Sol de mediodía

Capítulo VI: "Ojos color chocolate"

­- tenemos que hablar –

El tono serio y sin expresión de Edward había intimidado a Bella sobremanera. El momento que tanto había temido por las últimas dos horas ya estaba allí y no sabía si estaba preparada para enfrentarlo. La única frase dicha por el padre de Elizabeth derrochaba seriedad en su voz aterciopelada y Bella no pudo levantar el rostro para mirarle, sus ojos se mantuvieron clavados mirando sus propias manos entrelazadas sobre su falda.

Un escalofrío la recorrió y asintió.

- sí… - dijo en voz baja y extrañamente intimidada – tenemos que hablar… -

El Volvo se deslizaba con suavidad por la carretera. El día estaba nublado y tan helado como de costumbre. Los enormes y frondosos árboles parecían difuminados por el parabrisas provocando que Bella solo fuera consciente de manchas extremadamente verdes pasar por su lado.

En ese momento, Bella creía saber exactamente lo que sucedía en la cabeza de Edward y se exasperó.

- dilo Edward… - soltó.

Levantó el rostro para verle de una vez, pero se arrepintió de haberlo hecho; cada vez que miraba a Edward sentía aquel extraño y sobrecogedor sentimiento en su pecho, su corazón comenzaba a latir como desaforado y el mundo parecía brillar a su alrededor. Se sintió como una completa idiota, cada vez que observaba a Edward no era capaz de formar una oración coherente, su estómago parecía llenarse de una sustancia extraña y parecía notar cada vez más la completa perfección de Edward Cullen.

Fue solo una fracción de segundos lo que la demoró posar sus ojos chocolate en las manos de él que aferraban con fuerza el volante; al ver su muñeca vendada, los vagos recuerdos de la noche anterior sobrecogieron a Bella y se mordió el labio inferior.

- perdóname… - susurró con infinita culpabilidad – no deberías estar herido.-

Edward negó con la cabeza. Bella observó su perfil y captó como el fruncía el ceño y su mandíbula se tensaba. Al fin, Edward se volvió a ella; su expresión lo decía todo, Edward parecía profundamente molesto y sus ojos verdes estaban plagados de aquella misma mirada que le había dado en la cocina, Bella se ruborizó por alguna razón.

Edward destilaba ira en su tono de voz cuando habló.

- ¡¿Cómo pudiste hacer algo así?! –

Por su tono de voz, parecía que Edward había estado conteniendo con frustración esa pregunta hacía mucho tiempo, sin embargo, Bella no comprendió de inmediato, Edward continuó.

- ¡¿Acaso no pensaste en nadie más cuando te lanzaste a la calle?! – espetó, lucía desesperado - ¡¿Cómo pudiste pensar siquiera en…?! –

Bella le cortó indignada.

- ¡Yo no trataba de suicidarme! – exclamó rápido y alzando la voz - ¡estás equivocado, yo no me lancé a esa calle para morir… todo fue un mal entendido! –

Edward frunció el ceño…

- ¿Qué? –

- ¡Eso! – exclamó Bella con fuerza, y se volteó en el asiento para encararlo - ¡yo no trataba de quitarme la vida, Edward…! – continuó – yo no recuerdo bien lo que pasó después, pero solo sé que caminaba sin saber donde iba, mi mente pensaba muchas cosas, lo único que alcancé a ver fueron los focos del auto, pero estaba demasiado asustada para moverme… - sus tono de voz disminuyó y terminó en un susurro – de verdad pensé que moriría allí… –

Edward no contestó; por unos segundos, se quedó en silencio, reflexionando lo dicho por la muchacha, entonces, su ceño se suavizó un poco y se volvió hacia ella. Bella se quedó sin respiración, él continuaba molesto pero sus ojos no destilaban la ira anterior.

Edward sostuvo su mirada.

- ¿me prometes que me estás diciendo la verdad?-

Su tono había cambiado. Bella se encontró casi aturdida por la suavidad y el alivio que su voz aterciopelada manifestaba en aquel susurro casi esperanzado. Edward la observaba intensamente con sus brillantes ojos verdes llenos de preguntas como esperando la respuesta de ella.

Bella contestó y no pudo evitar sonreír levemente.

- por supuesto que te lo prometo, Edward… - suspiró.

Edward dejó escapar el aire que estaba manteniendo, parecía que una terrible preocupación le había abandonado y le dedicó una amplia y transparente sonrisa a la castaña. Era una de esas sonrisas que Bella estaba segura quitarían el aliento a cualquiera; y por supuesto ella se contaba entre uno de aquellos cualquiera.

Edward continuó observando la carretera.

- perdóname, por favor… - dijo Edward, Bella le observó y le vio confundido, era extraño verle así de inseguro – lo primero que pensé, lo primero que yo creí fue...–

Entonces una duda se formó en la mente de Bella.

- ¿Por qué lo hiciste? – la sonrisa de Edward se esfumó al instante, pero Bella continuó - ¿Por qué te arriésgate por mí de esa forma? – le reprochó – pudiste haber muerto… -

Edward mantenía la vista fija en la carretera, aferró el volante con fuerza y contestó sin mirarla.

- no podía dejarte allí, hubieses muerto si no hacía algo… -

- ¡fue estúpido…! - atacó Bella

- no lo fue… - dijo Edward con seriedad.

- ¡Claro que lo fue! – exclamó Bella testaruda - ¡arriesgaste tu vida por salvar la mía…! –

Edward se volvió a ella, los ojos de él se habían oscurecido levemente y dijo fieramente.

- lo haría una y mil veces más… -

Bella dejó de respirar. Edward sostenía su mirada de aquella forma especial en que era capaz de decirle tantas cosas pero a la vez nada. Contuvo el aire en sus pulmones presa de aquel nuevo sentimiento que solo él le inspiraba y que se alojaba en su pecho y hacía que su corazón se llenara cuatro veces más, sin embargo, y de otra forma muy diferente, había alguien más que hacía que su pecho se llenara y la recordó de inmediato, porque era tan importante para ella como para él.

- no pensaste en Lizzie… - acusó seria – ¡te arriesgaste por salvarme a mí y no pensaste en ella, en como quedaría si te hubiese sucedido algo…! -

Había dado en el clavo, los ojos de él lo indicaban. Edward parecía creer lo mismo pero continuó.

- ¡tu tampoco pensaste en nadie…! - atacó - te ibas a dejar morir sin pensar en los demás…-

Bella frunció el ceño.

- es diferente… - dijo, y no pudo evitar aquella nota de amargura en su voz traicionera – yo no le importo a nadie. –

Le sorprendió que Edward dejara escapar una sonrisa amarga, como si no creyera lo dicho por ella y le causaba cierta molestia.

- eres absurda, Bella… - él volvió su rostro para sostener la mirada de ella de aquella forma en que Bella se sentía intimidada por él – no te ves a ti misma con propiedad, no sabes cuán importante eres… -

Edward la miraba de tal forma que Bella tembló bajo su intensa mirada. Los ojos de Edward estaban plagados de lo que parecían sentimientos encontrados, la molestia y la frustración eran evidentes en su voz, pero de igual forma continuaba mirándole con aquella sonrisa que solo esbozaba para ella, aquella llena de intriga, de cuidado y que la hacían creer que de alguna u otra forma que ella era especial para él.

Bella apretó los labios en frustración. Era oficial. Era una completa idiota soñadora.

Bella se aferró a la chaqueta que él le había prestado y se arropó aun más con ella.

- ¿tienes frío? – preguntó Edward preocupado al observarle tiritar – perdóname, que poco cortés de mi parte… está muy helado aquí… -

Se apresuró en prender la calefacción, pero a Bella no le importaba la maldita calefacción. Ya estaba bueno de todo el rodeo. Era evidente que ella no era una persona agradable para Edward y quería cortar sus ilusiones de raíz.

- ¡solo dilo quieres! – exclamó. No pudo mas, y se apoyó en el asiento de cuero otra vez - ¡solo dime lo que tienes que decirme, lo que te mueres por decirme desde aquel día en que vi a Lizzie por segunda vez….! –

Edward lucía confundido.

- Bella ¿que… -

- ¡dímelo! – exclamó exasperada - ¡dime que me aleje de Elizabeth de una buena vez Edward, dime que desaparezca de la vida de tu hija para siempre, que no quieres saber más de mi nunca más y que solo deseas que me mantenga lo más lejos posible de ella! – su voz casi se había vuelto grito - ¡dime que lo que más deseas es que me aleje de Elizabeth porque soy una extrema mala influencia para tu niñita perfecta, que me quieres lo mas lejos de tu vida… solo dilo! –

- Bella… -

La muchacha gritó.

- ¡¡solo dilo Edward…!! –

Silencio.

Bella sintió aquel familiar ardor en su garganta y luchó con todas sus fuerzas para que no le traicionara. La expresión de Edward había decaído un poco y su ceño era casi indescriptible. Observó la carretera sin decir nada por unos segundos hasta que soltó un suspiro.

- eso sería lo mejor… - anunció él, Bella sintió como el ardor en su garganta se intensificaba, Edward continuó con seriedad – lo correcto sería pedirte que te alejarás de ella porque Elizabeth está demasiado atada a ti y tú a ella. Tienes toda la razón, lo que yo debería decirte es que continuaras con tu vida y te alejaras de mi hija de una vez – soltó una risa amarga – eso es lo que debería decirte -

Suficiente.

A pesar de que luchó contra ellas, Bella no pudo retener mas las lágrimas y sus muy traicioneros ojos color chocolate se inundaron de ellas. No quería separarse de Lizzie, ya no podía, pero sobretodo, sobre todas las cosas, Bella deseaba con toda su alma seguir viéndolo a él.

Edward habló con voz preocupada…

- ¿Bella? – preguntó - ¿estás llorando? –

- ¡No…! – gruñó ella con rapidez.

- Bella, mírame… - pidió Edward.

Bella negó con la cabeza como niña encaprichada sin dejar de mirar sus manos entrelazadas sobre su regazo.

- Bella… - la voz de él era suave, varonil y extremadamente cuidadosa - mírame, por favor… -

Bella se rindió, se mordió el labio inferior y se volvió a él para mirarle. Edward le devolvió la mirada con la más infinita de las amarguras como si viviese una dura lucha interna.

- Bella… - murmuró.

La muchacha sentía las lágrimas traidoras y delatoras en sus ojos, entonces vio como él alargaba una mano hacia su rostro; su respiración se aceleró y solo fue consciente del roce de él en su mejilla para quitar una lágrima rebelde que se había escapado de sus ojos. La mano de Edward se posó en su rostro y borró la lágrima con su pulgar, mirándola intensamente, con infinita preocupación y culpabilidad en sus ojos verdes.

Entonces suspiró frustrado y soltó el rostro de ella, al instante Bella se sintió vacía.

- esto está mal… - gruñó Edward, evidentemente molesto – es mi culpa, tú no deberías estar pasando por esto… -

La sorpresa de Bella fue mayor…

- ¿de que hablas…? – preguntó, quitándose las últimas lágrimas de un zarpazo.

Edward suprimió una sonrisa amarga.

- no deberías sufrir por esto… - susurró – ¡eres joven, cálida… - la observó con intensidad – y bonita… - Bella se sonrojó furiosamente, Edward continuó - no deberías estar sufriendo ni preocuparte por una niña que no es tuya, Bella, que no es tu obligación… - continuó – esto no está bien… -

- ¡no es solo por ella…! - las palabras habían salido de su boca antes de que pudiera detenerlas – ¡Ustedes se han transformado en lo más importante de mi vida, todo es diferente desde que conocía a Lizzie, yo me siento diferente, feliz! – se mordió el labio avergonzada - cuando estoy con ustedes es como si estuviera completa… -

Edward frunció el ceño…

- eso está aun peor… - soltó.

Bella abrió la boca ofendida.

- ¡¿Cómo puedes decirme algo así?! –

- ¡¿acaso no lo ves Bella…?! - espetó Edward indignado - ¡En unos años mas te darás cuenta de cuan equivocada estabas, no estás atada a nada ni a nadie, ésta no es la vida que tu mereces, mereces algo mucho mejor que todo esto y debes huir ahora que puedes…! –

- ¡no! – exclamó Bella, sin importa que sonara como niña encaprichada – ¡yo no merezco nada de lo que dices… y mientras tú lo permitas yo quiero estar cerca de Lizzie y… -

Y de ti, pensó, pero se contuvo a tiempo de decirlo.

Edward lucía extremadamente frustrado y se apresuró en apretar el puente de su nariz.

- algunas veces, me gustaría saber lo que realmente piensas… -

Bella dio gracias de que no lo supiera.

La muchacha le observó. Edward lucía frustrado, pero consigo mismo y eso la descolocó un poco.

- ¿Por qué estabas en Port Angeles? – preguntó de pronto.

Edward no contestó de inmediato. Sus ojos verdes permanecieron clavados en la calzada por unos segundos hasta que la observó.

- por ti… -

El mundo se detuvo. Bella sintió como el calor inundaba sus mejillas y aquel sentimiento de felicidad inusitada llenaba su pecho, Edward continuaba mirándola y una ola de ilusiones estalló en su mente. Sin embargo, no podía ser cierto.

- di la verdad… - espetó.

- es la verdad… - dijo Edward incómodo – estaba preocupado por ti, sabía que no estabas bien, ¿recuerdas? – Bella supo a lo que se refería – ayer por la tarde no te comportabas de manera normal Bella y conozco a Alice lo suficiente para saber cómo puede volverse cuando se trata de compras…- Bella sonrió levemente y él también se permitió sonreír - me asignaron un paciente que trasladar a Port Angels, sin embargo, aproveché de quedarme un poco más, no me preguntes porque, tal vez tenía una mal presentimiento desde que te dejé en tu casa… - su rostro se crispó en frustración - entonces recibí el llamado de Alice… - Bella se ruborizó – y apenas vi el numero pensé lo peor… - suspiró – lo demás ya lo sabes.. –

No, pensó Bella, no lo sé.

El auto aminoró la velocidad considerablemente, pero Bella solo era consciente del rostro perfecto y cautivador de Edward y no se dio cuenta de que se habían detenido.

- Edward… - él se volvió hacia ella - necesito hacerte una pregunta… -

Edward sonrió ampliamente.

- soy todo oídos… -

Bella titubeó un poco, pero juntó todo el valor necesario y preguntó.

- ¿Por qué Lizzie no conoce a su mamá y no sabe de ella? – la sonrisa de Edward se esfumó al instante - ¿Qué pasó?, ¿Dónde está? –

La atmosfera cambió por completo y la tensión casi podía cortarse con una tijera. La mandíbula de Edward se había tensado y por la forma en que sus ojos se habían oscurecido, Bella supo de inmediato que la pregunta le había molestado.

- lo siento… - se apresuró roja como carmín por la vergüenza – no es de mi incumbencia, soy una tonta – negó con la cabeza – no tienes que contestarme… -

- no, perdóname tu a mí - se apresuró Edward volviéndose hacia ella – no te preocupes… -

Edward le sonrió y Bella le devolvió la sonrisa aliviada.

- ¿me contarás? –

- contestaré tu pregunta – aclaró Edward con una sonrisa traviesa.

Bella le observó anhelante, pero la expresión de Edward pareció decaer. Sus ojos se habían oscurecido nuevamente y era notable que el tema le molestaba sobremanera.

- la madre de Elizabeth no estaba… preparada para tenerla – susurró – es por eso que no se conocen, la madre de Lizzie no tiene, ni nunca tuvo ningún interés de estar con ella -

El tono en la voz de Edward daba a entender que no hablaría más del tema y Bella no quiso seguir presionando. Sin embargo no podía creer como una madre podía actuar de tal forma, no querer ni siquiera conocer a su hija. Eso era extraño. Se dio cuenta de que tenía la boca abierta y se apresuró en mostrar compostura. Edward la observaba con intensidad.

- ¿puedo ahora yo hacerte una pregunta? –

Bella asintió. Edward sostuvo su mirada.

- ¿Quién es Charlie?

Bella enmudeció, palideció al instante y su corazón se aceleró. Edward lo notó de inmediato y se apresuró.

- perdóname Bella… no debí…-

Bella alzó el rostro y negó con la cabeza, Edward se quedó en silencio. A pesar de que le dolía el alma pensar en él y nunca había hablado con nadie sobre ese tema, Edward la hacía sentir de formar diferente, a él sentía que podía confiarle todo…

- Charlie era mi padre… -

Los ojos verdes y brillantes de Edward la observaron y supo de inmediato que Edward no la presionaría a decir nada más, que entendía perfectamente que era un tema doloroso para ella y asintió.

- ayer repetías su nombre… -

Bella no sabía eso.

Se ruborizó como un carmín porque no recordaba nada de lo sucedido después de que el olor de la sangre de Edward la había aturdido. ¿Qué mas habría dicho y ella no lo sabía?. La voz de Edward la sacó de sus propios pensamientos.

- ¿es ese tu auto? –

Bella se volvió. Estaban estacionados frente a su casa y ella ni siquiera lo había notado, al parecer llevaba un buena rato allí, y ahí estaba, el antiguo Chevy 500 de color rojo estaba estacionado en la entrada.

Pero Bella no había pasado desapercibido el tono arrogante en la voz de Edward al preguntar por su auto y se puso de inmediato a la defensiva.

- sí… - contestó - ¿por…? -

Edward soltó una risita divertida. Bella abrió la boca ofendida pero no fue capaz de decir nada porque Edward había abierto su puerta para bajar del auto, altiva y elegantemente como siempre. Bella le vio rodear la parte delantera – estúpido dueño de un flamante Volvo – pensó, mientras Edward alcanzaba su puerta y la abría para que bajara.

Edward le tendió una mano para ayudarla, y a regañadientes, Bella la tomó.

- ¿Qué tiene de malo mi auto? – espetó.

Edward sonrió de lado y a pesar de que ella estaba de pie frente a él, no soltó su mano.

- bueno… habrá que hacer algo con él… - anunció con una sonrisa – no seguirás manejando esa cosa – Bella abrió la boca indignada y soltó su mano, él sonrió - estás equivocada si piensas que voy a permitir que tú y mi hija se muevan por todos lados en eso… - Bella cerró la boca de golpe, Edward continuó – aunque me temo no podré hacer nada por el día de hoy, tengo turno hasta las seis en el hospital y espero que no te importe que pase por Elizabeth tan tarde aquí a tu casa. -

Entonces, Bella entendió; en un principio no lo creyó y pensó que su imaginación le estaba jugando una mala pasada, pero al ver la sonrisa de Edward, tan encantadora y transparente, salió de su estado de aturdimiento y su corazón se aceleró de felicidad al entender.

La emoción fue mayor.

- ¡oh, Edward! – exclamó

Sin previo aviso y presa de la conmoción y la felicidad, Bella se lanzó hacia él y sin pensar en nada mas le echó los brazos al cuello para abrazarle. En un principio, Edward se había sorprendido, pero al sentir el rostro de la muchacha en su pecho, no pudo evitar sonreír satisfecho y no dudó en envolver la estrecha cintura de ella con los brazos y devolvió el abrazo.

Bella sintió que estaba completa. Sentía que era allí donde pertenecía y no deseaba que él la soltara, el aroma de Edward la inundaba y aturdía por completo, como nada en el mundo lograba hacerlo. Edward pensaba lo mismo, no quería soltarla, y se encontró deseando estrecharla para siempre. El aroma de Bella lo aturdía y lograba sensaciones en él que jamás había sentido.

Entonces ella alzó el rostro para mirarle, roja como tomate.

- perdón…- susurró.

Edward negó con la cabeza.

- tonta Bella… - susurró con una sonrisa y ella como una reverenda idiota, la devolvió.

No la había soltado. Ambos se observaron por casi una eternidad, entonces Bella quitó los brazos del cuello de él y apoyó sus pequeñas manos en el pecho de Edward. Aquella descarga eléctrica fue inmediata. No había nada más, solo eran ellos dos, conscientes el uno del otro. Edward la observó con profundidad y alzo su mano para acariciar el rostro de ella con infinita ternura, dibujó las líneas de su mejilla sin dejar de observarla a los ojos, entonces Bella sintió sus piernas a punto del colapso y se aferró con fuerza a la chaqueta que él usaba.

Entonces, Edward la soltó y retrocedió un paso, con la respiración tan acelerada como la de ella. Bella se ruborizó otra vez.

- será mejor que entres a tu casa…- dijo Edward con voz ronca – tu turno en la librería comenzaba a las nueve. -

Eso hizo que Bella saliera del aturdimiento en que él la había sometido.

- ¿comenzaba? – repitió, desorientada, entonces, entendió al fin que estaba atrasada - ¡oh Dios, Alice me matará! –

Edward le sonrió.

- pasaré por Lizzie después de las seis… - ella asintió, entonces él se detuvo frente a ella – pero antes… - alzó su mano otra vez y puso detrás de su oreja un mechón de cabello, un escalofrío la recorrió - prométeme que te cuidarás…–

Bella alzó el rostro aferrada al abrigo de él que llevaba puesto.

- te lo prometo…. –

Se quedaron mirando nuevamente hasta que Edward le dedicó una sonrisa – la favorita de Bella - y volvió a subir al Volvo.

Bella se volvió a la casa; su corazón latía a tres mil por hora, el calor inundaba sus mejillas y sus piernas temblaban, entonces escuchó a Jake ladrar.

Jake debía estar muriéndose de hambre.

Media hora más tarde Bella estacionaba el auto frente a la librería. Bajó con rapidez y tratando de no caer, pero entonces, vio a Alice correr hacia ella con expresión aterrorizada en su rostro perfecto.

- ¡Oh Dios, Bella! – gimió a medida que se acercaba - ¡Estás bien! –

Antes de que pudiera evitarlo, Alice la había estrechado en un apretado abrazo hermanable y Bella lo devolvió.

- perdóname por llegar tarde, Alice… - dijo Bella cuando se hubieron separado.

- eso no importa ahora… - se apresuró Alice y tomó sus brazos con sus ojos azules llenos de preocupación – ¡dime, Bella, estás bien… ¿te sientes mejor?! – continuó arrepentida - ¡me sentía tan culpable, no me di cuenta de nada! -

Bella le sonrió ampliamente, la verdad, era que se sentía mejor que nunca.

- ya no hay problema Alice. – sonrió – de verdad, no pasó nada malo -

Alice sonrió con transparencia.

- no sabes cuánto me alivia saber que ya estás bien… -

Bella asintió.

Solo entonces, el rostro afilado de Alice se transformó, sus ojos azules se oscurecieron y la ira invadió sus facciones perfectas, soltó con fuerza a Bella y estalló indignada.

- ¡¡Cómo pudiste hacerme algo así, Bella?! – exclamó, Bella se sorprendió; al parecer los cambios drásticos de humor eran algo que Edward y Alice compartían - ¡huiste de forma desquiciada, cuando te vi correr pensé lo peor, creí que te habías vuelto loca o algo parecido… - gritó - ¡¡me tenías desesperada!! –

- perdón Alice… -

Pero la hermana de Edward continuó…

- ¡te perdí de vista y no sabía qué hacer, estaba desesperada, la lluvia se hacía más fuerte y no podía pedir ayuda! – Alice lucía realmente indignada y hablaba muy rápido - ¡solo atiné a llamar a Edward, gracia a Dios él estaba allí… entonces solo alcance a ver aquel auto y como Edward y tú rodaban por el suelo…!! – su voz se había vuelto casi un grito - ¡¡creí que se habían matado los dos!! –

- ¡Alice! -

Al fin, Alice suspiró y clavó sus ojos azules en los castaños de Bella.

- ¡¿Cómo pudiste hacerme eso, Bella?! – preguntó - ¿Por qué no me dijiste que no estabas bien? -

- te estabas divirtiendo mucho – susurró Bella.

Alice dejó escapar una risa sarcástica...

- pues fíjate que la tarde dejó de ser divertida totalmente cuando vi huir a mi amiga de mí como una loca descontrolada y a ella y mi hermano tirados en el pavimento mojado luego de que un auto casi los arrollara -

Bella no pudo evitar sonreír.

- de todas formas, gracias por todo, Alice… - anunció – Edward me comentó que me habías ayudado.-

Alice le sonrió otra vez y le dio un abrazo rápido.

- ¡nunca más vuelvas a hacerme eso…! – exigió.

Bella sonrió.

- te lo prometo… -

Alice sonrió radiante, se apresuró en tomar el brazo de Bella y ambas se encaminaron hacia a la tienda con alegría.

- ¿ahora me dirás que te sucedió…? - preguntó Alice.

Bella la observó. Comenzaba a querer a Alice, de toda su vida, era lo más cercano a una mejor amiga que tenía, la chica le inspiraba muchísima confianza, sin embargo, no era capaz de decirle nada aun, por mucho que la quisiera no deseaba contarle nada por ahora.

- algún día te lo diré… -

Alice soltó un bufido frustrado. Bella ingresó a la tienda; todo estaba normal y parecía ser que nadie se había enterado de lo sucedido, a excepción de Ángela quien le dio una sonrisa aliviada en cuanto la vio y una vez más agradeció la prudencia de la chica al no preguntar nada al unirse a trabajar con ella. Definitivamente, Ángela no era como Alice, tan solo le sonrió de forma tranquilizadora y le asintió, con eso le dio a entender que estaba contenta de verla bien.

Alice se acercó aun con frustración en sus chispeantes ojos azules.

- bien, tal vez no me dirás por ahora… - anunció con una sonrisa suficiente – pero tendrás que recompensarme… - Bella alzó una ceja - ¡una salida de compras…! – anunció Alice - ¡al fin y al cabo aun no encuentro las servilletas perfectas! -

Ángela y Bella rieron.

- ¿Qué tal si vamos ahora mismo?… - continuó Alice emocionada - tal vez podríamos tomar una avión a Seattle y estaremos en media hora allá…- explicó, Bella abrió los ojos sorprendida, pero la mirada de Ángela le dio a entender que nada era extravagante para Alice - ¡vamos, te aseguro que volveremos esta noche! – se dirigió a Ángela - ¿Qué te parece Ángela, te unes? –

- no lo creo, Alice… - Ángela se había ruborizado de súbito y de pronto se encontraba muy concentrada en la estantería – Ben pasará por mi cuando termine el turno… - Bella la observó y la muchacha se apresuró – ¡solo somos amigos…! – Alice alzó una ceja, y Bella supo al instante que Ángela deseaba que fueran algo mas – su madre de me ha invitado a cenar a su casa esta noche y él me llevará… -

Alice chasqueó la lengua frustrada.

- bien, eso nos deja solo a ti y a mí, Bella – se apresuró – ¡podría llamar a Jasper para que se haga cargo de la tienda mientras no estoy…! -

- yo tampoco podré... – dijo Bella evadiendo por todos los medios la mirada de Alice – lo siento, después de terminar aquí debo pasar por Lizzie a la escuela, tu hermano tiene turno hasta tarde hoy así que yo la cuidaré... –

La expresión de sorpresa en el rostro de Alice fue tal, que Bella pensó que bien su boca habría podido tocar el suelo.

- ¿Edward te pidió que cuidarás de la enana? – logró decir.

Bella asintió, entre ruborizada – por recordar lo sucedido aquella mañana – y confundida, no entendía porque Alice estaba tan sorprendida ¿debía sentirse ofendida por eso?.

La respuesta llegó cuando Alice dejó escapar un chillido emocionado y la abrazó.

- ¡Oh Bella, gracias! – la castaña lucía perpleja en los brazos de Alice y la observó sin entender cuando Alice la soltó- ¡lo sabía, siempre lo supe, yo lo veía venir! – exclamó - ¡es magnífico, estamos tan felices por eso! – era oficial, Bella no entendía nada - ¡no puedo creerlo, es sensacional…! – la observó con sus ojos azules llenos de infinita sinceridad - ¡de verdad, Bella, gracias! –

- ¿…pero de qué hablas Alice? –

Alice le miró burlona y repitió sus mismas palabras con malicia.

- algún día te lo diré… -

Bella no pudo preguntar más porque Alice había partido hacia su oficina en aquel caminar perfecto que más parecía una danza que otra cosa. Bella y Ángela intercambiaron una mirada sin entender nada, por lo que Bella se encogió de hombros al fin. Alice Cullen había probado ser todo un caso y no sería ella la que comenzara a preguntarse por las excentricidades de la chica.

El día había transcurrido de forma normal, de allá para acá y atendiendo al público. Bella se encontraba entonces en el mostrador de la entrada mirando hacia la calle; recordaba a Edward, y todo lo que le había dicho esa mañana. Edward era arrogante, altivo y extremadamente serio e intimidante, pero Bella también había notado que era caballero y cariñoso cuando quería. Edward Cullen parecía ser de esas personas que solo le entregaban confianza a unos pocos, y se encontró a si misma deseando ganarse su confianza algún día. Sin embargo, estaba segura también que los constantes cambios de humor de Edward lograrían volver su mundo de cabeza.

El cielo había comenzado a oscurecer y como era habitual en Forks, las nubes anunciaban lluvia para esa noche. Bella observaba el cielo justo en el instante en que la campanilla de la entrada sonaba y la puerta se abrió.

Dos hombres jóvenes ingresaron sonriendo, ambos tenían cabello oscuro y corto, pero uno era más alto que el otro. Al instante el más alto de los dos posó sus ojos en Bella y la observó de forma intensa.

- ¡Ben! –

A su lado, el rostro de Ángela se había iluminado de forma especial y una sonrisa tonta se había dibujado en su rostro. El más bajo de los recién llegados le devolvía la misma sonrisa y la miraba de forma especial cuando la muchacha le dio un beso en la mejilla a modo de saludo.

Bella se incomodó, el amigo de Ben no dejaba de mirarla.

- ¿estás lista Ángela? – preguntó Ben solo mirándo a la muchacha, Ángela asintió efusivamente – ¡vamos entonces, pasaremos a dejar a Eric en el camino, su auto está en el mecánico… ¿no te molesta, verdad?! –

- ¡Claro que no! – exclamó Ángela con una sonrisa en sus labios, se volvió hacia el otro recién llegado - ¡¿Cómo estás Eric?! –

A pesar de que Bella había agachado la mirada y aparentaba estar concentrada en el libro que leía, sentía la mirada del amigo de Ben sobre ella. No le gustaba eso, al contrario. La situación era completamente frustrante.

- estoy bien… - contestó Eric con una sonrisa suficiente en sus labios – ¡de hecho, creo que estoy mejor que nunca…! – agregó - ¿no nos presentaras a la nueva chica, Ángela? –

¿nueva chica?

Bella y Ángela intercambiaron una mirada rápida y la segunda sonrió ampliamente, acercándose un poco a Bella.

- mira Bella, él es Ben Cheney, mi amigo del que te hablé… - señaló al más bajo de los dos. Ben le dio una sonrisa amigable y Bella la devolvió, entonces Ángela apuntó al más alto - …y él es su mejor amigo, Eric Yorkie… - Ángela sonrió – Eric, Ben… ella es Bella Swan –

Eric le dedicó una sonrisa a Bella y se apresuró en tender su mano hacia ella, Bella la tomó, pero sin sonreír. El apretón de mano se demoró más de lo usual, Eric la observaba fijamente y con una sonrisa significativa, sin soltar su mano. Bella revoleó los ojos.

- ¿podrías devolverme la mano? – pidió seria.

Ben lanzó una carcajada.

- perdóname… - se apresuró Eric y la soltó, aunque no parecía nada arrepentido.

Entonces Bella observó su reloj de pulsera, debía ir por Elizabeth.

- debo irme… nos vemos mañana Ángela – la muchacha asintió y le dio una sonrisa, entonces Bella se volvió a sus amigos sin mirarlos completamente - que les vaya bien… -

Bella se apresuró en tomar su chaqueta del perchero para salir de la tienda.

- ¡Bella! – la voz de Eric la hizo detenerse y antes de saberlo el muchacho estaba a su lado en la puerta de entrada – bueno, tal vez te gustaría salir con nosotros un día… Ángela y Ben, tú y yo… - Bella abrió los ojos sorprendida – ¿Qué te parece? –

Bella quedó aturdida. ¿Qué sucedía en Forks?. ¿Qué estaba pasando con su vida?. Definitivamente todo había cambiado en trescientos sesenta grados desde que había llegado a ese pueblo. Tal vez la lluvia y la carencia de sol hacía que los hombres fueran diferentes a los de Phoenix.

Sin embargo, trató de ser cortés.

- Eric, la verdad, yo no… - entonces captó la mirada de profundo odio que Mike Newton le dirigía a Eric Yorkie desde el otro lado de la tienda y vio con horror como comenzaba a acercarse hacia ello, bufó indignada - ¡no, no lo creo… lo siento, debo irme, adiós! –

Antes de decir algo más, salió rápido a la calle con dirección a su auto. Media hora después Bella esperaba fuera de la academia de música, aun pensando en lo sucedido y se sintió asustada, de alguna u otra forma los hombres la intimidaban un poco, prefería mantenerse lejos de ellos y mantener las distancias.

Aunque no era demasiado, aun les temía un poco. Sin embargo, ni Mike Newton ni Eric Yorkie le inspiraban miedo. Ambos le inspiraban ira, porque le molestaba sobremanera que la miraran de aquella forma.

Entonces recordó a Edward Cullen y se ruborizó como una tonta; porque a ella le gustaba que él la mirara. Porque tal vez Edward la miraba de formas aun mas indescriptibles, pero ella se sentía flotar cada vez que él lo hacía. Se asustó de sí misma. Eso no estaba bien. ¿Qué le estaba pasando?. ¿acaso ella…?

- ¡Bella! –

Salió de sus ensoñaciones al ver a la pequeña Elizabeth correr hacia ella con una sonrisa plasmada en su rostro y sus grandes ojos verdes llenos de emoción. Bella olvidó todo lo demás al instante y recibió a la pequeña con cariño para luego alzarla.

- ¡¿Qué estás haciendo aquí?! – preguntó Lizzie emocionada.

Bella fingió estar ofendida.

- ¿Por qué, acaso no te gusta que venga por ti…? -

- ¡Me encanta! – exclamó la niñita echándole los brazos al cuello mientras Bella comenzaba a caminar hacia el auto - ¿pero dónde está mi papá? –

- él pasará por ti después del trabajo a mi casa… -

Los ojos de Lizzie se iluminaron al instante.

- ¡genial, vamos a divertirnos mucho Bella! –

- sí… – asintió Bella, mientras colocaba a Lizzie en el asiento del auto y sintiendo su corazón hincharse emoción de solo verle sonreír – nos divertiremos mucho –

La noche había caído en Forks y con ella se había instalado una suave llovizna en el pueblo, pero eso no le detuvo y de igual forma manejó a toda velocidad hacia el vecindario de Bella. Eran pasadas las ocho y no ayudaba para nada el hecho que su celular vibrara como loco en el asiento de al lado.

Edward suspiró al escuchar el teléfono sonar por enésima vez consecutiva. Ni siquiera la música era capaz de calmarlo, tomó el aparato y observó el identificador de llamadas, allí estaba otra vez.

Rosalie.

Realmente no tenía ganas de escucharla, sabría lo que Rosalie quería, cuan indignada debía estar y cuantas cosas le iba a decir, pero tampoco quería pelear con ella. Al fin y al cabo, Rosalie siempre se había preocupado sobremanera por Elizabeth.

Estaba a una calle de la casa de Bella, cuando el aparto comenzó a sonar otra vez, esta vez, Emmett. Soltó un bufido exasperado, mejor él que Rosalie, contestó.

- Emmett… -

- ¡Edward…! - exclamó Emmett con su alegría característica desde el otro lado de la línea - ¡al fin contestas… Rosalie me está volviendo loco ¿sabes…?! – pareció emocionado por alguna razón – ¡olvidaba decírtelo! ¿tienes planes para el fin de semana? – rió socarrón - ¡por supuesto que no, que tonta mi pregunta! – Edward revoleó los ojos - …y si tienes algún paciente cancélalo, iremos de caza con Jasper y Carlisle, es gravísimo que la temporada de caza está por terminar y nosotros aún no…! –

Edward estacionó el Volvo frente a la casa de Bella al mismo tiempo que la línea soltaba un ruido violento y la voz de Emmett desaparecía. Edward cerró los ojos exasperado cuando sintió la voz indignada de Rosalie.

- ¿Qué demonios estás haciendo Edward? – exclamó la rubia, evidentemente colérica, detrás se oía la protesta de Emmett.

Edward se apretó el puente de su nariz tratando de calmarse.

- Hola Rose… - saludó sarcástico – ¡me alegro de que estés bien también…! -

Su hermana le ignoró.

- ¡¿es cierto que dejaste que esa mujer se llevara a Elizabeth? - exclamó - ¡¿Cómo has podido hacer algo semejante, como puedes ser tan irresponsable?... ¿Cuál es tu problema?!–

Edward se molestó sobremanera.

- eso no te incumbe Rosalie… - espetó con seriedad – debo irme, dile a Emmett que le llamaré mañana, adiós –

- ¡¡Edward no te atrevas a…!! –

Cerró su teléfono de un golpe fuerte y lo dejó a un lado. El aparato volvió a vibrar pero lo ignoró.

Edward cerró los ojos y se apoyó en el asiento. ¿Realmente estaba siendo irresponsable?. Se lo había preguntado todo el tiempo. Solo conocía a Bella Swan desde hacía dos semanas atrás y ya le estaba confiando lo más sagrado que tenía en la vida. Elizabeth, su pequeña y adorada hija. Sin embargo, algo era más fuerte que él, aquella muchacha de ojos profundos había logrado conmoverlo sobremanera y a ella le confiaría su propia vida. No sabía la razón, pero sabía que así era.

Observó la casa, todas las luces estaban encendidas.

Por un momento se preguntó si Rosalie tendría razón. Tal vez estaba equivocado. Era un hecho que estaba jugando con los sentimientos de ambas, por un lado Lizzie adoraba a Bella como si fuera su propia mamá y sabía que Bella quería a Lizzie de la misma forma. Sin embargo, no podía evitar sentirse asustado. No quería ver a Lizzie sufrir, pero tampoco quería ver a Bella sufrir.

Bella era encantadora. Era frágil y femenina y todo en ella lo llamaba a gritos, y eso de alguna u otra forma le asustaba porque sabía que ella se sentía de la misma forma que él.

Recordó el tenerla en sus brazos como aquella mañana, ella había sido tan cálida al abrazarle espontáneamente y casi se había aturdido por su aroma. Era algo cautivante y solo lo hacía desear estar con ella, protegerla, cuidarla, quererla y…

No. Negó con la cabeza. No podía sentir algo tan fuerte por una persona que recién había conocido, ¿acaso él…?

Con frustración apagó el teléfono que le estaba volviendo loco. Entonces bajó del auto con cuidado y se dirigió a la casa en medio de la llovizna. Apenas alcanzó el corredor, escuchó las risitas divertidas de Lizzie y de Bella, entonces, todas las preocupaciones de Rosalie parecieron completamente inútiles.

Tocó el timbre y en menos de dos segundos, la puerta se abrió. Bella estaba allí, pequeña, preciosa y encantadora como siempre, le dio una de esas enormes sonrisas y sus ojos castaños se iluminaron al verle y Edward no pudo evitar devolver la sonrisa ampliamente y mirarla fijamente.

- Hola Bella… - murmuró.

- Hola Edward – susurró ella y Edward no pudo evitar notar que un adorable sonrojo la invadía – pasa… -

Ingresó, la entrada de la casa lucía diferente ahora que había luz y que no sentía la desesperación de saber con quién o donde estaba Lizzie, todo parecía más cálido y acogedor.

- espero que Lizzie no haya sido problema… - dijo Edward – perdona por llegar tan tarde -

- ¡claro que no lo es…! – se apresuró la muchacha, con los ojos brillantes – muchas gracias por permitirme estar con ella, Edward - susurró.

Ambos se observaron y Edward estaba seguro que ambos estaban recordando lo ocurrido en la mañana. La respiración de Bella se aceleró y Edward sintió como su corazón comenzaba a latir con fuerza de solo verla a los ojos, se acercó un paso a ella, quería tocarla otra vez, estar cerca de ella. Abrazarla. En ese momento deseó tantas cosas, y sabía perfectamente que ella también las deseaba.

- ¡papi! –

Ambos salieron de aquel estupor al instante y Edward observó como Lizzie corría hacia él.

- princesa… -

Lizzie le echó los brazos al cuello y él la alzó de inmediato. Bella sonrió al verles.

- ¡Bella y yo hicimos un pastel! – exclamó emocionada - ¡un pastel de manzana, yo nunca había cocinado y fue tan divertido, Bella cocina riquísimo, papá…! –

Edward observó a la muchacha.

- me imagino, cariño… - susurró, Bella se sonrojó.

Entonces un ladrido inundó la estancia, Edward revoleó los ojos y Bella soltó una risita. Lizzie se apresuró emocionada…

- papi, Rosie y yo queremos un perro como el de Bella… -

Edward observó a Bella otra vez.

- tu perro Jack… - dijo.

Bella soltó una risita encantadora.

- de hecho, su nombre es Jake y Alice dice que tienes el privilegio de ser el número uno en su lista de personas no gratas… -

Ambos se sonrieron el uno al otro.

- ni te imaginas como me odia… - comentó Edward, entonces dejó al Lizzie en el suelo otra vez y la observó – trae tus cosas cariño, debemos irnos, es tarde y Bella tiene que descansar… -

Lizzie asintió y salió disparada a la sala. Edward se volvió hacia Bella y se sorprendió de verla un poco decepcionada. Encantadoramente decepcionada.

- pensé que te quedarías cenar… - ella se había ruborizado como carmín – Lizzie y yo te guardamos algo, creí que tendrías hambre –

Edward se sorprendió. No le era difícil deducir lo que la gente creía o pensaba, o incluso lo que estaban a punto de decir, pero Bella Swan era única y diferente. Era oficialmente la persona más impredecible que se había topado en la vida y debía admitirlo, eso le encantaba.

- te aseguro que nada me haría más feliz que quedarme, no sabes cuánto… - dijo con sinceridad - pero tengo turno en el hospital a media noche y quiero alcanzar a dormir algo -

Bella asintió. Lizzie estaba de vuelta.

- ¡ya me voy, Bella…! - exclamó estirando los brazos para abrazarla.

Edward no pudo evitar sentirse completo al ver como Bella no dudaba un segundo y se agachaba para devolver el abrazo. Algo extraño había sentido en su pecho al ver a Bella y Lizzie de esa forma.

- adiós mi pequeña… - susurró Bella besando la frente de la niñita – que duermas bien…-

Lizzie sonrió y besó la mejilla de Bella con cariño.

- sube al auto Liz… - dijo Edward.

Lizzie asintió, se despidió de Bella con la mano y abrió su paraguas – de color rojo esta vez - y se apresuró en subir al asiento trasero del Volvo con cuidado.

- ¿ahora somos amigos? – preguntó Bella de pronto.

Edward frunció el ceño. No supo que decir. Entonces se decidió por la verdad.

- No – la expresión de Bella cayó al instante y sus ojos parecieron abrirse por la sorpresa – si sabes lo que te conviene, Bella, deberías mantenerte alejada de nosotros… -

Era verdad, Edward pensaba firmemente que Bella estaba malgastando su vida. Que era joven, preciosa y encantadora, y que en esos momentos deberían estar divirtiéndose con sus amigos antes que con una niña de cinco años jugando a la mamá, pero por otro lado, no quería verla sufrir y quería tenerla cerca el mayor tiempo posible.

Era oficial, pensó Edward, era un asqueroso egoísta.

La muchacha parecía estar pensando en lo último dicho por él y observaba el suelo. Entonces Edward tomó el rostro de ella con suavidad y lo alzó para que ella le mirara, Bella no se negó.

- Bella… - susurró, Bella le observaba con una confianza tal en él que Edward no pudo evitar querer perderse en sus ojos color chocolate que parecían llenos de secretos y enigmas por descifrar – promete que te cuidarás… –

Bella soltó una risita divertida.

- ¿cada vez que nos separemos me pedirás que te prometa lo mismo, una y otra vez? – preguntó.

Edward sonrió.

- si es necesario, para que te cuides del peligro, entonces lo haré… - el rostro de ella se iluminó de forma especial y se sintió inmediatamente atraído por ella - ¿Qué dices? – preguntó - ¿me lo prometes? -

Bella asintió.

- por supuesto que sí… - susurró

Edward sonrió. La respiración de ambos se incrementó y Edward no pudo evitar alzar su mano y recorrer otra vez sus mejillas con cuidado. Bella sostuvo su mirada con intensidad y Edward dio gracias de que Bella le hubiese perdido el miedo.

Entonces se alejó, Edward se acomodó la chaqueta y salió de la casa para dirigirse al auto, donde Lizzie jugaba con Rosie en el asiento trasero. Iba en la mitad del jardín cuando sintió la voz musical de Bella llamarle.

- ¡Edward! –

Se volvió al instante a verla y no pudo evitar sorprenderse al verla sonrojada en el umbral.

- ¿te veré mañana, verdad? – preguntó la chica

Edward sintió como su pecho se llenaba de aquel sentimiento que solo Bella Swan le profesaba, y tuvo que luchar contra las ganas de volver a ella y abrazarla.

- no puedo esperar porque así sea… - anunció con una sonrisa.

Bella también sonrió.


Hola…! Otro capítulo, y de ahora en adelante no haré más comentarios con respecto al largo de ellos porque pareciera ser que cada vez son más kilométricos! XD. Pero bueno, en sus reviews me dejaron ver que no les molestaba así que esta vez me lo permití y no edité demasiado, la única consecuencia es que me demoré un poco más en subir, pero aquí está. Esta vez quiero darles la gracias a todos, porque están leyendo la historia, y hay varios que la siguen, pero en especial quiero agradecer a aquellos que me dejan sus reviews y pido enormes disculpas por no contestarlos todos, pero realmente el tiempo no me alcanza. Por ello quisiera darles las gracias personalmente aquí, a montse (edité el final del fic por ti, y quise ponerlos desde le pto. de vista de Edward), a Yekita, Carolina, Fer-Cullen, Adhara Ajdar, elithechampi, lavidx, Greendoe (que la sigue desde el comienzo), Hithi (gracias por leer, a pesar de que el español no es tu idioma natal), Isu, Adriana, LilyHale, teresa, Minea, 3rill Cullen, dark warrior 1000, miaa, flopo, mitzukii, geliybelly, dianita Cullen, Mica, S y a M de Cullen. De verdad, muchas gracias y mil disculpas por no contestarles a cada una, pero ya van cinco capítulos y quería hacerles saber de alguna forma mis infinitas disculpas :)

Un abrazo de oso para cada uno de ustedes, y nos estamos leyendo!, cariños.

Annie.