zDisclaimer: Los personajes y el universo donde se desarrolla está historia no son creaciones mías ni me pertenecen, todo es obra de Masashi Kishimoto.

Advertencia: Este capítulo contiene escenas detalladas de violencia que pueden ser perturbadoras para algunas/os lectoras/es.

Heredera de la Voluntad de Fuego

XX

Las gotas de sudor resbalaban por su frente hasta descender por sus mejillas y desembocar en su pecho como una cascada; sentía el ardor en los músculos, aquella placentera sensación que venía después de una ardua sesión de entrenamiento instalada en cada fibra de su cuerpo.

Jadeando en busca de aire, contempló las líneas en el suelo de cemento agrietado mientras su pecho subía y bajaba. Parpadeó una vez, topándose con el recuerdo de la muerta rondando por su mente. A la pérfida imagen de la kunoichi muerta, se le añadieron algunas efigies de su estancia en la Unidad 121. Y para concluir la secuencia, la sensación de las sesiones de tortura perpetuadas por Obito Uchiha recorrieron su sistema nervioso hasta transportarla a la oscura habitación con una camilla en el centro; las correas ajustadas a sus muñecas y tobillos, el golpe del látigo contra sus pies descubiertos.

Cerró los ojos y meneó la cabeza con tanta intensidad que su cuello crepitó en el intento. Cuando los volvió a abrir, los recuerdos se habían evaporado y fueron suplantados por el pobre decorado de su escondite.

Quince días habían transcurrido desde el escape. Quince días en los que Shisui, sin éxito alguno, intentaba establecer comunicación con algún miembro de la Resistencia. El tiempo se les agotaba y, a medida que los días transcurrían, las opciones se les acababan, dejándolos a mereced de la improvisación.

Aunando todas las fuerzas que le eran posibles, se puso de pie. Masajeó su cuello entumecido y caminó hasta la única ventana disponible del lugar. Luego de dos días, Shisui optó por trasladar su escondite a un lugar remoto, arrastrándola a una especie de fortaleza que había sido utilizada como matadero durante los primeros días de la Rebelión Uchiha.

Había explorado cada centímetro del edificio. Su compañero mencionó que en el pasado, aquel lugar fungió como centro de entrenamiento ANBU, por esa razón, las ventanas eran escasas y el decorado evocaba más a una sala de interrogatorios enorme que a un cuartel para shinobis. Tomó una enorme bocanada de aire; el ambiente estaba viciado, húmedo, frío. Sin vida.

Los momentos en los que se encontraba a solas, procuraba alejar la memoria de los malos recuerdos que la atormentaban. Practicaba algunos sellos, recitaba a la perfección los complicados ninjutsus médicos que había demorado en aprender.

También comenzó a ejercitarse. Sabía que no podía depender de Shisui. Los años de confinamiento la habían despojado de su excelente condición física, reduciéndola a un desastre de jadeos y lágrimas frustradas cada vez que se veía obligada a recorrer largas distancias a una velocidad inhumana. Una vez más, inició desde cero; aprendió a pararse manos, mantener el equilibrio en posiciones complicadas. Pasaba horas haciendo flexiones y algunos ejercicios con los que Ino había estado obsesionada durante un verano entero. Hacia abdominales y practicaba taijutsu cada vez que Shisui se sentía con el ánimo de hacerlo.

Eso le ayudaba a desconectar su mente. Se obligaba a sí misma a alcanzar nuevos límites físicos. Solo cuando sus brazos y piernas adquirían la firmeza de un algodón y empezaban a temblar como gelatina, se desplomaba en un rincón y caía en un profundo sueño sin pesadillas.

Sin embargo, Sakura comenzaba a impacientarse. Los Uchiha les seguían los pasos de cerca, sabía que no debían subestimarlos, aun si uno de sus mejores Comandantes iba a su lado.

Con aquel pensamiento en mente, recargó el cuerpo cansado contra la pared y descendió hasta el suelo. Abrazó sus rodillas y se dio cuenta que estaba temblando. Su situación era terrible. Aunque ellos consiguieran cruzar la frontera, la guerra no llegaría a su fin. Eso significaría que en algún punto, todos morirían: sus amigos, como Naruto e Ino, igual que Sasuke, que conseguía que su corazón latiera a un ritmo insospechado cada vez que pensaba en él.

Sakura gritó y dejó escapar un suspiro. Su corazón latía enloquecido. Una vez más, estaba sobrepasada por la desesperación.

«No voy a morir aquí… no voy a morir aquí..».

Entonces su corazón se paralizó…

Había escuchado un ruido, como si algo crujiera en el exterior.

Sakura se volvió hacia el lugar donde procedía el sonido. Venía de la entrada: ella misma se aseguraba de revisar que las puertas y ventanas estuvieran cerradas.

Shisui se había marchado la noche anterior con la promesa de regresar al amanecer. Varias horas habían transcurrido desde que los primeros rayos del sol se filtraron por los recovecos de las ventas. Sakura pensó en salir a buscarlo, sin embargo, el Uchiha se había mostrado renuente a dejarla salir del lugar: sus inquietudes se fundamentaban en la diferencia de poder que existía entre ella y sus enemigos. En su estado actual, Sakura era consciente de sus limitaciones físicas, el simple hecho de haber escapado con éxito ya era un milagro, por lo que no podían darse el lujo de exponerse innecesariamente al peligro.

Alguien entraba. Sakura, aterrorizada, tomó el kunai que mantenía cerca de ella. Lo agarró con fuerza. Tenía que escapar tan rápido como pudiera.

Pero su cuerpo estaba paralizado y no podía moverse. Intentó ralentizar su respiración.

Oyó el crujido que producía la pesada puerta de metal al abrirse, y más tarde el sonido de unas pisadas cautelosas y calladas. Parecía que se estaban moviendo por todo el lugar, pero al final se encaminaron hacia la sala de entrenamiento, donde se encontraba la kunoichi.

Echó un vistazo cauteloso fuera de su escondite improvisado.

La figura parecía extraña, desconocida. Llevaba puesta la capucha de su capa, ocultando su rostro. El asfixiante silencio continuó durante unos instantes. Sakura se puso lentamente de pie. Lo único que tenía entonces en sus manos era el kunai. Las manos le temblaban incluso más que antes, y el arma se parecía a un pez intentando escurrirse y escapar, pero ella se aferró a él tan fuerte como pudo.

Sakura dio un respingo cuando escuchó otra pisada. Era el momento… lo único que tenía que hacer era correr hacia la fuente de sonido con el kunai por delante.

Sus intenciones se vieron desbaratadas abruptamente por el inesperado giro de los acontecimientos.

—¿Sakura?

Aquella voz le resultaba extrañamente familiar, pero la aludida tardó unos momentos en situarla.

—¿Shisui?— dijo al final, insegura.

El Uchiha apartó la capucha, desvelando su rostro encantador apaleado por la suciedad y el cansancio.

El kunai resbaló de las manos de Sakura e impacto de lleno en el suelo. Salió de su escondite y acudió al encuentro de Shisui con un fuerte abrazo.

—¿Cómo estás?—preguntó el Uchiha sin apartarse de ella.

—Cuando no regresaste… pensé que algo malo había sucedido— confesó. Sintió el calor del cuerpo de Shisui y se sintió tanto más culpable cuando sus brazos notaron que él también temblaba sin poderlo evitar.

El pecho de su compañero vibro a la par que dejaba escapar una risita nerviosa.

—Lo siento—se disculpó—.Me tope con un equipo de rastreo cuando venía de regreso, no tuve otra opción que ocultarme hasta que ellos se marcharan.

Los ojos de Sakura se abrieron como platos al oír aquello. Se apartó de él como si su cuerpo quemara. Dio varios pasos hacia atrás mientras la serenidad de su rostro se atiborraba de espanto. Las piernas le temblaban y una mano llegó hasta su boca que comenzaba a tiritar ligeramente.

—Debemos salir de aquí ¿no?

Sin darle tiempo para responder, caminó hacia la habitación donde resguardaban sus pertenencias personales. Sabía que era cuestión de tiempo para que los Uchiha los localizaran. Dentro de poco, las provisiones se les agotarían y, si no morían en manos de sus enemigos, el hambre y el frio conseguirían acabar con ellos en cuestión de días.

Necesitaban salir de ahí cuanto antes.

—Hey, Sakura— la llamó Shisui.

—Nos iremos ahora mismo— espetó, haciendo caso omiso al Uchiha. Su voz sonaba entrecortada a causa del nerviosismo.

Shisui la observó deambular de un lado a otro por la habitación.

Lo primero que tomó fue el holgado jersey oscuro; lo pasó por encima de su cabeza y cubrió sus brazos desnudos con las largas mangas; después, colocó la pesada mochila donde llevaba algunas provisiones como comida y armas. Si sabían administrar todo, probablemente conseguirían sobrevivir dos semanas más.

—¿Qué haces?—preguntó Shisui, deteniéndose en seco bajo el umbral de la puerta.

—¿No es obvio? Tenemos que largarnos cuanto antes—dijo ella al tiempo que se calzaba las botas.

—Sakura, espera, creo que no estas comprendiendo la situación—espetó, asiéndola férreamente del brazo.

—¿Qué es lo que no estoy entendiendo, Shisui?—siseó.

Un mal presentimiento se abrió paso dentro del pecho de Sakura, incrementando masivamente su ansiedad.

Ambos se contemplaron directamente a los ojos, desafiantes.

Abatido, Shisui dejó escapar un suspiro que anunciaba la derrota. Cerró los ojos un instante y Sakura lo miró tragar grueso. Las siguientes palabras la dejaron sin aliento:

—No podemos irnos—dijo con aquel tono categórico de profeta que implementaba cada vez que intentaba defender su posición. Aunque tenía el rostro más encantador imaginable, una simple mirada era suficiente para intimidar a cualquiera.

—¿Por qué no?

—Están buscándonos por todas partes.

Sakura frunció el ceño.

—No me importa—espetó.

Shisui no podía permitirse actuar de manera imprudente y complicar más el panorama para ellos. Se encaminó hasta donde estaba Sakura; tenía las mejillas sonrosadas.

—Es más complicado de lo que imaginas—dijo, asiéndola férreamente del brazo—.No somos dos civiles escapando, sino dos shinobis de alto rango. Tú eres una criminal de guerra y yo un comandante.

—¡Maldita sea! ¿Crees que no lo sé?—exclamó, soltándose con una enérgica sacudida.

Se alejó para meter el resto de las armas en la mochila y cerrarla.

Con las manos temblorosas, Sakura estrujó los párpados con fuerza para evitar que las lágrimas de frustración comenzaran a brotar. Cualquier mínima esperanza que hubiera podido tener de escapar se había desvanecido por completo.

—¡Mierda!—Sus labios temblorosos al fin se separaron—.¡Mierda, mierda, mierda!

Agradeció en silencio que Shisui no hubiese hecho nada para calmarla, en su lugar, permaneció de pie en medio de la habitación, observando su colapso mental con tristeza; a final de cuentas, él e Itachi la habían arrastrado a esa situación.

Al cabo de unos minutos en los que Sakura no dijo ni hizo ningún sonido, se vio obligado a intervenir.

—Debemos ser pacientes… esperar unas cuantas semanas más—susurró Shisui tan imperturbable como siempre había lucido desde que lo conoció—.Estamos cerca de nuestro destino. Si no hacemos ningún movimiento, todo se calmara.

—¿Semanas?—La voz de Sakura perdió fuerza.

—Sí, probablemente.

La kunoichi tragó grueso. No iba a permitir que los Uchiha la atraparan de nuevo a causa de la indecisión de Shisui. Se secó las lágrimas con el dorso de la mano y giró sobre sus tobillos para encararlo.

—¿Cuánto tiempo toma sacar a alguien del País del Fuego?—quiso saber; su voz sonaba decidida, al igual que su expresión furibunda.

—No lo sé—Shisui se encogió de hombros—,nunca había hecho algo así antes—admitió.

La risa amarga de Sakura resonó entre las paredes del cuartel.

—No lo sabes—masculló con ironía—.No lo sabes— repitió, como burlándose de la situación.

—¿Al menos estás consciente de cuánto tiempo nos tomó montar esto?—preguntó, hastiado, dando un paso hacia el frente para acortar la distancia que los separaba.

Ella puso los ojos en blanco.

—¿Te refieres a que esta improvisación es su plan?—reclamó—.¿Solo vas a entregarme con un grupo de la Resistencia y no sabes qué más sucederá? ¿Quieres jugar al héroe?—colocó una mano sobre su pecho y lo empujo—.¿Cierto, Shisui?

Gracias a sus finos reflejos, el shinobi consiguió aprisionar sus muñecas antes de que decidiera asestarle un verdadero golpe.

—¿De qué carajos estás hablando, Haruno?—Su voz neutra no traslucía ni la cuarta parte de su mal ánimo, pero la tensión sobre sus hombros y el brillo irascible de su mirada eran señales inequívocas de que realmente estaba furioso—.¿Quien jugó a la heroína como si fuera un Comandante? Apoyarnos fue tu elección.

Aquello había herido el orgullo de la kunoichi. Todos los Uchiha daban por hecho que si ella se encontraba en esa situación era porque quería.

—Sabes que yo no lo elegí— dijo. Consiguió zafarse de su agarre con cierta vehemencia.

—Estoy intentando mantenerte con vida. Arriesgue mi pellejo para ayudarte. Solo que eres demasiado testaruda para verlo.

Una vez más, hizo caso omiso a sus reclamos. Tomó la mochila y la colgó en sus hombros. Pasó a lado de Shisui, empujándolo ligeramente en el proceso.

—Iremos al Norte, por las montañas.

—Al norte—rió el Uchiha—.Nunca conseguiremos llegar a la base, en especial con este clima—siguió sus erráticos pasos por la amplia geografía del cuartel.

—No me importa, buscaremos la manera de hacer contacto con la base.

—La frontera está vigilada por shinobis de Iwagakure. No dudaran en matarnos si intentamos cruzar.

—Iremos al Norte y buscaremos la manera de hacer contacto con la base—repitió.

—Sakura—volvió a llamarla—.Aquí estamos a salvo.

—¡Por supuesto que no lo estamos!

—¡Vas a llevarnos a una muerte segura!—exclamó Shisui.

Los dos comenzaron a gritarse. La frustración hacía mella en ellos.

—Nos iremos de aquí—volvió a decir—.Y nos dirigiremos hacia el Norte.

Ahora fue el turno de Shisui para soltar todo el aire contenido en sus pulmones.

Abatido, buscó los ojos de Sakura con cierta desesperación, tratando de influirle un ápice de sentido común y evitar que saliera del escondite.

—No. No lo haremos—masculló. Con voz más firme, espetó—: Lo siento, no lo haré.

Sakura entornó los ojos hacia Shisui y trató de no fulminarle con la mirada.

Se habían desvanecido sus esperanza, heridas de muerte por el destino. Contempló los deseos que había alimentado, tan lozanos y florecientes: yacían tiesos, fríos y lívidos, como cadáveres imposibles de resucitar.

—Dame el mapa—ordenó.

Shisui la miró como si fuese un caballo y estuviese decidiendo si debía comprarla o no.

—Dame el maldito mapa, Uchiha.

Resignado, extrajo el mapa del bolsillo trasero de su pantalón; estaba maltratado por el uso constante, pero cumpliría su función.

Dispuesta a marcharse de ahí, caminó en dirección a la puerta.

—¡Espera!—vociferó Shisui a su espalda. Inmediatamente volvió a acercarse a ella, pero esta vez sin la intención de detenerla—.Vas a necesitar esto—con rapidez se despojó de la katana, entregándosela a Sakura para las posibles eventualidades que encontraría en su camino.

La colgó sobre uno de sus hombros libres y volvió a recorrer el camino ya transitado. Resuelta, rodeó el picaporte de la puerta y tiró hacia ella, desvelando los atisbos de bosque sumergidos en la densa oscuridad de aquella noche de otoño.

Una gélida corriente de aire movió su cabello. Si corría lo suficiente sin parar en ningún momento, conseguiría acercarse a la frontera antes del amanecer.

Estremeciéndose por el frio, Sakura salió del cuartel con pasos renqueantes, casi como si no quisiera abandonar el lugar. La combinación de hojas secas y ramas crujió bajo sus pies.

Por un minuto largo, permaneció cerca de la puerta; sopesando si debía o no proseguir con su camino. Había necesitado insuflarse de valor para dar el primer paso y, ahora mismo, se sentía como una niña asustada; sin saber si debería o no, adentrarse en la oscuridad del bosque a perseguir el camino de la libertad.

—Maldita sea—maldijo en voz baja.

Por mucho que detestara admitirlo, Shisui tenía razón.

El cuartel les otorgaba cierta ventaja. Al encontrarse a unos cuantos metros de la denomina "Tierra de nadie", los Uchiha patrullaban muy poco los alrededores. Si habían llegado hasta ahí y no encontraban rastro de ellos, perderían el interés y dirigirían la búsqueda hacia otra dirección.

Sakura tragó grueso. Sin más, regresó al cuartel.

Shisui aguardaba por ella bajo el umbral de la puerta, con los brazos a ambos lados del cuerpo y rictus de tensión en el rostro.

Sin decir una palabra, penetró en la estancia. Dejó caer la mochila al suelo y colocó el mapa y la katana sobre la mesa en señal de rendición. Notó que se le subía la sangre a las mejillas a pesar de que intentaba mantener la compostura.

Cuando sus orbes esmeralda recayeron en Shisui, se dio cuenta que lucía igual o más abatido que ella. De cierta forma, le reconfortaba que no hubiese huido.

Él se irguió cuan alto era, echó los hombros discretamente hacia atrás y la contempló directamente a los ojos. Por un instante tuvo la impresión de que la discusión proseguiría. Abrió la boca para emitir una respuesta, pero se quedó muda cuando Shisui cambió la trayectoria de su mirada azabache hacia sus labios entreabiertos. Pudo apreciar como apretaba las manos, como si intentara contenerse.

—Encenderé el fogón—anunció, obligándola a retornar a la realidad—.Encontré algo de comida en el bosque.

Sakura se limitó a asentir con un ligero movimiento de cabeza. ¿Qué se suponía que debía hacer ahora? Hasta hace unos minutos, sus intenciones habían sido claras al igual que las palabras acusatorias que ponían en velo de juicio las decisiones que los Uchiha tomaron por ella.

Si Shisui estaba molesto, no lo aparentaba. Durante el lapso de media hora, lo observó realizar todos los preparativos para la cena, ambos absortos en un pesado e incómodo silencio.

Sin embargo, desde hace algunos días, una pregunta revoloteaba por su mente cada vez que Shisui hablaba sobre el plan de escape.

—¿Por qué yo?—quiso saber.

—¿A qué te refieres?—contestó; la vista fija en el fuego. Quizás evitando contemplarla directamente a los ojos luego de lo ocurrido.

—¿Por qué haces esto?

Shisui propinó un resoplido al mismo tiempo que atizaba el fuego. Hizo un esfuerzo que se sintió sobrehumano para luchar contra la tentación de enfocarse en ella. Ya tenía bastantes conflictos mentales para permitir que Sakura se convirtiera en uno de ellos.

—Es una larga historia—murmuró.

Estaba claro que su compañero no quería hablar respecto al proceso de selección para su escape. Sabía que Itachi estaba cumpliendo una promesa, pero ¿Shisui? ¿Qué motivos debía tener para ir en contra del Régimen?

—Creo que tenemos tiempo de sobra—lo apremió.

Hubo otro momento de tensa afonía. Finalmente, en voz baja y cautelosa, respondió:

—Tenía diez años la primera vez que maté a un hombre.

Sakura lo miró en silencio, demasiado horrorizada como para siquiera formar una respuesta. No era el tipo de declaración que alguien esperaba escuchar. Shisui continuó sin mirarla.

—La aldea era un lugar muy diferente a como la conocemos hoy en día. Era la Tercera Guerra Mundial Shinobi, y estábamos perdiendo. Con tantos muriendo todos los días, no quedaban suficientes ninjas para luchar. Así que esperar a que los niños crecieran y ganaran experiencia a través de misiones insignificantes no era una opción. Ocasionalmente aquellos con talento excepcional eran sacados de la Academia se graduaban antes de tiempo y los enviaban directamente al campo de batalla. Yo era uno de los mejores. Podía tener éxito donde otros fracasarían, y Konoha quería hacer uso de ello.

Una vez más su declaración, que para la mayoría habría sido recitada con orgullo, sonó a maldición. Después de escucharlo hablar por un solo minuto, Sakura ya quería que se detuviera.

»Mi mejor amigo murió en batalla, yo…yo no pude salvarlo. Siempre he tenido la impresión que fue mi culpa, si hubiese llegado un minuto antes, si hubiese asesinado al hombre frente a mi…Estas suposiciones acuden a mi mente todo el tiempo.

Shisui vaciló por un momento, obstaculizado por la aparición de recuerdos que había mantenido reprimidos en los rincones más oscuros de su mente.

—Vi cosas…hice cosas que ningún niño debería tener que experimentar. Esos primeros años estuvieron llenos de batallas, sangre y cadáveres. Todos a mi alrededor estaban muriendo: enemigos, camaradas, civiles. Cuando terminó la guerra, había visto más violencia y muerte de lo que probablemente veras en tu vida.

Sakura desvió la mirada sin poder decir en palabras lo que se agitaba en su interior.

—Un año después conocí a Itachi—prosiguió, bajando la mirada hasta las pequeñas llamas—.Con el paso del tiempo nos hicimos inseparables. Sabía que él había visto los mismos horrores que yo y, aunque intentaba mostrarse fuerte, en el fondo los recuerdos de la batalla y de la muerte lo atormentaban. Así que una vez más sentí la necesidad de protegerlo, cuidar de él.

Sakura asintió con tristeza. Al igual que ellos dos, creció envuelta en la violencia. Todavía podía escuchar los gritos de pánico y sentir el calor estremecedor de las explosiones, aún podía ver a los aldeanos indefensos sangrando y muriendo a su alrededor en las caóticas carpas médicas improvisadas.

—Sin embargo, a pesar de que yo ya no quería formar parte de este círculo de violencia, mi clan me orilló a unirme a ANBU, se adaptaba a sus ambiciones. Fui criado para poner el deber y el honor por encima de todo lo demás. Nunca se me ocurrió cuestionar eso.

»El inicio del fin comenzó unos seis meses después de unirnos a la afiliación, Itachi comenzó a actuar de manera extraña. Los miembros del consejo Uchiha lo notaron y me encomendaron vigilarlo. Los ancianos y Fugaku hablaban de planes revolucionarios. Todos ellos estaban conscientes que si tenían éxito habría más violencia y muerte, y Konoha sería destruida por dentro. Iniciarían otra guerra, tan pronto como terminara la última, y gente inocente que no tenía nada que ver con eso se verían inmersos en la batalla.

Volvió la mirada hacia Sakura.

—Fue entonces que Itachi decidió hablarme sobre su misión, aquella que el Tercer Hokage junto con Danzo y los ancianos le encomendaron—Shisui tragó grueso—.En orden para detener el golpe de Estado, Itachi debía asesinar a todos y cada uno de los integrantes del Clan.

Sakura sostuvo su mirada con la de él. Ahora comprendía la razón por la que ambos jóvenes idealistas intentaban ir en contra del sistema ninja, aquel ciclo viciado que había condenado a millones de personas desde el comienzo de los tiempos.

La kunoichi respiró lenta y profundamente y dijo en voz baja:

—Entiendo, sé que los dos se estaban enfrentando a una decisión difícil. Por supuesto que debían hacer algo para evitarlo. No podían simplemente conocer la misión y no haber hecho nada.

Shisui negó con la cabeza.

—No fue tan simple como eso—respondió—.Hubo otros factores y eventos que condujeron a esa situación—suspiró en silencio—.No fue una decisión que Itachi o yo sentimos que debíamos tomar, Sakura. No fue nuestra decisión en absoluto. Ambos estábamos en contra. Sí, nos consideraban traidores, pero ¿no los habíamos traicionado también?, creía firmemente en que debíamos detenerlos, pero no en que debían morir. Había personas dentro del Clan que no estaban de acuerdo o que ni siquiera sabían de los planes. Pero no importaba como nos sintiéramos al respecto, éramos soldados. Una herramienta. Peones.

»Fue idea de Danzo erradicar la amenaza por completo. Él creía que si solo se castigaban a los conspiradores, los que quedaban ocuparían su lugar.

Hizo una pausa, dejando a Sakura en suspenso mientras su expresión se oscurecía.

—El momento definitivo fue cuando Itachi eligió el honor por encima de la vergüenza y el amor por el odio.—Tragó grueso, las manos temblándole casi imperceptibles—.Aquella noche, Danzo me citó para discutir los por menores de una misión. Evidentemente aquello era una trampa. Sus intenciones eran despojarme de ambos ojos. Naturalmente, en el ardor del combate acabe asesinándolo. Eso fue la señal para iniciar el golpe de Estado. Me había involucrado y era demasiado tarde para echarme atrás.

Sus siguientes palabras fueron tranquilas y cansadas, casi dolorosas, sus ojos oscuros fijos sin ver el fuego.

—Si no hubiera sido criado y entrenado para ser tan infaliblemente leal y obediente, podría haber tomado a Itachi y huido. Él habría dejado el asesinato para otra persona y perdonado nuestras vidas en más de un sentido. Pero no fue así. Si hubiese pensado de esa forma me habría parecido cobarde y deshonroso. Al final cumplimos con nuestro deber, como siempre lo habíamos hecho.

Los párpados de Sakura se cerraron en comprensión. Sus pestañas se batieron ligeramente cuando aquel par de orbes esmeralda que tenía por ojos se dirigieron una vez más hacia el suelo.

—Cuando nos dimos cuenta de nuestro error, ya era demasiado tarde. Ahora luchábamos contra aquellas personas que fueron nuestros compañeros. Muchos de los partidarios del Tercer Hokage consiguieron huir y formar lo que llamamos "La Insurgencia". Kakashi era muy joven para tomar el mando, así que Jiraiya fue el encargado de liderar al grupo en los momentos más decisivos. Por otro lado, Fugaku se encargó de construir un gobierno desde cero—Shisui hizo una pausa, cerro los ojos y trago grueso—.Las ideas de los campos de trabajo forzado y la Unidad 121 llegaron años después como una medida para mantener a la población controlada.

»En muchas ocasiones hablamos sobre cambiar el rumbo de las cosas. Era un intento desesperado para eximirnos de toda culpa o al menos, procurar enmendar todo el daño que causamos para que el hecho de vivir no fuese un tormento. Sin embargo, éramos los dos solos contra el mundo. Itachi se convertiría en la siguiente cabeza del clan y yo pasaría a formar parte del Consejo cuando eso sucediera. Actuábamos con cautela. Los primeros años nos enfocamos en recabar información, detalles de inteligencia, atisbos de conversaciones con los Comandantes. No obstante, éramos conscientes de que debíamos actuar, dar el golpe definitivo de una vez por todas.

—¿Fue cuando comenzaste a trabajar en conjunto con nosotros?—preguntó, aunque la respuesta era obvia.

Shisui finalmente la miró en silencio.

—Hace tres años, durante una de las tantas expediciones militares, me encontraba en el cuartel general del Bosque Jofuko, de un ánimo bastante abatido. Parecía que la guerra pudiera prologarse durante un año o más tiempo. Mis hombres permanecían sentados en sus posiciones un día tras otro, alimentándose con comida en descomposición, contrayendo disentería y matando con desgana las ratas que merodeaban por los cuerpos amontonados en tierra de nadie de los soldados muertos. En algún momento, me pareció tener muy clara la razón por la que debíamos luchar, aunque ya no podía recordar el porqué. Me tomo por sorpresa que el Comandante de la Insurgencia quisiera hablar conmigo. Nuestro General había muerto en combate así que yo acudí como representante de los Uchiha. Shikaku Nara me recibió con un fuerte apretón de manos, me invitó a tomar asiento cerca de una mesa donde había un tablero de shōji y hablamos durante horas sobre otros temas que no implicaban la guerra. Al atardecer, ambos teníamos claro lo que debíamos hacer. Cuando me dispuse a marcharme, me quedé de pie cerca de la entrada durante un minuto o dos y, decidido, opté por proponer una alianza secreta. Evidentemente lo tomo por sorpresa, pero después de meditarlo llegó a la conclusión de que ambos podíamos sacar ventaja de esa relación. Fue así que comencé a colaborar con la Insurgencia. Itachi se rehusó en un comienzo, pero al ver que la guerra no nos estaba llevando a nada lo aceptó.

»Tras la muerte de Shikaku, imaginamos que nuestros planes se irían al carajo, sin embargo, su hijo estaba dispuesto a continuar con la alianza. Sabíamos que les habíamos otorgado cierta ventaja sobre nosotros, pero eso no era suficiente. La Insurgencia luchaba para desarmarnos y nosotros para matarlos. Con la enfermedad de Itachi y estos contratiempos, decidimos dejar el tema por la paz y darnos por vencidos, aceptar nuestro fatídico destino. Lo mejor que podría ocurrirnos era morir en combate, pero eso tampoco sucedía. Estábamos corriendo en círculos. No había mucho por hacer, hasta que apareciste en la imagen.

Un sonrojo apareció en las mejillas de Sakura al notar la intensidad en la mirada de Shisui; ahí estaba ese brillo primitivo, el mismo que había detectado minutos atrás.

—Cuando Itachi planteó la idea pensé que estaba delirando. Estaba consciente que era un hombre lucido, mas no soñador. Sabía lo que esto implicaba, pero en medio de la fantasía había pinceladas de verdad—Shisui se detuvo por un instante—.Por una parte, si te atrapaban, no se atreverían a asesinarte. A Fugaku le interesan tus habilidades, ese perfecto control de Chakra que ningún Uchiha ha logrado conseguir, para Itachi eres una oportunidad de redención y para Sasuke…bueno, no hay necesidad de decirlo ¿cierto?

El corazón de la kunoichi dio un vuelco al vislumbrar la tristeza danzando en la sonrisa amable y retraída de Shisui.

La manera en la que habló de todo, como si estuviera grabada a fuego en su memoria…La situación era tan trágica que no sabía qué decir. De lo único que tenía certeza era que, al igual que Itachi, él sufría infinitamente por eso, y le dolía porque se preocupaba mucho por él.

De manera autómata, se levantó del suelo y tomó asiento a lado de él. Tímidamente, tomó su mano. Sus dedos permanecieron laxos bajo los de ella y su expresión la confundió; parecía preocupado, desconcertado, incluso un poco perdido.

—No respondiste mi pregunta—murmuró.

Shisui parpadeó ante el suave sonido de su voz y sacudió la cabeza levemente.

—Quizás estoy haciendo todo esto porque soy un estúpido con impulsos suicidas.—Contestó. Estaba sorprendido de sí mismo y de lo aliviado que se sentía al compartir sus cargas con otra alma. Una vez que había comenzado, no pudo parar. Ahora ella lo sabía todo…y extrañamente, no se arrepentía de habérselo dicho—.Por primera vez en mi vida quiero actuar de forma correcta.

Sakura sonrió trémulamente y apoyó la cabeza en su hombro.

—Gracias por confiar en mí, Shisui—susurró.

Ella entrelazó sus dedos con los del comandante y esta vez él le devolvió el gesto.

—Soy yo quien debería decir eso, Sakura.

Los dos se echaron a reír.


Tres años atrás

Kirigakure

Sobre las serenas aguas azules se difundía el toque lento y rítmico del motor y el chapoteo suave de las turbinas. La enorme coca gemía siguiendo su estela, arrastrada por gruesos cabos muy tensos. Las velas del barco colgaban inermes, como abandonas en los mástiles. De todos modos, mientras estaban de pie en la proa contemplando la silueta del bosque frente a ellos, Naruto no podía sentirse más infeliz que nunca.

El día en que la nave levo anclas, cualquiera habría dicho que ponían proa al infierno y no al País del Fuego. Sus valientes y jóvenes compañeros de equipo miraban la línea de la costa, cada vez más lejana, con los ojos muy abiertos, decididos a no mostrar miedo en presencia de su capitán.

La misión encomendada era la más complicada de todas. Durante semanas, el tema de interés dentro de la base era el rescate de Ino. Según los informes, la heredera del clan Yamanaka se localizaba en uno de los campos de trabajo forzado de los Uchiha cerca de la costa. Infiltrarse suponía actuar con cautela y rapidez. Al ser el capitán, Naruto se había encargado de formar un equipo que cumpliera con todos los requerimientos. Su objetivo consistía en regresar con vida, aun si eso significaba ir a la boca del lobo.

Mientras tomaba sorbos de sochu, pensó en la desesperación creciente que debían de sentir los miembros de su equipo cada vez que se acercaban a la costa. La misión daría inicio al amanecer, tan pronto como sus pies tocaran tierra, los valientes miembros de la Insurgencia se lanzarían a una labor suicida. Había escuchado a una de las chicas romper en llanto en su camino hacia la borda, mas no se detuvo a brindarle consuelo. Al igual que los demás estaba agotado.

—Hey…

Dirigió una mirada al sitio donde había surgido la voz. Al cabo de un par de segundos, Sakura se presentó ante él con su sobrio uniforme oscuro. La expresión en su rostro -a pesar de la tranquilidad que aparentaba- era mortalmente seria: tenía los labios contraídos en una fina línea y la mirada esmeralda, advirtió Naruto con turbación, apagada. Tampoco había sorpresa en su faz. Fue difícil encontrar en los gestos de su amiga más que la extenuación que había identificado en su tono de voz hace un momento.

—Hey—dijo a manera de saludo; su voz era tan baja como se lo permitía el ardiente furor que empezaba a inflamarse en su pecho.

—¿Qué estas bebiendo?—quiso saber.

—Sochu—contestó, elevando la botella de cristal un poco para mostrársela.

Sakura frunció el ceño, confundida.

—¿De dónde salió?

—De la delegación comercial de Kumogakure que vino la semana pasada—dijo—. Me avergüenza decir lo que tuve que darles a cambio, pero no está nada mal.

La kunoichi, de pie, se apoyó contra el barandal de metal. A su alrededor flotaba el olor penetrante y salado del aire y la inmensidad del horizonte al infinito, limitado solo por la bóveda de cielo azul plagado de estrellas que lo cubría.

A Naruto le gustaba eso; amaba la sensación de sentirse diminuto, pero también libre.

Tomó otro trago de licor para mitigar el nerviosismo. Su relación con Sakura se había fracturado desde la captura de Tsunade. Tras aquella discusión, la ninja médico lo evitaba a toda costa, como si tuviese la plaga y él procuraba no invadir su espacio personal. Sabía que Sakura necesitaba tiempo, pero nunca imaginó que continuar así durante dos largos años, actuando como dos completos desconocidos.

—Tenía a Neji bajo control—reprochó; su voz sonó por encima de los murmullos del mar.

Naruto cerró los ojos a la par que dejaba escapar un suspiro.

—Sí, lo sé—admitió con desgana.

—Y tienes que dejar de molestar a Kakashi-sensei con todo el asunto de las misiones—acotó.

—Está bien, lo haré.

Las esperanzas de solucionar sus problemas fueron lanzadas a la borda tan rápido como ella sacó a coalición ambos temas.

La noche anterior se había visto enfrascada en una acalorada discusión con Neji. En un intento por evitar que el conflicto escalara a niveles inimaginables, acabó asestándole un puñetazo al actual líder del clan Hyūga directamente en la cara. Naturalmente, aquello molestó a su amiga y, con una serie de improperios se aseguró de dejarle en claro que no necesitaba su protección.

Lo mismo sucedió con todo el asunto de las misiones. Desde la desaparición de Tsunade, Kakashi dejo de asignarle trabajos fuera de la base. Naruto estaba de acuerdo con ello y creía que de una u otra forma, sus palabras habían influido en el cambio de opinión del General para confinar a la mejor ninja médico del mundo a la seguridad de las paredes del cuartel.

—Eres un idiota—dijo Sakura entre dientes con toda la sinceridad que le era posible expresar con esas tres sencillas palabras.

Sabía a lo que se refería con eso.

—Sakura, no estoy intentando…

—Debí ser capturada en lugar de Tsunade-sama—dio un paso en su dirección, proyectando la mitad de su cuerpo hacia él en una postura ofensiva—.Mi vida habría importado—pese a la oscuridad, Naruto fue capaz de vislumbrar como sus ojos se nublaban a causa de las lágrimas—.Pero tú te encargaste de arrebatarme eso.

Naruto empezó a pensar. Si, como decía Sakura, ella hubiese sido capturada…

Volvió a su mente el momento en el que se dio cuenta que su líder no volvería. Por eso el escuadrón había huido, porque habían llegado al acuerdo de marcharse en caso de que alguno fuese apresado.

De manera automática, su cuerpo giró en dirección al de ella, contemplándola directamente de frente. Tomó una enorme bocanada de aire y con determinación, respondió:

—Si de alguna manera tuviera otra oportunidad, lo haría todo de nuevo—dijo sin un ápice de arrepentimiento alguno.

Notó como sus delgados brazos se envolvían a sí misma mientras el viento azotaba las hebras de cabello rosa que acariciaban sus hombros. Naruto permaneció inerte con los pies clavados en el piso de metal. Sentía como un peso desgarrador tiraba de él desde la garganta hasta los pies.

De una forma inexplicable, reconoció la manera en que el desconsuelo se apoderaba de ella, la forma en que aquel horrible episodio que había marcado sus vidas salía de la tumba para recordarles todo lo que habían hecho mal y avivar la culpa.

—Sí, solo que…no creo que pueda llegar a perdonarte—su voz temblaba—,pero quisiera intentarlo.

Naruto sacudió la cabeza. Ahora se sentía como un idiota por haber creído que estaba condenado.

—Está bien—accedió; estaba realizando un esfuerzo sobrehumano para no romper en llanto frente a ella.

—Bien—masculló. Nerviosa, llevó un mechón de cabello detrás de su oreja; la mirada esmeralda viajó de su rostro hacia el suelo haciéndola parecer una niña pequeña que no sabía muy bien qué hacer o decir después de verse inmersa en una situación embarazosa—.En ese caso, nos vemos— se despidió.

—Sí…—murmuró.

Cuando estuvo lejos de la vista, se limpió las lágrimas con el antebrazo y sonrió.

Jamás habría imaginado que tras ese recoveco de esperanza, Sakura sería capturada por el enemigo horas después.

Al igual que en aquella ocasión, soplaba una suave brisa. Se podía oler el mar. Una franja oscura y negra se extendía hasta el horizonte: pequeños puntitos de luz parpadeaban al fondo del océano. Se trataban de otras islas, grandes y pequeñas, todas dispersas alrededor de la base.

Tras escuchar los pasos a su espalda, en un gesto casi reflejo, Naruto volteó un poco el cuello y clavó la mirada cerúlea en Ino, sin estar mirándola realmente; sus ojos azules, perdidos en algún lugar del tiempo y el espacio.

Ino lo contempló con un gesto tímido y luego sonrió. En silencio se situó a su lado. El mar centelleaba por los reflejos de la luna. Si estuvieran de excursión, aquel sería un lugar maravilloso.

Pero no estaban de vacaciones. Cada barco que pasaba rodeando la isla a una enorme distancia, parecía diminuto, como un punto en la lejanía, y el más cercano era un carguero de la propia base.

—¿En qué estás pensando?—preguntó en voz baja.

Naruto inspiró profundamente. Y luego asintió.

—En la última vez que hable con Sakura—un poco después, Naruto levantó la mirada de nuevo hacia Ino—.Ese encuentro me persigue. Se repite una y otra vez en mi mente, no puedo evitarlo.

—¿Discutieron?

—Sí, bueno, no fue una discusión—Naruto se detuvo un instante y luego negó con la cabeza—.Las cosas entre nosotros no estaban bien desde la captura de Tsunade-Bāchan. Ella estaba furiosa.

Ino apretó los labios y se encogió de hombros sin decir una palabra.

—Tal vez pienso tanto en ese momento porque me siento culpable, arrepentido.

—Eso es…—Ino lo pensó y luego volvió a quedarse callada un momento—.No podemos evitarlo. Todos hemos perdido seres queridos. Estamos en una guerra, la vida puede dar un giro de ciento ochenta grados y nosotros no lo sabríamos.

Como si él estuviera pensando en el mismo sentido, aquellas ideas condujeron a lo inevitable, hundió la mirada y dijo calladamente:

—Ella mencionó que nunca podría perdonarme, pero haría el intento.

Levantó la mirada y vio el grisáceo cielo azul, con un turbio fulgor, a la luz de la luna. Así que eso era lo que significaba estar en un callejón sin salida.

—Quizás ella ya lo hizo—dijo Ino sin despegar sus ojos azules del reflejo de los de Naruto.

Él la observó con detenimiento, advirtiendo que la temperatura comenzaba a descender por el vaho que producía su respiración. Suspiró, lentamente, deleitándose con la idea de volver a reencontrarse con su amiga. Solo después de haber escuchado esa suposición, dijo:

—No estoy muy seguro de eso—se encogió de hombros—.La abandoné. Pude haber regresado, mis heridas no eran graves, pero la deje atrás—empezó a balbucear.

A lo largo de esos tres tormentosos años, Naruto nunca tuvo la oportunidad de experimentar el proceso de duelo como era debido. Jamás había hablado de sus sentimientos con otra persona que no fuese Sakura y, una vez que la arrebataron de su lado, se convirtió en una especie de tumba que guardaba secretos, penas y arrepentimientos.

Ino miró a la cara a Naruto durante un buen rato y luego, con cuidado, abrió los brazos y lo arropó, tomándolo por los hombros, atrayéndolo hacia su cuerpo en un intento por brindarle consuelo. Él sintió su calor, y su nariz, que estaba colmada por el olor salado del mar, notó un ligero perfume algo que podía ser colonia o champú.

Naruto estaba sorprendido, pero agradecía la cálida compasión y aquel perfume, y permaneció de pie, quieto.

—Aunque tuvieses la oportunidad de regresar el tiempo, las cosas no habrían cambiado—masculló Ino contra su oído—.Nada de esto fue tu culpa, Naruto.

Los temblores poco a poco disminuyeron y desaparecieron.

Cuando ella comenzó a apartarse, Naruto contuvo el impulso de rodear su estrecha cintura y retenerla unos cuantos segundos más, prolongar el contacto tanto como le fuera posible.

Sin embargo, ella se alejó lentamente. Ino esbozó una ligera sonrisa y él hizo todo lo posible para devolvérsela. Estaban en una situación espantosa, pero se sintió un tanto aliviado de expresar todo lo que lo aquejaba con otra persona.

Abrió los labios para decir algo, sin embargo, sus intenciones fueron interrumpidas al percatarse del sonido de una tercera persona, dejándolo petrificado bajo la luz de la luna cuando vio a un hombre clamando la atención de ambos.

—¡Naruto-san!—Dijo casi sin aliento. Los dos dirigieron la mirada hacia el recién llegado, expectantes—.Hatake-sama solicita su presencia en la Sala de Inteligencia—anunció.

El aludido frunció el ceño en automático.

—¿Sucede algo malo?—preguntó con cautela.

El joven tragó grueso, procurando modular su respiración agitada.

—Es sobre Haruno Sakura—contestó.

Una vez más, Naruto e Ino intercambiaron miradas. Acabaron vislumbrando al shinobi sin decir una palabra.

Rápidamente regresaron al interior de la base y dirigieron su apresurado andar hasta dicha sala. Les tomó unos cuantos minutos desplazarle por el laberinto de pasillos. Al llegar a su destino, Naruto fue el primero en penetrar en la habitación.

Cuatro monitores de plasma dispuestos como formando una pantalla japonesa se elevaban sobre los soportes de acero más allá de la mesa central. Las paredes estaban desnudas y eran de color gris, alisadas con paneles de espuma muy juntos que absorbían el sonido.

Kakashi estaba sentado en la cabecera de la gran mesa de madera pulida. A su alrededor se encontraban Shikamaru, su consejero y mano derecha, Maito Gai, Ibiki, el líder de la división de inteligencia y varias personas que Naruto no conseguía identificar.

—Naruto, Ino, por favor, cierren la puerta—pidió el genera con su habitual tranquilidad.

Ambos se acercaron hasta la mesa con paso seguro, pero la mirada inquieta. Naruto se plantó a la derecha de Ino, sin poder contener la necesidad de escrutar el rostro de los ahí presentes para intentar adivinar la situación. Primero reparó en Shikamaru que aguardaba pacientemente sentado a lado de Kakashi; tenía el semblante cansado y las ojeras delataban la falta de descanso a la que estaba sometido los últimos días.

—¿Sucedió algo malo con Sakura?—preguntó temeroso de la respuesta sin poder contenerse un minuto más.

—No, pero si no actuamos rápido, probablemente pase—habló Kakashi. Su voz era monótona, como si estuviera hablando un robot en lugar de un ser humano.

El General y su consejero intercambiaron una mirada como si trataran de decidir quién de los dos continuaría explicando la situación. Cualquiera que fuese a convertirse en el portavoz, lo que se avecinaba no auguraba nada bueno.

Con un suspiro cansado, Shikamaru decidió afrontar el desafío.

—Nuestro informante de la Resistencia estableció contacto con nosotros hace algunos minutos—anunció, cerrando los ojos con pesar—.Aparentemente Sakura consiguió escapar. El convoy en el que era transportada fue interceptado por otro miembro. Desde entonces se desconoce el paradero de ambos.

Naruto sintió como el aire se le escapaba de los pulmones a medida que el pánico se instalaba en todo su cuerpo.

—¿Cuándo sucedió?—preguntó Ino controlando el tono de voz ennegrecida por la sorpresa e impotencia.

—Hace dos semanas, aproximadamente.

—Dos semanas—secundó Naruto aun sin creer todo lo que estaba escuchando.

—¿Conocen la identidad de la persona que la está ayudando?—indagó la Yamanaka.

Una vez más, el silencio volvió a hacerse presente en cada rincón de la sala.

Naruto apretó los dientes para contener el miedo y agachó la cabeza. Su corazón latía con violencia.

El General se limitó a cerrar los ojos, y fue Shikamaru el que volvió a intervenir.

—Creemos que Uchiha Shisui está con ella.

El nombre de uno de los hombres más peligrosos e importantes del Clan Uchiha rasgó el aire, como si se tratara de una katana atravesando el viento a toda velocidad.

Naruto palideció.

—Uchiha Shisui…—Murmuró—.¿Por qué habría de hacerlo?

Hasta ese momento su mente no le permitía enumerar las razones suficientes para que el Comandante decidera traicionar a su propio clan y luchar a lado de ellos. Debía existir un ventajoso y tentativo trato de por medio para persuadirlo.

—Shisui ha trabajado con nosotros desde hace tres años. Mi padre fue el encargado de llegar a un acuerdo con él. Tenemos la esperanza de que su contribución sea lo suficientemente buena para realizar un ataque directo y letal en contra del Régimen.

Naruto se quedó en silencio, pero finalmente meneó la cabeza en un gesto negativo.

—¿Tienen idea hacia donde se dirigen?—su voz sonó sibilante, temblorosa.

El movimiento que generó Kakashi al removerse en su asiento compuso un sonido chirriante, advirtiéndoles a todos en la habitación que debían enfocarse en sus siguientes palabras.

—Trazamos un perímetro—respondió, dirigiendo la mirada oscura hacia el mapa que yacía sobre la mesa; en el papel se vislumbraban algunas rayas, tachones en color rojo y equis para indicar el territorio del enemigo—.Probablemente estén ocultos en un punto intermedio entre las montañas y el mar. Cualquiera que sea el caso, necesitaran la autorización de la Mizukage para cruzar.

Naruto cerró los ojos y tragó grueso.

—Teníamos la esperanza que consiguieran arribar con el grupo de rescate instalado en la Tierra de Nadie—musitó Shikamaru—.No obstante, desde hace dos días perdimos la comunicación con ellos.

—Mierda—maldijo Naruto pasando de una sensación de alivio a una de incertidumbre.

Ino frunció el ceño.

—¿Han enviado a otro grupo?—quiso saber.

—Enviamos a un escuadrón en cuanto tuvimos noticias. Si tenemos suerte, conseguirán alcanzarlos antes que los Uchiha. De lo contrario, nuestros esfuerzos y el de nuestros aliados habría sido en vano.

Naruto notó el rastro cálido y húmedo de las lagrimas descender por sus mejillas. Como un desquiciado, comenzó a reír aun envuelto en llanto, atrayendo las miradas confundidas de los presentes en la sala.

—¿Naruto?—lo llamó Ino, preocupada.

—Consiguió escapar—murmuró—.Por fin lo consiguió—repitió.

—Aún es muy pronto para cantar victoria—le recordó Kakashi con voz adusta.

—No pierda la fe, Kakashi-sensei. Si Sakura ha sobrevivido todos estos años es por una razón.


República del Fuego

Sasuke se veía cansado cuando cruzó el umbral de la puerta principal, ataviado en su impecable traje de Comandante. Se despojó de las botas y caminó hasta situarse en el medio de la habitación.

Masajeó su cuello agarrotado y cerró los ojos en un intento desesperado por disipar el incipiente dolor de cabeza instalado en su frente. Aquel era el primer día en el que regresaba a casa antes de la madrugada. Todo el asunto del escape de Shisui y Sakura lo obligaba a permanecer en el Departamento de Inteligencia más tiempo del esperado. Pasaba días y noches enteras tratando de seguirles el paso sin éxito alguno. Había procurado sabotear las tentativas de rescate en más de una ocasión, sin embargo, sus subordinados comenzaban a tener sospechas y lo último que necesitaba era que su padre y los demás comandantes lo consideraran un traidor.

Había imaginado de otro modo su regreso después del caos. Debía ser él quien había cambiado. Entre el pasado y el presente se abría un abismo.

El reloj del pasillo marcaba las nueve. Apretó las manos contra los costados de su cuerpo, tomo aliento y caminó por la galería en dirección al despacho privado de su padre.

Ese era el principal motivo por el cual se había deslindado de sus obligaciones antes de tiempo. Al parecer, su padre tenía un asunto muy importante que discutir, lo suficientemente complicado para abordarlo en la comodidad de su oficina principal. Cuando solicitó saber los motivos de la reunión, aquella impertinente sabandija respondió que no los sabía y, sin más, se despidió de él con un leve movimiento de cabeza, dejándolo con la mente plagada de dudas y ansioso por replicas.

La luz se filtraba tenuemente por debajo de la puerta. Fugaku estaba sentado al pie de la ventana, escribiendo a la luz de una lámpara. Al oír el sonido del picaporte levantó la vista.

—Sasuke.—Dejó el bolígrafo a un lado con gesto sereno.

—Tu asistente mencionó que querías verme—dijo, yendo directamente al grano.

La pesada puerta se cerró a sus espaldas, y Sasuke se quedó a solas con su padre. El frío se hacía sentir en la habitación, a pesar de que las ventanas estaban cerradas por la noche.

—Será mejor que te sientes—dijo el General, haciendo caso omiso de la sagacidad de su hijo—.¿Quieres beber algo?

Sasuke negó. Tomó asiento en la única silla disponible del despacho, irguiendo la espalda tanto como le era posible, a pesar del cansancio que plagaba sus fibras musculares.

Con la bebida en mano, Fugaku sacó un puro de la caja de madera que yacía sobre el escritorio. Lo llevó hasta sus labios y encendió la punta a la par que daba una, dos, tres caladas, expulsando el humo en un sonoro y prolongado suspiro.

Su padre era un hombre rutinario, amante del orden y la monotonía. Dejo de fumar unos meses antes de que él naciera, o al menos eso decían su madre e Itachi. Sin embargo, Sasuke recordaba haberlo visto fumar en más de una ocasión, cuando era niño, en especial cuando visitaba la estación de policía.

—¿Hay alguna novedad con la misión de rastreo?—preguntó su padre con el rostro impasible.

—No hemos hecho un gran avance—contestó—.Si Shisui está detrás de todo esto, difícilmente podremos hacer algo al respecto.

Fugaku chasqueo la lengua. Parecía molesto, no complacido, como si supiera que lo estaba engañando.

—Shisui fue tu mentor, debiste aprender algunos trucos de él—dio un largo trago a su vaso y después otra calada al puro.

Fugaku exhaló el humo de su cigarro.

—Claramente él no pudo haber planeado todo eso por su cuenta—dijo su padre—.Recibió ayuda.

—Padre, te puedo asegurar que estamos haciendo todo lo posible por identificar a los miembros de la Resistencia—escupió la respuesta, desafiante.

Fugaku soltó una carcajada gutural, grotesca.

—No lo entiendes, Sasuke—espetó en tono condescendiente—.El cómplice de Shisui siempre estuvo frente a nosotros y no fuimos capaces de verlo, o tal vez me rehusé a hacerlo.

Las palabras quedaron colgando entre ambos, enormes, hirientes, emponzoñadas…

«Sabía la respuesta antes de pedirlo—pensó Sasuke—.Itachi…Debí haberlo sabido. Debí haberlo sabido desde siempre».

—¿A qué te refieres?—Se obligó a preguntar, aunque sabía que se arrepentiría.

—¿Aún me lo preguntas? Pensé que eras más astuto, hijo mío—declaró con una voz llana, fría y apagada—.Tu hermano llevaba varios años colaborando con la Insurgencia. Creí que en algún momento lo confesaría—suspiró—.Estaba equivocado.

Lo único que podía sentir Sasuke en ese momento era miedo. El auténtico terror que paraliza y hace encoger a las personas. La clase de terror que sobreviene al aceptar lo inevitable.

—¿Qué harás al respecto?—Por fin se hizo la luz; Sasuke comprendió en aquel momento de dónde había salido toda aquella bilis. Apretó los dientes—.¿Vas a interrogarlo?

Por primera vez, Sasuke contempló a su padre vacilar.

—No lo sé, creo que no estoy siendo objetivo. Mi corazón me dice que como padre, debo perdonarlo. Supongo que tiene un buen motivo para traicionar a su gente—dijo Fugaku—.Pero mi mente…, mi mente me dice que debo llevarlo al bosque, interrogarlo y matarlo con mis propias manos—confesó sin remordimiento alguno—.¿Cómo justificas eso, Sasuke? Todos estos años me ha mentido, tu hermano le vendió información al enemigo y ahora estamos pagando las consecuencias. ¿Qué harías tú en mi lugar?

Ahora fue el turno del aludido para vacilar. Sentía un inmenso amor por su hermano mayor. Tanta era la devoción que le profesaba que en ocasiones se limitaba a ponerlo en alerta. Sabía que el extraño proceder de Itachi llamaría la atención de los miembros del consejo y, más pronto que tarde, acabarían tildándolo de traidor.

—Tu serás el encargado de interrogarlo—la voz de Fugaku era más fría que el hielo—.Ahora mismo deben estarlo trasladando a una de las celdas de máxima seguridad.

Sasuke cerró los ojos un instante, mientras una oleada de mareo lo sacudía. Sentía que el ritmo de su corazón se aceleraba y que marcaba un fuerte compás contra sus costillas.

—¿Por qué yo?—Fue lo primero que se le ocurrió preguntar. Sintió la garganta cerrada y en carne viva.

—Por la simple y sencilla razón de que eres su hermano menor.—Los ojos de Fugaku eran de un gris oscuro, tan luminosos como implacables—.Eres lo que más quiere en este mundo, nunca se atrevería a ir contra ti.

Hasta ese momento, Sasuke sólo registraba los latidos de su corazón y la depresión que caía sobre él y lo envolvía como una enfermedad; sentía que el horror y el asco de sí mismo lo arrastraban hacia abajo. Pensó: si la culpa es esto, yo no lo soporto. No voy a hacerlo.

—¿Qué pasara con Sakura y Shisui una vez que sean capturados?—quiso saber. No soportaría la idea de interrogarlos también a ellos.

—Lo que sucede con los traidores, Sasuke. Ambos serán ejecutados.


Los guardias no movieron ni un músculo cuando Sasuke llegó, pero sus ojos lo examinaron de pies a cabeza. Ambos custodiaban la pesada puerta de metal; sus rostros estaban tallados en piedra y, por la postura en la que se encontraban, el Uchiha dedujo que debían haber permanecido en esa posición desde que iniciaron su turno, y eso se resumía a seis horas de no mover un hueso.

Luego de lo que pareció una eternidad, la puerta de hierro se abrió, dejando escapar un aire gélido desde el interior de la habitación.

Los seguros se activaron automáticamente una vez que estuvo dentro de la celda. Del techo colgaba una lampara que emitía una luz opaca y solo se vislumbra en el centro de la habitación, un catre de hierro donde yacía el cuerpo de su hermano, sentado en el borde.

Desde ese punto observó a Itachi; tenía las manos atadas en la espalda y uno de los pies encadenado a la pata de la cama; aquellos dispositivos estaban creados para cortar el flujo de chakra sin necesidad de dañar los canales. Del mismo modo le habían colocado una especie de visor que bloqueaba sus poderes oculares. Después de todo, Itachi era considerado un criminal de alta peligrosidad. Actuar a la ligera alrededor de él sería un acto ingenuo.

Su hermano soltó una especie de sonido forzado por la nariz, una risotada seca y carente de alegría.

—Jamás pensé que papá decidiría enviarte—espetó.

Aun con todas esas limitaciones, Itachi era capaz de reconocerlo por su forma de andar. Se lo había dicho alguna vez en un entrenamiento, cuando, en medio de la distracción, salió de los arbustos para atacarlo. Como era de esperarse, Itachi repelió el ataque fácilmente. Absorto en una mezcla de confusión y furia, Sasuke le preguntó como consiguió repeler la estocada, él, con una encantadora sonrisa le dijo: Por la manera en que caminas, Sasuke. Tus pasos pueden escucharse a dos kilómetros a la redonda.

—Tampoco yo—admitió con desgana. Tomó la silla de la esquina y la ubicó frente a Itachi a una distancia prudencial—.Obito solicitó tu traslado a la cede de los Shisen, si estás vivo es gracias a mí.

—Solo los titiriteros y los monos necesitan aplausos, Sasuke—dijo Itachi—.Tu hiciste lo que te ordenaron, y estoy seguro que pusiste en ello todo tu talento.

Aquel comentario hizo arder sus mejillas.

—¿Consideras que te ira mejor con Obito?—preguntó, haciendo caso omiso a la ironía.

En lugar de molestarse, o de contraatacar ferozmente, se desinfló. El aspecto que adquirido era más corriente en los ancianos que en los niños; todos sus músculos se aflojaron. Su apatía era tan absoluta que parecía un hoyo en el que podría caerse.

—Por supuesto que no.

Sasuke asintió con desgana.

—En ese caso, confiesa. Dime todo lo que hiciste antes de que sea demasiado tarde.

Alrededor de los dos, el aire comenzó a desvanecerse lentamente. Itachi no respondió de inmediato, en su lugar guardó silencio durante un segundo o dos, meditando sus palabras.

—Si te lo digo, ¿Qué sigue?—preguntó.

—Puedo protegerte, a ti o a la gente con la cual has estado reuniéndote, pero solo hasta cierto punto.

—No pensé que necesitaría protección—se rió.

—Te ayudare, Itachi.

—Mientras intentas mitigar el daño de mi traición.

—Sí—respondió Sasuke, frustrado—.Eres mi hermano, no voy a permitir que algo malo te pase.

Aquello era cierto. Sasuke estaba decidido a obtener una confesión que salvara a su Itachi de una ejecución certera. Los miembros del Alto Consejo no dejarían pasar por alto esa traición ni si quiera si se trataba del primogénito de Fugaku Uchiha.

—Estoy preparado para morir, Sasuke—siseó Itachi de repente—.Prefiero eso que seguir dedicando mi vida a este Estado.

—¿Por qué lo hiciste? ¿Me quieres decir por qué es que te interesaba ayudar a la Insurgencia?

Pensó que era una pregunta que sólo él podía hacer o animarse a formular. Itachi hizo una pausa antes de contestar. Sasuke pensó que seguramente no tenía por qué dudar. Era un cuestionamiento que él debía haberse hecho muchas veces. Luego soltó un suspiro y dijo:

—Nuestras manos están manchadas de sangre.

—Sí, hemos derramado sangre…—comenzó a decir Sasuke con voz temblorosa—, hemos derramado sangre y lo haría de nuevo para proteger a nuestra familia—insistió.

Itachi dejó escapar otra carcajada.

—¿Crees que eso es lo que has hecho?—preguntó—.Puedes vivir en tu propio mundo, Sasuke. Tu eres capaz de soportarlo, pero yo no.

Un escalofrío le recorrió la espalda. Jamás había visto a Itachi tan resuelto.

Se colocó de pie otra vez, y sin más, retiró gentilmente el visor de su cabeza. El cabello ébano cayó por su frente y sus parpados se abrieron y cerraron en varias ocasiones mientras intentaba acostumbrarse a la pobre iluminación de la habitación.

—Aun así debes cooperar—dijo en tono adusto—.¿Hacia dónde se dirigen Shisui y Sakura?—quiso saber.

Advirtió un cambio en su porte antes de que dijera ni una palabra más. Aquella condescendencia suya se había disipado, y finalmente pudo ver cuan fatigoso debía resultar para Itachi generar durante el día entero el desencanto general de aquel para quien no hay en el mundo una jodida cosa que le importe.

—¿Sabes lo que le harán a ambos cuando consigas capturarlos?—cuestionó con voz apagada.

Ahora fue el turno de Sasuke para guardar silencio durante un minuto. Aprovechando el lapso de mutismo, Itachi agregó:

—A Shisui le arrancaran los ojos y, si tiene suerte, morirá y lo colgaran del muro—comenzó, y se humedeció los labios—.En cuanto a Sakura… Oh, ella sufrirá un destino peor.

Sasuke cerró los ojos con fuerza. Las palabras de Obito acudieron a su mente en el momento menos oportuno: «Más te vale encontrarlos a ambos. Sin omisiones, sin errores».

Sacudió la cabeza para desbancar la molesta voz de su superior y enfocarse en la tarea que le habían delegado.

—¿Hacia dónde se dirigen?—repitió.

Los dos hermanos se contemplaron mutuamente, desafiantes. Itachi no iba a delatar a Shisui, o eso era lo que Sasuke creía.

—Itachi, por favor…—suplicó.

Ahora comprendía por qué su padre lo había enviado a realizar el interrogatorio: en un parpadeó, el semblante sereno de su hermano transmutó, permitiéndole entrever la pena que lo acechaba.

—Van hacia el Oeste—comenzó a decir, abatido—.Se dirigen al punto de control ubicado a doscientos kilómetros de la frontera. Su objetivo es cruzar el puente. Un grupo de rescate de la Insurgencia aguarda por ellos.

Aquello era todo lo que Sasuke necesitaba para salvar la vida de su hermano.

Cuando se puso de pie, dispuesto a marcharse, las palabras musitadas por Itachi lo obligaron a detener el paso bajo el umbral de la puerta.

—¿Estas preparado para vivir con el peso de las consecuencias?

Como el cobarde que era desvió la mirada hacia el suelo y guardó silencio. Deseó con todas sus fuerzas no ser perseguido por la culpa y el remordimiento.


—Sakura, deberíamos comer algo—dijo Shisui, sacó el pan que quedaba en su mochila y le ofreció una barra a la ninja médico.

La aludida levantó la mirada, sin dejar de abrazar sus rodillas.

—Estoy bien, no tengo hambre.

—¿Qué pasa? Deberías…

Mientras ella volvía a hundir la cabeza entre las rodillas, Shisui se percató de la horrible palidez que había invadido su rostro. De repente se dio cuenta de lo callada que había estado.

—Sakura.

Shisui se acercó a ella.

—¡Sakura!

La tocó en el hombro. Tenía entrelazadas las manos y los labios rígidamente cerrados, formando una línea recta que cruzaba su rostro cetrino. Solo entonces Shisui se dio por fin cuenta de que el aire se abría paso a duras penas entre sus labios. Respiraba con mucha dificultad. Cerró los ojos, descruzó sus manos, las colocó en el brazo de Shisui y se derrumbó sobre él.

La temperatura de su cuerpo, que Shisui notó en sus manos y en el hombro a través de la tela del jersey, parecía anormalmente alta, como si estuviera incubando un pájaro bajo la ropa. Le retiró el pelo de la cara y tocó su frente.

Estaba ardiendo. El sudor frio le empapo la mano.

—Tienes fiebre—mascullo aterrado.

—Estoy…estoy bien…—dijo Sakura débilmente.

Shisui se frotó la barbilla y luego tomó la muñeca de su compañera. Parecía estar tomándole el pulso mientras realizaba una cuenta mental.

—Siento hacer esto…—dijo mientras colocaba los dedos de su mano derecha en los labios de Sakura y mantenía su boca abierta. Luego levantó los párpados de la kunoichi y observo detenidamente sus pupilas.

—Shisui…mi pierna—consiguió decir. El simpe hecho de hablar parecía dejarla exhausta.

—¿Qué hay con ella?—preguntó.

Inmediatamente, el Uchiha comprendido que debía echar un vistazo al sitio. Con manos temblorosas, enrolló el pantalón hasta la altura de sus rodillas. El motivo de la búsqueda apareció ante él como una herida purulenta; la carne alrededor era rojiza y emitía un calor preocupante.

—Mierda, Sakura, ¿Qué demonios pasó? ¿Por qué no me dijiste que estabas herida?

La ayudo a tenderse en el suelo, embozada en una de las mantas.

—No lo…estoy—murmuró—.Itachi…el dispositivo…

Shisui comprendió de inmediato a lo que se refería. Sin más, se dirigió hasta el otro extremo de la habitación para lavarse las manos. Sabía que todo lo que estaba a punto de hacer era incorrecto, pero si dejaba a Sakura en esa situación, probablemente moriría a causa de una septicemia.

Al regresar, se arrodilló nuevamente a lado de ella. Alcanzó uno de sus kunais y realizó una pequeña incisión. Sakura dejó escapar un gemido de dolor. La sangre brotó de inmediato. Sin más demora, Shisui consiguió extraer el pequeño objeto de micropuntos incrustado en su piel.

—Para ser dos personas brillantes, creo que ninguno de los dos consideró que esto podría pasar—masculló.

Trabajó tan rápido como su limitado conocimiento médico se lo permitió. Acumuló chakra en las palmas de las manos y las llevó hasta la zona afectada. Con suerte, el ninjutsu medico se encargaría de reparar el tejido dañado y disipar los estragos de la infección. Sin embargo, era incapaz de precisar si las bacterias habían alcanzado el torrente sanguíneo, de ser así, Sakura necesitaría otro tipo de cuidados y tratamiento que no podría brindarle en la seguridad de su escondite.

Cuando se aseguró que de la herida no brotaba más sangre, rebuscó en el botiquín la jeringuilla de emergencia y la dosis de antibióticos que venía con ella.

Rompió el sello del botellín e inyectó el contenido de la jeringuilla en él, llenándolo con el líquido de la ampolla. Después de quitar la jeringuilla, tomó el botellín y lo agitó con fuerza. Luego volvió a clavar la jeringuilla para extraer la mezcla.

Inseguro de aquella situación, sujetó la pantorrilla de Sakura con la palma de la mano; insertó lentamente la aguja, inyectando solo una pequeña cantidad de líquido. Se formó un pequeño carden en aquella zona de la piel.

Transcurrieron quince minutos. Entretanto, Shisui volvió a comprobar su pulso y tomarle la temperatura.

—¿Quieres un poco de agua?—preguntó al cabo de un momento. Ahora solo quedaba esperar que el medicamento surtiera efecto. Mientras tanto, Shisui debía asegurarse que no muriera a causa de la deshidratación.

Sakura apenas pudo asentir con la cabeza. Shisui sacó su cantimplora. La incorporó un poco y ayudó a beber. Le secó el agua que se le había derramado por las comisuras de los labios con el envés de la mano.

—¿Ya?—le preguntó, y Sakura hizo un gesto afirmativo. Luego la volvió a tender.

Ella se quedó dormida casi inmediatamente.

Transcurrieron un par de horas para que ella, con un leve sobresalto, abriera los ojos. Eran ya más de las cinco de la madrugada.

Shisui se levantó de su asiento y le retiró la toalla empapada de la frente. La tocó. Igual que cuando lo había comprobado la última vez, la fiebre casi había desaparecido.

El Uchiha sintió un enorme alivio.

—Shisui.—La voz de Sakura sonaba soñolienta.—¿Qué hora es?

—Las cinco pasadas. Has dormido bien.

—Yo…

Shisui sonrió.

—Se te ha ido la fiebre. Por un momento pensé que seria septicemia. Quizás se trata de un mal refriado. Probablemente por agotamiento.

—Ya—dijo Sakura, asintiendo lentamente como si ella también estuviera bastante aliviada. Luego se volvió hacia él—.Siento haberte causado tantos problemas.

—¿De qué estás hablando?—dijo Shisui con un gesto de incomprensión—. Tú no tienes ninguna culpa en absoluto.—Y luego le preguntó—:¿Quieres comer algo?

Ella negó con la cabeza. Haciendo un esfuerzo sobrehumano consiguió reincorporarse en el lecho improvisado, recargando la espalda contra la pared.

—¿Todos los Uchiha saben ninjutsu medico?—quiso saber, visiblemente intrigada por las maniobras que había realizado en el momento crítico.

—Solo los que somos considerados prodigios—contestó. Sakura puso los ojos en blanco y el volvió a sonreír—.Cuando estas en el campo de batalla no todo el tiempo hay un ninja medico cerca. Es aprender lo básico o morir desangrado.

Sakura volvió a asentir. Sus ojos fueron a parar en su acompañante, sentado de perfil con el cabello oscuro contra su anguloso rostro y ligeramente iluminado por la tenue luz del amanecer, se vería realmente como alguien irreal.

—Cuando hayas comido algo—dijo Shisui mientras dirigía su atención a ella—, podrás dormir otro poco. Vamos a tener que abandonar este lugar en cuanto antes.

Sakura lo contempló fijamente. Sus ojos todavía parecían un poco desenfocados.

—¿Quieres decir que…?

Shisui se lo confirmó.

—No sirve de nada permanecer un día más en este lugar. Si conseguimos cruzar la frontera, la siguiente parte del plan será pan comido.

Sakura guardó silencio. No sabía si debía sentirse aterrada o aliviada por el repentino cambio de parecer de Shisui.

—¿Crees que lo conseguiremos?—cuestionó temerosa.

—Estoy seguro de que así será—se mostró de acuerdo.

La kunoichi resopló y clavó la vista en un punto indeterminado de la pared. Permanecieron un poco en silencio y luego planteó otra cuestión.

—Shisui—lo llamó delicadamente—.No lo había preguntado antes, pero ¿Alguna vez te has enamorado?

Sin mirar a Sakura, Shisui sacudió la cabeza y sonrió.

—¿A qué se debe todo ese sentimentalismo?

—Nada, simplemente curiosidad—dijo encogiéndose de hombros.

—La respuesta es más complicada de lo que imaginas.

—¿En qué sentido?

Shisui inspiró profundamente.

—Cuando mi padre murió, me prometí a mí mismo que nunca iba a hacerlo—se interrumpió un momento, como si estuviera buscando las palabras adecuadas para expresar sus pensamientos—.Cuando llevas tanto tiempo luchando, aprendes que la pérdida de un ser amado marca un antes y un después en la vida de las personas. La guerra solo deja viudas y huérfanos. Ser testigo de ese sufrimiento me transformó, así que opte por evitarle ese suplicio a cualquier persona que decidiera estar conmigo.

Shisui se volvió hacia Sakura y escudriñó su perfil. Luego miró nuevamente al frente.

—Entonces te conocí a ti y tuve que replantearme esa promesa—masculló.

Sakura sintió como su corazón dio un violento y doloroso vuelco en los confines de su caja torácica.

—Shisui, yo…

—Tranquila, está bien. Soy consciente de lo que sientes por Sasuke y no pretendo cambiar eso— sonrió.

La kunoichi abrazó sus rodillas nuevamente. Le pareció que hacía demasiado tiempo que no le dedicaba un pensamiento a Sasuke. Se sintió un poco culpable por ello.

Aquella confesión funcionó para agrandar el vacío en su interior. Por un lado estaba Shisui, quien, sin importarle, arriesgaba su vida con tal de ayudarla a salir del infierno en el que vivía y, por otro se encontraba Sasuke, el recién nombrado comandante que no tenía idea de cómo ayudarla.

Cerró los ojos en un intento por detener el flujo de pensamientos. Lo último que necesitaba en ese momento era verse atrapada en una encrucijada de sentimientos.

—Shisui—volvió a musitar su nombre, esta vez con un hilo de voz. Aunando todas las fuerzas que su débil cuerpo poseía en ese momento, se giró para contemplarlo de frente. Dubitativa, le acunó el rostro con una mano temblorosa—.Cuando todo esto termine, cuando la guerra llegue a su fin, espero… espero que encuentres a alguien que te ame con locura.

Y sin más, lo besó.

Tan pronto como sus labios entraron en contacto con los de él, Shisui tomó el control.

Aquel beso era diferente al que le había dado a Sasuke la última noche que estuvieron juntos. Era un beso dulce, cálido y suave, aunque estuviera mezclado con el sabor de las lágrimas.

Sus bocas se separaron. Solo cuando Shisui abrió los ojos de nuevo, Sakura fue capaz de notar el desconsuelo en ellos.

—Deberías dormir un poco—susurró al mismo tiempo que le apartaba el cabello de las mejillas, pasándoselo por detrás de las orejas—.Me quedaré despierto unas cuantas horas más. Si algo sucede, no dudare en hacértelo saber.

Sakura asintió.

Aun permaneció sentada allí otros diez minutos. Luego se envolvió en la manta y se tumbó.

Sin embargo, no pudo dormir.

—Sakura, despierta—dijo Shisui en tono apurado a la par que la sacudía ligeramente del hombro.

—¿Qué sucede?—preguntó, confundida.

—Tenemos que irnos de aquí—murmuró—.Calzate las botas y toma tus cosas.

Luego de su conversación, Sakura se mantuvo con la espalda hacia él y los ojos cerrados, fingiendo dormir. En algún punto consiguió conciliar el sueño. Shisui había aprovechado ese lapso para revisar el perímetro, sin embargo, lo que encontró era tan alarmante que se vio obligado a regresar cuanto antes.

Con toda la rapidez que le era posible, consiguió ponerse los zapatos y colgarse la mochila en su espalda.

—¿Vas a decirme qué es lo que pasa?—cuestionó una vez más.

—Vi a un escuadrón de búsqueda a tres kilómetros de aquí. Si nos quedamos en este lugar van a encontrarnos—respondió.

Sakura sabía lo que eso significada. Sin más preguntas, lo siguió por la puerta principal hasta el bosque.

El sonido de sus pasos resonaba en el aire, lo que hacía que la kunoichi se sintiera más ansiosa. Aun no se había recuperado por completo, pero no iba a permitirse retrasar a su compañero.

Pese a su notoria desventaja, consiguió seguirle el ritmo a Shisui, saltando sobre las raíces y esquivando las ramas. Las gotas de sudor caían por su frente y su respiración se tornaba cada vez más agitada.

Sentía que el ritmo de su corazón se aceleraba y que marcaba un fuerte compas contra sus costillas.

Iba impaciente, lamentando cada momento perdido. Su escape dependía de la velocidad con la que pudieran cruzar la frontera. El caminó más directo era el bosque. Parecía que con cada kilómetro que se alejaban de Konoha se acercaban a algo seguro.

Mientras avanzaban atentos por el sendero, Sakura se abandonó a pensar en algo que, trataba de convencerse, era posible y fácil de encontrar. Se imaginaba una cabaña de olor dulce y paredes resinosas en las que todavía permanecía la calidez del sol del verano, enraizada en medio del bosque con tanta naturalidad como un árbol y resguardada por el techo que formaban las ramas cargadas de hojas. El lugar tenía la decadencia del abandono pero también sabanas, fósforos y latas de comida para los dos. Y un manantial de agua fresca, y madera para hacer fuego cuando el otoño se convirtiera en invierno. Podrían vivir allí unos meses si era necesario, incluso tal vez unos años. Era la visión idílica de la que se había reído con desprecio cuando estaba recluida en su habitación, pero ahora, aunque supiera que era un sueño, le resultaba un consuelo.

Acabarían con el Régimen cuando el momento indicado llegara. Pero todo eso era parte del futuro y se podría enfrentar y manejar cuando llegara el momento. Los dos podrían vivir seguros las próximas semanas hasta que hicieran contacto con la Insurgencia. No podía ver más allá de eso y se dijo que tampoco había necesidad.

Así fue que, durante las últimas dos horas su mente y toda su energía física habían estado tan concentradas en la tarea que tenía entre manos, que no se le había ocurrido pensar que podría tener dificultades en el camino.

Fue hasta que, con una seña, Shisui le indicó que debían detenerse. El escape se había convertido en una turbulencia de miedo, ansiedad y resolución, en una sed agonizante, una respiración jadeante y un dolor en el costado.

Ambos se internaron en los arbustos. Sakura inspiró profundamente.

—¿Estas bien?

Ella esbozó una sonrisa.

—Sí, lo estoy.

—Podemos tomarnos un descanso.

—No—dijo Sakura negando con la cabeza—.Quiero llegar al puente lo antes posible.

—De acuerdo—dijo Shisui, pero la kunoichi parecía insegura.

—Shisui.

—¿Qué?

—El puente Tenchi se encuentra cruzando estos arbustos ¿verdad?

Shisui desvió la mirada, pero añadió inmediatamente.

—Sí.

Sakura dejó escapar un suspiro de alivio.

—Muy bien…

Entonces escucharon una explosión. Shisui se quedó petrificado. Nervioso, se agachó y escrutó con la mirada toda la zona. Sakura había sido demasiado optimista al confiar en que pudieran llegar al punto de encuentro sin ningún obstáculo.

Pero no había nadie a la vista.

Sakura observó a Shisui, que estiró el brazo izquierdo como para protegerlos y miró hacia la izquierda, la dirección donde se encaminaban. Había una suave pendiente que conducía a un grupo de pinos altos, aproximadamente diez metros, que impedían ver más allá. ¿Pretendería Shisui que se adentraran allí?

La kunoichi dejó escapar el aire que había contenido.

—Vale…—dijo Shisui con un susurro—. La zona está repleta de minas. Los animales suelen caer en ellas con facilidad.

Sakura asintió en silencio. Entonces las explosiones continuaron. Dos. Y tres. El tercero, por alguna razón, pareció sonar con más potencia que los dos primeros. Luego hubo otra más fuerte. Fue un sonido amortiguado.

Shisui apretó los dientes.

—Andando, tenemos que seguir moviéndonos.

Ella volvió a asentir.

Los dos escalaron la loma con mucha precaución, vigilando cualquier movimiento a uno y otro lado, y se adentraron en el bosque de coníferas.

Había vegetación muy densa bajo los árboles. Se adentraron en la maleza. Con cuerpo a tierra, avanzaron sobre las largas y afiladas agujas que se les clavaban por todas partes.

Más explosiones. Al final alcanzaron el borde del bosque. Shisui, lentamente asomó la cabeza.

El puente Tenchi se encontraba a unos cuantos metros.

No les tomó mucho tiempo salir de su escondite. Sin embargo, a medida que los minutos transcurrían, Sakura solo sentía una turbación más profunda. Era como si alguien los siguiera de cerca, un extraño, un enemigo, y se estuviera escondiéndose de su vista, caminando a sus espaldas, ocultándose debajo de los muebles, empuñando un kunai. Finalmente, temblando, llegaron al punto de encuentro.

Lo que contemplaron los dejó horrorizados. El cuerpo de la kunoichi estaba apoyado contra el tronco de un árbol, clavado por cinco flechas que mantenían inmovilizado su torso como las chinchetas que sujetaban las fotografías de los Uchiha en el panel de corcho que Kakashi mantenía en su oficina.

Al dar un paso hacia el frente, Sakura tropezó con algo que sobresalía de entre los arbustos, tal vez se apoderó de ella una sensación de nausea, pero no se sorprendió en absoluto. Al instante reconoció el obstáculo.

Mientras ella intentaba imaginar cómo afrontar la situación, Shisui dejó escapar una maldición.

—Mierda…

En un acto reflejo, despegó la mirada del cuerpo de la kunoichi y la dirigió hacia el punto que Shisui contemplaba con desconsuelo: el puente, su única vía de escape, estaba destruido. Probablemente, era producto de una de las tantas explosiones que habían escuchado.

—¿Cómo está tu control de chakra?—preguntó Shisui volviéndose a ella.

Sakura lo miró, sorprendida, aun sin comprender del todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor.

—Sakura—la urgió el Uchiha.

—N-no, no puedo… no puedo usarlo—admitió con voz temblorosa.

El rostro de Shisui se suavizó. Pese a las circunstancias en las que se encontraban inmersos, intentó reconfortarla con una ligera palmada en el hombro.

—Te llevare en mi espalda, ¿sí? Descenderemos por el acantilado y seguiremos el río.

—Shisui…—murmuró.

Sus miradas se encontraron: una transmitía miedo y la otra una calma absoluta. La comisura de los labios del Uchiha se elevó un poco, mostrando una pequeña sonrisa.

—Tranquila, todo estará bien—masculló Shisui.

Sakura asintió.

Lo que ocurrió a continuación sucedió tan rápido que la kunoichi fue incapaz de mover un musculo.

Ahí, frente a ella, un proyectil de metal se incrustó en la sien de Shisui; escuchó la forma en que los huesos de su cráneo cedían a la velocidad del objeto, la carne y después, silencio absoluto.

Una masa uniforme le salpicó el rostro y la pechera.

El ruido ensordecedor del proyectil todavía vibraba en el aire cuando Shisui dio unos pasos tambaleantes y se derrumbó ante sus pies.

Sakura vio entonces la cara familiar del Uchiha vuelta hacia él. Sus ojos seguían abiertos, clavados en un lugar indefino del suelo. Un brillante charco de sangre comenzó a formarse.

La insistente vocecita en su cabeza le decía que debía huir, correr tan rápido como sus piernas se lo permitieran. Al echar un vistazo a su alrededor, se percató que estaba rodeada.

—¡Alto ahí!—ordenó una voz a lo lejos.

Más proyectiles volaron a su alrededor. Instintivamente, la kunoichi dio un paso hacia atrás, cayendo de bruces en el suelo, justo al lado del cuerpo de Shisui.

Su cerebro iba al mil, pero su cuerpo estaba congelado. Muda de asombro, permanecía boquiabierta.

—Shisui…—Sakura miró el cráneo destrozado del Uchiha—.Dios mío…

Arrodillada junto a su cabeza, trato de sacarle la sangre de la cara con las manos.

—Sakura—la voz que la llamaba era grave y dura, tan distorsionada que parecía salir de una laringe enferma.

Ante ella apareció Sasuke. Levantó una mano para frenar el inminente ataque que estaba preparado para la kunoichi.

Aunque parte de la cabeza de Shisui había saltado por los aires, sus ojos aún permanecían clavados en la misma zona del suelo.

Sakura, mortalmente pálida, levantó despacio la vista hacia Sasuke. Parecía más abrumada por la fura que por el dolor que debía estar sintiendo. Levantó los ojos y miró con odio al Uchiha.

Desde la última noche que pasaron juntos, sus miradas se volvieron a encontrar.

Sin importarle que sus hombres los estuviesen mirando, se colocó de cuclillas frente a ella. Lo suficientemente cerca para notar el característico aroma que lo rodeaba y el calor que irradiaba su cuerpo. Se inclinó un poco, lo suficiente para que su boca quedara a la altura de su oído.

—No hagas nada estúpido. Estoy intentando mantenerte con vida—ahora su voz era más clara, tranquila.

Sakura tuvo que cerrar los ojos. Era la única forma de controla la agonía y esperar que todo transcurriera rápidamente.

Sin más, Sasuke se levantó.

—Taichou—dijo una joven mientras se acercaba a él—. Los hombres están esperando indicaciones. ¿Qué haremos con ella?—quiso saber.

—Espósenla y llévenla al carromato—respondió, girando hasta quedar de perfil hacia ella.

—¿Qué hay con Shisui?—preguntó la chica.

Escrutó el cuerpo de su antiguo mentor con el frio interés profesional del verdugo que chequea que el condenado está muerto.

—También lo llevaremos de regreso.

Y sin más, en medio de la confusión, Sakura lo vio alejarse. Entonces, su mirada volvió a buscar el rostro de Shisui. Sintió que estaba a punto de llorar.

Continuará