dejar de pintar y dividirnos en dos grupos. Y dependiendo de lo que salga, continuar mañana con esto, estamos cansados, es tarde y creo que todos necesitamos un momento.

Todos asintieron y después de una votación en la que todos estuvieron a favor, hicieron como había sugerido la rubia de las trenzas, continuar con el resto de la reunión al día siguiente. Una vez todos abandonaron la sala, sólo quedaron Luna y Neville. Los dos amigos se miraron y rompieron a reír sin control, el agotamiento mental y el estrés de los últimos días les estaban pasando factura en ese momento.

- ¿Cómo crees que reaccionará Ginny a todo esto cuando vuelva? -Preguntó Neville.

Y una vez más Luna y él empezaron a reírse con solo imaginar la reacción de su pelirroja y temperamento amiga.


¡Hola gentecilla! Siento mucho, muchísimo la tardanza, pero en mi defensa diré que me fui de viaje y al volver se me rompió el ordenador así que he estado sin poder escribir en un tiempo.

Espero que os haya gustado el capítulo. Quiero agradecer a ChiaLobosca por su comentario en el último cap y como ves ChiaLobosca el capítulo se centra mucho en Neville, Luna y Ginny como te gusta.

Como siempre, sí veis un fallo o cualquier cosa así avisadme para que lo corrija. De nuevo siento la tardanza, besos.

B.