DISCLAIMER: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi. La obra es mía, escrita sólo con el fin de entretener – a ustedes y a mí. Sin fines de lucro. [Fic secuela de "Plan B".]
Summary: Habían acordado ser su plan B, y parecía ser la mejor opción para los dos. Pero quizá optar por algo distinto podía llevarlos a algo más especial. [Fic secuela de "Plan B".] ―Rating M: Lemon.
― Cambio de Planes ―
― IV ―
Tamborileó los dedos sobre la superficie de la mesa, mientras observaba con desánimo los números y símbolos formando ecuaciones que esperaban ser resueltas, algo que a ella no le animaba hacer en absoluto. Sacó su móvil y buscó la aplicación con la que organizaba todo lo que tenía pendiente, observando los días, mensajes, alertas y recordatorios que debía revisar y abrió el que decía "exámenes", que desplegó la lista de asignaturas que prontamente serían evaluadas. Soltó un suspiro, además de Matemáticas, también se acercaba una prueba de Historia y, luego de eso, Lengua y Literatura. Con los números no le era tan difícil y, aunque no era sobresaliente, sabía que no reprobaría. Sin embargo, las humanidades no eran su fuerte, por lo que tendría que recurrir a ayuda para mantenerse fuera de peligro con las otras dos materias. Jin era el mejor de su clase de Lengua y Literatura, por lo que siempre se encargaba de apoyarlas a ella y a Meiko a prepararse para los exámenes. En Historia, sin embargo, sus dos compañeros tenían dificultades, al igual que ella, por lo que tendría que volver a pedirle a Miroku que le diera una mano con eso. Hizo una mueca, sintiendo algo de nervios al pensarlo, aunque de inmediato se regañó porque no era nada del otro mundo y él mismo le había dicho que podía pedírselo cuando lo necesitara.
―No es como si fuésemos a hacer algo más que estudiar ―musitó, ocultando el rostro en sus brazos e ignorando la leve decepción que quiso aparecer en su pecho ante sus palabras.
―Hola, Sango, ¿qué tal?
La voz de Jin la sacó de sus pensamientos, ella levantó la vista para observarlo un instante antes de sentarse derecha y sonreírle, indicándole el lugar junto a ella para que se ubicara, lo que él hizo sin demora.
―Hola, Jin. Yo bien, sólo algo aburrida. ¿Y tú? ―Le devolvió el saludo mientras él se sentaba.
―Bien, gracias. Tardé en llegar porque estaba revisando el calendario de evaluaciones y trabajos para que nos pudiésemos organizar mejor ―dijo él, comenzando a sacar su material de estudio ―. ¿Meiko aún no llega?
―No, me avisó que tardaría un poco ―respondió en tanto les hacía espacio a los libros de su compañero en la mesa, moviendo sus apuntes ―. Así que tendremos que empezar sin ella…
―Oh, bien… en ese caso, me gustaría aprovechar el momento para hablar contigo ―comentó, mirándola de frente y causando que a ella se le apretara un poco el estómago por los nervios.
―A-Ah… claro, ¿qué ocurre?
―Bueno, no es nada malo en realidad… sólo, ya sabes, llevamos un tiempo saliendo y creo que deberíamos aclarar lo nuestro.
Sango lo observó un instante mientras su corazón se saltaba un latido, porque sabía que tenía razón pero eso no le quitaba los nervios que le causaba cambiar el estado de su relación. Se había mantenido en el confort de lo que tenían ahora, consciente de que así no tendría que enfrentar sus sentimientos confusos o tomar una determinación para la que no se sentía preparada, a pesar de que fría y racionalmente ya había decidido ignorar lo que pudiese estar sintiendo por su mejor amigo. Soltó un suspiro, esbozando una sonrisa antes de volver a hablar.
―Es cierto. ¿Entonces…?
―Supongo que es algo un poco evidente, ¿no? ―Sus ojos brillaron, causando que ella se sonrojara levemente y su pulso se acelerara cuando él le tomó las manos. ―Me gustas mucho, Sango, y si sientes lo mismo por mí…
Incluso conociendo las intenciones de Jin y qué palabras iban a salir de su boca, no pudo evitar que se le hiciera un nudo en el estómago por los nervios. Sin embargo, le tenía un gran cariño a su compañero y le gustaba más allá de la amistad, estaba segura de eso a pesar de lo que ocurría con su roomie. Esbozó una sonrisa, asintiendo en respuesta.
―Tú también me gustas, Jin.
El universitario sonrió ampliamente para demostrar su alegría, mirando fijamente a los ojos a su compañera por algunos segundos, tras los cuales ambos decidieron volver a concentrarse en el objetivo de esa junta, que era organizarse como grupo de estudio. Comenzaron a revisar el calendario de exámenes y determinaron el orden de las materias, poniendo en primer lugar Matemáticas, que era la evaluación más próxima. Sacaron los textos y apuntes con los ejercicios que formaban parte del temario y se dispusieron a resolverlos. Tras un rato, se les unió Meiko y, después de enfocarse en las distintas ecuaciones y problemas por casi una hora, finalmente fue momento para un descanso.
―Ah, odio la época de exámenes ―bufó la última en llegar, cerrando de golpe el libro con los ejercicios que acababan de resolver ―. Es tan estresante…
―La universidad es demasiado exigente ―la apoyó Jin, negando con un gesto ―. Por eso, lo mejor es organizarnos para estudiar juntos. Por lo menos, ha sido de mucha ayuda para mí.
―Es cierto ―Sango asintió con una sonrisa ―. Como cada uno tiene facilidad para distintas materias, es más fácil cuando nos ayudamos mutuamente.
―Sí, es verdad ―la otra chica estuvo de acuerdo con ellos ―. Lástima que ninguno sea experto en Historia… no quiero ni pensar en lo difícil que estará ese examen.
―Bueno, es la excepción. Supongo que cada uno tendrá que prepararse por su cuenta para eso…
―Sí, creo que es lo mejor ―el varón del grupo secundó a su novia ―. Y con Lengua y Literatura, podemos verlo desde el viernes, para que nos concentremos en lo demás…
―Es una muy buena idea ―Sango sonrió, eso le daba mayor flexibilidad con su tiempo libre, lo que le permitiría coordinarse sin problemas con su roomie para que la ayudara en su estudio ―. Aunque igual podríamos juntarnos antes del examen para repasar, si quieren…
―Un repaso nunca está de más, me parece una buena idea.
―Es verdad, sería lo mejor.
―Entonces, está acordado ―la castaña apuntó la fecha en su móvil y luego miró la hora, decidiendo que era momento de irse ―. Ahora debo marcharme. ¿Volvemos a repasar Matemáticas mañana después de clases?
―Claro, por mí no hay problema ―Meiko apoyó la idea, mientras imitaba a Sango y comenzaba a guardar sus cosas.
―Por mí tampoco ―agregó Jin, sonriendo y ordenando su material de estudio también.
―Genial, hasta mañana.
La otra universitaria se despidió con un gesto de su mano y se marchó, dejando nuevamente sola a la pareja, que terminó de recoger sus pertenencias para comenzar a caminar fuera del campus de la universidad. Sango aceptó que él la acompañara a su destino, por lo que caminaron de la mano todo el trayecto hasta llegar a su edificio, lugar en el que debían separarse.
―Bien, supongo que aquí nos despedimos.
―S-Sí… aunque sólo hasta mañana ―le respondió ella, sonriendo casi tímidamente.
―Es cierto. Así que… ¿hasta mañana? ―Jin le sonrió, presionando suavemente sus manos a modo de adiós y mirándola directo a los ojos.
―Hasta mañana.
Sango le sonrió, presionando de vuelta el agarre antes de que finalizara, y su novio se marchara mientras se despedía con un movimiento de su mano. Se dirigió hasta el departamento, ingresando para encontrarse con su amigo estudiando en la sala, tan concentrado que no la escuchó llegar. A ella se le hizo un nudo en el estómago al verlo, sintiéndose algo ansiosa; sin embargo, decidió ignorar el sentimiento porque no tenía motivos para sentirse así.
―Ya en casa ―anunció, logrando que Miroku interrumpiera su lectura para observarla.
―Bienvenida ―la saludó con una sonrisa alegre ―. ¿Cómo estás? ¿Qué tal el día?
―Bien, ya sabes… mucho por estudiar. ¿Y tú? ―Ella decidió sentarse frente a él, observando sus apuntes. ―¿Preparando tu proyecto?
―Sí, "El budismo y su impacto sociocultural en la historia de Japón". Mi tutor dice que, a pesar de la información que hay al respecto, sería interesante tener la perspectiva de alguien con larga tradición familiar budista ―sus ojos brillaron, Sango sabía que él tenía un profundo apego con su religión aunque no lo pareciera, porque algunos de sus comportamientos eran malinterpretados por quienes no entendían del todo el sentido de su credo.
―Pues, tiene razón. Estoy segura de que hay mucho más de lo que uno pensaría en esas hojas ―lo animó, devolviéndole la sonrisa.
―Muchas gracias.
―Sólo digo la verdad ―le aclaró de forma sincera antes de decidir cambiar el tema, a pesar de los nervios que le causaba ―. Por cierto… necesito hablar contigo.
El tono de voz algo más serio llamó la atención de Miroku, que la observó con duda unos instantes.
―¿Ocurre algo malo?
―No… es sólo que, bueno… la próxima semana tengo un examen de Historia y quería saber si podrías ayudarme a estudiar… claro, sólo si tienes tiempo, si te complica de alguna forma o…
―Por supuesto que puedo, no tengo problema con eso ―la interrumpió, evitando que siguiera buscando alguna dificultad inexistente por la que le diría que no ―. ¿Tienes el temario? Para preparar las sesiones de estudio y cuándo las tendremos…
―Sí, claro, iré a buscarlo…
La castaña se puso de pie y se dirigió hasta su cuarto y, mientras revisaba entre sus cuadernos y libros, se mordió el labio al recordar que debía contarle a su amigo sobre su noviazgo, después de todo no quería que se enterara por terceros. Encontró lo que buscaba y volvió con el ojiazul, que la esperaba en la sala. Le extendió la hoja con la información que le había solicitado y lo observó por unos segundos, en tanto él revisaba los temas con atención.
―Ah… por cierto, Jin y yo somos novios ―soltó de pronto, aunque no estuvo segura de la reacción de Miroku, porque no separó su vista de la información que leía en esos momentos.
―Qué bien, me alegro por ustedes ―le respondió, aunque su voz no se escuchó tan animada, pero ella supuso que era porque estaba concentrado en la lista que seguía comprobando con cuidado.
―Gracias… hoy se declaró definitivamente, y supongo que ya era hora…
―Sí, es cierto ―finalmente, levantó la vista para mirarla de frente, sonriéndole con aparente calma y devolviéndole el temario ―. Les deseo lo mejor. Se ve un buen muchacho, así que espero que lo sea.
―Te lo agradezco, Miroku, significa mucho para mí.
―Sólo soy sincero ―le dedicó una mirada cariñosa antes de volver a hablar ―. Y sobre tu examen… Podemos empezar mañana, si quieres.
―Claro, me parece una excelente idea. Ahora iré a darme un baño.
―De acuerdo, yo prepararé la cena por mientras.
Ambos se pusieron de pie para dirigirse cada uno a su destino, Sango sintiéndose mucho más tranquila después de haberle contado a Miroku sobre su relación, pues sabía que su amigo de verdad le deseaba lo mejor y eso siempre le resultaba reconfortante. Después de todo, él seguía siendo su mejor amigo y le alegraba saber que eso no había cambiado.
―Y así fue como Oda Nobunaga asesinó al desprevenido Imagawa Yoshimoto, tras lo cual marcharía hasta Kyōto para enfrentarse al shōgun Ashikaga Yoshiaki, siendo esta muerte uno de los eventos que dio por finalizado el Sengoku jidai para dar inicio al Azuchi Momoyama jidai.
Miroku terminó el relato de los acontecimientos que formaban parte del periodo que debía estudiar su amiga, quien lo miraba completamente concentrada en la historia, como si estuviese narrándole la mejor de las películas.
―Vaya, si mi profesor nos contara así las cosas durante las clases, estoy segura de que no se nos haría tan difícil su materia ―comentó Sango, sonriéndole con gratitud a su compañero.
―Bueno, la verdad es que a veces es difícil encontrar una manera que logre motivar y llamar la atención de los demás en temas históricos como este ―el ojiazul le dedicó una sonrisa, a lo que ella asintió.
―Es cierto. Por lo mismo, te agradezco mucho tu paciencia y tiempo.
―Es un placer ―le guiñó un ojo antes de mirar la hora en su móvil ―. Y creo que es todo por hoy, ahora deberíamos relajarnos un poco… ¿vemos algo? Sigue siendo sábado de maratones…
Sango lo pensó un segundo, pues llevaba tiempo que no compartía una tarde con él y le debía varias de maratones a su roomie, por lo que decidió acompañarlo esta vez, asintiendo con un movimiento de su cabeza.
―De acuerdo, pero yo elijo qué veremos.
―Bien, iré a preparar palomitas de maíz mientras decides qué ver.
Miroku se dirigió a la cocina y Sango se instaló en el sofá antes de encender la televisión, abrir la aplicación de streaming y comenzar a pasar títulos, leyendo las sinopsis para elegir lo que verían luego. Ya iba casi una semana desde que la castaña había comenzado su noviazgo con Jin y, como era de esperarse, pasaba gran parte de su tiempo fuera de casa, por lo que el ojiazul había notado el cambio. No eran tantos días, pero se había acostumbrado a su presencia, por lo que el cambio en la rutina había sido evidente para él, en especial porque llevaba un tiempo sin salir con nadie. Sin embargo, lo entendía y agradecía que las cosas fuesen bien para su amiga, pese a que eso significara que compartieran menos tiempo juntos. Después de todo, lo que realmente importaba era que ella fuese feliz y, además, tampoco lo había dejado de lado por completo e incluso ahora había aceptado disfrutar juntos una tarde de maratones.
Miroku llegó a la sala con un bol grande lleno de palomitas de maíz y se sentó junto a Sango, que estaba esperándolo en el sofá para comenzar a reproducir su elección. Él notó que ella había cerrado las cortinas para evitar que la luz del exterior se reflejara en la pantalla, detalle que apreció porque así no interrumpían su sesión por ese inconveniente.
―Entonces, ¿cuál es la programación para hoy?
―¿Recuerdas la serie que vimos durante el verano, sobre las guerras de los samuráis? Salió una nueva temporada el mes pasado ―le respondió ella, señalándole la pantalla en negro, con el símbolo de reproducir en la esquina inferior izquierda esperando por ser presionado.
―Oh, sí, la recuerdo ―Miroku asintió, acomodándose en su lugar y dejando las palomitas en el espacio que quedaba en medio de los dos ―. Excelente decisión.
Le sonrió a su compañera, gesto que ella le devolvió antes de darle al botón para iniciar el primer capítulo y comenzar con la tarde de maratón. Miroku se preguntaba a menudo cómo Sango podía recordar todos los detalles de series como ésa, pero era incapaz de memorizar los acontecimientos importantes que le pedían en sus clases de Historia; aunque, gracias a que conocía esa habilidad, había podido encontrar la forma más eficaz de ayudarle con esa materia, narrándole los hechos como si de una película o serie se tratara, por lo que ella lograba interiorizar todos los eventos y, finalmente, aprendía lo que le pedían. Sonrió pensando en eso, mientras ella hacía memoria de hechos ocurridos en temporadas anteriores que ahora volvían a tomar importancia o le recordaba con quién se relacionaba cada personaje, como si él hubiese olvidado esos detalles -aunque debía reconocer que no los recordaba con tanta precisión como ella.
Tras varios episodios, de pronto Miroku se dio cuenta de que ella había dejado de hablar y ahora estaba apoyada en su hombro. La miró de reojo hacia abajo, notando que se había quedado dormida. Soltó un suspiro, alcanzando el control remoto con cuidado para no despertarla y apagando la televisión, luego se acomodó nuevamente en su lugar, volviendo a abrigarse a ambos con la manta que había llevado para ese fin cuando el sol se ocultó y la temperatura se sintió más fría. La castaña se removió un poco, pero no despertó, por lo que él decidió permanecer así un rato más. Sabía que ella debía estar cansada, porque se había quedado estudiando hasta tarde varios días, además de sus lecciones de Historia y el tiempo que debía dedicar a otras cosas, así que no le extrañaba que se quedara dormida, en especial si estaba en un ambiente relajante y de confianza.
Volvió a mirar a su amiga, aún apoyada en él, su cabeza descansando en su hombro, ligeramente inclinada hacia un lado, los ojos cerrados y los labios entreabiertos de forma muy leve, la respiración acompasada apenas movía su pecho. Dirigió su mirada nuevamente al rostro femenino, deteniéndose en la boca y pasando saliva, porque de pronto se le hicieron muy apetecibles los labios de Sango, pero no sólo por el recuerdo de su contacto con su piel, sino porque sintió el deseo de descubrir su sabor, probarlos con su propia boca y desvelar el misterio sobre si se acoplarían a la perfección en un beso y si se sentirían tan cálidos, suaves y acogedores como se veían.
Tensó la mandíbula, cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, intentando alejar esos pensamientos de su mente porque Sango era y siempre sería su amiga, esa era una realidad que no iba a cambiar. Hizo una mueca, después de todo ella sí había sido capaz de separar las cosas y sólo tener sexo casual con él; incluso ahora había comenzado una relación y, por cómo se veía la situación, era posible que esta vez el novio de su amiga no fuese un patán.
Soltó un suspiro, abrazando suavemente a su compañera por los hombros y sonriendo de medio lado con una sensación similar a la resignación. Él simplemente extrañaba sus encuentros como plan B porque había descubierto que su roomie era muy buena amante, y ahora el antojo de probar sus labios no era nada más que curiosidad. Y, aunque hubiese realmente un sentimiento más allá de la amistad, no tenía caso arriesgarse, menos en esos momentos. Sango era la mujer con la que tenía la relación más estable de su vida, su mejor amiga desde hacía años. Habían vivido muchas cosas juntos e incluso ahora tenían una convivencia que otros no comprendían, además debía recordar que ella ahora tenía novio y él respetaba eso. Y aunque no fuese así, darles cabida a esas emociones y atreverse a hacer algo al respecto podía ser el inicio del fin, porque dudaba que fuese algo correspondido, por lo que perdería la hermosa amistad que tenían y él no estaba dispuesto a eso.
Sin embargo, decidió que ahora, sólo por esos instantes, sería un poco egoísta y disfrutaría de tener a Sango a su lado, demostrándole tanta confianza como para dormirse junto a él, apoyada en su hombro, la calidez de su compañía y la tranquilidad de la noche. Por el momento no le importaba nada más, ya podría seguir lidiando con su confusión después.
―Entonces, necesito detalles de cómo pasó.
Sango sonrió a la pregunta de Kagome, que la observaba con atención mientras ella le daba un sorbo a su vaso con té caliente.
―Se me declaró la semana pasaba, el lunes, y bueno… le correspondí ―relató, no había mucho en lo que profundizar en realidad ―. Eso fue todo, llevábamos un tiempo saliendo, así que…
―Es cierto ―la azabache lo pensó un momento, recordando la última conversación más profunda que había tenido con su amiga, cuando fueron por su cumpleaños a la playa ―. Así que, supongo que ya tomaste una decisión, ¿no? Es decir, con Miroku y su…
―Sí, no ha vuelto a pasar nada desde hace tiempo ―interrumpió sus palabras para evitar que dijera toda la idea ―. Desde que comencé a salir con Jin y él con Meiko.
―Sí, aunque eso no salió como él esperaba, al parecer.
―No, porque Meiko se hizo una idea equivocada de las intenciones de Miroku ―aclaró, haciendo una mueca ―. Y es molesto porque dice que es un idiota, ahora tengo que evitar cualquier mención a él para no escuchar sus reclamos…
―Bueno, pero Miroku dijo que había sido claro con ella desde un principio, aunque igual debería hacerse cargo de sus acciones.
―Le pasa por ser tan libertino. Así como va, dudo que alguien vaya a tomarlo en serio en el futuro ―Sango torció los labios, evidentemente en desacuerdo con ese comportamiento ―. Y cuando realmente quiera algo serio…
La azabache entrecerró los ojos, sopesando las palabras de su amiga porque ella misma había dicho que él no iba a cambiar, y siendo quizá la persona que más lo conocía, podía estar en lo cierto. Pero había un pequeño detalle que quizá estaba pasando por alto, aunque tal vez no significara nada, era algo que le estaba llamando la atención.
―Es verdad, incluso tú misma dijiste que no le creerías a menos que vieses los cambios con tus propios ojos ―comentó, mirando fijamente a su amiga ―. Pero al parecer, no ha salido con nadie desde Meiko… por lo menos no que yo sepa. ¿Quizá quiera sentar cabeza y comprometerse con la indicada…?
―¿Quién, Miroku? No me hagas reír… Con lo único que está comprometido es con su libertad ―espetó la castaña, negando con un gesto.
―¿Estás segura? ¿Acaso ha tenido más citas o…?
―No, la verdad es que no ha vuelto a salir con nadie después de Meiko ―hizo memoria Sango, aunque luego se encogió de hombros ―. Pero seguro es porque está enfocado en su proyecto de grado, sabes que eso consume mucho tiempo y…
―Puede ser, aunque siempre se hacía tiempo para distraerse, incluso en periodo de exámenes…
―Sí, es cierto… pero igual se entretiene en casa. Este sábado tuvimos maratón de series después de nuestra sesión de Historia. Puede que no esté saliendo por otra cosa, quizá no quiere gastar dinero innecesario o, no sé, ¿y si las chicas ya no le prestan atención? No me extrañaría que ellas busquen algo serio y como él es todo lo contrario…
―Sí, es posible que tengas razón… ―Aunque no estaba del todo convencida, porque ella sabía que incluso si todas sabían que Miroku no buscaba algo serio, había muchas chicas que no tendrían problema en salir con él sólo por pasar un buen rato. ―En fin, supongo que le dijiste lo de Jin, ¿no? ¿Cómo reaccionó?
―Ah… pues, normal, supongo. No hizo ningún comentario, sólo que nos deseaba lo mejor. Tampoco es como si debiese importarle mucho, en realidad.
A pesar de las palabras y el mensaje que transmitían, Kagome vislumbró una pizca de decepción en la mirada castaña, como si ella estuviese esperando que su roomie tuviese una reacción diferente. Soltó un suspiro, llamando la atención de su amiga, que la observó con duda.
―Pareciera que no esperabas esa reacción y lo entiendo, después de todo, no hace mucho me dijiste que incluso te pusiste algo celosa de su última conquista o que te entristecía cuando decía que no buscaba compromiso…
―Porque fui muy ingenua por un instante, sólo por eso. Miroku es mi mejor amigo y sigue comportándose como tal, no hay nada más.
―Bien, si tú lo dices… ―Kagome se rindió, porque aunque tenía el fuerte presentimiento de que entre sus amigos se estaba gestando algo más, no podía rebatirle a Sango sin un argumento, menos si ella conocía tan bien a Miroku y aseguraba que eso no era así, por lo que decidió cambiar el tema. ―Entonces, ¿todo va bien con Jin?
―Sí, ya sabes… es muy atento, aunque con los exámenes no tenemos tanto tiempo para nosotros ―comentó, agradeciendo con una sonrisa que su amiga no insistiera con lo de Miroku ―. Igual se preocupa de acompañarme o tener pequeños detalles conmigo… ya sabes, lo normal en una relación de novios. Pero ya dejemos de hablar de mí. ¿No fueron el fin de semana pasado a ver a la madre de InuYasha? ¿Cómo les fue?
Kagome notó que Sango no quiso profundizar en su noviazgo, lo que no dejó de llamarle la atención pero decidió no presionarla, podía ser su imaginación y si insistía sabía que terminaría discutiendo con ella. Inhaló y sonrió, recordando la salida con su novio y ordenando las ideas para contarle lo importante a su compañera.
―Muy bien, Izayoi-sama es una mujer tan atenta y cariñosa, que me cuesta creer que sea la madre de InuYasha, con ese carácter que se trae… Igual lo entiendo, con toda su historia familiar…
―Es cierto, aunque quienes lo conocemos, sabemos que detrás de todos esos rezongueos y mal humor, hay un gran amigo…
―Sí, y también puede ser muy tierno y considerado cuando quiere… aunque la mayor parte del tiempo prefiere no demostrar eso.
―Creo que no sería InuYasha si no fuera así de quisquilloso…
―Tienes razón ―Kagome soltó una risita, completamente de acuerdo con su amiga ―. Bueno, lo importante es que no es una mala persona, sólo hay que conocerlo. Su madre me agradeció la paciencia que tengo con él, aunque yo le agradecí a ella que siempre lo cuidara a pesar de la distancia, porque está preocupada de que esté bien aunque InuYasha diga que no le gusta, porque al final sabemos que a pesar de eso, agradece que estemos siempre para lo que necesite.
―InuYasha es muy cabezota para muchas cosas, a veces dan ganas de golpearlo… porque tampoco tiene tacto para tratar algunos temas…
―Diría que no es el único del grupo que es un cabeza dura…
Sango miró con recelo fingido a la azabache, ya que sabía que no sólo estaba refiriéndose a su carácter similar o a lo obstinada que podía llegar a ser. Negó con un gesto antes de mirar la hora.
―Sí, lo que digas… ahora debo irme, no quiero llegar tarde a cenar, Miroku hará pizza ―comentó, comenzando a guardar sus cosas y bebiendo de una vez lo que le quedaba de té en el vaso ―. Y no es lo mismo si se recalienta…
―Es verdad… bueno, que disfruten su cena. Nos vemos otro día ―Kagome imitó la acción de su amiga, para desocupar la mesa que estaban usando en ese momento.
―Sí, después de los exámenes, para tener más tiempo…
―De acuerdo. Hasta pronto.
Se despidieron con un gesto y luego cada una emprendió su camino, Kagome analizando toda la situación de la castaña con algo de preocupación, porque sentía que si las cosas seguían así y ella no era capaz de aclarar lo que estaba sintiendo o por lo menos, aceptarlo, iba a terminar explotando y causando un problema mucho más grande. Sin embargo, también sabía que tenía que darle tiempo para que se diera cuenta de lo que ocurría, porque en esos momentos estaba en negación y de esa forma, aunque ella insistiera, su amiga no admitiría la verdad. Entonces, por ahora sólo quedaba darle tiempo al tiempo, como decían por ahí, y cruzar los dedos para que su amiga abriera los ojos.
El cielo cubierto por nubes vaticinaba que se acercaba lluvia, aunque por el frío ambiente él sospechaba que podría incluso caer una corta nevada. Siguió caminando por ese sector de la universidad, respondiendo con una sonrisa a quienes lo saludaban, aunque no se detuvo hasta que llegó al sector de la cafetería, donde buscó con la mirada a su amigo y sonrió al verlo revisando unos documentos, refunfuñando por lo bajo.
―Vaya, tal parece que tu leyenda también es cierta y estudias cada 500 años ―saludó al universitario, que levantó la vista para mirarlo con el ceño fruncido.
―Keh, sólo porque quiero terminar esta estúpida carrera pronto ―respondió, haciendo una mueca de fastidio ―. A ver si así mi padre deja de molestarme tanto…
―Bueno, así como van las cosas, es posible que luego te quiera ofrecer trabajar en su empresa… ―Hizo la observación Miroku, sentándose junto a su amigo.
―Sí, ya me lo ha dicho más de una vez ―espetó con fastidio, entornando los ojos ―. No entiendo cómo no se da cuenta de que no me interesa…
―Supongo que eres su esperanza para que seas su sucesor… ya ves que Sesshōmaru no aceptó hacerlo.
―Claro, y como a mí me encanta formar parte de ese mundo… ―Bufó, esa situación siempre lo irritaba. ―Pero por ahora, prefiero no pensar en eso.
―De acuerdo ―el ojiazul sonrió antes de señalarle la vitrina con dulces ―. Iré por un té, ¿te traigo una caja de donas…?
―Eso no tienes que preguntarlo.
Miroku soltó una risita mientras se levantaba para pedir su bebida caliente -un té verde con matcha-, un refresco y los dulces para su amigo y, después de recibir su orden, volvió con él, dejando la caja y los vasos sobre la mesa e indicándole lo suyo a InuYasha con un gesto.
―¿Y cómo les fue el fin de semana en Osaka? ―Quiso saber el moreno, sacando una dona y observando al ojidorado con atención.
―Ya sabes, mi madre adora a Kagome, así que estaba feliz por la visita ―respondió, sonriendo con astucia ―. Supongo que tiene esa facilidad, porque a mi padre también le agrada.
―Sí, Kagome es una persona amable y muy simpática ―hizo la observación Miroku antes de beber un poco de su té ―. Diría que es tu complemento perfecto en eso, porque a veces eres todo lo contrario.
―No fastidies, simplemente no soy tan sociable como ustedes.
―Lo sé, sólo es una broma. Además, Kagome también tiene un genio de temer cuando quiere…
―Ni me lo recuerdes ―InuYasha se estremeció de tan sólo pensar en la idea, pero luego miró a su amigo con seriedad, llamando su atención ―. Por cierto… quería pedir tu opinión en algo.
El aludido frunció las cejas, observando a su compañero con duda y curiosidad, porque no era habitual que él le pidiera consejo de forma directa, por lo general los temas de conversación sólo fluían hasta llegar a un punto en el que tocaban alguna situación en la que el azabache necesitaba apoyo.
―Bien, te escucho.
―De acuerdo… estaba pensando y, bueno… con Kagome llevamos 6 años juntos y como ya estoy por salir de la universidad, creo que podríamos, ya sabes, dar el siguiente paso…
Miroku parpadeó un par de veces, procesando las palabras y demostrando su sorpresa, porque no esperaba que su amigo fuese a decirle algo así.
―¿Le vas a pedir matrimonio? ―Preguntó, aún algo anonadado con las intenciones del ambarino.
―¿M-Matri…? ¡No, aún no! ―Se apresuró en aclarar la situación, negando con un gesto. ―Pensaba en, no sé, quizá… ¿vivir juntos…?
El ojiazul lo meditó un momento, porque sabía que su amigo de seguro llevaba considerando esa opción por mucho tiempo, consciente de lo importante que era vivir con una persona y, más aún, de lo que podía significar después. Se pasó los dedos por la barbilla antes de volver a hablar.
―Bueno, la verdad es que la convivencia puede tener cosas buenas y malas ―comentó, aún pensativo ―. Es una oportunidad perfecta para conocer realmente a una persona, descubrir todo eso que no se muestra en público. Desde lo quisquillosa que puede ser para comer hasta lo obsesionada con el tiempo que tarda en el baño, por ejemplo. Personalmente, creo que es un paso muy importante y que debería darse antes del matrimonio, para así evitar sorpresas a futuro.
InuYasha lo observó también reflexionando sobre sus palabras, sospechando que lo decía por experiencia propia, aunque estaba seguro de que no lo admitiría, por lo menos no en el sentido en el que él presentía cómo eran las cosas. Aunque de todas formas, decidió aclarar sus dudas.
―Supongo que es verdad… es decir, Sango y tú se unieron aún más desde que son roomies, ¿no?
―Ah… creo que sí. Nos conocimos mejor y debo admitir que, de algún modo, siento que nos complementamos bastante bien. De hecho, el departamento se siente vacío cuando ella no está…
―Tal parece que sí los ayudó a reforzar su relación.
―Sí, puede ser… Ahora, volviendo a ti ―Miroku decidió cambiar el foco de la conversación, mirando a InuYasha fijamente ―, si me preguntas a mí, apoyo la idea de que vivan juntos. Estoy seguro de que eso haría muy feliz a Kagome y que fortalecería aún más su amor.
―¿De verdad crees que ella aceptaría? Es decir, quizá piense que es algo precipitado o inapropiado, porque irse a vivir con un hombre…
―Oye, ¿olvidas que fue ella la que le aconsejó a Sango que aceptara ser mi roomie? Además, no pierdes nada preguntándoselo, porque si te dice que no, seguirán tal como están ahora. Tampoco es como si fuese a romper contigo por proponérselo…
―Sí, supongo que tienes razón… Lo haré uno de estos días, entonces.
―Así se habla, ya verás que todo saldrá bien.
―Gracias, Miroku ―le sonrió antes de comerse la última dona que quedaba en la caja, para luego cambiar de tema, porque recordó algo que estaba llamándole la atención desde hacía un tiempo ―. A todo esto, ¿es idea mía o hace rato que no tienes ninguna cita? De la última que supe fue de la compañera de Sango, y eso fue hace más de un mes…
―Oh, bueno, sí… he estado ocupado con mi proyecto de grado, ya sabes… y el tiempo libre que me queda, prefiero dedicarlo a otras cosas.
―¿Es sólo por eso? ―Le lanzó una mirada perspicaz, directo a los ojos.
―Sí. Aprovecho de descansar, además así puedo coordinar mejor con Sango para ayudarla con Historia, porque ahora ella tiene más cosas que hacer…
―Es cierto, Kagome me comentó que ya son novios con su compañero.
―Sí, desde el lunes pasado ―recordó, encogiéndose de hombros y bebiendo lo último que le quedaba de su té ―. Pero lo decía más por el periodo de exámenes y evaluaciones de la universidad…
―Seguro ―InuYasha había notado la fugaz sombra de pesar en los ojos de su amigo cuando mencionó la relación de su amiga, a pesar de su esfuerzo por fingir que no le importaba ―. ¿Vas a seguir insistiendo en que no te pasa nada con ella?
―Es que no pasa nada, en serio. Sango tiene novio y está feliz, y eso es lo que importa.
―Miroku, si no te conociera lo suficiente, te creería, pero se nota que no es así.
―Mira, aunque pasara algo, ella está en una relación y respeto eso ―endureció el gesto, demostrando la molestia que le causaba la insistencia de su amigo, pero esa reacción sólo causó que él reafirmara su presentimiento.
―No estoy diciendo que te le declares ni nada de eso ―explicó, sosteniéndole la mirada ―. Pero creo que te haría bien admitirlo y hablarlo, por lo menos, porque supongo que no debe ser fácil.
El aludido inhaló profundo, sopesando las palabras de su compañero, primero porque le resultaba inusual que fuese tan perceptivo y se preocupara realmente por ese tipo de cosas, y segundo, porque si era sincero con él y consigo mismo, no estaba tan equivocado. Terminó negando con un gesto, resignado.
―De acuerdo, debo admitir que tienes algo de razón ―reconoció, haciendo una mueca ―. Creo que, desde un tiempo hasta ahora, comencé a sentir algo diferente por Sango, a verla desde otra perspectiva. Y no es sólo por el sexo casual… aunque no puedo negar que también me gusta.
―¿Y no pensaste que podía pasar algo así?
―Creí que podría separar las cosas… de haberlo sabido, no lo habría hecho ―soltó un suspiro, sintiéndose un completo idiota ―. Claramente, Sango no tuvo el mismo problema y supongo que es lo mejor.
―Te diría que hablaras con ella, pero no sé si les ayude de algo. Aunque puede que en algún momento, ella también se sintiera así…
―Incluso si eso fuese cierto, Sango me conoce muy bien, quizá demasiado, y por lo mismo no tendría ninguna posibilidad con ella.
―La verdad, yo creo que si ella no estuviese con ese compañero suyo, tal vez sí podrían intentarlo…
Miroku hizo un ademán desganado, lo que desconcertó un poco a InuYasha, porque no entendía cuál era el inconveniente, si Sango conocía bien a su amigo y sabía cómo era, la confianza existía y todo eso debían ser puntos a favor del moreno.
―En realidad, no. El problema es, precisamente, que Sango me conoce bien, y eso incluye algunos hechos que harían dudar a cualquiera, aún a ella. No confiaría en mí porque sabe cómo soy, y no la culpo, yo mismo he forjado mi fama, demostrando que no quiero comprometerme. Todos saben que amo mi libertad, incluso se lo dije a Sango cuando estaba saliendo con Meiko…
―Tienes razón, aunque si se diese la oportunidad, deberías hablar con ella, tal vez entienda…
―La única forma en la que confiaría en mí, es si le demuestro que cambié ―mencionó, y un atisbo de contrariedad fue visible en sus ojos. InuYasha abrió la boca para rebatirle, pero él decidió adelantarse a sus palabras ―. Y no me digas que no, porque lo sé. La escuché por accidente decírselo a Kagome cuando fuimos a la playa.
El azabache hizo una mueca, entendiendo ahora la negación en la que estaba su amigo, porque probablemente las palabras de Sango le habían significado un fuerte golpe. Además, debía considerar que era muy posible que, por la misma razón, ella se hubiese cerrado a cualquier posibilidad distinta a la amistad con Miroku.
―¿Y qué vas a hacer? ¿Seguirás siendo un libertino o vas a cambiar?
Los ojos azules destellaron junto con la sonrisa ladina que curvó sus labios, reflejando sus intenciones con claridad.
―Digamos que acabas de descubrir por qué las citas ya no son mi prioridad ―reconoció, aunque InuYasha notó que no estaba conforme con eso ―. Pero debo aceptar que, haga lo que haga, si Sango es feliz con su novio y su relación prospera, seguiré siendo su mejor amigo. Y, siendo sincero, eso es algo que no quiero perder, así que…
Terminó encogiéndose de hombros, InuYasha le dio un par de palmadas en la espalda a modo de apoyo, porque ahora era consciente de lo complicada que era la situación para él y, por como se veía el panorama, estaba seguro de que iba a necesitar mucho apoyo en el futuro.
―En ese caso, sabes que cuentas conmigo.
―Muchas gracias, InuYasha.
Miroku le dirigió una sonrisa de agradecimiento, porque a pesar de lo compleja que era la situación en esos momentos, haberlo hablado y sacar lo que sentía realmente le había ayudado a aliviar la angustia que le apretaba el pecho y, tal como le había dicho el ambarino, aunque no hubiese solucionado su dilema, por lo menos ahora sabía que podía contar con su apoyo y eso ya era mejor que seguir dándole vueltas en su mente.
Momento cultural.
- Noviazgo en Japón: A diferencia de occidente, en donde se pide noviazgo de forma directa, en Japón la costumbre es diferente, ya que se considera que tienes una relación desde el momento en el que le dices a la otra persona que te gusta y ella corresponde ese sentimiento. Por lo tanto, no es usual pedirlo de la forma que nosotros conocemos.
¡Hola de nuevo! Primero, debo dar un anuncio: este capítulo está dedicado a DAIKRA, como un pequeño presente por su cumpleaños que fue hace poco (sí, atrasado, pero es con amor uwu). Un abrazo enorme a la distancia, te quiero mucho y estaré ansiosa de poder fangirlear contigo este cap también :D
Ahora, me disculpo por el retraso, mi idea era tener listo el capítulo a principios de la semana pero entre el trabajo, la celebración del día de la madre de mi peque y los compromisos familiares, me fue imposible poder terminarlo antes. Pero lo prometido es deuda, así que aquí lo tenemos~
¿A quién vamos a golpear hoy? Pues a la autora, ciertamente, ¿no? Hablando en serio, las cosas están complicadas porque Sango tienes sus razones para dudar de Miroku y él, al saber que ella tiene todas esas dudas, también tiene motivos para desanimarse. Sin embargo, vamos a ver que igual disfrutan de la compañía del otro aunque sea estudiando o viendo series juntos. Ya quisiera yo tener a alguien que me prepare palomitas y me abrace mientras vemos una serie, cubiertos con una mantita. Faltó la chimenea y la situación se encendía por completo (?) Ok, no xd
Agradecimientos miles a todos los que se pasan a leer, pero en especial a quienes dejan sus bellos reviews, son el gran motor que impulsa mi musa: DAIKRA y Lin Lu Lo Li. Un besote enorme a ambos. Y a mi amada BFF y beta Retsu, que sigue teniéndome una paciencia de oro para todo lo que se me ocurre.
Eso es todo por hoy, espero leernos la próxima semana de nuevo.
Adiosito~
