Sol de mediodía
Capítulo X: "Recuerdos"
Bella se sentía en el cielo.
Parecía que el piso se había abierto bajo sus pies y solo Edward era capaz de sostenerla y salvarla de caer. Se sentía completa y feliz. Con una osadía extraña en ella deslizó sus finos dedos entre el cabello cobrizo de Edward que tanto le gustaba y se aferró a él como si su vida dependiera de ello; en respuesta, él la apretó con más ansias contra sí mismo.
La electricidad entre ellos subió a un nivel casi insoportable y Bella no pudo evitar un gemido en la boca de Edward.
Solo entonces se dio cuenta que había deseado aquello más que cualquier otra cosa en la vida.
Jadeó.
Se besaban con ansias, entonces, Bella abrió la boca un poco más, buscando un contacto más intimo y embriagarse aun más con su aliento dulzón y se empinó para alcanzarle mejor; de pronto, Edward apretó sus cintura con decisión.
Sin embargo, en vez de atraerla hacia él, intentó alejarla con cuidado. Pero Bella no estaba dispuesta a romper el beso, no ahora que se había dado cuenta cuanto deseaba aquello, por lo que dio un paso adelante y se aferró testarudamente a las solapas de su chaqueta con fuerza, sin permitir que él alejara sus labios de los de ella.
Edward retrocedió un paso corto y tomó caballerosamente el fino rostro de ella en sus manos para alejarla con suavidad infinita.
- Bella… - susurró, pero ella le dio otro beso rápido – Bella no… -
…y alejó su boca de la de ella unos centímetros, la muchacha suspiró en frustración.
Ambos respiraban entrecortado; ambos hiperventilaban, ambos apoyaban la frente en la del otro. Edward deslizó sus manos sobre el rostro de ella, dibujó el contorno de sus labios y sus mejillas sonrojadas y al final, las llevó a la cintura de ella, Bella se aferró a su pecho y apretó en sus pequeños puños la chaqueta de él.
- Edward…- murmuró ahogada – yo… -
- no – la interrumpió él, al tiempo que la alejaba un poco, solo un poco más - no digas nada, es mi culpa – con cuidado, tomó las pequeñas manos de ella entre las suyas y las deshizo de su cuello – soy un maldito egoísta, perdóname… -
Bella abrió los ojos de inmediato. Definitivamente, eso no se lo esperaba.
La expresión de Edward estaba crispada por la frustración, la culpa y parecía mantener una lucha interna.
- Edward… - comenzó la chica con voz temblorosa – tú no… -
- sabes perfectamente lo que sucede, Bella… - anunció el padre de Elizabeth con voz ronca –pero también sabes que esto no es posible. - la muchacha sintió perfectamente como corazón se detuvo por un segundo, él se apresuró al leer la expresión de ella – perdóname, Bella… por favor perdóname… - tomó el rostro de ella entre sus manos otra vez y lo acarició buscando reconfortarla – no soy quien te conviene, tú te mereces lo mejor y esto no es lo mejor para ti…-
Bella alzó el rostro hacia él fieramente.
- los dos queremos esto… - soltó – lo sabes… -
Edward soltó una preciosa risa amarga.
- y también sabes que yo solo quiero lo mejor para ti… -
Bella suspiró frustrada. No sabía que pensar, no sabía que sentir, de lo que si estaba segura era que no había sido la única que había disfrutado de aquel beso y después de todo Edward había confesado haberse enamorado de ella.
¿Por qué quería alejarla ahora?...
…y sintió algo más en su pecho aparte de la emoción y el amor por él, algo completamente diferente; no era pena, era decepción
- te arrepientes, ¿verdad? – musitó – te arrepientes de haberme… - se sonrojó – besado… -
Él se apresuró a negar con la cabeza y sonrió de lado.
- soy egoísta por naturaleza, Bella - anunció - …jamás me arrepentiría de algo que me ha hecho tan feliz. -
Bella no pudo evitarlo, por una extraña razón sus inseguridades se fueron, su corazón se llenó de emoción y soltó una risita tonta.
Se sonrojó.
- por un momento creí que lo había hecho mal… - confesó avergonzada – la verdad es que yo… bueno, yo nunca… – se ruborizó como tomate – yo no… -
Edward se congeló al instante.
Soltó su cintura lentamente para apartarse dos pasos de ella observándola fijamente y con seriedad.
- fue tu primer beso - susurró.
No era una pregunta, era una afirmación.
Bella se ruborizó furiosamente y agachó el rostro avergonzada, pero asintió. Edward no dijo nada, y en su interior odió aquel gesto sobremanera, porque se sintió como una completa estúpida, a pesar de todo, había cumplido hacía casi tres meses los veintitrés años.
- yo… - comenzó avergonzada – la verdad es que nunca dejé… nunca creí que pudiera… -
Pero él la cortó.
- Bella… - susurró. La aludida alzó el rostro al instante, Edward hablaba con tal arrepentimiento y culpa que le sorprendió, Edward lucía asqueado consigo mismo – perdóname… - pidió por enésima vez - ni en un millón de años alguien como yo podría merecer a una criatura tan perfecta como tú –
Bella frunció el ceño. Ella no era perfecta, para nada.
- Edward, no…-
- perdóname… - continuó él – me he comportado groseramente contigo desde el principio, por ser tan condenadamente egoísta… por… - dudó, hasta que soltó un suspiro – te mereces lo mejor Bella, por favor, ten presente que esto lo hago por ti… - sonrió amargamente – luego te darás cuenta que no soy tu mejor opción -
Bella no pudo evitarlo, sonrió con transparencia y se acercó un paso para tomar las manos de él
- lo mejor para mi eres tú, Edward - susurró – y voy a demostrártelo… - él abrió la boca para protestar pero ella le cortó - no me alejes de ti, sabes que preferiría morir antes que apartarme de tu lado… - sonrió nerviosa - tal vez tienes razón, soy una idiota. –
Edward rió.
- eres idiota -
Se observaron a los ojos y Bella se sintió aun mas enamorada de él. Nadie se había preocupado de ella en aquella forma tan protectora como lo hacía Edward, el problema era que esta vez, deseaba hacerle ver que estaba equivocado.
- Bella… -
Era Lizzie. La voz adormilada de Elizabeth provenía de la habitación y la llamaba, pero ninguno de ellos se movió de inmediato, al contrario mantuvieron la mirada del otro hasta que Edward soltó una risa amarga.
- ¿Qué estoy haciendo…? - susurró, se pasó una mano por el cabello, entre incrédulo y avergonzado de sí mismo – ¡eres la mejor amiga de mi hija! -
Bella no pudo evitarlo; soltó una risa genuinamente divertida, Edward la miró incrédulo.
Se acercó un paso hacia él y tomó su mano.
- Edward… - comenzó.
- Bella no… -
Ella puso un dedo sobre los labios de él y continuó.
- no hay nada malo aquí… - anunció, Edward no dijo nada – para mí, no hay nada más en el mundo que tú y Lizzie, ustedes son lo mas importante en mi vida –
Dibujó los labios de él con la yema de sus dedos, pero él detuvo su muñeca casi al instante.
- no… - la castaña alzó el rostro hacia él - eso está mal, Bella – dijo molesto – eres joven, la más inteligente y preciosa de las mujeres… - la chica se ruborizó - tú mereces una vida perfecta, limpia de todo problema, no me conoces Bella… - dijo gravemente - yo no te merezco y tampoco merezco que quieras tan incondicionalmente a mi hija… -
- Bella… tengo miedo – era la voz de Lizzie.
Bella sonrió con amargura.
- esta vez, estás equivocado Edward -
Bella no dijo nada más. Sin importar lo que Edward pensara se empinó en la punta de sus pies, tomó el rostro de él en sus manos para atraerlo hacia ella y posar un beso suave en los labios de él. Fue solo un roce, una caricia; él no se negó, permitió que ella le besara sin moverse. Entonces, Bella le soltó, le dio una sonrisa leve y tomó su mano para dirigirlo a la habitación de la pequeña.
- ¿Bella? – preguntó Liz.
Soltó la mano de Edward e ingresó a la penumbra.
- aquí estoy, cariño… - susurró.
El padre de la niñita se había detenido en el umbral.
- acuéstate conmigo Bella… - susurró Lizzie en voz baja y adormilada – o no podré dormir más… -
Sin importar nada, ni el vestido elegante que traía, ni ninguna de las advertencias de Alice de cuidarlo con su vida; Bella acudió al llamado de su pequeña al instante. Se quitó la elegante chaqueta pequeña que cubría el vestido y se recostó a lado de Lizzie, rodeó el cuerpo cálido de la niñita para reconfortarla y besó su cabello cobrizo con suavidad.
- papi… - llamó Lizzie adormilada – ven a dormir con nosotras… -
Edward no se movió; permaneció en el umbral sin saber qué hacer; Bella no pudo evitarlo, soltó una risita divertida e indicó su lado.
- Edward, ven… -
Al fin, Edward se acercó a ellas. Bella se ruborizó violentamente y toda sonrisa se esfumó. Los preciosos ojos verdes de él estaban fijos en los castaños de ella, se detuvo al lado de Bella y se quitó la elegante chaqueta oscura.
Bella agradeció que todo estuviera en penumbras y que Edward no notara su rubor.
Entonces, Edward se recostó detrás de Bella y por primera vez, la chica notó los beneficios que tenía el que Lizzie tuviera una cama tan grande, porque fue instantáneo. En el mismo momento en que sintió el frío aliento de Edward en su cabello la chica olvidó como respirar, solo fue consciente del cuerpo perfecto recostado tras ella debajo de las frazadas.
El brazo de él rodeó su cintura y se acercó aun más a ella para alcanzar a rodear tanto a Bella como a Lizzie en un abrazo.
- ¿nos cuidarás papá? – preguntó la niñita.
- siempre… -
Al fin, Lizzie se quedó dormida ante la atenta mirada de Edward y Bella, la muchacha sonrió satisfecha y se acomodó en el abrazo de él, entonces se armó de valor y tomó la mano de él entre las suyas, él no se negó, pero Bella no supo nada más de sí misma, por primera vez en la vida se quedó dormida con rapidez, sin pesadillas, sin recuerdos dolorosos, solo pensando en la electrizante sensación de los labios de Edward sobre los suyos.-
- no, Emmett… si es necesario esperaré hasta la próxima temporada –
Bella despertó lentamente. El sol ingresaba -como nunca- potente e inmaculado por los enormes ventanales de la habitación de Lizzie, la pequeña dormía profundamente en sus brazos, sus rizos cobrizos estaban desparramados en la almohada y su pecho subía y bajaba al compás de su suave respiración.
Bella sonrió, entonces notó que tras ella no había nadie.
Edward no estaba, pero entonces, su voz grave y aterciopelada le llegó en susurros del otro lado del pasillo.
- es mi hija, Emmett… - decía con voz seria e incrédula - ¿Alice?.... eso me preocupa aún más… -
A pesar del sol, el día estaba helado. Por lo que se levantó con cuidado de la cama, acomodó su vestido y tomó la elegante chaqueta oscura de Edward para ponérsela. Ya casi no quedaban nada de los rizos que Alice le había hecho en el cabello solo unas leves ondas que se desparramaban por su espalda.
- no estoy seguro… - Edward bufó - …¿y qué harás? –
Bella salió de la habitación en silencio y con cuidado de no despertar a Lizzie, se envolvió aun mas con la prenda de Edward y el increíble aroma de él la embargó.
La risa tonta se plantó en su rostro y abrió con cuidado la puerta de enfrente.
Era una oficina, amplia, iluminada y elegante. Perfecta, como todo lo relacionado con Edward. Él estaba de espaldas a ella, hablaba por teléfono al mismo tiempo que buscaba algo en el librero de la pared del fondo.
Edward suspiró.
- tu ganas, iré… - le vio apretarse el puente de la nariz – pero llamaré a la niñera, no confío en Alice… -
Entonces, Edward se volvió y se detuvo en seco. Bella se sonrojó con violencia, supuestamente no debería estar allí.
La mirada verde de él era penetrante, seria y mantuvo la de Bella intensamente. La chica se sintió escudriñada al instante.
- estaré allí dentro de una hora… - dijo Edward y sin una palabra más terminó la llamada – buenos días Bella -
La chica asintió sintiendo el rubor en sus mejillas y sin saber que hace con sus manos; de momento se sintió completamente intimidada. Vio a Edward buscar algo en el cajón del escritorio.
- prepararé el desayuno - anunció él sin mirarla - ¿te gusta el omelet? -
- no -
Edward rió divertido mientas guardaba algo en el bolsillo de su casaca color gris.
- eso es bueno… - sonrió de lado –…ya somos dos. –
Bella se sintió atontada. El único capaz de deslumbrarla de aquella forma era él, de pronto despertó de aquel sopor en que Edward la sometía.
- no… yo – masculló perdida – yo solo quiero darme una ducha y cambiarme de ropa –
- ésta es tu casa, Bella… - sonrió Edward –…y por ahora, la habitación de Alice está a tu completa disposición. -
Edward se adelantó para salir y eso a Bella le extrañó, ¿Realmente Edward aun pensaba que era una mal para ella?, ¿A pesar de todo lo que había dicho la noche anterior y que ella había aceptado con torpeza?.
Bella se apresuró y tomó su brazo para detenerle antes que él saliera. Edward se congeló al instante y soltó un suspiro como si estuviera esperando aquello.
Bella alzó el rostro.
- ¿somos amigos ahora? – preguntó
El padre de Elizabeth esbozó una sonrisa amarga.
- perdóname, Bella… pero sabes que nunca podré ser tu amigo –
Bella se sonrojó furiosamente y con más valor del que mostraba de costumbre musitó:
- no quiero ser tu amiga. -
- ¡eso está bien…! - aprobó Edward, con una sonrisa amplia – eso significa que estás comenzando a entrar en razón y te estás dando cuenta de lo provechoso que seria para ti alejarte de mí. -
Bella le dio una mirada exasperada.
- sabes perfectamente a lo que me refiero, Edward -
La broma y la sonrisa vacilaron al instante en el rostro de Edward y terminaron por esfumarse por completo, miró el suelo y pasó su mano por su ya de por si casualmente desordenado cabello en señal de impaciencia.
- lo sé… - susurró cansado – lo sé perfectamente.-
Bella quiso comenzar otra vez, esta vez, solo esta vez en la vida, no podía darse por vencida. Se adelantó un paso.
- Edward yo… -
- por favor, Bella… - la interrumpió Edward con rapidez - no digas más, solo… - se mordió el labio con una expresión apenada en su rostro perfecto - solo ten presente que todo lo hago por ti y por Liz, que quiero lo mejor para ustedes dos. -
Bella sostuvo su mirada.
- solo déjame hacerte una última pregunta -
Edward la observó confundido, como tratando de leer en sus ojos la inquietud, parecía no haberlo descubierto, pues después de unos segundo asintió con pesar, como si esperara lo peor.
Bella sonrió.
- ¿Por qué necesitas una niñera? –
El rostro de Edward fue un poema. Su expresión confundida pasó a una de completo aturdimiento, parecía realmente no haberse esperado eso. Soltó una risa varonil y divertida que solo logró derretir a la castaña.
- Bella… - exclamó Edward sorprendido – eres tan impredecible… -
La muchacha sonrió satisfecha, Edward explicó.
- hoy saldremos de caza con mi familia… - Bella abrió los ojos en señal de entendimiento – es casi una tradición que Carlisle inculcó en nosotros desde que éramos pequeños, nos gusta bastante el aire libre - agregó – pero no considero apropiado que Lizzie viaje con nosotros, tu comprenderás… - suspiró – Emmett insistió en que la temporada de caza terminará dentro de poco y quiere que vaya con ellos, Alice se ofreció a quedarse con Elizabeth por alguna razón no puede ir hoy, pero conozco a mi hermana y prefiero dejarla con la niñera –
Bella se apresuró…
- ¡pero yo puedo quedarme con ella! –
Edward negó con la cabeza de inmediato.
- ¡claro que no, disfruta tu fin de semana Bella ya has hecho bastante por nosotros! – sonrió – distráete, sal con tu perro… debes comenzar a hacer algo distinto –
Bella negó con la cabeza, testaruda.
- Jake se las arregla perfectamente sin mí… - sus ojos brillaron – y de verdad Edward, quiero quedarme con ella, sabes cuánto me gusta estar con ella. -
Edward bufó exasperado. "eso no está bien" musitó por lo bajo; pero la muchacha seguía mirándole con expresión anhelante.
- Bella no creo que… -
La aludida soltó una risita y se apresuró.
- ¡no digas mas…! – se acercó a él y tomó sus manos en un gesto amistoso – está decidido hoy Lizzie se quedará conmigo –
- Bella no… -
- Edward… - él se detuvo para observarle – hablas demasiado… -
…y se empinó para besarlo. Tomó el rostro de él en sus manos y los atrajo hacia ella con cuidado para unir sus labios a los de él. Fueron solo unos segundos, solo un beso rápido, porque Edward ya había tomado sus brazos y la había apartado con suavidad.
- no hagas eso… - protestó, pero no pudo borrar la sonrisa plasmada en su rostro varonil – eres total y completamente impredecible, además de idiota y testaruda. –
Bella se ruborizó bastante y no dijo nada más. Había sido demasiada osadía por una mañana. Se mordió el labio entre nerviosa y emocionada, su corazón latía a mil por hora.
- iré a cambiarme -
Tres cuartos de hora más tarde, Bella bajó la escalinata con familiaridad e ingresó a la amplia y moderna cocina, se sorprendió con creces al ver la figura pequeña y menuda de Alice Cullen de allá para acá.
- ¿Alice? – preguntó - ¿Qué haces aquí? –
La pelinegra le dirigió una sonrisa amplia.
- buenos días para ti también, Bella… - le regañó – al igual que tú, me alegro de verte-
Bella se ruborizó, pero antes de poder decir algo mas, Edward había ingresado a la cocina y aquello demandó toda su atención. Lucía tan cautivador, varonil y encantador como siempre en una tenida elegante pero informal.
Bella quedó mirándolo mayor tiempo del debido.
- me extraña que no quisieras ir con nosotros esta vez, Alice… - comentó Edward dejando un estuche de cuero oscuro largo y delgado sobre la mesa por unos segundos – Jasper te extrañará bastante –
Alice se echó a la boca un pedazo de pastel.
- lo sé… y aunque no lo reconozcas también me extrañaras, Edward –
El aludido soltó un bufido de duda, mientras Bella se acercaba con curiosidad al objeto que Edward había dejado sobre la mesa, sabía que era un arma, a pesar de que Charlie había sido policía jamás le había dejado acercarse a una.
Alargó una mano para alcanzarla, pero los dedos pálidos y varoniles de Edward detuvieron su muñeca.
- ni siquiera lo pienses – dijo con autoridad, pero con una sonrisa en sus labios – por favor no tientes tu suerte tan temprano, Bella. -
La chica no pudo evitar sonreírle y asentir. Alice se adelantó.
- tal vez podrías ir algún día de cacería con nosotros, Bella… - dijo emocionada – sería tan divertido, creo que te gustará, Edward puede enseñarte a manejar un arma. -
Antes de que Bella pudiera demostrarse completamente de acuerdo, Edward había perdido toda sonrisa y observaba a su hermana completamente serio.
- por supuesto que Bella no irá –
Tanto Bella como Alice quedaron estupefactas, aunque la primera quiso protestar y apuntar que no necesitaba el permiso de nadie, fue Alice la que habló primero, y bastante indignada.
- ¿Por qué no puede ir? –
- es muy peligroso – objetó Edward impasible - no permitiré que Bella se exponga de aquella forma –
Alice alzó una ceja incrédula.
- Rosalie y yo estamos acostumbradas, desde que éramos niñas hemos ido de cacería –
Edward soltó una sonrisa sarcástica.
- tú y Rosalie son muy diferentes a Bella -
Alice abrió la boca y le dio una mirada molesta a su hermano.
- ¿por qué tengo la impresión que debería ofenderme tu comentario? -
- ¡¿papi, te vas?! –
Lizzie había ingresado a la cocina con una enorme sonrisa y fue un alivio para Bella de alguna u otra forma; olvido la conversación de Alice y Edward y su rostro se iluminó al ver como él alzaba con cariño a su pequeña.
- volveré por la tarde, cariño – le explicó su padre, la niñita asintió - pero Bella se quedará contigo –
- ¿de verdad?- preguntó Liz emocionada - ¿estaré con Bella toda la tarde? -
Edward asintió con una sonrisa al tiempo que le entregaba la pequeña a la castaña.
- ¡y yo! – se adelantó Alice emocionada - ¡yo también pasaré la tarde contigo, enana!-
Edward se detuvo en seco mientras Bella acomodaba a la pequeña en su regazo y le dirigió una mirada seria a su hermana.
- ¿Qué quieres decir, Alice? – preguntó.
Los ojos azules de Alice brillaron de inocencia y logró esbozar una de aquellas sonrisas angelicales que doblegarían a cualquiera, pero no a su hermano.
- prometo que cuidaré con mi vida de tus adoradas señoritas -
Bella se ruborizó levemente y alzó el rostro hacia Edward para ver su expresión, él se mantenía impasible.
- ¿Qué piensas hacer con ellas? –
Alice se encogió de hombros.
- ya sabes, cosas de chicas charlar, comprar… -
Edward bufó.
- Bella no irá a Port Angeles… -
Alice le dio otra sonrisa angelical.
- de hecho, tengo todo listo para que viajemos a Seattle. -
Edward abrió la boca para protestar de inmediato.
- ¡eso es aun peor Alice…! – exclamó - ¡ni Bella ni Lizzie irán! –
Bella se sintió en la obligación de intervenir
- estaremos bien, Edward – se apresuró con una sonrisa tranquilizadora – no te preocupes por nada, disfruta con tu familia que tanto Liz como yo estaremos en perfectas condiciones… -
La pequeña asintió tiernamente, reafirmando lo dicho por Bella, sin embargo, Edward no lucía convencido y le dirigió tal mirada a Bella que la chica estuvo segura que un recordaba los eventos pasados ocurridos en Port Angeles.
- Bella, yo preferiría que… -
Alice se adelantó impaciente.
- basta Edward, es tarde – anunció – y ni Emmett ni Rosalie estarán contentos si sigues demorándote –
Bella le regaló una sonrisa transparente.
- anda Edward… - dijo con alegría – estaremos bien –
Alice alzó una ceja.
Edward suspiró derrotado y observó a su única hija.
- te veré por la tarde, mi princesa… - se agachó hasta ella y tomó el rostro sonriente de la niñita para besarla en la frente – no te separes de Bella… ¿entendido? –
Lizzie asintió con obediencia.
Entonces, Edward alzó el rostro hacia Bella y le sonrió.
- promete que te cuidarás - la chica soltó una risita divertida y sus ojos brillaron de manera especial – quiero verlas bien a ambas cuando vuelva –
Alice alzó otra ceja.
- te prometo que me cuidaré – susurró Bella en voz baja, solo para que él la escuchara.
Edward sonrió satisfecho y depositó un suave y protector beso en su frente. Bella cerró los ojos con suavidad y se apoyó en la caricia de él sintiendo como su piernas comenzaban a temblar.
Tal vez el beso en la frente se había prolongado demasiado, porque Alice carraspeó sonoramente.
- Edward…- apremió.
Su hermano la ignoró. Introdujo una mano en su bolsillo y extrajo una pequeña llave dorada.
Se la tendió a Bella con cuidado.
- es para ti… - anunció.
La chica no pudo tomarla, abrió la boca una y otra vez como sin comprender, por lo que Edward tuvo que colocar la llave en su mano, siempre con una sonrisa suficiente en el rostro.
- Edward… es tarde -
El aludido suspiró exasperado y le dio una mala mirada a su hermana, acarició los rizos cobrizos de Lizzie por última vez y salió de la cocina haciendo alarde de su porte seguro y varonil. Bella le observó salir atentamente, aun sosteniendo incrédula la llave que Edward le había entregado, con una extraña sensación de alegría en su pecho y sintiéndose cada vez más enamorada de él.
Apretó contra ella a Lizzie por instinto y besó su cabello idéntico al de Edward sin poder evitar una sonrisa tonta en el rostro.
- ¿Bella? –
Lizzie le miraba con una de esas miradas iluminadas.
- ¿Qué sucede, cariño? –
- iremos a Seattle a buscar mí vestido para la boda -
Desde el otro lado de la mesa, Bella vio a Alice sonreír de emoción.
Cuatro horas más tarde, Bella tomaba en sus brazos a la pequeña Elizabeth para bajar cuidadosamente de la avioneta. El día estaba soleado y el frío no era tan exagerado como en Forks, pero aun así, la pequeña Lizzie iba enfundada en un abrigo color rojo. Bella suspiró en busca de paciencia al ver a Alice sonreír de emoción contenida; la verdad era que aun estaba un poco conmocionada por el viaje, no había comentado nada para no lucir grosera, pero consideraba bastante ostentoso eso de los viajes rápidos en avioneta solo para ir de compras, ocuparían más tiempo en la avioneta que en el dichoso centro comercial, pero Alice parecía acostumbrada a ese tipo de rutina; la mitad del camino había conversado alegremente con el piloto, contándole – y también abrumándole – con los preparativos detallados de su boda.
Lizzie apoyó su cabellera rizada en el hombro de Bella mientras seguían a la hermana de Edward, Alice las había dirigido por el estacionamiento hacia un elegante Mercedes de color gris.
El color parecía no gustarle a la chica.
- no es mi Porsche - se quejó – pero nos moveremos con comodidad -
Bella se contuvo de comentar algo.
Era un hecho constatado el que Bella odiaba ir de compras, pero tenía que aceptar que esta vez estaba disfrutando un poco, solo un poco. No se había paseado de tienda en tienda como la última vez, ahora, Alice tenía cierto lugar especial donde tenía todos los preparativos de su boda, y aunque a Bella no le gustara mucho eso de la compras debía admitir que el solo hecho de ver a Lizzie feliz y disfrutar de los blancos y angelicales vestidos para ella la llenaba por completo.
Sin embargo, Alice se estaba tomando todo con demasiada emoción e insistía en que el vestido debía ser perfecto pues Elizabeth tendría el gran honor de escoltar a la novia al altar y no se había percatado que Lizzie se había probado decenas de vestidos y cintas y que la pequeña había comenzado a cansarse.
- ¿te gusta este, Bella? – preguntó la pequeña al salir por quinta vez del probador y señalando su amplia falda de volantes - a mí me gusta este… –
Bella abrió la boca para contestar, pero Alice se adelantó.
- no… - dijo categórica – te ves más que preciosa, enana, una verdadera muñequita, todo te queda perfecto pero no combina para nada con mi vestido ni con el de tu tía Rose -
Lizzie se mordió el labio y se frotó los ojos.
- Bella, tengo hambre - susurró
Bella volvió a abrir la boca para contestar, pero fue interrumpida por Alice otra vez que le tendía otro vestido blanco a Lizzie-
- pruébate estos tres -
Bella frunció el ceño al instante.
- No, ya fue suficiente – Alice levanto el rostro sorprendida y a pesar de que Bella se ruborizó levemente por la inusual autoridad y firmeza en su voz, sintió que hacía lo correcto – solo uno más Alice, Liz está cansada –
La hermana de Edward le observó sorprendida por unos segundos por el desplante maternal, al cabo de un rato, sonrió amplia y gloriosamente.
- ¡claro, no hay problema, tú sabes lo que le conviene a Liz! - le tendió un vestido a la pequeña – pruébate ese, enana. -
Al fin escogieron el vestido ideal – según Alice – para Lizzie; la verdad era que en opinión de Bella todo había sido capricho de Alice, era casi imposible que Elizabeth se viera mal en algún vestido, al fin y al cabo la pequeña hija de Edward había sido extremadamente favorecida por la genética y aunque usara un trapo raído sobre ella se vería igual de perfecta.
Estaban en la caja pagando el vestido – además de zapatos, carteras, guantes y un sombrero; ¡solo por si hace falta!… había dicho Alice - cuando el teléfono de Lizzie comenzó a sonar. Bella abrió los ojos desconcertada
¿Una niña de cinco años llevando un celular?
Pero olvidó toda su impresión al ver el rostro iluminado de la pequeña.
- mi papá quiere hablar contigo, Bella… -
La castaña tomó el teléfono de las manos de Elizabeth sintiendo un extraño y reconfortante temblor en sus dedos, las mariposas en su estómago habían comenzado a revolotear de emoción.
- ¿hola? –
- ¿Bella? –
Jamás se cansaría de escuchar la voz perfecta y aterciopelada de él, rió como tonta y su corazón dio un vuelco de tan solo escucharle.
- Edward… - suspiró; estaba segura, le había salido voz de idiota y se ruborizó por eso – me alegro de escucharte –
Él emitió otro suspiro y Bella le oyó reír levemente.
- no sabes cuánto me alegro yo de escucharte a ti… -
Ahí estaba, la risa tonta se había plasmado en el rostro de Bella y estuvo segura que no la abandonaría por bastante rato.
- ¿estás bien? – inquirió Edward - ¿no tienes ningún problema?... –
No pudo evitarlo, las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas de su boca.
- ahora estoy mejor que nunca -
Silencio.
Edward no contestó de inmediato.
- por favor no creas que desconfío de ti, que trato de controlarte o algo parecido… - se apresuró – pero estaba preocupado por ti y necesitaba escucharte… - agregó – recuerdo a la perfección la última vez que saliste con Alice… -
Bella esbozó una sonrisa divertida.
- estoy bien, Edward – susurró – ahora estoy con Lizzie…- observó a su pequeña niñita que sonreía ampliamente al ver a Alice probarse varios sombreros extravagantes– no me volveré loca cuando este con ella – bromeó.
Estuvo segura que Edward había sonreído.
- cuida de ella… - pidió.
Bella asintió con la cabeza, a pesar de que él no podía verle.
- con mi vida -
- …y cuídate tú Bella, por favor –
Su corazón comenzó a palpitar con más fuerza de la debida. La emoción la embargó otra vez y las mariposas en su vientre parecieron revolotear hasta su garganta.
Entonces sintió un ruido extraño del otro lado de la línea.
- ¿Qué sucede? –
- lo siento… - dijo Edward, sonaba molesto – es Emmett, el marido de Rosalie… lo estoy volviendo loco, cree que soy un exagerado porque me preocupo por ustedes y he hablado de ustedes toda la tarde –
Bella no pudo evitarlo, el sentimiento de vacío cuando estaba lejos de él era demasiado y apretó el teléfono contra ella.
- Edward, vuelve pronto… - pidió.
Él no contestó de inmediato, pasaron unos segundos en silencio y Bella estuvo segura que se debatía en su respuesta, al final, soltó un suspiro derrotado.
- no sabes cuánto deseo estar con ustedes justo ahora… las extraño, a las dos – risa tonta otra vez - …pero debo pasar por el hospital antes de volver, solo será un par de horas para ver cómo está todo y luego iré a casa –
- te estaré esperando… -
- ¡claro que no…! - rió Edward – llegaré bastante tarde, debes dormir y levantarte temprano mañana –
Bella suspiró.
- disfruta de tu tarde con tu familia, Edward; y no te preocupes por Lizzie que yo cuidaré de ella -
- no dudo que así será… -
- ¡Bella! –
La castaña se volvió, Alice la llamaba desde el segundo piso de la tienda.
- debo irme Edward… - dijo con voz apagada - tu hermana acaba de descubrir alguna nueva variedad de calzado y quiere que le acompañe –
Edward rió divertido.
- llámame ante cualquier cosa que necesites… -
Bella no pudo evitarlo, se mordió el labio y se armó de valor.
- ¿incluso si te necesito a ti? – bromeó.
Edward soltó un suspiro reprobatorio al instante.
- basta, Bella… -
La chica soltó una risita divertida, sorprendida enormemente por como Edward lograba sacar partes de su personalidad que creía escondidos en ella, pero de igual forma, se ruborizó.
- adiós Edward. –
Después de escuchar la despedida de Edward, cortó la comunicación. Subió la inmaculada escalinata con cuidado y se acercó a Alice y Elizabeth, quienes miraban los vestidos de novia; la mayor de las dos sonreía de oreja a oreja.
- ahora – anunció - veras el vestido de la dama de honor… -
Bella asintió sin mayor emoción, mientras Alice se acercaba a hablar con una de las dependientas sentó a Liz en uno de los mullidos sillones.
Dos segundos más tarde, la joven vendedora se acercó a ella, tras ella, Alice iba rebosante de alegría; la chica llevaba un precioso vestido de prueba en color claro y se lo tendió a Bella.
La castaña frunció el ceño.
- ¿Qué…? –
- pruébatelo… - apremió Alice con una sonrisa amplia y sus ojos azules más brillantes que nunca – ese es el vestido que usará la dama de honor, bueno, ahora las damas de honor… - soltó una risita de soprano - …Rosalie aun no lo sabe, pero desde este mismo momento te declaro mi segunda dama de honor, Bella –
No pudo evitarlo, Bella sintió que su boca bien podría haber caído al piso. Tal vez debía agradecerlo, abrazarle o gritar de emoción como lo hacían en las películas.
Pero a ella la idea le aterró.
- ¿Por qué? – logró decir con voz débil.
Alice sonrió.
- eres una gran amiga Bella – explicó, le dio una mirada significativa y rápida a Lizzie como si pudiera ver más allá - y estoy segura que serás parte muy importante de nosotros dentro de poco… - sonrió – seremos las mejores amigas -
Bella abrió la boca.
- Alice no… yo -
Pero la hermana de Edward se había vuelto a la dependienta.
- lo importante… - dijo con tono de extrema seriedad - es que este vestido sea azul – sonrió ampliamente y se volvió a Bella – te lo dije, Edward adora el azul en ti, y debo decirlo, a mí también me agrada como te queda –
Bella no pudo protestar ni decir nada mas, Alice ya la empujaba al probador.
Apresuró el paso y su respiración se aceleró. Su corazón golpeaba en su pecho con fuerza desmedida y el terror de apoderó de ella al instante, pero a pesar de que sentía las risas divertidas de ellos tras ella, trató por todos los medios de no demostrar pánico.
Inconscientemente, se aferró a su casaca.
- no seas así, pequeña… - dijo uno de ellos, Bella sintió como la sangre se congelaba en sus venas – no tan rápido, no te haremos nada malo – los hombres rieron con fuerza – bueno, a menos que no cooperes… –
Carcajadas, las risas se habían vueltos carcajadas.
Bella se apuró, ya casi trotaba… no quedaba demasiado para llegar a la casa; faltaba poco, ¡faltaba poco!.
- seamos amigos… - dijo otro – ¡verás que la pasaremos de maravilla! –
No podía gritar, no había nadie en la calle, tampoco podía correr, estaba segura que caería.
Entonces otro de ellos apareció delante de ella por sorpresa y Bella ahogó un gemido aterrorizado.
Este no sonreía, no bromeaba y la decisión relampagueaba en sus ojos oscuros.
- ya fue suficiente… - anunció con voz dura – me cansé de jugar al gato y al ratón… -
… y tomó sus brazos con fuerza.
- ¡No! –
Despertó violentamente. Por un momento no supo donde estaba, que hora era, ni que tiempo vivía, todo estaba oscuro y solo las luces del tablero del auto le indicaban que iban en el Porsche.
Alice la observó por el espejo retrovisor.
- ¿Bella? – susurró preocupada - ¿una pesadilla? –
La castaña asintió lentamente aunque era más que eso. Su corazón golpeaba con fuerza en su pecho aun presa del terror y la desesperación, Lizzie dormía en su pecho y por instinto la apretó contra ella.
Alice frunció el ceño.
- ¿estás bien? –
Bella no contestó. Observó por la ventana y pudo vislumbrar con claridad las calles del elegante condominio en que Edward vivía. La noche había caído y una suave llovizna caía en Forks.
- ¿Bella? –
Trató de sonreír, pero solo había logrado una mueca fingida.
- estoy bien Alice, no te preocupes –
Pero estaba segura que Alice no la había creído un ápice.
La chica detuvo el Porsche delante de la enorme casa y Bella tomó a la pequeña hija de Edward en su brazos; adormilada, Lizzie rodeó su cuello con los brazos.
- me quedaré hasta que mi hermano llegue… - dijo Alice
- no… - se apresuró Bella – anda a casa Alice debes estar cansada, Lizzie y yo estaremos bien, de verdad –
Alice no se veía del todo convencida.
Antes de que dijera algo mas, Bella había extraído la flamante llave dorada y había ingresado a la casa. Le extrañó la sensación de estar allí como si aquella casa fuese suya, no le incomodó, al contrario se sentía bien y casi familiar.
Cruzó el recibidor, se sentía cansada, pesada y con mucho sueño; pero también estaba asustada.
Aún podía escuchar la risa de los hombres en sus oídos.
Subió la escalinata hasta la habitación de Lizzie, ingresó a la penumbra y la condujo a la cama, le quitó el abrigo y los zapatos, le soltó el cabello y la besó en la frente con cuidado para acostarla bajo las frazadas. Bella ya estaba medio dormida y se sentía cansada en extremo por lo que se dirigió a la habitación de Alice para meterse bajo las frazadas solo quitándose los zapatos; a pesar de todo y que quería esperar a Edward, no pudo evitar quedarse dormida al instante.-
Edward suspiró. Cerró la puerta detrás de sí y dejó las llaves del auto en la mesilla de la entrada; eran casi las dos y toda la casa estaba en penumbras. Subió la escalinata lentamente, desordenándose el cabello, sintiéndose extremadamente cansado.
Antes que nada, se dirigió a la pieza de Lizzie, sonrió, su pequeña dormía con ganas atravesada en su cama de tamaño colosal en medio de los almohadones, se acercó a ella con cuidado y la besó en la frente tratando de no despertarla.
Solo entonces lo escuchó.
Eran sollozos, murmullos y gemidos que provenían de la habitación de enfrente.
Era Bella. Bella lloraba.
Salió con rapidez y cruzó el pasillo, abrió la puerta de la pieza de Alice con más fuerza de la debida y la vio.
Bella susurraba, lloraba adolorida y se debatía entre las sábanas…
- no… por favor… Charlie… – lloró – papá… a él no, papá ayúdame… -
Se acercó a zancadas hacia la cama y ella estiró un brazo tratando de alcanzar a alguien imaginario.
- Bella… - tomó los hombros de ella y la movió – ¡Bella despierta! –
- papá… déjenme, no, papá… ¡papá! –
- ¡Bella! –
…y ella abrió los ojos. Edward le observó aterrado, la chica tenía sus ojos castaños inundados de lágrimas y en menos de un segundo se alejó de Edward cubriéndose con la frazada, con una expresión de completo terror en el rostro.
Estaba completamente desorientada.
- tranquila… - se apresuró él en un susurro – fue un sueño, Bella… -
En medio de la penumbra la voz de Bella sonó quebrada y perdida.
- ¿Edward? – gimoteó.
- sí… - susurró – soy yo… -
Bella rompió en llanto, Edward sintió su corazón apretado al escucharle llorar con tal nivel de angustia y dolor que se acercó a ella con rapidez y la abrazó para arrullarla.
Le alegró que Bella no lo rechazara.
- tranquila – susurró – ya todo está bien, solo fue un sueño - la besó en el cabello – ya pasó-
Bella se aferró a su chaqueta con fuerza y enterró su rostro en su pecho.
- Edward, quédate conmigo… - pidió.
No hubo ni siquiera un instante de duda.
- por supuesto… - dijo él – me quedaré contigo todas las noches si es necesario –
Bella sollozó y Edward acarició su cabello tratando de calmarla. La muchacha lucía vulnerable, pequeña y frágil en sus brazos, por lo que la apretó contra sí tratando de transmitirle toda la seguridad que podía y ambos se recostaron en el lecho.
Bella escondió su rostro en el cuello de él.
- no me dejes… -
Edward la apretó aun más contra sí mismo y besó su cabello castaño con cuidado.
- no lo haré –
.
Me muero de sueño. Es tardísimo, pero siento que se los debía, primero que nada debo pedir infinitas disculpas, tardé dos semanas lo sé… pero no fue mi culpa, no estuve en la ciudad durante este tiempo, me fui a Santiago por asuntos de la universidad y volví solo ayer… casi me muero cuando vi sus reviews!... ningún capitulo anterior había tenido tantos, estaba muy contenta, de verdad, por lo que me sentí completamente en deuda con ustedes y me puse a escribir a full. Bueno, no escribo más porque quiero dormir y me queda un cerro de cosas por estudiar aun. Espero que el cap. les haya gustado… besos para todos y por supuesto, espero su reviews con ansias.
Annie :)
