Sol de Mediodía
Capítulo III: "Equilibrio"
La campanilla de la entrada de la librería sonó por enésima y él levantó el rostro del libro que leía.
Isabella Swan había llegado al fin.
La joven ingresó con una enorme sonrisa en su rostro y una energía que no había visto jamás en ella, se dirigió al mostrador principal de la tienda con rapidez, y Ángela Weber la saludó con un abrazo amistoso, se dirigieron unas pocas palabras y ella asintió con efusividad cuando Ángela señaló unas cajas del rincón, se apresuró en tomar una de ellas y la subió con esfuerzo al mesón para comenzar a sacar libros con una expresión de concentración en su rostro, ajena a todo lo demás y completamente ajena a que era observada desde el otro lado de la tienda.
Edward Cullen la observó. No podía negarlo, la joven era muy bonita, lo había notado desde el preciso instante en que la había visto en el umbral de su casa en medio de la oscuridad. Ahora que podía observarla sin que ella se diera cuenta, confirmaba con creces su primera impresión. Su cabello castaño era muy largo y hasta la cintura, lo que la hacía parecer mucho más joven de lo que la creía. Sus ojos eran grandes, expresivos y brillantes, de un profundo color chocolate, su cabello oscuro enmarcaba su rostro acorazonado y de facciones femeninas. La vio sonreír al escuchar algo que Ángela decía, negar con la cabeza y morderse el labio reprimiendo una risita.
Bella era muy pequeña y menuda, parecía muy frágil y su caminar era poco ortodoxo; la vio voltearse a la repisa trasera para ayudar a una mujer que llamaba su atención y tropezó con sus propios pies, alcanzó a sujetarse del mesón y Edward se obligó a suprimir una sonrisa. La chica era aun más adorable cuando se ruborizaba.
Sintió que su pecho se oprimía por unos segundos y se sorprendió de sí mismo. Frunció el ceño. Ya se le pasaría.
Entonces la vio tomar una pila de libros que estaba sobre el mesón y se dirigió a uno de los pasillos. Edward observó el caminar poco ortodoxo de ella con interés y sus ojos se encontraron con los de Ángela Weber que le dirigía una mirada confundida. Se incomodó, pero no vaciló en dirigirle una fría mirada a su antigua compañera de escuela quien se ruborizó al instante y agachó el rostro.
Ya era suficiente. Cerró el libro que leía y se encaminó a las estanterías por las que la mujer se había perdido.
Bella se sentía más feliz de lo que no recordaba haberse sentido en la vida. A pesar de que lo intentaba, no podía sacarse la sonrisa tonta del rostro y eso Ángela no lo había pasado por alto, pero es que el solo hecho de haber visto a la pequeña Lizzie el día anterior, había hecho que su día comenzara a brillar imaginando que volvería a verla pronto. Se encaramó con cuidado sobre un taburete y acomodó los libros en las repisas respectivas con expresión concentrada, su sonrisa en el rostro y ajena a todos los demás, solo pensando en la pequeña Elizabeth, en sus iluminados ojos verdes y en como esperaba que Alice la llevara nuevamente para volver a verla. Bella casi no podía esperar a ver la expresión en el rostro de la niñita cuando le devolviera a Rosie, había decidido que en cuanto la viera se la entregaría, por lo que la muñeca estaba esperando en su camioneta, y a pesar de que representara una conexión especial con la pequeña, deseaba con toda su alma ver los ojos de la niña al ver a su muñeca preferida de vuelta con ella. Sintió que algo la llenaba por dentro de emoción al recordar los brazitos de Elizabeth alrededor de su cuello y como había buscado su mirada el día anterior. Sonrió.
- Buenas tardes… -
Se congeló de inmediato. Sintió que un escalofrío la recorría de pies a cabeza al escuchar aquella voz, la reconocería donde fuera, estaba segura que ningún hombre en el mundo tenía una voz tan cautivante como la de él. Antes de pensar algo más se volteó con asombrosa rapidez.
Error. Fue demasiado rápido; antes de que pudiera evitarlo el taburete osciló y Bella perdió el equilibrio, sintió que su cuerpo caía de espaldas e iría a parar directo al suelo de baldosa, cerró los ojos por acto reflejo, esperando el impacto y como consecuencia un par de huesos rotos, pero no pasó nada.
No había golpeado el suelo.
Abrió los ojos confundida y parpadeó. Entonces se percató que Edward Cullen la había recibido, había caído directamente en los brazos de él y ahora la tenía firmemente sujeta. Él la observaba impasible, sin ningún tipo de emoción en su rostro perfecto más que seriedad y compostura, sin embargo, la miraba fijamente y Bella se encontró una vez más perdida en la mirada de él y estaba completamente segura que de esa caída nadie podría rescatarla.
Se sintió mareada, el padre de Elizabeth la posó nuevamente en sus pies con cuidado, pero su cuerpo parecía flojo y amenazó con caer de nuevo. Él la atrapó otra vez.
- cuidado… - advirtió con seriedad y alzándola nuevamente – realmente eres todo un peligro. -
Bella le dirigió una mirada indignada, se apartó de él con rapidez y se acomodó la chaqueta, roja como un tomate.
- Alice no está… -
Edward Cullen frunció el ceño, como si se hubiese esperado cualquier frase menos aquella.
- no he venido por Alice – dijo con voz dura – vengo a hablar contigo.-
Bella sintió aquel escalofrío otra vez y se mordió el labio por los nervios. No podía estar sucediendo esto. Edward Cullen había probado ser el tipo de hombre que por alguna u otra razón le cortaba la respiración y que extrañamente la hacía terminar pareciendo una completa idiota y ridiculizándose a sí misma.
Observó el libro que tenía en sus manos, tratando de evadir por todos los medio la mirada de él y se alzó en toda su altura para tratar de colocarlo en una de las repisas de arriba. Se ruborizó como carmín al saber que él la observaba y que no era lo suficientemente alta para alcanzarla.
- déjame a mí. –
Él tomo el libro de sus manos y lo puso elegante y cómodamente en su lugar. La observó otra vez y bufó.
- ¿podemos hablar ahora? –
Bella no levantó la vista hacia él, asustada de su propia reacción; sabía perfectamente cuál era su debilidad y no podía permitirse el quedarse mirándolo como estúpida otra vez. Entonces él habló con evidente molestia y demasiada autoridad en su voz.
- sígueme a la oficina –
Ahora sí Bella levantó el rostro al instante. ¿Qué?, ¿acaso era una orden?, nadie iba a darle órdenes, definitivamente Edward Cullen era un tipo arrogante y demasiado confiado de sí mismo, le dio una mirada indignada y abrió la boca para ponerlo en su lugar, pero él la interrumpió.
- no te preocupes… - dijo impasible y con mirada molesta – si te sientes tan asustada puedes decirle a tu novio que te acompañe…-
- ¿novio? – repitió.
El padre de Elizabeth la observaba serio. Entonces Bella se percató de que Mike Newton les observaba de brazos cruzados desde el otro lado de la tienda con una evidente molestia en su rostro. Revoleó los ojos exasperada.
- no tengo novio – espetó fastidiada – ¡y mucho menos estoy asustada! -
Cullen no mostró signo de emoción alguno en rostro perfecto, al contrario, sin una palabra más, tomó su brazo posesivamente para guiarla pero ella se detuvo y se alejó al instante de él.
- puedo sola… - dijo orgullosa – gracias -
Pero el movimiento había sido demasiado rápido para su horrorosa suerte y tropezó por segunda vez, sin embargo, allí estaba Edward Cullen nuevamente para alcanzar a sujetarla.
- solo han pasado dos minutos… - dijo entre indignado y sorprendido – dos minutos, y ya vas directo al suelo otra vez. -
Bella le ignoró a pesar de que sentía sus mejillas arder. Se encaminaron por el pasillo e ingresaron a la amplia y elegante oficina de Alice. Apenas Bella estuvo adentro se volvió para encararlo y se cruzó de brazos.
- ¿Qué quieres? – soltó.
Cullen cerró la puerta tras él, sus ojos parecían haberse oscurecido por alguna razón y la observó duramente. Bella se sintió atrapada.
- quiero saber por qué te empeñas en ilusionar a mi hija. -
Bella quedó estupefacta, levantó el rostro confundida.
- ¿ilusionar… a Lizzie? – repitió sin comprender - ¿de qué estás hablando? –
Edward Cullen estalló y Bella se sobresaltó al instante…
- ¡Elizabeth no para de hablar de ti! – exclamó, y era obvio que por alguna razón aquel detalle le molestaba sobremanera - ¡Todo lo que hace, dice y piensa está relacionado contigo desde que te conoció! – Bella no pudo evitar sentirse feliz - ¡mi hija no es la misma niñita que dejé aquel día en la Academia, ya no es como antes…! – se pasó la mano por el cabello cobrizo desordenándolo un poco más – es completamente increíble como espera con ansias otro momento para verte, como desea venir a la librería desde que supo que estás aquí, como cada vez que sale cree que te veremos… – suspiró molesto y la observó – por eso quiero que te alejes de ella. -
Bella sintió que su felicidad se esfumaba al instante. Su pecho se apretó ante la perspectiva y se apresuró.
- no, no me pidas eso – dijo obstinada - ¡si Liz quiere ser mi amiga yo lo seré! –
Se ruborizó por la estupidez de la frase.
- ¿amigas? – repitió él, mas furioso de lo que lo había visto - ¿amigas?, ¡ella no te ve como una amiga y lo sabes… ella te ve como, como…! –
No terminó, pero Bella supo lo que quería decir; lo mismo le había dicho Ángela el día anterior. La forma en que Lizzie la miraba y la buscaba era como si ella fuera su mamá.
- mi hija ha sufrido mucho, ha pasado por varias cosas… - continuó Cullen tratando de calmarse – a pesar de que he hecho todo para evitarle sufrimientos, hay algunas cosas que no puedo evitar – suspiró y la observó serio - no quiero que tú la hagas sufrir también, Elizabeth es una niñita, solo tiene cinco años y a pesar de que se lo he dicho, no entiende que tú no la quieres de la misma forma… -
- ¿Con que derecho le has dicho eso? – exclamó frustrada - ¡Yo quiero mucho a Lizzie, demasiado! –
- ¡¿Cómo puedes decir eso?! – Edward Cullen lucía furioso y había dado un paso amenazante hacia ella - ¡¡No la conoces, no sabes nada de ella… ¿Cómo te atreves a decir eso?, ¿Cómo puedes quererla?!–
Las palabras salieron de la boca de Bella antes que pudiera detenerlas…
- lo mismo me he preguntado desde que la conocí –
Edward Cullen no contestó. Pasó unos segundos observándola como buscando alguna explicación en su mirada y Bella tuvo que agachar la cabeza pues sentía como él la escudriñaba, después de unos segundos, gruñó derrotado y se alejó otra vez.
- eres tan impredecible… - espetó frustrado, continuó – pero te lo advierto, no quiero que mi hija sufra, Elizabeth ha pasado por demasiado y no voy a permitir que tu también la hagas sufrir… -
- jamás le haría daño… - exclamó Bella de inmediato - ¿Cómo podría hacerle daño? –
- ¡Cuando te apartes de ella! – soltó Cullen, exasperado - ¡Cuando llegue el día en que te aburras de ella, en que te canses de la niñita que te sigue por todos lados… tarde o temprano vas a aburrirte de la situación y querrás quitártela de encima; llegará el día, en que tengas tus propios niños y no la necesites más, no querrás que ella te busque cuando estés con tu novio y terminarás apartándote de ella…! – continuó molesto – cuando ese día llegue, cuando se termine tu capricho por Elizabeth, la única que sufrirá será mi hija y no estoy dispuesto a permitir que eso suceda… -
Bella quedó estupefacta, lo pensó por unos segundos y evaluó lo dicho por él. Lo normal sería que él tuviese la razón, que Lizzie se transformara en un estorbo para el normal curso de su vida, pero Bella no llevaba una vida normal, al contrario. Elizabeth era la única parte importante de ella.
- nada de lo que has dicho sucederá - dijo con voz suave – si Lizzie me necesita ahí estaré-
Edward Cullen se transformó; se dirigió a ella en un par de zancadas y Bella retrocedió por instinto antes que él tomara sus brazos con más fuerza de la debida y la observara fijamente con sus ojos más oscuros de lo normal.
- dije que no te quiero cerca de mi hija. -
Bella no se amedrentó y alzó el rostro hacia él desafiante.
- y yo dije que estaré ahí para ella cada vez que me lo pida… -
Edward la soltó; soltó otro gruñido molesto, definitivamente esto no estaba resultando como lo había planeado. Se volteó exasperado y se apretó el puente de la nariz tratando de controlarse, entonces sintió la voz de ella, suave y un poco atemorizada.
- no confías en mí, ¿verdad? –
No contestó de inmediato. No lo hacía. No confiaba en ella, su parte racional no lo hacía. Sin embargo, había algo extraño en aquella chica de ojos castaños que le conmovía sobremanera.
- ¿Cómo podría confiar en ti? – preguntó volteándose a verla con frialdad, ella se había ruborizado - ¡Te llevaste a una niña que ni siquiera era tuya! –
La furia se plasmó al instante en el rostro de Bella.
- ¿Cómo te atreves? – exclamó incrédula - ¡fuiste tú el que dejó a una niña de cinco años sola frente a su escuela en medio de la lluvia! -
- eso fue un mal entendido – se apresuró Cullen, molesto por alguna razón – todo fue culpa de mi cuñado…-
Pero la caja de pandora había sido abierta y ya no había vuelta atrás. Bella sintió algo que quemaba en sus ojos.
- ¡eres su padre…! – exclamó descontrolada - ¡ella te necesita, se supone que debes cuidarla y estar siempre ahí para apoyarla…! – pensó en su propio padre y sintió la garganta seca, no podía llorar, no ahora – ¡¿Por qué vienes a decirme estas cosas mi?!... eres tú el que debe hablar con ella, preguntarle qué es lo que siente en realidad, ¿te has puesto a pensar alguna vez en como Lizzie se siente con respecto a ti?... ¿en qué piensa cuando la dejas cada vez que tu trabajo te necesita? – sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas y pensó en sí misma - ¡los padres son egoístas, y tú te estás transformando en uno de ellos, todos son egoístas y solo piensan en sí mismos… cuando se supone que deben estar siempre ahí… cuando se les necesite, en vez de preocuparse por lo sentimientos de ellos mismos, deberían parar a pensar en los sentimientos de los hijos… no en…! -
Genial. No pudo continuar, su voz se había quebrado. El padre de Elizabeth la miró desconcertado.
- ¿estás bien? –
Bella asintió y se quitó las lágrimas del rostro con rapidez. No podía estar pasándole esto, jamás, en toda su vida había sucedido algo así. Nunca se había mostrado así de conmovida y vulnerable frente a alguien, por un momento agradeció sus lágrimas, o hubiese terminado soltando todo lo que sentía y pensaba y eso no podía permitírselo, menos enfrente del siempre perfecto Edward Cullen.
Silencio.
A Bella se le escapó un sollozo involuntario y agachó el rostro, Edward Cullen se acercó a ella lentamente y le tendió un pañuelo. Bella lo tomó a regañadientes, genial, el perfecto caballero, pensó exasperada.
- no quise que te pusieras así – dijo él sin ninguna emoción en su voz aterciopelada – pero tampoco quiero que mi hija sufra, por eso te pido que te apartes de ella… es lo mejor para todos –
Bella contuvo una oleada de lágrimas y alzó el rostro hacia él.
- no quiero apartarme de ella… - susurró, él abrió la boca para protestar pero ella se apresuró – pero lo haré… - sintió que su garganta se apretaba y que el dolor en su pecho se incrementaba – si tanto me quieres lejos de la vida de ella, lo haré, eres su padre y yo no soy nadie para estar con ella. -
Él la observó a los ojos, de la misma forma que lo había hecho antes, como si buscase alguna respuesta en ellos.
- verás que es lo mejor para ti… - dijo después de un rato – no necesitas en tu vida una niña que no es tu responsabilidad y que no te dejará continuar con tu vida-
Bella sonrió sarcástica y se mordió el labio. No era necesario explicarle a Edward Cullen que ella no tenía ni tendría vida alguna, ni que su única hija se había transformado en el único rayo de sol de ella, ahora veía todo negro.
Suspiró tratando de calmarse.
- será mejor que me vaya... – se apresuró – estoy en mi hora de trabajo. -
Se dio media vuelta para salir con rapidez y su vista nublada por las lágrimas. Medio desorientada, tropezó con sus propios pies y Edward Cullen rodeó su cintura al instante para sujetarla.
- ten cuidado – advirtió – no estaré siempre a tu lado para salvarte de ti misma… -
Bella no contestó ni tampoco le miró. Se deshizo de él con rapidez y se perdió por el otro pasillo con dirección a los baños para lavarse la cara.
Hizo todo lo posible para respirar y calmarse para que el dolor en su pecho no la traicionara otra vez. Se lavó la cara y trató por todos los medios que sus ojos hinchados no la delataran. Sintió rabia. Rabia contra aquel hombre que la odiaba sobre manera sin que ella le hubiese hecho nada.
Salió con cuidado y se dirigió nuevamente hacia las estanterías, no habían pasado dos segundos cuando Ángela estuvo a su lado.
- ¡Bella! – susurró viéndola a los ojos - ¿estás bien? –
Bella intentó sonreír…
- estoy bien… - dijo con voz ronca y poniendo los libros en sus lugares – pero parece que Edward Cullen no quiere que me acerque a su hija otra vez. -
Ángela no contestó, la observó unos segundos y le dedicó una sonrisa amable.
- no te preocupes… - susurró – Alice la traerá para que la veas… -
- no creo que su padre lo permita… -
Ángela abrió la boca para hablar otra vez, pero Bella se apresuró antes de que aquel ardor en su garganta la traicionara otra vez.
- llevaré estos libros arriba… - dijo tratando de sonreír – Cullen me ha hecho perder demasiado tiempo y estoy muy atrasada. -
Antes de que Ángela dijera mas, había tomado una pila de libros y se dirigió escaleras arriba.
El segundo piso estaba vacío y se sintió aliviada de que así fuera.
Mientras acomodaba los libros, Bella pensó en Elizabeth. En que ambas eran parecidas de alguna u otra forma., ambas ansiaban el cariño de una mamá. Su mente divagó años atrás y recordó su temprana niñez, no habían sido buenos tiempos; su padre había quedado destrozado cuando Renée le había dejado para ir a Jacksonville, pero había sido aun peor cuando supo que ella había muerto. Los ojos de Bella se llenaron de lágrimas otra vez. Renée no había sido el prototipo de madre perfecta y lo sabía, a pesar de que no la recordaba mucho pues solo tenía cinco años cuando ella había enfermado; sabía que Renée había sido el tipo de persona infantil y despreocupada, pero que la había querido con toda el alma. Bella había crecido extrañando a sus padres y odiándolos al mismo tiempo por cómo se habían comportado con ella.
Entonces pensó en que la vida de Lizzie era completamente diferente.
Elizabeth Cullen lo tenía todo, un padre que la adoraba sobremanera, una familia detrás de ella y una posición económica envidiable por lo que sabía que jamás le faltaría nada, cosa que Bella no había gozado. Bella había sufrido más de lo que la falta de una mamá pudiera significar y odiaba su vida por ello, odiaba su mala suerte.
Al fin, Bella se dio cuenta que Edward Cullen tenía razón, Lizzie no la necesitaba; Lizzie era una niña feliz que no necesitaba a nadie más en aquella vida que su familia se esforzaba en llenar. Pero le dolía dejarla ir, porque Bella la quería, porque Bella sentía el extraño sentimiento de querer estar con ella, de acariciar su cabello cobrizo y de estrecharla en sus brazos y estaba segura que Lizzie ansiaba lo mismo. Aunque Edward Cullen no la quisiera en la vida de su hija y asegurara que Elizabeth era completamente feliz, Bella sabía por experiencia propia que Lizzie añoraba una mamá, no a su tía, o a su abuela… una mamá para ella, como la misma pequeña le había dicho el primer día que la había conocido.
Sin embargo, ella no debía tomar ese lugar por mucho que quisiera. Sabía perfectamente que la única perjudicada sería ella misma.
Bella no quería sufrir más. Había ido a Forks huyendo de las malas experiencias y buscando aislarse del mundo, pero ahora estaba atada emocionalmente a una pequeña niñita que se había transformado en el norte de su vida y a la que no le correspondía para nada serlo.
Se dispuso a bajar la escalinata otra vez, escuchó la campanilla de la entrada y recordó los ojos verdes de Edward Cullen, los mismos de Lizzie, pero distintos en expresión. A pesar de todo lo que le había dicho, Bella sabía que adoraba a su hija por sobretodas las cosas, que estaba dispuesto a cualquier cosa por ella y que realmente quería evitarle el sufrimiento; pero no había nadie que quisiera evitarle el sufrimiento a ella.
Las lágrimas se agolparon en sus ojos castaños nuevamente y se sintió como una tonta cuando se sintió temblar y sus ojos se nublaron. Mal momento. Pisó un escalón en falso y antes de poder sujetarse, su mala suerte había sido tentada. Se sintió caer con fuerza y rodó escaleras abajo, golpeó el suelo y un dolor agudo en la cabeza la aquejó.
Sintió un gemido y pasos rápidos a su alrededor antes de sumergirse en la más completa oscuridad.
Bailaba. Danzaba en medio de la niebla solo consciente que él la estrechaba. Sus ojos brillaban como dos esmeraldas verdes. Le sonrió y Bella se sintió derretir al verle sonreír de esa forma solo para ella, devolvió la sonrisa sintiéndose la mujer más afortunada del universo. Estaban solos, no había nadie más y Edward Cullen apretaba su cintura sin quitar la mirada de la de ella. Le sonrió otra vez y ambos dieron una vuelta. Bella se sorprendió de que su torpeza no la hubiese traicionado y sonrió aun más ampliamente cuando él la estrechó para acercarla más hacia él.
- nunca había hecho esto… - susurró Bella con voz soñadora y sintiéndose perdida en los ojos de Edward Cullen – es la primera vez en mi vida…-
Él la observó y soltó una risita que solo hizo que Bella se sintiera mas cautivada por él. Sin embargo era demasiado real y su respuesta fue totalmente inesperada.
- realmente no sé que estará soñando, pero ya es hora de que despierte señorita Swan. -
Bella frunció el ceño. Entonces, ya no bailaba, ya no había niebla. Ahora todo era oscuridad y un ruido molesto a lo lejos, un ruido demasiado familiar para su gusto. Ahora era una mujer la que hablaba.
- ¿puede oírme, Isabella…? -
Entonces Bella recordó lo último que vio; los escalones de la escalera. Abrió los ojos al instante y se incorporó con asombrosa rapidez.
- ¡Oh Dios mío! – exclamó - ¡¿Dónde estoy?! –
- ¡No se mueva, señorita Swan! – exclamó la mujer volviendo a recostarla.
Bella tenía una expresión de pánico en el rostro. Observó que estaba tendida en una de aquellas familiares camas de hospital. No puede ser, no otra vez. Miró a su lado derecho y vio dos figuras de blanco, una enfermera joven y de aspecto amable que la observaba y la figura alta e imponente de Edward Cullen que la miraba de brazos cruzados.
- te dije que no estaría allí todo el día para cuidarte de ti misma - comentó con una sonrisa.
Bella se sintió enrojecer. De rabia y de vergüenza. Como podía él sonreír y estar de brazos cruzados a su lado en aquella situación, como si nada hubiese sucedido unas horas atrás, Bella le dio una mirada indignada y se volvió a la enfermera.
- ¿Qué sucedió? –
Ella sonrió con dulzura…
- cayó por la escaleras en su trabajo, Isabella… fue un tramo largo pero todo está bien ahora, debe estar tranquila, el doctor Cullen, su doctor de cabecera llegará dentro de un minuto –
Bella se volvió hacia el padre de Elizabeth con expresión confundida…
- ¿el doctor Cullen… no eres…? -
- me temo que no ha tenido el privilegio de ingresar como mi paciente, señorita Swan – explicó él con una sonrisa en los labios – usted es paciente de mi padre… -
Bella le observó por unos segundos, ahora él sonreía y eso la extrañó. Parecía que no era el mismo hombre que había visto unas horas atrás, realmente Edward Cullen tenía unos drásticos cambios de humor. Suspiró.
- Bella… - aclaró de pronto, él la miró confundido – llámeme Bella, doctor Cullen, no soy Isabella ni tampoco la señorita Swan, soy Bella… -
Él la observó con expresión sorprendida. Realmente aquella chica siempre salía con algo inesperado. Sonrió.
- en ese caso, llámame Edward.-
La joven asintió y por unos segundos, ambos se miraron el uno al otro. Entonces, la enfermera carraspeó con fuerza y observó al padre de Elizabeth con una expresión extraña en su rostro.
- su turno ha terminado hace media hora atrás, Doctor Cullen –
Edward la ignoró.
- quería saber si habías despertado bien… - le explicó a Bella, quien se sonrojó furiosamente, pero le sonrió.
- me siento bien… - susurró.
Entonces la puerta se abrió y los sobresaltó a todos. Otro doctor ingresó y no ocultó su sorpresa.
- ¡Edward! – exclamó con una sonrisa - ¿Qué haces aquí? –
Observó a la cama donde Bella estaba acostada.
- ¡me alegra ver que ha despertado, Señorita Swan...! –
- Bella… – la aludida se sorprendió de no ser ella la que corregía sino Edward Cullen, alzó el rostro hacia él y se observaron unos segundos, hasta que Edward se volvió al recién llegado –…su nombre es Bella.-
La enfermera le ayudó a sentarse en la cama y Bella pudo ver mejor al doctor Carlisle Cullen. Ahora sabía porque Edward, Alice y Elizabeth eran tan extrañamente bellos. Habían sido favorecidos por la genética. Por una parte Esme era preciosa, y ahora que conocía a su flamante marido, no pudo evitar quedarse con la boca abierta. El doctor Cullen era muy alto, tan solo unos centímetros menos que su hijo, tenía facciones perfectas y varoniles, las mismas que Bella reconoció en Edward, ambos eran relativamente parecidos, aquella piel extremadamente pálida y los mismos ojos. La diferencia estaba en que él tenía cabello rubio como la miel y a pesar de ser un hombre maduro lucía extrañamente joven.
- me alegra decir… - comenzó el doctor Cullen con una sonrisa – que todo está en perfecto orden, tan solo aquella herida sobre la ceja… – Bella quiso tocarla pues no se había dado cuenta que estaba allí, pero Edward le dio una mirada y negó con la cabeza – se golpeó bastante fuerte en la cabeza, Bella, hicimos varios estudios y no hay daño alguno, sin embargo se sentirá un poco mareada dentro de las próximas horas y los efectos de la morfina ya deberían ir pasando – Bella se ruborizó y su corazón comenzó a latir con fuerza al pensar en sus fantasías. El doctor Cullen le sonrió – Esme está muy preocupada y terriblemente arrepentida, déjeme decirle que tratamos que las medidas de seguridad en la librería sean extremas, pero por alguna u otra razón no lo fueron – suspiró con culpabilidad – realmente lamento mucho lo que sucedió, y a nombre de mi mujer y mi familia le pedimos disculpas, y si hay algo que pueda hacer por… -
Edward cortó a su padre con una sonrisa.
- no te preocupes, papá, la he visto ¿sabes? – dijo de manera casual – no es culpa de las escaleras o de las medidas de seguridad – se volvió hacia la chica y continuo - Bella es un imán del peligro y las situaciones peligrosas -
Bella le observó fijamente, se miraron desafiantes por unos segundos y suspiró derrotada.
- lamento decir que Edward tiene razón, doctor Cullen – explicó – perdónenme por el alboroto, pero parece ser que tengo una suerte poco envidiable… -
Antes de que alguien pudiera agregar algo mas, la puerta se abrió con estrépito y la figura pequeña y energética de Alice Cullen apareció en el umbral.
- ¡Oh Dios mío, Bella! – gritó con exageración en su rostro perfecto - ¡lo siento, lo siento, lo siento, lo sient…! –
- ¡Alice! – exclamaron Edward y su padre al mismo tiempo.
Carlisle observó a su hija con una mirada de pacífica advertencia.
- este es un hospital, guarda silencio… -
La chica le envió la más dulce de las miradas de disculpa a su padre y sonrió de aquella forma en que Bella estaba segura podría ablandar el corazón más duro de todos.
- perdón, papá… - caminó con elegancia hacia los pies de la cama y explicó – pero es que estaba tan preocupada, cuando Ángela me dijo lo que había sucedido, me sentí tan culpable de no haber estado allí que… –
Bella la cortó en seco con una sonrisa.
- estoy bien Alice, de verdad -
Los ojos azules de Alice se abrieron y sonrió ampliamente. Observó a Edward por el rabillo del ojo y se dirigió a Bella nuevamente…
- en ese caso me alegro muchísimo porque hay alguien que se muere por verte… –
La chica frunció el ceño.
- ¿Qué, quien? –
Alice soltó otra risita y se apresuró en abrir la puerta.
- ¡Bella! –
Edward soltó un gruñido y su expresión cambió al instante, pero Bella lo ignoró y su rostro se iluminó por la alegría.
- ¡Liz! –
Alice se apresuró en alzar a la pequeña cariñosamente y caminó con gracia hacia la cama, para subir a Elizabeth a ella y sentarla a un lado de Bella. Ambas se abrazaron al instante.
Edward le dirigió una mirada asesina a su hermana menor, la que ella ignoró olímpicamente.
- ¿Dónde te duele, Bella? – preguntó Lizzie con ternura – mi papá te puede curar… -
Bella no pudo evitarlo, le sonrió y besó la frente de la pequeña sin importar que Edward Cullen estuviera a su lado.
- ya no me duele nada… - susurró con cariño - porque tú estás aquí… -
Lizzie sonrió emocionada y se refugió de inmediato en el pecho de la muchacha, quien la recibió y acarició su largo cabello cobrizo. A un lado de ellas, el rostro del padre de la pequeña era una oda a la furia.
Carlisle sonrió.
- podrá irse a su casa en dos horas, Bella… - dijo – la enfermera vendrá a buscarla, ahora debo seguir viendo a mis otros pacientes, hasta luego… -
- gracias, doctor Cullen -
Parecía que Alice se estaba conteniendo las ganas de saltar de alegría, observaba a Bella y a Lizzie abrazadas con tal expresión de emoción contenida, que dio un respingo cuando su hermano se dirigió a ella.
- Alice… - ella se volvió hacia él, y fue obvio que Edward estaba tratando por todos los medios de controlar su furia – afuera - siseó – ahora -
La joven se encogió de hombros sin siquiera inmutarse por la expresión de él, se despidió de Bella con una sonrisa y salió de la habitación con alegría. Edward le dio una última mirada a Bella y Lizzie, contuvo una mirada molesta y salió tras su hermana para cerrar la puerta con fuerza.
Bella pudo jurar que Alice se llevaría la reprimenda de su vida.
