Sol de mediodía
Capítulo II: "Los Cullen"
Condujo el Volvo a toda velocidad por el largo y ahora inundado sendero que llevaba a la casa esperando que la furia aminorase; a medida que se acercaba a ella notaba con mayor nitidez que casi todas las luces estaban encendidas. Sentía la respiración de Elizabeth en el asiento trasero, la observó por el espejo retrovisor y vio que su pequeña y única niña observaba la oscuridad del bosque por la ventana con una extraña expresión apenada en su rostro de muñeca.
Aquello solo provocó que su frustración se incrementara y acelerara aún más el vehículo.
Llegó al enorme sitio despejado frente a la casa y apenas estuvo frente a ella detuvo el auto en seco, lo que provocó que los neumáticos patinaran sobre la gravilla. La lluvia continuaba cayendo sin compasión sobre Forks y prometía seguir haciéndolo; ahora truenos y relámpagos acompañaban el agua que caía como cascada del cielo.
Pero ni siquiera eso disminuyó la furia descomunal que sentía. La tímida voz de su hija llamó su atención.
- ¿papi…? -
Suspiró otra vez, a pesar de que estaba furioso, que la desesperación y la frustración aun no había pasado, ella no tenía la culpa. Se apretó el puente de su nariz de forma mecánica y tratado de controlarse para ella, se volteó a verla.
- quédate aquí, princesa… - le sonrió – volveré de inmediato. –
La niñita asintió.
Apenas descendió del auto, la sonrisa paternal de Edward Cullen se desvaneció por completo. El frío casi polar colmaba el ambiente y el ruido de la lluvia era más fuerte que de costumbre, sin embargo estaba tan enfadado y la furia había vuelto a tal nivel que no le importó mojarse hasta los huesos mientras caminaba con rapidez a la casa.
La figura espigada y perfecta de Rosalie se vislumbraba en el umbral. Apenas estuvo a unos metros de ella pudo notar la expresión furiosa en su rostro y como le observaba con sus ojos azules inundados de reproche y exasperación.
- ¡Edward! – la voz armoniosa de la rubia golpeó como una látigo en medio de la noche - ¿Cuál es tu problema?... – espetó indignada - ¡sin importar como te sientas, te he dicho cientos de veces que no conduzcas de esa forma cuando Elizabeth este contigo! – el joven no contestó, por lo que ella le dirigió una mirada encolerizada - ¡¿Edward, Me has oído?! -
Edward la ignoró olímpicamente y pasó raudo por su lado sin prestarle la más mínima atención e ingresó a la casa.
La desesperación que había sentido al recibir la llamada de su cuñado era inigualable y se volvió aun peor cuando no encontró a su pequeña niña fuera de la Academia; ahora, aquella desesperación de había convertido en furia y solo había un rostro en aquel lugar que quería ver. Apenas cruzó el umbral de la casa, el rostro sereno y suave de su madre apareció frente a él con expresión preocupada…
- Edward… - comenzó con su voz siempre dulce – no seas tan duro con él, está muy arrepentido, sabes que no fue a propósito, de verdad… -
Pero él no quería escuchar razones, continuó raudo hasta el salón y apenas estuvo a una distancia suficiente bramó:
- ¡Emmett! –
Al instante, la figura corpulenta y musculosa del hombre que observaba hacia el río a través de los gigantescos ventanales de la pared del fondo, se volvió hacia él y a pesar de ser un poco más alto, y definitivamente más imponente y musculoso que Edward, se notaba en sus ojos castaños que temía ese encuentro y que no pudo evitar amedrentarse un poco al ver la furia y el descontrol que el recién llegado irradiaba. Retrocedió un paso.
Pero a Edward Cullen no le importó.
- ¿Cómo has podido dejarla? ¿Cómo has podido olvidarla? – rugió - ¡Confié en ti, te confié mi hija!-
Emmett agachó la mirada, lucía devastado.
- perdóname Edward, yo… -
- ¡Dijiste que pasarías por ella! – le cortó el padre de Lizzie, furioso - ¿Te das cuenta de lo que pudo haber pasado?... ¿Cómo has podido ser tan irresponsable?; ¡tiene cinco años!... – Edward se paseó detrás del sofá como fiera enjaulada - ¡Esa mujer se la había llevado… pudiste siquiera haberme avisado! –
- perdón Edward, de verdad… yo… - Edward vio a su madre caminar hacia el destrozado Emmett y darle una palmadita en su brazo en señal de apoyo moral – lo siento, de verdad…-
- ¡yo sí te perdono tío Emmett! –
Edward no pudo evitarlo. Notó de inmediato como su malhumor se disipaba al instante que la voz de Elizabeth se había oído en la sala. Se volvió; Rosalie y Elizabeth habían ingresado de la mano y a pesar de toda la angustia que había sentido en las últimas dos horas, no pudo evitar sonreír al ver a Lizzie feliz y a salvo. Frunció el ceño cuando la pequeña soltó la mano de Rosalie y corrió con rapidez a los brazos de Emmett quien se agachó con su rostro iluminado por la alegría de verla y la estrechó con fuerza cuando la pequeña se colgó a su cuello.
- ¡Enana! – exclamó dándole un cariñoso beso la mejilla, Lizzie rió divertida - ¡perdóname…me sentía tan culpable ¿estás bien?… - la pequeña asintió y sus rizos se movieron al compás de ella, Edward vio a Rosalie fruncir el ceño al ver a su marido - ¡no te olvidé , lo juro! – continuó Emmett - le prometí a tu padre que pasaría por ti pero…! –
Lizzie soltó una risita divertida…
- ¡No te preocupes, tío Emmett, de verdad! – exclamó con sus ojos verdes más brillante que nunca mientras su abuela acariciaba su cabello - ¡esta fue la mejor tarde de mi vida…! –
- ¿la mejor? – repitió Rosalie sin sonreír.
Edward suspiró, supo de inmediato lo que la joven rubia pensaba. Rosalie adoraba ser el centro de atención de todos y buscaba ser parte primordial en la vida de Elizabeth por lo que el que Lizzie manifestara cuan genial había sido su tarde sin que ella estuviera presente, no le había hecho nada de gracia. La mujer comenzó de nuevo…
- ¿Por qué dices que…? –
Pero Edward ya estaba exasperado y la cortó en seco.
- suficiente por hoy, nos vamos Elizabeth… - caminó con rapidez hacia Emmett y tomó a su única hija de los brazos de él, gruñó - ¡Vamos a casa antes que tengas un tío menos…! –
Lizzie rió divertida por la broma de su papá y se colgó a su cuello si ninguna palabra más, pero Edward no había terminado y se volteó para observar por última vez a Emmett con una mirada acusadora.
- puede que Liz te haya perdonado… - dijo con voz dura - pero yo aún no. –
Rosalie se cruzó de brazos de inmediato.
- ni yo tampoco – espetó.
Edward revoleó los ojos. No había pasado por alto la mirada divertida de Emmett al observar a su mujer enojada, sabía lo que Emmett estaba pensando, tal vez para todos era difícil convencer a Rosalie de algo, pero él era la única persona en el mundo que tenía ciertos métodos de persuasión que hacían efecto en ella.
El enojo no se había disipado del todo y no se disiparía en un buen rato ni aunque tuviera a la pequeña Elizabeth en sus brazos, y antes de seguir tentando su malhumor con su familia, Edward salió raudo de la casa y se dirigió con rapidez en medio de la lluvia hacia el auto, sintiendo aun la furia que lo dominaba pero también sintiendo alivio de que Lizzie estuviera con él al fin, a salvo. Puso a la niña en el asiento trasero otra vez y sintió que el alma le volvía al cuerpo cuando su pequeña le dirigió una sonrisa tierna. La besó en la frente y cerró la puerta para rodear el auto.
Entonces vio que dos figuras caminaban con dirección a la casa desde el porche, ajenos a todo; ambas reían y parecían estar disfrutando la lluvia. Entonces, la chica le vio y esbozó una enorme sonrisa y le saludó con energía…
- ¡ey, Edward mira lo que…! –
Pero Edward la ignoró y rodeó el auto sin prestarle atención para subir en el asiento delantero con rapidez. El joven de cabello rubio se apresuró y tomó los hombros de la chica de inmediato para detenerla antes de que ella se dirigiera al Volvo.
- no ahora… - explicó cuando ella le observó confundida – por algún motivo está furioso.-
Alice se encogió de hombros y revoleó los ojos divertida.
- ¡Como si fuera algo nuevo…! – exclamó sarcástica; soltó una risita musical y tomó la mano del joven otra vez para guiarlo a la casa, su mirada se ensombreció un poco – de todas formas, me pregunto que habrá pasado. -
Ambos observaron como el Volvo se perdía en el sendero.
Bella manejó con cuidado. Según su criterio, la noche había sido la más helada de todas las que le había tocado experimentar desde su llegada a Forks, de todos modos, no tenía con que más comparar pues no recordaba con exactitud nada del tiempo en que había vivido allí sus primeros tres años de vida. En la noche anterior el frío había sido de tal magnitud, que la lluvia torrencial se había convertido en una suave nevazón que había cubierto por completo las calles de Forks y le daban un aspecto más iluminado de lo usual al pueblo. Los que si recordaba con claridad, era que siempre había odiado la nieve, pero que su padre sí la disfrutaba y que cuando aparecían aquellos contados días nublados en Phoenix, el humor de él parecía mejoraba un poco, lo contrario de ella, odiaba todo lo que fuera opuesto al sol y al calor. Negó con la cabeza al observar a los niños jugar divertidos con la nieve. Genial, pensó; si había algo más que agregar a su ya de por si nefasta vida, era que las calles de Forks estaban cubiertas de nieve por doquier dando más alternativas a su ya de por si usual torpeza al caminar.
Suspiro. Su vida. Su vida era oficialmente un total y completo desastre. Observó el espejo retrovisor y pudo ver que sus ojos marrones aun estaban hinchados y enrojecidos pero no tanto como lo había estado durante la mañana. Había pasado más de la mitad de la noche llorando, siempre había odiado ser una llorona debilucha, pero no podía evitarlo, al menos siempre se encontraba sola y nadie la veía llorar. La otra mitad de la noche no había podido pegar un solo ojo pensado; había pensado en todo y en todos, pero sobretodo había pensado en Elizabeth, la pequeña niña de la academia que había hecho que su corazón latiera más fuerte y que había iluminado su tarde después de muchos años con solo una de sus sonrisas alegres.
Sintió que su pecho se apretaba otra vez y el ardor en la garganta volvía. Parpadeó varias veces. ¡Corta el llanto ya, Bella!
Bajó del auto con cuidado de caer, y al igual que el día anterior, la campanilla sonó en cuanto hubo cerrado la puerta de la librería tras ella. Esta vez la ignoró, había comenzado a acostumbrarse a aquellos pequeños detalles que solo en Forks se encontraban. Se quitó la gruesa chaqueta y se dirigió al mostrador.
- Hola Ángela… -
- ¡Bella! – Ángela sonrió ampliamente y alzó el rostro para verla - ¡qué bueno que has llegado…! – la sonrisa de la joven vaciló considerablemente y la observó a los ojos. Bella se sonrojó, pudo jurar que la chica había identificados las señales de llanto - ¿Estás bien, Bella? –
Trató de sonreír y le resto importancia mirando al suelo y caminando hacia ella…
- Sí, no te preocupes… - dijo tratando de parecer animada - solo dime en que te ayudo –
Ángela no presionó más y Bella se sintió infinitamente agradecida de ello. Odiaba llorar delante de los demás.
- ven aquí… - Bella rodeó el mostrador principal y vio las cajas que la chica apuntaba – ya ves, han llegado volúmenes y volúmenes de nuevos tomos, pero primero debemos ingresar los códigos al sistema… ¿puedes ayudarme? -
- claro –
Entonces Bella se sintió observada, levantó el rostro hacia el frente y vio que desde el otro costado de la tienda Mike Newton le miraba fijamente. No supo si sentirse halagada o completamente irritada. Optó por la segunda opción y bufó.
Ángela captó de inmediato.
- no le prestes atención… - dijo a su lado observando de reojo a Mike – lo hace a propósito, siempre ha sido bastante popular y muy pocas chicas aquí en Forks se le han negado, eres la nueva atracción por aquí y puedo asegurarte que se tiene mucha fe y cree que caerás pronto por él – Bella resopló con indiferencia mientras abría otra de las cajas, entonces se percató que otra joven la observaba fijamente desde otro lado de la tienda – también ignórala… - continuó Ángela como si se estuviera refiriendo a algo que le desagradara – su nombre es Jessica Stanley y va detrás de Mike Newton desde que tengo memoria. -
- ¿No me dirás que me cree su…? – a Bella le costó bastante decir la palabra, pues no estaba en su vocabulario cotidiano - ¿…rival? –
Ángela soltó una risita…
- me parece que así es… -
Bella abrió la boca incrédula dejando la pila de libros a un lado por la sorpresa.Eso era lo único que le faltaba a su vida para coronarla con un adjetivo mas allá de lo desastroso, ganarse unas cuantas enemigos. ¿Por qué no podía vivir su soledad en paz?. Miró de reojo a Jessica y vio que la joven aun no le quitaba la mirada de encima. Bufó y trató de cubrir su rostro con su largo cabello como lo hacía siempre que quería pasar desapercibida. Miró otra vez y allí estaban los ojos taladrantes de Jessica Stanley; definitivamente Bella no paraba de sorprenderse como su vida había cambiado tanto en menos de una semana.
- ¡he aquí nuestra última… adquisición! – Bella alzó el rostro al sentir la voz cantarina de Alice - ¡Bella Swan! –
Ángela soltó otra risita divertida y Bella se sintió enrojecer por el apelativo. La siempre alegre y energética Alice Cullen estaba allí frente a ellas con una enorme sonrisa angelical cruzando su rostro, con la que Bella estaba segura conseguía todo lo que quería. A su lado había una mujer que la observaba gentil y amablemente.
- Bella… - anunció Alice - ésta es mi madre, Esme… -
La mujer le tendió una mano con una sonrisa cariñosa y que Bella tomó con rapidez. Esme Cullen era como salida de un cuento de hadas, tal vez por la versión de mayor de Blanca nieves. Tenía una expresión infinitamente dulce en su rostro, sus ojos eran grandes y castaños, extrañamente del mismo tono caramelo que su cabello el que llevaba rizado y hasta los hombros. Era un poco más alta que Alice y su figura era esbelta pero redondeada.
- ¿Cómo está Señora Cullen? –
La mujer le dedicó una sonrisa transparente.
- ¡llámame Esme, cielo…! – se apresuró con voz suave – mucho gusto en conocerte, Bella; veo que te estás adaptando de a poco al ritmo de la tienda – comentó, Bella asintió con una sonrisa – me alegro mucho de verdad, espero que te sientas cómoda aquí con los demás… -
- ¡no te preocupes mamá! – exclamó Alice con energía - ¡te aseguro que Bella terminará de adaptarse a nosotras más rápido de lo que crees, Ángela y yo la ayudaremos…! -
Ángela asintió, Esme Cullen continuó.
- eso será ideal… - observó a Bella otra vez – te felicito Bella, Alice me comentó del estupendo trabajo que hiciste ayer aquí y de verdad me alivia mucho que hayas llegado. -
Bella sentía que su rostro se volvía más y más rojo.
- g-gracias, Esme… -
La madre de Alice sonrió ampliamente y la observó avergonzada.
- perdona que no me quede más tiempo, pero solo venía de pasada ¿podremos hablar con más calma en otra oportunidad, verdad? – Bella asintió, la mujer le sonrió otra vez y se volteó hacia su hija – ¿tú pasarás hoy por…? -
- Jasper la traerá… - se apresuró Alice con una sonrisa especial, observó el reloj que había en la pared – de hecho, ya deben están por llegar... –
Esme asintió satisfecha y luego de despedirse de todos en el local, salió a la calle escoltada por Alice. Bella las observó cruzar la calle enfundadas en sendos abrigos y alcanzar un elegante Mercedes negro al que Esme subió luego de darle un abrazo a su hija. Entonces Bella se sorprendió por la sencillez y humildad que irradiaba la mujer a pesar de todo lo que tenía; a Bella le pareció que era la perfecta figura maternal, la que ella siempre deseó tener.
Estaba perdida en sus pensamientos cuando sintió a Alice volver a su oficina y Bella se acercó a Ángela y habló en voz baja.
- Esme Cullen es adorable… - Ángela asintió con una sonrisa – pero luce muy joven… - comentó – ¿realmente Alice es su hija…? -
- sí lo es… – afirmó Ángela con una sonrisa – es su hija menor. – Bella abrió los ojos sorprendida – Los Cullen llegaron a Forks pocos años atrás desde Alaska cuando yo iba a la secundaria, fue un gran revuelo en el pueblo, tu sabes, este era extraño que una familia tan bien posicionada viniera a establecerse a un lugar tan pequeño como este, pero Esme dice que se enamoró del lugar en cuanto llegó y su marido aceptó quedarse aquí, él es un gran médico y desde entonces ha sido Jefe de Residentes en el Hospital. Los Cullen tienen tres hijos, Esme tuvo a la primera cuando tenía dieciocho, ella me lo dijo – Bella abrió los ojos sorprendida y Ángela agregó – sé que su nombre es Rosalie pero no la conozco, ella es diferente a Alice en todo sentido, viene pocas veces a aquí e iba varios años delante de mí en la escuela… deberías verla es tan bonita que da pena acercarse a ella – Bella se la imagino, una mezcla de Alice y Esme, pero arrogante. Ángela continuó – el segundo es el doctor Cullen, es su único hijo varón, solo iba dos años delante de mí y Alice… - Ángela le observó soñadora y sus mejillas se encendieron un poco - deberías verlo, todas estaban enamoradas de él en la escuela, es extremadamente bien parecido y elegante … - pareció salir de la nube y retomó los libros que estaba etiquetando – …pero es bastante serio e intimidante, viene a aquí algunas veces y se sienta a leer, es bastante reservado y educado – una risa inundó su rostro - ¡y la última es Alice, ella es de mi edad y sabes cómo es su personalidad por lo que me atrevería a decir que es el alma de la casa… por lo que he visto – añadió - ¿Qué edad tienes tú, Bella?-
- acabo de cumplir veintitrés… - contó la chica – en septiembre… -
- eso creí, tenemos la misma edad… - Ángela le sonrió ampliamente y Bella la devolvió.
- ¡Hola Bella! –
Ángela rodó los ojos, la sonrisa se borró al instante de los labios de Bella al ver a Mike apoyado galantemente en el mostrador frente a ellas.
- Hola Mike Newton… - respondió mecánica
Ángela se apresuró ignorando a Mike…
- ¿podrías comenzar a poner aquellos libros en las estanterías, Bella? –
Bella asintió de inmediato y se encaminó con rapidez hacia el sector de literatura tratando de huir de Mike. Mala suerte, Mike iba tras ella. Trató de ignorarle y comenzó ordenar los libros en sus lugares respectivos, Mike se cruzó de brazos en otra de sus obvias poses de conquista
- ¿Cómo estás? –
Bella no contestó. Al no ser capaz mentir, tenía que saber controlarse para no contarle a cualquiera lo que sucedía y como se sentía. Ahora cargaba muchos sentimientos y por supuesto no quería que Mike Newton supiera cómo estaba realmente ni cuan sola se sentía.
- Hola Bella… -
Tanto Bella como Mike se volvieron y la chica no pudo creer su mala suerte. Jessica estaba tras ellos con los brazos cruzados y observándola con una obvia sonrisa fingida. La verdad era que Bella estaba sorprendida por la actitud de Jessica, pues no había comparación razonable entre ambas. Ella era una chica bastante bonita y tenía todo para ser popular, una sonrisa perfecta, cabello lacio y ondulado hasta los hombros de color oscuro, era esbelta y casi tan alta como Mike.
- soy Jessica Stanley… - Bella aceptó la mano que la chica le tendía – ayer fue mi día libre y no tuvimos oportunidad de conocernos - sonrió – sé que vienes de Phoenix pero que naciste aquí en Forks, ¿de alguna familia en especial? –
Bella frunció el ceño, definitivamente no le estaba gustando esa chica.
- mi nombre es Swan – contestó encogiéndose de hombros - si a eso te refieres… -
- ¿Swan? – repitió Jessica con sus ojos muy abiertos por la sorpresa - ¿Eres Isabella, la hija del Jefe Swan? –
Bella asintió sin mayor emoción...
- eso creo… - murmuró incómoda.
Jessica soltó un gemido estridente, el que Bella consideró bastante innecesario y que sobresaltó a Mike a tal punto que olvidó su pose de conquista.
- ¡Claro que te recuerdo! – exclamó la chica - ¡Solíamos jugar juntas cuando éramos niñas, mi padre era bastante amigo del tuyo y siempre nos dejaban juntas! – sonrió perfectamente y suspiró - ¡Tiempos aquellos! –
A Bella la noticia no le emocionó demasiado, aquel tiempo en Forks no había sido la mejor etapa de su vida, ni la que le siguió tampoco, pero habían sido años malos para su padre y no quiso pensar en ello. Trató de poner una sonrisa en su rostro pero estaba segura que solo había logrado una mueca bastante forzada.
- Hoy saldremos a tomar algo… - comentó Mike con rapidez, la sonrisa de Jessica se congeló al instante y le dirigió una mirada asesina – tal vez quisieras… -
Bella lo cortó en seco.
- no Mike, muchas gracias… no tengo ganas de salir. – Ni hoy, ni nunca, pensó.
Mike abrió la boca para hablar otra vez, pero la voz cantarina de Alice se escuchó del otro lado…
- ¡Bella! – llamó con una enorme sonrisa en el rostro - ¿podrías venir, por favor? -
La aludida sonrió aliviada. Se apresuró en volver hacia el mostrador que estaba a un lado de la entrada donde ahora había más cajas por abrir. Alice le dirigió otra de sus miradas cómplices y le sonrió.
- ¿puedes ayudarnos a Ángela y a mí a organizar los libros de este lado? –
- me encantaría… - suspiró con una sonrisa aliviada.
Alice y Ángela rieron divertidas mientras sacaban los enormes tomos de las cajas; Bella pensó que realmente aquellas dos chicas podrían llegar a ser algún día sus amigas y estaba comenzando a apreciarlas enormemente, entonces la campanilla de la entrada sonó otra vez y Bella escuchó el gemido emocionado de Alice.
- ¡Enana! – gritó cariñosamente.
Bella se volvió casualmente y se congeló al instante cuando unos brillantes y tiernos ojos verdes se encontraron con los suyos.
- ¿Lizzie? -
El rostro de la pequeña se iluminó…
- ¡¡Bella!! –
Antes que alguien pudiera decir o pensar algo más, la niñita había corrido hacia ella con una enorme sonrisa en su rostro de muñeca, Bella sin dudarlo, abrió los brazos y se agachó para que ella se colgara a su cuello y alzarla del suelo. Ambas se abrazaron con cariño y Bella sintió como toda la pena se iba al estrechar a la pequeña contra ella. Algo en su pecho se había relajado, casi sentía que su alma había vuelto al cuerpo y que la sonrisa que Elizabeth le dirigía hacia que su corazón se hinchara de emoción por las ganas de cuidarla y protegerla.
- ¡te extrañé mucho Bella! – exclamó Lizzie sin soltarla - ¡y a Rosie! – frunció graciosamente su ceño, parecía realmente conmocionada - ¡Se quiso quedar en tu casa! –
Bella le sonrió ampliamente y se sintió como una tonta al sentir que las lágrimas se agolpaban en sus ojos con solo ver a la pequeña otra vez. Tuvo que aclararse la garganta para que su voz no la delatara.
- sí, sí… - rió quitando un rizo rebelde del rostro de Lizzie - Rosie me hizo compañía anoche, pero no te preocupes, Jake y yo la cuidamos… -
Liz rió divertida y volvió a refugiarse en el pecho de Bella. Bella apoyó su mentón sobre el cabello cobrizo de Elizabeth sintiéndo una extraña sensación de felicidad, algo que no había sentido en mucho tiempo. Entonces, recordó que no estaban solas al oír la voz de Alice.
- ¡Elizabeth! –
Todos observaban sorprendidos. Ángela había dejado los libros de lado y la miraba sorprendida, lo mismo que Jessica y Mike que miraban del otro lado de la tienda. Bella se sintió ruborizar como un carmín y deseó con todo su ser que la tierra la tragase en ese momento. Alice lucía entre enfadada y sorprendida, sus ojos azules estaban muy abiertos y observó a la pequeña y a Bella casi ofendida y con expresión de no entender nada.
Después de unos segundos una sonrisa especial cruzó su rostro, sus ojos brillaron y se cruzaron con los de Bella, quien no intuyó nada bueno en esa sonrisa, y se dirigió a la pequeña como si nada hubiese salido de lo normal - ¿Dónde está mi abrazo, enana? –
Bella dejó en el suelo a Lizzie otra vez, bastante avergonzada y sonrojada. Lizzie caminó el trecho que la separaba de Alice y se apresuró en darle un cariñoso beso en la mejilla. Alice lo recibió gustosa y alejó un poco a la niña para mirarla de pies a cabeza como si todo fuera parte de la rutina.
- ¡Muy bien! – aprobó mirando la ropa de la pequeña, mientras Ángela se excusaba e iba a la trastienda - ¡Me alegro que tu padre me esté haciendo caso con respecto a tu vestuario… perfectamente combinada, tal y como le dije en mis instrucciones! –
Entonces Bella notó al joven que había entrado con Elizabeth a la librería y después de salir del estupor inicial, también actuó como si nada sucediera y rodeó la cintura de Alice con una sonrisa.
- ¡oh Bella! – se apresuró Alice con una sonrisa iluminada – déjame presentarte a mi novio Jasper Hale! – le observó a él – Jasper, ella es Bella, la chica de la que te hablé –
Jasper sonrió y le tendió una mano que Bella aceptó con torpeza. Alice continuó mas emocionada que nunca y casi saltaba de alegría.
- ¡¡…y en dos meses nos vamos a casar!! –
Bella sonrió, extraña y genuinamente alegre por la noticia.
- ¡felicidades…! -
Alice derrochaba felicidad y algo en la mirada que Jasper y Alice se dirigían le decía a Bella que eran la pareja perfecta. Ambos lucían adorables y Bella no pudo pensar en otra persona que equilibrara la belleza casi sobrenatural de Alice; Jasper era bien parecido a pesar de una extraña y escueta cicatriz que tenía en el lado derecho del rostro, tenía ojos y cabello color miel muy claro, era delgado y no muy alto, pero Alice era tan pequeña y menuda que parecía una muñeca de porcelana su lado.
Entonces Alice enfrentó lo recién ocurrido…
- bueno… ¿y ustedes como se conocen? – preguntó, observó a Lizzie pretendiendo estar ofendida – ¡la verdad es que me siento bastante celosa, Elizabeth…! -
La niñita rió traviesa y corrió a tomar la mano de Bella quien se sintió más que feliz al tener a la pequeña a su alrededor otra vez.
- Bella me llevó ayer a su casa… - contó Lizzie con ternura - después de la academia, me dio chocolate y galletas… –
Tanto Jasper como Alice abrieron la boca.
- ¿Eras tú? – preguntó el rubio realmente pasmado - ¿tú armaste todo aquel enredo? –
Bella se ruborizó.
- ¿Eras tú? – repitió Alice igual de sorprendida – ¿por ti se armó todo aquel revuelo…? - Bella se encogió de hombros sin saber realmente que decir, por un momento se sintió más incómoda que nunca y contuvo el aire esperando la reacción de Alice, pero se calmó al verle soltar una carcajada - ¡Vaya! – continuó la joven de cabello oscuro - ¡de haberlo sabido no nos hubiésemos preocupado tanto…! – sonrió de emoción contenida al ver cómo Bella alzaba a Lizzie otra vez y ambas se abrazaban cariñosamente, Alice alzó una ceja – ¡y vaya que se han hecho amigas…! – añadió.
Bella le sonrió a Alice mientras Lizzie apoyaba tiernamente su cabeza rizada en su hombro.
- ¿Cómo…? – comenzó, pero Alice contestó antes de que terminara.
- Liz es mi sobrina… - respondió abrazándose aun mas a Jasper – es la única que tengo, es la única de la familia, por lo que es una malcriada – Lizzie rió divertida cuando su tía golpeó su nariz juguetonamente y se aferró aun mas al cuello de Bella, Alice continuó – ayer el esposo de mi hermana estaba fuera de la ciudad pero se suponía que debía recogerla…- ella y Jasper soltaron una risita – me contaron que mi hermano estaba desesperado buscándola y cuando vio tu nota en la Academia y no sabía quién eras, se puso como una fiera… quería matar a Emmett –
Lizzie alzó el rostro y observó a la hermana de su papá con ojos emocionados.
- ¡Bella tiene un perro, tía Alice! – exclamó - ¡un perro! – Lizzie se volvió a Bella y pidió con ternura- ¡llévame ahora a tu casa a ver a Jake, por favor! –
Antes de que Bella pudiera contestar la voz de Alice se impuso fingiendo molestia…
- ¡Ah no señorita! – exclamó con su voz cantarina - ¡No irás a ninguna parte sin que antes veas lo que tengo para ti! – se soltó del abrazo de Jasper y habló como niña emocionada - ¡Encontré un par de zapatos que combinarán perfectamente con el vestido que tu tía Rosalie te dio para tu cumpleaños, ya lo verás, no hay otros iguales en Washington…! – Alice se acercó a Bella y la observó con una sonrisa tierna como pidiéndole permiso - ¿No te molesta que me la lleve un rato, verdad? –
Bella la observó pasmada y sin comprender, después de todo, Lizzie era su sobrina.
- c-claro que no… -
Alice sonrió satisfecha.
- ¡Jasper! – exclamó.
Jasper rodeó los ojos y se acercó a Bella y Lizzie. Entendiendo perfectamente lo que su novia quería.
- ven acá, pequeña – estiró los brazos hacia Lizzie, ella soltó a Bella para ir a los de él.
De pronto, Bella se sintió vacía al no tener a la niñita cerca.
- ¡vuelvo de inmediato Bella…! -
La castaña le sonrió ampliamente mientras Alice guiaba a Jasper y Lizzie hacia la oficina. Bella suspiró, no pudo evitar la sonrisa que cruzaba su rostro y sintió que su pecho estaba hinchado de emoción al ver a la pequeña otra vez y de saber que seguiría viéndola, casi no podía esperar a tenerla cerca de nuevo y que iluminara su vida con solo una sonrisa. ¿Cómo podía ser que la quisiera tanto si acababa de conocerla?.
- la pequeña Cullen es la niñita mas adorable que he conocido en mi vida – comentó Ángela etiquetando los libros desde el mostrador.
Entonces, Bella recordó que estaba en su hora de trabajo y observó a Ángela avergonzada.
- ¡Ángela! – exclamó apresurándose hacia el mostrador- ¡perdón, por un momento olvidé… ! – tropezó con sus propios pies por el apuro, pero alcanzó a sostenerse del mesón.
- ¿estás bien? – preguntó Ángela preocupada.
- ¡no te preocupes! – sonrió Bella avergonzada, pero nada podía afectar su humor ahora, le restó importancia y retomó los libros, comentó - ¡un día que no me tropiece por el aire o con mis propios pies es un día totalmente perdido para mí!-
Ángela rió sorprendida y continuaron etiquetando los libros…
- sin embargo, es bastante extraño ¿sabes?… - comentó después de un rato, como si retomarán una conversación nunca terminada – lo de la pequeña Cullen – comentó, Bella la observó de inmediato - Regularmente es una niña bastante tímida y cuando anda por aquí siempre va detrás de su abuela, Alice o Jasper, no se da fácilmente con las personas que no son de su familia… - Bella supo de inmediato que Ángela quería comentarle algo especial cuando la chica sostuvo su mirada con una sonrisa extraña en el rostro – pero a ti te mira de forma diferente, la primera persona que vio apenas entró, antes que a Alice fue a ti – Bella no pudo evitarlo, sintió que una sonrisa cruzaba su rostro, Ángela continuó – te mira como si te adorara… como si fueras su… -
La campanilla sonó otra vez y el aire helado de la calle ingresó con fuerza lo que hizo que Ángela se detuviera y Bella alzara el rostro.
Se petrificó. Un escalofrío la recorrió por completo y no precisamente a causa del frío. Se sintió más pequeña y vulnerable que de costumbre cuando el hombre de ojos verdes cerró la puerta tras él y la observó fijamente. Bella lo reconoció de inmediato y no necesitó que Jessica se acercara en menos de dos segundos hacia él para saber quién era.
- ¡Edward…! – exclamó la muchacha con una sonrisa encantadora - ¡puedo…! –
Pero él solo tenía ojos para Bella y antes de que Jessica pudiera decir algo más, se había dirigido a ella.
- ¿Qué haces aquí? –
Bella se ruborizó por completo. Su voz era tal y como la recordaba, grave y aterciopelada, no pudo evitarlo y se sintió como una completa idiota al temblar otra vez al oírle. Su voz no era furiosa como la noche anterior, pero era evidente el desagrado de él al verla otra vez. En menos de diez minutos, Bella estaba deseando nuevamente que la tierra la tragase; sentía las miradas incrédulas de Ángela y Jessica sobre ella, pero ni siquiera eso la hizo apartar su mirada de aquellos ojos verdes que casi la desafiaban a salir corriendo de allí. No podía, no debía, mostrarse vulnerable, su orgullo era aun más fuerte que aquel extraño sentimiento que se había alojado en la boca de su estómago.
Solo habían pasado unos segundos, los tres segundos más eternos de su vida. Quiso hablar para no parecer una completa idiota delante de él, pero no encontró la voz, menos aun cuando vio con horror como el recién llegado caminaba hacia ella, la apartaba del mostrador y tomaba su brazo con un poco más de fuerza de la debida para guiarla con rapidez y sin una sola palabra por el corredor hacia las estanterías más apartadas. Sabía que Ángela y Jessica seguían estupefactas en su sitio y entonces se dio cuenta que se estaba dejando guiar por el padre de Elizabeth como si él tuviese algún poder sobre ella.
Entonces trató de zafarse de él con brusquedad y ambos se detuvieron.
- ¡suéltame… - pidió molesta – me estás haciendo daño…! -
Cullen no la soltó pero suavizó su mano sobre su brazo y Bella alzó el rostro para verle. Mala, mala decisión. El era mucho más alto que ella y no pudo evitar aquel temblor en su cuerpo otra vez. Sus ojos se quedaron prendidos en los de él y por un tiempo –pudieron haber sido, segundos, minutos u horas- se quedaron mirando el uno al otro. Algo extraño había sucedido, algo había cambiado, ambos se miraban aun con el más profundo de los odios, sin embargo, ninguno de los dos era capaz de apartar la mirada del otro. Bella sentía que los ojos verdes de él la escudriñaban por completo y ella hizo lo mismo en respuesta, entonces, el se apartó un paso como si hubiese vuelto a la realidad y apartó la mirada de ella. Bella se sonrojó, sintió sus mejillas arder por la sensaciones y se sintió vacía cuando él se apartó otro paso. Notó de inmediato que aquel momento de aturdimiento de él se había transformado en furia.
- ¿Acaso estás siguiéndonos? – espetó.
La sorpresa que sintió Bella por la acusación fue capaz de hacerla despertar de aquel ensueño en que él la había sometido. En menos de dos segundos, aquel sentimiento extraño en ella también se había convertido en furia y aclaró más enojada que de costumbre…
- trabajo aquí… -
Cullen la observó molesto.
- ¿Qué clase de broma es esta? –
- ¡Claro que no es una broma! – exclamó Bella sintiendo la mirada de odio que él le dirigía sobre ella, pero le devolvió otra de la misma magnitud - ¡todo esto no ha sido nada más que una coincidencia…! – Bella bufó y trató de liberar su brazo completamente del de él, agregó – ¡una coincidencia bastante desagradable la verdad! –
El hombre la soltó, pero no le quitó la mirada de odio.
- ¿Está todo bien, Bella? –
Bella revoleó los ojos, genial.
Tanto ella como Cullen se voltearon para mirar al recién llegado. Mike había aparecido al inicio del pasillo y observaba al padre de Elizabeth con expresión de pocos amigos, dispuesto a enfrentarse a él si era necesario en su defensa. Patético, pensó Bella. A pesar de las buenas intenciones, Bella supo de inmediato que Cullen era capaz de dejar a Mike Newton fuera de combate en menos de lo que demoraba en dar su respuesta.
- sí… - dijo rápido y sin mirarle – todo está bien… -
- ¿estás segura? –
Bella se volvió hacia él otra vez, exasperada…
- ¡Sí, Mike… estoy segura! –
Mike Newton le dirigió una mirada que pretendía ser de advertencia al joven de ojos verdes y agregó.
- si me necesitas, estaré por aquí… -
Cullen sonrió de lado y suprimió una risa, como si Mike Newton hubiese dicho algo tan ridículo que le había causado gracia. Bella arrugó el ceño al verle y estuvo segura de que él era el hombre más arrogante de todos los que se había topado en su vida. Su furia contra él se incrementó.
Volvieron a observarse airados el uno al otro hasta que la voz sorprendida de Alice les interrumpió.
- ¡Edward! –
Antes que alguno pudiera decir algo más, Alice había aparecido de la nada con una enorme sonrisa en el rostro y sus ojos más brillantes que nunca al verles frente a frente. Entonces, Bella vio como la chica se acercaba al padre de Elizabeth casi saltando de alegría y se empinaba para besarlo en la mejilla. Con aquellos derroches de energía y felicidad típicos en Alice, tomó un brazo de él y otro de Bella y los obligó a acercarse un poco más. Ninguno protestó la cercanía aunque ninguno demostró mayor emoción tampoco.
- Bella… - comenzó Alice, demasiado feliz - este es mi hermano mayor, Edward, el padre de Elizabeth, creo que le conoces… - sonrió satisfecha y se volteó a él como si nada – Edward, esta es Bella la secuestradora. –
Bella se sintió enrojecer como un carmín y no pudo protestar por la vergüenza, tan solo le dio una mirada incrédula a Alice cuando ella soltó una carcajada y se encontró con la arrogante y seria mirada de Cullen y solo pudo agachar el rostro avergonzada.
No. No debía agachar el rostro. Estaba rompiendo una de sus reglas. No-mostrarse-vulnerable.
Volvió a observarle en desafío y se arrepintió de haberlo hecho. Otra vez había sido absorbida por la mirada que el sostenía. Recordó lo que Ángela le había contado, y a pesar de cuanto odiara a Edward Cullen, no podía negar que Ángela se había quedado corta en su descripción. Edward Cullen era un literal sueño, era absurda e imposiblemente bien parecido. Jamás había visto un hombre así en su vida, ni siquiera en un catálogo de revistas de moda, sus facciones eran perfectas y angulares, tenía ojos brillantes y verdes, y su cabello era casualmente desordenado y del mismo extraño tono cobrizo que Elizabeth había heredado. De cerca era más alto de lo que había creído, sus hombros eran amplios y su cuerpo era ilógicamente bien formado. Simplemente Edward Cullen era perfecto. Pero sin duda lo que más llamaba la atención de él era su extraña arrogancia y seriedad, era extremadamente varonil y parecía bastante confiado de sí mismo.
Nuevamente Bella había perdido la noción del tiempo observándolo. Se ruborizó aun más cuando se percató que él la observaba mientras ella le miraba y escuchó que Alice continuaba riendo.
Edward apartó la mirada de la de ella y observó a su hermana con el ceño fruncido.
- no es gracioso, Alice… -
Alice continuó sonriendo y se volvió hacia Bella con una mirada divertida.
- ya ves, este es Edward… - comentó - no tiene una pizca de sentido del humor, para que lo conozcas… -
- ¡Papi! –
Los tres se volvieron al mismo tiempo y Bella pudo notar el cambio en los ojos de Edward Cullen y como se iluminaron al instante en que vio a Lizzie en los brazos de Jasper. Le dedicó una encantadora sonrisa a su pequeña – el pecho de Bella se oprimió – y se adelantó para tomar a la niñita que buscaba aferrarse a su cuello. La apretó contra él y besó su cabello.
- será mejor que vayamos a casa… - anunció.
Bella sintió que su pecho volvía a oprimirse al ver que ella se alejaba y quiso decir algo pero era demasiado cobarde, fue Lizzie la que habló.
- ¡Espera, papi! –
- ¡Sí, espera Edward! – se indignó Alice alzándose en toda su estatura - ¡Déjala despedirse de Bella, al menos… estás rompiendo el lazo entre secuestrador y rehén…! – le miró falsamente ofendida y se cruzó de brazos – definitivamente no tienes sentimientos…-
Edward se detuvo por unos momentos. Bella le vio mirar el rostro anhelante de su hermana y vio también como Jasper asentía a su lado, entonces, suspiró derrotado y dejó a Elizabeth en el suelo otra vez. Bella solo fue consciente de los ojos de la niña que corría a ella con rapidez y la abrazaba con cariño.
- nos veremos pronto, Bella… - dijo Lizzie con alegría – ¡le diré a mi tía Alice que me traiga para verte…! -
Bella estrechó su pequeño cuerpecito por última vez y besó su cabello maternalmente.
- te estaré esperando Liz… -
La pequeña besó a Bella en la mejilla...
- Elizabeth… -
Bella ignoró el llamado de Cullen y también el bufido exasperado de Alice. Lizzie se apresuró.
- dale mis saludos a Rosie… - dijo mientras se alejaba y caminaba hacia Edward - ¡Dile que la echo mucho de menos, pero que sé que estará bien contigo…! -
Bella solo pudo asentir.
Entonces Edward Cullen tomó a Elizabeth en sus brazos otra vez y se dirigió a la salida de la tienda con rapidez mientras Lizzie se despedía de Bella con la mano.
- ¡Edward! – exclamó Alice indignada saliendo tras ellos - ¡No has dejado que la enana se despida de mi, espera! –
Bella escuchó la campanilla cerrarse y se sintió más vacía que nunca. Pero era un sentimiento extraño, ya extrañaba a Elizabeth con toda el alma, pero también se sentía ansiosa por volver a ver a su padre otra vez. La voz de Jasper llamó su atención.
- no te preocupes, Bella… - le dijo – no es siempre de esa forma… - y Bella supo que se refería a Edward Cullen – no siempre es tan malhumorado, pero Elizabeth es todo para él y ayer realmente se llevó un mal rato… -
Sin embargo, Bella aun no concebía como podía haber dejado a su niña de cinco años sola esperando en la escuela.
- ya lo creo… - dijo sarcástica.
Jasper rió divertido y la observó a los ojos.
- interesante… - comentó, Bella le miró sin entender - ¿sabes?, tengo una facilidad para saber lo que los demás siente, digamos, pero no hay que ser demasiado empático para notar que estás profundamente confundida por algo. -
Bella se ruborizó. Apartó la mirada de los ojos del novio de Alice y se apresuró, tenía que salir de allí, era la peor mentirosa del mundo y su padre siempre solía decir que ella era un libro abierto.
- no sé de qué hablas… - murmuró - permiso… -
Se encaminó nuevamente hacia el mostrador, a ver si podría terminar de etiquetar los libros antes de terminar su turno. Vio por el rabillo del ojo que Jasper volvía a la oficina y suspiró. Cerró los ojos pensando en lo sucedido. ¿Cuál era su problema?, ¿Por qué le había sucedido algo así?. Se sintió como una tonta. Edward Cullen debía pensar que era una completa idiota. Reprimió la rabia y la frustración que sentía y abrió los ojos otra vez.
Solo para encontrarse con el rostro atónito de Ángela, quien le preguntó con voz horrorizada...
- ¿Secuestraste a la hija de Edward Cullen? –
Bella no pudo evitarlo, volvió a cerrar los ojos y bufó exasperada.
Hola!. He aquí el segundo capítulo, espero que les haya gustado y que me dejen saber lo que piensan, muchas gracias por los comentarios del anterior, de verdad. No estamos leyendo. Adiós!
