Sol de mediodía

Capítulo IX: "El león y la oveja"

Una brisa helada corría por el pueblo, sin embargo, Bella estuvo segura que su escalofrío no se debía a eso. Estaban en el enorme estacionamiento de la academia de música y Edward tomaba en sus brazos a Lizzie para bajarla del auto.

La pequeña se aferró al cuello de su papá y soltó una sonrisa nerviosa.

- tengo miedo… - murmuró.

Bella no la culpaba, ella también sentía miedo.

Sentía miedo por varias razones; para empezar, pasaría la tarde completa en compañía de Edward Cullen, y eso era de por sí lo bastante aterrador como para que una oleada de nervios enviara escalofríos por todo su cuerpo. Edward había probado ser el hombre más encantador del mundo cuando se lo proponía, pero no por eso menos intimidante; y había que destacar que el miedo aumentaba con creces si se tomaba en cuenta el hecho que aún buscaba apartarla lo más rápido posible de ellos.

Bella no podía negarlo, cada día se sentía más confundida y estaba más que claro, que los cambios de humor del padre de Elizabeth la sorprendían sobremanera y siempre la encontraban desprevenida. Había momentos – y Bella se sentía feliz, de que comenzaran a convertirse en mayoría – en que Edward parecía querer tenerla cerca y hacerla partícipe, pero al menor estímulo parecía volver a tomar consciencia y deseaba alejarse lo más rápido posible de su lado.

- Bella… - la aludida se volteó de inmediato al oír la voz de Lizzie llamarla – estoy nerviosa… -

- no tienes porque estar nerviosa, princesa… - se adelantó Edward con aquella voz aterciopelada que tan solo pertenecía a él – Bella y yo estaremos ahí –

Bella captó la sonrisa significativa que él le dirigía, y asintió, sintiéndose como una estúpida y con una sonrisa tonta en los labios.

Solo él lograba deslumbrarla de esa forma.

Los tres se encaminaron hacia la escuela. Edward llevaba a Lizzie apoyada en su brazo izquierdo, mientras que su mano derecha estaba apoyada en la parte baja de la espalda de Bella para guiarla.

Otro escalofrío la recorrió y pudo escuchar perfectamente la risa suficiente de Edward.

- parece que no eres la única nerviosa, Lizzie… - bromeó.

Bella le envió una mirada asesina, pero no pudo decir nada.

Los nervios estaban desbordándola. Observó el estacionamiento repleto de autos y oyó claramente las voces y risas fuertes que provenían del jardín, parecía ser que había mucha gente en la academia; No recordaba la última vez que había estado entre tanta gente y eso la incomodó.

Bella había vivido demasiado tiempo en soledad.

La voz cantarina de la pequeña Elizabeth interrumpió sus pensamientos.

- no tengas miedo, Bella… - susurró – mi tío Emmett dice que cuando algo no me gusta y me da mucho miedo tengo que gritar y correr muy fuerte. Luego, tengo que llamarle para que él le rompa la cara a quien me asustó – sus ojos verdes se iluminaron – ¡si tenemos mucho miedo, podemos correr juntas! -

Bella no pudo evitar reír divertida, y escuchó claramente el bufido de Edward.

- no le hagas caso a Emmett… -

Pero Lizzie tenía otra duda.

- ¿correrías con nosotras, papi? –

Habían atravesado el enorme pórtico de la entrada, y se encaminaban por el elegante hall principal en dirección al otro extremo donde se vislumbraba otro pórtico que daba paso a un precioso jardín.

- por supuesto cariño… - contestó Edward rotundamente – con ustedes dos, correría hasta el fin del mundo. –

Tanto Lizzie como Bella sonrieron ampliamente.

Entonces, llegaron al amplio y frondoso jardín.

Bella contuvo el aire en sus pulmones.

La brisa helada corría como era habitual en Forks, a pesar de que, esta vez, había un poco de sol en lo alto, y de eso, los invitados parecían estar disfrutando. El lugar estaba atestado de personas que caminaban y sonreían de lado a lado, comiendo, conversando y saludándose entre ellos; Hombres, mujeres, niñas y niños se movían por todos lados. Solo entonces, Bella se percató que al fondo – y en medio del exagerado verde característico de Washington - había un enorme y ostentoso escenario precedido por filas y filas de asientos perfectamente decorados en satén blanco.

Bella se detuvo en seco, y abrió la boca incrédula.

- ¡¿hay tanta gente en Forks?! – gimió.

Edward la observó sorprendido por unos segundos; hasta que rompió a reír.

- tonta, Bella… – rió con suavidad y rodeó su cintura para atraerla hacia él - no tengas miedo… te lo dije, no voy a dejarte sola –

La muchacha se mordió el labio, entre preocupada por la situación y atontada por el rostro de él. Respira, Bella.

- promételo -

Edward sonrió de lado.

- te lo prometo. –

- ¡Elizabeth! –

Los tres alzaron el rostro al mismo tiempo.

Desde el otro lado del pórtico se acercaba una muchacha joven hacia ellos; Bella frunció el ceño al instante, a pesar de que había llamado a Lizzie sus ojos estaban prendidos en Edward.

Se sorprendió de sí misma, sintió algo extraño; y no era precisamente simpatía.

- Lauren… - saludó Edward educadamente.

- ¡Edward Cullen…! – exclamó la chica - ¡cuánto me alegro de que al fin hayas venido! –

Se alegraba demasiado para el gusto de Bella. Edward, posó a Lizzie en el suelo otra vez.

- Bella…- anunció - ella es Lauren Mallory, es profesora de Elizabeth -

- …y nosotros fuimos compañeros en la escuela – agregó la chica.

Fue obvio para Bella que Edward había hecho un enorme esfuerzo para no revolear los ojos.

- también… - concedió sin mayor emoción – fuimos compañeros un par de años en la secundaria… - se dirigió a la recién llegada – Lauren, ella es Bella Swan… –

Bella observó a la chica. Lauren Mallory tenía cabello rubio platinado hasta los hombros además de facciones afiladas y ojos grises; habría parecido atractiva de no ser por la expresión de hostilidad que estaba plasmada en su rostro.

Lauren apretó sus finos labios en un rictus y Bella supo de inmediato - a pesar de que hubo un apretón rápido de manos- que no había sido para nada del gusto de Lauren - de todas formas, el sentimiento era muto - y que la muchacha aún conservaba cierto deje de admiración adolescente hacia Edward como casi todas la muchachas que había conocido en Forks.

De todas formas, no podía culparlas.

La rubia se dirigió a la pequeña con una sonrisa.

- ¿estás lista, Elizabeth? – Lizzie negó con la cabeza tímidamente y se acercó más a su padre, la rubia continuó – ¿Por qué no? – se extrañó - ¡tu profesora de violín me ha hablado de lo grandiosa que eres…! - agregó – estaba buscándote hace un rato, está con tus compañeros en el salón de música –

Lizzie se mordió el labio.

- es que… tengo un poco de miedo… - susurró - ¿Qué pasará si me equivoco? –

- ¡eso no pasará…! – sentenció su profesora categóricamente – ¡no puedes equivocarte, todos te verán…! -

Bella frunció el ceño al instante.

- no importa si te equivocas, Liz – interrumpió seria – nadie te culpará – le dio una mirada fría a Lauren antes de volverse a su pequeña y darle una sonrisa – solo tienes que dar lo mejor de ti y todo saldrá bien, si te equivocas no importa, todos nos hemos equivocado alguna vez y tú no eres la excepción… - acarició la nariz de la niñita juguetonamente – pase lo que pase, yo estaré ahí. –

Lizzie sonrió satisfecha.

Lauren Mallory apretó los labios una vez más y la ignoró. Sin embargo, Bella vio como Edward la observaba y su corazón se detuvo por unos segundos. Los ojos de él se habían llenado de un brillo tan especial que Bella ni siquiera pudo describir, con decisión, Edward tomó su mano y entrelazó sus dedos con los de ella.

Su pecho se contrajo.

- Bella tiene razón, princesa… - anunció él, volviéndose a su hija – no te preocupes por nada, pase lo que pase Bella y yo estaremos aquí. –

Lauren se apresuró.

- bien, es tarde… vamos, Elizabeth… - tomó la mano de la pequeña, le hizo un gesto de despedida a Edward y se dio media vuelta para dirigirla al edificio.

Bella sintió un apretón de angustia en el estómago, aquella chica no le había gustado para nada y el que estuviera tan cerca de Lizzie le gustaba mucho menos.

Antes de entrar, la pequeña volvió su rostro de muñeca hacia ella y le dedicó una sonrisa brillante.

-ven… -

Edward no había soltado su mano, al contrario, tiró de ella con suavidad y la condujo por el frondoso jardín para llevarla hacia el otro lado. Se detuvieron en un lugar más apartado.

- lo siento… - dijo, Edward en medio del ruido – sé que no te gusta mucho la vida social… - la miró significativamente – créeme, a mi tampoco… - ambos sonrieron - …pero puedo aguantarlo unas horas si es por Lizzie. –

- yo también, pero… – Bella lucía sorprendida al ver el jardín repleto de personas - ¿puede haber tanta gente en el pequeño Forks? –

Edward rió de nuevo.

- claro que no, Bella… - explicó – la mayoría de estas personas no es de acá, la mayoría son invitados que vienen de muchas partes, otros son de los alrededores, hay niños de lugares cercanos que estudian aquí… - Bella asintió – pero la mayoría de los invitados vienen de otros lugares del país, es una escuela de artes… ya sabes, algunos están ávidos por descubrir nuevos talentos… –

Bella se sorprendió, nunca había pensado en Elizabeth de esa manera. Se asustó.

- Lizzie es tan pequeña… - gimió.

Los ojos de Edward se oscurecieron un tono y su voz disminuyó.

- lo sé, y eso me preocupa un poco… - confesó – me preocupa que viva todo tan rápido… - sonrió levemente - ¿estás asustada? -

- nerviosa más bien… - aclaró Bella – de verdad deseo que todo salga bien y que Lizzie sea feliz –

Él sonrió ampliamente y dio un leve apretón a sus manos entrelazadas…

- Elizabeth es feliz solo porque estás aquí –

Bella no pudo esconder ni la emoción, ni el sonrojo, ni mucho menos la sonrisa tonta de su rostro. Sentía tantas cosas, observó las manos enlazadas de ellos sin que ninguno hiciera algún comentario de ello, como si fuera algo natural, algo que debía ser.

Algo que los dos disfrutaban.

- Edward, yo… -

Los ojos verdes de él la escudriñaron y no pudo evitar perderse en ellos al instante.

- Bella… -

Se había quedado sin palabras…

- yo… -

- ¿Edward Cullen? –

Ambos se volvieron al instante y Bella soltó la mano de Edward como si quemara, se sonrojó.

Otra mujer se acercaba a ellos. Bella la observó, la mujer había fácilmente pasado las cuatro décadas de vida, era regordeta, pequeña y pelirroja, en esos instantes, una sonrisa se plasmaba en su rostro redondo y de facciones amigables.

- ¡cuántos años muchacho! – exclamó llegando hasta ellos - ¡cuánto talento…! –.

- Profesora Cope… – Edward sonrió incómodo – tiene razón, han pasado varios años… -

Bella se sorprendió. El rostro del padre de Elizabeth lucía abrumado, como si deseara estar en cualquier lugar lejos de allí.

La mujer continuó.

- la niña es tan talentosa como tú, Edward… - dijo emocionada – te felicito, pareciera ser que la afición y sobre todo el talento para la música se lleva en los genes… - suspiró con melancolía - …aun recuerdo como Rosalie y tú solían tocar el piano, jamás he visto talento igual – sonrió culpable – pero tú eras mi favorito… eras el mejor ni siquiera Rosalie podía igualarte. –

La sorpresa no tardó en llegar a Bella y alzó el rostro hacia Edward para buscar explicación, entonces sintió los ojos castaños de la mujer escudriñarle con curiosidad.

- ¿y quién es está muchachita tan adorable? –

Sintió sus mejillas enrojecer al instante y el sonrojó se profundizó, cuando vio a Edward sonreír con amplitud.

La observó.

- Bella, te presentó a la Señora Cope, ella es profesora de música… - la mujer sonrió amable - Profesora, ella… es Bella Swan. -

La sonrisa de la mujer se congeló de súbito.

- ¿Bella? – repitió sorprendida - ¿Isabella? –

Bella se sintió inmediatamente intimidada, su corazón se aceleró, y asintió con inseguridad.

- ¡oh Dios mío…! – Edward y Bella se sobresaltaron - ¡eres Isabella Swan! - Bella se temió lo peor - ¡claro que te recuerdo, eras una criatura tan pequeña cuando tu madre te llevó a vivir a Jacksonville! - su sonrisa se amplió aun mas – si es que eso era posible - ¡eres la hija de Charlie…! –

Fue instantáneo.

Bella pudo escuchar con claridad el sonido del disparo en su mente. Su propio gemido. El terror, los pasos rápidos de los hombres. La sangre en sus manos, y los ojos de su padre.

Sintió su rostro palidecer de súbito y como su sangre se congelaba en sus venas.

Edward había leído la turbación en su expresión.

- Señora Cope no… -

Pero la mujer continuó y le ignoró con alegría…

- cuéntame, pequeña… ¿Cómo está Charlie? – sonrió amable - ¡no te puedes imaginar cuanto lo extrañamos después de que partió a vivir contigo a Phoenix; Charlie ha sido el mejor jefe de policía que hayamos tenido en mucho tiempo…! – rió tontamente, y se acercó un poco, como si dijera un secreto – ¡no se lo comenten a Crowley ni a su hijo que andan por aquí! – apremió – vamos, Bella… ¿Qué es de Charlie, volverá él también? –

Bella no pudo contestar, no tenía palabras. Tan solo sentía esa familiar y angustiante presión en su pecho.

- él-l… -

…y sintió la presión sobre su cintura.

Fue como si volviera a la vida. El aroma dulzón y único de Edward logró que la sangre volviera a circular normalmente por su cuerpo.

Edward la había atraído hacia él y observaba a la mujer con seriedad.

- permiso, profesora… - dijo fría pero educadamente - comenzarán a tocar, si nos disculpa… -

Bella se dejó arrastrar por él hacia las butacas perfectamente alineadas; a medida que el aire comenzaba a entrar a sus pulmones con regularidad, se sentía cada vez más idiota.

Para cuando Edward la sentó en un lugar de la segunda fila, Bella estaba toda sonrojada.

- perdón… - susurró avergonzada de sí misma– soy una tonta, no sé qué… –

- perdóname tú a mí – la interrumpió él sentándose a su lado – es mi culpa, no pensé que aquí había gente que te conociera y te trajera malos recuerdos –

Bella le observó. Edward Cullen no sabía nada de su pasado, nunca se lo había dicho. Se ruborizó otra vez. ¿Edward se imaginaba lo que le había pasado?.

Parecía que él había leído su mente.

- no sé qué te atormenta tanto, Bella… - la miró fijamente - …pero no te preocupes por nada ahora… - acarició su mejilla – piensa en otra cosa… cualquier otra cosa -

… y le hizo caso.

- ¿tocas el piano…? –

Ahora era el turno de Edward para sorprenderse. Su expresión decayó y sus ojos se oscurecieron un poco. Bella se arrepintió de haber hablado, Edward se alejó de ella y se apoyó en el respaldo del asiento.

- algo… - musitó – pon atención, ya va a empezar.-

Bella observó su perfecto perfil, Edward lucía molesto por alguna razón y no volvió a mirarle.

Entonces, el telón se abrió y captó su atención.

Todo era maravilloso, alegre y tierno. La mayoría de los estudiantes de la academia eran niños pequeños; Bella asumió que cuando se convertían en adolescentes, buscaban llevar y mostrar su talento en otras partes, después de todo, en un pueblo tan pequeño y limitado como Forks no podían hacer mucho.

El espectáculo estaba lleno de actos diferentes, niños que actuaban y otros que cantaban. El público sonreía, al igual que Bella quien se sentía como una niña pequeña observando todo.

Al finalizar, anunciaron a la orquesta sinfónica.

Bella contuvo el aliento y un movimiento a su lado le indicó que no era la única ansiosa.

El telón se abrió por última vez, los instrumentos ya estaban allí, flautas traversas, un piano y un arpa entre otros. Entonces, los niños entraron y Bella quedó con la boca abierta.

No eran más de diez pequeños y como mucho el mayor tendría ocho años. Todos lucían levemente nerviosos pero emocionados y todos parecían mirar hacia la multitud con avidez.

No fue difícil localizar a Lizzie, su cabellera única y cobriza estaba al centro del escenario.

Al igual que sus compañeros, Elizabeth les buscó entre el público con la mirada y Bella no pudo evitar que la espontaneidad y la emoción le ganaran. Sin importar nada – ni siquiera la compostura que los demás invitados mostraban – alzó su mano con una enorme sonrisa en el rostro para hacerle notar a Lizzie donde estaban.

La pequeña sonrió y tomó el violín en sus pálidas y pequeñas manos.

… y la música comenzó.

El lugar se llenó de una melodía suave, armoniosa y alegre; apenas comenzó, Bella escuchó con claridad como varios en el público soltaban gemidos emocionados y otros de sorpresa. No pudo evitar pensar en que debía ser más de algún padre emocionado y se ruborizó por completo cuando identificó uno de los gemidos como suyo.

Observó a Edward, y sonrió. Él tenía una expresión de profundo orgullo y de sorpresa en su rostro varonil, parecía que solo tenía ojos para su pequeña y única heredera.

Bella volvió su atención a la orquesta, pero en ese entonces, solo tenía ojos para la pequeña niñita de cabello cobrizo y rostro de muñeca que tocaba el violín con maestría al centro del escenario. La música lograba calmarla y la llenaba de una alegría que no sentía con frecuencia; Observó a los pequeños, lucían concentrados en el ritmo.

Era una melodía perfecta para ellos, divertida, alegre y llena de vida.

Bella no pudo evitarlo y se perdió en el pasado.

Recordó.

Recordó cuando era muy pequeña, uno de los vagos recuerdos que tenía de su más tierna infancia. Recordó como corría apresuradamente por el pasillo de la casa de Phoenix.

Cada vez que escuchaba la música, corría hacia la sala; siempre le había emocionado cuando su madre tocaba el piano.

Con solo cuatro años, cada vez que Renée tocaba, Bella se sentía segura, se sentía feliz; Como si todos los dolores y penas se fueran, incluso se sentía más cercana a su papá, al que veía solo una vez por año.

Bella tenía una melodía que era su favorita, en ese momento no sabía su nombre – lo supo varios años después – Bella solo sabía que Renée adoraba tocar el piano, que la expresión de su madre era completamente pacífica cada vez que lo hacía y que cada vez que ella llegaba a escucharle, Renée la tomaba en sus brazos y la sentaba a su lado en la butaca, y eso, a Bella le encantaba.

Tal vez era un piano pequeño, de segunda mano y estaba bastante raído, pero era uno de los mayores tesoros de Renée.

En ese momento y volviendo a la realidad, al escuchar la melodía alegre de los pequeños – tan diferente a las que tocaba su madre - Bella sintió aquella opresión en el pecho al pensar en ella.

Pero no pudo evitar una sonrisa divertida al recordar que Phil odiaba el piano.

Ahora, al oír la orquesta, Bella sentía muchas cosas a la vez, calma, felicidad y orgullo; sin explicárselo completamente, el que Lizzie luciera tan concentrada demostrando uno de sus tantos talentos a toda esa gente la llenaba de orgullo.

Los demás instrumentos comenzaron a aminorar las notas y sus melodías se hicieron más débiles; entonces, el violín comenzó un solo.

Las notas que el violín de la pequeña Elizabeth emitía sorprendieron a todos, incluyendo a Edward y a Bella. A pesar de ser tan pequeña y menuda, era casi increíble como lograba que el instrumento sonase como si los mismos ángeles lo estuviesen tocando.

Bella lo supo, Lizzie era su pequeño ángel.

Elizabeth Cullen la había rescatado de la oscuridad en la que estaba sumida para llevarla a un mundo de luz y de sonrisas, Lizzie era un pequeño e inocente angelito y a ella se le había encomendado la misión de cuidarla, de protegerla y de estar siempre para ella y quererla.

Solo entonces, se dio cuenta que separarse algún día de Elizabeth sería más difícil de lo que imaginaba porque la quería como si fuese suya. Nunca había deseado hijos, ni niños, ni nada que dependiera de ella, pero todo eso había cambiado desde que la había conocido.

Adoraba a Elizabeth, y estaba tan orgullosa de ella como si fuera su propia niñita.

Lizzie deslizaba el arco sobre las cuerdas del violín con tal maestría que Bella abrió la boca sorprendida, Edward se inclinó un poco más hacia adelante y los espectadores soltaron gemidos de admiración.

Entonces, los demás instrumentos volvieron a unirse a la melodía en una sinfonía tan perfecta que él público no pudo evitar aplaudir.

Bella se volvió unos segundos hacia Edward y su corazón se llenó. Nuevamente por varios motivos, Edward observaba a su hija con tal expresión de felicidad que Bella consideró excesivamente adorable, por otro lado, Edward era perfecto, su rostro era cautivador y lograba quitarle el aliento cada vez que lo veía. Le observó.

Lizzie era su ángel, una pequeña e inocente personita a la que quería y cuidaría con su vida, pero que la había llevado a conocer a otro tipo de ángel. Uno tal vez mas grande y poderoso, uno que no necesitaba sus cuidados, Edward era su ángel protector, era quien iluminaba sus días de las formas más inimaginables, que la hacía sentir frío y calor a la vez y que llenaba de mariposas su estómago…

…y lo entendió.

Se aterró y se emocionó a la vez.

Porque estaba incondicional e irrevocablemente enamorada de Edward Cullen.-

Bella reprimió un gemido involuntario por su propia epifanía y se llevó una mano a su boca para amortiguarlo.

Y la música terminó.

Al instante, una ola de aplausos se dejó oír, la ovación fue general y la gente se puso de pie con sendas sonrisas en el rostro. Bella no lo hizo, no se levantó, parecía estar pegada a su asiento y Edward se agachó un poco con la preocupación plantada en su rostro perfecto.

- Bella… ¿estás bien? –

No contestó, porque no lo sabía. Se sentía bien, de hecho, se sentía mejor que nunca, sin embargo, sus piernas y sus manos temblaban y su traidor corazón latía como desaforado dentro de su pecho.

Era oficial, estaba completa y perdidamente enamorada.

- Bella… - apremió Edward.

La muchacha sonrió y alzó el rostro para observarle.

- gracias Edward… - el rostro de él lucía confundido – gracias por dejarme ser parte de esto, por dejarme estar con Lizzie y por dejarme quererla… por poder sentirme orgullosa de ella… -

Edward sonrió de lado.

- no digas más, Bella – tomó su mano con delicadez y la ayudó a levantarse – no tienes nada que agradecerme, al contrario; soy yo el que está infinitamente agradecido de ti – la gente había comenzado a moverse a su alrededor, Edward continuó – todo esto te lo has ganado tú, nadie ha querido a mi hija de forma tan incondicional como tú lo haces… nadie merece estar con ella más que tú… -

Bella le sonrió con amplitud y el devolvió la sonrisa.

Como si hubiesen estado pensando lo mismo, se abrazaron. Bella sintió como Edward la rodeaba con sus brazos y la atraía hacia él. Se sintió completa, feliz y aturdida cuando él hundió su rostro en su cabello color chocolate. Sonrió. Necesitaba a Edward, como necesitaba el aire, por lo que devolvió el abrazo con cariño y apoyó su mejilla en su pecho para apretarse contra él.

Ambos lo sabían, no era un abrazo de amigos, tampoco había sido como el anterior en medio de un arranque de espontaneidad y que había tomado a ambos por sorpresa. No. Ahora era un abrazo lleno de sentimientos que iba mucho más allá de la amistad. La electricidad fue inmediata y era como si sus cuerpos tuviesen algún tipo de imán hacia el otro y hacía que el magnetismo los atrajera. Porque era un abrazo que ninguno quería soltar.

Edward besó su cabello.

- Bella… - susurró con voz ronca – mírame… -

…y ella no era nadie para negarle algo a él.

Alzó el rostro con obediencia, solo para quedar deslumbrada por la perfección de él, la sonrisa traviesa en sus labios, sus ojos brillantes y la decisión en su expresión.

Porque Edward comenzó a acercar su rostro al de ella, lentamente, con cuidado; y a pesar de que el rubor invadió a Bella por completo, lo imitó. Cerró los ojos con suavidad y el aliento de frío de él la embargo…

entonces…

- ¡Papi! –

Se separaron al instante.

Bella se alejó un paso considerable.

- Liz… – murmuró Edward aturdido.

La niñita – ajena a todo lo sucedido - se lanzó a los brazos de su padre con fuerza y le echó los brazos al cuello con una enorme y brillante sonrisa en su rostro de muñeca.

- ¿les gustó? – preguntó.

Fue como si el mundo volviera a funcionar. Bella recobró la compostura al ver que el rostro de Edward lucía una alegría infinita, sonreía amplia y encantadoramente y observaba a su única pequeña casi con reverencia, la besó en la frente.

- estuviste magnífica, princesa… - anunció.

Lizzie se volvió hacia ella.

- ¿te gustó, Bella? – preguntó emocionada - ¡no me equivoqué una sola vez! –

Bella sonrió ampliamente y acarició su mejilla.

- estuvo perfecto… - anunció - yo sabía que todo saldría bien, mi pequeña – Lizzie rió satisfecha - me has dejado con la boca abierta, Liz… tocas perfecto, estoy muy orgullosa de ti… –

Los ojos verdes de Lizzie se abrieron mucho por la emoción.

- ¿estás orgullosa de mí? –

- absolutamente. –

- estamos… - Bella y Lizzie se volvieron a Edward, quien aclaró - Bella y yo estamos muy orgullosos de ti… -

Parecía que Elizabeth no cabía en sí de emoción, pero unas niñitas que la llamaban desde el otro lado atrajeron su atención.

- ¡Lizzie! –

La pequeña se apresuró.

- ¡papi… bájame, voy a jugar con mis amigas! –

Edward obedeció de inmediato y la besó en la frente por última vez. Bella se agachó hasta la altura de ella y la apretó contra si misma para darle un beso cariñoso en la mejilla.

- ve a jugar… - le dijo.

Lizzie salió corriendo y se perdió con sus amigas entre los setos del jardín.

- vamos… -

Edward la guió entre la gente y la condujo hasta un lugar más apartado donde había una elegante mesa con copas de champaña.

Solo entonces, Bella recordó la conversación pendiente.

- tu hermana estaba muy molesta, ¿verdad? –

Edward frunció el ceño, no dijo nada, tomó una de las copas y se la tendió. Bella negó con la cabeza y continuó.

- no soy de su agrado -

El padre de Elizabeth suspiró.

- le preocupa que tú y Lizzie sean tan cercanas… eso es todo. -

No le creyó una sola palabra.

- Edward… - comenzó - esto te está trayendo problemas con ella, ¿verdad?… ¿con tu familia? – él no contestó y Bella se impacientó – Edward dime la verdad, yo no quiero ser… -

- no me importa… - le interrumpió él, mirándola fijamente – no me importa nada de lo que ellos digan mientras Lizzie sea feliz… y la haces feliz – continuó - la felicidad de mi hija es lejos más importante que cualquier discusión familiar. -

Tomó un sorbo de champaña.

- pero ellos son tu familia… - protestó Bella.

Edward sonrió de lado y alzó una ceja.

- bueno, Elizabeth también te considera familia. -

Bella reparó en que en ningún momento había dejado ver que él también lo consideraba.

- pero aun te preocupa, verdad… - susurró en voz baja, y casi temiendo la respuesta - aun te preocupa sobremanera que Lizzie sufra, que yo la haga sufrir… -

Edward dejó la copa en la mesa con fuerza. Bella se sobresaltó.

- no sabes de lo que hablas… - masculló molesto – no lo entiendes… no lo ves – Bella se sonrojó, Edward la miraba serio, como antaño – ese es el problema, no solo me preocupa ella… – la observó fijamente – tú también me preocupas… - Bella sintió su corazón detenerse por un segundo, pero él continuó con frialdad – no sabes en lo que te estás metiendo y te lo he advertido, no te das cuenta de lo egoísta que soy, de que esto no te traerá más que pena en algún momento – su expresión se suavizó – Bella, no entiendes que será una pena más para toda la que ya cargas. -

Bella se molestó.

- me consideras débil… - siseó.

Edward no contestó. ¿Por qué todo el mundo la consideraba desvalida?, ¿Por qué todos se sentían con el derecho de querer protegerla?

- ¡no soy débil, Edward! –soltó airada - ¡tú lo has dicho, tal vez he pasado por muchas cosas, pero todo eso me ha hecho más fuerte de lo que crees! – exclamó - ¡No soy débil! –

- ¡Edward, Bella… allí están…! -

La Señora Cope les había encontrado de nuevo.

Edward bufó exasperado y se apretó el puente de su nariz. Era evidente que no era buen momento para interrupciones, pero eso, la mujer no lo notó.

- felicidades… - exclamó la mujer con una amplia sonrisa – ¡tienen un niña fabulosa… es muy talentosa, nos dejó con la boca abierta! – agregó con los ojos brillante - ¡y es definitivamente preciosa, idéntica a ustedes dos…! -

Bella se sorprendió de sí misma. No había negado a Lizzie, pero le sorprendió aun más que Edward tampoco lo hiciera.

La profesora continuó y observó a la castaña.

- no me terminaste de contar de Charlie, Bella… - sonrió ampliamente – dime, ¿Dónde está, que está haciendo? ¿Cómo está…? –

No era débil.

- está muerto. -

Toda sonrisa se esfumó del rostro de Cope y abrió la boca con horror.

- ¿Qué? -

Edward le dirigió una mirada de advertencia.

- Bella no… -

- ¡así es, mi padre está muerto! – se apresuró sin demostrar ningún sentimiento – siento mucho que no lo supiera antes, pero falleció hace casi ocho años atrás… ¿bastante tiempo, no lo cree? –

La mujer salió de su estado de aturdimiento.

- querida, l-lo siento tanto… - farfulló - yo no lo sabía… - soltó un gemido – ¡oh, Dios mío, Charlie está…! -

- muerto… - completo Bella fríamente – sí, lo está… -

- suficiente – Edward tomó su brazo posesivamente y la arrastró lejos de la mujer, Cope seguía anclada en el mismo sitio - ¿estás bien? –

Bella se soltó de él con fuerza.

- ¡por supuesto que estoy bien! – masculló - no soy débil.

El padre de Elizabeth bufó exasperado

- bien, bien… - espetó – como quieras… -

Pero la molestia no había aplacado y en esos momentos, Bella quería alejarse un poco de Edward. Odiaba sentirse vulnerable, pero se odiaba más a sí misma porque Edward era la única persona en el mundo que la hacía sentirse de aquella forma.

Se volteó con rapidez hacia las butacas, pero sus pies la traicionaron y tropezó. Edward alcanzó a sujetarla.

Él soltó una risita.

- te lo dije, Bella – anunció - no hay de qué preocuparse, pase lo que pase, estaré hoy a tu lado. -

El mal humor de la chica se esfumó al instante y soltó una risita idiota. Tenía que admitirlo, parecía que no podía estar molesta con Edward por más de cinco segundos; y también tenía que darle crédito porque Edward era capaz de hacerle olvidar incluso los peores sentimientos.

- cumpliste tu promesa… - susurró

Edward asintió con otra sonrisa cautivante y la guió hacia los asientos.-

La tarde ya había caído cuando Lizzie se acercó a ellos con una sonrisa de oreja a oreja y sonrojada de tanto jugar, el perfecto peinado que Alice le había hecho ahora era una masa de preciosos rizos desordenados.

Bella, la acercó a ella y comenzó a acomodarle el cabello.

- ¡soy tan feliz! –

Edward alzó una ceja hacia su pequeña y sonrió.

- ¿de verdad? –

- ¡Sí! – confirmó la pequeña, emocionada - ¡Muchísimo… porque Bella está aquí y tú también viniste papá! – se apresuró – no es que no me guste venir con la abuela y el abuelo, pero a mí me gusta más que vengas tú –

Bella sonrió, se apresuró en alzar a la pequeña en sus brazos y le dirigió una mirada significativa a Edward.

- de ahora en adelante, tu padre prometerá venir cada año – anunció

Los ojos verdes del aludido se abrieron de inmediato por la sorpresa.

- ¡¿de verdad?! –

- Bella no… –

Pero los ojos brillantes de Lizzie le observaban con tal anhelo y emoción que era evidente que Edward no pudo negarse.

- sí, cariño - suspiró acariciando la mejilla de su única hija – te lo prometo. –

Tanto Bella como Lizzie sonrieron satisfechas.

Edward se apresuró.

- ya es tarde – anunció – será mejor que vayamos a cenar… - observó a Bella con una mirada de fingido reproche – pareciera ser que el hambre está afectando a algunas… –

Bella rió traviesa mientras Edward ponía su mano en la parte baja de su espalda nuevamente y las guiaba hacia la salida.

- ¿Qué les parece si vamos a cenar a Port Angeles? – preguntó mientras caminaban al estacionamiento.

Bella se sonrojó al instante y apretó a Lizzie contra ella por instinto.

- no quiero… - dijo Lizzie, aun aferrada a su cuello – yo quiero comer pizza… -

Edward bufó incrédulo mientras abría la puerta trasera del auto para que Bella situara a la pequeña.

- ¡princesa, es una ocasión especial…! – protestó – podemos hacer algo mejor que comer simplemente pizza… -

Lizzie se cruzó de brazos encaprichada, Edward se volvió a Bella en busca de apoyo.

- la verdad… - apuntó la castaña con una sonrisa inocente – yo también quiero comer pizza–

Edward bufó otra vez y le abrió la puerta del copiloto.

- ¡bien...! – anunció – ustedes ganan…–

Bella y Lizzie se sonrieron triunfantes mientras Edward rodeaba el auto.-

Tres horas más tarde, Bella sonrió incómoda. Estaba en la enorme y elegante sala de la casa de Edward. Todo estaba tan perfectamente decorado y ordenado que se sentía completamente fuera de lugar. Edward ingresó después de dejar a la dormida Elizabeth en su cuarto tan cautivador y bien parecido como de costumbre.

Bella se percató de que había aflojado su corbata oscura.

El soltó una risita.

- ¿aliviada ahora? –

Apuntó los tacones que Alice le había obligado a usar, los que por supuesto se había quitado apenas tuvo oportunidad y los llevaba en su mano ahora.

Bella devolvió la risita y asintió. Se mordió el labio y apuntó el enorme y precioso piano de cola negro que decoraba una de las esquinas.

- así que el gusto por la música es de familia – comentó.

Edward se encogió de hombros.

- así parece… - dijo sentándose a su lado – mi abuela fue la primera en enseñarme a tocar algo, fue muy poco tiempo, ella murió cuando era pequeño – agregó - …no la recuerdo demasiado–

Bella se sorprendió. Edward era un hombre muy hermético y nunca hablaba de él.

- mi abuela se llamaba Elizabeth – continuó – de hecho, mi hija se parece bastante a ella, o es lo que han comentado –

Era evidente que la abuela de Edward había sido muy importante para él, pero no tuvo tiempo de preguntar nada más porque él se había levantado del sofá.

- vamos arriba… - dijo – te prepararé la habitación de Alice… -

- no, claro que no – se apresuró Bella, levemente sonrojada - me iré a casa… -

Edward se detuvo y se volteó a verla.

- ¿a tu casa? – su mirada se tornó seria – no Bella, lo mejor es que te quedes aquí… -

Bella abrió la boca para protestar, pero entonces, un grito rompió el aire y ambos se sobresaltaron aterrados. Era un grito estridente, agudo, aterrorizado e infantil.

- ¡Elizabeth! –

Bella sintió un terror completamente distinto al que sentía con normalidad y sin pensar en nada más, cruzó la sala con rapidez para subir las escaleras seguida de cerca por Edward hacia la habitación de la niñita.

Bella abrió la puerta con estrépito.

- ¡Lizzie! –

Edward fue más rápido y encendió las luces. Ahí estaba la pequeña Elizabeth, sentada en su exagerada y colosal cama de volantes violetas, llorando a lágrima viva, su cabello desordenado y su carita de muñeca enterrada en sus manos.

Bella se precipitó hacia ella.

- ¡Liz! – exclamó Edward siguiendo a la castaña - ¡¿Qué sucedió?! –

La pequeña se aferró a Bella en el mismo instante que ella le alcanzó.

- era muy feo… la pesadilla más fea de mi vida – lloró – no me dejes, Bella -

Fue algo de adentro, algo que iba más allá de de sí misma. Bella sintió su corazón apretado de solo ver a la pequeña llorar, era algo más fuerte que ella y la apretó contra sí.

- no te voy a dejar, cariño – besó su cabello – voy a estar a tu lado siempre que tú me quieras –

Edward las observó por unos instantes. Bella alzó el rostro y le vio sostener su mirada de una forma especial. Él alargó una mano para acariciar el cabello de su hija.

- ya pasó, cariño… -

Lizzie alzó sus ojos verdes, idénticos a los de él.

- quédate conmigo… - susurró - ¿dormirás conmigo, papá? –

Edward asintió, la pequeña alzó el rostro hacia ella.

- tú también, Bella… -

Los colores se le fueron al rostro al instante.

- ¿yo? -

- sí… - exclamó Lizzie rotunda – dormiremos los tres aquí…- señaló su cama enorme – ¡papá nos cuidará a las dos! –

- vuelve a dormir, Liz… - sonrió Edward.

- ¡es que no puedo! – protestó la pequeña - ¡no puedo volver a dormir, si duermo tendré pesadillas otra vez… mejor cuéntenme un cuento! –

Edward soltó una risita…

- lo siento, cariño… - se disculpó – pero no sé ninguno… -

Al instante, dos pares de ojos verdes se volvieron a Bella

- ¡no me miren a mí! - protestó, mas para Edward que para Lizzie - ¡tampoco me sé ninguno! -

Lizzie apremió.

- ¡pero quiero escuchar un cuento! –

- está bien… - accedió Edward, observó a su niñita – tal vez pueda contarte uno. –

Bella se ruborizó al instante. Edward había alzado la vista hacia ella y la mirada que le había dado fue completamente significativa. Bella supo de inmediato que de alguna u otra forma lo que Edward diría tendría más de un significado…

-bien… - comenzó Edward - …ésta es la historia de un… -titubeó – un león… -

Bella y Lizzie soltaron una risita divertida.

- no se rían… - les reprochó él, pero no pudo evitar una sonrisa – …porque este era un león bastante huraño; le gustaba la soledad y no quería a nadie, se mantenía lejos de su familia a pesar de que se preocupaban mucho por él, a veces demasiado… - recalcó – siempre estaba solo y era el león más frió y serio que ha existido. –

Lizzie abrió mucho los ojos.

- ¿era un león malo?-

Bella se adelantó, antes que Edward lo hiciera.

- claro que no lo era… – sonrió tiernamente y sostuvo la mirada sorprendida que él le daba– le gustaba mostrarse frío y serio, pero en el fondo, era un león muy dulce y cariñoso -

Edward no dijo nada, Bella sonrió. Ambos se divertirían de la misma forma esta vez.

La pequeña se impacientó.

- ¡sigue papá! –

- tú cierra los ojos… - le regañó Edward - deberías comenzar a dormir -

Lizzie cerró los ojos obedientemente.

- bueno… - continuó Edward – como iba diciendo, a este león, le gustaba su soledad, era frió y no tenía amigos. Sin embargo, un día, cuando el león iba por la selva, este león se encontró con una… -

Titubeó.

- ¡Oveja! – exclamó Bella.

Lizzie abrió los ojos de golpe.

- ¿oveja? – repitió Edward divertido con una ceja alzada - ¿en la selva? –

- bueno… – se defendió Bella con rapidez – siempre había sido una oveja extraña, además… estaba perdida. –

Edward soltó una risita divertida.

- bien…una oveja – concedió – pero esta oveja, además de perdida… era encantadora – su sonrisa vaciló y observó a Bella con intensidad – …era la oveja más linda, frágil y perfecta que el león hubiese conocido en toda su vida. Era perfecta y maravillosa y de inmediato buscó ser amiga del león sin querer ver que el león era un peligro para ella… -

Bella frunció el ceño.

- este era el león más testarudo que existía también… - espetó como si fuera obvio – la oveja estaba sola y perdida… – Edward alzó una ceja calculadora - ¡a la oveja le gustaba estar con el león! –

Edward suspiró.

- a pesar de que él león era malo, él no quería hacerle daño… - continuó – y de pronto, se encontró aceptando la amistad de la oveja perdida… - Edward sonrió amargamente - era una oveja idiota… - Bella gimió ofendida de verdad – y no sabía lo que le convenía… -

Bella salió en defensa de la oveja al instante.

- tal vez era una oveja idiota… - protestó –…pero prefería morir antes que estar lejos del león…-

Se miraron desafiantes unos segundos, hasta que Edward agachó la mirada y sonrió.

- está dormida….-

Bella siguió la mirada de él. Allí en sus brazos, estaba la pequeña Elizabeth profundamente dormida, acarició sus rizos cobrizos y la volvió a acomodar entre los almohadones. Volvió a alzar el rostro hacia su padre.

- ¿de verdad no te molesto aquí? –

Edward negó con la cabeza y sonrió de lado.

- créeme, me siento mucho más tranquilo si estás aquí –

Su estómago se llenó mariposas al instante, su corazón dobló la velocidad de sus latidos y se maravilló por la perfección de Edward sintiéndose idiotamente enamorada. Antes de que comenzara a perder la coherencia de sus pensamientos por completo, se levantó de la cama para salir de la habitación; Edward la siguió y salió detrás de ella.

En el pasillo, Bella se volvió hacia él juguetona.

- tal vez seas bueno en todo, Edward – sonrió – pero eres el peor contador de cuentos de la historia. -

Él sonrió con transparencia y revolvió su cabellera cobriza inconscientemente.

- lo sé… - admitió.

- ¿Edward? – él la observó con intensidad, y Bella se ruborizó bajo su mirada - ¿Por qué el león no podía apartarse de la oveja? -

Él no contestó de inmediato. La observó con intensidad, como calculando el peso de su propia respuesta.

- porque el león se enamoró de la oveja –

Bella contuvo el aire. Los colores subieron a su rostro. ¿podía ser que…?

- Qué oveja tan estúpida, ¿verdad? – bromeó.

Edward devolvió la sonrisa…

- y que león tan morboso y masoquista –

Entonces, sucedió.

Bella no supo cómo ni cuándo, tan solo fue consciente de que Edward cruzaba los dos pasos que los separaban en menos de una fracción de segundo y tomaba su rostro acorazonado entre sus manos, delicada y consideradamente, como si fuera de porcelana y cualquier movimiento en falso fuese capaz de romperla.

Acercó el rostro de ella hacia el de él…

…y la besó.

La besó dulce, tierna y cuidadosamente. Sus fríos labios estaban sobre los de ella provocando miles de sensaciones en la mente y el cuerpo de Bella. Edward era gentil y suave sobre su boca, como tratando por todos los medios de no asustarla.

Pero Bella no le temía, a él no; al contrario, anhelaba a Edward Cullen mas que a cualquier otra cosa en el mundo y solo entonces se dio cuenta que deseaba el beso de él con más ganas de las que había imaginado.

Sin pensarlo dos veces – y por instinto - le echó los brazos al cuello y se aferró a él como si su vida dependiese de ello. Abrió levemente sus labios y el aliento dulzón de Edward la invadió; profundizó el beso que él le daba y buscó la boca de él con muchas más ansias.

Edward no se quejó, al contrario, rodeó la estrecha cintura de ella y apretó su menuda figura contra el cuerpo de él, sin separar ni por un segundo su boca de la de ella...


Por fin!... por fin terminé el capitulo. La verdad es que traté de apurarme y subirlo lo más rápido que pude porque necesitaba agradecerles. De verdad, muchas gracias por sus comentarios en el capítulo anterior, me alegro de que les guste la historia y por el apoyo. Tengo que admitirlo, no estaba muy segura de continuarla, cuando en el antepenúltimo capitulo solo alcanzó dos reviews. Pero ahora sé que vale la pena :). Espero que el capitulo les hayas gustado… solo Edward, Lizzie y Bella, pero no se preocupen que ya saldrán los demás.

Espero con ansias sus comentarios y un abrazo de oso para cada uno de ustedes.

Annie.: