Sol de mediodía
Capítulo V: "Confusiones"
Todo se detuvo.
Por una centésima de segundo se sintió desorientado y no supo donde estaba, ni que era exactamente lo que había pasado.
El agua caía implacable sobre su rostro y eso le impidió abrir los ojos con facilidad, escuchó la lluvia chocar contra el suelo de forma fuerte y atronadora, estaba mojado hasta los huesos y sentía un leve dolor ardor en el brazo izquierdo, pero lo ignoró.
Entonces, escuchó un débil gemido y Edward recuperó la noción de las cosas al instante.
Estaba tendido de espaldas en el pavimento, de cara hacia el cielo y Bella estaba tendida sobre él con el rostro en su pecho, yerta y con peso muerto; suspiró aliviado al escucharla y ver que había logrado sacarla del camino a tiempo. Hizo ademán de rodearla con los brazos, pero entonces Bella sollozó débilmente…
- Charlie… - musitó
Edward se congeló; por una extraña razón la única palabra emitida por ella le había molestado sobremanera y un sentimiento casi irracional se alojó en la boca de su estómago. Por una parte estaba el alivio de que ella estuviera viva y bien, pero por otro sintió ira.
Entonces la muchacha comenzó a temblar incontrolablemente sobre él y Edward abrió los ojos con horror al sentirla; olvidó el dolor quemante de su brazo izquierdo, la rodeó con sus brazos y aferró a Bella contra su pecho para incorporarse con infinito cuidado y no asustarla ni hacerle daño, logró sentarse en el pavimento, aun con la chica sobre él, pero Bella yerta como una muñeca sin vida, sin fuerzas suficientes para moverse, pálida como la cera, mojada hasta el último de sus cabellos y a pesar de tener los ojos cerrados las lágrimas corrían por sus mejillas ajena a todo lo que sucedía a su alrededor.
La preocupación y la desesperación lo invadieron por completo.
- Bella… - Edward tomó el rostro de ella suavemente entre sus manos y lo acarició con infinita ternura, se sorprendió por cuan helada estaba – ¡Bella…! - la chica continuaba llorando, murmuraba y no era consciente de nada; parecía estar guardando un sufrimiento enorme en su mente y que solo ella podía ver. Edward se sintió impotente por no poder ayudarla y una ola de desesperación lo embargó - ¿Bella me escuchas? –
Ella no contestó.
Al mismo tiempo, el feroz sonido de otro auto se detuvo en seco cerca de ellos y un par de enormes focos brillantes les iluminó…
- ¡¡Edward!! –
La voz desesperada y aterrorizada de Alice inundó la noche y sus pequeños tacos resonaron en el pavimento mojado al correr hacia la pareja.
- ¡¿Cómo has podido hacer eso?! – gritó descontrolada al tiempo que llegaba hasta su hermano - ¡¡pudiste haberte matado con ella!! –
Edward la ignoró. Su rostro perfecto estaba más pálido que el papel y no tenía más ojos que para la catatónica muchacha que yacía en sus brazos.
- ¿Bella? – repitió
Entonces Alice observó a la muchacha y se horrorizó.
- ¡¡oh Dios mío!! – gimió - ¡¡Bella!! –
Antes de que Edward pudiera evitarlo, Alice se había lanzado hacia Bella con pánico plasmado en su fino rostro, con una fuerza casi increíble para ser una mujer de tan pequeñas proporciones, Alice quitó el cuerpo de Bella del de Edward con una rapidez asombrosa y la tendió en el pavimento mojado.
- ¡Bella!- la llamó por sobre el ruido de la lluvia - ¡¡Bella despierta… Bella!! – entonces Alice se congeló, por unos segundos no se movió, hasta que se volvió a su hermano con los ojos muy abiertos – está sangrando… - susurró.
- No… –
Preso del pánico, Edward se acercó a la muchacha que yacía en el suelo con una rapidez sorprendente y tomó el rostro de Bella en sus manos con infinito cuidado para observarlo por él mismo; era cierto, ella tenía sangre en su mejilla…
- imposible… - susurró desconcertado, y examinando el rostro de ella en busca de la herida – la saque del camino antes de que el auto la golpeara… - una extraña desesperación lo invadió de solo pensar que ella estaba herida – ¡ella cayó sobre mí, ella no pudo…! -
- Edward… -
Edward ignoró a Alice otra vez, tan solo era consciente del rostro pálido de la chica, sus labios morados y sus mejillas inundadas por las lágrimas…
- ¡Edward! –
Se volvió hacia su hermana exasperado, pero su expresión se congeló al ver su expresión asustada. Alice le aclaró.
- tú estás sangrando… -
Alice señalaba su brazo con un dedo tembloroso, aquel brazo izquierdo que había recibido todo el impacto de la caída y el peso de él mismo y el de Bella, sus ojos siguieron el trayecto de la mancha oscura en su elegante sweater gris, levantó su manga y Alice gimió. Allí estaba, una considerable herida estaba en su antebrazo, sangraba de forma regular pero no profusa, nada de qué preocuparse, pensó. Edward dejó escapar un suspiro aliviado y no pudo evitar sonreír al darse cuenta de que era él quien estaba herido. Sin poder evitarlo y preso de una fuerza mayor a él se agachó para acariciar con sus dedos el rostro de Bella otra vez.
- ella está bien… - susurró, mas para el mismo que para Alice.
- Edward eso se ve horrible… - se apresuró Alice asustada - tienes que curarlo pronto, podría infectarse… -
Edward la ignoró. En esos momentos estaba demasiado furioso contra ella para decir algo más, estaba seguro de que toda la desesperación que sentía se canalizaría en ira contra su hermana menor. Sin decir nada más, e ignorando a Alice deliberadamente, tomó el cuerpo menudo y frágil de Bella en sus brazos y lo alzó del suelo con cuidado infinito para cargarla. El ardor en su brazo se incrementó, pero lo olvidó por completo cuando la muchacha buscó apoyar su rostro en el pecho de él y se aferró a la tela de su sweater.
Bella sollozó.
- tranquila – le susurró Edward con voz suave y apegándola a él – vas a estar bien… -
Sin una palabra más comenzó a caminar en la otra dirección, pero Alice no quería ser ignorada y se levantó del suelo con una velocidad sorprendente.
- ¡Edward! – gritó incrédula - ¡¿Dónde vas?! – su hermano continuó caminando ajeno a ella- ¡¡espera, debes ir a un hospital!! – se apresuró para tratar de alcanzar los largos y furioso pasos de su hermano - ¡¡Edward, no puedes llevártela!! – chilló alcanzándole y plantándose frente a él - ¡¡Bella vino conmigo, yo debo llevarla a su casa!! –
Los ojos de Edward se oscurecieron al instante.
- ¡¿Cómo te atreves?! – rugió, Alice se congeló por la sorpresa y le observó con los ojos muy abiertos, Edward continuó furioso como nunca en la vida se había dirigido a ella - ¡¡Te dije que no la llevarás a ninguna parte si es que ella no lo quería Alice y fue lo primero que hiciste!! –
La expresión de Alice vaciló y sus ojos se enrojecieron levemente.
- perdón… - susurró – no debí, no me di cuenta que ella… -
- ¡¡Ese es el problema Alice!! – gritó Edward indignado, Bella se aferró a él - ¡¡tú solo te das cuenta de ti misma, de lo que tú quieres y de cumplir tus caprichos sin siquiera parar a pensar en los deseos de los demás…!! –
Alice le observó. No iba a negarlo. No podía negarlo. Desde que tenía uso de razón había utilizado todo para hacer lo que se le antojaba y cumplir cada uno de sus caprichos, pero Edward jamás se negaba a ellos, Edward la seguía fueran cuales fueran las circunstancias y la seguía en silencio. Edward era la persona más cercana que tenía en su vida, pero a pesar de eso, jamás le había dicho la verdad a la cara, o las cosas de esa forma. ¿Por qué se molestaba tanto ahora por Bella?. La misma que muchacha que había odiado desde el primer momento en que la había visto.
Pero a Alice nunca le había importado lo que él dijera, menos ahora…
- ¡¿Edward ¿qué estás haciendo?! – demandó cuando su hermano mayor continuó su camino sin mirarla - déjame llevarla a su casa, yo debo hacerlo – pidió furiosa - ¡¿donde la llevarás?… ¿que pasara cuando despierte?! –
Se apresuró y antes de que Edward diera otro paso más, tomó el brazo de Bella; al instante, Bella soltó un sollozo ahogado y sin abrir los ojos se aferró aun más a Edward. Alice la soltó espantada al tiempo que los ojos de Edward se oscurecían.
- ¡No la toques! – gruñó.
El solo hecho de que otra persona la tocara había provocado que Bella soltara otra ronda de llanto, gemía ahogada y adolorida aferrándose con más fuerza a Edward.
- ¡Charlie…! -
Alice lucía asustada…
- ¿Qué le sucede? ¿está bien? – preguntó con los ojos muy abiertos por la sorpresa - ¿Por qué se comporta así…? –
Edward observó a Bella con una expresión de infinita desesperación en el rostro.
- no lo sé… - gruñó – hay que quitarle la ropa y abrigarla rápido o entrará en estado de hipotermia -
- ¡llévala al Porsche…! - se apresuró Alice haciendo ademán de acercarse otra vez.
- No, ella se va conmigo… -
No era una petición, era una afirmación autoritaria. Edward no dijo nada más y pasó por el lado de su hermana en medio de la lluvia para dirigirse al Volvo estacionado unos metros más allá. Podía sentir la mirada molesta de Alice sobre él, pero a Edward no le importó. Observó el pálido rostro de Bella y un millón de sensaciones lo envolvieron. Tenía ganas de protegerla, de estar a su lado y de estrecharla toda la vida de esa forma si era necesario. Un sentimiento de alivio se apoderó de él al ver que los sollozos habían desaparecido otra vez y con cuidado, la situó en el asiento trasero del auto.
Al momento de apartarse de ella, la respiración de la muchacha se aceleró y soltó otro sollozo ahogado.
- p-perdón… -
Edward se aterró cuando otra ola de llanto amenazó con comenzar otra vez, por lo que se acercó nuevamente a ella con preocupación y rozó sus dedos contra la pálida y suave piel de las mejillas de Bella.
- tranquila… - susurró con voz suave y tratando de calmarla – todo va a estar bien… -
Los sollozos aminoraron de a poco, los murmullos se acabaron y Bella le soltó finalmente para sumirse por completo en la inconsciencia con una expresión relajada en su rostro en forma de corazón. Edward la observó por unos segundos, tratando de comprender el torrente de emociones encontradas que lo aquejaban. Tomó la chaqueta que había dejado sobre el asiento y envolvió a Bella con ella para abrigarla. Cerró la puerta con suavidad y se apresuró en rodear el auto para subir en el asiento del piloto; observó por el espejo retrovisor, Bella se había calmado, dormía con aquella expresión de seguridad en sus rostro y se abrigó a sí misma con la chaqueta, aquello provocó otro extraño sentimiento en su pecho, era como si su corazón hubiese crecido dos veces su tamaño y se había acelerado.
Extraño.
Desde el mismo momento en que había visto a Bella recostada en su cama por la tarde, una ola de sensaciones y sentimientos desconocidos se habían apoderado de él irracionalmente.
Recordó el sentimiento de desesperación, horror y pánico al ver a la chica congelada en medio de la calle, mojada hasta los huesos y con expresión ausente en su rostro al ver el auto acercarse. Todo había sido algo más fuerte que él, lo único en su mente era ella, la única muchacha que de forma extraña lograba poner su racionalidad y autocontrol de cabeza, al verla a punto de morir solo un pensamiento había llegado a su mente: ella no. Y sin medir consecuencia, en un acto completamente irracional se había lanzado a la calle para sacarla del camino, no había pensado en nada ni en nadie; ni en sus padres, ni en su familia, ni siquiera en su pequeña y preciosa Elizabeth, solo sabía que había arriesgado todo por salvar a una muchacha que apenas conocía.
Cerró los ojos controlando la ira que comenzaba a sentir contra sí mismo y apoyó su cabeza en el respaldo del asiento tratando de controlarse. ¿Cómo había podido ser capaz de olvidar a Elizabeth? ¿Había arriesgado dejar a su hija sola por una muchacha que apenas conocía?
Entonces Bella murmuró en sus sueños…
- Edward…-
Se congeló. Tal vez lo había imaginado. Se volteó para observarla pero Bella estaba profundamente dormida y no decía nada. La ira se había ido al instante y había sido reemplazada por sentimiento de satisfacción. Por primera vez en la vida se sentía bien.
Tomó el volante y con un movimiento de la llave el auto volvió a la vida en un suave murmullo. Deseaba volver a Forks, quería ver a Lizzie y quería asegurarse de que Bella estaba bien.
Los brillantes focos del ostentoso Porsche de Alice destellaron en el espejo retrovisor.
- ¿Bella…? – sintió un remezón amistoso en su hombro – Bella… despierta… -
Bella se sintió salir del estupor al escuchar aquella voz suave, tierna e infantil que le llamaba, la identificaría donde fuera, y su corazón también lo hacía, pues había comenzado a latir en su pecho con infinito cariño al reconocerla.
Se volteó para encontrarse con un par de brillantes ojos verdes que la observaba sonrientes…
- ¿Lizzie? –
Los ojos de la pequeña Elizabeth le miraban rebosantes de alegría y asintió. Una enorme sonrisa se dibujó en rostro de Bella al sentirse completa por la sola presencia de la niñita y se incorporó con cuidado para sentarse en la cama.
Entonces frunció el ceño.
- pero… ¿qué estás haciendo en mi casa? – preguntó confundida.
Lizzie dejó escapar una risita musical.
- No, Bella – exclamó acercándose a ella con infinita alegría - tú estás en mi casa… - dijo divertida.
La sonrisa de Bella se esfumó. Parpadeó confundida sin terminar de comprender lo que Lizzie le decía, entonces miró a su alrededor y sus ojos se abrieron como platos por la sorpresa; No estaba en su sencilla y pequeña habitación. Definitivamente no. Bella observó con horror que acababa de despertar en una cama enorme – casi tres veces la suya -, con doseles y llena de volantes y mullidos almohadones. Estaba en el centro de una gran habitación decorada con el mayor de los gustos, extremadamente femenina y todo en colores pasteles, representando una antigua habitación de mujer de los cincuenta.
Todo estaba fuera de lugar, nada de eso le era familiar; además, Lizzie estaba ahí.
- ¿Dónde estoy? – gimió
La sonrisa de Lizzie se amplió aun más…
- ya te lo dije, Bella… - dijo como si se tratara de una broma - ¡estás en mi casa…! –exclamó emocionada.
No. Eso no estaba bien.Las cosas no estaban bien, el mundo se había vuelto de cabeza y ella no lo había notado. No tenía porque estar allí, no recordaba haber llegado allí en ningún momento, Bella recordaba perfectamente haber estado en su casa guardando reposo luego de la estúpida caída y entonces había llegado Alice, luego Edward, y Alice la había casi arrastrado de compras a Port Angeles y…
Sintió como su corazón se apretaba al recordar todo. Las palabras de Alice, los recuerdos agolpados en su memoria la tarde anterior, la luces brillantes del auto y…
- ¿Bella? – preguntó Lizzie sin rastro de sonrisa en su rostro infantil - ¿estás bien? -
- ¡Elizabeth…! – una voz varonil y aterciopelada se escuchaba desde el piso de abajo - ¡a desayunar! –
Bella había dejado de respirar, reconocía esa voz por sobre cualquier otra en el mundo.
Pero Lizzie la miraba asustada y se apresuró en aparentar calma.
- perdona cariño… - dijo tratando de que su voz no la traicionara y luchando contra las ganas de salir corriendo – no te preocupes, estoy bien… -
La expresión de Lizzie se relajó y le regaló una sonrisa.
- mi papá me está llamando… - dijo – apresúrate para desayunar… -
No supo cómo, pero Bella logró esbozar una sonrisa cuando Lizzie le dio un beso rápido en la mejilla y bajó de la cama con rapidez para ir al llamado de su padre.
Apenas la puerta se hubo cerrado, la expresión de pánico volvió.
Bella no podía creerlo: estaba en la casa de Edward Cullen. El terror, la incredulidad y la vergüenza se apoderaron de ella, no podía estar sucediéndole esto ahora, era tan cobarde que llegó a pensar si era posible salir por la ventana. No, eso sería tentar demasiado su mala suerte. Observó la habitación otra vez sin poder creer completamente la situación, se encontraba en la casa de Edward, quien era la única persona en el mundo que lograba volverla una idiota de solo pensar en él; y aun peor, todo eso sucedía después de que un auto casi la había matado la noche anterior.
Hiperventiló. ¿Qué pasaría ahora?, en vez de haberla dejado morir, como habría sido lo más lógico, de todas las personas en el mundo a las que se les pudo haber ocurrido rescatarla, había sido él, nada más y nada menos que Edward Cullen, la persona que más la odiaba en el mundo.
Pero no tenía otra alternativa. Bella inspiró tratando de reunir coraje y se levantó de la cama, su reflejo le devolvió la mirada desde una de las paredes del frente y se sonrojó como un carmín al verse en el espejo. Alguien le había cambiado de ropa.
Luchando contra su cobardía, tomó la bata que estaba sobre una de las sillas y se dirigió al pasillo. La casa era muy amplia, fresca e increíblemente iluminada, todo lucía tranquilo y daba la sensación de completa calma. Continuó por el corredor y siguió el sonido de la televisión, de seguro Lizzie estaba mirando caricaturas en el piso de abajo.
Bajó la elegante y moderna escalinata lentamente observándolo todo. La casa de Edward estaba decorada con elegancia y buen gusto en tonalidades blancas y grises, la decoración era moderna y contemporánea, daba la impresión de ser un lugar donde reinaba el orden y la corrección. Al llegar al último escalón, escuchó la voz de Lizzie.
- ¡por aquí, Bella! –
Bella se encaminó hacia su izquierda y alcanzó el umbral de una enorme y moderna cocina.
Lizzie corría hacia ella con infinita alegría en sus ojos verdes y Bella olvidó todo lo demás, su corazón se llenó de aquel extraño sentimiento maternal que Elizabeth le inspiraba y la recibió en sus brazos sin dudar. Ambas se sonrieron la una a la otra.
- ¡¿Quieres desayunar?! – preguntó Lizzie animada - ¡hay pastel de manzana! –
Entonces la voz del padre de la pequeña se impuso.
- es tarde Lizzie - dijo Edward dejando el periódico a un lado – debes arreglarte para ir a la escuela -
Bella se ruborizó violentamente cuando sintió la mirada de Edward en la de ella. Frío y con expresión de desagrado como siempre. La voz de Lizzie llamó su atención otra vez.
- ¿vendrás conmigo, Bella…? -
Bella logró quitar su mirada de aquellos penetrantes ojos verdes que la observaban desde el otro lado y se agachó para besar la frente de la pequeña con cariño
- te prometo que estaré contigo en un momento… -
Lizzie sonrió satisfecha, salió alegremente de la cocina y sus pasitos se perdieron con rapidez escaleras arriba.
Entonces, todo se sumió en silencio. Totalmente incómodo. Bella sabía que debía decir algo, tenía que decir algo, pero parecía que las ideas en su mente había olvidado por completo el significado de la palabra coherencia.
Soltó lo primero que se le vino a la mente.
- tienes una casa preciosa… -
Edward la observó a los ojos por unos segundos. La observaba de la misma forma en que siempre lo hacía como si quisiera saber algo más allá de las palabras. No dijo nada más, y se levantó de su asiento para tomar una elegante cafetera posada en la lustrosa superficie de uno de los muebles, se volvió hacia ella una vez más y le dio una mirada evaluativa de la cabeza hacia los pies, Bella recordó su atuendo y preguntó con voz temblorosa…
- ¿fuiste tú quien…? –
- No – contestó Edward de inmediato, impasible como siempre y sirviendo café - fue Alice, ella te quitó la ropa mojada y te preparó -
Bella se ruborizó mortificada, por supuesto que él no lo había hecho. Se sintió como una tonta, pero entonces notó que la mano izquierda de él estaba vendada y supo de inmediato el motivo, supo que era su culpa.
- come algo – anunció Edward, ajeno a los pensamientos de ella – tu cuerpo necesita azúcar y algo cafeína te dará energía. -
Pero a Bella no le importaba lo que su cuerpo necesitaba, se sentía la peor persona del mundo.
- lo siento mucho – susurró - de verdad -
Edward se detuvo, pareció reflexionar por unos segundos y levantó el rostro hacia ella, pero la observó con la más dura de las miradas y sus ojos más oscuros de lo normal. Sostuvo su mirada.
- sea lo que sea te haya pasado… - dijo – nada es suficiente para que hayas tratado de quitarte la vida. –
Bella abrió la boca al instante
- no, te equivocas, yo no… -
- apresúrate… - la interrumpió él con seriedad – es tarde, come algo y luego te preparas… puedes usar la ropa de Alice de seguro hay algo allí en la habitación –
Bella no pudo decir nada mas. Se quedó congelada en su sitio y sintió que su corazón se apretaba por algún motivo al verle salir. En los ojos de Edward parecía haber molestia, impaciencia pero también había algo de… ¿decepción?.
- Edward – se apresuró, él se volvió hacia ella y Bella se sintió roja como un tomate – de todas formas, gracias… -
Edward frunció el ceño, se encogió de hombros y salió de la cocina con paso seguro y elegante.
Bella suspiró. Definitivamente las cosas iban de mal en peor, Edward parecía realmente molesto y eso le provocaba una extraña sensación de vacío en el pecho. Trató de distraerse y olvidarse del rostro perfecto del padre de Elizabeth por unos segundos y observó la cocina. Tal y como todo lo relacionado con Edward: preciosa y espectacular, era amplia y moderna, bastante varonil para el gusto de Bella, pero parecía que la casa completa tenía ese aire que daba la impresión de ser de un hombre joven y moderno. Todo en la cocina era de tonalidades grises y oscuras, por lo que le sorprendió que lo único que daba un toque hogareño y cálido a esa enorme casa eran los dibujos colgados en la puerta el refrigerador, obviamente todos eran de Lizzie.
Bella llegó a la conclusión de que ahora vendría lo peor, mientras jugueteaba con el pastel de manzana sin tener ganas de llevárselo a la boca. Edward Cullen la creía firmemente una loca desquiciada que había tratado de quitarse la vida, Edward debía estar deseando que llegara el momento de llevarla a casa otra vez y apartarla para siempre de su adorada y preciosa niña. Bella estaba segura que Edward no permitiría que su única hija frecuentara a una mujer tan desequilibrada emocionalmente como ella.
Sonrió con amargura para sí misma. Si es que Edward y Elizabeth no hubiesen llegado a poner su vida de cabeza, en esos momentos estaría sola en su casa sin ninguna preocupación y ahogándose en su propia y anhelada soledad, pero en ese momento, Bella realmente se preguntaba si sería capaz de alejarse de la pequeña Lizzie.
Debía aprovechar el poco tiempo que tenía para estar con ella, pensó, Edward solo estaba siendo cortés, y en realidad deseaba con toda su alma que ella se alejara lo más rápido posible de su adorada niñita.
Dejó el desayuno intacto y salió de la cocina para apresurarse escaleras arriba – siempre con cuidado de no caer- pero al llegar al corredor, se dio cuenta que no sabía cual era la habitación de la pequeña.
- ¿Lizzie? – llamó.
Tal y como había pensado, una de las puertas del lado derecho se abrió al instante y el rostro iluminado de Lizzie apareció en el umbral. Bella le devolvió la sonrisa y se apresuró en hacia ella para ingresar a su habitación.
Si la habitación de Alice era espectacular y no vivía allí, la habitación de Elizabeth era aun más. Era un lugar enorme, perfectamente decorado para una de cinco años que podía tener todo lo que deseaba, Bella sintió como si estuviese entrando en un mundo de fantasía, aun con la boca abierta, se sentó en la cama ridículamente colosal para una niña tan pequeña.
- Rosie está contenta de verte… - comentó la niñita con una sonrisa.
La preciosa y rubia muñeca de Lizzie estaba tendida entre los almohadones. Bella sonrió.
- yo también estoy contenta de verla… - anunció – de hecho estoy muy contenta de verlas a las dos… - Lizzie sonrió satisfecha por sus palabras y Bella se acercó a ella para ayudarla a tomar su cabello largo y rizado – ven acá... -
Lizzie se acercó emocionada y se sentó a su lado para que Bella la peinara.
- Bella… - comenzó Lizzie después de un rato con una sonrisa en su rostro – las mamás saben hacer muchos peinados… ¿tu mamá sabía hacer muchos? –
- no lo sé… - contestó Bella con sinceridad – no me acuerdo mucho de ella… -
Lizzie jugueteó con el vestido ostentoso de Rosie.
- yo nunca conocí a mi mamá… - susurró. Entonces, Bella se dio cuenta que nunca se había preguntado donde estaba la mamá de Lizzie, sintió su pecho apretarse de pensar en lo perfecta que debía haber sido para congeniar con Edward Cullen, Lizzie continuó – a veces extraño una mamá, pero ya no me importa, porque tú estás aquí. –
Bella sintió que su corazón se agrandaba al ver a la pequeña sonreír de felicidad y terminó de tomar el cabello de la pequeña en una cola alta, uno de los pocos y sencillos peinados que sabía.
- pues tú no deberías sentirte triste por tu mamá, Lizzie, nunca – dijo seria y Lizzie levantó el rostro para observarla – tu padre te quiere muchísimo… -
Ninguna de las dos se percató de la figura que se había detenido en el umbral de la habitación.
- él te adora Lizzie… - continuó Bella – y estoy segura que ni un millón de mamás reemplazaría todo lo que te quiere tu papá –
Lizzie sonrió.
- ¿y tú Bella? – preguntó -¿tú me quieres? –
Bella no lo pensó dos veces…
- por supuesto que te quiero, pequeña… -
- ¿y vas a estar conmigo para siempre, Bella? –
El pecho de Bella se contrajo. No, era la respuesta correcta, no estaría con ella para siempre, porque no había nada que las uniera y porque Edward no estaba dispuesto a que su niña sufriera por una desconocida que para colmo encontraba en lo que parecía un claro intento de suicidio.
- sin importar lo que sea, harás lo que tu papá te diga… - dijo con amargura, era seguro que lo que Edward quería era mantenerla lo más lejos posible de ella, continuó – él te quiere con todo su corazón, Lizzie, y quiere lo mejor para ti… -
- pero hay cosas que mi papá no puede hacer… - se apresuró la pequeña – ¡mi papá gasta mucho tiempo curando a las personas y no tiene tiempo para jugar conmigo, él no sabe peinarme y tía Alice escoge mi ropa…! -
- esos son solo detalles Lizzie… - dijo Bella – eres lo más importante para tu papá y debes hacer lo que él te diga… - los ojos de Lizzie brillaron – él es el único que sabe lo que es lo mejor para ti… -
Lizzie era inteligente y Bella estuvo segura que la pequeña había comprendido que Edward no la consideraba lo mejor para ella. Elizabeth se acercó y la abrazó con cariño.
- yo quiero estar contigo Bella… - dijo – yo los quiero a los dos, a ti y a mi papá… -
Bella besó su cabello.
- tienes una familia preciosa Liz… - se apresuró con una sonrisa para la pequeña – todos ellos te adoran, no necesitas nada más que ellos en tu vida y cuando tu padre no esté tendrás a tu tía Alice y a tu abuela… -
Lizzie apretó el abrazo.
- ¡pero yo quiero tener una mamá…! -
Bella le sonrió y acarició el rostro de la pequeña, sorprendida de cómo esa pequeña niñita lograba gestos con ella que nunca había manifestado con ningún otro.
- tal vez algún día la tengas… - dijo Bella, sin embargo su sonrisa vaciló ante la perspectiva – tal vez algún día tu padre te traiga una mamá – era una posibilidad bastante probable y ella saldría de la vida de Lizzie al instante.
- ¡pero yo quiero estar contigo, Bella…! -
Bella suspiró, lo mejor era cortar por lo sano. Lizzie era pequeña y aunque Elizabeth era totalmente diferente, la situación de recordaba en cierta manera a ella cuando era pequeña.
- promete algo Liz… - dijo seria, tomando las manos de la pequeña, Lizzie asintió – promete que pase lo que pase querrás a tu papá por sobretodas las cosas, que harás lo que él te diga y que jamás pondrás en duda sus decisiones… -
- ¡pero Bella! –
- ¡prométemelo Lizzie…! -
La pequeña asintió y sus rizos se movieron al compás de ella.
- te lo prometo, Bella -
Bella sonrió, sin embargo aquella sensación de ardor se había alojado en su garganta y se apresuró en besar la frente de la niña una vez más, antes de que las lágrimas la delataran.
- iré a cambiarme, para irnos… -
La pequeña asintió con una sonrisa y se apresuró en arreglar su bolso de la escuela. Bella salió de la habitación, pero antes Lizzie la llamó.
- ¡Bella…! - la aludida se volteó, Lizzie le sonreía de forma tal que lograba iluminar la habitación por completo – ¡Rosie y yo te queremos mucho…! -
Bella logró devolver la sonrisa.
- y yo a ustedes, cariño… -
Bella salió de la habitación al fin. Cerró la puerta tras ella y tomó una bocanada de aire para luchar contra la ola de sentimientos que la aquejaba, esa niñita definitivamente se había robado su corazón y había despertado instintos que creía ausentes en ella. Jamás había deseado una familia, no quería ser madre, pues no sabía serlo y el solo concepto la aterraba. Sin embargo se encontraba deseando con toda su alma que las cosas hubiesen sido diferentes y haber tenido algún tipo de conexión con la pequeña.
Pero por ahora, solo podía pensar y desear que Lizzie no repitiera los mismos errores de ella. Edward adoraba a Elizabeth, eso no lo dudaba, tanto como Charlie la había querido a ella, por lo que solo podía desear que Lizzie valorara a su padre más de lo que ella lo había hecho. Antes de que las lágrimas la traicionara, Bella cruzó el corredor hacia la habitación de Alice, la misma que había usado durante la noche y se vio de nuevo en la preciosa habitación de colores pasteles.
Como autómata se dio una ducha rápida para luego buscar algo en el guardarropa de Alice, tratando de hacer caso omiso a lo costoso que lucía todo, tomó lo más sencillo que encontró, una falda oscura y una blusa de color azul.
- Bella… apresúrate – Lizzie había ingresado a su habitación lista para la escuela - ¡Bella! -
Bella la observó.
- ¡vaya, te ves muy linda…! - aclaró la pequeña con una sonrisa de oreja a oreja.
- ¡claro que no Liz! – se apresuró tomando el violín de las manos de la pequeña y con la otra tomó la mano de Lizzie para guiarla por el corredor – no digas tonterías y apresúrate que llegaremos tarde… -
- ¡Elizabeth, Bella! – exclamó la voz de Edward - ¡es tarde! -
Bella y Lizzie se apresuraron al sentir la voz de él en la entrada de la casa y bajaron la escalinata con cuidado. Edward esperaba en la entrada, alto y elegante como siempre. Entonces sus ojos se posaron sobre Bella y su expresión cambió, Bella no supo describir la mirada de él, solo era consciente de que Edward la observaba a los ojos de forma penetrante y eso provocó otro temblor recorrerla de pies a cabeza y que sus mejillas se encendieran al instante.
Lizzie se lanzó hacia los brazos de su papá antes de que terminara la escalinata y él la recibió en sus brazos sin dejar de mirar a Bella.
- ¡mira qué bonita se ve Bella, papi! –
Bella no pudo decir nada, Edward no quitaba su mirada de la de ella.
- la estoy mirando, cariño… - contestó Edward con una sonrisa extraña.
Fue demasiado. Bella se sintió como una estúpida al escucharle y antes de poder decir algo había tropezado con el último escalón e iba directo al suelo, pero Edward había sido más rápido y de alguna forma había logrado sujetarla con una mano mientras con la otra cargaba a Lizzie.
- ¿estás bien, Bella? – preguntó la pequeña preocupada.
- sí, sí… eso creo… -
Alzó el rostro y vio los verdes ojos de Edward mirándola de manera especial, se sintió casi perdida en ellos y su loco corazón parecía querer buscar escapatoria por la boca.
Edward la observó de pies a cabeza, lentamente y tomando todo el tiempo del mundo para hacerlo. Bella se sonrojó.
- afuera está muy helado… - observó el padre de Lizzie dejando a la niña en el suelo – deberías ponerte un abrigo –
Bella se encogió de hombros.
- esperaré humildemente a ponerme uno de los míos, creo que con uno de los abrigos de Alice me sentiría tentada de donarlo a la caridad… - comentó – Alice me mataría, pero estoy segura que serían cientos de personas las que tendrían comida segura para un mes completo –
Edward sonrió con transparencia.
- tienes razón, pero así es ella… - dijo – de igual forma, no te dejaré salir a la calle así… - los ojos de él la miraron significativamente, y Bella estuvo segura que si él aun no estuviese sujetándola sus piernas habrían cedido – no puedo dejar que ahora te enfermes… te pondrás uno mío-
Edward le tendió un elegante y - Bella estaba segura de eso – también costoso abrigo de color gris, pero Bella no emitió ninguna queja y se lo colocó con manos temblorosas. Al instante, el aroma de Edward la envolvió y se encontró embriagada por él. Era algo que no tenía comparación y que nunca en la vida habían sentido, ese olor solo pertenecía a Edward, por unos segundos, cerró los ojos y se arropó aun más con la prenda tratando de memorizar cada detalle del aroma de Edward.
Se sintió como una idiota cuando abrió los ojos y vio a Edward Cullen mirarle fijamente y con una sonrisa torcida en sus labios perfectos.
Entonces, el teléfono la salvó.
- suban al auto – indicó Edward dirigiéndose a la sala – estaré allí en un minuto… -
Bella asintió y tomó la manito de Lizzie para salir al jardín. En efecto, la mañana estaba muy helada y las siempre usuales nubes de Forks no dejaban pasar ni siquiera un solo rayo de sol. Bella y Lizzie se dirigieron al Volvo estacionado frente al jardín y Bella se apresuró en acomodar a la pequeña en el asiento trasero, el violín, Rosie y su mochila, para después subir a su lado.
Dos minutos más tarde Edward salió de la casa con rapidez y rodeó el auto para subir en el asiento delantero.
Bella no era consciente de nada más que Lizzie, y su mente estaba dividida por ello. Por un lado escuchaba con atención a la pequeña quien sonreía y hacía aspavientos con los brazos al hablar, y por otro, observaba a la pequeña con cuidado, tratando de memorizar cada una de sus facciones perfectas, cada detalle y cada gesto infantil e inocente, sabiendo que tendría que separarse pronto de ella y que no volvería a verla nunca más.
- ¡… y es grande muy grande! – decía Lizzie contenta, mientras Bella asentía - ¡mi abuelo y mi tío Emmett construyeron la casita de muñecas para mí y para Rosie en el jardín, cuando vayas a mi casa otra vez te invitaré a tomar té conmigo, también puedes traer a Jake! –
Bella asintió con una sonrisa y acarició su cabello.
- ¿Cuándo volverás Bella? – preguntó Lizzie de pronto - ¿mañana?
Bella sintió los ojos de Edward Cullen sobre ella a través el espejo retrovisor.
- no lo sé cariño… -
- ¡tienes que venir pronto! – exclamó Lizzie tiernamente - ¡Rosie y yo te echamos mucho de menos cuando no te vemos! – de pronto la observó con confusión plasmada en sus ojos grandes - ¿Por qué dormiste en mi casa anoche, Bella? –
Bella no supo que decir.
- Elizabeth – advirtió Edward.
- perdón… - dijo Liz - ¿son cosas de adultos? – su padre asintió pero Lizzie continuó – o tal vez Bella se sentía sola – observó a la castaña - ¡¿te sentías sola Bella?! – preguntó alarmada- ¡no te preocupes, cada vez que te sientas sola puedes venir a mi casa, Rosie y yo te haremos compañía…! - exclamó - ¡y mi papá también! -
Bella se ruborizó levemente.
- gracias Lizzie… - fue lo único que pudo decir.
El auto se detuvo y Bella se dio cuenta que estaban en el estacionamiento de la enorme Academia de Música a la que Elizabeth asistía, los niños iban y venían por todos lados, sin embargo, Bella se sintió al fin de un acantilado como si no tuviera más escapatoria.
Edward la observó por el espejo y le dio una mirada seria.
- ¿quieres llevarla tú?… - preguntó.
Bella lo entendió de inmediato. En el fondo, Edward Cullen le estaba dando la oportunidad de despedirse de la pequeña Elizabeth por última vez y con la máxima privacidad que le podía entregar, lo que desde el fondo de su corazón le agradeció.
- sí, por favor… -
Bella bajó del auto mientras Edward sacaba a Lizzie por la otra puerta. Vio a Edward darle un abrazo a la pequeña y se sorprendió como la expresión de él cambiaba por completo cuando se dirigía a su única hija, todo rastro de molestia y seriedad se había ido de su voz aterciopelada y le dirigió una sonrisa encantadora a la pequeña.
- cuídate mucho… -
Lizzie asintió con una sonrisa y recibió el beso que su papá le daba en la frente; le dijo adiós con la mano y tomó la mano que Bella le ofrecía con rapidez. Bella notó como los ojos de Edward se habían oscurecido un poco, antes de voltearse y dirigir a Lizzie con dirección a la escuela.
- la próxima vez que nos veamos… - dijo Lizzie – tocaré para ti, para que me digas si te gusta o no –
- estoy segura de que me encantará –
Ambas alcanzaron el pórtico de la entrada y se observaron.
- bueno… - dijo Bella tratando de sonar animada y de regalarle una sonrisa amplia – es hora del adiós… -
Era irónico. Allí, en ese mismo lugar había conocido a la pequeña que había cambiado su vida por completo y había iluminado sus días con su sola presencia, hoy, se despedía de ella allí mismo y sentía que una parte de su alma se quedaba con Elizabeth para siempre.
- ¿Cuándo nos veremos otra vez? – preguntó Lizzie ansiosa.
- ya veremos… -
Lizzie le sonrió y ambas se abrazaron con fuerza Bella sintió que su corazón casi se caía a pedazos al sentir los pequeños bracitos de Lizzie alrededor de su cuello sabiendo que no volvería a sentir aquello otra vez. Aspiró su perfume frutal tratando de memorizarlo y se alejó de la pequeña con rapidez antes de que sus ojos la traicionaran.
- anda, Liz, llegarás tarde… -
Elizabeth le sonrió con inocencia y más alegre que nunca; le dijo adiós con la mano e ingresó a la escuela a paso rápido. Bella la observó hasta que se perdió de vista.
Entonces, se volvió y bajó los escalones de la entrada como autómata, sintiendo que su corazón se sumía en la oscuridad nuevamente. Se dirigió al estacionamiento otra vez, sintiendo que no era la misma y extrañando a Lizzie sobremanera, preparada para que Edward Cullen le dijera todo lo que tenía que decirle y le comunicara que ya no le estaba permitido entrometerse en la vida de la pequeña Elizabeth.
Por unos segundos, pensó no volver al auto, no sería difícil tomar un autobús hasta su casa, pero solo entonces se percató que estaba prácticamente frente al Volvo y que Edward estaba de pie a un lado del auto y había abierto la puerta del copiloto para que ella subiera. Sin embargo, la observaba de manera fría.
- sube -
No. Bella sintió que parte de aquella pena se convertía en ira por la actitud autoritaria y arrogante de él, sin contar los extremos cambios de humor que Edward experimentaba; pero no podía reprocharle nada, todo en él la llamaba a gritos y supo en ese instante que si él le pedía cruzar un prado lleno de víboras ella lo haría, solo entonces se dio cuenta, que una parte de su alma dolía por la perspectiva de no verle nunca más a él.
Pero por sobretodos los sentimientos que se agolparon en ella, el mayor de todos fue la ira contra ella misma, por no poder negarse y hacerle caso a Edward Cullen sin siquiera protestar, porque era ella misma la que subía en el asiento delantero y le dejaba cerrar la puerta por ella.
Bella le vio rodear el auto nuevamente de aquella forma altiva y elegante que solo Edward poseía, sin embargo, se sintió más intimidada que de costumbre preparándose para lo peor.
Hola a todos otra vez, espero no haber demorado demasiado, pero ustedes saben, la universidad, bueno, sin comentarios. Espero que les haya gustado el capítulo, a pesar de que me quedó bastante kilométrico, creo que es el más largo hasta el momento por lo que espero no haya sido demasiado tedioso. Muchas gracias por leer y espero que me dejen saber que piensan. Un abrazo de oso para cada uno de ustedes. Adiós!.
