Sol de mediodía

Capítulo XII: "Una visita inesperada"

Lizzie soltó un gemido de preocupación.

- ¡¿Bella se ha caído?! – repitió lo que su padre le había dicho dos segundos atrás con voz alarmada; sus ojitos verdes se habían abierto conmocionados - ¡…pero, ¿está bien?, ¿curaste sus heridas, papi?! –

Edward asintió y observó a su única hija a través del espejo retrovisor.

- tranquila, cariño… no te asustes – se apresuró con una sonrisa tranquilizadora para ella – Bella está perfectamente bien, no tienes de que preocuparte – la pequeña Lizzie soltó un suspiro de alivio y su padre no pudo evitar sonreír divertido.

- ¡tengo que ir a verla! – continuó Liz.

- claro que te llevaré –

La niñita se dejó caer en el asiento trasero del Volvo otra vez; la expresión preocupada había desaparecido de su rostro angelical y había sido reemplazada por una de ansiedad, Edward continuó – cariño… Bella solo tiene una herida pequeña en su mano – los ojitos verdes de Lizzie volvieron a abrirse – ¡…pero no es nada, Liz! – se apresuró - la ayudaremos para que se cure pronto… – le sonrió – estoy seguro que se sentirá mucho mejor cuando estés con ella, tenía muchas ganas de verte – agregó.

La sonrisa que cruzó el rostro de Elizabeth fue inmediata.

- ¡entonces voy a hacerle otro dibujo para que se sienta mejor pronto…! –

Edward sonrió con amargura, pero asintió.

Suspiró. Sostuvo el volante del auto solo con su mano derecha, mientras que deslizaba la izquierda por su cabello tratando de controlar la ansiedad.

Llovía a cántaros. El parabrisas estaba empapado a tal nivel que parecía que estuvieran tirándole agua con baldes. Observó sus costados, el verde de la carretera dominaba el paisaje, sin embargo, las primeras casitas del pueblo se observaban en la siguiente esquina.

Edward miró por el espejo retrovisor otra vez. Lizzie sacaba cuadernos y lápices de colores de su bolso con una enorme y anhelante sonrisa plantada en su rostro de muñeca. Los acomodó en su regazo con maestría y se dispuso a dibujar con ojitos brillantes.

Soltó el aire que contenía y no pudo evitar que una sonrisa se formara en su rostro al verla radiante y emocionada; a pesar de todo, no podía negar que su pequeña y adorada Elizabeth era realmente feliz junto a Bella Swan, aquella mujer desconocida, frágil y enigmáticamente encantadora era la única que lograba que los ojos verdes de su niña brillaran de aquella forma tan especial, que sonriera satisfecha y que luciera divertida; Bella hacía de Lizzie una niñita completamente feliz.

Edward se sorprendió de sí mismo, hacía unas semanas atrás aquello le producía terror, aquella cercanía entre su hija y la muchacha no era vista de buena forma ni tampoco era de su agrado, y le asustaba sobremanera el que su pequeña se aferrara tanto al cariño de una desconocida; ahora, la relación le producía una extraña satisfacción.

Las calles de Forks aun estaban cubiertas por una delgada capa de hielo mientras conducía de vuelta a la casa de Bella. Entonces su sonrisa se congeló en sus labios y aquella molestia consigo mismo volvió. Aferró con fuerza el volante y frunció el ceño, asqueado de su propio egoísmo, pues solo había pensando en una sola cosa desde que había salido de la casa de ella.

Pensaba en Bella.

No podía evitarlo y disfrutaba el recordar su aroma cautivante, su rostro acorazonado y pálido, sus sonrisas avergonzadas y encantadoras, su sonrojo y su calidez. En esos momentos, la mente de Edward era un torbellino de ideas y su corazón un manojo de sentimientos, todo ello, se había vuelto casi parte de él, y el deseo de tener a Bella cerca lo hacía sentir miserable y egoísta, porque estaba completamente consciente de que no era bueno para ella, que Bella merecía muchísimo más y una parte de él ardía en frustración y exasperación cada vez que estaba con ella, porque ella parecía no notarlo; pero la otra, la otra parte de Edward se deshacía en satisfacción cada vez que ella le demostraba su infinita confianza, porque Bella Swan le fascinaba como nadie lo había hecho y ya era demasiado tarde para negar lo inevitable.

Estaba completamente enamorado de ella.

La adoraba, la quería; Bella era la única mujer en el mundo que había logrado despertar en él cosas que jamás había sentido por ninguna, quería cuidarla, protegerla, hacerla feliz, pero el mayor de sus sentimientos era amor. Amaba a Bella y por mucho que hubiese luchado contra ello, que lo negara y que tratara de olvidarlo, le fascinaba, y deseaba lo mejor para ella, incluso, si lo mejor significara mantenerse lejos de ella, lo haría.

Pero Bella le estaba haciendo la tarea cada vez más difícil. Cada vez que buscaba alejarla de él y hacerle ver que ella merecía mucho más, terminaba cayendo en los encantos de ella.

Otra sonrisa cruzó los labios de Edward al recordarla.

No podía negar que la tenacidad y la feminidad de la chica lo desarmaba por completo, solo ella lograba plantarle una sonrisa en el rostro, girar su mundo en trescientos sesenta grados y perder todo control de sus pensamientos. Era casi escalofriante.

Sin embargo, y a pesar de todo lo que creía, Edward no se arrepentía ni por un segundo el haberle confesado que estaba enamorado de ella, aunque eso hubiese desencadenado una ola de tenacidad en Bella.

Bufó sintiéndose el ser más egoísta del planeta, porque no se arrepentía de algo que le hacía demasiado feliz.

Tenía que terminar con todo eso, y pronto. Por mucho que quisiera estar con ella, por muy feliz que se sintiera a su lado, tenía que hacerle ver a Bella cual era el camino correcto. La muchacha no entendía, ni lograba dimensionar cuan especial era en realidad; a los ojos de Edward, Bella necesitaba alguien que congeniara con ella de forma perfecta, que llenara su mundo de color y que borrara todas las tristezas y preocupaciones que cargaba de su pasado…

Frunció el ceño, porque claramente, él no era el indicado.

Jamás sería el indicado con un pasado tan sucio como el suyo, con todos los errores y frustraciones que él cargaba, ni con una pequeña niñita que insistía en tratar a Bella como su mamá cuando no lo era y le daba una carga que no merecía.

Era un hipócrita.

Era un hipócrita porque no podía negar el que también deseaba en su interior que alguna vez Bella fuera la madre de Liz, que también fantaseaba con que Bella Swan fuera su mujer y parte de su familia; pero Bella merecía mucho mas, Bella merecía la amistad de Lizzie, y merecía alguien libre de problemas a su lado, que le brindara una familia propia, niños concebidos con amor al lado aquel que ella amara.

Suspiró, Bella necesitaba alguien que le entregara un mundo nuevo, que llenara su vida de felicidad, alguien libre de todo pasado que la hiciera completamente dichosa, y aquel, no era precisamente él por mucho que lo deseara.

Bella era joven, era bonita, inteligente, encantadora, con ideas claras y sabía bien lo que quería en la vida, pero aun tenía todo un camino lleno de experiencias que debía vivir. Edward ya había pasado por demasiado. Aunque había sido afortunado, su vida estaba llena de errores, altibajos, de odios, de historias inconclusas, rebeliones, de frustraciones y secretos.

Edward había vivido en un mundo de oscuridad ahogado en su trabajo y en el que el único faro de luz era la pequeña Elizabeth, hasta que llegó ella. Bella había llegado a llenar su vida y la de su niña de formas completamente diferentes, por primera vez en la vida, se sentía feliz; pero no podía, ni iba a aprovecharse de eso y por mucho que le doliera y aunque sus deseos fueran otros tenía que hacerle ver a la muchacha que él no le convenía, porque Bella merecía mucho más en su vida y la única forma de hacerlo era ignorarla.

Pero era difícil.

- ¡listo! –

Edward alzó el rostro. Lizzie sonreía de oreja a oreja y señalaba su nuevo dibujo. Le sonrió.

- estoy seguro que a Bella le encantará, princesa –

Estacionó el Volvo en la calzada frente a la casa de la muchacha. Rodeó el auto con rapidez en medio de la lluvia y sacó a Lizzie de él para tomarla en sus brazos con cuidado. El frío polar era capaz de calar los huesos y la niñita tiritó en sus brazos por lo que la apretó contra sí mismo buscando confortarla.

Elizabeth se aferró a su cuello. Alcanzaron el pórtico de la entrada que los protegió de la lluvia, entonces Edward sonrió.

- Bella me ha pedido que te dé, esto – sacó la llave dorada del bolsillo y se la mostró. Los ojitos verdes de Lizzie se abrieron brillantes e impresionados, le sonrió – quiere que vengas a su casa cada vez que quieras –

Los ojos de Lizzie se iluminaron.

- ¡papi, ahora podré ver a Jake y a Bella cuando yo quiera! – exclamó emocionada.

Una mueca cruzó el rostro de Edward al instante.

- bueno, la idea de que veas a ese perro no me entusiasma demasiado pero… –

Lizzie le interrumpió.

- ¿la guardarás tu por mí, papá? – preguntó preocupada – ¡es que yo nunca he tenido una de esas…! -

Edward asintió. Aferró el violín de Elizabeth y abrió la puerta para que ella entrara. La niñita reprimió un gemido y no vaciló al ingresar, lo hizo con naturalidad y familiaridad como si se tratara de su propia habitación.

La entrada de la casa de Bella lucía cálida y acogedora.

- ¡Bella…! - exclamó la niñita dejando caer su bolso al suelo – ¡ya llegamos!… -

- ¡estoy aquí, cariño! –

La voz provenía de la cocina.

Edward cerró la puerta tras él y frunció el ceño.

Era extraño.

Jamás había sentido algo así. Era extraño lo que sentía, esos intensos deseos de ver el rostro de Bella, el ver a Lizzie correr con alegría al oírle y que Jake se precipitara tras la niñita para seguirla, lo hacían sentir como si estuviera en su casa, lo hacían sentir feliz.

- ¡Bella! –

Escuchó risitas y gemidos acompañados de los ladridos alegres de Jake.

- ¿estás bien? – decía Lizzie con voz rápida - ¿te caíste? ¿Dónde te duele? –

- ya no me duele nada, cielo – oyó a Bella decir con voz dulce – ahora que estás aquí, no me duele nada… -

Edward, frunció el ceño. Dejó las llaves sobre la mesilla y se dirigió hacia el lugar.

La cocina de Bella era amplia e iluminada, era obvio que las paredes habían sido pintadas de aquel amarillo con el fin de darle un poco mas de luz a la habitación, no le sorprendió, Bella siempre había dejado en manifiesto su desagrado por el poco sol en Forks.

Lo que le sorprendió era lo que ella hacía.

Cocinaba. Bella cocinaba en ese mismo momento, y lo hacía esmeradamente al parecer. Sonreía encantadoramente a Lizzie, quien sacaba frutillas de una fuente, y tenía una fuente en su mano derecha, mientras que con la otra batía con fuerza la mezcla; justo aquella mano recién accidentada.

Edward se molestó al instante.

- ¡Bella ¿Qué haces?! – exclamó dirigiéndose a ella.

Ella no le miró al hablar.

- un pastel... – explicó con voz seca – tal vez no lo termine pronto, pero estoy segura que podremos comerlo después de la cena… - su tono cambió de pronto - ¿te quedarás a cenar verdad, cielo? – le preguntó a Lizzie.

Edward bufó frustrado.

- ¡no me refiero a eso! – soltó antes que su hija pudiera hablar – deja de hacer eso Bella, vas a volver a hacerte daño – ella continuó ignorándole, y como si lo hiciera a propósito, batió con más fuerza.

Edward gruñó. Dio dos zancadas hacia adelante y tiró del cordón de la batidora y la desenchufó de la corriente eléctrica.

El ruido cesó de inmediato y Bella se volvió a él con ojos asesinos.

- ¿Qué-haces? – siseó molesta.

Edward le devolvió otra mirada indignada.

- tienes prohibido hacer eso – espetó – no sanaras apropiadamente si no te cuidas, no debes esforzar tu mano de aquella forma –

Bella bufó con sarcasmo y se volvió.

- ¡claro…! - soltó – como solo eres mi médico… - se burló.

Edward captó de inmediato la ira en la voz de la muchacha. La había ofendido.

Pero era por su bien.

- ¡claro, soy tu médico! – aceptó - ¡y no estás ayudando en nada a tu recuperación, ¿es que a caso no te duele nada?! -

Bella se encogió de hombros.

- no, tomé las pastillas que me diste para el dolor, doctor – dejó con fuerza la mezcla sobre la mesa en una clara manifestación de molestia y se volvió a la pequeña. Su expresión cambió de inmediato a una de completa dulzura. - ¡Liz…! – exclamó – cuéntame, ¿Cómo te ha ido en la escuela, pequeña? –

Se agachó con rapidez e hizo ademán de alzarla.

- ¡ni siquiera lo pienses, Bella…! - la regañó Edward.

Bella se detuvo en seco y le dirigió otra mirada molesta. A Edward no le importó. Se adelantó hacia ellas con paso firme y subió a Lizzie al parador para que estuviera a la altura de ella.

- gracias – dijo Bella secamente.

- no hay por qué -

Ahora era oficial, estaba profundamente molestos el uno con el otro.

- ¡Bella! - llamó Lizzie, tratando de captar la atención de la muchacha - ¡hice un dibujo para ti en la escuela! –

La aludida sonrió emocionada. Sus ojos brillaron al instante y la pequeña blandió el enorme dibujo frente a ella.

- mira…- anunció Lizzie – este de aquí es Jake, está ladrando, pero de felicidad, ¿lo ves? – apuntó un manchón de color café – …y esta de aquí soy yo, con el vestido que me regaló tía Alice y estos son tú y mi papá… - sonrió ampliamente – estamos todos tomados de la mano -

Bella le sonrió y se apresuró en morderse el labio. Edward se cruzó de brazos y la observó, era obvio que estaba emocionada y que trataba de contener las lágrimas.

- es… e-es precioso, cariño… - su voz tembló levemente, pero solo Edward lo notó - lo pondré en mi habitación –

Lizzie se apresuró.

- ¡espera, espera! – sacó otro dibujo más pequeño -¡este de aquí, lo hice cuando mi papi me dijo que estabas enferma…! – le mostró otro dibujo en el que se veían dos personas – ¡esta eres tú con tu mano buena otra vez, y este de aquí es mi papá que está sonriendo porque ya te curó la herida! –

Bella no pudo evitarlo, y soltó una risita transparente, Edward tampoco lo evitó y soltó otra.

- son los dibujos mas lindos que he visto, Liz… - sonrió la chica – es el mejor regalo que has podido darme – la pequeña sonrió satisfecha y sus ojitos brillaron - ¡hasta han hecho que me sienta muchísimo mejor…! – antes de que Edward pudiera hacer algo, tomó a la niñita y la bajó del aparador, la sonrisa de él se borró al instante - ¡y cómo me siento mucho mejor terminaré de batir ese pastel que estoy haciendo para ti!-

- ¡claro que no lo harás! – se adelantó Edward indignado, tomó el brazo de ella y le obligó a mirarle - ¿Qué parte de cuidarte no entendiste, Bella? –

Bella frunció el ceño. Edward también lo hizo, parecía ser que Bella era la mujer más testaruda del planeta; y eso que se había criado con Rosalie.

La muchacha se cruzó de brazos y le envió otra mirada asesina.

- ¿Quién terminará la cena entonces? –

Al instante, Lizzie soltó una sonrisa de oreja a oreja y observó con adoración a su padre. Bella también le miraba con una mirada significativa y una ceja alzada.

Edward bufó derrotado.

- bien, bien… yo lo haré. -

Bella no pudo evitarlo y soltó otra risita. Le tendió la mezcla del pastel y la golpeó contra él.

- bien – espetó – hazlo. –

Edward alzó una ceja calculadora, la muchacha estaba molesta lo sabía, ofendida, pero de igual forma ambos se sonreían.

Fue divertido. Edward no sabía demasiado de cocina, Lizzie reía al ver a su padre seguir las indicaciones de la muchacha, de vez en cuando, Bella tampoco podía evitar las risitas tontas al verle.

- ¡¿Cómo han sobrevivido?! – exclamaba incrédula mientras le ayudaba, observó a Lizzie - ¿tu padre te ha alimentado estos últimos cinco años? –

Lizzie se llevó las manos a la boca para callar su risita, Edward le dirigió una mirada impaciente.

- está casi listo… - anunció, evadiendo el tema – ve a lavarte las manos, Liz –

La niñita asintió de inmediato y salió corriendo hacia el corredor seguida de cerca por Jake.

Edward y Bella se quedaron solos al fin y la atmósfera se volvió pesada e incómoda, ninguno de los dos sabía que decir. Al fin y al cabo, se habían enviado comentarios sarcásticos durante la última media hora y unas horas más atrás se habían besado como nunca lo habían hecho.

Pero la muchacha se hacía la desentendida.

- pon las frutillas en el centro – ordenó la chica – y partidas por la mitad –

Edward soltó una sonrisa torcida al escuchar su tono autoritario.

- Bella… - ella alzó los ojos hacia los de él - ¿hay algo que quieras decirme? – preguntó, casi esperando la explosión de ella y la sarta de blasfemias contra él completamente fundamentadas. Al fin y al cabo era él quien la evadía.

Pero ella le devolvió la mirada por unos segundos con los labios apretados.

- no – soltó, Edward se sorprendió. Bella agachó el rostro y tomo una de las frutillas del aparador, la observó por unos segundos - ¿acaso hay algo que quieras decirme tú, Edward? – preguntó mordaz.

Él soltó una risa, entre amarga y sorprendida. Bella era realmente impredecible y hasta mordaz. Pensó en lo que ella había dicho, había demasiadas cosas que quería decirle, pero podía resumirlo.

- Bella, solo quiero lo mejor para ti, lo sabes ¿verdad? –

Ella se encogió de hombros.

- ya me lo has dicho varias veces – soltó.

Edward parpadeó confundió. El tono de ella era duro, pesado y amargo. Sin embargo alzó el rostro hacia él y se observaron por unos momentos.

Esta vez fue él quien no pudo evitarlo. Si es que probabas la droga una vez, la segunda era más fácil; la tercera vez ya lo hacías con facilidad.

Observó fijamente los rojos labios de ella.

- Bella… - susurró.

La respiración de ella se incrementó, abrió los labios levemente y no protestó cuando él tomó su cintura con rapidez y la atrajo hacia sí mismo buscando la boca de ella…

Sus alientos se mezclaron.

- no… –

No tuvo que decirlo dos veces. Edward se detuvo en seco y la observó. A pesar de que Bella se moría de ganas que él la besara otra vez, ella ya no permitiría ni soportaría el arrepentimiento posterior al beso.

Edward la soltó. Comprendiendo al instante.

- lo siento - susurró.

Entonces el timbre de la entrada sonó.

Bella frunció el ceño extrañada. Edward alzó el rostro en dirección al corredor con la misma expresión.

- ¿esperas a alguien? – preguntó.

- no, claro que no… - susurró Bella confundida – iré a ver… -

Salió de la cocina a paso rápido y tratando de que su respiración volviera a su ritmo normal. Escuchó a Edward seguirla, pero se quedó unos pasos tras ella, entonces, la muchacha abrió la puerta de entrada y su mandíbula cayó al suelo.

- ¿huyendo de la justicia, Bella Swan?

Los ojos de Bella se abrieron como platos, abrió la boca varias veces, pero parecía que no tenía aire para hablar.

- ¿J-Jake? – tartamudeó al fin.

El enorme muchacho esbozó una sonrisa perfecta y abrió los brazos para señalarse a sí mismo.

Bella gimió.

- p-pero, pero tú dijiste… - susurró incrédula, señaló la salita inconscientemente – me dijiste que estabas viviendo en Phoenix… que… -

- ¡claro que aun vivo en Phoenix! – exclamó el recién llegado a todo pulmón - ¡pero ahora estoy justo aquí, en Forks! –

Bella seguía con la boca abierta. Jake se echó a reír.

- ¡¿tan triste es el volver a verme?! -

Entonces, Bella sonrió.

Sonrió al fin, y Edward observó como lo hacía de forma feliz cálida y genuina, la muchacha soltó el aire que contenía y rió emocionada.

- ¡Oh, Jake! –

Y se lanzó a los brazos de él.

Edward frunció el ceño, al sentir que su pecho se oprimía.

Bella y el recién llegado reían al mismo tiempo y el muchacho levantó a Bella en vilo para apretarla con fuerza contra él.

- ¡Jacob Black, no puedo respirar! –

Edward frunció el ceño al instante y se adelantó un paso con la alarma pintada en el rostro, pero Jacob ya había dejado a la chica en el suelo otra vez; ella seguía con la boca abierta y una sonrisa plasmada en su rostro femenino.

- ¡no puedo creer que estés aquí! –

El recién llegado era muy alto, de tez morena, y ojos negros como el carbón.

Solo entonces, los pasitos rápidos de Lizzie llamaron la atención de todos. La pequeña bajaba la escalinata corriendo y sonreía observando al recién llegado, Jake, el enorme perro de Bella, corría y ladraba a su lado, inmediatamente se dirigió hacia el muchacho para olfatearlo.

A Jacob pareció no gustarle la inspección.

- ¿Qué es eso, Bells? – preguntó.

- ¡su nombre es Jake! – exclamó Lizzie.

Bella le sonrió a la pequeña y se apresuró en acercarse a ella.

- por si no lo notaste, es un perro, Jacob – respondió revoleando los ojos – y tiene tu nombre… -

El rostro del moreno se volvió un poema. Clavó sus ojos oscuros en la menuda chica y espetó ofendido.

- ¿le has puesto mi nombre a un perro? –

Bella le miró con fingido desdén.

- pues deberías sentirte alagado – le espetó.

Jake, el perro, se movía alrededor del muchacho olfateando y moviendo la cola. Solo entonces los ojos de Jacob se clavaron en la pequeña niñita que tomaba la mano de Bella y sonreía encantadoramente.

- ¿Quién…? –

Bella sonrió nerviosa, y antes de decir algo, intercambió una mirada con Edward quien se mantenía en silencio cerca del umbral de la cocina. Le sorprendió que los ojos verdes de él lucieran más oscuros de lo normal. Parecía molesto por alguna razón.

Lo ignoró y se volvió a su mejor amigo.

- Jake… - sonrió – ella es… -

Pero la pequeña se adelantó.

- soy Lizzie… – exclamó con alegría y saludó al recién llegado con un gesto de la mano - ¡Bella es casi mi mamá! – agregó.

Los ojos negros de Jacob se abrieron de par en par, al igual que los de Edward.

- basta Elizabeth –

La niñita retrocedió un paso ante la advertencia de su padre y se apretó a la falda de Bella.

Pero a Jacob Black estaba a punto de darle un ataque.

- ¡¿Qué?! -

Había pegado tal gemido incrédulo y había abierto los ojos tan desmesuradamente que parecía que le hubiesen quitado el oxigeno y que no lograba articular palabra. Bella pareció no prestarle atención, tan solo le dirigió una mirada indignada a Edward.

Entonces se volvió a la pequeña y se agachó para apretarla contra ella.

- así es Jake… - sonrió, era una de esas sonrisas resplandecientes que solo compartía con la niñita – Lizzie es mi pequeña hija

Jacob aun no respiraba. Las observó con los ojos muy abiertos, entonces se volvió y apuntó a Edward con un dedo acusador.

- ¿y quién es él?... ¡¿tu casi marido?! –

Bella y Edward se observaron por unos segundos y ninguno de los dos pudo evitarlo; a pesar de la molestia, ambos sonrieron. Eso pareció gatillar aun más la ira de Jake.

La castaña se ruborizó y se quitó el cabello del rostro, nerviosa.

- claro que no, Jake –

Jacob alzó una ceja calculadora; no le había creído un ápice. Entonces Edward se acercó a ellos al fin y se puso del otro lado de Liz, le tendió una mano al recién llegado.

- Edward Cullen – se presentó educadamente – soy el padre de Elizabeth –

Jake no parecía muy feliz de conocerle, Bella le abrió los ojos significativamente en señal de –compórtate - ; así que alargó una mano para tomar la que Edward le ofrecía.

- Jacob Black – masculló.

Bella se adelantó.

- Jake es mi mejor amigo – le explicó a Edward – de Phoenix –

Edward tampoco parecía emocionado con la introducción.

- ya veo -

Entonces un silencio incómodo los embargó, Edward y Jacob se observaban de mala forma, y Bella captó de inmediato que ninguno de los había sentido agrado por el otro; el único que parecía emocionado allí era Jake, el perro, quien movía la cola de lado a otro, feliz de conocer al recién llegado.

Rió nerviosa.

- ¡vaya…! – se apresuró tratando de romper el hielo – le gustas a Jake… -

Edward y Jacob dejaron de mirarse a muerte y el segundo acarició el perro con torpeza.

- es bueno… - comentó – ya sabes cómo me gustan los perros -

Bella asintió. Edward se adelantó.

- es tarde… - anunció con seriedad – será mejor que lleve a Lizzie a casa, así podrás ponerte al día con tu amigo… -

Bella abrió los ojos desmesuradamente y abrió la boca para protestar.

- ¡no, papi!- exclamó Lizzie - ¡quiero comer pastel! – se volvió a Bella - ¡Bella! – protestó.

Entonces fue Bella quién le observó.

- quédate Edward – pidió, sin ninguna nota de ira en la voz.

- Bella, no creo que… -

La chica sonrió levemente.

- anda, Edward… por favor

Se observaron otra vez y Edward se sintió perdido en los ojos de ella, fue casi irresistible el deseo de complacerla. Bella sostenía su mirada de aquella forma única en ella, como si solo existieran ellos dos en el universo.

La respiración de Bella se incrementó.

Pero Jacob carraspeó sonoramente.

Bella se ruborizó como tomate.

- vamos, Edward, quédate – sonrió tratando que su voz volviera a ser normal – hicimos la cena para nosotros – observó a su mejor amigo - ¿te quedarás también, Jake? -

Jacob observaba a Edward, y no quitó sus ojos negros de él cuando contestó.

- claro… claro que sí –

Bella sonrió.

- entonces sube a lavarte las manos… -

Antes de que Edward pudiera decir algo mas o negarse otra vez, Bella tomó su mano y lo guió a la cocina, él la siguió con un suspiro. Ambos se adentraron en la habitación de murallas amarillas y la muchacha hizo ademán de sacar la fuente del horno. Escuchó a Edward suspirar tras ella.

- Bella, por favor… - masculló - ¿Cuántas veces debo pedirte que no hagas esfuerzos con tu mano? –

Ella le sonrió inocente y sostuvo la fuente con su mano buena.

- unas pocas mas… -

Edward devolvió la sonrisa, aunque algo en los ojos verdes de él, le hacía ver a la chica que algo le molestaba o le frustraba sobremanera.

No le gustaba verle así. Esta vez, fue ella la que dio un paso adelante, alzó los ojos hacia él y se puso en punta de pies para alcanzarle…

Edward no se apartó, al contrario, se agachó hasta ella para facilitarle la acción.

- ¿Bella? –

La muchacha dio un respingo y se volvió demasiado rápido al escuchar la voz de Jake en el pasillo; la fuente de vidrio que sostenía vaciló en sus brazos y golpeó con fuerza su mano vendada.

El dolor del hueso y el sonido del escafoide desencajado fue tal que dejó escapar un alarido de dolor que llenó de lágrimas sus ojos.

- ¡Bella! –

Edward había sido rápido y había atrapado la fuente antes que cayera al suelo, pero la chica se aferraba la muñeca sobrepasada por el dolor que el mal movimiento le había provocado.

Jake ingresó a zancadas a la cocina al escuchar el grito.

- ¡Dios Bella ¿qué te pasó en la mano? – exigió Jake - ¿te caíste otra vez?! –

La chica solo asintió, el dolor había sido inaguantable. Edward tomó su mano con rapidez.

- te lo dije… - le regañó, Jake frunció el ceño – déjame verla… ven acá –

No necesitó que se lo dijera dos veces, se acercó a él y dejó que Edward tomara su muñeca entre sus manos heladas.

- yo puedo ayudarte con eso, Bells – se ofreció Jake, acercándose y encogiéndose de hombros – tengo bastante practica, solías caer cada cinco minutos desde que era niña… – Bella le dirigió una mirada indignada, Jake se burló de ella – tus accidentes no son nada nuevo… -

- yo voy a hacerlo – dijo Edward con voz seria.

Jake frunció el ceño antes el tono autoritario.

Lizzie ingresó corriendo y con la alarma pintada en su rostro de muñeca de porcelana.

- ¡Bella! – exclamó - ¿Qué paso? ¿Dónde te duele? – se acercó a Edward y Bella y logró entrometerse entre ella y su padre para captar la atención – escuché que te dolía -

- estoy bien, cielo – se apresuró la castaña con una sonrisa – tan solo hice un mal movimiento y la herida comenzó a doler otra vez –

- Elizabeth, trae el maletín… - pidió Edward. La niñita salió disparada a la salita.

Jacob se cruzó de brazos y se apoyó en el umbral de la cocina, tenía tal expresión de disgusto en su rostro que parecía que algo oliera a putrefacción justo debajo de su nariz. Su ceño se acentuó cuando Edward dirigió a Bella hacia una de las sillas y se sentó frente a ella aun con su muñeca entre sus manos.

Bella sonrió débilmente.

- estoy bien, Edward – susurró – no te preocupes tanto… -

Edward no contestó y a Jacob no le gustó para nada el tono de Bella, parecía que quisiera calmarle a él, cuando era ella quien estaba herida.

Lizzie apareció en menos de dos segundos y se plantó a un lado de Bella.

Jacob apretó los dientes al verles a los tres.

- ¡papi tienes que curarla! – exclamó la pequeña.

Edward quitó los vendajes de la muñeca de Bella, estaba morada. La expresión de molestia en el rostro de él fue patente y Bella se ruborizó bajo la mirada acusadora de él.

- ¿Cuántas veces te dije que te cuidaras? – masculló.

La chica se mordió el labio culpable.

- te dije que tenías que advertirme unas cuantas mas… -

Edward negó con la cabeza mientras cambiaba los vendajes.

- tomarás otra tableta para el dolor – ordenó, Bella hizo un mohín de disgusto al instante – si no, no dormirás nada esta noche –

- ¡tonterías! – interrumpió Jacob acercándose a ellos con una expresión extraña en el rostro - ¡esas cosas no dan ningún resultado, son soberanas tonterías! -

Edward le dirigió una mirada indignada al moreno y Jacob le devolvió otra de igual magnitud.

Bella se apresuró.

- Jake no cree en la ciencia – explicó rápido, Edward tenía expresión de pocos amigos – solo cree en los remedios de sus tribu, Los Quileute –

Lizzie se adelantó y le habló a Jake con voz sabionda.

- mi papi es doctor – explicó haciendo aspavientos con las manos – él cura a todas las personas… -

Jacob soltó un bufido incrédulo.

- pues no le creo un ápice a los doctores… – Bella se ruborizó y le pidió paciencia a Edward con la mirada, quien había fruncido el ceño - son todos unos aprovechados y mentirosos… - se acercó a la fuente que había sido salvada de caer y su expresión se iluminó - ¡ey, Bells, esto huele riquísimo, sigues cocinando tan bien como siempre…! –

- lo hizo Edward…. -

Él alzó el rostro y ella sostuvo su mirada con ojos brillantes.

- ¡vamos Bella Swan, no seas cobarde y déjate de gimotear que quiero comer! –

La paciencia de Edward había llegado al límite.

- Bella no está gimoteando - masculló entre dientes.

- ¡no gimoteo…! – exclamó ofendida, pero más que complacida por la defensa, le dirigió una mirada de odio a Jacob como si fuera niña pequeña y volvió a mirar al padre de Liz – estoy bien Edward, de verdad, no te preocupes ya está pasando… -

Alargó su mano buena y acarició el cabello de él.

Jacob alzó una ceja.

Edward no dijo nada, alzó el rostro y le dio una sonrisa. Bella la devolvió y se miraron el uno al otro.

Jacob abrió los ojos desmesuradamente y golpeó la alacena al comprender, los demás se sobresaltaron.

- ¡lo juro Bella! – exclamó airado, aunque la comida era una reverenda excusa - ¡ya me harté de tu lloriqueos y tus complejos de mártir, voy a comenzar a servir! –

Edward se levantó furioso. Bella lo captó de inmediato y tomó su brazo.

- ¡Edward! – pidió, su mirada volvió a su mejor amigo - ¡Jake, basta, haz lo que quieras! -

Edward le dio una mirada de colérica advertencia al recién llegado antes de volverse a la muñeca de la muchacha. A Jake parecieron no preocuparle los oscuros ojos de Edward y se paseó por la cocina dando miradas furtivas e iracundas a la pareja sentada en la mesa.

- comenzaré a servir… - advirtió con voz ronca.

Bella suspiró, pero se le escapó una risita divertida, al fin y al cabo Jacob era así, tal vez ahora parecía molesto por algo, pero ese era Jake al fin y al cabo. Vio a Edward apretar los labios para contenerse de decir algo.

- hazlo, Jake – suspiró la castaña - estás en tu casa –

Jake sonrió y se dirigió hacia la alacena.

- ¿comerá aquí el doctor? – preguntó mordaz.

Bella le dio una mala mirada.

- por supuesto – espetó. Sentía el desagrado que Edward irradiaba, aunque parecía concentrado en su trabajo.

- listo – anunció secamente después de un rato, se acercó a ella y le tendió otra tableta, la interrumpió antes de que comenzara a protestar – va a aliviar el dolor -

Lizzie se acercó a ella preocupada.

- ¿te sientes mejor, Bella? – preguntó, la mirada burlona de Jake no fue pasada por la chica.

Ella le devolvió otra de advertencia

- mucho mejor, cariño, mucho mejor -

Apenas los cuatro estuvieron sentados alrededor de la mesa redonda de la cocina, Bella deseo más que nunca estar en otro lado. No entendía el por qué Edward y Jacob se enviaban miradas tan indignadas y parecían molestos el uno con el otro sin siquiera conocerse y eso estaba a punto de volverla loca; Jake no quitaba sus ojos oscuros de Edward y los verdes de Edward le devolvían la mirada con arrogancia. Negó con la cabeza, lo único que la calmaba era la pequeña Lizzie que estaba sentada entre ella y Edward y comía con una sonrisa en los labios, tarareando y mostrando mucha más madurez que los únicos dos hombres adultos que estaban allí.

Jacob se adelantó.

- ¿Por qué no habías ido a la Push? – preguntó a la defensiva, le dio una mirada rápida y calculadora a Edward – mi padre no tenía idea de que estabas aquí. –

Bella se ruborizó.

- he estado ocupada en otras cosas –

Jacob soltó un resoplido sarcástico.

- ¡claro, cayéndote! –

Bella le dirigió otra mala mirada, pero ni siquiera alcanzó el nivel de cólera de la de Edward.

Jacob le lanzó una mirada furtiva al padre de Elizabeth.

- … y apuesto a que cada vez que algo te sucede está él ahí ¿no? –

Bella abrió los ojos desmesuradamente y sus mejillas se encendieron tres tonos más arriba.

- ¡Jake! – protestó mortificada.

Edward observó fijamente al moreno y con una de esas miradas que parecían taladrar.

- ¿Qué quieres decir? – espetó, destilando ira contenida en su voz de terciopelo.

Jake se mantuvo serio y no vaciló.

- es obvio ¿no?… - dijo con voz dura, le dio una mirada fugaz a Lizzie – sabes perfectamente lo que quiero decir… -

Edward frunció el ceño.

- no es de tu incumbencia –

- ¡pues yo creo que sí lo es! –

Bella no entendía nada, pero no veía nada bueno en el tono que estaban usando Jake y Edward.

- ¡no es el momento para decirte lo que pienso – espetó Jacob enojado – lo que noté apenas les vi! –

Era el momento de intervenir.

- Edward… - susurró Bella – por favor, sea lo que sea, Jake es solo un muchacho… -

Le sorprendió que él le hiciera caso y soltara un bufido tratando de calmarse, pero la expresión de Jacob era todo espectáculo.

- ¿Qué…? –

- tendrás tiempo de decirme lo que quieras – le dijo Edward a Jacob, Bella le vio dar una mirada hacia ella y Lizzie – pero ahora no; aunque me temo que te equivocas. –

Pero Jacob observaba a Bella.

- ¿Cómo es eso de que soy solo un muchacho? -

- Jake… –

- ¡ay! -

Tanto Edward como Bella se volvieron de inmediato hacia Lizzie. La niñita había tirado el postre sobre su regazo y había manchado su precioso vestido rojo, sus ojitos se llenaron de lágrimas culpables.

- lo siento… - susurró – yo… -

Bella se apresuró en ayudarle.

- tranquila cielo, todo está bien -

Como si fuese un augurio, el timbre sonó por segunda vez. Bella se sorprendió. ¿Qué estaba pasando con su vida solitaria?.

Edward se levantó.

- iré a ver quién es… -

Jake soltó un resoplido y murmuró algo por lo bajo, esta vez, Bella le ignoró.

- ¡Bella, Bella! –

En menos de dos segundos, Alice estaba allí a su lado, pequeña, con rostro de porcelana, linda como ninguna y exagerada como siempre.

- ¡¿Cuál es el problema contigo?! – exclamó dejando sus bolsas de compras en la silla vacía del lado de Jacob - ¡¿Por qué siempre te suceden cosas cuando no estoy allí para verlo antes de?! –

- Alice… - advirtió Edward, apareciendo detrás de ella y acercándose a Lizzie y Bella – es suficiente, no comiences, Bella ha tomado varios analgésicos y necesita descanso y tranquilidad –

Pero Alice tenía sus ojos azules fijos en el vestido de la pequeña y una expresión de horror cubrió su rostro.

- ¡Elizabeth! – exclamó indignada - ¡¿Qué le has hecho a tu vestido nuevo?! –

La pequeña dejó escapar una risita culpable y le sonrió angelical. Edward y Bella intercambiaron una mirada.

Pero fue Jake quien se adelantó.

- ¡que estupidez!… - espetó sin quitar la mirada de su tercer plato de comida - ¡¿cuál es el problema?... es una niña - continuó - los niños se ensucian cada dos segundos, cual es el problema con eso ¿Por qué el alarde?… -

Bella se temió lo peor, le sorprendió que Edward suprimiera una sonrisa.

Alice era otra cosa, se había vuelto hacia Jake con tal expresión de indignación e incredulidad que era obvio que ambos hermanos Cullen se había convertido en enemigos declarados de su mejor amigo. A los ojos de Alice, era obvio que Jake no veía la importancia de la ropa como ella la veía.

Pero se contuvo.

- ¿…y quién eres tú? - preguntó con la ceja alzada.

- Jake –

Alice soltó una risita burlona.

- ¿Cómo el perro? –

Jacob le dirigió una mirada acusadora a Bella, quien no pudo evitar sonreír.

- soy el primer Jake –

Alice decidió ignorarle, aunque estaba claro que en la primera impresión Jake no le había gustado nada. Le dio una mirada acusadora a Bella y ella le devolvió una de confusión.

- y bien… - se acercó a ella preocupada - ¿Cómo estás?... ¿Qué te hiciste?... mi padre me dijo que Edward había dejado el turno de la tarde por ti, ¡Bella, debes comenzar a cuidarte!–

Jacob soltó una sonora risotada. Todos se volvieron a él.

- veo que tus amigos de Forks no están acostumbrados a tu estilo de vivir, ¿verdad? – comentó – aun se preocupan por tu falta de equilibrio -

Bella le dio una sonrisa sarcástica.

- …y yo había olvidado cuan desagradable puedes llegar a ser Jake… -

- es un placer – sonrió el moreno.

Tanto Alice como Edward observaban al moreno de forma hastiada. La pelinegra observó a su hermano mayor.

- Edward… vengo de la casa, papá necesita que adelantes tu turno en el hospital, ya sabes… – de pronto sonrió y un brillo sabiondo inundó su mirada - dejaste el de la tarde abruptamente, tienes suerte que Carlisle sea tu jefe – agregó – pero antes llévame a casa de Rose… –

Edward no contestó. Su mirada verde se limitó a observar a Bella, luego a Jacob y luego sus ojos se posaron en ella otra vez.

- ¿estarás bien, Bella? – preguntó – ¿no necesitas que me quede contigo? -

El estómago de la chica se llenó de mariposas y olvidó toda molestia contra él. Edward se preocupaba por ella en extremo y eso la hacía feliz. Aunque a veces se preocupara demasiado.

- estaré bien, Edward – asintió con una sonrisa – te lo prometo –

Jacob revoleó los ojos.

Lizzie se precipitó hacia su padre y el la alzó al instante.

- ¿puedo quedarme con Bella hoy, papi? – exclamó - ¡yo voy a cuidarla, ¿puedo?, ¿puedo?!-

Los ojos de Bella brillaron de inmediato y se levantó del asiento para acercarse a Edward con una sonrisa.

Jacob abrió los ojos y abrió la boca para soltar otro comentario sarcástico, pero Alice le dio tal mirada de advertencia que logró enmudecerlo.

Edward negó con la cabeza.

- lo siento, cariño… - susurró y las disculpas también iban para Bella – pero mi turno terminará en la madrugada y… -

- ¡después vienes a dormir con nosotras…! – exclamó Lizzie.

Él parecía reacio, entonces Bella intervino.

- deja que se quede, Edward – susurró, y se mordió el labio – puedes venir después de tu turno -

La boca de Jake cayó al suelo. Edward sonrió de lado, y en ese momento, todos supieron que Edward no le negaría nada a ella.

- ¡bien! te espero en el auto Edward… – se apresuró Alice, le dio un beso en la mejilla a Lizzie y luego otro a Bella – me alegro de que estés bien, pero por favor cuídate, y hazle caso al médico por una vez en tu vida – Bella asintió con una sonrisa y dejó que la chica le diera otro abrazo – te veré mañana… -

Alice le hizo un gesto a Jake, quien devolvió otro con la misma cantidad de poca emoción.

- Bella… -

- ¡vamos Edward! – exclamó Alice desde la puerta de entrada – ¡Rose me matará! –

Pareció que a Edward eso no podía importarle menos; se acercó a Bella.

- ¿estás segura? – preguntó preocupado- ¿realmente estarán bien…? –

- por supuesto que sí – susurró la chica, con una sonrisa alentadora - ¿vendrás después de tu turno? – continuó ansiosa.

Jacob les miraba del otro lado jugueteando con el postre y con rostro de pocos amigos.

Edward sonrió amargamente, pero asintió.

- sabes que sí, Bella – la castaña amplió su sonrisa - no voy a dejarles pasar la noche solas aquí, intentaré volver lo más pronto posible –

La chica se mordió el labio para reprimir la emoción.

- te estaremos esperando… -

Edward sonrió de pronto y la observó. Era una de esas miradas con las que parecía querer leerle la mente

- ¿acaso ya no estás molesta conmigo? – preguntó.

Bella rió.

- ¡claro que aun estoy molesta! – le golpeó juguetonamente – aunque no demasiado –agregó - ¿tú estás molesto conmigo? –

- no – suspiró él – jamás… - le dio una mirada fugaz a Jake – al menos, no contigo –

Bella se sonrojó; y se sonrojó aun mas cuando Edward se agachó considerablemente y depositó un suave beso en su mejilla. Aspiró el aroma de él como si fuera adicta y su corazón pareció querer salir por su boca.

Pero se contuvo.

- adiós princesa… - sonrió Edward mientras se alejaba – duerme temprano –

La niñita rió y le lanzó un beso de adiós con la mano.

- buenas noches, Jacob –

Jake se encogió de hombros.

- ¿acaso son buenas? –

Edward sonrió de lado, parecía satisfecho consigo mismo y más contento de lo que había estado durante toda la velada.

.

Quince minutos más tarde Jacob, Bella y Lizzie habían retirado la mesa, solo entonces el moreno estalló, dejando con fuerza los cubiertos sobre la mesa.

- ¿Cuándo piensas explicarme qué es todo esto Bella? – demandó

Lizzie observó a Bella con los ojos muy abiertos.

- cariño… - sonrió la castaña sin inmutarse - ve a cambiarte el vestido, tu tía Alice dejó ropa para ti… - le sonrió – sube a mi habitación –

La pequeña asintió y salió disparada escaleras arriba seguida de cerca por Jake, el perro.

Bella comenzó a guardar los platos en la alacena con una mano, Jake bufó y se apresuró en ayudarle.

- ¿Qué sucedió con tu vida? – continuó Jake - ¿Quién es ese tipo? ¿Por qué está contigo? ¿Por qué su hija te cree su madre? –

Bella se detuvo, soltó un suspiro y se volvió a él.

- Jake…- susurró – ellos son lo más importante que tengo aquí en Forks –

- ¡Bella ni siquiera les conoces…! – exclamó Jake incrédulo - ¡¿Qué pasara cuando dejen de jugar a la familia contigo?! –

Bella no contestó.

- Bella, eres tan ingenua… - susurró - ¿acaso no lo ves?... ¡el tipo está enamorado de ti! –

Se ruborizó como carmín y agachó el rostro. Eso ella lo sabía perfectamente, el problema era que no la amaba tanto como ella le amaba a él.

- ¿Qué harás cuando eso se vuelva un problema para ti? – espetó el moreno - ¿terminará tu amistad con la niña? -

Bella frunció el ceño. Esa frase significaba que Jacob no se había percatado que sentía mucho más que amistad por Edward.

Jake continuó con voz amarga.

- Bells, no te imaginas como me sentí cuando huiste de Phoenix sin siquiera despedirte de mí –

Se sintió culpable, al menos, un poco.

- tal vez no me despedí de ti, porque creí que volvería – susurró

Jake se molestó.

- ¡también lo creí, pero no lo hiciste! – exclamó - ¡te espere días y días, hasta que se convirtieron en semanas!.... – Jake suspiró apenado y agachó la cabeza – Bella, solo nos teníamos el uno al otro. –

Se sintió la peor persona en el mundo y se apresuró.

- ¡aun nos tenemos Jake! – exclamó tratando de ser optimista - ¡estás a aquí, conmigo, como amigos! –

El moreno la miró a los ojos con una expresión extrañamente adolorida en el rostro y sacudió la cabeza como si quisiera quitarse ciertos pensamientos de la mente.

- ¡pero aun no lo entiendo! – soltó alejándose de ella – ¡que busca ese tipo contigo, además de lo obvio! – Bella abrió la boca para protestar pero él continuó - ¡¿acaso quiere usarte de madre para su niña?... la forma en que te mira es tan extraña, como si… como si… - bufó con impaciencia - lo pienso y lo vuelvo a pensar, pero no logro comprenderlo –

Bella revoleó los ojos.

- no te provoques a ti mismo una hemorragia cerebral, Jacob –

Ambos sonrieron y el moreno se acercó para abrazar a la muchacha. Parecía demasiado alto a su lado y ella muy menuda para alcanzarle con propiedad.

- te extrañé demasiado Bells –

Bella soltó suspiro. ¿podía decir lo mismo?. No. No podía decir lo mismo, porque no había extrañado Phoenix, no había extrañado su vida, Edward y Elizabeth habían cambiado su vida para bien y la hacían feliz.

Jake suspiró y se alejó, captando que la frase no había sido devuelta.

- será mejor que me vaya… - emitió con voz seca.

Bella se adelantó.

- Jake… -

- estaré en la Push con mi padre durante estos días… - la interrumpió sin mirarle - me iré pronto y espero que vuelvas conmigo a Phoenix – susurró – donde debes estar, donde perteneces, debes pasar las fiestas conmigo como todos los años – sonrió estiradamente - Navidad no será lo mismo sin ti –

Bella no contestó. No sabía que pensar, ni que decir.

Le vio salir de la cocina y oyó los pasitos de Lizzie bajando la escalinata unidos a los ladridos de Jake.

- ¡adiós Jake! – exclamó la pequeña con alegría.

Fue un alivio escuchar contestar con el mismo tono amistoso.

- adiós… niña -

Bella sonrió, al menos era evidente que Lizzie y Jake lograrían llevarse bien.

Las dos horas siguientes Lizzie y Bella las ocuparon mirando la televisión, comiendo el pastel de frutillas y haciendo las tareas que la pequeña tenía para la escuela. Hasta que ambas subieron y se acomodaron en la cama de Bella para dormir; prefería estar dormida antes que el dolor en su muñeca comenzara a presentarse otra vez.

- buenos noches, Bella… - susurró Lizzie acomodándose a su lado.

La beso en la frente.

- buenas noche, cielo –

Acarició los rizos castaños de Lizzie recordando el cabello de Edward, el que tanto le gustaba, pensó en Jake y solo entonces entendió el que Edward deseara tanto que ella hiciera su vida propia, que saliera que tuviera amigos y que buscara un novio. Edward deseaba una vida creada por ella y para ella, pero se equivocaba; y pensó en Jake, su eterno mejor amigo, pero que estaba demasiado ligado a su pasado por lo que el verle no solo traía alegría, sino también recuerdos dolorosos.

Se acomodó en la almohada y acarició los rizos cobrizos de Lizzie, pensando nuevamente en Edward. Aunque él se sintiera un mal elemento en su vida, era el único que le había traído felicidad casi completa.

No supo en qué momento se había quedado dormida, pero despertó adormilada cuando oyó el gruñido de Jake en el pasillo y otro susurro que le indicaba silencio. Su corazón se aceleró al ver la hora, eran recién la una de la mañana y antes de pensar en algo más la puerta de la habitación se abrió con cuidado.

- Edward… - susurró - ¿eres tú?... -

- lo siento – replicó él de vuelta, también en susurros – no quería despertarte, solo quería ver cómo estaban… -

Ella le dedicó una sonrisa e indicó un lado de la cama

- ven… -

Edward frunció el ceño al instante e hizo ademán de salir.

- vuelve a dormir Bella… -

- duerme con nosotras…-

- Bella no… -

- por favor… -

Edward parecía dubitativo, pero parecía ser que Bella había encontrado un nuevo método de persuasión infalible con él, porque el pareció flaquear.

- Bella, no creo que… -

- cállate y ven a dormir con nosotras -

Se hizo a un lado para indicarle que se tendiera con ellas. Edward se quitó la chaqueta e hizo lo que pedía. Se metió bajo las frazadas detrás del cuerpo de Bella.

Ella sonrió al escucharle soltar un suspiro cuando se acercó aun más a él.

- eres mi perdición, Bella – susurró Edward molesto – te juro que lo eres… no sabes lo que te conviene, a pesar de que trato con todas mis fuerza de hacértelo ver –

La chica soltó una risita divertida. Lizzie continuaba profundamente dormida, por lo que se volteó sobre su cuerpo y enfrentó al rostro de Edward cara a cara, divisó su rostro perfecto, el cabello de él que tanto le gustaba y sus ojos brillantes…

- y apuesto a que seguirás y intentándolo ¿no? –

Edward asintió al instante con otra sonrisa en los labios.

- por supuesto –

- buena suerte entonces –

Edward sonrió y ella se acercó a él. Fue algo inevitable que él la rodeara con los brazos.

- eres demasiado testaruda para tu propia seguridad – comentó.

Bella hundió su rostro en el pecho de él.

- gracias por el cumplido -

Edward rió. Entonces su risa se apagó y la reemplazo un tono de fingida despreocupación.

- Jacob… tú y él son… -

Bella alzó el rostro para observarle y asintió.

- somos amigos prácticamente desde niños… - sonrió con nostalgia – lo conozco como si fuese la palma de mi mano –

Los brazos de Edward se sentaron sobre su cintura y la atraparon por instinto.

- el te quiere mucho - susurró.

Bella captó la doble interpretación de sus palabras al instante.

- no de esa forma… - dijo seria

Edward bufó.

- eres muy ingenua Bella, eso es lo que tú crees… -

Ella abrió los ojos…

- ¿Qué estás tratando de…? –

- duerme Bella… - Edward se agachó un poco y besó su cabello – duerme tranquila -

No dijo nada más, sonrió apretándose aun más contra Edward y cerró los ojos. ¿Acaso Edward estaba celoso?. No. No lo creía posible, Edward no le quería de la misma forma en que ella lo hacía.

Suspiró, porque aquella perspectiva en que Edward estaba celoso, por ella, no pudo evitar hacerla sonreír.

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Hola a todos!... por fin pude actualizar, debo admitir que fue falta de inspiración total. Como que cuando decidí desconectarme de todo lo demás para centrarme en la universidad, me desconecté tanto que hasta dejé de pensar en la historia, pero ya estoy de vuelta y espero que mi musa inspiradora también. Muchas gracias a todos por leer de verdad, y no comentare nada porque este Si me salió kilométrico, el mas largo que he escrito en la historia de mi vida, asi que espero que lo disfruten. Un abrazo para cada uno de ustedes y nos estamos leyendo ;)

Espero sus comentarios! :)

Besos, Annie….