Disclaimer: Nada me pertenece; hago esto solo por diversión. La historia le pertenece K. Montclair y los personajes son de Mizuki e Igarashi, con excepción de algunos nombres que yo agregué por motivos de adaptación.
**ADVERTENCIA** Contenido para adultos - Contiene referencias a abusos y a una violación previa que pueden resultar perturbadoras para algunos lectores.
Capítulo Veintitrés
Cuando llegaron a los establos, el viejo Eanraig agarró las riendas de Aedus, mientras Iain sujetaba a Candy hasta que Anthony desmontó. Candy no hizo ni un sonido cuando se movió, pero sus ojos le dijeron todo a Anthony. Mientras la llevaba a la fortaleza, susurró:
—Yo cuidaré de ti. Saorise te ayudará con tu brazo, pero prometo no dejarte. —Se inclinó y besó su boca.
—¿Meg? ¿Aileen? —ella dijo con dificultad.
—Aileen parece estar bien. Meg está con Saorise ahora mismo. Una vez que estés instalada, veré a Meg. Eres una mujer valiente, Candy Whyte.
Anthony miró a Candy y notó que se aferraba a él con los nudillos blancos. El dolor que soportaba se mostraba de forma sutil. Desafortunadamente, supuso que su dolor empeoraría antes de mejorar, ya que era necesario enderezar el brazo.
Cuando Anthony llegó a la puerta, Dorothy se ofreció a ayudar. Siguiéndolo escaleras arriba, ella parloteó todo el camino.
—Tengo su cámara lista, mi laird. Saorise está con la pequeña Meg. Ayudaré a Candy y luego enviaré a buscar a Saorise cuando esté instalada. Dorothy envió a Adaira por agua caliente.
En lo alto de las escaleras, Anthony giró a la derecha.
—Laird, estoy seguro de que lo ha olvidado en la confusión, pero la cámara de Candy está a la izquierda.
Anthony la ignoró y siguió caminando.
—Ah, disculpe, pero la cámara de Candy está al otro lado.
Anthony miró por encima del hombro y notó que Dorothy no se rendía fácilmente. Dorothy estaba de pie con las manos en las caderas mientras lo fulminaba con la mirada.
Llegó a la puerta y la abrió con el pie.
—No estoy confundido, mi señora. Candy estará en mi habitación. Se dirigió a su cama y la depositó con cuidado.
Dorothy se sobresaltó.
—Pero esto no es apropiado. —Se inquietó y se paró frente a su puerta como si tuviera miedo de entrar.
—No sé si es correcto o no, pero ella se queda conmigo. Aquí es donde ella pertenece. Yo cuidaré de ella —terminó Anthony. Su mirada le dijo a Dorothy que su decisión no estaba abierta a discusión.
—Anthony, ya tengo bastantes dificultades con tu clan. Por favor, no hagas esto —suplicó Candy con voz suave y fatigada.
—Quédate con ella un minuto, por favor, Dorothy. —Se volvió hacia Candy y dijo—: Necesito consultar con Saorise. Nadie lo sabrá, Candy. ¿Todavía no sabes a dónde perteneces? Anthony apoyó con cuidado el brazo izquierdo de Candy sobre una almohada, la arropó, la besó en la mejilla y se volvió hacia la puerta.
—Mi señor, pero ¿qué pensará su gente? Asumirán un comportamiento terrible de ella —imploró Dorothy. Su cara se puso roja mientras hablaban.
—Y si se atreven a hablar de ello, vivirán en otro lugar. Es mi prometida y se queda aquí. Te lo prometo, Dorothy, te prometo que no pasará nada hasta después de casarnos. Pero ella se queda aquí, donde pertenece. —Anthony asintió con la cabeza hacia Dorothy y salió de la habitación. En el último momento, volvió a asomar la cabeza por la puerta abierta—: Pero te dejaré bañarla, si no te importa. Estoy seguro de que se sentirá mejor con toda esa suciedad eliminada. ¡Y sé que te molestaría si yo lo hiciera! —Le guiñó un ojo y sonrió antes de girarse y cerrar la puerta.
Anthony encontró a Stear y Saorise junto a la cama de Meg. Se inclinó y besó la frente de su hermanita.
—Mejórate, pequeña flor.
—¿Hay algún cambio, Saorise? ¿Has encontrado algo más?
—No, Anthony, creo que es la herida de la cabeza lo que la hace dormir. Dijo algunas tonterías hace un poco, y espero que sea una buena señal. Su cuerpo necesita descansar. Sabe que ahora está a salvo y debería relajarse lo suficiente para comenzar a sanar. Stear, quédate con ella mientras atiendo el brazo de Candy.
Dirigiéndose por el pasillo, se volvió hacia su hermano.
—Anthony, te necesitaré a ti y a Archie para sujetarla. ¿Podrás manejar la situación aun con sus gritos? Puedo traer a alguien más para que la sostenga si es demasiado para ti. Es una fractura complicada, tendré que examinarla primero antes de poder acomodar su brazo correctamente.
—Sí, la sostendré. Ella no gritará. Pero quiero estar allí para ayudarla a lidiar con el dolor. Archie no será necesario.
Saorise negó con la cabeza.
—Anthony, quiero a otro allí, he sido pateada y golpeada por hombres con fracturas menos dolorosas como sabes. No puedo correr el riesgo de lesionarme, necesito ser fuerte para ambas.
—Sí, si eso es lo que quieres, lo haremos. Voy a buscar a Archie.
—Anthony, quiero darle algo a Candy para ayudar a aliviar el dolor. Entonces volveré aquí a revisar a Meg. Necesito darle a la mezcla para el dolor un poco de tiempo para que funcione.
Salieron juntos pero se fueron por caminos separados. Anthony regresó con Archie, pero primero lo envió a la habitación de Meg. Al entrar en su propia habitación, encontró a Dorothy todavía arreglando a Candy. Había limpiado la mayor parte de la suciedad, pero aún estaba preocupada por su niña.
—Candy, el resto de tu baño tendrá que esperar hasta mañana. No podemos estresar más tu brazo hoy. Mi señor, ¿puedo traer algunas de sus cosas, aquí? —preguntó Dorothy.
—Dorothy, puedes traer todas sus cosas aquí si quieres. Aquí es donde ella se queda. —Se sentó en la cama al lado derecho de Candy con la espalda contra la pared para poder apoyarla contra su pecho, protegiendo su brazo. Dorothy se fue a buscar las cosas de Candy.
Frotándole el brazo derecho, susurró:
—Meg todavía está durmiendo, pero Saorise cree que es posible que solo necesite un descanso adicional. Ella enderezará tu brazo en un momento. Prometo quedarme contigo. —Él rozó sus labios a través de su cabello sedoso—. Sabes que dolerá, ¿no?
Candy asintió lentamente. Lo que sea que Saorise le había dado había comenzado a funcionar. Luchó por mantenerse despierta.
—Anthony, ¿estás enojado por lo del lago? —susurró.
—No, amor, solo me siento como un tonto.
—No más secretos… —murmuró mientras sus ojos se cerraban.
Anthony le acarició el brazo derecho para adormecerla.
—¿Anthony? —Sus ojos se abrieron por un segundo, antes de cerrarse de nuevo.
—¿Mmm?
—Te amo. Eres mi sueño. —Su respiración se movió en un patrón rítmico mientras se quedaba profundamente dormida.
Anthony no se movió, no podía moverse. ¿La había escuchado correctamente? ¿Ella lo amaba? Su corazón se disparó y volvió a hacer ese pequeño y gracioso vuelco. ¿Por qué le importaba el amor de una mujer? Pero lo hizo, sólo esta mujer. Él sonrió y dejó escapar un suspiro. Dos pequeñas palabras calentaron su corazón. Deseaba que ella lo dijera de nuevo, pero estaba dormida. ¿Él la amaba? Pensó en lo que la pequeña Meg le había dicho antes. A pesar de lo que había dicho Meg, él no lo creía así. Tenía sentimientos más fuertes por Candy de lo que jamás había sentido por ninguna muchacha, pero no creía que fuera amor. Solo temía perderla. No se había dado cuenta de lo fuerte que era ese sentimiento hasta que ocurrió el accidente y la había sujetado por un brazo.
Archie y Saorise entraron en la habitación poco después.
—Ella es una muchacha fuerte para su tamaño, ¿verdad, Anthony? —preguntó Saorise—. Me estremezco al pensar qué podría haber pasado si Candy no hubiera podido levantar a ambas pequeñas. ¿Está durmiendo?
Anthony asintió hacia su hermana.
—Sí, aunque sé que la despertarás cuando hagas lo que debes. Hazlo rápido, Saorise, por favor.
—Archie, prepárate para agarrarla en caso de que empiece a retorcerse. Tengo que examinar el hueso roto primero. Me temo que será muy doloroso. —Saorise arregló sus suministros, una tabla para mantener el brazo recto, tiras de lino para envolver su brazo y un trozo de lino para convertirlo en un cabestrillo para mantener su brazo cerca de su cuerpo para apoyo.
Saorise levantó el brazo de Candy y le pidió a Archie que lo mantuviera quieto para ella. Tan pronto como Saorise tocó el brazo, Candy se despertó de golpe.
—Candy, tengo que palpar tus huesos para ver exactamente dónde está la rotura para saber cómo arreglarla. Espero que solo haya una fractura, pero debo buscar más. Dolerá, grita si es necesario. —Saorise la besó en la mejilla antes de comenzar su tarea—. Gracias, Candy, por salvar a nuestras pequeñas.
Saorise comenzó a sondear las yemas de los dedos de Candy y se abrió camino hasta su brazo. Esperaron a que comenzaran los gritos, pero no escucharon nada. Candy volvió la cara hacia el pecho de Anthony, pero no se inmutó. Su respiración era errática, pero mantuvo su brazo completamente inmóvil para Saorise.
—¿Cómo lo hace, Anthony? ¡Nunca he visto una muchacha que pueda soportar tanto! —Archie miró a Candy con asombro—. ¿Cómo saber que está sufriendo?
Anthony señaló su cara.
—Estoy empezando a aprender más sobre mi prometida. Sé cuándo ella tiene dolor. Pude verlo en sus ojos cuando estaba en el agujero, y ahora puedo verlo en el sudor de su frente. ¿Estás bien, cariño? —susurró.
Candy asintió, pero mantuvo los ojos cerrados.
Anthony señaló su mano derecha. Estaba cerrada en un puño apretado.
Saorise terminó de sondear y dijo:
—Creo que solo tienes una fractura en el antebrazo, Candy. Esa es la buena noticia. Pero voy a tener que tirar y girar para volver a colocarlo en su lugar. Esa es la mala noticia. ¿Puedes mover los dedos para mí?
Candy movió todos sus dedos lentamente, pero no sin dolor.
—Bien. Ahora haré esto lo más rápido que pueda, pero será doloroso. —Saorise le mostró a Archie lo que quería que hiciera.
Candy agarró la mano de Anthony con la derecha. Respiró hondo y asintió hacia Saorise. Saorise asintió a Anthony y Archie, luego tiró del brazo de Madeline, empujando y retorciendo el hueso en su lugar. El cuerpo de Candy se arqueó sobre la cama, pero, aunque temblaba por todas partes, no emitió ningún sonido. Las lágrimas rodaron por sus mejillas mientras Anthony la abrazaba. Archie nunca necesitó sostener sus piernas.
—Listo, terminé, creo que sanará sin ningún problema. Solo quiero envolverlo. No podrás usarlo durante al menos quince días. —Saorise colocó la tabla con sus tiras de lino y luego les indicó a sus hermanos que le dieran a Candy el resto del somnífero.
Candy pudo mover todos sus dedos. Habían estado tan entumecidos que temía perder el uso de ellos de forma permanente. Mientras bebía la mezcla, Madeline sonrió débilmente.
—Gracias, Saorise. Eso no fue tan malo. Tú eres muy gentil.
Saorise levantó las cejas y miró a ambos hermanos antes de salir de la habitación.
- ooo -
Un capítulo mas de esta historia por fin. Lamento no haber podido actualizar de acuerdo con lo programado, así que intentaré poner algunos capítulos diariamente por los próximos días.
¡Hasta la próxima!
