Capítulo 17

かごめ (Kagome)

Ver a Inuyasha jugar con otros niños me resulta entrañable, así que me deleito en hacerlo.

Al principio me pareció verlo un poco incómodo, lo que sumado al humor en el que lo llevo viendo desde la mañana, me tiene algo preocupada. Pero luego se incorporó al juego como si lo hubiera practicado toda su vida y la realidad es que es envidiablemente bueno.

Nunca he jugado kemari en mi vida, pero he visto a otras personas hacerlo y puedo decir, sin lugar a duda, que Inuyasha destaca muchísimo. Eso me hace pensar una vez más en lo excepcionalmente buena que es su condición física, incluso siendo un niño, y que en mi época destacaría en el deporte al que se propusiera dedicarse. Y sí, puede que esté siendo un poco parcial en mis opiniones y que estas también estén influenciadas hasta cierto punto por mis sentimientos por él, pero eso no quita que la evidencia física corrobora mis pensamientos.

Sin embargo, hay algo que me ha estado dando vueltas en la cabeza desde esta mañana.

Terminando mis deberes de Matemáticas, la anciana Kaede me pidió que la ayudara a recoger algunas plantas medicinales. Y lo hice, sin presentar quejas como siempre, porque desde que vengo a esta época me ha gustado aprender más de remedios naturales, no solo por cómo influyen en mis poderes, sino también por mi curiosidad característica. En esta ocasión, además, Inuyasha nos acompañó y preguntó muchísimo acerca de aplicaciones que tenían esas plantas o incluso, una vez que entendía para lo que se podían utilizar, proponía nuevas ideas. Todavía me duelen las mejillas de sonreír tanto por el orgullo en esos momentos.

Sin embargo, hubo un momento en el que Inuyasha y la anciana Kaede se alejaron un poco de mí y estuvieron conversando.

Y eso me preocupa…

Quiero decir, pueden perfectamente haber estado hablando de lo importantes que eran los remedios naturales para tratar las enfermedades de los aldeanos, pero…

¿A quién quiero engañar?

Eso no me lo creo ni yo en mis momentos más optimistas. Y lo sé porque, aunque me hice la que no me percataba, sentí la mirada de ambos taladrándome la nuca.

Me da miedo pensar en lo que estuvieron hablando, sobre todo porque, desde entonces, Inuyasha muestra una expresión decidida en su rostro, una que me recuerda, ahora más que nunca, su expresión de valiente guerrero ante el peligro inminente. La expresión del Inuyasha que conozco, ese en el que sé que se convertirá.

Yo soy consciente de mis sentimientos, pero también lo soy de mis errores. Y no sé si los pueda enmendar.

Es la voz de Kaede, a quien no escuché acercarse, la que logra sacarme de mi melancolía.

—Aunque este Inuyasha tiene su encanto —y nadie está más consciente de eso que yo—, espero que todo vuelva a la normalidad pronto. Por ahora Naraku no ha hecho ningún movimiento, pero está claro que no seguirá así por siempre.

Y así, la anciana Kaede, con la claridad que la caracteriza, le acaba de dar voz a otro de mis temores.

—Lo sé, anciana Kaede, y sé que dentro de todo lo que ha ocurrido hemos tenido mucha suerte. Pero debemos continuar con la búsqueda de los fragmentos, así que espero que esa agua lo pueda regresar a la normalidad. —Suspiro antes de continuar—. Pero no puedo dejar de lamentarme, hasta cierto punto.

—Se ha vuelto muy apegado a ti — comenta como quien no quiere la cosa, pero ya voy conociendo a Kaede, y sé que tiene una intención oculta en ese comentario. Yo sólo no sé cuál es.

—Supongo que sí. Eso es algo que extrañaré muchísimo —termino comentando con cierto pesar cuando lo veo saltar hacia la copa de un árbol para esconderse de los niños de la aldea que ahora, olvidados de la pelota de kemari, juegan con él a las escondidas. Varían tanto de juegos que me cuesta seguirles el ritmo, pero, mientras sonrían, la verdad es que no me importa. Y de más está decir que nunca encuentran a Inuyasha y que él siempre encuentra a todos, lo que dibuja una pequeña sonrisa orgullosa en mi rostro. Pero, como los niños no se desaniman a pesar de esto, siguen jugando.

—Tal vez el modo en el que lo hizo no sea el mismo, Kagome, pero no es tan diferente. —Ese comentario me descoloca por completo.

—No la entiendo.

—Puede que no te hayas percatado, pero Inuyasha, incluso como adulto, tampoco se separa mucho de ti, y si lo hace, se desespera bastante — detecto una sonrisa en su voz y me imagino que es porque recuerda lo inquieto que Inuyasha pasa todo el tiempo que estoy en mi época, incluso llegando a irme a buscar. Sin embargo, muchas veces me ha dicho que lo hace porque soy necesaria para la misión, y mi pequeña llama de ilusión se desvanece con la misma rapidez con la que surgió.

—Soy el detector de fragmentos, así que supongo que es lo normal.

—O puede que tú estés tan ciega a sus sentimientos como lo está él —me dice misteriosa mientras otea el horizonte. Luego su mirada se detiene en Inuyasha que improvisó un trineo para los niños que él remolca gracias a su gran fuerza.

Ese último comentario me deja completamente anonadada. "Sentimientos", Inuyasha no tiene sentimientos por mí. ¿O sí? ¿Existe alguna posibilidad, por mínima que sea, de que Inuyasha sienta algo por mí que no sea simple amistad o sentido del deber? ¿Podría ser posible? Y, sobre todo, ¿vale la pena que yo me ilusione con esa idea? Sin embargo, la anciana Kaede no me deja seguir dudando, porque continúa.

—¿Sabes algo, Kagome? Todos los seres buscamos el amor. El amor no es igual para todas las criaturas, pero su búsqueda es inherente a la vida, sin importar la especie. Algunos lo hacen para procrear y perpetuar su linaje, otros para sentirse completos… pero los verdaderamente inteligentes, buscan el amor porque es capaz de hacer felices a todos, sin importar ningún tipo de diferencia.

» En una ocasión me comentaste que en tu época te enseñaron que los seres humanos somos la raza animal más evolucionada y que por esa razón controlamos mejor nuestros impulsos. Pero controlarlos no hace que esos impulsos desaparezcan: la búsqueda de la absoluta felicidad sigue ahí, por eso la búsqueda del amor es incluso mayor en nosotros, porque, hasta cierto punto, la refrenamos.

» Encontrar el amor es algo precioso y raro, pero no garantiza que no vayan a existir situaciones desagradables o dolorosas. Lo que sí garantiza que vamos a tener la fuerza para enfrentarlas, el consuelo para sobreponernos a ellas y la esperanza de superarlas.

» Y si resulta que a esa persona a la que amas no solo te hace feliz, sino que también constituye tu hogar, tu refugio y tu fuente de energía, no importa lo que deban atravesar, siempre lo harán juntos y siempre saldrán victoriosos.

¿Podría yo convertirme en el hogar de Inuyasha? ¿En esa persona en la que confíe sin importar nada? Hasta que toda esta locura comenzó hubiera dicho que sí sin dudarlo porque, además de mi ferviente deseo de que así fuera, tenía de mi lado el hecho de que nunca le había mentido, de que incluso abrí mi corazón ante él y le dije lo mucho que lo amaba sin esconder nada…

Pero ahora…

Ahora no estaba segura de nada porque había destruido esa confianza que él me tenía mediante mentiras y medias verdades. Así que, a pesar de que mi deseo de estar a su lado y mi amor por él no habían hecho más que aumentar, yo…

—Tengo miedo…—me atrevo a expresar al fin, y siento como si de mi pecho se retirara una roca gigantesca que me impedía respirar con normalidad.

—Lo sé, mi niña, y, aunque puedo intuirlo, no puedo llegar a medir con exactitud lo que piensas. Pero déjame darte un consejo: a veces, buscando proteger a aquellos a los que amamos, nos equivocamos y los lastimamos, y eso no solo nos hace humanos, sino que nos ayuda a crecer y a no cometer los mismos errores una vez más.

—Pero…

—Él sigue aquí, ¿no es cierto? — me lo plantea como si fuera algo tan elemental que hubiera escapado por completo de mi vista, la realidad de ese hecho me golpea con intensidad inusitada—. Pudiendo haberse ido, sigue aquí. Eso te dice mucho más que cualquier palabra que pueda pronunciar. No te cierres a la posibilidad. Si al final resulta que no sale como imaginas, pues, encontrarás la fuerza para lidiar con las consecuencias. Sin embargo recuerda lo que tú misma le dijiste a él esta mañana —al parecer escuchó nuestra conversación, o al menos parte de ella—: "A veces, salirse de lo establecido o de lo que consideramos normal, trae resultados insospechados e increíbles. Y pueden ser de las mejores cosas que te pasan en la vida".

» Ahora yo te lo adapto a: a veces, intentarlo, incluso corriendo el riesgo de sufrir, trae resultados insospechados e increíbles. Y pueden ser de las mejores cosas que te pasan en la vida.

«Él sigue aquí». Una frase tan sencilla y tan llena de comprensión a la vez. Todavía tengo la oportunidad de enfrentarme al problema. Todavía puedo intentar arreglarlo todo.

Y yo nunca me he considerado una mujer cobarde. La anciana Kaede tiene razón y ya va siendo hora de que yo deje de ser tan pesimista cuando la realidad es que soy la más positiva del grupo. Ya va siendo hora de que me enfrente a mi miedo, pero sobre todo, va siendo hora de que lo venza.

Así que levanto el rostro y me concentro en la sonrisa de Inuyasha, esa que siempre he querido proteger, incluso a costa de mi propia felicidad.

—Tiene razón, anciana Kaede. Va siendo hora de arriesgarme.

—Así me gusta.

犬夜叉 (Inuyasha)

Puede que haya parecido que pasé la tarde jugando despreocupadamente con los niños de la aldea y mentiría si dijera que no me divertí como hacía mucho no lo hacía, más bien creo que como nunca lo he hecho. Pero eso no es todo lo que hice.

He estado calculando el tiempo porque lo que he planeado requiere una precisión de tiempo total.

Me enfrentaré a Kagome, pero no de cualquier manera. Lo haré con todo por delante. No me guardaré nada.

Ahora, eso requiere que el tiempo me ayude.

Y también requiere que los niños se entretengan en otra cosa que no sea yo.

A medida que la hora se acerca, me comienzo a preocupar de que no seré capaz de quitármelos de encima y eso arruinará todo mi plan. Sin embargo, una vez más me asombro de lo perceptiva que es la anciana Kaede.

Hasta este momento, estuvo conversando con Kagome con el mismo tono confidente que utilizó conmigo. Sin embargo, cuando dirijo la mirada hacia ellas las encuentro mirándome fijamente: Kaede, con la expresión satisfecha de quien sabe realizada su labor y Kagome, con la decisión y la valentía brillando en sus rasgos, con la belleza de la naturaleza indomable de su espíritu mostrándose como no la había visto hasta ahora, como, creo, es realmente característico en ella, y eso solo refuerza mi decisión.

Se acabaron las mentiras y las verdades a medias.

—Niños, se está haciendo tarde y seguro que sus padres quieren que regresen—comenta la respetada anciana, cuya palabra es más ley que la del jefe de la aldea, si es que hay uno.

—Anciana Kaede, ¿podemos acompañarla a su cabaña?

Dejo de prestarle atención a Kaede y a los niños, no sin antes agradecerle con la mirada a la anciana por su intervención, y me dirijo a donde Kagome permanece sentada.

No sé si lo que quiero hacer salga bien, no sé si lo que planeé se dé como quiero, o si conseguiré uno de esos resultados insospechados que mi mamá me contó que existían en la vida.

Lo único que sé es que, a partir de este momento, no hay vuelta atrás.

Y concentrándome en los ojos de Kagome, sé que, para ella, tampoco.

—Kagome, ¿me podrías acompañar a ver a mi mamá?

Continuará…

Quise comenzar este capítulo con una conversación con Kaede. A fin de cuentas, así fue como terminé el anterior y, hasta cierto punto, rindo homenaje en días tan increíbles como los que vivimos al papel de Kaede como consejera, abuela y madre de los personajes de la serie Inuyasha. Es mi aporte a estos días en los que celebramos con más publicidad el amor por nuestras madres, abuelas, tías y todas aquellas mujeres que son madres, incluso, a veces, sin serlo.

Espero que les haya gustado y nos veremos en la próxima aventura.

Gracias por leer.

Besos!