Sol de mediodía
Capítulo IV: "Realidad"
- ¿podrías colgar ya, por favor?... ¡Jasper va a llamarme! – pausa – sí… sí… te avisaré de inmediato. -
Bella escuchó la melodiosa voz de Alice Cullen como si llegara desde lejos y eso la hizo tratar de abrir los ojos, pero aun se sentía demasiado adormilada. Estaba abrigada, segura y somnolienta; escuchó un tintineo a los lejos y despertó por completo, oyó pasos suaves que resonaban en el piso y parecían acercarse cada vez mas. Entonces, un leve dolor en la cabeza la aquejó y se incorporó con suavidad para sentarse, completamente desorientada.
Se sorprendió al observar el lugar, de seguro estaba en su cama, observó las cortinas familiares de su propia habitación y la mecedora que estaba en una esquina.
Estaba en su casa.
La luz del día se colaba imperiosamente a través de la ventana, afuera estaba nublado como todos los días en Forks, sin embargo todo estaba extrañamente iluminado, la puerta se abrió y la figura pequeña y perfecta de Alice Cullen apareció en el umbral con una sonrisa tan radiante que lograba iluminar cada rincón de su simple habitación…
- ¡Buenos días…! – exclamó con aquella voz de soprano cantarina que la caracterizaba, agregó – ¡aunque tal vez sería mas correcto decir buenas tardes…! –
- ¿Alice? – preguntó Bella, sorprendida - ¿Qué haces aquí? –
Alice le dio una mirada de profunda ofensa e ingresó a la habitación con confianza para posar la bandeja con el desayuno a su lado…
- ¿Realmente creías que te dejaríamos sola después de tamaño golpe que te diste…? - Bella se ruborizó al instante - ¡Claro que no! – exclamó Alice como si fuera obvio - …después de que Carlisle te inyectó el tylenol no supimos nada mas de ti, caíste dormida por completo, yerta como una tabla, pero era necesario para que el dolor aplacara un poco, eso fue lo que dijo…! – la observó preocupada - ¿te duele la cabeza aun? –
Bella negó…
- ya no me duele nada –
El rostro de Alice se iluminó al instante y se levantó como un resorte, derrochando energía para abrir las cortinas...
- ¡perfecto! – exclamaba más animada que nunca - ¡tenemos muchísimo por hacer hoy, te encantará, primero pasaremos por…! –
Pero Bella había dejado de prestarle atención al ver el reloj de su mesita de noche y sus ojos castaños se abrieron con horror…
- ¡Oh, Dios mío Alice! – gimió - ¡son las doce y media! – nunca en la vida le había sucedido algo así, se apresuró y trató de levantarse - ¡perdóname, perdóname, la librería debo estar en una hora allá, para empezar el turno y recibir…! -
Alice la cortó en seco.
- ¡de eso nada! – le dio una mirada exasperada y la empujó para que volviera a la cama – te he dado el día libre… - Bella abrió la boca para protestar, pero Alice le sonrió - ¡hoy haremos algo diferente, ya verás, te divertirás como nunca…! – sonrió con suavidad -¡descansa unas horas más, Bella, quédate aquí, ya verás como estarás completamente recuperada…! - señaló la bandeja – ¡come algo, te hará bien…! -
Bella la observó y solo entonces se percató que las ojeras de la chica eran aun más pronunciadas de lo normal, se horrorizó…
- ¡¿Alice, te quedaste aquí para cuidarme?! –
La muchacha asintió con una sonrisa amplia, como si estuviera emocionada por su buena acción…
- la verdad es que estaba bastante aburrida después de que todos se fueron… - dijo - y el sofá de tu sala estaba bastante duro… - agregó, Bella quiso hablar pero ella le cortó - ¡no empieces Bella! – volvió a sonreír y añadió con una sonrisa soñadora –…además, Jasper me acompañó por un tiempo, ¡pero no te preocupes que se fue antes de la medianoche…! – se apresuró como queriendo dejar en claro de inmediato aquel detalle, pero la mirada de Bella estaba llena de culpabilidad por lo que Alice tomó su mano amistosamente y no la rechazó - ¡no te preocupes por nada, Bella, lo importante es que todo salió bien, no te molestes conmigo, ni te sientas mal… - le dio un golpecito en el dorso de la mano y sonrió - …tan solo queríamos asegurarnos de que estuvieses completamente bien… - soltó un bufido exasperado y su sonrisa se esfumó al instante - ¡¡no podíamos dejarte sola en esta casa si el único acompañante que tienes es ese baboso maleducado…!! -
Bella frunció el ceño sin entender.
- ¡tu perro, Bella…! - aclaró Alice con gravedad- ¡el que por cierto, me odia…! - agregó como si ella le odiara de la misma forma – ¡no entiendo cómo puedes tener tamaño monstruo… apenas ingresé a la casa quiso sacarme entre ladridos y empujones, es un pedante…! – Bella no pudo evitar sonreír incrédula de que la siempre adorable y energética Alice estaba quejándose por un perro, la muchacha continuó con tono acusatorio - ¡lo hubieses visto, gracias a Dios no te despertó con la bulla que armó cuando nos vio traerte…! – reprimió un gemido - ¡el muy descarado vengativo me despertó ocho veces por la noche, ¡ocho veces!, trató de quitarme mis cobijas, trató de tirarme del sofá, se paseaba como loco alrededor de mí, solo para molestarme… – entonces sus ojos brillaron y una sonrisa amplia inundó su rostro – sin embargo… estoy segura que a Edward lo odia mas…-
La sonrisa de Bella se esfumó al instante, sintió su estómago más pesado de lo normal y se ruborizó por alguna razón. Alice la observó y enarcó una ceja, Bella trató de sonar casual…
- ¿así que tu hermano estuvo aquí…? –
Alice asintió sin quitar aquella risita extraña de su rostro.
- fue él quien te trajo… - explicó - ¡Lizzie, Jasper y yo le acompañamos, por supuesto! – su mirada azul estaba más brillante que nunca y Bella estuvo segura que algo la emocionaba demasiado, Alice continuó - ayer por la tarde te sacaron del hospital prácticamente dormida, Carlisle aseguró que el dolor duraría unas horas más, tal vez la noche completa y te sería difícil dormir por lo que sería mejor mantenerte sedada… Lizzie estaba triste por no poder seguir hablando contigo en cuanto lo supo, pero se calmó al instante cuando Jasper le aseguró que en cuanto despertarás podría hablar contigo –
Bella sintió aquel extraño apretón en su pecho al recordar a Lizzie y la mirada molesta de su padre al verlas juntas en el hospital.
- no debiste haberla llevado… - anunció con tristeza mal disimulada, Alice la miró confundida – a Liz, ayer, al hospital; tu hermano quiere que estemos lo más lejos posible la una de la otra… -
Alice se encogió de hombros y sacudió su mano restándole importancia…
- y a quien le importa lo que Edward diga… - espetó.
Bella abrió la boca para hablar pero la chica volvió a mirarle con una mirada exasperada y ofendida…
- ¿sabes Bella?... – exclamó molesta, señaló la bandeja - ¡estoy completamente consciente de que mis habilidades culinarias son las peores que se han visto por estos lados del planeta, pero debo afirmar que aquellos huevos que hice con tanto esmero para ti, me quedaron bastante bien, son totalmente comestibles y ni siquiera los has probado…! -
Bella rió ante la frustración en el tono de la chica.
- gracias Alice… de verdad – se apresuró tratando de ser cortés - pero odio los huevos… -
- ¡No! – exclamó Alice atónita, pareció pensar unos segundos y otra sonrisa cruzó su rostro perfecto, emocionada por alguna razón - ¡No puedo creerlo… ustedes…! – Bella frunció el ceño confundida, Alice le restó importancia - ¡No sabes cuánto Lizzie adora comerlos al desayuno, cada vez que está en casa le pide a mamá que le haga algunos, mi madre cocina espectacular…! – agregó.
Pero Bella pensaba en otra cosa, observó a la chica por unos segundos, tan energética y alegre en medio de su habitación y eso la hizo pensar en sus días de soledad. Las cosas habían cambiado tanto en cuestión de días y tan solo por haber conocido a la pequeña Liz.
- ¡aun no puedo creer que seas la tía de Elizabeth…! - comentó sorprendida – ¡pareciera que el mundo es tan pequeño…! -
Alice la observó y le sonrió con una expresión de extraña profundidad…
- el mundo no es pequeño, Bella… - comentó con los ojos más brillante que nunca – hay cosas y hechos que están simplemente predestinados – Bella la observó confundida – créeme Bella, ya lo verás, soy bastante intuitiva y hay cosas que veo desde un comienzo…- soltó una risita musical y quitó aquel aire de misterio al instante - ¡¡apresúrate, Bella, que nos queda toda una tarde por delante aun…!! -
Bella frunció el ceño…
- ¿para qué? –
- ¡para ir a Port Angeles! – exclamó derrochando emoción y dirigiéndose al guardarropa de Bella para abrirlo - ¡Tienes que ayudarme a elegir algunas cosas para la boda, debemos hacer varias compras a pesar de que mi hermana y…! – su voz cantarina se calló en seco.
Bella alzó el rostro para saber que sucedía pero entonces, Alice dejó escapar un gemido y se alejó horrorizada…
- ¡Oh Dios mío! – gritó exagerada; Bella se temió lo peor, se asustó sobremanera imaginando lo que Alice podría haber encontrado que causara tal impresión, entonces la muchacha de cabello oscuro se volteó - ¡¿Qué demonios es esto?! – señalaba una blusa color gris, una de las favoritas de Bella - ¡¡esto es de por lo menos tres temporadas pasadas, esto es… es…!! – Bella abrió los ojos sorprendida por su reacción - ¡¡No puedes vivir así, necesitas un completo nuevo guardarropa, esto es, esto es… mira eso, y eso!! – observó los zapatos – ¡¡No tienes nada decente…!! -
Bella abrió la boca ofendida, tal vez no le importaba eso de vestirse como modelo de pasarela y realmente evadía por todos los medios el ir de compras porque lo odiaba sobremanera, pero su ropa tampoco estaba tan mal para calificarla de indecente, de hecho, su ropa le gustaba, era sencilla, simple y cómoda.
Alice se volvió con una mirada peligrosa en sus ojos azules.
- ¿Cuándo fue la última vez que fuiste de compras Bella? - demandó.
La aludida se encogió de hombros sin prestar mayor atención.
- no lo sé…hace unos meses… -
Alice reprimió un gemido de horror y la miró como si estuviese enferma…
- ¡¿meses?! – repitió exageradamente - ¡Bella, necesitas ayuda urgente!... definitivamente tienes que desarrollar tu sentido de la moda y el buen gusto… -
Algo en la mente de Bella hizo clic. Observó a Alice y sonrió…
- ¡con que tu eres la tía que compra la ropa de Liz! – Alice la observó confundida – ¡Lizzie me lo comentó la primera vez que la conocí, me habló de una tía que le compraba su ropa y que se empeñaba en que ella aprendiera sobre moda! – sonrió – debo decirte que en ese entonces te imagine de forma completamente distinta…-
Pero Alice había pegado un gritito de alegría y la expresión de horror había sido reemplazada por una de emoción.
- ¡no puedo creerlo! – exclamó - ¡¿la enana te contó de mi don…?! - Bella asintió y Alice sonrió satisfecha de sí misma – ¡estoy haciendo un buen trabajo con ella y ahora lo haré contigo…! -
Bella se puso seria de inmediato.
- no soy la muñeca de nadie, Alice… -
La sonrisa de Alice no vaciló y su mirada se volvió de tal forma que Bella estuvo segura era la misma que usaba para conseguir todo lo que deseara.
- por favor, Bella… - pidió con suavidad – cuando estemos en Port Angels, no podrás negarte a… -
- no tengo ganas de ir a ninguna parte… - se apresuró Bella hundiéndose aun en la cama – debería ir a trabajar, estoy segura que a tu madre no le gustará el que yo falte porque sí… - se volteó hacia la pared para que ella no captara la mentira… - además, está comenzando a dolerme la cabeza otra vez. -
- ¡Mentirosa! – acusó Alice.
...Y el timbre sonó.
Bella frunció el ceño al instante. ¿Qué había sucedido en su vida? ¿Qué había sucedido con su soledad?. Había vivido los últimos cuatro años de su vida completamente sola y eran contadas con los dedos de su mano las veces que el timbre de su casa había sonado o que alguien estuviera visitándola.
Alice se asomó por la ventana y miró hacia abajo, frunció el ceño.
- estúpido desconfiado… - gruñó
- ¿Quién es Alice? –
La chica no contestó, salió corriendo de la habitación para bajar la escalinata con rapidez, Bella la escuchó abrir la puerta de entrada; al instante, Jake comenzó a ladrar furioso por lo que Bella no pudo captar mucho. La puerta de entrada se cerró, pasaron unos segundos, y en medio de los ladridos estridentes de Jake captó la voz de Alice que se acercaba.
- ¿Por qué estás aquí? – preguntaba - ¿no confías en mí? –
Jake seguía ladrando como condenado, entonces otra voz se unió a la de Alice.
- es mi trabajo, necesito saber cómo está progresando… -
Bella se petrificó y no pudo moverse por el horror, entonces, la puerta de la habitación se abrió por segunda vez; Edward Cullen estaba allí, de pie en el umbral, alto, intimidante y varonil como siempre. Los ojos se ambos se encontraron y Bella dejó de respirar por unos segundos, sintiéndose la más completa de las idiotas que pisaba el planeta.
Entonces, se dio cuenta de la situación. Él, siempre elegante, perfecto y más parecido a un Dios griego que nadie en el mundo, y ella, recostada en su sencilla habitación, en un pijama tres veces más grande que ella, por un momento creyó percibir una sonrisa en los labios de él al verla. Se sintió enrojecer y se apresuró a cubrirse con las frazadas, a pesar de que no era necesario. Alice lucía furibunda detrás de él.
- ¿podrías haber dicho que venías, Edward? – le reprochó a su hermano mientras él, para el horror de Bella, ingresaba a la habitación con su mirada sosteniendo firmemente la de ella - ¡…Bella ni siquiera está vestida correctamente, o maquillada o….! –
Bella hizo un intento de peinar su cabello con los dedos, roja como un tomate, Edward se sentó a su lado en la cama y la observó. Ambos ignoraban a Alice.
- ¿Cómo te sientes, Bella? –
Ella no pudo contestar al escuchar el tono varonil y aterciopelado de él.
Era oficial, era un completa estúpida y se había olvidado de respirar. Edward frunció el ceño al verla, y el rubor de Bella no aminoró cuando él alargó una mano con cuidado para tocar su mejilla.
- ¿tienes calor? – preguntó preocupado.
- … no puedo creerlo... – decía Alice - ¡eres un total desubicado y es bastante descortés de tu parte venir sin avisar, Bella necesita prepararse y…! –
Edward bufó y su mirada se oscureció. Bella supo de inmediato que estaba molesto.
- Alice – la aludida se calló al instante – hazme el favor de cerrar la puerta cuando salgas-
Alice soltó un bufido frustrado y salió como un huracán. Sus pasos suaves se oyeron bajando la escalinata y luego el sonido del televisor en la sala.
Edward se volvió hacia Bella y la observó a los ojos con intensidad, su expresión había cambiado por completo.
- recuéstate -
Bella estaba más roja que un carmín. No podía creer lo que estaba sucediendo. Todos los colores se habían ido a su rostro y no podía quitar la mirada de los ojos de él. Se quedó de piedra como una estúpida, sin ser capaz de moverse. Entonces Edward no pudo evitar una sonrisa suficiente.
- tienes miedo - afirmó.
La ira sacó a Bella de aquel trance en que él la sometía al instante. Se sintió molesta; definitivamente la arrogancia de Edward Cullen la sobrepasaba y le molestaba sobremanera, estaba casi segura que él se daba cuenta de las sensaciones que él provocaba en ella y lo disfrutaba. Le dio una mirada asesina por eso.
- no te tengo miedo… - susurró desafiante
Edward sonrió de lado.
- tal vez deberías -
Bella estaba roja como un tomate.
- ¿Dónde está tu padre? – preguntó tratando de pensar en otra cosa, mientras él observaba sus ojos con la linterna pequeña – él es mi médico de cabecera… -
- …quien te dio de alta ayer – Edward apagó la linterna y la guardó, continuó – de no haber sido por los sedantes habrías pasado una noche bastante mala - suspiró - aunque no lo creas, necesitaba asegurarme de que todo estuviera en orden y que hubieses amanecido bien -
La miró con profundidad y Bella sintió aquel extraño peso en la boca del estómago otra vez. Bella le miró y frunció el ceño luchando por todos los medios no perderse en la mirada de él otra vez. Pero su voz la traicionó.
- ¿haces esto porque quieres? – susurró.
Edward sostuvo la mirada de ella por unos segundos y se acercó unos centímetros a su rostro y Bella se olvidó de respirar otra vez cuando él susurró en el mismo tono de ella.
- necesito estar seguro de que estás bien -
Bella enrojeció nuevamente, se obligó a respirar una bocanada de aire mientras Edward sacaba un estetoscopio, colocó las dos olivas en sus oídos e hizo ademán de introducir la campana entre los botones del pijama hacia el pecho de Bella.
Bella palideció al instante.
Todo cambió.
El miedo la invadió por completo.
No. Bella se apartó automáticamente con los ojos muy abiertos y Edward también se congeló por su reacción. La muchacha respiraba entrecortado, definitivamente no podía dejar que él la tocara, que nadie la tocara, no otra vez.
Edward la observó sorprendido.
- soy médico… - susurró tratando de acercarse, pero ella se alejó nuevamente, frunció el ceño – Bella, no te haré nada malo… -
Bella no contestó. Por supuesto sabía que él no le haría nada malo, pero simplemente no podía. Recordó lo sucedido aquella fatídica tarde. Su respiración comenzó incrementarse e hiperventiló.
Edward no comentó nada, ella estaba demasiado asustada y eso lo descolocó sobremanera.
- tranquila… – susurró suavemente, tratando de ser paciente y con cuidado de no asustarla – no haremos nada que no quieras... toma, hazlo tú -
Ella asintió en parte asustada, en parte avergonzada. Tomó la campana del estetoscopio que él le tendía y sin apartar su mirada de la de él, lo introdujo con cuidado entre los botones de su pijama para apretarlo contra su pecho. Su respiración volvió a ser parecida a la normal y se calmó, pero Edward negó con la cabeza.
- está mal… - dijo - no logro escuchar nada. -
Alargó su mano para dirigirla al pecho de Bella, y la observó a los ojos tratando por todos los medios de no volver a asustarla.
- ¿puedo? –
Bella no contestó, no quería, no podía, pero por alguna razón se sentía segura con él.
- confía en mí esta vez, Bella… - pidió Edward en un susurro – te prometo que no te haré daño… -
Bella asintió; Edward alargó su mano lentamente y la colocó sobre la que ella tenía sobre su pecho sosteniendo el estetoscopio; al instante en que sus pieles se rozaron ambos lo sintieron y se observaron por la sorpresa. Era como si una corriente eléctrica hubiese pasado entre ellos pero que extrañamente los atraía como si fuesen imanes. Por unos segundos, Bella se sintió segura a su lado, nada podría dañarla y todos sus miedos se disiparon, vio la preocupación en los ojos de él y supo que él había notado algo extraño en su conducta. Se quedaron mirando sorprendidos por lo sucedido unos segundos, hasta que Edward guió el extremo del estetoscopio en la posición correcta sobre el corazón de Bella.
Bella agachó el rostro al instante y dejó que su oscuro cabello cubriera como una cortina su rostro completamente sonrojado.
- no te muevas… – le regañó él con voz ronca.
Pasaron unos minutos, eternos para el gusto de Bella. Respiraba entrecortado y estaba segura que su corazón se saldría por la boca. El traicionero de su corazón parecía loco dentro de su pecho y latía de las formas más inimaginables. Hasta que él soltó su mano y ella quitó el estetoscopio para entregárselo a él.
- ¿sufres de algún tipo de arritmia? – preguntó Edward.
Bella se ruborizó como carmín sin poder creer su mala suerte y negó con la cabeza mortificada, le sorprendió que él dejara escapar una risita.
- eso creí… -
La ira volvió y Bella le observó molesta, realmente Edward Cullen se sentía el centro del universo, el continuó.
- veo que mi preocupaciones han sido completamente infundadas… - comentó – físicamente, todo está en perfecto orden - Bella le observó seria, sabiendo a que se refería, él sostuvo su mirada de la misma forma - tu herida está sanando bien por lo que veo, pero sería bueno que tomes esto... – le extendió unas tabletas que Bella aceptó – toma una a media tarde, van a prevenir cualquier tipo de infección. -
Bella asintió, pero él continuaba mirándola de forma extraña.
- Bella, soy médico… - la chica supo de inmediato a donde se dirigiría – no puedo dejar pasar el que… -
- ¿Cuánto te debo? – le cortó ella al instante.
Edward la miró aturdido, se quedó callado y fue tanta la sorpresa que olvido lo que estaba diciéndole. Bella se sintió triunfante, por primera vez en la vida, Edward Cullen lucía confundido.
- ¿Qué dices?-
- Qué cuanto te debo… – repitió Bella, alcanzando el cajón del velador – has ocupado parte de tu tiempo de trabajo en venir aquí y…-
- ¡claro que no! – exclamó Edward y Bella notó de inmediato que estaba molesto sobremanera y tratando de controlarse – esto lo hago por mi cuenta, nadie me pidió venir a aquí- le observó serio – necesitaba saber que estás bien… -
A pesar de que Bella enrojeció nuevamente y sintió aquel temblor en su cuerpo, trató de buscar en el cajón con más torpeza de lo normal por los nervios
- no Edward, déjame… -
Edward la cortó al instante; con una mano tomó las muñecas de ella y con la otra su barbilla para observarla a los ojos.
- no Bella… - dijo tajante – no me debes absolutamente nada, de verdad, escucha, hay algo que necesito decirte – la observó a los ojos, y ella sintió que el corazón se le salía por la boca otra vez, Edward la soltó – te debo unas sinceras disculpas, me he comportado de manera muy descortés contigo, todo se salió de control y ayer hubo muchas cosas que no debí haber dicho, he sido un maleducado y egoísta, me he equivocado una y otra vez, cuando debería haberte dado las gracias por cuidar de mi hija aquel día; ayer me comporté muy mal contigo y no puedo evitar pensar que lo que te sucedió fue en parte mi culpa… -
Con que era eso, pensó Bella, remordimiento. Se ruborizó, ¿Qué más podría haber sido?.
Pensó en lo que dicho, él no se había retractado.
- pero lo que dijiste sigue en pie, ¿verdad? – dijo suavemente y demostrando más dolor del que debía demostrar frente a alguien.
Él asintió.
- es lo mejor para todos - susurró – ya lo verás, sobre todo para ti… -
Ella no dijo nada, le observó por unos segundos y sintió pena. Sus ojos traicioneros se enrojecieron al instante y aunque quiso, no pudo apartar la mirada de la de él porque tal vez aquella sería la última vez que se vieran, porque tal vez sería la última vez que vería esos ojos verdes, los mismo que Lizzie había heredado. La expresión en la mirada de Edward era casi tan apenada como la de ella. Edward se sorprendió sobremanera, como aquella chica frágil y casi desconocida, lograba conmoverlo de tal forma. Tenía ganas de protegerla y quitarle todos los miedos. No pudo evitarlo y buscó acariciar el rostro de ella, lentamente y con suavidad para no asustarla. Ella no lo evitó, al contrario, aceptó la caricia y cubrió la mano de él con la suya.
Edward también pensaba en que sería la última vez que se verían.
Entonces soltó la mano de ella y bufó.
- adiós Bella… - susurró él con voz ronca, se levantó sin volver a mirarla, tomó sus cosas y abrió la puerta para salir de la habitación.
- ¡Edward, espera! –
Él se volvió al instante a verla, pero Bella se había levantado de la cama sin importar cuán desaliñada luciera y había abierto el guardarropa. Edward la observó extrañado sin saber que hacer hasta que ella se acercó a él, sus ojos se abrieron sorprendidos al ver a Rose en sus manos. La rubia y preciosa muñeca de Elizabeth.
Bella se la tendió sintiéndose mucho más pequeña estando de pie frente a él.
- es Rosie… - explicó al ver la cara de asombro de Edward - se le quedó a Liz el otro día… - dijo con voz ronca, alzó los ojos hacia él – dile a Lizzie que la quiero mucho, por favor díselo – negó con la cabeza sonriendo con amargura - …no soy de las que expresan fácilmente las emociones… -dijo – pero por favor dile a tu hija que la quiero… -
Edward la observó serio y Bella se sintió otra vez escudriñada de aquella forma en que él la miraba, como si pudiera saber lo que estaba pasando en su cabeza.
- Bella… -
- solo prométeme que se lo dirás, Edward -
Se observaron nuevamente y otra vez pudieron haber sido, días, meses o años. Hasta que el suspiró y tomó la muñeca.
- te lo prometo -
La puerta se abrió al instante y ambos se sobresaltaron…
- ¡¿Qué demonios les está demorando tanto?! – Alice estaba evidentemente molesta por alguna razón - ¡es casi media hora de viaje a Port Angeles, media hora perdida! – exclamó exageradamente - ¡¿acaso creen ustedes que los preparativos para mi boda son para tomar a la ligera?! –
Bella se apresuró y observó el suelo para mentir.
- Alice... no me siento muy bien, la verdad, yo… -
Alice se volvió hacia su hermano y demandó.
- ¿Cuál es tu opinión, Edward? –
Bella le dio una mirada con los ojos abiertos, esperando con todas sus fuerzas que él la respaldara, pero Edward negó con la cabeza y suprimió una risita al verla. Bella bufó.
- está en perfectas condiciones… - anunció, Bella le envió una mirada asesina – desde el punto de vista médico, no veo porque no pueda ir. -
Una colosal sonrisa cruzó el rostro de Alice y sus ojos se iluminaron…
- ¡ya ves, autorizada por el médico….! – exclamó - ¡lo pasaremos estupendamente, te despejarás un montón! –
Edward observó a su hermana con seriedad…
- si Bella no quiere ir, no deberías obligarla Alice… -
La sonrisa de la chica se esfumó y le miró de mala gana.
- ¿no te estabas yendo Edward? –
Él bufó exasperado y se volvió hacia Bella.
- sea lo que sea que hagas, por favor cuídate… - susurró
Bella le dio otra mirada de odio y se cruzó de brazos como niña encaprichada.
Bella bufó exasperada por enésima vez en la tarde y maldijo una vez más su mala suerte y a Edward Cullen, al fin y al cabo, él era el culpable de todo; fácilmente podría haberle dicho a su hermana menor que no estaba en condiciones de salir por su reciente accidente, pero no, no la había secundado en la mentira y Bella se encontró cuatro horas mas tarde yendo de allá para acá por el centro de Port Angeles, saliendo de una tienda para entrar en la siguiente.
Bella seguía a Alice como autómata y de brazos cruzados a pesar de que la chica derrochaba energía.
- no puedo encontrar las servilletas correctas… - decía Alice en esos momentos evidentemente frustrada - ¡vamos a tener que ir a Seattle por ellas definitivamente aquí no hay nada…! –
Pero el humor de Bella estaba llegando a su tope.
- ¡Alice! – exclamó incrédula - ¡Hemos visto docenas de servilletas! –
- pero ninguna es la perfecta… - se quejó Alice volteándose a verla, la observó de pies a cabeza y sonrió – está bien, dejemos un lado lo de la boda, tenemos que elegir algo para ti, no puedes seguir viviendo con tu consciencia tranquila teniendo ese guardarropa tan pasado de moda… -
Bella se detuvo en seco.
- para ahí Alice… - dijo seria – te agradezco mucho que me hayas ayudado y todo, pero mi ropa la veo yo… -
Alice la observó. Había notado a Bella bastante extraña durante la tarde, nerviosa y pensativa. Tal vez no era buen momento presionarla ahora, Bella parecía como si estuviese con la cabeza en otro lado, oía y veía todo, pero no escuchaba ni observaba nada. Era lo suficientemente intuitiva para captar que algo andaba mal y que el ánimo de Bella –el que nunca había sido muy alto – era mucho menor al normal. Por esta vez debería desistir, al fin y al cabo, y a pesar de que ella sentía que conocía a Bella de toda la vida, el sentimiento no era del todo mutuo, estaba decidido, en cuanto tuviera la suficiente confianza de Bella, la haría cambiar el guardarropa por completo sí o sí.
- bien… - Alice sonrió – de eso nos encargaremos después, acompáñame... –
Bella suspiró y se dejó guiar por Alice calle abajo. Alcanzaron un sector bastante poco transitado y exclusivo, Alice la guió hacia la última tienda y Bella se quedó con la boca abierta, era literalmente un castillo.
Alice sonrió emocionada y tomó su mano, condujo a Bella entre los estantes llenos de ropa para niñita, la plantó en medio del pasillo principal y la observó.
- vamos… - animó con una sonrisa - ¿Qué le elegirías a Lizzie? –
Bella la observó, aun estaba pasmada por lo lindo de la tienda, sin embargo sintió pena al pensar en Elizabeth. Observó la mirada verde de Alice y supo que la chica esta vez no cedería. Se volteó y tomo una pequeña falda que estaba en uno de los estantes y se lo señaló.
- ¿esto? –
Alice bufó ruidosamente.
- eso creí… - gimió como si estuviera adolorida – ¡esto necesitará más entrenamiento de lo que pensé…! -
- ¿de qué hablas? –
Alice tomó su brazo y la condujo dando saltitos hacia el interior de la tienda…
- ahora que dentro de poco comenzarás a encargarte de Elizabeth y a pasar más tiempo con ella, debes aprender a escoger para ella lo correcto – Alice hablaba con tal seriedad que a Bella le pareció que estuvieran discutiendo el futuro de alguien - debes saber combinar los colores y diseños de forma adecuada, por supuesto elegir los mejores materiales, Lizzie es una niñita bastante especial y no podemos permitirnos algún tipo de alergia y lo más importante, todo debe ser cien por ciento original -
Alice continuó.
- para elegir la ropa a una niña pequeña debes escoger colores elegantes pero infantiles… es tu trabajo que la tenida sea perfecta, Lizzie es muy pequeña aun y no se ha dado cuenta cuán importante es escoger la tenida correcta…. te lo dije, es muy pequeña – agregó como si fuese una excusa- pero pronto lo hará… -
Bella abrió la boca exasperada…
- Alice… ya te lo dije: tu hermano no quiere que me acerque a ella… -
Alice gruñó.
- y yo te dije que a nadie le importa lo que él diga… -
- ¡es su padre…! - exclamó Bella incrédula, entonces recordó el día anterior – por cierto Alice, espero que no hayas pasado un mal rato ayer, ¿Edward estaba muy molesto cuando vio a Liz en el hospital? –
- no lo sé la verdad… - contestó Alice, sin mayor preocupación, observando unos vestidos – no le presté demasiada atención, nunca lo hago… Edward es demasiado grave y serio… - pareció pensar un poco y sonrió – aunque ahora que lo dices creo que sí tienes razón, estaba algo molesto y decía algo acerca de que me estaba entrometiendo en lo que no debía… - sonrió tomó dos vestidos y se los señaló - ¿Qué dices, celeste o blanco? –
Bella se sorprendió. Alice captó de inmediato y explicó.
- Bella... – dijo Alice extrañamente calmada – Edward es el mejor padre que Lizzie pudo tener, él la adora y ella es todo en su vida, pero se olvida de él mismo en el proceso… -
- ¿a qué te refieres? –
Alice se hartó y apremió los vestidos.
- ¡vamos, ¿Cuál llevarías?! –
Bella apuntó el celeste. Alice sonrió ampliamente.
- ¡excelente decisión! –
Pero Bella ya no prestaba atención. Alice se dirigió a pagar lo que llevaba, pero la mente de Bella estaba en otra parte, como lo había estado toda la tarde. Pensaba en Edward, en Lizzie, en su padre, en su vida, y en aquella fatídica tarde.
Siguió a Alice como autómata. Sin embargo el dolor en su pecho había vuelto, aquel dolor en la boca del estómago y no tenía ganas de seguir. Sabía que Edward había comprendido de inmediato que había algo extraño en ella, cuanto miedo le había producido la acción de él y las palabras de Alice le habían hecho abrir los ojos. Se sintió la peor de las personas. A pesar de querer seguir, no podía seguir cargando con aquella culpa.
La voz cantarina de Alice la hizo volver a la realidad…
- vamos, Bella… -
Estaban frente al Porsche de Alice, listas para subir, pero Bella no se movió.
- vuelve a Forks… - dijo tratando de sonar casual y que el temblor en su voz no la delatara - yo me quedaré un rato por aquí... –
Alice enmudeció y su rostro se tornó serio al instante.
- Bella, es de noche, es peligroso… -
- sé cuidarme… - se apresuró Bella retrocediendo – tengo que hacer algo antes de volver…-
- ¡claro que no! – exclamó Alice categórica - ¡no traes auto, ¿Cómo volverás?! –
- no es muy difícil tomar un autobús… -
Alice abrió los ojos molesta…
- ¡No, claro que no, tú vuelves conmigo, no te dejare aquí…! -
Bella se apresuró…
- Alice, iré a la casa de una amiga… -
Trató de mirar hacia el otro lado de la calle para que ella no le pillara en la mentira. Pero era obvio en la mirada verde de Alice que no le había creído un ápice.
- bien, pero yo te llevaré, sube… -
Entonces Bella se cansó, el ardor en su garganta la traicionó y observó a Alice con la mirada más seria que pudo lograr.
- en serio, voy a estar bien… -
Y se apresuró en correr calle arriba ignorando deliberadamente los gritos de Alice desde el otro lado y tratando por todos los medios de no caer.
Dobló en la esquina más próxima y se perdió entre la gente. Salió a otra calle. Alice no la seguía. Suspiró.
Una fina lluvia había comenzado a caer sobre Port Angeles, había sentido esa sensación de angustia desde que había llegado, aquella ciudad la llenaba de recuerdos, a Charlie jamás le había gustado, a pesar de que era allí donde él y Renée se habían conocido. Las lágrimas se agolpaban en sus ojos y terminó dejándolas salir al fin. Su papá. Lo extrañaba más que a nadie en el mundo, lo echaba de menos, quería cosas que nunca serían posibles, pedirle perdón, decirle que lo quería. Sollozó. Nada la hacía sentir más dolor en el mundo que recordarle, entonces pensó en las palabras de Alice.
"Edward es el mejor padre que Lizzie pudo tener, él la adora y ella es todo en su vida, pero se olvida de él mismo en el proceso…"
Era verdad. Era patente que él adoraba a su niña por sobretodas las cosas, y lloró otra vez, porque Charlie, a pesar de todo, la había querido de una forma parecida a ella.
La llovizna se volvió lluvia y no le importó para nada el mojarse hasta los huesos. El frío era mínimo a lo que su padre había vivido por ella. Sus lágrimas se mezclaron con el agua que rodaba por su rostro, no sabía cuando tiempo había pasado, ella solo podía pensar en su propio dolor. En como Charlie se había sacrificado por ella. Desde que todo había pasado se había prometido vivir por el sacrificio de los demás, pero no podía seguir sintiendo la culpa y el miedo. Todos los que la habían amado de alguna u otra forma habían salido de su vida por su culpa. Primero Renée, el embarazo de ella había sido de alto riesgo desde el primer momento, pero tan solo cinco años después las consecuencia llegaron, luego Charlie. Bella reprimió otro sollozo; jamás olvidaría el rostro lleno de dolor de su padre al observarla en aquel último suspiro de vida.
Ni tampoco olvidaría aquel dolor que ella había sentido cuando lo había tomado en sus brazos y había sentido la sangre en sus manos. No se lo perdonaría nunca.
Se sintió mareada y todo se volvió rápido y confuso. Bella volvió a la realidad y se volvió al instante, pero unas luces potentes y brillantes hirieron sus ojos…
Al fin, moriría. Tal vez tendría suerte y podría pedirle perdón a Charlie.
No se movió, no pudo moverse, se quedó petrificada en medio de la lluvia.
Pero entonces sintió que algo la golpeaba con fuerza y gritó por la sorpresa. No era el golpe que esperaba.
Unos neumáticos patinaron en el asfalto mojado.
Bella cayó al suelo y se golpeó nuevamente en la cabeza. Aturdida cerró los ojos y se sintió más mareada que nunca, oyó al alguien gruñir a su lado, los neumáticos patinaron otra vez y algo la obligó a rodar por el suelo mojado.
Se detuvo y ella quedó tendida sobre alguien más.
Entonces, lo sintió. El olor a óxido y a sal antes de que pudiera siquiera abrir los ojos, el olor llegaba a sus narices con fuerza y no lo soportaría más, pero ella no quería abrirlos. Bella solo quería ver a Charlie.
Hola, he aquí otro capítulo. Espero que no haya sido demasiado tedioso y confuso y que la historia se vaya comprendiendo. Traté de apurarme un poco, a pesar de que he dejado nuevamente un montón de cosas de lado por escribir, ustedes saben, la universidad te vuelve loca literalmente. En parte es mi culpa, había pensado no seguir escribiendo fics en cuanto hubiese terminado el anterior, pero no pude contenerme y empecé con Twilight. Sin embargo, ojalá me dejen saber que piensan, de verdad me gustaría saber su opinión, si realmente les gusta la historia, si vale la pena realmente o que creen de ella. Espero saber de ustedes, cuídense y nos estamos leyendo, adiós!.
