Los personajes del Origen de los Guardianes pertenecen a Dreamworks Animation y al creador original de los libros William Joyce.
Hubo momentos en que pensaste en seguirlos, sería fácil, pero apenas se te cruzaba esa idea la desechabas con rapidez. Más de una vez habías subestimado a Jack, ¿y qué habías ganado con eso? Nada, absolutamente nada. Y si el más débil de los Guardianes era todo un mentiroso, ¿qué más podías esperar del resto?
A lo lejos miraste a Áster, como siempre era el último y el encargado de borrar las huellas. Por mucho que fingiera no hacerte caso, lo cierto era que estaba muy pendiente de ti, cualquier movimiento tuyo él lo detectaría. Por supuesto que en otras circunstancias estarías más que dispuesta a jugar a las escondidas con él, sería realmente fácil tenderles una trampa... ¿cierto?
Apretaste las manos en puños.
Lamentablemente para ti, comenzabas a dudar de tus capacidades. No querías hacerlo, no querías enfrentarte a aquella posibilidad, pero los hechos hablaban por si solos y lo único que te decían era que durante todo este tiempo sólo habías conseguido fracaso tras fracaso. Pensar en eso te enfurecía, y no debías dejarte llevar por la furia.
Cuando los habías perdido por completo de vista, te diste la vuelta, caminando por el lado contrario. Luchabas por mantener tus pensamientos en orden, pero por cada paso que dabas más sentías la rabia burbujear dentro de ti. Maldijiste por lo bajo, tratando de murmurar para distraerte, pero pronto tus palabras se transformaron en recriminaciones en contra de ti, por lo que volviste a cerrar la boca.
Y los pensamientos nuevamente surgieron.
«Soy la mayor de las estúpidas. ¡Pude haber hecho miles de cosas! Soy una tonta, ¿cómo mierda se me ocurre dejarlos ir? Pude dejarlos inconscientes, retenerlos, matarlos o…»
Te detuviste.
¿Y si... los matabas?
—¿Y esa cara?
Reconocerías esa voz en cualquier lugar, fue el golpe de realidad que necesitabas para volver a poner los pies sobre la tierra.
—¡Mierda! —soltaste, con tus manos vueltas puños. De espaldas a mí, te escuchaba refunfuñar, tu cuerpo estaba tenso, parecías un volcán a punto de hacer erupción, pero cuando te diste la vuelta y pude ver tu rostro supe definitivamente que lo que sea que hayas planeado, no funcionó.
—Oh, oh, alguien no ha tenido un buen día. —dije para molestarte, mientras me sentaba sobre el tronco de un árbol, con las piernas cruzadas y una mano puesta detrás de mí para apoyarme.
—Cállate.
—Y tampoco estás de humor. —continué, y tus ojos pardos, enrojecidos a causa del mal sueño, me miraron furiosos— ¿Qué te pasó? Parece que hubieras desayunado un elefante y después no hayas podido botarlo por el baño.
—Y tú parece que desayunaste un payaso que andas tan chistosa. —Me respondiste, cruzándose de brazos, mientras que yo detallaba una vez más tu aspecto: tu ropa estaba sucia, tu piel con mugre, y ni hablar de tu cabello castaño, la falta de higiene lo opacó, y a pesar de que intentaste peinarte seguías pareciendo una loca.
Como me seguías observando, decidí seguir hartándote, así que con mi otra mano llevé un dedo índice a mis labios, mirando pensativa hacia el cielo.
—Los chistes se los dejo al Guardián de la Diversión. —Bajé la mirada para no perderme cualquier reacción de tu rostro, y noté como te tensaste ante la mención del chico. Entrecerré los ojos— ¿Dónde está?
—¿Tienes comida? No puedo responder con el estómago vacío.
Rodé los ojos. De uno de los tantos bolsillos que tenía mi pantalón negro, saqué una barra de proteína, pero antes de dártela abrí el envoltorio de forma lenta, muy lenta. Tú chasqueaste la lengua y cuando diste un paso para acercarte a mí, te lo lancé, con tanta mala suerte que lo atajaste.
—Lástima… —susurré, guardando el envoltorio en uno de mis bolsillos.
Tú te la devoraste como quien perdido en el desierto encontrara una fuente de agua.
—Susan. —Me llamaste aún con la boca llena.
—¿Uhm?
Tragaste, y entonces te volviste a cruzar de brazos y me miraste dignamente… o tan dignamente como podía ser posible en tu estado.
—¡¿Por qué mierda no me dijiste que estabas cerca?!
—Oh, ¿debía hacerlo?
—¡Una puta nota no te costaba!
—Y si los Guardianes te hubieran visto con la nota, ¿qué hubieras dicho? ¡Susan, por qué enviaste la nota! —exclamé, moviendo las manos de forma exagerada, imitando tu voz de forma chillona.
—Yo no hablo así. —dijiste, masajeándote la frente.
—Claramente no me importa tu opinión.
—Despertaste tan pero tan simpática hoy.
—Perdóname por no sonreír de oreja a oreja con traidores.
Te quedaste quieta, incluso pareció que dejaste de respirar. Entonces, lentamente, giraste tu rostro hacia mí. Te había tomado desprevenida, pero lo ocultaste con una sonrisa.
—Ja, ¿traidora yo?
—Todo el mundo lo cree.
Frunciste el ceño, era algo que ya debías de suponer, pero que yo te lo confirmara era algo que no necesitabas escuchar. Y precisamente por eso lo dije.
—¿Todo el mundo?
—Uhm, todo el mundo, sí. Excepto tu papi y tu mami, ellos creen que de verdad fuiste secuestrada por esos crueles y malévolos Guardianes.
Te quedaste en silencio, desviando la mirada, pensando. Yo miré a mi alrededor, durante mi camino no me había cruzado con nadie y tú estabas a la defensiva.
—¿Y tú?
Volví a mirarte.
—¿Yo qué?
—Dijiste todos, ¿tú también?
Sonreí.
—Te considero traidora —Y entonces borré la sonrisa— pero podría cambiar de opinión si me dices dónde están los Guardianes.
Apretaste los labios y por un momento creí que me mandarías a la mierda, que te marcharías vociferando que no necesitabas a nadie, pero me sorprendiste al decir:
—No están, se fueron.
Te enfurecía como nunca decirlo, y hasta te avergonzaba. Era difícil de verlo teniendo en cuenta que luchabas por ocultar cualquier expresión facial y de mantener un tono neutro en la voz, pero yo te conocía lo suficientemente bien para saber que no estabas bromeando.
Pero me negué a creerlo.
Esperé unos segundos a que dijeras algo más, pero continuabas en silencio, así que seguí esperando… pero tú continuabas inmóvil, manteniendo tu expresión seria y tus ganas de matar.
Oh, mierda. ¿Entonces era verdad?
—¿Estás jodiendome?
—No, pero están en esta ciudad, con los rebeldes, seguro.
—Rebeldes. —repetí, incrédula.
—Y no cualquier rebelde si trabajan con los Guardianes.
Dejé de cruzar mis piernas y apoyé mis codos sobre las rodillas, con mis manos entrelazadas. No sabía si reír o estrangularte. Mierda.
—¿Al menos sabes qué rebeldes son? —pregunté, y ante tu silencio me comencé a llenar de rabia— ¡¿Eres estúpida acaso?!
Me miraste indignada, sin amedrentarte ante mis palabras ni mi mirada asesina.
—No, pero lo sabré —dijiste segura—. Tengo a una espía, sólo tengo que encontrarme con ella.
—Una espía, ¡perfecto! —Me puse de pie, necesitaba un cigarro urgente— Dime quién es.
—Sophie.
¿Qué?
—¡¿Sophie?! —No pude evitar exclamar en voz alta.
Santísima mierda.
Busqué en mis bolsillos hasta encontrar la cajetilla. No esperé mucho para encender uno y llevármelo a mis labios.
—Susan, tranquila, tengo todo…
—¿Eres consciente de dónde estás metida? —Te interrumpí, botando el humo— Eras la única con ventaja, la única. Estabas metida con ellos, pudiste llevar sus cinco cabezas ante el Coco. Y no sólo eso, un chico con el historial de Jamie ya no podría ser perdonado por segunda vez, ¡por fin te desharías de él! —Volví a darle una calada a mi cigarro, sólo al volver a expulsar el humo te volví a hablar— Realmente no entiendo como la has terminado de cagar tanto.
Tú te habías mantenido seria, sin siquiera expresar ningún atisbo de tus verdaderas emociones en tu rostro. Pero te conocía bien, y esto te hartaba.
—¿Terminaste? —Soltaste, y a pesar de que tu voz sonó fría, había ira contenida en tus palabras.
—No te hagas la ofendida.
—Es sólo un inconveniente, nada importante… cada una tendrá lo que quiere.
Sonreí, sin gracia alguna.
Y sin creerte.
—Luces muy confiada como para creer que eso sea cierto.
Ibas a responderme, pero entonces escuchaste un grito, un grito que te heló la sangre. Esta vez ni siquiera ocultaste tus emociones, pude ver todo lo que te causó reconocer su voz. Giraste primero tu cabeza, mirando detrás de tu espalda, tal vez esperando que todo se tratara de tu imaginación, y entonces decidiste internarte más entre los árboles.
Te seguí, esto se iba a poner feo.
Cuando te detuviste podías mirar la entrada de la ciudad y también al escuadrón de Sombras que había en la entrada.
Con Robin.
—Estás con él… —Me dijiste apenas estuve a tu lado. Boté el cigarro al suelo y lo pisé— ¿Te amenazó acaso?
—No. Me ofreció un buen trato, no fueron necesarias sus amenazas.
Te alejaste, esta vez caminando más hacia el bosque. Yo me quedé en mi posición, no tuviste más remedio que detenerte.
—Te lo dejaré pasar. —Y cuando me miraste me pareció oler tu desesperación— Somos amigas después de todo.
—Amigas. —susurré, seria.
—Y así es mejor, Robin se encargará de Kendra.
—¿Realmente lo crees?
—Sí. —Trataste de sonar segura, pero te esforzabas por mantener tus ojos puestos en mí cada vez que escuchabas los gritos de Robin dando órdenes.
Lentamente me agaché a recoger mi cigarro y lo guardé en uno de mis bolsillos.
—Te equivocas.
Te reíste. Una risa penosa.
—Lo odio, pero ambas sabemos que puede contra ella.
—Oh, si tan sólo eso le interesara eso. Deberías conocerlo, tú mejor que nadie. Le pareció más rentable tener sexo de reconciliación contigo que perturbar a la Madre Naturaleza. —Apretaste las manos en puños— ¿Tenías intenciones de encontrarte con tu súper espía en la ciudad? Pues tu ex ya entró y está custodiando la entrada.
—Susan —dijiste, firme, seria—. Sé que parezco en desventaja, pero tengo todo calculado. Tú tendrás tu deseo y el oro, y yo tendré lo mío —Luego sonreíste, confiada— ¿O crees que Robin dará el crédito a los demás?
Me tomé un momento para contestar.
—Sí.
Sólo esa palabra bastó para derrumbar toda esa fachada que habías creado. Vi la máscara caer, ya ni siquiera te esforzabas en ocultarte. Estabas desesperada y acorralada.
—Las condiciones de la recompensa cambian con el escuadrón de Sombras. Lo sabrías si al menos te hubieras quedado. No importa que no seas quien encadenó a los Guardianes, ni quien los encerró en la prisión, si perteneces al grupo que lo hizo, tienes tu deseo y todo el oro que te podrás imaginar.
—¿Y tú en serio crees que querrá compartir el triunfo?
—Robin puede ser muchas cosas, pero necesita gente que cuente sus hazañas.
—En serio vas a estar con Robin. —Asentí, sin dudar— ¿Eres consciente de que la única manera de dejarlo es que te deseche y te mate?
—Por supuesto que lo sé. Pero revisando mis opciones me doy cuenta de que él está en la misma ciudad que los Guardianes, es cuestión de tiempo para que los capture, y con toda la gente que tiene reclutada podremos llevarlos a la prisión Inframundo sin que las Pesadillas nos los quiten. Y claro, no te olvides de inflarle el ego, pero son detalles.
—¿Pesadillas?
—¿Qué no sabías? Pitch ordenó a sus monstruitos ir por los Guardianes, y ya sabes como son, no formarán alianzas con las Sombras, sólo estarán enfocadas en ir en busca de ellos, aun si tienen que quitárselos a las mismas Sombras que trabajan para su jefe.
Chasqueaste la lengua.
—Que absurdo.
—Sí, así que no sólo tienes a Robin, hay Pesadillas y muchas más Sombras que trabajan juntas y crearon otros escuadrones.
—Debe ser una broma. ¿Ir contra Robin?
—Querida amiga, cuando se trata de monstruos Robin no es el único que existe.
Asentiste lentamente, más como acto reflejo, parecía que estuvieras ida en tus pensamientos.
—Lo que sea que planearas hacer, deberías dejarlo ya. —agregué. No me miraste ni refutaste, yo continué— Todos te tienen como una traidora, y sabes lo que le pasa a los traidores.
Fue entonces que volviste en sí y tus ojos se posaron en mí, fieros.
—La única traidora aquí eres tú.
—¿Lo dices en serio? Pero que sinvergüenza. Te recordaré que yo no fui la que se escapó con los prófugos.
—Es diferente.
—En eso te doy la razón. —Sonreí— Tu traición te llevará a la muerte, en cambio la mía me llevará a la recompensa.
—No cantes victoria aún, ni Robin ni yo tenemos a los Guardianes.
—Eso pronto cambiará.
—Oh, ¿segura? —Sonreíste. Entrecerré los ojos.
—Te tiene ventaja.
—Oh, ¿en serio? —Fingiste sorpresa— Ya verás como tendrá un contratiempo.
Y caminaste hacia la ciudad, pasando por mi lado, ignorándome por completo. Ni siquiera me empujaste. Voltee a verte, creyendo que todavía estabas en negación, pero grande fue mi sorpresa al ver que te dirigías a la entrada de Terragus, donde estaba Robin, y al parecer tú no tenías intenciones de tratar de ocultarte.
—Te va a matar. —Seguiste caminando— No eres rival para él y lo sabes.
Tus pasos se detuvieron y lo siguiente que sentí fue un dolor inmenso atravesándome la cara para luego sentir mi espalda hacerse añicos. Respiraba con dificultad, y pude ver como tenías la mano extendida hacia mí. Habías utilizado la arena oscura tan rápido que ni me había dado tiempo a reaccionar.
—Maldita perra. —dije, escupiendo sangre y viéndote marchar.
Me levanté. Mi estado era mucho mejor, por lo que me fue fácil usar la arena oscura para curarme, sin embargo, no fui detrás de ti para detenerte, sólo me quedé observando como caminabas directo hacia tu muerte.
Ese siempre fue tu problema, con Robin siempre perdías la cabeza.
Como era de esperarse, el uso de la arena oscura advirtió a las Sombras y a las pocas Pesadillas que estaban custodiando la entrada. Debido a que nuestro escuadrón había llegado, y gracias a tu pista, Robin solicitó monitorear la entrada hasta tener más información. Nos habíamos encargado de la entrada y salida de los autobuses y nada había perturbado nuestro trabajo… hasta que te detectaron. Sin embargo, nadie te atacó, pero estaban listos para responder ante cualquier amenaza. Algunos invocaron la arena oscura para aumentar sus sentidos, otros prepararon sus armas, por más que fueras una Sombra, era bien sabido que desde que se nos había encomendado capturar a los Guardianes, las disputas entre distintos grupos de Sombras habían aumentado.
A pesar de que era obvio que el escuadrón sospechaba de ti, tú caminabas lentamente como si nada te perturbara, y a pesar de que todos deducían que lo más probable era que se tratara de una trampa orquestada por otro grupo, nadie hizo el primer ataque. Si había que liquidarte, lo haríamos de la manera más rápida y discreta posible, si había que capturarte, lo haríamos ahorrándonos toda la diversión. Con civiles cerca, Pitch había sido lo bastante claro: "Si quieren matarse o despedazarse, háganlo en silencio".
—No me lo puedo creer. —dijo una Sombra, gracias a sus sentidos aumentados te pudo reconocer a pesar de la distancia.
—¿Quién es? —preguntó otra, apuntando con su arma.
—Es Audrey Ross.
Algunos resoplaron, otros rieron, y otros simplemente miraron hacia atrás donde estaba Robin. Él estaba en una de las tantas estaciones de vigilancia de la muralla. No había pasado por alto nada y, desde la altura en que se encontraba, te observaba. Entrecerré los ojos, ocupando mucha más arena oscura para verlo mejor. El muy cabrón sonreía.
—A los traidores hay que capturarlos. —dijo alzando la voz y acomodando su codo en el barandal para luego acunar su cara con su mano. Tú te detuviste frente a las Sombras S que habían salido a tu encuentro y te apuntaban con sus armas. Robin no despegaba la mirada de ti, y tú lo mirabas fijamente a él— Pero hoy podemos hacer una excepción.
Y entonces Robin saltó desde lo alto de la estación de vigilancia hasta caer a unos metros de ti. Apenas sus pies tocaron el suelo la arena oscura que rodeaba sus piernas desapareció. Las otras Sombras que estaban cerca y le impedían el paso se alejaron, dejándole el camino despejado.
A pesar de que ahora me daba la espalda, no me hizo falta verlo para suponer la expresión que tenía en su rostro. De seguro sonreía, de seguro parecería un chico ó los brazos y exclamó, emocionado:
—¡Has regresado, mi amor!
Y entonces en la distancia vimos un autobús acercarse. Todavía estaba lejos, pero eso no significaba que no estuviera comprometida la situación. Miré la entrada, las Sombras ya habían comenzado a preparar lo necesario para revisar el vehículo y dejarlo pasar. Volví mi vista hacia ti y Robin, él seguía con los brazos extendidos, pero tú no hacías nada. O eso parecía. Tus manos se apretaron en puño y luchabas por regular tu respiración. Sentías rabia, querías expresar tu rabia, y entonces pensé que quizás no todo estaba perdido contigo.
Ser Sombra te hacía más fría en sentimientos, pero curiosamente, elevaba al cien tus emociones. Era una lucha constante de mantener el control, y tú sin duda estabas dando tu mayor esfuerzo para no sucumbir a la ira.
Con la ira no vencerías a Robin.
—¿Qué pasa? —preguntó el rubio, moviendo un poco sus brazos— ¿No me vas a dar un abrazo?
Lo miraste de arriba abajo.
El autobús estaba cada vez más cerca.
—Sabes que no he venido a eso.
—Uhm —Bajó los brazos y se llevó una mano al mentón— Déjame ver… ¿quieres unirte a nuestro grupo de caza?
—¿Y ser tu perra? ¡Ja! Ya tienes bastantes.
—Entonces vienes a entregarte.
—Sabes que no es así.
Las Sombras dejaron de apuntarte. El autobús pasó por su lado.
—Sigues siendo una traidora. —dijo, y agregó con voz sugerente— Chica mala.
Y entonces sonreíste.
—Muy mala.
Las Sombras volvieron a mantenerte en la mira.
—¿Segura que no quieres volver a ser mi perra?
Soltaste una risa seca. El autobús se detuvo frente a la muralla. Las Sombras ingresaron en su interior.
—Tan romántico como siempre.
Robin se acercó un paso más a ti. No retrocediste.
—Que no te de vergüenza admitir que te gustaba. —Llevó una mano a tu rostro. Apretaste más tus manos en puños, pero no lo apartaste.
—¿Alguna vez has sabido lo que me gustaba?
—¿Y tú lo que me gustaba a mí?
Las Sombras se bajaron.
—Sabes bien que sí. —dijiste
La puerta se abrió, el autobús ingresó a la ciudad.
—Siempre fuiste tan buena conmigo.
—Y tú tan idiota.
La entrada comenzó a cerrarse.
—Perdón.
Y se mantuvieron en silencio, mirándose. Robin movía su mano para acariciar tu mejilla, y tú posaste tu mano sobre la de él.
—Como si realmente lo sintieras.
Alzaste tu otra mano para pegarle un fuerte puñetazo, pero Robin te tomó de la muñeca, deteniéndote a pesar de que habías utilizado la arena oscura para aumentar la intensidad del golpe.
—Ay, mi amor, cuando aprenderás. —dijo burlón, sin soltarte.
Y entonces desde abajo golpeaste su mandíbula con tu otro puño. No habías utilizado arena oscura, pero el golpe fue tan repentino que Robin te soltó. Las otras Sombras hicieron el amago de intervenir, pero Robin los detuvo.
—¡No se metan! —gritó, sujetando su mandíbula— Los problemas de pareja son de pareja. —Se enderezó y de sus manos comenzó a surgir la arena oscura.
Tú finalmente dejaste caer tu máscara. Lo miraste rabiosa, con una furia desbordante que lo hizo sonreír.
—¡Ni en sueños volveré a ser tu novia! —gritaste, separándote de él y lanzándole arena oscura. Robin bloqueó el impacto y se mantuvo en su posición.
—Cariño, pero volviste a mí —El último proyectil lo difuminó y volvió a caminar hacia ti, extendiendo los brazos— ¡Vuelves a mis brazos, mi amor!
Gruñiste y cuando volviste a arremeter no fue contra Robin. El rubio había creado una muralla de arena para protegerse, pero sorprendido vio como tu ataque pasaba de largo.
Y no fue el único que lo vio.
El resto de las Sombras intentó detener el proyectil que iba directo a la muralla… o al menos eso creíamos.
La puerta todavía no se cerraba por completo y el impacto se desvió para caer demasiado cerca del autobús, provocando que se desestabilizara y chocara.
La puerta finalmente se cerró. Me quedé boquiabierta. ¡Te habías vuelto loca!
Robin miró pasmado hacia la puerta, habían tenido que abrirla de nuevo para que algunas Sombras pasaran y aseguraran el perímetro, pero ese no era el problema, pronto el lugar estaría rodeado de Pesadillas al detectar la arena oscura en el accidente.
Esta vez la máscara que cayó fue la de él.
Todo rastro de coquetería y ternura se transformó en ira.
—¡Maldita puta! —gritó, furioso, pero al darse la vuelta para atacarte tú ya no estabas.
Te busqué. Aprovechando la distracción habías huido hacia la entrada, y nadie te detuvo, Robin había sido claro con sus órdenes, no entrometerse, por lo que la prioridad de las Sombras era resguardar la muralla y despejar lo más pronto posible el accidente.
Corrí hacia el interior de la ciudad. No necesité cruzar la entrada para darme cuenta del caos. Tu explosión había sido estruendosa, había desestabilizado varios vehículos que chocaron contra postes o contra otros autos. Las personas se habían bajado y peleaban entre ellos, echándose la culpa. Pero pronto algo más llamó la atención.
Una nueva explosión.
Robin te perseguía entre los techos de los edificios y tú a la más mínima oportunidad lo atacabas para luego seguir huyendo. Robin no se quedaba quieto, se defendía o te atacaba, provocando que sus arremetidas al chocar crearan explosiones. Y no era lo único llamativo. La arena oscura no sólo la utilizaban como arma, también lo hacían para potenciar su fuerza, por lo que su rapidez no era la de un humano común, mucho menos los grandes saltos que daban. Una pelea así difícilmente podría pasar desapercibida.
Busqué rápidamente a Sombras de rango A, debíamos evacuar a los civiles de la zona, pero alguien ya se me había adelantado.
—¡Ey, tú! Mueve el culo y evacúalos ¡Ya! —ordenó Matt a un chico de rango A que no debía superar los dieciocho años.
—¡¿Me estás jodiendo?! ¡Ustedes crearon el problema!
—¡¿Y te crees con los huevos para detenerlos?! —gritó Matt, apuntando hacia ustedes dos.
—Si quieres anda a pararlos y los S nos encargamos de los civiles. —agregué yo, burlesca.
El chico miró hacia Robin y luego a nosotros. Con resignación chasqueó la lengua y ordenó a su grupo comenzar la evacuación.
De pronto otra explosión, una mucho más fuerte que las anteriores, esta había logrado hacer temblar la zona.
—Estos dementes van en serio. —Escuché que dijo Matt.
Yo lo ignoré y junto a otras Sombras S nos movimos por la ciudad, siguiendo la pista de la pelea, tratando de minimizar los daños y evitar que los escombros cayeran sobre los civiles. En otras circunstancias también le dejaríamos esta tarea a los de rango A, pero dudábamos que fueran capaces de ser tan rápidos, por eso los echábamos apenas se acercaban.
—¡Saca a los civiles idiota! —le grité a una Sombra A, refunfuñando esta obedeció.
—Por el Horror, se está descontrolando.
Voltee a mirar a Elizabeth, a pesar de la distancia era fácil reconocerla por su largo cabello negro y rizado. Ella miraba la pelea, yo también lo hice. Me di cuenta de que habías dejado de atacar y sólo te dedicabas a escapar de Robin y sus ataques, ni siquiera girabas para lanzarle alguna bomba de arena, ni mucho menos usabas la arena para controlar tu entorno y lanzarle algunos ladrillos. Sólo huías.
Estabas cansada.
Y Robin… ni siquiera era fácil describirlo.
Lo habíamos visto actuar como monstruo, pero su apariencia siempre había sido humana en ese entonces.
Ahora lucía completamente diferente.
—¿Descontrolarse? —Le solté a Elizabeth— Dime algo que no sepa.
—Tú apenas lo conoces. —Me contestó fría mientras cargaba un arma— No hables de lo que no sabes si no has tenido que trabajar con él por años.
—¿Y qué sucede exactamente? —intervino Matt, burlón— Si ya lo sabes muévete y detenlo. —Entonces miró a su alrededor— Las Pesadillas nos tienen en la mira, si no nos apresuramos…
—Igualmente recibiremos un castigo.
—Eso da igual —Nos interrumpió Elizabeth—, nos castigarán pero no nos matarán... No como él sí lo hará… —agregó en un susurro, mirando hacia Robin— Es como un Pemu, se alimenta del terror.
—¿Llamas a eso un Pemu? —cuestionó Matt— La última vez que lo vi era una persona.
—Es una comparación, idiota. —Le extendió el arma— Toma.
—¿Y esto qué? —preguntó, mirando el arma mientras la movía, buscando algún detalle que la hiciera diferente a las demás.
—Detenlo. —Matt dejó de enfocarse en el arma para mirar a Elizabeth con las cejas alzadas— Me guste o no, tú puntería es mejor que la mía.
Con tal halago Matt no se hizo de rogar, usó la arena oscura para obtener más velocidad y se marchó, perdiéndose rápidamente de vista, dejándonos atrás entre Sombra que se movían por la ciudad tratando de mantener el orden.
Las explosiones continuaban, pero esta vez sólo eran causadas por Robin. Miré a Elizabeth.
—No es por la puntería.
Elizabeth ni me miró al contestarme.
—Metete en tus asuntos.
No meterse en los asuntos de los demás, siempre y cuando no interfiriera en tus objetivos, era una de las leyes de las Sombras. Y generalmente seguiría esa ley si no fuera porque Robin estaba haciendo un desastre y quienes cargaríamos con las consecuencias seríamos nosotros.
Una nueva explosión seguida por gritos de los civiles. El desastre que estaban creando escalaba cada vez más.
Ordenándole a una Sombra de rango A que tomara mi puesto, me dirigí al centro del caos. Con ayuda de mi arena oscura pude saltar rápidamente por las escaleras exteriores de un edificio hasta llega a una azotea. Generalmente teníamos prohibido utilizar nuestras habilidades en público, pero teniendo en cuenta que tú y Robin estaban jugando a quien llamaba más la atención, ya poco importaba que el resto las utilizara frente a civiles, claramente había otras prioridades.
Aunque eso no significaba que siempre hiciéramos lo mejor en pos de mantener el control. No cuando eso podría significar perder nuestra vida.
En las azoteas se encontraban más Sombras de rango S evaluando la situación, todos sabíamos que debíamos detener la batalla, pero nadie se atrevía a realizar el primer movimiento en contra de Robin, no cuando no estábamos seguros de a que puto monstruo nos estábamos enfrentando.
—Dispararle en la cabeza. —Escuché que dijo una Sombra.
—Lo intentó un A y el pobre bastardo terminó echo puré.
—Es inmune a las balas. —agregó otra.
Recordé a Elizabeth, ella le había dado un arma a Matt para que le disparara. De seguro ese pobre bastardo debió ser…
—¿Matt?
Lo reconocí, estaba a una distancia prudente de la batalla, pero no hacía amagos de acercarse, sólo cuidaba que la ciudad no quedara tan destrozada. Corrí y salté por los edificios, directo hacia él.
—¿Qué mierda estás haciendo aquí?
—Mi maldito trabajo. —dijo mientras evitaba con su arena que cayeran más escombros.
—¿No ibas a dispararle?
—¿Y qué luego me dispare de vuelta?
—¿Te preocupa eso? Es mejor que te dispare a que te mate después por no resolver este desastre.
—Entonces ve tú y dispárale.
—Las balas no funcionan.
—No las balas normales. —Y entonces me miró a los ojos, serio— El arma de Elizabeth, es diferente.
—¿Diferente en qué?
Me señaló otro lugar, mucho más cercano a la pelea donde Robin intentaba acorralarte, pero tú estabas ocupando toda tu energía para evitar que eso sucediera. Si Robin llegara atraparte sería tu fin. No obstante, a Matt poco le importaba tu situación, me indicó que mirara a la Sombra A que apuntaba a Robin con aquella arma. A simple vista parecía una pistola como cualquier otra, pero apenas la Sombra disparó…
—Mierda.
¡Debía ser una jodida broma!
Apenas logró rozarle a Robin, pero él, furioso, se dio la vuelta y disparó flechas de arena oscura directo a la Sombra que le había disparado. El arma cayó al suelo. Robin seguía ensañándose con el cadáver, pero apenas captó que tú estabas huyendo volvió a dirigir toda su atención en ti.
La pistola seguía en el suelo, pero esta vez los rango A habían captado el mensaje. No era buena idea dispararle con lo que sea esa cosa, y por mucho que otros S les dieran la orden ellos se negaban, y no era como si los S aceptáramos bien el rechazo. Hastiada vi como ahora se estaba formando un conflicto entre rangos A y S.
—Teniendo todo el tiempo del mundo para matarse y eligen hacerlo ahora. —Me quejé mientras sujetaba con arena las paredes de un edificio para evitar que se derrumbara— Idiotas.
Por suerte, había seres inteligentes entre los A. Algunos de ellos recapacitaron, reflexionando que enfrentarse contra S no era la idea más brillante del mundo, mucho menos en medio de una batalla y con S dispersados por toda el área. Sin embargo, tampoco obedecieron a la orden de disparar, sólo le pasaron el problema a otro.
Un rango A tomó el arma y se la dio a un B que encontró en el camino. El problema fue que esos B habían visto lo que sucedía si le disparaban a Robin con esa arma, por lo que no dudaron en pasarse el arma de Sombra en Sombra.
Nadie se atrevía a disparar.
Y entre más pasaba el tiempo, más destrozos había, más civiles se daban cuenta del caos y, por ende, más repercusiones tendríamos nosotros, pero tú… tú eras otra historia. Te estabas agotando, a duras penas esquivabas los ataques, llegaste al punto de preferir protegerte en vez de huir o recuperarte. Y Robin no desaprovechó aquella ventaja, te había acorralado y no paraba de lanzarte golpe tras golpe. Tú te mantenías en tu lugar, cruzando los brazos frente a tu cara y manteniendo la muralla de arena que te protegía, pero ésta cada vez se despedazaba más. La fuerza de Robin era potente y tú estabas cada vez más cansada, incluso parecía que estuvieras a punto de desmayarte.
No te daba más de cinco minutos para que Robin acabara contigo.
—¡Esto me recuerda tanto a los viejos tiempos! —exclamó él, riéndose.
Y fue en ese punto que todo pareció suceder en cámara lenta.
Se escuchaban los gritos, las órdenes y el golpe de cada arremetida de Robin. Las grietas se acentuaron y comenzaron a expandirse hasta que sucedió lo inevitable. El edificio no aguantó más y el suelo bajó tus pies comenzó a desparecer.
Todo se rompió.
Y tú caíste al vacío.
Las Sombras S más cercanas hicimos lo que pudimos para mantener el edificio en pie, pero Robin seguía atacando, destrozando todo.
Los A resguardaron a los civiles más cercanos.
Y un rango B disparó.
El tiro fue certero, le dio a Robin.
Sorprendido miramos a quien nos lideraba. Había dejado de atacar y miraba atónito hacia su abdomen. Poco a poco los rasgos de monstruo fueron desapareciendo, y entre más humano se volvía, más el edificio se derrumbaba y él… dejó de sostenerse. Terminó por caer.
Cuando los A confirmaron que ya no había civiles en el perímetro, el resto de las Sombras S dejaron de sostener la construcción.
El edificio finalmente quedó hecho pedazos enterrándolo con él…
Junto contigo.
No sé cuando volveré a actualizar, pero espero no volver a demorarme más de un año.
La canción de este capítulo es de Emmanuel, titulada "Todo se derrumbó" xD
