- Mencionaste que no debía soltar ésta espada - la elevó

- Así es amo... colmillo de acero es el encargado de mantener sellada su sangre demoníaca

- Significa... que si la suelto... ¿volveré a transformarme?

- Sólo si esta en combate

Lo miró, entrecerrando sus ojos

- ¡¿Entonces por qué me haces sostenerla?! - la lanzó sobre la cama

- ¡Porque es muy importante que permanezca a su lado!

- Feh - miró a un costado

- Su padre fue quién se la dio, amo Inuyasha

- ¿Qué? - volvió a dirigir su mirada a la pulga

- Colmillo de acero fue fabricada directamente del colmillo de su padre y, durante la era feudal, fue su compañera - el joven escuchaba atentamente - Juntos derrotaron a todos los enemigos que se cruzaron por su camino

- ¿Incluyendo a ese tal Naraku?

- ¡¿Qué?! - abrió sus pequeños ojos - Bu... bueno...

- Tú sabes sobre él... ¿no es así?

- Déjeme preguntarle... ¿Cómo es que usted sabe de él?

- Bueno - suspiró - En aquellos sueños y visiones lo nombrábamos... sin embargo, no he... no he podido verlo

- Dejaré que su padre se encargue de hablarle sobre él - meneo la cabeza, con sus brazos cruzados - En cuanto a su espada... su padre se la dejó porque sabia que, de sus dos hijos, usted era el indicado para usar sus poderes

- Está bien - respondió con indiferencia - De todos modos... no pienso volver a luchar con nadie

- Me temo que eso no está en su poder amo Inuyasha... - hizo una pausa - Dado que ese demonio llegó a través del árbol sagrado...

- ¿Qué? - lo miró de repente - Esa cosa... ¿pertenece a la época feudal?

- ¿Acaso a visto algún demonio así en ésta época?

El híbrido le dio un coscorrón

- No te pases de listo - gruño - No te olvides que eres una insignificante pulga

- Bueno bueno, ya... mi punto es... que otros demonios pueden cruzar ese portal y usted deberá estar listo para enfrentarlos

- Oye anciano, por si no te diste cuenta, ni siquiera sé manejar una espada

- Y ahí es dónde el maestro Totosai y yo lo ayudaremos amo

- ¿El anciano Totosai? - se sorprendió - ¿También es un demonio?

- Por supuesto - saltaba - Su padre nos trajo hasta aquí para que lo acompañemos en esto

- Mi padre - murmuró - ¿Él... lo sabía todo?

- Bueno, su padre temía que esto pasara algún día... por eso se encargó de traer a colmillo de acero a ésta época y hoy salvo su vida y la de la señorita Kagome

- ¿Kagome? - su interés aumentó

- De verdad no lo recuerda - susurró - Cuando se transformó... usted... estuvo a punto de asesinar a Kagome

- ¡¿Qué?! - dijo molesto - ¡Yo sería incapaz de hacerle daño a Kagome!

- No se enoje amo... eso ya lo sé, sin embargo... al transformarse... su sangre demoníaca se apodera completamente de su mente, impidiendo que actué de una manera racional

Eso significa... que hasta que logré controlar mi poder youkai... soy un peligro para Kagome


La joven vestía las tradicionales prendas de una miko, además de unas cómodas sandalias. Su cabello, visiblemente más largo, se encontraba sujeto, en una media cola, con su listón rojo. Al costado de su hakama llevaba su espada, la que Totosai había forjado exclusivamente para ella, sobre su hombro derecho tenía sus flechas y, en su mano izquierda, sostenía aquel arco que sus padres le habían regado muchos años atrás

- Has crecido mucho jovencita - sonrió, acercándose, con sus brazos extendidos

- Abuelo - sonrió, correspondiendo su abrazo - Me alegra mucho verte

- A mi también niña - se apartó - Veo que te has convertido en la sacerdotisa de la aldea... al igual que tu madre

- Así es - puso su mano sobre la nuca - Aunque aún sigo aprendiendo de todo esto...

- Imagino que sabes a lo que he venido - miró el árbol - ¿Sabes que es eso?

- Agh, esa cosa - gruño - Hace un par de noches me encontraba en mi hogar, fue allí cuando percibí una poderosa energía maliga y... un olor particularmente extraño

- ¿Olor extraño?

- Si... era... olor a tierra con huesos, como si un cadaver viviente se encontrara cerca

- ¿Y que ocurrió?

- Vine lo más rápido que pude, sin embargo, cuando llegué... esa estrella ya estaba allí y quien quiera que sea que la trajo, desapareció sin dejar rastro

- Comprendo - murmuró - ¿Trataste de quitarla?

En ese momento se posicionó, empuñando su arco y lanzando su flecha hacia el amuleto, sin embargo, la flecha fue absorvida por éste

- ¡Demonios! Lo mismo sucedió esa noche - se quejó

- Es necesario un poder espiritual mayor...

- ¿Cómo el de mamá? - lo miró

- Así es... sin embargo, aún no ha redescubierto sus poderes, por lo que debemos ganar tiempo... no podemos permitir que otro demonio cruce el portal

- ¿Qué? - se sorprendió - ¿Un demonio fue a ese lugar?

- Si - la miró - Fue en busca de Inuyasha...

- ¡¿Qué?! ¡¿Cómo se encuentra?!

- Tranquila - sonrió - Tu padre está bien... está con tu madre

- Ufff - suspiró - Desearía verlos de nuevo - dijo con melancolía

- Como van las cosas... quizás pronto lo hagas - murmuró - Debemos crear una especie de barrera sagrada

- Y yo se quién puede ayudarnos con eso - sonrió

- Moroha - pronunció la voz del joven, provocando que ambos giraran

- Hatsune - respondió la sacerdotisa


Unos minutos habían transcurrido desde que uno de los dos emitió palabra, sin embrago, ese silencio fue interrumpido por el ingreso de la joven a su habitación

- Lamento el retraso - sonrió

El híbrido, quien se había mantenido observando el techo, inmerso en sus pensamientos, redirigió su vista a ella. Tenía una toalla envolviendo su cabello, estaba vestida con una musculosa y pantalones largos. Sus ojos se posaron, instantáneamente, en el vendaje colocado sobre su hombro y no puedo evitar fruncir el ceño ante aquella imagen

- Lo... lamento - pronunció, desviando su mirar

- ¿He? - lo miró, sorprendida - ¿Por qué?

- No pude... no pude evitar que te lastimara

- ¿Lo dices por esto? - miró su hombro - No es nada - sonrió - Además... si no te hubieras transformado... ese demonio me hubiera matado

- Kagome...

- La señorita Kagome tiene razón, amo

- ¿Sigues aquí anciano Myoga? - preguntó, mientras dejaba el botiquín sobre su escritorio y comenzaba a peinarse

- ¡Jamás abandonaría al amo Inuyasha?

- No preguntes porque... pero algo me dice que estas mintiendo - lo miró, entrecerrando sus ojos

- Me ofende amo - se quejó, saltando

- ¿Cómo te sientes? - interrumpió la morena

- Bien, supongo - suspiró

- Deberías... - señaló su abdomen

- Cla... claro - se sonrojó, al mismo tiempo en que comenzaba a desprenderse los botones de su uniforme

¿Por qué estoy tan nerviosa? Si sólo voy a curar sus heridas

Pensó, al mismo tiempo en que buscaba el algodón, desinfectante y vendas

- Debe quitárselo amo, recuerde que su brazo también está lastimado

Su comentario sólo hizo que el rubor del rostro de ambos aumentara considerablemente, sin embargo, no había otra alternativa. Segundos después, el peliplata tenía su torso completamente al descubierto

- Bien - se arrodilló al lado de la cama, observando aquella herida, que estaba cubierta por sangre reseca - Primero deberé eliminar la capa de sangre - mostró el algodón - Quizás te duela un poco... resiste

- Ja... mi cuerpo fue atravesado por un maldito demonio, ¿con quién crees que estás hablando?

Aún tiene humor para hacer bromas

Sonrió, mientras comenzaba con la limpieza. Inuyasha evitaba mirarla, el solo contacto de su mano con su piel hacia que sus vellos se erizaran y no quería que ella se sintiera incomoda ante sus reacciones

- De acuerdo - dejó las cosas a un costado - Ahora voy a vendarte... ¿puedes sentarte?

- Seguro

Haciendo gestos de dolor, logró enderezarse, al mismo tiempo en que bajaba sus piernas, sin embargo, su cuerpo cedió, provocando que su peso fuera hacia adelante

- ¡Inuyasha! - dijo, sosteniendo su torso con ambas manos

En ese momento el híbrido la tomó por sus brazos, apretándolos sutilmente con sus garras, mientras la jalaba hacia él, entrelazando sus manos en su cintura

- Gracias, Kagome - dijo casi en un suspiro, cerrando sus ojos

- Inu...yasha - pronunció en el mismo tono, uniendo sus manos en la espalda desnuda de él

Permanecieron así durante unos segundos sin decir una palabra, sólo sintiendo el calor del otro

- Puedo retirarme si lo desean - pronunció la pulga

- ¡Humg! - dijeron al unísono, abriendo sus ojos y alejándose repentinamente

- Voy a... - se puso de pie, girando hacia el escritorio en busca de las vendas

- ¿Seguro no quiere que me vaya, amo? - preguntó, saltando a su hombro

- Feh - miró a un costado - Cómo si pudiera hacer mucho con ésta herida

- ¿Qué... que dijiste?

Levantó la vista y se encontró con el rostro sonrojado de la joven, lo que provocó que él se sonrojara aún más

¿L...lo dije muy fuerte?

- N... nada - titubeo, volviendo a desvira su mirada


- ¿Estas segura de que esa joven podrá ayudarnos? - preguntó mientras volaba

- Estoy segura - respondió sin dejar de correr - Kin tiene un poder espiritual bastante poderoso... no tanto como el de mamá, pero nos será de utilidad

- ¿Y estas segura de que podemos ir a estas horas? - preguntó Hatsune, corriendo al lado de Moroha

- Son una aldea de exterminadores - lo miró, sonriendo

Inu No Taisho los observó pícaramente

- Asique... él es tu prometido ¿verdad?

- Bue... bueno - se sonrojó la muchacha

- ¡Por supuesto que lo soy! - respondió con seguridad

Hatsune, hijo de Koga y Ayame, era el líder del clan de los lobos. Vestía las mismas armaduras que su padre, también poseía el mismo cabello, con la diferencia de que él prefería llevarlo suelto. Poseía los mismos ojos que su madre, al igual que las finas facciones de su rostro, sin embargo, los genes de Koga predominaban notablemente

- Ya veo... supongo que Inuyasha llegó a conocerlo

- Pues... - sonrió, aún avergonzada

- ¡¿QUÉEEE?! - su gritó se elevó sobre la copa de los árboles

- Ya... cálmate papá - sonrió, elevando sus manos con sus ojos cerrados

- ¡De ninguna manera permitiré que te cases con un lobo sarnoso!

- Inuyasha - pronunció molesta

- ¿Qué pasa, bestia? - dijo, parado al lado de su hijo - ¿Te molesta que a tu hija también le gusten los lobos?

- ¿También? - dijo Kagome, sorprendida

- Sé que lo nuestro es una historia vieja Kagome, sin embargo, Moroha ha heredado tu buen gusto

- ¡¿QUÉ DIJISTE?! - empuñó a colmillo de acero

- ¡Papá!

- No se que clase de problema tendrá con mi padre - intervino Hatsune - Pero, puedo asegurarle que mis sentimientos por su hija son puros - se acercó a Moroha, tomando sus manos - Y estoy dispuesto a amarla y protegerla por toda la eternidad

- Hatsune - sus ojos tenían un brillo especial

- Ohh, ¿no es tierno, Inuyasha? - lo tomó del brazo

- Feh - frunció el ceño, mirando a un costado - Sólo es un hablador como ese pulgoso

- ¡Repite eso bestia! - gritó

- ¡¿Acaso quieres pelear?! - respondió, quedando frente a frente con el lobo, mientras se gruñian

- Pero, al final, logró aceptarlo muy bien - rio

- ¿De verdad? - la miró el joven - Pues... no parecía

- Muchas gracias señor por permitir que los acompañe en este trabajo, de verdad...

- Cierra la boca - interrumpió - Sólo te dejé venir porque Kagome me lo pidió

- Inuyasha - intervino Miroku - No tienes porque ser grosero con tu futuro yerno, entiendo que en algún momento se casarán y tendrán hijos, sin embargo... - hizo una pausa, al notar la expresión de su amigo

- No vuelvas... ¡A DECIR ESO! - gritó, con sus ojos rojos y su pelo erizado

- Que carácter - murmuró Hatsune, escondido detrás del monje

- Te acostumbrarás - lo miró por sobre su hombro - Tienes suerte de que la joven Moroha haya heredado el carácter de la señorita Kagome

- Cierra la boca Miroku - dijo entre dientes

- Llegamos - pronunció, frenando su andar ante la gran puerta de la fortaleza

Inu no Taisho se paró a un lado de ella y su prometido al otro

- ¿Y cómo se supone que vamos a entrar? ¿Derribamos la puerta o que? - pronunció el lobo

- No es necesario - señaló, al mismo tiempo en que ésta comenzaba a bajar

- Bienvenidos - sonrió

- Setsuna - sonrió ante la figura de su prima