Sol de mediodía
Capítulo VIII: "Muñeca"
- ¿eres Bella Swan? –
Sin saber qué hacer, ni que decir, Bella se limitó a asentir.
La joven no sonreía, ni siquiera un solo gesto amable cruzaba el rostro perfecto de la impactante rubia y eso intimidó a Bella, se sintió de súbito bastante más pequeña y vulnerable de lo normal. ¿Era posible una chica tan perfecta?.
Pero la rubia destilaba veneno en su mirada y su voz.
- ¿has llegado hace poco, verdad? –
Sintiéndose como una estúpida, e incapaz de hablar, Bella volvió a asentir.
La muchacha frunció los labios.
- me gustaría tener unas palabras contigo -
Bella se sorprendió sobremanera y estuvo segura que su rostro se había crispado por la confusión. ¿Por qué querría esa despampanante rubia hablar con ella?... la observó con detención; la joven parecía querer taladrarla con la mirada. No, definitivamente no recordaba haberla visto jamás en su vida y algo en su voz de sirena le decía que no deseaba decirle nada bueno.
Era cobarde como nadie, y hubiese preferido huir cien millas lejos de aquella chica antes de contestar, pero su cabeza asintió.
La rubia abrió la boca…
- pero antes… - se apresuró Bella, sintiendo que la vergüenza comenzaba a invadirla, susurró – necesito sabes quién eres… –
La recién llegada alzó una ceja y abrió la boca para contestar, pero un gemido ahogado la interrumpió.
Tanto la rubia como Bella se volvieron al instante. Alice estaba en la entrada del pasillo y a pesar de ser diminuta y menuda, sus ojos azules y brillantes estaban muy abiertos por lo que a Bella le pareció sorpresa de ver a la impresionante recién llegada; la que no demoró en demostrar y dirigirse hacia ellas.
- Rosalie… - dijo, sin quitar la mirada de la chica - ¿Qué haces aquí? –
El ceño perfecto de la recién llegada se frunció con una velocidad sorprendente y Bella se sorprendió de que Alice no retrocediera un paso automáticamente.
- tengo el mismo derecho que tú a estar aquí Alice… - anunció, extremadamente fría – esto, también es mío… -
El aire de superioridad con el que hablaba la muchacha era casi exagerado, observaba a Alice como si se encontrara dos pisos por encima de ella y sus ojos azules se habían oscurecido por alguna extraña razón. Ese detalle, a Bella le pareció demasiado familiar.
Sin importar las palabras de la chica, la siempre dulce Alice Cullen sonrió, de forma forzada, pero finalmente sonrió.
Entonces se volvió hacia ella.
- te presento a mi hermana mayor, Bella… Rosalie McCarty- la expresión de la rubia no se movió un centímetro cuando Alice se volvió hacia ella – Rose: esta... – Bella vio como Alice la apuntaba, y eso la intimidó - …es mi amiga, Bella Swan -
Bella sintió al instante los taladrantes ojos azules de Rosalie McCarty sobre ella, fieros y destilando veneno por alguna razón que no conocía, por lo que ni siquiera se sintió capaz de emitirle una sonrisa cordial o amable a la hermana de Edward y Alice.
Definitivamente, la descripción que Angela le había dado alguna vez de la hija mayor de los Cullen, no le hacía justicia. Rosalie era más bella que cualquier mujer en el planeta, parecía una muñeca de porcelana y tenía los ojos más azules que había visto, idénticos a los de Alice, pero no tenían prácticamente nada de la amabilidad y alegría que los azules de su hermana menor transmitían.
- he oído acerca de ti… - comenzó Rosalie fría, como un témpano de hielo – Alice, ha hablado bastante… - sus labios se crisparon en un rictus, señal de profunda molestia –…al igual que Edward y… - bufó - …Elizabeth –
Bella no entendió. ¿En qué parte se cruzaban Bella Swan y Rosalie McCarty allí?
Alice se adelantó rápido.
- Rose… – exclamó con energía, tratando de llamar su atención: al parecer había captado tan bien como ella que Rosalie no se había dirigido allí en buenos términos - ¡A que no adivinas los zapatos que te compré! – gimió de emoción - ¡son casi perfectos y te combinarán con todo, te encantaran, pero debes venir a la oficina conmigo y te los mostraré…! -
Su hermana la ignoró.
- no ahora… - contestó sin mirarla, sus ojos seguían posados sobre Bella – solo quiero preguntarle algo a ella… -
Alice se mordió el labio y todo rastro de sonrisa se esfumó de su rostro.
Rosalie abrió la boca para hablar otra vez y Bella retrocedió un paso, pero entonces, dos cosas pasaron a la vez.
La campanilla de la entrada se escuchó con fuerza y Alice alzó el rostro.
- ¡Edward! –
A Bella le sorprendió como la voz soprano y musical de Alice destilaba emoción y alivio, parecía como si le hubiesen avisado que regalarían zapatos dentro de media hora en la tienda de enfrente, una sonrisa cruzó su rostro de lado a lado y sus ojos azules brillaron de súbito.
Nada parecido a la expresión de sus hermanos.
Edward lucía impasible, serio y a pesar de que no había nada diferente en él, Bella se ruborizó como una estúpida de tan solo mirarle. Pero él solo observaba a Rosalie y le dirigía una de aquellas frías y molestas miradas que solo él poseía – la rubia no se inmutó ni por un segundo –para se acercarse con elegancia a ellas y sosteniendo la mirada de su hermana mayor.
- ¿Qué haces aquí, Rosalie? – preguntó, extremadamente serio.
- ¿Por qué no podría estar aquí? – preguntó la chica a la defensiva.
La tensión podía cortarse con una tijera y Bella tragó, a su lado, Alice sonreía. Entonces se sorprendió, a pesar de lo diferentes que Rosalie, Edward y Alice eran, nadie podía negar que eran hermanos. Tal vez sus colores eran completamente diferentes – rubio, castaño y negro – pero sus rostros tenían el mismo tono de piel extremadamente pálida y los tres eran imposiblemente perfectos y hermosos.
Sin embargo, a Bella, uno le parecía más hermoso que las otras dos.
Entonces se percató que hablaban y por la expresión de sus rostros, Edward y Rosalie estaban molestos, hablaban en voz muy baja, pero se oían entre ellos a la perfección, solo Bella y Alice podían oírles.
- no me vengas con eso, Rose, te conozco a la perfección… - decía Edward fríamente, y con su perfecto ceño fruncido, rió sarcástico – …sé que todo lo que haces tiene un propósito. –
Sonrió sarcástico y se volvió hacia Bella, la observó.
La chica sintió perfectamente como su corazón se detuvo por una fracción de segundo.
No ayudó el hecho de que Edward se dirigiera hacia ella y se detuviera justo a su lado muy, muy cerca para posar su mano en la parte baja de su espalda en un gesto de apoyo y acercarla instintivamente a él.
Bella se petrificó.
Se quedó tiesa, sintiendo como aquel calor – que solo Edward le provocaba – la recorría de pies a cabeza y sus piernas amenazaron con ceder bajo su propio peso. Se ruborizó por completo y alzó el rostro hacia Edward.
La vergüenza la aquejó, él parecía haber sentido aquel temblor, sin embargo, había mal interpretado la razón, Edward creía que la razón era Rosalie; frunció el ceño preocupado y la acercó aun más hacia él.
- todo está bien… - susurró
- ya veo... –
Bella y Edward alzaron el rostro al mismo tiempo para ver a Rosalie, la rubia miraba a su hermano con una expresión de incredulidad y rabia en el rostro casi inigualable.
- ya veo… - repitió, Bella vio a Edward devolver la mirada de la misma forma – parece ser que no hay nada que yo deba decir… -
Bella no entendió, menos aún, cuando vio a Edward asentir con una sonrisa que sus ojos no compartían. Los ojos azules de Rosalie se posaron en Bella por unos segundos y la atraparon en otra mirada feroz, al instante, la liberó y se dirigió a su hermana.
- nos vemos más tarde, Alice… -
La muchacha asintió con la cabeza.
Rosalie se dio media vuelta y caminó nuevamente hacia la salida de la tienda seguida de varias miradas masculinas que buscaban no perder detalle de su perfecta figura y salió al frío de la calle.
Apenas la puerta se cerró, Alice soltó el aire que contenía, al mismo tiempo que Edward quitaba la mano del cuerpo de Bella y se alejaba un paso de ella.
Se sintió vacía al instante.
- Edward… - comenzó Alice.
- lo sé… - gruñó él, tomando el puente de su nariz, Bella lo identificó de inmediato, Edward estaba molesto –…no tienes que repetírmelo, Alice, sé lo que dirás.-
Alice se encogió de hombros y se volvió a Bella.
- lo siento… - dijo, a pesar de todo, sonreía – mi hermana no siempre es así, es una buena persona… - se apresuró – pero es bastante obtusa y testaruda… - rió - ¡en eso Rosalie y Edward se parecen demasiado…! - el aludido soltó un gruñido de advertencia, pero Alice no se intimidó – ¡…ambos creen tener la razón en todo! –
Bella se mordió el labio confundida.
- ¿Por qué quería hablar conmigo? –
Alice no contestó, se limitó a mirar a Edward quien no dijo una sola palabra.
- no lo sé… - dijo Alice al fin, pero Bella estuvo segura que sabía más de lo que decía – estaré en la oficina, ubícame allí ante cualquier cosa que necesites… -
Asintió aún insegura, y vio a Alice perderse por el pasillo. Se volvió hacia Edward, Él lucía serio, molesto, pero su ceño estaba fruncido en profunda reflexión.
- ¿Por qué volviste, Edward? – preguntó - ¿Dónde está Liz? –
Al fin, Edward la miró, sus ojos aun estaban más oscuros de lo normal.
- en el auto… -
Era obvio que algo le molestaba sobremanera y Bella estuvo segura que tenía que ver con la inesperada visita de su hermana mayor, se acercó a él.
- Edward… - quiso pasar por alto el hecho de que Rosalie McCarty parecía odiarla y solo se preocupó de él - ¿Qué sucede? –
Él se acercó un paso más a ella, Bella tembló, pero no de frío.
- perdóname… - susurró Edward en voz baja, y con un tono de extrema amargura – esto no está bien, tú no deberías pasar malos ratos, no quiero que nadie te haga pasar un mal rato… - Bella le observó, el rostro de él estaba crispado por la frustración - es todo mi culpa, yo…-
- ¿de qué hablas? –
Edward bufó.
- cometo error tras otro, esto es un error… está yendo demasiado lejos. –
Ambos sabían a qué se referían. El pánico comenzó a invadir a Bella y se apresuró en negar con la cabeza, pero Edward continuó.
- sé que está mal, que de alguna u otra forma te estoy haciendo un daño tremendo, pero… - Edward la miró de tal forma que Bella se sintió perdida en su mirada verde - …pero soy demasiado egoísta para quererte lejos de mí vida y la de Liz… - continuó con voz ronca - ¿Crees que algún día podrás perdonarme? –
Bella no contestó. No tenía nada que perdonarle, al contrario, tenía todo que agradecerle. No pudo evitar que una sonrisa cruzara su rostro y con un coraje impropio en ella se acercó aún más a él para tomar su mano pálida y varonil.
Edward no la rechazó, al contrario, atrapó la mano pequeña de ella entre la suya y enlazó sus dedos con los de ella.
Los ojos de Bella brillaron cuando alzó el rostro hacia él.
- no has escuchado por ahí que no existe culpa sin sangre… -
Edward soltó una sonrisa amarga.
- ya hay demasiada sangre derramada Bella… - anunció – he permitido que esto vaya demasiado lejos y no sé cómo va a terminar, para todos. -
Negó con la cabeza al instante y soltó la mano de ella como si quemara. Bella se sintió vacía, ya estaba extrañando aquella electricidad.
- necesitaba tener unas palabras con Alice y bueno… - sonrió de forma significativa y puso tomó un mechón de cabello de Bella para ponerlo detrás de su oreja, respira Bella, respira –… has hecho que me olvide de lo que tenía que decirle. –
Bella se ruborizó y se mordió el labio inferior sin pensar, Edward soltó una risita.
- será mejor que lo haga… -
Sin otra palabra más Edward se alejó de ella para dirigirse a las oficina por la que Alice se había perdido momentos antes.
Bella suspiró al observarle, Edward Cullen destilaba tal elegancia y gallardía en cada paso que daba que no pudo evitar quedarse mirándolo como estúpida.
Entonces lo vio; Mike Newton también miraba a Edward, la diferencia era el brillo casi asesino que resplandecía en sus ojos castaños.-
Finalmente, el sábado había llegado más rápido de lo que había pensado y por alguna razón Bella se sentía completamente nerviosa; al fin y al cabo, pasaría la tarde completa con Edward Cullen… y Elizabeth.
Eran pasadas las diez de la mañana y aun se sentía adormilada y somnolienta, abrigada por completo en el confort que solo su cama le brindaba. Entonces el timbre sonó, una y otra vez.
Eso le extrañó, definitivamente su vida había cambiado por completo desde que había llegado a Forks. A regañadientes y frustrada por dejar el calor de las frazadas bajó las escalinatas para recibir al recién llegado.
Sintió a Jake ladrar en la sala y abrió la puerta.
- ¡Hola Bella! –
Toda molestia se esfumó y sus ojos se abrieron como platos por la sorpresa.
- ¿Lizzie? – exclamó confundida - ¿Qué haces aquí? –
La única hija de Edward estaba en la entrada, pequeña, adorable y preciosa como siempre, sonriendo de oreja a oreja.
- ¡vinimos a jugar contigo! –
Bella sonrió con amplitud y antes de que la niñita agregara algo más, la había alzado del suelo para besarla en la mejilla.
Entonces se horrorizó. Lizzie no podía venir sola, y solo alguien podía acompañarla. Sus ojos se abrieron aún más al darse cuenta que no estaba en una facha decente para recibir al padre de la niña.
Se asomó un poco hacia el jardín y el alivio la recorrió al ver el ostentos Porsche amarillo de Alice.
- ¿Dónde está tu papá? –
Fue la voz de Alice la que contestó desde el jardín.
- ¡aquel trabajólico tenía turno esta mañana…! -
Lizzie se apresuró.
- pero no te preocupes, Bella… - dijo rápido – mi papi me prometió que nos vendría a buscar más tarde. –
Bella asintió con la cabeza y condujo a la pequeña Elizabeth hacia el salón sintiéndose feliz de tenerla cerca de ella otra vez; la sentó en el sofá con cuidado al tiempo que los ojos de la pequeña niñita se iluminaban al ver al enorme perro acercarse a ella.
- ¡Jake! – gritó sonriente - ¡te echaba de menos! -
Entonces Alice ingresó y Bella reprimió un gemido. La más pequeña de los Cullen venía cargada de cosas, cajas, bolsas y estuches de maquillaje, incluyendo el violín de Lizzie.
Sus ojos se clavaron en Elizabeth.
- enana traidora… - gruñó frustrada – pudiste ayudarme a sacar las cosas del auto -
Lizzie dejó escapar una risita maliciosa, pero Bella solo tenía ojos para Alice ahora.
- ¿Qué sucede? – preguntó, temiendo conocer la respuesta - ¿para qué es todo eso? -
La hermana menor de Edward la observó ofendida, como si la sola presencia de Bella fuera una herejía de proporciones.
- ¿Qué haces en ese estado?- gimió apuntando su pijama, un buzo viejo, Alice estalló - ¡Bella Swan, ¿acaso acabas de despertar?! – acusó, la aludida se sonrojó - ¡por Dios son más de las diez, ¿en qué mundo vives?...! – exclamó exagerada y buscando entre las bolsas - ¿estás loca?... ¡Edward pasará por ustedes a la una y aún queda tanto por hacer! –
Bella abrió los ojos incrédula.
- Alice, solo es una actividad escolar… -
Los ojos azules de la pelinegra se oscurecieron un tono.
- ¿actividad escolar? – repitió - ¡que ingenua eres, Bella! – bufó.
…y comenzó a empujarla hacia el pasillo.
- ¡ya verás a lo que me refiero y me lo agradecerás! – anunció Alice, Bella se sorprendió de la fuerza descomunal que la chica tenía a pesar de ser tan menuda y diminuta - ¡anda, toma una ducha rápida y luego vienes aquí para comenzar con el maquillaje…! -
Bella se detuvo en seco, se horrorizó.
- ¿maquillaje? – protestó - ¡Alice…! –
Lizzie las observaba desde el sofá y reía divertida.
- ¡¿Bella, no sabes jugar a las modelos?! – preguntó con inocencia - ¡tía Alice juega conmigo todo el tiempo! –
- ¡sí Bella! – se apresuró su tía - ¡estás siendo muy aburrida al no querer jugar, ahora nada de quejas y haz lo que te digo! –
La castaña bufó con impaciencia.
- ¡espera Bella, espera! – Bella se detuvo en seco al oír la voz de Lizzie llamarle, la pequeña le regaló una sonrisa angelical - ¡¿puedo comer galletas?! –
Alice le restó importancia y se impacientó.
- sí, sí, sí… - dijo distraída – come todas las que quieras… -
- ¡claro que no! – se apuró Bella, zafándose de Alice con rapidez y yendo hacia la pequeña para alzarla en sus brazos – no puedes comer todas las que quieras, no es saludable – condujo a Lizzie hacia la cocina - comerás solo unas pocas ¿entendido? – Lizzie asintió con obediencia mientras Bella la sentaba sobre el mesón y tomaba el tarro con galletas – no más de cuatro… - sonrió amable - no quiero que mi pequeña estrella se enferme el día que la veré tocar, sería terrible, ¿no? –
Los ojos de Lizzie brillaron de emoción.
- ¿de verdad quieres verme, Bella? – preguntó ilusionada - ¿Cómo lo hacen las verdaderas mamás? –
Bella no pudo evitar la sonrisa en su rostro y aquel sentimiento de felicidad que solo Lizzie le transmitía la llenó. Cada vez era más fuerte, quería verla feliz, estar con ella, cuidarla y protegerla, Bella deseaba ser testigo de cada logro y cada sonrisa de Elizabeth.
- por supuesto, pequeña… – sonrió - por supuesto que quiero estar ahí… -
- ¿serás como mi mamá? –
Bella sonrió.
- seré lo que tú quieras que sea… - anunció, acariciando su cabello cobrizo. Se ruborizó, cada vez que acariciaba el largo cabello de la pequeña no podía evitar pensar que era idéntico al de su padre.
Ajena a sus pensamientos, Elizabeth sonrió.
Alice carraspeó fuertemente para hacerse notar y tanto la pequeña como Bella se volvieron, allí en el umbral de la cocina, la hermana menor de Edward estaba con sus manos en las caderas y las observaba con seriedad.
- estoy segura que tendrán todo el día para jugar a la mamá y la hija… - por alguna razón no parecía del todo complacida - pero ahora necesitas arreglarte… - apuntó a la castaña - Edward es muy puntual, Bella. -
La aludida soltó un bufido exasperado y puso a Elizabeth en el suelo otra vez. Pasó por el lado de Alice y se encaminó hacia el segundo piso escuchando la risita de Liz al dirigirse al salón otra vez y los pasos apresurados de Jake tras ella.
Bella se relajó. El vapor y la calidez del agua lograban calmarla como nada en el mundo. Se sorprendió. Hasta hacía unas semanas atrás, lo normal habría sido comenzar a pensar en lo sucedido, cada vez que el vapor inundaba el cuarto de baño, revivía cada uno de los detalles de aquella tarde, las palabras de aquellos hombres, la angustia que había sentido…
Y el disparo.
El rostro de Charlie no había expresado remordimiento absoluto, el único sentimiento que había inundado el rostro de su padre era terror.
Verdadero terror.
Cerró los ojos. Ahora, todo era distinto, las lágrimas no se habían agolpado en sus ojos. Ahora, aquel terror con el que había vivido tantos años era reemplazado por las ganas de ver a Edward, aquellos sueños y fantasías en que ambos veían crecer a Elizabeth y…
Se ruborizó.
Idiota, idiota, ¡idiota!
Unos golpes fuertes la sobresaltaron.
Parecía ser que la ducha se había prolongado demasiado para el gusto de Alice Cullen pues la chica no dudó en comenzar a golpear la puerta para la completa mortificación de Bella.
- ¡Bella… ¿quieres acabar toda el agua de la ciudad?! – exclamó - ¡llevas casi una hora allí dentro… no tenemos tiempo, ¿recuerdas?! –
Bella suspiró exasperada, esto no le estaba gustando nada, pero no protestó. Cortó el agua y salió para colocarse algo ligero y bajar a la sala.
Apenas alcanzó el umbral, su boca cayó al piso.
Alice había montado una especie de salón de belleza rudimentario y sonreía amplia y perfectamente golpeando el asiento indicándole que se sentara.
Se asustó.
- Alice… que… -
La muchacha revoleó los ojos.
- más tarde, me lo agradecerás Bella… -
Alice tomó su brazo con más fuerza de la debida y la empujó al asiento. Al instante, sacó un enorme secador y comenzó a trabajar.
Lizzie le sonreía a su lado, con sus ojitos verdes y brillantes – idénticos a los de Edward – llenos de admiración y cariño. Entonces, Bella se percató que el cabello de la pequeña estaba perfectamente peinado y atado en una media moña, además de correctamente vestida en un atuendo de gala, que debía pertenecer a su escuela; la insignia de la academia estaba al lado derecho de su pecho.
Bella sonrió sarcástica.
- así que te gusta jugar a la muñecas ¿eh? – indicó a Lizzie, quien se había ido a sentar con una cuaderno y lápices de colores para dibujar.
Vio el reflejo de Alice por el espejo, la hermana de Edward sonreía satisfecha y orgullosa de sí misma
- no sabes cuánto… -
Bella rió mientras observaba a Lizzie dibujar, sintiendo esa calma y esa tranquilidad de tenerla cerca, pero se sorprendió por lo ansiosa que estaba. Algo en la boca de su estómago era muy pesado y se encontró a sí misma pensando en Edward.
Trató de pensar en otra cosa.
- eres muy ostentosa Alice… - comentó, al mirar por la ventana y ver el primero objeto de distracción – tu auto es ostentoso, fabuloso también, pero extremadamente ostentoso… -
La sonrisa de Alice se amplió aun más mientras jugaba con su cabello.
- me lo regaló Edward el año pasado… - Bella se sorprendió sobremanera. ¿Cuánto dinero tenían los Cullen?, Alice continuó – él pensó lo mismo que tú cuando se lo pedí… pero tuve la oportunidad de manejar uno de esos en un viaje a Italia y le hice prometer a Edward que me compraría uno… - rió divertida – a pesar de sus protestas, le exigí que fuese amarillo… Edward siempre es partidario de lo tradicional, incluyendo los colores – agregó como si fuese un pecado.
Bella sonrió.
- ¿ahora me contarás como conociste a Jasper…? -
Aquella expresión de idiota enamorada cubrió el rostro de Alice. Sus ojos azules brillaron, su expresión se suavizó y soltó un suspiro.
- es lo mejor que me ha pasado en la vida… - anuncio sin poder evitar la sonrisa.
Elizabeth rió con transparencia.
-tío Jasper es muy divertido… - le contó la pequeña - pero a mi papá no le gusta hablar de eso… -
Bella se sorprendió.
- ¿Por qué? –
- porque es un idiota… - soltó su hermana, sin embargo se mordió el labio con culpabilidad – bueno, también porque Jasper era el mejor amigo de Edward… -
Los ojos castaños de Bella se abrieron como platos, Alice continuó.
– te contaré… - parecía emocionada por completo, Bella sonrió – cuando Edward cumplió los diecisiete se fue a Chicago a estudiar medicina… - Bella frunció el ceño de inmediato y Alice lo captó - …Edward siempre ha sido un sabelotodo… - explicó – en la escuela adelantó varias materias y el muy aburrido se graduó antes y con honores… - hablaba de tal forma que cualquiera hubiese creído que se avergonzaba del extraño comportamiento de su hermano – Edward terminó la escuela y el mismo año partió a Chicago… - sus labios se fruncieron un poco como recordando algo desagradable – siempre había querido estudiar allá, nuestros abuelos vivían allí y adoraban a Edward, por lo que pasó gran parte de su infancia allí y al momento de morir, mis padres supieron que la casona de Chicago se la habían dejado a él, solo a él… - agregó – Edward era un niño, no tenía más de cuatro años, yo ni siquiera los recuerdo, en cuanto cumplió la mayoría de edad, Carlisle pasó aquella propiedad a nombre de Edward -
Lizzie se adelantó.
- ¡yo también vivía allí, Bella! – dijo apuntándose a sí misma - ¡es muy bonita! – exclamó con alegría mientras acariciaba a Jake - ¡es mi casa también y tengo una habitación allí…!–
Los ojos de Alice brillaron y saltó con la misma emoción de una niña de la edad de Elizabeth.
- yo también tengo una habitación allí… -
Bella soltó una risita divertida.
- ¿y cómo fue que conociste a Jasper en esta historia? – apremió.
- ¡ah, verdad! – Alice comenzó a juguetear con el cabello castaño de la chica – aquí es donde entra Jasper… - suspiró – él estudiaba en Chicago, a pesar de que su familia era del sur. Edward y Jasper se hicieron muy buenos amigos y la primera Navidad Esme insistió en que Edward debía volver a casa y pasar las fiestas con nosotros, y así fue; Jasper había perdido a sus padres y ellos eran lo único que tenía por lo que Edward le ofreció pasar las fiestas con nuestra familia… - la sonrisa tonta volvió y pareció perderse en los recuerdos – …jamás olvidaré el momento en que los vi llegar, Bella, lo tengo perfectamente guardado en mi memoria. -
Alice inspiró con fuerza y continuó.
- aquella tarde, Esme y yo estábamos decorando el jardín de enfrente, lo hacemos todos los años, es casi una tradición. Ese año, la Navidad sería aún más especial pues extrañábamos a Edward sobremanera; yo tenía casi dieciséis años y Edward era más que un hermano para mí, era mi mejor amigo. – continuó rizando el cabello de Bella - Carlisle fue por él y cuando vi bajar a mi hermano del auto quise correr a abrazarlo – soltó una risita – creo que él también esperaba que corriera a abrazarle, pero entonces bajó Jasper detrás de él y me detuve en seco… -
Bella y Lizzie observaban a Alice con atención infinita, demasiado enfrascadas en la historia como para decir algo.
- mi vida se detuvo – Alice también se había detenido, contaba todo con tal concentración que había olvidado rizar el cabello de Bella - …fue como si todo hubiese cobrado sentido, lo primero que pensé fue: es él – Lizzie tenía sus ojos muy abiertos - …desde niña había soñado con mi príncipe azul, aquel de los cuentos de hadas que Esme nos leía de pequeñas a Rosalie y a mí, por lo que las dos, de alguna u otra forma, lo esperábamos – sonrió ampliamente - …y cuando vi a Jasper supe que era él, el príncipe que había esperado toda mi vida, supe que yo estaba destinada a estar con él para siempre, y en ese momento decidí que jamás me separaría de él… - soltó otra risita - …entonces me acerque a él… Jasper parecía sorprendido de verme, pero la expresión de sus ojos me decían que él sentía lo mismo que yo, no había necesidad de explicaciones, entonces reí y le dije con reproche: "me has tenido esperando mucho tiempo" - Alice sonrió con más amplitud – y él, como todo un caballero, me contestó: disculpe, señorita… -
Bella sonrió maravillada, la joven de ojos azules continuó.
- entonces, deliberadamente tomé la mano de Jasper y él la acarició con cariño, sus ojos fijos en los míos… hasta que Edward carraspeó… - revoleó los ojos y su rostro perdió aquel expresión de idilio – no lucía enojado de entender lo que sucedía, pero tampoco estaba contento…- rió con ganas –…desde ese entonces, Jasper y yo hemos estado juntos, era algo natural, debía pasar… yo lo había visto en mis sueños. –
- ¿Qué hizo Edward? –
- nada… – Alice se encogió de hombros - ¿Qué podía hacer?... – volvió a rizar el cabello de Bella - yo no permitiría que nadie se interpusiera entre Jasper y yo, además, mi hermano es bastante acertado y educado, no dijo nada, él sabía que no le correspondía hacerlo… - de pronto, soltó una risita – ¡pero jamás olvidaré cuando Jasper le dijo que no volvería a Chicago, el rostro de Edward era todo un poema…! - Bella se lo imaginó – lo único que Edward advirtió fue que Jasper no tomaría su lugar en la casa. –
Alice continuó.
- entonces Jasper se trasladó a vivir aquí en Washington y partió a estudiar leyes en Cheney, después le seguí. -
Bella suspiró con una sonrisa plasmada en el rostro.
- es una linda historia, Alice… -
- ¡sí que lo es…! -
Pero la preocupación de Bella era otra y no pudo evitar agachar un poco el rostro.
- ustedes dos han pasado por tanto juntos… - comentó - ¿no tienes miedo de que el matrimonio lo arruine todo? -
Alice soltó una risotada, Lizzie levantó su rostro de muñeca y las observó con curiosidad.
- ¿Por qué tendría que temerle al matrimonio, Bella? – bromeó con un brillo en sus ojos - debo admitir que antes sí tenía miedo al matrimonio, cuando era más joven… - rió pícara – ya sabes, todo eso que dicen… de que duele demasiado, que la primera vez puedes… -
Bella se ruborizó como carmín, no se refería a eso.
- ¡Alice! – protestó.
- ¿dolor? – repitió Lizzie confundida y se acercó a Bella con rapidez – ¿duele casarse, Bella? -
Alice abrió la boca para contestar, pero Bella se apresuró antes de que la muchacha saliera con otro de sus comentarios.
- claro que no cariño, casarse no duele… - dijo sentando a la pequeña en su regazo, aun ruborizada - tu tía está nerviosa y se refiere a que quiere tanto a tu tío Jasper que casi duele aquí – apuntó el pecho de la pequeña.
- ¿duele querer mucho a alguien, Bella? – preguntó Lizzie con ternura.
Bella pensó en su padre al instante y no dudó en su respuesta.
- a veces sí, Liz –
Los ojos verdes de Lizzie se abrieron mucho, como si una idea hubiese aparecido en su mente infantil.
- ¿por eso me duele aquí… - apuntó a su pecho – cuando no te veo? –
El corazón de Bella creció dos veces su tamaño al escucharla y besó su frente maternalmente.
- tal vez, cariño… - susurró - ¿sabes?... a mí también me duele aquí cuando no te veo… -
Lizzie sonrió ampliamente y su pecho pareció hincharse de emoción.
- ahora que lo dicen… - comenzó Alice – a mí también me duele el corazón cuando no veo a Jasper… - Lizzie y Bella la miraron - ¡aunque debo decir que eso del dolor y el matrimonio no va conmigo porque yo…! –
- ¡Alice! – advirtió Bella, acercando instintivamente a Lizzie aun más hacia ella.
Pero Lizzie se adelantó sabionda.
- no debes tener miedo, tía Alice… - sus ojos brillaron con inocencia – tío Jasper solo te dará un beso de príncipe… - levantó el rostro hacia la castaña - ¿verdad que eso no duele, Bella? –
Alice soltó una risita musical y Bella le dio otra mirada de advertencia.
- eso, Bella solo lo sabrá cuando su príncipe la bese, enana… -
Los ojos verdes de Elizabeth se abrieron mucho por la sorpresa.
- ¿no tienes príncipe, Bella? – preguntó, lucía emocionada por alguna razón y habló con voz tierna y atropellada - ¡mi papá tampoco tiene princesa! –
Bella se ruborizó al instante, abrió la boca para hablar, pero Alice volvió a interrumpirla.
- ¡ahí está…! – exclamó juguetona – ¡ahí tienes a tu príncipe, Bella…! -
Bella frunció el ceño y toda sonrisa se esfumó de su rostro. No creía en los cuentos de hadas, jamás habría creído en ellos, y estaba segura que jamás encontraría un príncipe – como Edward - que la aceptara.
- no sabes de lo que hablas Alice… - masculló seria de súbito, apuntó su cabello largo perfectamente ondulado - ¿ya estás lista…? -
La hermana de Edward lucía confundida por el drástico cambio de humor y asintió. Bella no tenía ganas de explicarle nada, ni de contarle lo que pasaba realmente por su cabeza.
- ponte el vestido que está sobre tu cama… - dijo Alice mirándola confundida - Edward llegará en diez minutos… -
Bella dejó a Lizzie en el sofá y besó su cabello.
- volveré en un momento, cariño – la pequeña asintió.
Sin otra palabra, se dirigió a su habitación. Allí, sobre la cama había un vestido, un precioso vestido azul turquesa y tuvo que admitirlo, realmente le agradecía a Alice el préstamo, era justo para la ocasión, no demasiado formal ni tampoco muy casual, sin embargo, las gracias hacia la hermana de Edward se acabaron al instante cuando vio los zapatos.
Alice quería matarla.
Tardó un tiempo en colocarse el atuendo y el chaleco corto de color blanco que le hacía juego, y por supuesto, las armas mortales que Alice le había dejado.
Apenas estuvo lista se acercó al espejo para observarse. No pudo evitar sonreír. Se veía bien y no pudo evitar preguntarse qué diría Edward.
Su sonrisa se esfumó. Ella jamás sería una princesa, a pesar de que Lizzie y Alice creían que cada chica en el mundo merecía un final feliz, ella no creía en los cuentos de hadas, y aunque Alice insistiera en hacer las veces de hada madrina, Bella jamás encontraría un príncipe que la aceptara por completo. La culpa era demasiada para poder ser feliz y no sabía cuánto tiempo más ella soportaría el dolor que cargaba.
Los cuentos de hadas y los finales felices no existían.
Se volteó con más rapidez de la debida y trastabilló, pero alcanzó a afirmarse del escritorio, Alice y sus zapatos, gruñó; Bajó la escalinata sin pensar en nada más que en los tacones, aferrada con fuerza a la baranda y solo mirando los escalones cuidando de no caer.
Alcanzó el último tramo de la escalera y espetó.
- ¿acaso quieres matarme Alice? –
Pero no fue la voz que esperaba la que contestó.
- tal vez creas que Alice quiere matarte, pero es seguro que serás tú quien provoque más de un ataque cardíaco vestida así -
Edward.
Bella alzó el rostro al instante. Ahí, en toda su gloria y casi iluminando la entrada de la casa estaba el padre de Elizabeth regalándole una sonrisa transparente y una de esas miradas penetrantes que solo le dirigía a ella. Edward Cullen lucía aun más arrebatador que de costumbre en un elegante traje oscuro y era obvio que había tratado de hacer algo con su cabello desordenado sin resultado alguno.
El corazón de Bella comenzó a latir con más fuerza de la debida cuando él comenzó a acercarse a ella.
- eres perfecta… - susurró.
Y sucedió. El temblor de sus piernas no había sido de gran ayuda con esos finos tacones y Bella tambaleó en el penúltimo escalón, lista para ir de bruces al suelo y romper todo el encanto, pero, como siempre, Edward había sido más rápido y en menos de un segundo había sujetado su cintura para evitar que cayera.
El rubor cubrió las mejillas de Bella al instante.
- no puedo ir sobre estas cosas… - susurró alzando el rostro.
Edward sonrió divertido, y Bella pudo sentir el frío aliento de él, sus rostros estaban a solo centímetros de distancia.
- no tienes de que preocuparte – anunció con una de esas sonrisas que solo él lograba esbozar – estaré a tu lado toda la tarde y no permitiré que nada te pase. -
Bella se mordió el labio. ¿Podía ser alguien tan condenadamente perfecto?.
Edward continuó, alzó una mano hacia la mejilla de ella y la acarició con infinito cuidado.
- estás preciosa… - susurró
Bella se ruborizó como carmín, sintiéndose flotar por las palabras y la electricidad que la caricia de Edward le provocaban, de todas formas, rió juguetona.
- tú tampoco estás nada mal... -
Entonces, Edward apoyó sus dos manos en la estrecha cintura de ella y la apretó instintivamente contra él, sin embargo, sus ojos verdes la observaron serios, concentrado, como si quisiese saber lo que sucedía en su mente.
- Bella… - susurró – ya no tienes, tú no… -
La muchacha lo entendió al instante, recordó aquella tarde en que Edward se había ofrecido a examinarla antes de ir a Port Angeles y comprendió de inmediato la duda de él. Sonrió.
- no tengo miedo, Edward… - susurró – a ti, ya no te tengo miedo, me siento segura contigo-
El no pudo evitar devolver la sonrisa, parecía extremadamente satisfecho y feliz, por lo que Bella se sintió derretir con tan solo verle y…
Un carraspeo fuerte los interrumpió y Bella quiso alejarse al instante sabiendo de quien se trataba, Edward lo permitió, pero mantuvo una de sus manos sobre su cintura.
Alice estaba en el umbral de la cocina, parecía indecisa, sin saber si sonreír o hacerse la desentendida. Optó por alzar una ceja y enviar una mirada significativa a su hermano mayor.
- veo que estás admirando el regalo que le diste a Bella.. –
La sonrisa de la aludida se esfumó al instante y oyó a Edward gruñir por lo bajo.
- ¿Qué? – preguntó Bella, sorprendida - ¿de qué hablas Alice? -
- eso… – la muchacha apuntó el atuendo que Bella llevaba – todo lo que llevas puesto es regalo de Edward, elegido por mí, por supuesto – agregó como si fuera obvio – a Edward le gusta cómo te queda el color azul… - explicó
Bella sintió la molestia de Edward de inmediato.
- Alice… – advirtió.
- ¡es verdad! – se defendió la chica - ¡tú dijiste que…! – se cayó en seco, y Bella se sintió nuevamente siendo testigo de aquel extraño lenguaje de miradas que solo Edward y Alice compartían.
- ¡bien! - anunció Alice al fin, parecía ser que Edward era el ganador en aquella guerra de miradas - ¡entonces iré por la enana…! –
Ingresó hacia la cocina; de inmediato, Bella se volteó hacía Edward, él lucía impasible.
- ¿es eso verdad? – demandó.
Edward no contestó de inmediato, la observó unos segundos hasta que soltó un suspiro derrotado.
- sí… lo admito, me encanta el color azul en ti. -
- ¡no…! - se apresuró Bella, roja como un carmín, pero increíblemente satisfecha en su interior – me refiero a si es verdad que tú me diste esto -
Edward asintió confundido, parecía ser que no veía cual era el problema en ello, pero Bella sintió como la ira la embargaba en cosa de segundos.
- no me gustan los regalos, ni las sorpresas, Edward… -
Toda confusión en el rostro de Edward se esfumó, y en su lugar, se situó una sonrisa.
- pues si has decidido estar cerca de nosotros… - anunció - será mejor que te acostumbres Bella, estamos llenos de sorpresas -
Por alguna razón, tal vez el tono de voz de él, la chica se había ruborizado por completo.
- ¡papá, llegaste…! –
Lizzie había ingresado al recibidor con una sonrisa emocionada plantada en su rostro de muñeca, detrás de ella, Jake le seguía, pero el animal comenzó a ladrar furioso al reconocer a Edward a un lado de Bella.
- ¿Qué problema tiene eso? - preguntó Alice
Bella se adelantó.
- ¡Jake, silencio! –
El perro se cayó al instante.
- ¡bien! – Alice les observó y no pudo evitar que una sonrisa perfecta - ¡se ven magníficos! – reprimió un gemido de emoción, al tiempo que Edward revoleaba los ojos y Bella se ruborizaba – ¡ahora vayan, vayan…! - apuró comenzando a empujarlos a la salida – no podemos permitir que la artista estrella llegue tarde ¿verdad?… -
Los ojitos de Lizzie brillaron emocionados.
Entonces, el teléfono de Edward sonó. Bella observó extrañada como la sonrisa de Alice se esfumaba en un santiamén, parecía saber quién era. Extraño. Alice parecía saberlo todo incluso antes de.
Edward contestó y frunció el ceño, intercambió una mirada con su hermana y luego observó a su única hija.
- tu tía Rose quiere hablar contigo, princesa –
Pero no parecía demasiado contento con la situación.
Los ojos de la pequeña Elizabeth se iluminaron y recibió el teléfono que su papá le pasaba con rapidez.
- ¿tía Rosalie…? - exclamó la pequeña, sonrió – sí… estoy lista, ahora iremos para allá – rió por alguna razón – Bella irá a verme y mi papá también… - dijo con inocencia
La castaña se incomodó. No había olvidado las miradas feroces que la hermana mayor de Edward y Alice le había dirigido.
- andando… - se apresuró él – vamos Bella… -
Bella sintió como Edward posaba su mano en la parte baja de su espalda para guiarla hacia la salida. A pesar de las sensaciones y el escalofrío que la recorrió, no pudo evitar preguntar nerviosa.
- ¿y Liz…? –
Cruzaron el jardín, pero él no la miraba.
- Alice la traerá. -
Bella asintió y dejó que Edward la ayudara a subir en el asiento delantero del Volvo, tomando más tiempo del necesario para su gusto; un minuto más tarde Alice y Elizabeth salieron de la casa y la chica de ojos azules ubicó a la pequeña en el asiento trasero con cuidado.
- pásenla bien… - besó la frente de la niñita – Bella, no arruines el vestido – demandó – enana; espero que seas la mejor… y Edward – el aludido ni siquiera la miró -…por favor quita esa cara, nadie ha muerto y eres demasiado joven para preocuparte tanto –
Él no contestó, echó a andar el auto y esa fue la señal que le dio a Alice para que se alejara. Con otro beso para Lizzie y otra advertencia para Bella, la hermana de Edward ingresó otra vez a la casa, al tiempo que Edward comenzaba a manejar con dirección hacia la carretera.
Bella podía sentir perfectamente la atmosfera tensa y observó la mandíbula apretada de él.
- ¿Qué pasa? – preguntó en voz baja.
Édward no contestó.
Entonces, la voz de Elizabeth se escuchó tierna y alegre desde el asiento trasero.
- tía Rosalie me pidió que te dijera que ella también quería verme - anunció – que está triste por no poder ir y que ella tenía todo el derecho de estar allí… –
Edward frunció el ceño y Bella le vio aferrar con más fuerza el volante. Liz continuó
- ¿Por qué no pudo venir tía Rose, papá? –
Los ojos verdes de Edward se encontraron con los castaños de Bella, y por la mirada que él le daba supo de inmediato la razón de la molestia de él y porque Rosalie McCarty estaba tan molesta con ella: todo era su culpa. Su boca se abrió asustada.
- Edward… - comenzó.
- después hablaremos… - prometió él en voz baja, alzó la voz para hablar a su hija y la miró por el espejo retrovisor – no pienses en nada más, cariño… - sonrió – solo piensa en la música, en tu violín… - agregó – y en que Bella y yo estaremos ahí para verte… -
Lizzie sonrió satisfecha, al tiempo que Edward estiraba un poco su mano y rozaba la de Bella por un momento.
Ella devolvió la caricia con cuidado. Ambos sonrieron.
Hola otra vez!. ojalá que les haya gustado el capítulo, que haya sido de su agrado y lo hayan disfrutado. Espero que en este si me dejen saber que piensan!, la verdad es que no sé si les gusta el fic, y me gustaría saberlo, es bueno, malo, no lo sé. Díganme ustedes, espero sus reviews!!..
Un beso para cada uno de ustedes, Annie.
