Capitulo 13
Los personajes de Candy Candy no me pertenecen
A pesar del hermetismo del rubio, los medios de comunicación no dejaban de asediarlo e incluso acosaban a la señora Elroy y a sus sobrinos, por lo que no le quedó opción más que enviar por ellos a los diferentes lugares donde se encontraban y reunirlos en el castillo de Inverness donde nadie podría entrar sin su permiso. Unos días después el rubio estaba reunido con sus abogados, George y el director de finanzas esperando la llegada del administrador designado por Christine. Cuando la puerta se abrió, todos giraron en esa dirección, para encontrarse con una hermosa mujer elegantemente vestida con un traje sastre de diseñador que acentuaba su incomparable figura y resaltaba sus hermosos ojos color esmeralda. Cuando el rubio la vio, su mirada se endureció y sin le pregunto: ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está Christine?
Por respuesta, Candy se dirigió al grupo diciendo: Buenos días, mi nombre es Candice White, soy representante legal y administradora de la señora Christine Steward, me acompaña el licenciado Whitman quien les hará entrega de la documentación legal que avala mi nombramiento y aclarará cualquier duda del alcance de los poderes que me fueron otorgados.
William permaneció en silencio mirándola con frialdad por lo que fue George quien tomó la palabra.
- Buenos días. Por favor tomen asiento – dijo el francés con su acostumbrada cortesía e indicándoles un par de sillas desocupadas a mitad de la mesa.
- Gracias – contestó la rubia tomando la silla frente a ella.
Mientras las personas se presentaban una a una, Candy sintió un escalofrío que le recorrió la espalda. La presencia de William y su seriedad eran tan imponentes que lograban intimidarla; podía sentir a su corazón golpeándole insistentemente el pecho como si quisiera abandonarlo. A pesar de ello, se obligó a mostrar una actitud serena que para nada coincidía con la tormenta de emociones en su interior.
Una vez terminadas las presentaciones, el licenciado Whitman tomó la palabra…
Señores, supongo que todos ustedes están enterados de la petición que la señora Christine promovió ante el juez para invalidar algunas cláusulas del testamento de su padre pues desea relevar al señor Ardlay del cargo de administrador de los bienes y contratar a una compañía independiente para tal efecto. La oficina del juzgado nos informó que el señor Ardlay contestó la demanda sin oponerse al cambio por lo que suponemos no hay impedimento para que los bienes le sean entregados a la licenciada White. Aquí tienen una copia de los documentos entregados a la corte, pueden constatar que todo está en orden y que la licenciada White posee poder amplio y suficiente para desempeñarse como administradora de la fortuna - dijo entregando la documentación.
Los abogados tomaron el folder y, mientras revisaban el contenido, el rubio rompió finalmente el silencio y dijo: "Antes de continuar… licenciada White, ¿podría permitirme unas palabras en privado por favor?" al tiempo que se ponía de pie y le indicaba la salida sin darle la posibilidad de replicar.
La puerta conducía a un pequeño jardín interior en cuyo centro se encontraba una fuente con una magnífica águila con las alas abiertas, emblema de los Ardlay. El lugar era fresco y sereno, pero no así la mirada del rubio que reflejaba una verdadera tempestad cuando de detuvo para encararla…
- Me puedes explicar ¿Qué es todo esto?, ¿por qué precisamente tú eres la administradora de Christine? – preguntó exasperado.
La rubia se estremeció, aunque no pudo definir si era por lo furioso que se encontraba o por su imponente presencia y ese aroma tan deliciosamente sexy de su piel que se adueñaba de sus sentidos haciéndola trepidar.
La joven se tomó un momento antes de contestar; después de lo sucedido en Toronto, era de esperarse que reaccionara de esa manera al verla y, a decir verdad, ella tampoco estaba segura del por qué se había dejado convencer por Christine…
- Yo no la busqué, si eso es lo que te preocupa. Fue ella quien se presentó en mi despacho para solicitar los servicios. Por supuesto me negué, pero ella insistió. Cuando le pregunté ¿qué te diría?, sólo me pidió que te diera esto - contestó la rubia sacando un pequeño sobre cerrado que llevaba en el bolsillo.
El rubio lo tomó y al abrirlo encontró una tarjeta que decía: "Al menos uno de los dos será feliz"
Al mismo tiempo en el tercer piso un par de jóvenes conversaba amenamente junto a la ventana cuando la puerta se abrió para dar paso a un joven alto de porte elegante y ojos color avellana.
- Ahí estás ¿por qué tardaste tanto Archie?, nosotros llegamos hace varios días - dijo Stear alegremente mientras abrazaba a su hermano.
- Estaba en Alemania tramitando unas patentes, allá las noticias demoraron un poco, pero en cuanto aterricé en Londres pensé que me habían confundido con una celebridad. Había un sin número de reporteros haciéndome preguntas que no supe responder. Cuando George me pidió que volviera, no me dijo nada de lo sucedido - contestó el elegante joven devolviéndole el abrazo para luego dirigirse a Anthony quien lo saludó de la misma forma y luego preguntó: ¿Cómo van las cosas por aquí?
- Pues al parecer estamos de vacaciones forzadas. George dijo que era por seguridad ¿puedes creer que trataron de intervenir el teléfono de la casa? – comentó Anthony
- ¿Y el tío William?
- Trabajando como siempre.
- ¿Creen que supiera que el bebé no era suyo?
- Es lo más seguro, el tío William tiene un tercer ojo ¿no se acuerdan todas las veces que nos cachó en la mentira? además, no parece estar sorprendido ni molesto, aunque… tal vez hablé demasiado rápido – contestó Anthony señalando hacia el jardín donde se encontraban los rubios.
- Esperen un momento, ¿acaso ella es?… ¡Candy! - dijo Stear sacando su pañuelo para limpiar sus anteojos como queriendo reafirmar lo que veía.
- ¿Candy la amiga de Paty? - preguntó Archie acercándose a mirar.
- La misma, me pregunto ¿qué estará haciendo aquí? - dijo Stear pensativo.
- Lo que sea que esté haciendo, ha hecho enfurecer al tío William – dijo Anthony.
- Tienes razón, parece que están discutiendo - decía Archie mientras observaban a la rubia entregar el pequeño sobre.
En ese momento llamaron a la puerta…
- Jóvenes, la señora Elroy acaba de llegar y requiere su presencia en el salón - anunciaba una joven del servicio.
- Gracias, iremos para allá enseguida - contestó Anthony mientras los tres se alejaban de la ventana.
Mientras tanto en el jardín, William leía la nota y se flotaba cansadamente la sien para posteriormente indicarle a la rubia el camino de regreso sin mediar palabra.
Al entrar, les notificaron que los abogados habían revisado la documentación y todo se encontraba en orden, a lo que él simplemente asintió mientras tomaba su lugar en la cabecera. Entonces, fue uno de sus abogados quien tomó la palabra y dijo: "licenciado Whitman, licenciada White una vez que hemos comprobado sus acreditaciones, podemos comentar los detalles del caso: En lo referente al fideicomiso de la señora Stewart, el juez no ha tenido ningún inconveniente en otorgar la petición; no así en el caso de la herencia del niño, pues el señor Steward citó en su testamento la falta de experiencia y educación especializada de la señora Christine, al momento de designar al señor Ardlay como albacea y administrador de la fortuna heredada a su nieto. Por tratarse del futuro de un menor con capacidades especiales, el juez ha establecido, que, si bien la madre tiene derecho a decidir sobre los asuntos financieros del bebé, las razones del señor Steward son válidas, por lo que, considerando las circunstancias y la calidad moral demostrada por el señor Ardlay lo ha hecho responsable de supervisar el manejo de los bienes. En otras palabras, cualquier acción que se desee llevar a cabo con los bienes deberá ser revisada y aprobada por él"
- Entiendo – contestó el licenciado Whitman.
En ese momento uno de los empleados entró disculpándose y se acercó a William para susurrarle algo al oído. El rubio asintió y luego se dirigió a Candy y al licenciado Whitman diciendo: "El grupo de trabajo aquí presente se encargará de organizar con ustedes la entrega de cada una de las compañías que pertenecen tanto al fideicomiso como al Consorcio Stewart. Si necesitan algo, por favor háganselo saber al licenciado Villers. Ahora si me disculpan tengo un asunto que atender; con su permiso" Luego se puso de pie y abandonó la sala de juntas.
En ese momento, el tono de la conversación cambio y dejaron de lado las formalidades legales para enfocarse en los planes de entrega.
Mientras tanto William se dirigía al salón donde se encontraba la señora Elroy. Stear, Anthony y Archie acababan de salir de ahí, después de conocer en persona a Rosemary, la media hermana de William quien había viajado con la señora Elroy. Cuando estaban a punto de subir la escalera, vieron la figura alta del rubio que se dirigía hacia el salón por lo que, curiosos, se apresuraron a dirigirse al salón contiguo para enterarse cómo era la relación de su tío con la pequeña. Los jóvenes entraron sigilosos y se quedaron en completo silencio escuchando la conversación a través de la pared.
- Buenos días, William. Ella es tu hermana Rosemary Ardlay - dijo la anciana señalando a una niña de 9 años quien le sonrió tímidamente y dijo: "Buenos días es un placer conocerlo, la tía Elroy me ha hablado mucho de usted, gracias por ocuparse de mi educación" - concluyó la niña haciendo una pequeña reverencia con la cabeza, sin duda por instrucción de la señora Elroy.
William simplemente asintió sin decir palabra. En otras circunstancias, tal vez hubiese sido más afectivo al conocer en persona a su pequeña hermana, pero en ese momento se sentía bastante abrumado para entablar cualquier tipo de conversación. Desde que se convirtió en su tutor, la niña había estado de interna en el Real Colegio San Pablo siendo la señora Elroy quien se ocupaba de visitarla y estar al pendiente de sus necesidades como lo había hecho en su tiempo con los muchachos. El rubio recibía reportes mensuales del colegio y de vez en cuando le escribía correos electrónicos para felicitarla por sus logros, aunque los mensajes eran cortos y un poco distantes.
- Rosemary, Dorothy te llevará a tu habitación y te ayudará a desempacar tus cosas, nos veremos a la hora del almuerzo - dijo la señora Elroy con su acostumbrado tono severo.
La niña asintió y salió siguiendo a Dorothy. Una vez que estuvieron solos, la señora Elroy se dirigió a su sobrino diciéndole: "William tenemos que hablar, ¿cómo es posible que las cosas hayan llegado hasta este extremo? ¿Acaso Christine perdió la cabeza? jamás hubiera imaginado que el honor de la familia sería enlodado de esta manera. Te lo dije muchas veces, esa muchacha tenía demasiadas libertades, ahora somos el hazme reír de todos ¿y todavía te has atrevido a defenderla? Es una aberración, nuestros ancestros deben estarse retorciendo en sus tumbas – reclamaba la mujer airadamente.
- El rubio, quién durante toda la semana había tratado de ignorar los reclamos que la mujer le hacía por teléfono, perdió la paciencia y contestó alzando la voz: Tiene razón es injusto y denigrante, pero no el hecho de que Christine haya estado viviendo con otra persona, sino que la hayan obligado a casarse conmigo contra su voluntad. Desde el principio ella dejó muy claro que estaba enamorada de otro y, aun así, la obligaron a casarse por ambición y cobardía. Lo verdaderamente denigrante es que ustedes esperaran que se conformara con ser moneda de cambio para su padre y para que lo sepa de una vez, fui yo quien la entregó en brazos de ese hombre, todo el tiempo supe de su relación y la apoyé porque era lo correcto o ¿acaso esperaba que la obligara a estar conmigo en contra de su voluntad? ¿Es así como se comportan los "honorables" Ardlay? Christine tenía derecho a elegir a quién amar y lo hizo con mi aprobación.
- De la manera que fuera, tenía un compromiso contigo. Además, ¿No aceptó comportarse como una esposa decente, pero sí que le dieras nuestro apellido al hijo de otro hombre y que dejaras todo por ocuparte de ellos? ¡Vaya joyita! apuesto que en este momento los dos estarán burlándose de tu estupidez, claro ahora que tendrán el dinero de Ian no les importa exhibirte frente a todos. Ese tipo no tardará en salir a decir que fue más hombre que tú.
- Ese tipo, como lo llama, está muerto. Perdió la vida antes de conocer a su hijo, y me ocupé del bebé, como me ocupé de los muchachos y de mi hermana ¿acaso no es esa mi obligación? En lugar de ofender a Christine, debería estar agradecida de que ella haya decidido cargar con toda la responsabilidad sin contarle al mundo como el honorable William Charles Ardlay llevó a su familia a la ruina y huyó después de venderlo todo incluso al único hijo que le quedaba ¡Eso sí es una verdadera vergüenza! Además, le recuerdo que está bajo mi techo, soy el patriarca de esta familia y es la última vez que le permito que hable de esa manera, por favor no me obligue a desconocerla – concluyó el rubio saliendo del lugar enfurecido.
En la habitación contigua, los jóvenes se quedaron petrificados hasta escuchar como la orgullosa Elroy Ardlay comenzaba a llorar desconsoladamente. Apenados por escuchar llorar de esa manera a la mujer que consideraban inquebrantable, los jóvenes se dirigieron al gran salón. Al verlos entrar, la anciana trató de recomponerse, pero Stear se acuclilló frente a ella y le dijo: "escuchamos todo."
Después de unos minutos en silencio, Elroy suspiró y dijo con voz cansada: "lo que su tío dijo es verdad" y comenzó a relatarles lo sucedido desde la muerte de sus padres. Los jóvenes escucharon con atención hasta que la mujer concluyó diciendo: "Hasta este día, William no me perdona que le permitiera a mi hermano retirarse, pero aun creo que fue lo mejor para la familia. Desde pequeño su tío, demostró tener una mente brillante, fortaleza y una capacidad innata para los negocios, mientras que mi pobre hermano, se desplomó al verse solo sin su familia y sin el apoyo de su mejor amigo. De haber seguido al frente, no solo él se hubiera destruido, sino que nos hubiera arrastrado a todos junto con él."
- Tía, pero ¿por qué en lugar de obligarlo a tomar su lugar el abuelo no le pidió ayuda a mi tío para llevar los negocios? – preguntó Anthony molesto.
- Desde que tu madre y tu abuela nos dejaron, William se vino a Londres a terminar el postgrado y cuando lo hizo, nos comunicó que se iría a África de voluntario al menos un año. Supongo que mi hermano siendo tan débil como es, no soportó más la responsabilidad y buscó la forma de evitar que se fuera. En realidad, yo no supe de la difícil situación en que nos encontrábamos hasta que ya era tarde, mi hermano se había ido llevándose todo el dinero, los bienes de la familia fueron embargados y los servicios sociales llegaron a nuestras puertas.
- Entonces… No solo Christine se vio obligada a casarse, también él tuvo que hacerlo ¿no es así? – preguntó Archie y al no obtener respuesta dijo alzando la voz: "¡contesta, ¿por qué te quedas callada?, fue por nosotros ¿verdad?!"
La anciana cerró los ojos asintiendo y dijo: "No había otra forma"
El joven salió, del lugar como alma que lleva el diablo seguido por lo otros dos que lo llamaban. Al llegar a su habitación el joven entró dando un portazo…
- Archie no debiste ponerte así, la tía Elroy no fue la que decidió que las cosas se hicieran de esa manera – dijo Stear al entrar a la habitación.
- ¿No lo entienden? Todo el tiempo pensamos que el tío William era un egocéntrico y un dictador que solo extendía cheques y daba ordenes cuando en realidad, tuvo que aceptar casarse dejando de lado sus planes por nosotros – dijo el joven con lágrimas en los ojos.
- Tienes razón y, si él sabía que Christine estaba con alguien más entonces ¿Qué ha sido de su vida todos estos años?, ahora siento que en verdad no le conocemos. Deberíamos acercarnos más a él y tratar de apoyarlo como él lo ha hecho todo este tiempo – dijo Stear
- Hagámoslo – dijo Anthony con determinación y los hermanos asintieron.
Mientras tanto, el día transcurría lento para Candy quien estaba recibiendo una lista detallada de las empresas de Ian Steward y los detalles del fideicomiso de Christine; ambas cosas eran mucho más complicadas de lo que había imaginado pues eran muchos los negocios y el dinero de Christine estaba invertido en la mayoría de ellos. Su primer reto sería separarlos para reinvertir el dinero del fideicomiso en otros negocios y presentar a William la propuesta de liquidación de las empresas de Ian que quería Christine.
A media tarde, Dorothy irrumpió en la sala de juntas para preguntarle a George los arreglos para la cena a lo que el francés contestó que cenarían en la terraza norte, cerca de donde se asignarían las habitaciones. En ese momento, la rubia interrumpió:
- Licenciado Villers, no es necesario que se molesten. A decir verdad, pensamos que todo esto se llevaría a cabo en Edimburgo donde tenemos arreglos de hospedaje, pero buscaremos alojamiento en un hotel.
- Disculpe señorita, no hay hoteles cercanos al castillo, solo los miembros del clan y los invitados del Laird pueden permanecer en estas tierras.
- No puede ser que jamás venga nadie de fuera.
- Vienen muchas personas señorita, pero el administrador decide donde recibirlos por orden del Laird. Si no desea aceptar su hospitalidad, deberá abandonar sus terrenos.
- ¿Qué es lo más cercano que podemos encontrar?
- Si quiere ir al sur tendría que regresar a Inverness. También está el clan de los McCloud a dos horas hacia el Este, pero si yo fuera usted no me arriesgaría, el Laird McCloud no es muy estricto y permite que los miembros asalten a los visitantes con tal de quedarse con una parte de lo robado – contestó Dorothy ante la mirada atónita de los presentes.
- Licenciada White, si me lo permite, creo que sería más sensato aceptar la hospitalidad que el Laird nos ofrece – dijo el licenciado Whitman limpiándose el sudor de su cara regordeta con nerviosismo evidente.
- Estoy totalmente de acuerdo con usted, afirmó George y agregó: "licenciada White, sería más conveniente que se hospeden en el castillo, de esa forma, podremos comenzar a trabajar a primera hora de la mañana, como puede ver, son muchos los pendientes por resolver"
- Yo, tendré que ir a Londres y notificar al juez de los acuerdos. Además, tengo algunos asuntos que atender – si usted está de acuerdo Licenciada, partiré al amanecer y regresaré cuando las gestiones administrativas hayan terminado para levantar las actas correspondientes – dijo el Licenciado Whitman.
El cerebro de la rubia trabajaba a marchas forzadas tratando de encontrar una solución. Habían tenido que viajar cinco horas en tren desde Edimburgo para llegar a la terminal Inverness donde los recogió un automóvil del clan que condujo casi hora y media por impresionantes montañas, lagos y bosques para llegar a la muralla del castillo. Si Albert pretendía seguir trabajando desde ahí, tendría que viajar todos los días ida y vuelta hasta Inverness…
- Como guste – contestó la rubia dándose por vencida.
- Muy bien. Dorothy, por favor proceda como acordamos y notifique a William.
- De acuerdo Licenciado Villers, con su permiso – contestó la muchacha haciendo una pequeña reverencia con la cabeza antes de salir.
Desde ese momento la rubia no pudo concentrarse, pues nada más de saber que tendría que quedarse en la casa de William se le hacia un hueco en el estómago. Por suerte, el rubio no se hizo presente el resto del día, ni durante la cena. Al terminar, Dorothy llegó acompañada de un joven quien se presentó y le pidió al licenciado Whitman y los otros empleados que lo acompañarán mientras Dorothy hacía lo propio con Candy…
- Licenciada White, ¿sería tan amable de acompañarme por favor? – le indicaré donde está su habitación.
- Gracias Dorothy, pero me temo que tendré que recoger el equipaje que dejamos en el automóvil que nos trajo hasta aquí.
- No se preocupe, ya todo está preparado para su comodidad.
- Dorothy… ¿es cierto que no hay donde hospedarse en este lugar?
- Por supuesto licenciada, esté lugar es el corazón de clan Ardlay y nadie puede permanecer aquí sin la autorización del Laird.
- Pensé que todo eso era cosa del pasado…
- Estas son tierras de tradición y cultura, los escoceses somos fieles a nuestras raíces, eso es algo que nunca va a cambiar.
- Entiendo.
- Si necesita algo por favor no dude en llamar a la extensión 101, que descanse.
- Dorothy, este lugar es enorme, no recuerdo muy bien como llegamos aquí…
- No se preocupe señorita, vendré por usted. El desayuno se sirve a las 7:30 de la mañana.
- Gracias Dorothy, por favor llámame, Candy.
- No podría señorita, la señora Elroy se disgustaría mucho conmigo.
- Entonces no le diremos – contestó la rubia con una sonrisa tan genuina, que no le dejó alternativa a la joven de largo cabello castaño y ojos color miel.
- Esta bien Candy, que descanses.
- Hasta mañana Dorothy.
Después de ducharse, la rubia se acostó en la cama y su mirada se perdió en las enormes paredes de la habitación, jamás había visto techos tan altos; sin duda, el castillo era magistral tanto por fuera como por dentro, la habitación en la que se encontraba era tan grande, que la joven hubiera jurado que pertenecía a una reina. De pronto, el vació de aquel enorme lugar se apoderó de ella haciéndola estremecer. De sus preciosos ojos color esmeralda, comenzaron a brotar sentidas lágrimas que había contenido todo el día desde que se encontró con aquella mirada celeste enfadada y fría.
- Fui una tonta – se decía entre sollozos.
Desde el principio se preguntaba si había aceptado el trabajo ante la evidente falta de experiencia en los negocios de Christine, su insistencia en que fuera precisamente ella quien la representara, o los deseos de su propio corazón que, a pesar de todo, jamás había podido dejar de latir por el rubio.
Fuera cual fuera la razón, la reacción de Albert le dolía enormemente. Después de su encuentro en Toronto, sabía que no la recibiría con los brazos abiertos, pero no podía evitar sufrir ante la desconfianza y frialdad que le demostró.
Estar en esa habitación completamente en silencio no ayudaba a aligerar la pesadez de su corazón, por lo que decidió salir a dar un paseo, estaba en el primer piso del castillo así que pensó que sería fácil salir por el balcón y regresar de la misma forma para no perderse entre tantos pasillos. La joven sonrió al abrir la ventana y ver que las paredes de piedra estaban adornadas con relieves y finos grabados por lo que le sería fácil regresar. En cuanto tocó el suelo, la rubia se movió rápidamente para alejarse del castillo tratando de alcanzar las amplias praderas que de día parecían una interminable alfombra verde. Después de caminar unos minutos admiró a lo lejos la imponente construcción que se erguía magistral bajo la luz de la luna. El castillo de los Ardlay era sin duda una obra de arte y una verdadera fortaleza.
En ese momento, escuchó a lo lejos un rio que fluía con relajante pasividad por lo que decidió seguir el sonido de las aguas. Al llegar a la orilla, la rubia pudo ver el ancho y acaudalado torrente de agua que se movía con suavidad reflejando las estrellas del cielo; la joven se sentó en una enorme roca y cerró los ojos, permitiendo que su alma fluyera con aquellas aguas mitigando de a poco su tristeza.
- Eres valiente al salir de noche – escucho decir a una voz afable.
La rubia abrió los ojos sobresaltada para encontrarse con la figura de un joven delgado y elegante quien de inmediato se disculpó.
- Lo siento, no quise asustarte. Tu eres Candy, tal vez no me recuerdas, nos reunimos en un par de ocasiones, soy Archivald el hermano de Stear. Sabes, te vimos esta mañana, Stear estaba seguro de que eras tu a quien le gritaba mi tío William
Por un momento Candy estuvo a punto de saludarlo con alegría y preguntarle cómo había estado todo ese tiempo; había platicado tantas veces con el cómo Mai que le parecía reencontrarse con un viejo amigo, pero recordó que los jóvenes no conocían su verdadera identidad.
- Stear tenía razón era yo – contestó la rubia con una tímida sonrisa tratando de ocultar el dolor que le provocaba recordar ese momento.
- ¿Qué le hiciste para que se enojara tanto?
- Nada, en realidad estoy aquí representando a su esposa en los asuntos de la herencia del señor Ian Steward.
- Fiuuu, ¿tan joven? Debes ser muy buena administradora para tomar tanta responsabilidad. No te dejes intimidar por el tío William, es estricto, pero no un ogro.
- Gracias, trataré de recordarlo.
- ¿qué haces aquí sola a estas horas? ¿Acaso no sabes que hay jaurías de lobos en estas tierras?
- ¿De verdad? – preguntó la rubia mortificada.
- Ja, ja, ja. Claro que no, aunque a veces dejan el ganado suelo.
- ¡Que malo eres Archivald!
- Por favor llámame, Archie.
- y tú, ¿qué haces aquí a estas horas?
- No podía dormir y salí a dar un paseo. ¿Cuánto tiempo estarás aquí Candy?
- No lo sé, esperaba que fuera algo rápido, pero al parecer hay demasiadas empresas y las finanzas son complicadas.
- Genial, tal vez puedas venir de paseo con nosotros a Stear le gustará saludarte.
- No creo que sea buena idea, se supone que estoy aquí para trabajar.
- Si, pero no trabajas 24/7 ¿o sí? tal vez el fin de semana podamos ir a la playa, te encantará. El paisaje simplemente te robará el aliento. ¿Qué dices? Será divertido.
- Está bien, también me gustaría saludar a Stear, hace mucho que no habló con Patty.
- Es tarde, deberíamos regresar al castillo.
- Caminaron conversando agradablemente hasta que regresaron a la imponente estructura de piedra y Archie comento: "¿Supongo que te estás quedando en el ala norte?"
- ¿Cómo lo supiste?
- Es el lugar destinado para las visitas, la familia habita de este lado. Esa luz en el tercer piso es el despacho del tío William ¿me pregunto si aun estará trabajando? – dijo el joven pensativo.
Candy miró la tenue luz que iluminaba varias ventanas y sintió que el corazón se le oprimía una vez más al pensar en la incomparable atractivo del rubio que la dejaba sin aliento, sin embargo, se obligó a voltear la mirada y aparentar serenidad.
- Archie ¿A dónde vamos?
- ¿Cómo que a dónde? Te acompañaré a la entrada.
- Es qué… no sé cómo regresar a la habitación.
- ¿pues cómo saliste?
- Por el balcón – dijo la rubia señalando al primer piso.
- Vaya, si que eres una verdadera gatita, ven te enseñaré una forma más fácil – dijo guiándola por un pequeño jardín.
Mientras tanto en el despacho…
- Adelante.
- William, ¿todavía trabajando? – preguntó George entrando al despacho todavía ataviado con su impecable traje negro.
- Solo estaba revisando unos contratos ¿y tú?, pensé que habían terminado hace horas – contestó el rubio mientras señalaba con un ademán la cava preguntándole si le apetecía una copa a lo que el francés asintió mientras contestaba:
- Estaba contestando algunos correos electrónicos y revisando el trabajo para mañana.
- ¿Que tal les fue? – preguntó el rubio entregándole un vaso de whisky y tomando su lugar nuevamente frente al escritorio.
- Vamos avanzando, la licenciada White es muy inteligente, aunque tomará algún tiempo entregarle todo. A propósito, ¿no te parece raro que sea precisamente ella quien haya venido?, ¿Cómo es que ella y Christine…?
- No estoy seguro, desde hace un tiempo Christine supo de la existencia de Candy, aunque, en ese entonces no tenía detalles. Cuando estuvimos de vacaciones discutimos, quería saber quién era y si aun sentía algo por ella. No le respondí y al parecer decidió tomar las cosas en sus propias manos. – dijo el rubio mostrándole la tarjeta que le había entregado la rubia de parte de Christine. El francés la leyó y comentó: "Bueno, al menos todo tiene sentido"
- Entiendo la intención de Christine, pero Candy… ¿por qué aceptó venir?
- ¿no crees que ella aun…?
- No, no lo creo. La última vez que nos vimos dejó muy en claro que no quería saber nada de mí.
- Es de sabios cambiar de opinión, tal vez si hablaran…
- George, no soy tan iluso para pensar que una conversación borrará el pasado. Desafortunadamente las cosas no se dieron como las planee, se sintió burlada y ahora me aborrece.
- ¿Tanto así?
El rubio asintió y George pudo ver un dejo de tristeza nublando su mirada celeste.
William, nunca le había dicho lo que sucedió entre ellos en Toronto, pero sospechaba que había sido algo grave, pues desde entonces el joven había evitado nombrar a la rubia. El francés decidió no ponerle más sal a la herida y se despidió diciendo: "es más de medianoche, deberíamos ir a descansar. Mañana será otro día"
- Tienes razón, solo terminaré de organizar los documentos. Que descanses George.
- Tu también.
Cuando estuvo solo, el rubio se frotó cansadamente la frente. Como de costumbre, había trabajado todo el día sin descanso para no darse la oportunidad de pensar, pero a solas y en silencio, su mente y su corazón no pudieron escapar más. Cerró los ojos y de inmediato revivió la sensación de desasosiego que lo invadió esa la mañana al ver a la rubia entrar a la sala de juntas, regia como una reina, mucho más hermosa, más madura e impresionantemente seductora.
Abrió los ojos, se llevó distraídamente el vaso de whisky a los labios mientras revivía aquella última noche en que estuvieron juntos. Volvió a sentir los latidos de su propio corazón y la sensación de plenitud en su alma que no solo se regocijaba en el placer de las interminables caricias y besos que los llevaron al infinito, sino en el hecho de unirse a la mujer que amaba con todo su ser y el que ella le correspondiera con gran pasión y entrega haciéndolo sentirse correspondido… todo para despertar en la soledad de su ausencia…
- Mientes tan bien – susurró el rubio en un suspiro mientras se ponía de pie para dirigirse a su habitación.
Continuara...
Hola muchisimas gracias por sus comentarios y buenos deseos, gracias a Dios ya me encuentro mucho mejor. Esta historia no deja de hablarme y aunque intente darle un final rapido, hay demasiados cabos sueltos y sentimientos muy complejos que los rubios tienen que asimilar. Muchas gracias por su paciencia; espero que les haya gustado este capitulo, aunque lento no me olvido de mi promesa de terminar esta y las otras dos historias.
Bendiciones y un abrazo enorme para todas
