Sol de mediodía
Capítulo VII: "Rosalie"
El panorama no era muy diferente al habitual en el pequeño Forks; la noche había llegado y la llovizna que caía sobre el pueblo, a pesar de ser finísima, se volvía continua y persistente con el pasar de las horas. El aire se volvía más helado y el viento comenzaba a soplar con velocidad lo que prometía una noche extremadamente helada y de mal tiempo, nada ideal cuando se trataba de turnos nocturnos en el hospital, pero ni siquiera aquella austera perspectiva era capaz de quitar la sonrisa que Edward Cullen tenía plasmada en su rostro.
En aquellos momentos, Edward conducía el auto por la carretera, con cuidado, pero pensando en Bella Swan, en la extraña manera de vivir y ver las cosas de la muchacha, en su seco sentido del humor, en lo impredecible de su mente, pero sobretodo pensaba en sus grandes y expresivos ojos color chocolate, en su misteriosa y determinada voz, en su figura pequeña y menuda y en lo impactante de su exquisito aroma a fresas que lograba aturdirlo de forma casi aterradora; pero lo que más le encantaba de ella, eran su calidez y su espontaneidad, Bella parecía obrar por instinto, no por razón y debido a ello había probado ser una muchacha única en su clase.
Su sonrisa vaciló un poco, a pesar de que era una muchacha con virtudes de sobra, Edward seguía sin aprobar su amistad con Lizzie, y eso le preocupaba sobremanera, pues tanto Bella como Elizabeth se volvían cada vez demasiado unidas y parecía ser una batalla con la que no podía, ni quería luchar.
Aminoró un poco la velocidad y dobló hacia la derecha con cuidado para ingresar en el embarrado sendero de la derecha que llevaba a la casa de Carlisle y Esme y se encaminó por el camino.
Observó a Lizzie por el espejo retrovisor, se había quedado dormida. La pequeña niñita abrazaba a Rosie lánguidamente y sus facciones de muñeca eran acentuadas por las luces del tablero, al tiempo que sus largos rizos cobrizos se desparramaban desprolijamente en el asiento. Edward sonrió, la pequeña Elizabeth llenaba su corazón desde el mismo día que la había tomado en sus brazos por primera vez, en ese entonces, se juró cuidarla y protegerla de cualquiera y no dejar que nadie interfiriera en su felicidad. Nadie; pero ahora se preguntaba si el curso que habían tomado las cosas era el correcto, pues Lizzie era feliz con Bella, el nexo que se había creado entre ellas era algo casi irracional, los rostros de ambas se iluminaban por completo cuando se encontraban nuevamente y era casi una necesidad estar cerca la una de la otra… Edward bufó, también era irracional lo que le estaba pasando a él, pues todo le indicaba que Bella Swan se estaba convirtiendo en algo más para él que la mejor amiga de su hija.
Las luces de la casa estaban encendidas como siempre, y Edward detuvo el Volvo con suavidad al alcanzar el garaje.
Frunció el ceño. El enorme jeep de Emmett también estaba allí.
Descendió con elegancia y rodeó el auto para acudir hacia el lado de Elizabeth en el asiento trasero, la pequeña seguía profundamente dormida, por lo que la tomó con cuidado y la alzó suavemente para apretarla contra su pecho. Adormilada, Lizzie se aferró a las solapas de su chaqueta.
Cruzó la instancia con calma y se dirigió a la casa, pasó el elegante e iluminado corredor hasta que alcanzó el enorme y familiar recibidor. Todo inmaculado y cuidadosamente perfecto como Esme se empeñaba en mantener.
Entonces la vio. Rosalie estaba allí.
Suspiró, la función iba a comenzar.
Su impactante hermana mayor estaba sentada en uno de los elegantes sofás, ésta vez, lucía casi mas altanera y petulante que de costumbre y el rictus en sus labios indicaban profunda ira.Edward no se intimidó, de alguna y otra forma, se lo esperaba. A cada lado de ella, y Edward tuvo que recordarse a sí mismo que no era una situación graciosa para dejar escapar una sonrisa, Emmett y Jasper casi parecían salidos de una película; ambos estaban de pie a cada lado del respaldo detrás de ella y casi custodiándola, con ese simple gesto daban a entender que solidarizaban completamente con las ideas de Rosalie
Era seguro que las cosas no tomarían un buen rumbo, pero eso no lo intimidó, al contrario, soltó un bufido molesto.
- ¡Edward, cariño…! –
Esme.
La expresión de su madre era tan dulce y cariñosa como siempre, y nada parecía alterar su rostro amable y de facciones suaves, solo entonces, Edward notó que en el elegante y largo sofá del que ella se levantaba también estaba Carlisle y detrás de ellos Alice se paseaba mordiéndose el labio y con la mirada perdida en alguna parte.
- ¿está dormida? – preguntó Esme refiriéndose a Elizabeth y acercándose hacia él, Edward asintió - … mi pobre pequeña – sonrió – debe estar muy cansada… - alzó sus ojos para mirar los de su único hijo – tienes que volver al hospital… – anunció.
Edward asintió.
- en media hora debo estar allí… - agregó, entregándole con cuidado el cálido cuerpo de Lizzie a su madre – pasaré la noche allí, tengo turno hasta mañana por la mañana… -
Esme se mordió el labio y negó con la cabeza. Edward sabía perfectamente lo que Esme pensaba, pero esta vez, estuvo agradecido de que se contuviera de comentar algo, no quería ser el centro de la discordia, por más de una razón.
- llévala arriba… - susurró.
Esme hizo ademán de volverse, pero entonces Lizzie despertó aun adormilada, parecía sorprendida y confusa.
- papi… - murmuró, Edward se acercó a ellas al instante y acarició el cabello de la pequeña paternalmente.
- tranquila, Liz…- se apresuró besando su frente con rapidez – es tarde, vuelve a dormir. -
Los enormes y brillante ojos verdes de Elizabeth amenazaban con volver a cerrarse.
- ¿te vas a curar a las personas? – preguntó adormilada.
Edward y Esme intercambiaron una sonrisa divertida.
- así es Lizzie, debo ir a curar a las personas, no te preocupes por nada, tu abuela te cuidará esta noche ¿sí? – la niñita asintió y se aferró al cuello de su abuela – pasaré por ti mañana por la mañana -
Los ojos de la pequeña se cerraron al fin y murmuró.
- te quiero papá… -
Algo en el pecho de Edward se apretó. Era aquella sensación que solo Lizzie le hacía sentir, aquella que había sentido desde el mismo momento en que supo de su existencia, aquella sensación por la que había cruzado dos países para encontrar a su única niñita.
- y yo a ti, princesa – anunció.
Todos pudieron escuchar con claridad el bufido de duda que Rosalie emitió.
Esme le dio una sonrisa vacilante a Edward, pero sus ojos no la compartían, parecía preocupada y pidiéndole paciencia con la mirada, como recordándole el porqué de la postura de Rosalie y se apresuró escaleras arribas.
Apenas se perdió de vista con Lizzie en sus brazos, Edward se volvió a su familia y el estallido llegó al instante. Rosalie se levantó velozmente del sofá y le dio la mirada más asesina de toda su vida.
- ¡¿A qué demonios crees que estás jugando?! – espetó.
Emmett le lanzó una mirada sorprendida a su mujer, tal vez no la había creído tan enojada. Carlisle alzó el rostro hacia su hija mayor.
- Rose…- advirtió con seriedad.
Edward sostuvo la mirada de Rosalie, pero no se amedrentó en absoluto, involuntariamente, y para aumentar la ira de la muchacha, una sonrisa suficiente escapó de sus labios.
- no sé de que hablas… - dijo.
Los ojos azules de Rosalie se oscurecieron por la rabia contenida.
- ¡Lo sabes perfectamente, Edward! – exclamó airada - ¡y no lo voy a permitir! –
Su voz musical sonó como un látigo, era una amenaza y Edward frunció el ceño al instante, la situación había dejado de ser casi graciosa y detectó de inmediato el tono amargo de su hermana.
Trató de ser paciente y caballero, por ella, al fin y al cabo, todos sabían cuál era su situación.
- ¿perdón, Rosalie…? -
- ¡lo que has oído! – exclamó la rubia indignada, dando un paso hacia él, Jasper se movió incómodo - ¡No voy a permitir que sigas haciendo esto!... ¡eres un irresponsable, siempre lo has sido! – gritó, Carlisle observaba a la muchacha con el ceño fruncido - ¡¿Cómo puedes ser capaz de confiarle Elizabeth a una mujer a la que apenas conoces?! – gritó - ¡¿Qué está pasando por tu cabeza?... ¿te das cuenta del peligro en que la estás poniendo?! – su ira se intensificó - ¡¿Qué clase de padre eres?! – gritó.
Edward estalló.
- ¡¿Cómo te atreves a decir algo así?! – bramó dando un paso adelante.
- ¡Edward! – advirtió Carlisle levantándose del sofá. Emmett se puso rígido.
Solo entonces, Alice suspiró con fuerza. Todos se volvieron a observarla, la muchacha había dejado de pasearse, les observó a todos por última vez y caminó hacia Edward para ponerse a su lado en una clara señal de apoyo.
Rosalie bufó.
La expresión de Jasper cambió al instante y por un momento fue obvio que se debatía en cambiar de bando hacia el de Edward y Alice, pero de igual forma se mantuvo tras Rosalie.
Alice habló con su voz musical marcada por la dureza, algo extraño en ella.
- deja de pensar en ti, Rose… - dijo con voz suave, los ojos azules de ambas se encontraron – esto es algo que solo concierne a Edward y Lizzie – sus ojos brillaron de manera especial - no sabes de lo que estás hablando -
Rosalie lucía furiosa…
- ¡eres tú eres la que parece no comprender, Alice! – gritó - ¿Cómo puedes perdonarle a él que le confíe Elizabeth a esa mujer antes que a uno de nosotros? – Rosalie sacudió su cabellera perfecta con impaciencia - ¡¿Quién demonios es ella?!... – gritó -¿Qué tiene ella de especial?... – se volvió hacia Edward airada - ¡¿Cómo puedes confiar en ella cuando es la misma mujer que fue capaz de llevársela aquella tarde sin decirle nada a nadie?! – golpeó el suelo furiosa - ¡no sé quién es, que intenciones tiene, ni siquiera tú la conoces, Edward! – espetó ácidamente - ¡¡Esa mujer no tuvo reparos en llevarse a una niña que no era suya…!! – gritó - ¡¿Cuál es tu problema Edward?! -
Alice observaba a su hermana molesta.
- no conoces a Bella, Rosalie… - apuntó.
Pero Edward ya estaba harto, había escuchado las palabras de Rosalie con respeto y sin comentarios, sin embargo estaba profundamente molesto. A pesar de que había tratado – sin éxito – hacerle ver a Rosalie cuál era su rol en la vida de Elizabeth, parecía que el mensaje jamás le había llegado a su hermana con propiedad y era el momento de aclarar las cosas.
- quiero que esto quede claro, para cada uno de ustedes… - dijo con voz sumamente seria y autoritaria, todos le observaron – …agradezco sinceramente su preocupación, la de todos – observó a Rosalie y ella le devolvió una mirada asesina - … pero debo recordarles que Elizabeth, es mi hija –
Silencio.
Al instante, la expresión de Rosalie cayó, su rostro se crispó primero por la sorpresa, luego la rabia y terminó en frustración, por lo que, tanto Carlisle como Emmett observaron a Edward con el ceño fruncido.
A un lado de Edward, Alice sonrió.
- lo sabemos perfectamente… - se apresuró Jasper con suavidad y caminando hacia él – pero no podemos evitar preocuparnos por ella, la queremos demasiado, lo sabes… - agregó, Edward asintió – si algo llegara a sucederle… es un riesgo enorme el que estás tomando al confiar en ella, tú no deberías… -
La sonrisa de Alice se volvió aun más adorable al observar a su novio.
- Jasper… - interrumpió con sus ojos azules muy brillantes - te dije, así como les dije a todos que nada va a sucederle – observó a su familia incrédula – deberían darme crédito, con mi sexto sentido puedo ver un poco más que las alzas en las acciones de la bolsa. –
Rosalie se mordía el labio en una obvia señal de frustración, Edward la observó, parecía que su hermana mayor pensaba muchas cosas a la vez.
Emmett también lo había captado.
- esa chica, Bella, puede ser muy amiga tuya, Alice… - dijo mirando seriamente a Edward – nada en contra de ella, pero no puedes negar que las circunstancias son muy extrañas, y desde que la enana la conoció ha cambiado muchísimo, sin mencionar que otro por aquí también ha cambiado… - soltó una sonrisa, Alice la devolvió, pero se puso serio otra vez – sin embargo, es imposible no preocuparnos por la niña, la mayoría de nosotros sentimos a Liz como nuestra – le dio una significativa mirada a Rosalie que todos captaron, e hizo ademán de posar su mano sobre el hombro de ella.
Pero Rosalie había salido de su estado de aturdimiento y Edward estuvo seguro que cualquier idea que había estado urdiendo en su mente estaba perfectamente pulida y lista para gritarla.
La rubia retiró con una brusquedad impropia en ella la mano que su marido había posado en su hombro – Emmett abrió los ojos muy sorprendido – y le envió tal mirada a Edward que sus ojos azules parecían casi asesinos.
- eres lo peor que pudo pasarle – siseó enfatizando cada palabra, los demás se congelaron – tú no mereces tener una hija… –
Los ojos de Edward se oscurecieron al instante
- Rosalie… - advirtió Carlisle
- ¡Eres un maldito egoísta! – gritó descontrolada ignorando a su padre - ¡desde el principio, lo único que has hecho es hacer sufrir a esa niña! – espetó destilando veneno en su palabras - ¡ni siquiera fuiste capaz de escoger una madre correcta para ella, has cometido error tras otro y ahora eres capaz de lanzarla sin pensar a la primera persona que se te cruza en el camino sin que te importe lo más mínimo, eres lo peor que pudo pasarle! – gritó - ¡Cada día que pase harás más infeliz a…! -
- ¡Rosalie, basta! – bramó Carlisle.
La rubia se calló en seco. Como pocas veces en la vida, su padre lucía realmente molesto y observaba con gravedad a su hija, la intensidad de su voz disminuyó un poco.
- ya fue suficiente… -
Por primera vez en la noche Rosalie vaciló, por un momento una nota de rubor cubrió sus mejillas de porcelana y agachó la mirada para morderse el labio con rabia.
- no puedo evitarlo – musitó frustrada - la siento como si fuera mía… -
Los ojos azules de Carlisle se cubrieron de cierta tristeza y se acercó un poco a ella.
- lo siento mucho, hija… - susurró con suavidad – pero no lo es y Edward tiene razón, él es su padre, jamás haría nada que le hiciera daño. -
Rosalie alzó el rostro al fin, sus ojos estaban inundados de rabia y lucía como niña encaprichada. Edward le devolvió la mirada serio pues se sentía profundamente molesto con ella, sin embargo, no podía hablar, no podía decir nada en su defensa ya que cada una de las palabras emitidas por su hermana reflejaban nada más que pura verdad.
Era un desgraciado egoísta y en esos instantes estaba haciendo sufrir a los que más quería, y Elizabeth también sufriría si no hacía algo rápido, pero no estaba preparado para sacar a Bella Swan de la vida de su hija porque sin darse cuenta había comenzado a necesitarla.
Tuvo rabia consigo mismo.
Rosalie continuaba observándole con ira.
- él no la merece... – anunció ácidamente, Alice bufó – ¡tú no la mereces…! – gritó.
Edward no dijo nada. Rosalie obraba por celos, lo sabía. Sin decirlo oficialmente, Rosalie sufría demasiado por la situación en que se encontraba y de alguna u otra forma, celaba a Edward por tener lo que tanto ella quería, pero era su hermana, y a él tampoco le gustaba verla sufrir.
Todos entendieron las palabras de Rosalie, por lo que Emmett, serio como pocas veces, se acercó a ella e intentó abrazarla.
- Rose, cariño… - susurró Emmett – vamos a casa… -
Ella se zafó de él con orgullo.
- estoy perfectamente bien… - espetó la rubia – no me den esas miradas… - Carlisle suspiró cansado y Alice revoleó los ojos, levantó el rostro hacia su hermano – ¡escúchame bien Edward, no te librarás de mí! – hablaba en tal tono, que Jasper y Emmett la observaron sorprendidos - ¡sigo pensando que eres un irresponsable y que todo esto es la locura más grande de tu vida, que no son pocas… - agregó, Edward frunció el ceño - ¡No sabes lo que estás haciendo, y te juro Edward, te juro que si esa mujer la hace sufrir o le hace daño yo…-
- ¿acaso estás amenazándome, Rosalie? – la cortó Edward, levemente divertido.
La rubia alzó rostro petulante y sonrió.
- no solo a ti… - anunció – ella se las verá conmigo. -
Una ira descomunal se apoderó de Edward, sus ojos se oscurecieron y vio a su hermana sonreír de satisfacción. Edward sabía exactamente lo que sucedía realmente con Rosalie, no era amor maternal lo que sentía por Lizzie, de alguna u otra forma, Rosalie celaba a la desconocida Bella Swan por volverse protagonista de la vida de la niña en la que se empeñaba forzar el rol de mamá.
Pero conocía perfectamente la personalidad implacable de su hermana mayor y no dudó la segunda intención en sus palabras al referirse a Bella.
- ni siquiera lo pienses, Rosalie… - advirtió con fuerza – te lo he dicho varias veces, Elizabeth es mi hija y sé perfectamente lo que es bueno o lo que es malo para ella, soy yo el que decide lo que concierne a ella y quienes participan en su vida, nadie más. -
Rosalie resopló airada. Le dio una última mirada de rencor a su padre y a Alice y tiró con fuerza de Emmett para arrástralo fuera del salón, todos les observaron salir, pero cuando alcanzaron la puerta de entrada, Emmett se volvió con una risa tonta en el rostro.
A pesar de las circunstancias, Emmett siempre sería el eterno niño.
- Edward no olvides la cacería, el fin de semana, el domingo…– Rosalie le dio una mirada impaciente y tiró de él, por lo que Emmett tuvo que gritar – ¡te llamaré mañana…! -
No pudo decir nada mas, Rosalie lo había arrastrado fuera de la casa impaciente y había cerrado de un portazo.
Jasper sonrió y Carlisle negó con la cabeza, Alice soltó una risita musical y se aferró al brazo de su hermano para darle una palmadita de apoyo moral. Alzó sus ojos azules para mirarle, pero Edward le devolvió la mirada sin sonreír.
Alice lo supo de inmediato. Edward encontraba razón en cada una de las cosas que Rosalie había dicho.
Entonces, Carlisle suspiró.
- espero que no te equivoques, Edward – susurró acercándose a él – Elizabeth es tu hija, todos lo sabemos de sobra, eres tú el que tiene las riendas de su vida por el momento, pero desde que la trajiste,cada uno de nosotros la recibió con los brazos abiertos… - Alice alzó una ceja a su padre incrédula – tu hermana no demoró en aceptarla también, Alice – se apresuró y volvió a mirar a Edward – no sabes cuán difícil fue cuando te la llevaste a Chicago, y fue la mayor alegría de todos cuando regresaste, no olvides Edward, que todos queremos a Elizabeth y nos preocupamos por ella. –
Edward suspiró.
- no lo olvido, papá. –
Carlisle asintió y le dio una sonrisa paternal antes de salir del salón.
- ¡todo va a salir bien, Edward! – anunció Alice con una sonrisa energética – ¡ya verás, Rosalie siempre ha sido así, esto no es una novedad, ya se le pasará…! – agregó seria y le golpeó en el brazo con fuerza – no lo dudes, tú sí te mereces a esa enana adorable -
Edward no la miró.
- debo volver al hospital… - le dio un rápido beso en la frente a su hermana – adiós, Alice… - la muchacha sonrió.
Edward se volvió con rapidez y se dirigió al garaje nuevamente. Su mente era un torbellino de idea, y su pecho un remolino de sentimientos. Por un lado, ira y rabia contra Rosalie, por otro, tenía miedo que Lizzie sufriera, y terror ante la perspectiva de alejarse de Bella Swan. Sin embargo, todos aquellos tenían un factor culpable: él mismo.
Una pregunta se había instaurado en su mente y no tuvo respuesta. ¿Habría sido mejor no buscar a Elizabeth cinco años atrás y que su niña hubiese vivido lejos de él?
La amaba demasiado para pensarlo. A pesar de todo, no se arrepentía de haber peleado por ella.
Entonces vio la figura pequeña y redondeada de su madre a un lado del Volvo, Esme lucía triste y se abrazaba a si misma, de inmediato supo que ella había escuchado todo y eso le produjo dolor. Nadie sufría más con las peleas familiares que Esme.
- mamá… - susurró Edward acercándose a ella e internamente furioso consigo mismo – perdóname todo es mi culpa –
Esme trató de sonreír y se apresuró en negar con la cabeza.
- ¡claro que no, perdóname tú a mí, Edward!… - susurró con suavidad – soy una cobarde, debí haber estado allí, sabía lo que sucedería desde que Rosalie llegó… - se mordió el labio nerviosa – pero tú sabes cómo odio verles discutir, cariño… - alargó su mano hasta su cabello para acariciarlo como cuando él era pequeño - por favor, Edward, entiende a tu hermana, ella no quiso decir todas esa cosas todas fueron producto de la ira, ninguna de esas cosas eran verdaderas…. –
Edward no contestó. No estaba de acuerdo con ella esta vez, todo lo dicho era verdad, y lo sabía perfectamente. Parecía ser que Esme sabía exactamente lo que pensaba, pues alzó los brazos para abrazarle maternalmente, a pesar de que era mucho más pequeña.
- eres un gran padre, Edward… - susurró – Lizzie es una niñita excelente gracias a ti, nunca dudes de eso. -
Pero Edward no compartía la opinión y se alejó de ella con rapidez.
- debo irme, mamá… - le dio un beso en la mejilla y trató de sonreírle, pero no lo logró.
Esme se alejó un poco para que él subiera al Volvo y Edward echó a andar el motor, su madre aún le observaba, por la expresión de su rostro quería decirle algo más, por lo que bajó el vidrio para escucharle.
Esme sonrió satisfecha.
- confío en ti, Edward… - anunció – eres mi hijo, te conozco, y sé que jamás tomarías una decisión que le hiciera daño, ni a ella, ni a Bella – Edward alzó el rostro para mirarle sorprendido, los ojos castaños de su madre brillaron - Bella es una buena muchacha –
Edward negó con la cabeza y puso la marcha atrás.
- adiós mamá… -
Salió, y lo último que vio por el espejo retrovisor, fue la figura pequeña y menuda de su madre mirarle desde el garaje.-
Por alguna extraña razón el día estaba totalmente iluminado; a pesar de que las nubes cubrían estrechamente el cielo de Forks como todos los días y aun quedaba vestigios de la lluvia del día anterior en las calles, a Bella le parecía que todo estaba iluminado de forma especial, ¿o acaso era solo su impresión?.
No pudo evitar que una sonrisa tonta cruzara su rostro, tal vez era el hecho de que la noche anterior había soñado con Edward Cullen.
Era estúpido, completamente ilógico, pero así era. No recordaba exactamente su sueño, tan solo sabía que despertar había sido algo desalentador y casi frustrante, pero Edward había estado allí en sus sueños, y algo de ello la aterraba, la risa tonta y la felicidad desmedida por solo verle en sueños, no eran buena señal.
Pero no era la única y podía estar segura de ello, al otro lado de la tienda, Angela también sonreía de forma tonta. ¿Habría tenido un buen sueño ella también?
Eran pasadas las cuatro y media de la tarde y el día había transcurrido de forma pausada y normal, como todos los días, clientes, niños que se movían por todos lados, Bella tratando de huir de Mike, Jessica dirigiéndole miradas de odio que se apresuraba en disimular con sonrisas y Alice Cullen de allá para acá, energética como nunca y hablando de su boda.
- primero había pensado celebrar la boda en Port Angeles… - le contaba Alice animada mientras etiquetaban los libros cerca del mostrador – ya sabes, imaginaba una boda magnífica en un hotel elegante, como la de mi hermana, pero luego me di cuenta que sería bastante empalagosa y que no iba ni conmigo ni con Jasper así que terminé optando por el jardín de la casa de mis padres, es precioso y amplio, es mi lugar favorito en el mundo también el de Esme… - sonrió con suficiencia – y el de Jasper, después de todo fue allí donde nos conocimos -
Bella la observó.
- ¿no tienes miedo, Alice? – preguntó tímida.
La muchacha levantó la mirada.
- ¿a qué? – se sorprendió
- no lo sé…- musitó Bella mientras un leve rubor se extendía por sus mejillas – a casarte, a que fracasen después de todo lo que pasaron antes de firmar aquel papel… - Alice abrió los ojos con horror, Bella se arrepintió al instante y se avergonzó- ¡Oh Alice, perdón, eso fue totalmente fuera de lugar… soy una idiota… no tomes en cuenta lo que…! –
Pero Alice se había mandado a reír….
- ¡No seas tonta, Bella! – exclamó dándole un golpecito amistoso en el brazo - ¡Claro que no tengo miedo al matrimonio! – dijo como si fuera obvio, sonrió con expresión de enamorada - ¡he querido casarme con Jasper desde que lo conocí! – tomó los libros nuevamente - creo en el matrimonio firmemente y creo también que es la mejor forma de pasar toda tu vida con quien amas y tal vez un poco más…! – la observó con curiosidad y alzó una de sus cejas perfectas - ¿eres de las que no cree en el matrimonio, verdad? –
Bella asintió.
- no lo creo necesario…- aclaró – la verdad es que he vivido en un mundo donde el matrimonio ha sido el factor principal en el fin de aquellas relaciones perfectas. –
Alice volvió a reír musicalmente.
- no, nosotros no… - comentó – mis hermanos y yo… - aclaró - Esme nos crió del modo tradicional, y en cuanto a ejemplos, no creo que haya conocido otro matrimonio mejor que el de mis padres, del de mis abuelos no me acuerdo mucho, murieron cuando era pequeña, pero Edward dice que eran muy felices, ¡incluso mi hermana!… - exclamó – se casó con Emmett apenas las circunstancias lo permitieron, algún día te contaré de eso – Bella le sonrió – incluso creo que Edward habría… - Bella alzó el rostro al instante, pero Alice se había callado – … bueno, esa es otra historia… pero sabes Bella – Bella gruñó, lo único que sabía era que habría dado de todo porque Alice hubiese terminado su frase, la muchacha continuaba - cuando encuentras a la persona de la que realmente te enamoras, esa que hace que se ilumine tu día, que te haga sonreír como tonta y que llene tu vientre de mariposas, todo cambia… - Alice sonrió otra vez - …cuando vi por primera vez a Jasper lo supe de inmediato, es él, pensé, de alguna u otra forma siempre supe que era él, que era el único y que toda mi vida lo había estado esperando. –
Bella no contestó. Se había ruborizado. No sabía mucho de esas cosas, no había tenido nunca un novio ni nada que se le pareciera, las circunstancias no lo habían permitido. Su vida se había apagado después de aquella tarde.
Pero ahora todo parecía encajar de a poco. Había alguien, que iluminaba su día, que le provocaba una sensación extraña en la boca del estómago y que la hacía sonreír como tonta.
Y la misma noche anterior había soñado con él. ¿acaso ella al fin…?
- ¿Cómo lo conociste? – se apresuró Bella tratando de pensar en otra cosa - ¿Cómo conociste a Jasper? –
Los ojos de Alice brillaron y soltó una risita pícara al tiempo que la campanilla de la entrada sonaba.
- mejor no hablemos de eso ahora… - se apresuró, observó hacia la entrada y sonrió con amplitud – pero era el mejor amigo de Edward… - anunció.
Bella siguió el recorrido de la mirada de Alice y supo porque la chica no había querido continuar; allí, en la entrada, alto, imponente y tan cautivador como siempre estaba nada más y nada menos que Edward Cullen.
Pero fue otra figurita pequeña la que demandó su atención.
- ¡Bella! -
Lizzie había soltado la mano de su padre y había corrido hacia ella con alegría, Bella sonrió impaciente y se apresuró en rodear el mostrador para recibirla y alzarla del suelo con rapidez. Lizzie rió divertida.
- ¡¿Cómo estás pequeña mía?! – preguntó Bella sonriéndole y dándole un beso en la frente, mientras la apoyaba en su cadera.
- ¡bien! – exclamó Lizzie alegre y echándole los bracitos al cuello - ¡tenía muchas ganas de verte y Rosie también, pero se quedó en el auto! -
Bella frunció los labios aparentando frustración…
- es una pena, pero ya tendré tiempo para verla… - sonrió con amplitud – al menos tú estás aquí… -
Lizzie asintió efusivamente y sus rizos cobrizos de movieron al compás de ella.
- ¡enana! – exclamó Alice fingiendo molestia y con las manos en sus caderas - ¿qué pasa contigo?... ¡ya ni siquiera me saludas! –
Lizzie dejó escapar una risita culpable y se escondió en el cuello de Bella.
- perdón tía Alice… -
Entonces Bella alzó el rostro y vio que Edward las observaba intensamente. Por un momento, Bella no supo qué hacer, ni que decir y la risa tonta amenazó con cruzar sus labios de solo recordar el día anterior y su sueño; pero la mirada verde de Edward la había atrapado y sintió o aquella extraña sensación en la boca de su estómago otra vez, por lo que solo atinó a aferrarse aún más al cuerpecito de Elizabeth y a apoyar su cabeza en la cabellera rizada de la pequeña.
Edward no liberó su mirada mientras se acercaba a ellas y Bella se encontró alzando el rostro cada vez más a medida que él se acercaba.
Se detuvo a unos pocos centímetros frente a ella y un escalofrío la recorrió.
- Hola, Edward… - susurró Bella ruborizándose. Tonta, tonta, tonta.
- Hola, Bella –
Edward no sonreía, sus ojos estaban oscuros y Bella intuyó de inmediato que estaba molesto por alguna razón. No comentó nada, pero Alice si lo hizo.
- ¡vaya! – exclamó sonriente - ¡parece que alguien ha tenido un mal día! –
Edward liberó de súbito a Bella de aquel extraño juego de miradas y se volvió hacia su hermana. Su ceño había cambiado, si antes le había parecido que Edward estaba molesto, ahora le parecía que está furioso e impaciente, pero Alice no se amedrentó, ambos hermanos se miraron por unos segundos y a Bella le pareció que ambos compartían un lenguaje personal a través de los ojos, hasta que Alice soltó un bufido.
- estúpido… – soltó.
Edward negó con la cabeza mientras Alice volvía su atención hacia la pequeña Elizabeth.
- ¡¿A que no sabes lo que te tengo?! – exclamó emocionada - ¡llegué hoy por la mañana de Port Angeles y compré tantas cosas para ti, todo es maravilloso! – Lizzie alzó el rostro y tanto ella como Bella sonrieron.
- ¿aun más tía Alice? – preguntó la pequeña.
- ¡y queda todavía más por comprar! – continuó Alice emocionada - ¡Aun no hemos visto trajes para la boda, Liz, en cuanto tenga un tiempo lo haremos! – sonrió - ¡pero ahora te traje muchas cosas, abrigos, zapatos, vestidos… tienes que probártelos todos! -
Lizzie asintió efusivamente, pero Edward bufó.
- ¡Alice! – protestó, y lucía realmente molesto - ¿Cuántas veces te he dicho que no gastes tu dinero en Elizabeth? –
Alice sonrió de la forma más angelical posible.
- no te preocupes, Edward, no fue mi dinero… - dijo con ojos tiernos - …fue el tuyo-
La sorpresa en el rostro perfecto de Edward fue mayúscula, no pudo decir nada, por lo que Alice se vio en la obligación de continuar, siempre con una sonrisa.
- digamos… - explicó - que ocupe… esto -
La muchacha extrajo una tarjeta dorada del bolsillo de su elegante chaqueta y le dio otra sonrisa encantadora a su hermano. Edward frunció el ceño molesto.
Lizzie apuntó la tarjeta al instante.
- ¡esa es de mi papá! – exclamó sonriente.
Bella se mordió el labio, no sabía si estaba permitido el reír en esa situación.
A su lado, Edward suspiró tratando de calmarse y se apretó el puente de la nariz.
- ¿Cómo-la-conseguiste? –
- bueno… - dijo Alice como si nada - digamos que un abrazo de hermanos puede conseguir muchas cosas… -
Edward estalló.
- ¡eso se llama robar, Alice! –
- ¡Claro que no! - protestó Alice con la ofensa plasmada en su rostro – ¡eso se llama tomar prestado!... – agregó -pues justo ahora iba a devolvértela-
Bella tenía los ojos muy abiertos por la sorpresa, pero Edward no parecía tan sorprendido como ella, tal vez era algo habitual, pues él tan solo se limitó a tomar la tarjeta a regañadientes de las manos de su hermana y la guardó.
Alice sonrió pícara.
- por cierto… - comentó con voz musical - muchas gracias por tus regalos, Edward –
Si las miradas mataran, Bella estaba segura que Alice hubiese caído tiesa como una tabla.
Entonces Elizabeth soltó el cuello de Bella con suavidad, y como su padre estaba al lado de ambas, se apresuró a tirar de su chaqueta para llamar la atención de él. Edward se volvió de inmediato hacia ella, el ceño de Lizzie estaba crispado por la seriedad.
- papi… - dijo en un susurro audible para todos – dile a Bella de eso que tú sabes… -
Los ojos verdes de él se oscurecieron un poco y suspiró impaciente; por alguna razón, Bella se ruborizó.
Alice alzó una ceja al instante y una sonrisa extraña cruzó su rostro afilado.
- ¡bien enana, ven acá…! – estiró los brazos hacia Lizzie y Bella se la entregó con cuidado – voy a mostrarte todo lo que traje…- exclamó - ¡¿a que no adivinas?! – la emoción le ganaba a cualquier otro sentimiento en su voz - ¡hasta encontré ropa para Rosie! –
Edward revoleó los ojos.
Entonces ambas se perdieron en el largo pasillo que daba hacia las oficinas y un silencio incómodo se produjo entre Edward y Bella, a pesar de que estaban en una librería repleta de gente.
- ¿estás bien? – preguntó Bella alzando el rostro hacia él.
Edward asintió
Bella se ruborizó por varias cosas a la vez, primero, el calor había inundado sus mejillas desde el mismo momento en que Edward había llegado a su lado y se había detenido tan cerca de ella, segundo, parecía casi imposible no ruborizarse delante de él con esa estampa de hombre arrogante y bien parecido, y por último, se ruborizó de rabia; porque a pesar de que Edward era casi perfecto, sus drásticos cambios de humor bien podrían volverla loca cualquier día. Tomando en cuenta el día anterior, a Bella le parecía que todo había cambiado, en esos momentos, Edward estaba serio e impasible y la observaba fríamente.
Y eso le molestó.
- voy pedirte un favor, Edward – comenzó, levantado el rostro hacia él y tratando por todos los medios no dejarse deslumbrar por su rostro perfecto; Edward la observó intensamente por unos segundos y asintió lentamente – la próxima vez que decidas volver a ignorarme, como ahora, me gustaría que me pusieras sobre aviso, de esa forma estaré preparada –
Edward se quedó quieto por unos segundos, sorprendido. Sus ojos verdes recorrieron el rostro de Bella casi con incredulidad mientras ella contenía las ganas de gritarle que era un petulante y arrogante estúpido.
Hasta que él soltó una risita, terriblemente cautivadora y, otra vez, Bella se sintió derretir.
- cada día me sorprendes de una forma diferente, Bella… - anunció con voz divertida, la observó de tal forma que Bella sintió que él podía saber todo lo que pensaba con solo mirar en sus ojos – no sabes lo que daría por poder predecir de alguna forma lo que dirás, saber lo que estás pensado y yo estar preparado –
Bella no pudo evitarlo, rió levemente.
- lo siento… - continuó Edward sonriendo de forma arrepentida – de verdad, perdóname porque he sido bastante mal educado contigo desde el comienzo y tú no tienes la culpa de nada, Bella – la observaba de tal forma que Bella estaba segura nadie negaría disculpas a aquel rostro, el continuó - creo que no estoy acostumbrado a esto, y no he tenido un buen día – rió divertido – de todas formas, te prometo que la próxima vez que decida ignorarte, te avisaré–
Bella sonrió como tonta y por un momento perdió el hilo de la conversación, ¿Qué decía Edward?.
- ¿Bella? – la muchacha alzó la vista hacia él – necesito preguntarte algo… -
Edward parecía vacilante por alguna razón y eso le sorprendió, ¿Edward Cullen estaba dudando de algo?. Bella se acercó un poco más a él preocupada, otro temblor la recorrió, casi podía sentir el calor del cuerpo del él.
- ¿Qué sucede Edward? – apremió.
Edward la observó a los ojos.
- perdona, es un atrevimiento de proporciones, pero Lizzie está bastante ilusionada… - Bella asintió, por lo que Edward suspiró y explicó – el sábado por la tarde hay una actividad en la Academia a la que Elizabeth asiste… es un evento familiar que hacen todos los años al término del primer semestre antes de Navidad en el que los niños muestran sus progresos a toda la comunidad escolar y sus familias, tú sabes es una escuela de artes… - Bella asintió, Edward desordenó un poco su cabello, nervioso – generalmente, no asisto a esas cosas, no me siento muy cómodo en ellas… - por alguna razón, frunció el ceño – el año pasado Esme y Carlisle la acompañaron, mis padres – aclaró, Bella asintió – pero este año Lizzie tocará y está muy ilusionada con que yo vaya a verla… - sostuvo la mirada de ella y vaciló -… contigo -
Bella no contestó. No sabía que decir, un millón de sensaciones la habían embargado – incluyendo el que Edward la deslumbraba con solo mirarla – pero por otro lado, se sentía completa y satisfecha, sorprendida y halagada a la vez. Aquel sentimiento que solo la pequeña Elizabeth le provocaba la embargó por unos momentos.
Pero Edward había malinterpretado su expresión.
- si no quieres ir, no te preocupes… - se apresuró – no te sientas obligada de ninguna forma, ni tampoco le diré a Liz que… -
- no tendrás que explicarle nada… - le cortó la muchacha, y Bella esbozó una sonrisa encantadora –…porque me encantaría ir.-
Edward la observó por unos segundos, no se movió, hasta que las palabras de ella parecieron ser procesadas y una sonrisa deslumbrante inundó su rostro varonil.
- ¿de verdad? –
- ¡claro que sí…! - asintió la muchacha, con el corazón en la mano de verle sonreír solo para ella – por supuesto que iré con ustedes, Edward. -
Edward la observaba de forma tal que el corazón de Bella amenazó con querer subir hasta la garganta y salir por su boca, y casi dejó de respirar cuando él se acercó otro paso hacia ella.
Lo que los dejaba aún más cerca.
- gracias… - susurró – de verdad, Bella… solo tú haces a Elizabeth inmensamente feliz -
- y si ella es feliz… - dijo Bella en un susurro – yo también soy feliz… -
Edward esbozó la sonrisa favorita de Bella.
- y si ustedes dos son felices… - anunció – yo también soy feliz –
El corazón de Bella se detuvo. Se recordó respirar una bocanada de aire y sonrió.
- perfecto entonces, de esa forma, los tres somos felices -
El padre de Elizabeth asintió, sin embargo sus ojos se oscurecieron un poco con lo que Bella identificó como… ¿culpa?.
- Bella… - definitivamente Bella jamás había ansiado tanto que alguien dijera su nombre y un temblor la recorrió de pies a cabeza cuando Edward tomó la mano de ella que estaba sobre el mostrador entre las suyas y la acarició dibujando círculos con el pulgar, con una suavidad infinita. ¡respira, Bella, respira!
Los ojos de Edward sostenían los suyos con profundidad.
- prométeme que no la harás sufrir… -
Bella entrelazó sus dedos con los de él delicadamente, la electricidad entre ellos fue instantánea, Edward se acercó automáticamente otro paso más.
Bella alzó el rostro y sus ojos brillaron.
- preferiría morir antes que hacerle daño… - anunció.
Edward sonrió. Sonrió de forma tan satisfecha y tan iluminada que Bella estaba segura que semejante criatura era casi celestial. No había nada más que decir, estaban a centímetros del otro, extremadamente cerca, pero extremadamente lejos a la vez.
- Bella… - susurró él observando sus labios y agachándose un poco – yo…-
Bella le miró anhelante y alzó el rostro aún más…
- Edward… - susurró
Edward abrió la boca.
- ¡Papá, mira! -
Edward y Bella se separaron al instante y en una fracción de segundo estuvieron un metro lejos del otro. Lizzie llevaba una tenida nueva completa, de pies a cabeza y sonreía de oreja a oreja con sus regalos.
Alice, detrás de ella, alzó una ceja calculadora y Bella se sonrojó como tomate.
- ¡vaya, princesa! – exclamó Edward rápidamente - ¡simplemente preciosa! –
- ¿te gusta Bella? – preguntó Lizzie alzando el rostro hacia ella.
Pero Bella tenía la mente en otro lado, Edward tuvo que darle un golpecito en la espalda.
- ¡ah sí! – exclamó rápido - ¡definitivamente linda, te queda a la perfección Liz…! –
La pequeña sonrió satisfecha.
- la tía Alice me ha comprado muchas cosas… - exclamó emocionada - ¡cuando vayas a mi casa, Bella, te las mostraré todas! – sonrió - ¡Rosie y yo te vamos a modelar! -
Bella logró asentirle a la pequeña, a pesar de que se sentía aturdida aun por el millón de sensaciones que la recorrían. Un temblor la invadió otra vez cuando escuchó a Edward aclararse la garganta.
- será mejor que nos vayamos, Liz… - anunció inmutable – Bella y tu tía Alice están trabajando… -
La pequeña asintió con obediencia.
- adiós Bella… - sonrió.
- adiós mi pequeña… - susurró Bella agachándose para que Elizabeth pudiera besarla en la mejilla.
Pero Lizzie pareció recordar algo al instante y observó a su papá…
- ¿le dijiste, papi? – preguntó con ternura, Edward asintió con una sonrisa, y la pequeña se volvió a Bella otra vez - ¿irás? –
La castaña asintió sonriendo. Los ojos verdes de Lizzie se iluminaron de alegría.
- ¡genial! – exclamó la niñita emocionada - ¡la vamos a pasar tan bien! – reprimió un gemido emocionado - ¡tal vez puedas llevar a Jake! –
- ¡claro que no Liz! – exclamó Edward con desagrado, mientras Alice y Bella soltaban una carcajada.
- ¿Por qué no? – demandó Elizabeth.
- ¡porque los perros no van a las escuelas! – tomó en sus brazos a una frustrada Lizzie y la alzó – hora de irnos… adiós Alice – la chica se limitó a alzar una ceja, entonces Edward observó a la castaña y le sonrió de forma arrebatadora – cuídate Bella… -
Bella se limitó a asentir como estúpida y pudo jurar que oyó una risita de Edward al voltearse.
Apenas Edward y Elizabeth estuvieron fuera de la tienda – seguidos todo el tiempo de la mirada de Bella – Alice se acercó a ella con una mirada de franca sorpresa.
- ¿Qué fue todo eso? – demandó - ¡¿A dónde irán?! – exclamó - ¡cuéntame, cuéntame! -
Bella no sabía que decir, de hecho, no podía decir nada. Su corazón aun palpitaba erráticamente en su pecho.
El teléfono la salvó.
Alice maldijo por lo bajo y antes de darle un mirada a Bella que decía claramente "volveré", se apresuró en ir hacia la oficina para atenderlo.
Antes de poder siquiera hacer algo mas, Mike Newton apareció frente a ella y por la expresión en su rostro, Bella retrocedió automáticamente un paso.
- ¿Qué hay entre tú y Edward Cullen? – espetó el rubio.
Bella abrió los ojos sorprendida. Sintió que de alguna forma una ira extraña la embargaba.
- ¿perdón? –
Mike fruncía el ceño.
- Hoy Cullen estuvo bastante amable contigo – no era una pregunta, era una afirmación; y era obvio que el detalle le molestaba sobremanera.
Pero Bella no podía mentir, no sabía mentir...
- nada… - dijo con seriedad. Mike la observó a los ojos como tratando de detectar la mentira, pero a diferencia de las miradas de Edward, las de Mike le molestaban, agregó con advertencia – déjame decirte Mike, que aunque fuese lo contrario, no es de tu incumbencia. -
Los ojos castaños de él se ensombrecieron un poco
- Cullen no te conviene, Bella – espetó, extrañamente la ira de Bella iba en aumento – no lo conoces, es un tipo extraño y no me gusta la forma en que te mira… no es bueno para ti. –
Bella abrió la boca indignada.
- no eres nadie para decirme lo que tengo que hacer Mike, gracias por la preocupación… - agregó - pero si me perdonas, debo seguir trabajando y tú también – recalcó.
Bella esperaba que su tono de voz diera a entender que no hablarían más, Mike parecía haber captado pues se dio media vuelta y se alejó cabizbajo. Entonces la puerta de la entrada se abrió y varios se volvieron a observar por el ruido de la campanilla, Bella no fue la excepción y se quedó con la boca abierta.
Era una chica, una muchacha joven y literalmente, la mujer más hermosa que Bella había visto en toda su vida, nadie, nunca podría comparar la belleza sobrenatural de ella. Lucía como si fuera un ser de otro planeta.
Ingresó a la tienda con suavidad y cerró la puerta tras ella con elegancia. No fueron pocas las miradas masculinas que se volvieron hacia ella, incluyendo a Mike Newton, ni tampoco pocas miradas femeninas, Jessica Stanley tenía un rictus en los labios. Sin embargo, la muchacha ignoraba lo que sucedía a su alrededor.
Bella la observó. La mujer era preciosa, alta y esbelta, a pesar de ir enfundada en un elegante abrigo color rojo sangre, su figura era dibujada a la perfección, su cabello era largo hasta la cintura suave, delicado y rubio como la miel; su rostro era afilado y sus rasgos perfectos, su piel de porcelana y sus ojos eran tan azules como el cielo.
Entonces, sus ojos se posaron en Bella, y al instante, la atrapó en una mirada feroz, sus ojos azules parecían haberse oscurecido un tono y un escalofrío recorrió a la castaña de pies a cabeza. La rubia frunció su perfecto ceño.
Con horror, Bella la vio caminar hacia ella, más bien danzar, la mujer movía sus caderas con tal gracia y elegancia, a pesar de los tacones, que era casi imposible que fuera humana.
La mujer se detuvo frente a ella amenazante, y Bella se sintió al instante el centro de atención.
La recién llegada abrió la boca con gracia y habló con una voz musicalmente familiar. Sin embargo, no recordaba haber escuchado ese tono de desagrado con anterioridad.
- ¿eres Bella Swan? –
Sin saber qué hacer, ni que decir, Bella se limitó a asentir.
Hola!... al fin pude actualizar, perdón por atrasarme tanto, pero es que todos los que son chilenos y leen por acá, saben que la fiesta nacional aquí dura una semana completa!!... así que no tuve mucho tiempo de escribir. XD. Esta semana me puse todas las pilas con la historia, pero la universidad estuvo horrible, literalmente, al fin terminó esta semana, pareciera que todos se confabularon contra mi XD. Pero bueno, el capitulo está aquí, y espero de verdad que les haya gustado, (estuvo kilométrico, otra vez!!)… un beso para cada uno de ustedes, muchísimas gracias, y por supuesto espero que me dejen saber que piensan!!, cariños.
Annie.
