Sol de mediodía
Capítulo XIII: "mía"
Llovía.
La lluvia caía como cascada desde el cielo, pero solo en Forks era posible ver las calles repletas de gente comportándose como si de cualquier otro día se tratase. Tal vez se debía a que las fiestas se aproximaban y la gente necesitaba salir de sus casas.
- … ¿irás? –
Bella se mordió el labio, y tenía que admitir que esperaba la respuesta de Edward con un poco de temor. Edward se comportaba de forma extraña desde hacía dos días. Estaba serio, distante y lo había visto muy poco, bueno, al fin y al cabo había pasado completamente dormida los dos últimos días.
- dentro de unas horas el dolor de tu mano será casi inaguantable Bella - le había dicho Edward con expresión exasperada – entiende, lo mejor es que duermas todo el día, verás que después me lo agradecerás – agregó –…Alice vendrá a cuidarte –
Bella había abierto los ojos desmesuradamente.
- ¡¿vas a sedarme?! – le preguntó incrédula.
- ¡claro que no! – él había reído – …solo voy a darte analgésicos que alivien el dolor y seguramente te harán dormir, es distinto a "sedarte"… –
Había asentido mostrándose de acuerdo, él era el médico y sabía lo que hacía.
- entonces le diré a Jake que venga… - Edward la había mirado al instante – de esa forma estaré acompañada, sé que Alice tiene cosas que hacer… -
Su mirada verde se había oscurecido un tono.
- Alice no tiene problemas en quedarse contigo y no creo que sea buena idea que él venga… - su tono había sido serio y había evitado su mirada – tienes que descansar y las visitas no son precisamente descanso. –
Y así había sido como había pasado los dos días anteriores dormida por completo. Alice se había entretenido ordenando su closet, gimiendo de dolor con cada blusa que tomaba y quejándose por el armario tan descuidado; después de que se hubo descargado y reclamado lo suficiente la falta de gusto de Bella, su rutina había seguido organizando todos los detalles de su boda por teléfono, había montado todo un esquema de trabajo, pero Bella no supo demasiado de el. Tal y como Edward había predicho el dolor de su mano había sido bastante fuerte por lo que puso todo de su parte para quedarse dormida.
- sabes que iré – contestó él.
Ambos estaban en el auto de Edward y era el primer día que asistía a su trabajo después del accidente.
Sonrió al escucharle, satisfecha como una niña adolescente. Edward y Elizabeth se habían quedado en su casa durante esos días y era él quien la cuidaba después de que terminaba sus turnos en el hospital. Los tres dormían apretados en la cama de Bella.
Asintió y tomó la manilla de la puerta para bajar del auto, pero sintió la mano suave y fuerte sobre la de ella. Se volvió. Los ojos él la observaban fijamente.
- cuídate -
Bella soltó una risita divertida y asintió. Bajó del auto con cuidado, abrió el paraguas de color gris y se apresuró en caminar hasta la librería en medio de la lluvia. Al alcanzar la puerta de entrada se volvió. Allí estaba él. Edward la observaba desde el Volvo con una sonrisa especial en el rostro, parecía un modelo salido de una revista.
Sintió que se ruborizaba bajo su mirada y devolvió la sonrisa.
Tomó la manilla de la puerta y el sonido del motor del Volvo detrás de ella le indicó que Edward se había marchado. Abrió la puerta de cristal e ingresó.
La campanilla hizo eco.
Todo estaba decorado en rojo y verde y un enorme árbol de Navidad había sido situado en el centro de la tienda. Tenía que admitirlo, todo estaba precioso y casi se podían oler los aromas característicos de la canela y el jengibre, los típicos olores de navidad. Observó alrededor y se sorprendió por la cantidad de personas que deambulaban de allá para acá. No era normal que hubiese tanta gente en la librería, pero parecía ser que el ambiente navideño había llegado a su lugar de trabajo.
Su sonrisa vaciló.
No le agradaba la Navidad. Punto.
Mike Newton salió de una de las bodegas traseras cargando una caja pesada. Su rostro de niño pequeño se iluminó al verle y sus ojos azules brillaron bajo las luces de la tienda.
- ¡Bella! – se apresuró en dejar la caja sobre el mostrador y se acercó a ella dando zancadas con una sonrisa plasmada en su rostro - ¿Cómo estás?, ¿Cómo está tu mano?... ¿sigues…?–
- todo bien Mike – devolvió la sonrisa y alzó su mano vendada para mostrarla – nada de qué preocuparse, si tengo suerte tendré de regreso mi mano dentro de dos semanas. –
- ¡eso es genial…! - exclamó Mike – será justo para Navidad… – su expresión vaciló y se quedó callado unos momentos, parecía que quería decir algo pero no sabía si hacerlo o no, al fin se decidió – Bella… me estaba preguntando si tu… -
- ¡Bella…! -
Había momentos en los que Bella realmente llegaba a apreciar los celos de Jessica. A pesar de que Jessica Stanley no le agradaba demasiado, siempre la salvaba de situaciones incómodas con Mike como ese momento. Al oír su voz, Bella se volvió a ella. La muchacha tenía una sonrisa extraña en el rostro.
- ¡también me alegro tanto de que estés bien…! – le sonrió, Jessica se volvió a Mike – pero Mike, la Señora Clapp te espera… –
Indicó a una mujer que sostenía a una niña pequeña en la sección infantil. Mike Newton gruñó por lo bajo y murmuró algo en silencio. Frunció el ceño confundida, pero tenía que agradecer el que Mike no tuviera oportunidad de terminar su pregunta.
Jessica se volvió a Bella.
- lo siento – se disculpó – siento que no tengamos tiempo para charlar, pero… - Bella parpadeó - …necesitamos seguir trabajando, es el día libre de Angela y Alice no llegará hasta la tarde – sonrió suficiente – hoy estoy a cargo de la tienda – dijo satisfecha.
Se sintió aturdida por unos segundos pero se compuso.
- sí… claro, claro –se apresuró – dime qué quieres que haga –
Jessica sonrió.
- Alice me advirtió que no te dejara hacer demasiado, aún estas en recuperación – indicó su mano con una sonrisa estirada - pero si quieres puedes comenzar a organizar los nuevos cuentos para niños, son muy pequeños y livianos… no hay mucho esfuerzo en eso –
- claro… –
Bella se dirigió al mostrador en silencio, Jessica la siguió. Extraño, pero continuó caminando como si todo fuese normal. Abrió una de las cajas y observó las adorables portadas llenas de colores llamativos, sonrió y se preguntó si a Lizzie le gustaría alguno de esos…
- Bella… –
Alzó el rostro. Jessica le devolvía la mirada de forma extraña con los brazos cruzados sobre su pecho.
- ten cuidado –
Frunció el ceño, algo en el tono de voz y la actitud misteriosa de Jessica le molestaba.
- ¿a que te refieres? –
La muchacha bufó de forma extraña.
- a Edward Cullen –
El corazón de Bella se aceleró al instante. El solo escuchar su nombre había hecho que sus mejillas se arrebolaran, su estómago se llenara de mariposas y recordara el cabello color bronce de Edward entre sus dedos.
Pero Jessica rompió su fantasía.
- solo te cuidado, Bella, no te fíes completamente de él –
Frunció el ceño entre confundida y molesta, se incorporó a la defensiva.
- de que hablas, Jessica… –
La muchacha soltó una risa seca y se acercó un paso hacia ella.
- he visto que te has vuelto muy… cercana a él - sus ojos se oscurecieron – vi que te trajo esta mañana… - alzó las cejas significativamente – no voy a preguntarte nada ni juzgarte en nada, pero imagino que… -
Bella comprendió al instante, sus mejillas se arrebolaron. Abrió la boca y la cerró por la mortificación Jessica creía que ellos habían…
- Jessica estás equivocada, no es lo que… -
La muchacha no le prestó atención y continuó.
- Edward es un tipo extraño, Bella – afirmó – toda su familia lo es; desde que llegaron a Forks los Cullen han sido personas bastante excéntricas – parecía que algo olía a demonios bajo su nariz y Bella estuvo segura que había algo que le molestaba – …Edward Cullen fue siempre un tipo extraño en la escuela, a pesar de lo popular que era entre nosotras, era un tipo solitario y realmente aplicado a sus estudios, no se relacionaba demasiado con la gente, la mayoría de las veces solo con su círculo de confianza, su hermana Alice, James y luego Emmett, nunca nadie le ha conocido una novia – su tono disminuyó y se volvió casi chismosa – se graduó antes que todos nosotros y se fue estudiar fuera de Washington, y un día, de la nada, así como así, llegó con aquella niñita diciendo que era hija suya y los Cullen aceptaron el hecho como si nada – agregó - …y jamás se refirieron al tema… extraño – Jessica bufó. – Lo que trato de decirte Bella es que Edward y los Cullen está lleno de hechos extraños a su alrededor y jamás han dejado que alguien ajeno a su familia se relacione con ellos…- abrió los ojos – son solo ellos… –
Bella no dijo nada, pero Jessica continuó.
- Edward es un perfecto… - dijo Jessica soñadoramente y Bella sintió claramente una punzada en el estómago – es todo lo que una mujer puede pedir, pero pareciera ser que nadie ha sido lo suficientemente buena para él. Ninguna mujer lo ha sido… – una mueca de despecho cubrió su fino rostro y Bella se preguntó cuando Edward la había rechazado – por eso te digo que no pierdas el tiempo con él, Edward no sale con nadie… -
Bella parpadeó. No contestó, no sabía que decir. ¿Jessica insinuaba que era poca cosa para Edward?
- lo que quiero decir…- se apresuró la rubia al leer su expresión - es que tengas mucho cuidado, he visto que pasas mucho tiempo con él y puedes que sus intenciones contigo…-
Suficiente.
- Jessica… - la interrumpió con voz golpeada, la muchacha se quedó muda - creo que lo que yo haga con mi vida no te concierne para nada. –
Los colores subieron al rostro de Jessica. Forzó una sonrisa.
- sí… bueno, tienes razón, pero… ¡somos compañeras y quería advertirte antes de que…! –
- gracias por tu preocupación – la interrumpió.
Sin otra palabra más, Bella se volvió y le dio la espalda. Se agachó con cuidado y tomó uno de los cuentos sin prestar demasiada atención a lo que tomaba, observó por el rabillo del ojo que Jessica sonreía de lado y se dirigía a hablar con un par de mujeres que habían entrado a la tienda olvidando por completo a Bella.
Soltó un suspiro. Las palabras de Jessica habían calado en su mente mas de lo que ella había demostrado y tenían a su cabeza dando vueltas con velocidad. ¿James?... ¿sería el mismo James que desagradaba tanto a Edward? , ¿Jessica y Edward?. Soltó un gruñido involuntario. Era obvio que todas las mujeres en Forks tenían un amor casi platónico por Edward Cullen y ella misma se encontraba en la lista ahora, pero… "nadie ha sido lo suficientemente buena para él" había dicho Jessica.
Entonces su pecho se apretó. Ella era plenamente consciente que no era lo suficientemente buena para Edward. Negó con la cabeza y trató de pensar en otra cosa.
Pero no pudo.
La mañana transcurrió entre una ráfaga de pensamientos sin prestar mayor atención a los cuentos que ordenaba, a las pocas preguntas que le hacían o a las miradas súbitas que Jessica le dirigía, y mucho menos a los intentos de conversación de Mike antes de que algún cliente le llamara.
Bella pensaba en todo lo que Jessica le había dicho y se convenció de que tenía razón.
Edward estaba lleno de secretos. Eso era seguro. Pero Edward era perfecto y nadie había sido capaz de penetrar su coraza. Nadie. Nadie había llegado al corazón de Edward, nadie le conocía, por lo que agradecía que solo ella conociese aquel lado amable, protector y tierno de Edward, solo ella lo había visto, los demás no. Los demás lo creían un tipo arrogante, solitario y serio – tal y como ella lo había creído al principio – pero también entendió porque Edward se negaba a enamorarse de ella.
Ella era demasiado poca cosa para él.
Su garganta se apretó de solo pensarlo. Si imaginaba la situación desde afuera, ¡claro que tenía sentido!, Edward Cullen era inteligente, un doctor de buena posición, extremadamente bien parecido, con una hija preciosa y podía tener a la mujer que quisiera; mientras que ella – su corazón se contrajo – ella, era una chica solitaria, insegura, más simple que una nuez, llena de penas y dolores, a ratos se volvía loca y físicamente no sobresalía de entre las demás.
Le sorprendió cuanto dolía pensar en eso y dolía aun más cuando pensaba en todo lo que habían pasado con Edward, en la protección y la felicidad que solo él le brindaba.
Pero ninguna mujer era suficiente para él. Tal vez solo había existido una mujer capaz de llenar el corazón de Edward por completo, y aunque no la conocía ni jamás había oído de ella, los celos la carcomían de solo imaginarla.
Recordó lo que Jessica había dicho. –…y un día, de la nada, así como así, llegó con aquella niñita diciendo que era hija suya… –
No tenía ninguna duda de que Elizabeth era realmente la hija de Edward. Ninguna, pero la madre de Lizzie era el gran secreto que Edward guardaba.
Tal vez la única persona que sabía de ella era…
El teléfono sonó con fuerza a su lado y se sobresaltó por el susto. Había estado tan sumida en su pensamientos que no se había percatado de que la tienda había comenzado a vaciarse conforma pasaba la mañana. Alzó el rostro y vio que Jessica y Mike estaba ocupados al otro lado de la tienda por lo que lo tomó el auricular y se lo llevó al oído.
- ¿hola? –
Pasaron unos segundos.
- ¿…Bella? - la melodiosa voz de Alice sonaba sorprendida al otro lado de la línea.
El corazón de Bella se detuvo. ¿era suerte?. La chica justo llamaba cuando ella necesitaba hablar con ella. Alice se impacientó.
- ¿Bella… que haces ahí? - su voz sonaba exasperada - ¡no deberías…! -
- estoy bien Alice – se apresuró – me siento muy bien… - observó su mano vendada.
La voz de Alice continuó en reproche.
- ¿Edward sabe que…? –
- fue él quien me trajo esta mañana. -
La muchacha dejo escapar un suspiro satisfecho. Entonces su voz cambio a una llena de alegría…
- en ese caso me alegro de que todo esté bien, yo solo quería saber cómo iban las cosas en la tienda, para eso llamaba a Jessica o a Mike, para preguntar como andaba todo si había alguna novedad o algún recado para mi, pero ahora que me has contestado y ya que eres oficialmente mi otra dama de honor, aprovecho de comunicarte oficialmente que tienes que ir a… -
Alice hablaba demasiado y Bella revoleó los ojos desconectándose de lo que la muchacha decía por unos segundos.
- … el próximo lunes en Port Angels – Bella no alcanzó a escuchar a lo que se refería, pero no le dio importancia - ¿entendido? –
- claro, claro – respondió mecánica, se apresuró – Alice, realmente necesito hacerte una pregunta, pero debes prometerme que quedará solo entre nosotras dos. -
Alice no contestó de inmediato. Pasaron unos segundos sin que dijera nada y Bella se preocupó.
Hasta que soltó un gritito.
- ¡Oh Dios mío… ¿Cómo un secreto de amigas?! - preguntó.
Bella puso los ojos en blanco, pero trato de no impacientarse.
- algo así… - aceptó.
- ¡pues claro, lo que sea! – exclamó Alice emocionada.
Bella dudó un poco. Se cohibió. Ahora que estaba a punto de preguntarlo, dudó. ¿Alice tomaría a mal su curiosidad?. Dio otra mirada furtiva alrededor tienda y se alejó un poco del ruido.
- ¿Bella…? – apremió la hermana de Edward.
- Alice… yo… yo quiero saber… -
Tomó una bocanada de aire.
- Bella me estás preocupando… –
- Alice… ¿sabes quien es la madre de Lizzie? –
Silencio.
Era obvio que la respiración de Alice se había cortado. Bella contuvo la respiración hasta que la muchacha soltó un suspiro al otro lado de la línea, su voz había perdido toda la emoción anterior.
- no lo sé, Bella - contestó seria.
Abrió los ojos como platos y sintió que su pecho se hundía. Había confiado en que Alice supiera, al fin y al cabo, Edward y Alice eran hermanos y mejores amigos.
- ¿Cómo que no lo sabes? –
- es la verdad, Bella… no lo sé, ¡nadie lo sabe! Edward jamás ha hablado de la mamá de Elizabeth, jamás ha dicho su nombre y nunca nos contó que había pasado. Un día llegó de Chicago con aquella bebé de semanas en sus brazos y nos contó que era su hija, que sería él quien se la quedaría y esperaba que nosotros lo aceptáramos, lo siento mucho, Bella, pero eso es todo lo que sé... –
Bella no salía de su asombro.
- ¿estás diciéndome la verdad? –
- ¡por supuesto! – exclamó Alice ofendida - ¿Por qué habría de mentirte a ti? – la escuchó sonreír – ¡Te prometo por las servilletas perfectas de mi boda que no lo sé…! Las que por cierto ya encontré. - agregó
Bella sonrió.
- te creo Alice, no te preocupes… yo solo… -
- Bella… - la interrumpió Alice, le sorprendió que la voz de la pelinegra había vuelto a ser seria – sea lo que sea estás pensando, no dudes de Edward – el pecho de Bella se contrajo - es un tema muy delicado para él y te hablará de eso cuando esté preparado, sé que te lo contará, a pesar de que nunca lo ha hablado con nadie, él te lo contará a ti… Edward confía en ti como no confía en nadie más en el mundo. –
No pudo evitarlo y una sonrisa emocionada cruzó su rostro.
- ¿tú crees? –
Alice suspiró frustrada.
- Bella: Edward es extraño, es arrogante y bastante retraído, lo admito, pero es mi hermano y lo conozco muy bien, no te diría esto si no estuviera diciéndote la verdad; Edward te ha confiado lo más preciado que tiene en la vida porque tú te has transformado en una de las personas más importantes para él. –
Bella observó a lo lejos, Jessica sonreía con un muchacho a la entrada de la tienda. Alice continuó
- él te quiere mucho Bella… - su corazón se saltó un latido – Edward te quiere mucho más de lo que demuestra y de lo que tú misma te has dado cuenta. –
No contestó. Las mariposas en su estómago le habían quitado todo el aire del cuerpo. Alice sonrió.
- bien, ya tengo que irme, recuerda que tu turno termina a las once y media Bella, ve a casa y cuídate. Jessica y Mike se encargarán de todo lo demás. –
- gracias por todo Alice. –
Se despidieron y Bella se sintió nuevamente completa.
Parecía que las palabras de Jessica habían quedado atrás como si las hubiese dicho hacía muchos años. Edward era atento, caballero y se preocupaba por ella desde el principio; bueno, no tan al principio, al fin y al cabo la había creído una secuestradora de niños apenas se habían conocido, pero a partir de eso, Edward se había convertido en la persona que la protegía y a la que acudía cada vez que lo necesitaba.
- ¡Bells! –
Pegó un salto enorme por la sorpresa al volverse y trastabilló, pero antes de chocar contra el suelo un par de manos grandes y ásperas la atraparon. Escuchó la risita socarrona al instante.
- ¡ni siquiera has almorzado y ya quieres ir directo al hospital! -
Sonrió y se soltó de él.
- ¡cállate Jake! -
Jacob Black estaba allí, enorme, intimidante, con rostro de niño y una sonrisa resplandeciente en el rostro. Bella devolvió la sonrisa contenta.
- supe por ahí que tienes la tarde libre…. – comenzó Jake – así que la pasarás conmigo, iremos almorzar y bajaremos a La Push – golpeó su mejilla juguetonamente – necesitas un poco de sol Bells, estás tan pálida como un cadáver, además, mi padre estará feliz de verte.-
La sonrisa de Bella vaciló pero no tuvo oportunidad de contestar. Mike había llegado y se había plantado a un lado de ellos con expresión protectora. Ridículo, pensó Bella, Jacob le sacaba dos cabezas de diferencia.
- ¿todo bien, Bella? – observó a Jacob con desconfianza – ¿necesitas qué...?
- estoy bien, Mike – se apresuró fastidiada – mi turno ha terminado así que nos veremos mañana. –
Mike asintió con un gruñido mientras Bella salía de la tienda con Jake tras de ella.
Jake no disimuló la risita burlona cuando estuvieron afuera, ya no llovía.
- ¿Quién demonios era ese? – rió - ¡cuántos guardaespaldas tienes por estos lados Swan! -
Bella se ruborizó levemente y le golpeó en el brazo.
- ¡bien, bien, no diré nada! – exclamó Jacob – ahora, ¿iras a La Push conmigo? – Bella no contestó – ¡Vamos, Bells, el viejo Billy estará feliz de verte…! -
Miró el suelo. No tenía otra opción, por mucho que no deseara ir a La Push sentía que tenía que hacerlo. Además no podía decirle que no a la sonrisa esperanzada de su mejor amigo.
- está bien, vamos… -
Jake le dedicó una sonrisa enorme y la dirigió de la mano hacia el estacionamiento a un lado de la calzada, allí había un antiguo Volkswagen de color rojo.
Bella alzó una ceja.
- regalo de Billy – explicó Jake con rapidez – es un rabbit del 86' y un soborno para que me quede con él en La Push… –
- por un momento creí que habías venido en él desde Phoenix – bromeó.
Jake rió secamente.
- no sabes de lo que es capaz, tal vez nos vayamos en él… -
Bella no contestó, sus mejillas se encendieron por alguna razón. Phoenix. No había pensado en la posibilidad de volver a Phoenix con Jake.
- ¿Dónde está tu auto? – preguntó de pronto el moreno mirando la calle – podemos ir en el mío y pasaremos por él a la vuelta. –
Bella se mordió el labio.
- no he venido en mi auto… - se ruborizó – de hecho, Edward me trajo esta mañana. –
Jacob no contestó. Era obvio que se había abstenido de cualquier comentario a pesar de que su rostro se había tensado como lo piedra. Le indicó la puerta del copiloto y ambos subieron al auto. El ruido que produjo al encenderse fue tan fuerte, que Bella llegó a sobresaltarse como una tonta.
A Jake no le gustó el gesto.
- ese tipo tiene un buen auto – comentó ácidamente – lo siento, Bells, pero ya sabes que no todos podemos pagar Volvos. –
Se abstuvo de réplica.
El viaje a La Push había sido corto y entretenido. Contra todos los pronósticos que Bella había hecho, todos sus miedos se habían ido y se encontró a si misma riendo como pocas veces lo había hecho en los últimos años. Jake siempre había tratado de sacarle sonrisas cada vez que encontraba una oportunidad, pero ahora era diferente, ahora lograba hacerlo. Ahora Bella se permitía sonreír.
Y Jacob lo había notado.
- hacía mucho que no te veía tan contenta – comentó mientras detenía el auto, sonrió socarrón – al fin he venido yo a hacerte feliz –
Bella revoleó los ojos y bajó del auto.
Entonces los sentimientos la golpearon como si un camión la hubiese arrollado en medio del pavimento.
Charlie.
Todo en La Push estaba idéntico, el olor, el lugar, los árboles, todo, entonces sus temores se hicieron reales. No había querido ir a La Push porque era uno de los lugares en el mundo que más le recordaban a su padre.
- por aquí, Bells… - la llamó Jake.
Lo siguió como autómata, cada paso que daba, cada lugar que veía le recordaba a su padre. Recordó las veces en que Charlie la había llevado a La Push aunque habían sido pocas debido a su propia falta de entusiasmo. La última vez que habían ido Bella tenía diez años y Charlie no había aguantado las ganas de ir a Forks en las vacaciones.
- ¡Bella! –
Su pecho se contrajo.
Billy Black, el padre de Jacob, la observaba sorprendido desde el umbral de la puerta principal de la casa. Se sorprendió, ahora Billy iba en una silla de ruedas, solo entonces recordó a Jake comentarle del accidente; recordaba poco de Billy Black, cuando era niña lo veía como a un ser poderoso, como a uno de esos antiguos hombres amantes de su pueblo y su tribu que la historia americana siempre recordaba.
- Hola Billy… - luchó contra el ardor en la garganta.
- ¡ven acá, muchacha! – exclamó el hombre con un brillo en sus ojos oscuros, Bella se acercó – ¡mírate como estás!, eres toda una mujer Bella, la última vez que te vi aun jugabas a las muñecas con las gemelas… -
Se ruborizó.
- aun lo hace, papá…- se burló Jacob – aun le gusta jugar como niña, pero ahora su juego preferido es el de la mamá y la hija. –
Bella le dio una mala mirada. Billy no captó nada.
- pero… vamos, ven Bella, pasa, pasa… - Bella le siguió tratando de concentrarse en las palabras de Billy más que en el rostro de su padre que inundaba su recuerdos - …he preparado el almuerzo, no es demasiado ostentoso pero es digerible – decía Billy - por suerte he hecho más de lo necesario, creí que vendrían los Clearwater pero… -
- no lo harán – interrumpió Jake, comiendo una manzana – Leah acaba de llegar de la universidad para pasar el fin de semana y Seth y Sue han ido por ella –
Billy sonrió.
- eso está bien, así podemos comer todo nosotros –
Aunque se sentía como en casa, Bella no estaba teniendo un buen momento. Billy y Jake eran atentos, divertidos y cálidos. Pero todo allí le recordaba a su padre. Casi podía ver a su padre viendo la televisión en el sofá junto a Billy, riendo de alguna travesura de Jake, sacándola a pasear por la playa a ella y a los hijos de Billy, sentándola en su regazo y asegurándole que volverían a Phoenix pronto.
Billy había sido el mejor amigo de Charlie.
Sonreía, asentía y respondía a todo lo que le preguntaban. Billy era cauto y Bella agradeció que no hablara en ningún momento de Charlie, ni siquiera cuando contaba anécdotas antiguas de ellos en la casa.; hasta que Jacob se levantó de la mesa para quitar los platos sucios.
Billy le dio una sonrisa amplia y Bella la devolvió.
- no sabes cuánto me alegra que hayas venido, Bella – apretó su brazo amistosamente, su sonrisa vaciló – tienes los exactos ojos de él… – sintió como la garganta se apretaba al instante –… no estés triste nunca, pequeña, estoy seguro que si él te viera seria el padre más orgulloso del mundo. –
Bella se mordió el labio. Sintió una quemazón en los ojos.
- perdóname Billy… - dijo con voz ronca.
El padre de Jacob negó con la cabeza.
- no tengo nada que perdonarte, Bella, tu no tienes la culpa de nada –
- ¡listo! – la voz de Jake les interrumpió – ven Bella, te contaré de los arreglos que le hice al auto –
Billy soltó su mano.
- esa es una buena idea… vayan, hay un partido de beisbol que está punto de empezar - Billy le dirigió otra sonrisa amistosa mientras empujaba la silla la televisor.
El taller de Jake era grande, lleno de trastos viejos y artefactos antiguos. Al fondo del galpón, había dos motos viejas y destartaladas.
En silencio, Jake tomó unas piezas metálicas de un mesón y jugueteó con ellas.
- Bells… tenemos que hablar – anunció.
Bella sonrió.
- ¡Claro!- exclamó – pero tendrás que explicarme todo con detalles, recuerda que no sé demasiado de autos y… -
- no hablaremos de autos Bella – la interrumpió Jake – la pregunta aquí es ¿Qué estás haciendo con tu vida? –
Parpadeó confundida y sin entender.
- ¿a qué te refieres? –
Jake tomó una bocanada de aire.
- Bella, Forks no es tu lugar, jamás lo ha sido, y nunca lo será. ¿has pensado en lo que estás haciendo con tu vida? – Bella frunció el ceño – este no es tu lugar, Bells, ellos no son tu gente; tienes que volver a Phoenix conmigo y apartarte de ellos ahora que puedes. –
Bella parpadeó. De todas las cosas que se había imaginado Jake le diría, jamás pensó que se referiría a algo así.
- ¿ellos? – repitió incrédula – te refieres a… -
- sabes a lo que me refiero, a la niña y a aquel tipo –
Soltó un bufido exasperado y se apresuró.
- Jake no creo que… -
- escucha Bella – la interrumpió Jacob acercándose unos pasos – te quiero mucho y te digo esto por tu bien. Lo que sucede está mal y debes detenerlo, ahora – su voz sonaba casi enfadada - ¿te has puesto a pensar en algún momento lo que pasa aquí? – Bella miró al suelo – Bells, esa niñita es adorable y todo lo que sea, pero es demasiado cercana a ti, la forma en que te mira, la forma en que te comportas con ella, la forma en que ella te busca…-
- Lizzie es mi mejor amiga… –
Jacob estalló.
- ¡tiene cinco años, Bella! – exclamó incrédulo – sabes que no eres su mejor amiga y que te estás transformando en una especie de madre – Jacob la observó a los ojos -¡eso es, te has transformado en la madre de una niña que no es tuya! –
Bella no contestó. Sostuvo la mirada de su mejor amigo con el ceño fruncido. A lo lejos, pudo escuchar claramente el sonido del mar golpeando en las rocas a metros de la casa.
Se observaron molestos el uno al otro. Hasta que Jacob abrió la boca.
- ¿Qué pasará cuando su verdadera madre regrese por ella? – siseó.
Bella bajó sus ojos al suelo. La madre de Lizzie no volvería. Edward se lo había dicho, recordaba claramente sus palabras: "la madre de Lizzie no tiene, ni nunca tuvo ningún interés de estar con ella"
Alzó el rostro hacia Jake.
- eso no sucederá –
- él te dijo eso ¿no? – se burló Jacob, negó con la cabeza exasperado y dejó de golpe la pieza de metal sobre el mesón - ¿es que no lo ves, Bella? ¡ese tipo está embaucándote de la peor manera!... usa a su propia hija para atraer tu atención, es enfermizo y eso es lo peor de todo, que tú no te das cuenta… –
Bella parpadeó, Jake continuó.
- eres demasiado ingenua Bells, y no te das cuenta de la forma en que él te mira, en lo que ustedes tres se están transformando… - soltó un suspiro – Bella, él está enamorado de ti. –
Abrió los ojos y se ruborizó como un tomate. Por un momento las mariposas en su estomago comenzaron a revolotear y su boca se abrió, Jake se apresuró.
- tal vez no te habías dado cuenta, Bella – dijo acercándose a ella – tal vez tú lo sentías como tu amigo, pero… él no te ve como una amiga –
Las palabras de Edward se paseaban por su mente. "sabes que nunca podré ser tu amigo, Bella"
- Jake yo… -
- ¿lo entiendes ahora Bella? – dijo Jake – tienes que alejarte de ellos, estás malgastando tu vida, estas dejando tu vida de lado por vivir la de ellos – Bella se horrorizó, las palabras de Jacob estaban haciendo que un ardor se alojara en su garganta – estás desaprovechando tus años, deberías estar haciendo cosas diferentes y dejar de jugar a la casita Bella… sepárate de la niña antes que tú o ella sufran de mas. –
Entonces las palabras de Edward golpearon su mente. Solo en ese momento entendió todo lo que Edward quería para ella. Era lo mismo que le decía Jacob, pero no estaba preparada para enfrentarlo.
- Jake… tengo que… - tragó el ardor en su garganta - tengo que volver a Forks, tengo que pasar por Lizzie a la escuela –
Jacob golpeó con fuerza la mesa, furioso. Bella se sobresaltó.
- ¿ves lo que te digo? – se acercó hacia ella dando zancadas y Bella se alejó automáticamente de él - ¡ves como este tipo se aprovecha de ti! –
Sin previo aviso la tomó de los brazos y le obligó a mirarle. El corazón de Bella se aceleró por el miedo. Sus ojos castaños se abrieron más de lo normal y se sintió petrificada por el terror.
Jake lo notó al instante y la soltó de inmediato. Lucía arrepentido.
- perdón Bells – se apresuró - perdóname, lo olvidé –
Bella no dijo nada. Se frotó los brazos mortificada por sus traumas estúpidos y por hacer sentir mal a Jacob, pero nunca había permitido que la tocaran. Cada vez que alguien lo hacía recordaba aquella tarde. Solo entonces se dio cuenta. El único que podía tocarla sin que el terror la invadiera era Edward.
- llévame a Forks, Jake – pidió.
Jacob sostuvo su mirada.
- solo voy a decirte una cosa más… - sus ojos brillaron – mañana volveré a Phoenix y tú vendrás conmigo…-
- Jake… –
- no digas nada. –
Bella cerró la boca. El ardor en su garganta seguía allí.
Siguió a Jake hacia la casa y después de despedirse de Billy con un abrazo y unas pocas palabras subió al antiguo Volkswagen de Jake. Esta vez, el viaje pasó en completo silencio, lo que no ayudó a aminorar sus enormes ganas de llorar.
Mientras observaba el verde casi alienígena del paisaje, la mente de Bella era un completo caos.
Forks era su ciudad natal, pero la odiaba. No le gustaba el frío, ni el verde exagerado, ni la humedad del ambiente y mucho menos el cielo colmado de nubes.
El nudo en su garganta se intensificó al pensar que aquel había sido el lugar favorito de Charlie en el mundo, y que había estado incluso dispuesto a dejarlo por vivir en Phoenix con ella. Solo por ella.
¿Qué demonios hacia con su vida?. Apretó los ojos para no llorar, no quería pensar en Charlie, en el rechazo de Edward, en las palabras de Jacob, ni en la sonrisa de Lizzie.
Solo entonces se dio cuenta que Jake había detenido el auto frente a la casa. Lucía molesto.
- ellos no son tu familia. – masculló.
Tenía que decir algo, rápido, o su garganta la traicionaría.
- Jake siento decirte esto, pero… - tragó – nada de eso te incumbe –
Lo había dicho. Lo había tratado como a un completo extraño y había creado una línea divisoria entre ellos. Los ojos de Jake flamearon.
No se dijeron otra palabra.
Bella bajó con rapidez y antes de que pudiera siquiera pestañear Jake había desaparecido a toda velocidad calle abajo.
Tomó aire tratando de calmarse. Se dirigió hacia su antiguo Chevy estacionado frente a porche y subió a él. El ruido atronador que produjo al encenderse la asustó y no pudo evitar reírse de sí misma. Se estaba acostumbrando demasiado a ir en el auto de Edward.
Entonces observó el jardín de la casa. Los recuerdos se agolparon en su mente, recordó cuantas veces había caído en ese mismo jardín y había sido Charlie quien la había levantado una y otra vez.
Las lágrimas se agolparon en sus ojos.
Ahora se sentía al borde de un abismo y no había nadie que la levantara. Ni siquiera Jake.
Entonces escaparon de sus ojos. En menos de un segundo escuchó a alguien gimotear adolorida. Al sentirse temblar comprendió que era ella. Las lágrimas inundaron sus mejillas y se aferró al volante con fuerza tratando de controlar los sollozos que salían desde el fondo de su pecho. Sentía como si hubiese tomado corazón y lo estuviesen estrujando con fuerza.
Extrañaba a Charlie, se odiaba a si misma por no tenerlo a su lado. Odiaba hacer sufrir a Jake y el no tener nada en su vida.
Un teléfono sonó.
Fue tanta la sorpresa que su llanto disminuyó un poco. Observó a su alrededor, el sonido estaba dentro de la cabina y lo localizó, introdujo la mano en su bolsillo y extrajo un aparato pequeño y color plata.
Eso no era suyo, pero contestó quitándose las lágrimas del rostro.
- ¿Bella? –
Era la voz que necesitaba escuchar. La que reconocería incluso en un salón lleno de personas gritando, la única que traía verdadera calma a su corazón.
- Edward… -
Su voz se quebró. Ni siquiera tuvo fuerza de reclamarle por el aparato que de seguro él había puesto en su bolsillo. Las lágrimas volvieron a escapar como un torrente.
La voz de Edward se llenó de pánico al instante.
- Bella... ¿Qué sucede? – demandó - ¿Dónde estás? ¿Qué…? –
Trató de respirar y calmarse.
- estoy bien, Edward… - sollozó por lo bajo – no te preocupes… -
Edward sonó aun más preocupado y serio.
- ¿Dónde estás? –
- estoy en la casa, justo ahora iba a ir por Liz a la escuela… - se quitó las lagrimas de las mejillas.
- no hagas nada, voy para allá ahora, no te muevas de ahí, pasaré por Lizzie camino allá… -
- No… no – se apresuró - Edward escucha, estoy bien… - al fin logró que su voz sonara normal – todo está bien, no voy a volverme loca – rió.
Edward no devolvió la risa.
- ¿Por qué lloras, Bella?... ¿es tu mano…? -
Maldición. Sus ojos comenzaban a picar otra vez.
- no… - se mordió el labio – es que estaba recordando a papá… -
Edward no contestó. Se mantuvo unos segundos en silencio hasta que habló lleno de decisión.
- voy para allá ahora –
Bella rió otra vez.
- Edward, gracias… pero estoy bien, de verdad – sonó más optimista - ahora estoy mejor me alegro de que hayas llamado – se ruborizó - necesitaba escuchar tu voz…-
Le sorprendió que Edward suspirara al otro lado de la línea.
- y yo necesitaba escuchar la tuya… – Bella se mordió el labio - aunque no esperaba escucharte llorar… –
Bella soltó una risita culpable y se quitó las últimas lágrimas de los ojos.
- estoy bien Edward, ahora termina tu turno, es tu deber – bromeó - no porque tu padre sea tu jefe puedes faltar al trabajo porque sí, a este paso estás perdiendo por completo el premio al empleado del mes… –
Escuchó a Edward sonreír.
- eres única Bella… - susurró – prométeme que estás bien y que me estás diciendo la verdad –
- lo prometo –
- bien – Edward pareció convencido - estaré ahí apenas termine mi turno –
- gracias Edward –
La llamada se terminó.
Se obligó a tomar una bocanada de aire y calmarse, se quitó el resto de lágrimas de sus mejillas para que Lizzie no notara nada extraño.
Varios se dieron vuelta a mirar cual era el auto que causaba todo aquel ruido a la entrada de la escuela, pero a Bella no le importó, Lizzie la esperaba en la puerta de entrada con una de esas enormes sonrisa en su rostro de muñeca.
Diez minutos más tarde ambas alcanzaron la calzada a la casa
Y la sorpresa fue mayor.
Jacob estaba allí, apoyado en el capó de su auto y observándola con intensidad.
No supo cómo, pero el pecho de Bella se llenó. Su mejor amigo estaba allí otra vez. Bajó con rapidez de la camioneta y se lanzó a los brazos de Jake con una sonrisa plasmada en el rostro.
- ¡oh, Jake! – exclamó – perdóname, no debí decirte algo tan horrible – se sintió como una estúpida cuando le dieron ganas de llorar – eres mi amigo y… -
Jake rió y palmeó su cabeza con torpeza.
- no podía estar enojado contigo, Bells… nunca podré - la abrazo con cuidado, Bella devolvió el abrazo luchando contra sus temores – eres demasiado importante para mí, no sabes cuán importante eres - susurró, se alejó de ella unos centímetros y la obligó a mirarle – quisiera decirte tantas cosas… que entendieras tantas cosas, que entendieras que quiero lo mejor para ti… -
- aunque a veces yo no esté de acuerdo contigo – rió Bella
Jacob no devolvió la sonrisa. Inspiró
- Bella no puedo más, yo necesito… -
- ¡Hola Jake! –
Lizzie había bajado de la camioneta por sus propios medios y sonreía de oreja a oreja observando al moreno. Bella sonrió y se soltó de Jake para alzar a la pequeña en sus brazos.
Jake soltó un gruñido. Lizzie continuó ajena a la expresión de él.
- mira el libro que me ha dado, Bella – mostró el libro de cuentos que le había regalado – es de princesas, papá dice que yo soy una princesa – sonrió - ¿verdad Bella? – sus rizos broncíneos se movían alrededor de su espalda. Bella asintió. - ¿te gustan los cuentos Jake? -
- sí, un poco… - gruñó.
Bella soltó una risita y besó el cabello de la pequeña.
- vamos adentro y preparemos algo… Lizzie debe tener hambre. -
Jake dio otro gruñido y las siguió hacia la casa. Lizzie se apresuró con ojitos brillantes.
- ¡Jake, podemos leer mientras Bella prepara la comida…! -
El moreno se encogió de hombros, pero le dio una sonrisa al fin.
- claro, por qué no… -
Una hora más tarde la expresión de Jake era completamente distinta.
Los tres estaban en la sala de la casa y la atmósfera era completamente diferente.
Jake, el perro, saltaba y ladraba de felicidad alrededor de Lizzie, quien llevaba un largo vestido de princesa color rosa y una corona de papel sobre sus rizos rojizos…
Bella continuó con voz profunda…
- "y entonces el príncipe…"- leyó con una enorme sonrisa divertida en el rostro – "….llegó a rescatar a la princesa de las garras de aquel horrible dragón que la tenía presa… aquella bestia que no dejaba de gruñir y echar fuego por la boca…" - se volvió a su perro con rapidez – ¡ladra Jake, ladra! –
Dicho y hecho. Jake ladró con todas la fuerza que sus pulmones le permitieron.
- "y el príncipe apareció sosteniendo su espada en alto para salvar al gran amor de su vida…" –
Y Jacob apareció. Llevaba otra corona de papel en la cabeza y un paraguas a modo de de espada. Con una sonrisa plasmada en su rostro.
- ¡aquí estoy mi princesa…! – exclamó.
Bella se echó a reír como no lo había hecho en mucho tiempo. Tenía lagrimas de risa en la comisura de sus ojos castaños y sostenía su estomago al ver a Jake darle una mirada ofendida.
Lizzie sonreía de oreja a oreja y extendía los brazos para que Jacob la alzara.
- deja de reírte Bells – espetó Jake, ofendido y con voz bromista – continúa –
Bella trató de componerse.
- "…pero el malvado dragón" - continuó con voz de cuento – "no iba a permitir que la princesa fuese liberada y se lanzó a la lucha contra el apuesto príncipe…" – Bella miró a su perro - ¡ataca, Jake, ataca! –
Jake sonrió y movió la cola.
Lizzie y Jacob soltaron carcajadas al verle, pero entonces, Jacob se lanzó hacia Jake haciendo ademán de atacarlo, Jake, movía la cola de lado a lado disfrutando el juego y se lanzó a él devolviendo la pelea ficticia.
Bella y Lizzie reían sin parar.
- "... sin embargo el príncipe ganó la pelea y apuñaló al malvado dragón con su espada encantada…" –
Jacob empujó a Jake con fuerza y lo obligó a tenderse en la alfombra. - ¡muerto, Jake, muerto! – exclamó, pero a Jake no le gustó aquella idea y decidió que esa parte del juego no le gustaba, por lo que volvió a acercarse a Lizzie para llamar su atención.
Bella continuó.
- "y fue así como el príncipe y la princesa vivieron felices para siempre…" -
Bella sonrió y cerró el cuento de golpe.
- ¡pero este príncipe…! - exclamó Jacob con voz atronadora y divertida – ¡no tiene una, sino dos princesas…! –
Alzó a Lizzie en su brazos e hizo ademan de alzar a Bella con su brazo derecho. Elizabeth soltó una risotada.
Bella abrió los ojos entre asustada y divertida.
- ¡Jake ni siquiera lo pienses! – advirtió, pero Jake era enorme y ya las había alzado a las dos con facilidad - ¡No, Jake! -
Lizzie y Bella rieron divertidas y soltaron grititos cuando Jake las alzó aun más alto.
- ahora, las dos son mías… -
- ¡más alto Jake! – gritó Lizzie - ¡más alto! –
- ¡no, Jake! – gritó Bella golpeando su brazo - ¡basta, no! – soltó una risita - ¡bájame…! -
- Buenas tardes –
Los tres se congelaron al instante. Edward estaba allí, sorprendido y con una expresión de seriedad indescifrable en el rostro. Sus ojos lucían más oscuros de lo normal.
Bella deseo que la tierra se abriera. Dos horas atrás lloraba como magdalena, le había preocupado sobremanera y ahora él la encontraba así. Sus mejillas se encendieron.
- ¡papi, llegaste! -
Jacob soltó a Lizzie y la dejó en el suelo. La niñita corrió hacia su padre con una sonrisa emocionada plasmada en su rostro. Edward la recibió al instante, pero sin cambiar la expresión molesta de su rostro.
- Edward… - susurró Bella. Sabía perfectamente que Edward debía sentirse furioso y eso la asustó un poco – nosotros… - quitó el brazo de Jake de su cintura con rapidez y se alejó de él –…no te oímos llegar. – trató de sonreír.
Los ojos de Edward sostuvieron su mirada y Bella casi sintió que los ojos verdes de él la taladraban.
- de eso me di cuenta –
Se ruborizó como tomate. Entonces, los ladridos furiosos de Jake llenaron el ambiente y comenzó a ladrarle a Edward indignado. Jacob soltó una risita detrás suyo.
- ¡silencio, Jake! –
Jake se calló de golpe.
- ¿quieres comer…? – preguntó acercándose a él, nerviosa por alguna razón - ¿tienes hambre? – se mordió el labio – guardé algo para ti -
Edward negó con la cabeza sin mirarla.
- no - le quitó la corona de papel a Lizzie de la cabeza y la dejó en el sofá que estaba más cerca – no tengo hambre – sus ojos verdes volvieron a los suyos y Bella notó de inmediato cuán molesto estaba – creo que es mejor que vayamos a casa –
Bella abrió los ojos lista para protestar, pero Lizzie se adelantó.
- ¡No! – le reprochó a su padre con voz apenada - ¡dijiste que esta noche dormiríamos otra vez con Bella, dijiste que teníamos que cuidarla! –
Bella se ruborizó y sintió como su corazón se saltaba un latido. Jake bufó tras ella. Edward también lo captó.
- Bella tiene visitas cielo… –
- pero no hay problema, Jake es mi amigo ahora, ¡es mi príncipe! – exclamó emocionada.
Los ojos verdes de Edward se oscurecieron al ver a Jacob. El moreno se apresuró.
- es solo en sentido figurado… – soltó rápido – no creerás que… -
Edward lo ignoró.
- Bella… - sus voz aterciopelada se había vuelto aun mas dura - ¿puedo hablar contigo a solas? –
No pudo articular palabra, por lo que se limitó a asentir
Por alguna razón se atemorizó. Edward lucía molesto. Profundamente molesto. Lo vio dejar a Lizzie en el sofá y dio media vuelta para caminar con dirección a la cocina. Bella le siguió en silencio y cerró la puerta detrás de ella.
En la sala alguien había encendido la televisión. Debía ser Lizzie, el sonido de las caricaturas era evidente.
Edward se dirigió al lavaplatos y tomó un poco de agua. Solo podía ver su amplia espalda.
- Edward… - quiso comenzar.
Él se volvió y la observó. Tenía una sonrisa en los labios, pero no había rastro de alegría en sus ojos.
- veo que ya estás bien, ya no hay malos recuerdos, no hay pena, ni lagrimas – tomó un sorbo de agua - me alegro por eso – dejó el vaso sobre la encimera.
Bella entrelazó sus dedos nerviosa.
- Edward yo… -
- Bella… - la interrumpió Edward y era evidente que estaba tratando de contener la furia, se apretó el puente de la nariz – te confié mi hija, te confié Elizabeth a ti y a nadie más. – masculló.
Se mordió el labio.
- Jake solo estaba jugando con nosotras, esta mañana pensé que a Lizzie le gustarían esos cuentos, al verlos se puso tan contenta… - sonrió - ¡la hubieses visto Edward, entonces, Jake propuso…! –
Se quedó callada. Edward la taladraba con la mirada.
- ¿no confías en Jake, verdad? - susurró.
La respuesta fue inmediata.
- No –
Bella insistió.
- ¡pero Lizzie está tan contenta y Jacob es nuestro amigo! –
Edward soltó una risa amarga y deslizó las manos por su cabello.
- ya veo… - susurró – me queda claro –
Esto iba mal. Sintió el pecho apretado al sentir el enojo de él. Odiaba verle enojado.
- Edward… - se acercó a él - hoy me sentía tan mal, yo, tuve una discusión con Jacob, recordé muchísimo a mi padre y… - hizo ademán de acercarse a abrazarle, pero el retrocedió un paso.
- no Bella, basta – susurró Edward – ya hemos hablado, ya todo está dicho – la observó directo a los ojos – esto no es posible y nos está haciendo mal, a los dos. – tomó una bocanada de aire, pero continuaba serio – creo que hemos alcanzado un punto final y no podemos continuar así – sus ojos se oscurecieron – de verdad, nos está haciendo mal y ya estoy cansado de decírtelo. Se acabó. –
Fue como si Edward la hubiese abofeteado.
Entonces Bella comprendió y todo pareció unirse en su mente. Las palabras de Jessica, las palabras de Jacob. Solo entonces entendió en qué punto se encontraba. Jamás sería lo suficientemente buena para Edward.
- entiendo – susurró, dio dos pasos hacia atrás. Edward la miraba fijamente.
No sentía pena. No sentía rechazo, ni tampoco ganas de llorar. Lo que sentía era rabia. Rabia contra él. Tenía ganas de gritarle que era un estúpido engreído y un arrogante y que estaba arrepentida de haberse dejado caer en su juego.
- entiendo – repitió con voz dura.
Edward asintió.
- ya era hora – susurró.
Bella alzó el rostro al instante. Era un maldito engreído. La ira aumentó y lo fulminó con la mirada.
- ¿dejaras a Lizzie conmigo esta noche o te la llevaras? – preguntó con voz seria.
Edward soltó un bufido.
- ya no puedo separarla de ti, se quedará contigo como todas las noches y yo me quedaré con ustedes –
Bella asintió una sola vez. Le dio la espalda y volvió a la sala dando zancadas furiosas. Lizzie observaba la televisión junto a Jake, quien movía la cola en la alfombra a un lado de la niña. Jacob estaba de pie frente a la ventana observando la calle, al verla entrar se acercó a ella.
- ¿estás bien? – preguntó
- Sí… - susurró con voz fuerte, se sorprendió de que era verdad – perfecto –
Jake la miró a los ojos como buscando una señal de mentira. No la encontró.
- Bella, es tarde y tengo que irme… - la chica asintió, Jake se agachó considerablemente para besarla en la frente. Bella lo permitió, observó alrededor, Lizzie reía y Edward seguía en la cocina. Jacob continuó – estaré esperándote mañana, a las once y media en la estación… –
Bella abrió la boca para hablar.
- no digas nada ahora… - se apresuró él – te veré allí…. – la besó en la frente otra vez y se alejó de ella.
Bella no pudo decir nada, observó como Jake se agachaba y depositaba un beso en la frente de Lizzie.
- adiós niña… princesa – Lizzie rió.
- ¡adiós príncipe! – exclamó contenta.
Jacob le dio una sonrisa, golpeó la cabeza de Jake amistosamente y salió de la casa.
Al instante, Bella soltó un suspiro y se dirigió a la ventana para ver el auto de Jake perderse calle abajo por segunda vez en el día. Se abrazó a sí misma. Su cabeza era un torbellino de pensamientos.
¿Quería volver a Phoenix?
Edward entró a la sala.
- Jake se fue papi – dijo Lizzie de inmediato.
Bella se volvió. Edward solo tenía ojos para Elizabeth.
- ¿en serio? – le sonrió.
La niñita asintió.
- Bella me regaló un cuento… - le contó la pequeña, mientras Edward se sentaba a su lado y la abrazaba – este… - le mostró el pequeño libro lleno de colores – es lindo, ¿verdad? – Edward asintió - Jake y yo lo actuamos mientras Bella lo leía, fue divertido –
Bella no pudo evitar sonreír, por muy furiosa que estuviese contra Edward, no podía negar que era el padre mas adorable de todos. Sus ojos brillaban al ver a Lizzie hablar.
- me alegro de que hayas tenido un buen día, cariño – acarició su cabello - es tarde… ¿ya hiciste tu tarea? –
Lizzie abrió los ojos con expresión culpable.
Bella sonrió y se apresuró - ven Lizzie - la llamó - te ayudaré –
Edward la miró fijamente. Bella lo ignoró.
Así paso la siguiente hora. Lizzie y Bella hacían las tareas de la pequeña en la alfombra. Jake dormía a un lado de ellas y Edward leía en silencio un enorme libro de medicina con expresión concentrada.
- hora de ir a la cama, Liz – anunció Bella – despídete de papá –
Lizzie se levantó del suelo con una sonrisa y abrazó a su padre.
- buenas noche, papi – Edward la besó en la frente - te quiero –
Él sonrió.
- y yo a ti mi princesa –
Lizzie tomó la mano de Bella y ambas se dirigieron escaleras arriba cargando el bolso de la pequeña y seguidas de cerca por Jake. Apenas alcanzaron la habitación después de un baño rápido de Lizzie, la niñita se notaba cansada y sus ojitos verdes comenzaban a cerrarse por el sueño. Bella la arropó con cuidado y la depositó debajo de las sabanas.
Y su garganta volvió a apretarse.
Observó los rizos cobrizos de Lizzie y acarició su rostro precioso. Era tan parecida a Edward que casi dolía mirarla. Entonces comprendió lo que tenía que hacer, entendió que tenía que superar aquella etapa de su vida y mirar hacia el futuro. Tenía que decidir qué haría con su vida.
Edward y Jacob tenían razón, necesitaba hacer algo con ella.
Se mordió el labio y besó la frente de Elizabeth.
- pase lo que pase – susurró, el pecho de Lizzie subía y bajaba – pase lo que pase, te adoro Lizzie –
La niñita no contestó. Estaba profundamente dormida y al lado de la cama, Jake también dormía.
Inspiró preparándose para lo que tenía que hacer y bajó la escalinata lentamente.
Edward seguía donde lo había dejado. Leía concentrado y ni siquiera se inmutó cuando ella ingresó a la sala.
- ¿no irás a dormir aún? – preguntó Bella en voz baja.
Él no alzó la vista del libro que leía y dio vuelta la página.
- no – dijo - dormiré aquí –
- te congelarás… -
Edward se encogió de hombros.
- ve a dormir Bella – dijo – y no olvides tomar las tabletas –
Era ahora o nunca. Necesitaba hacerlo, necesitaba decirlo. ¡Maldito ardor en su garganta!. No podía permitirse llorar como estúpida, no ahora. Luchó contra el sollozo que quería salir.
- vuelvo a Phoenix, Edward – anunció con voz ronca – mañana por la mañana. –
Silencio.
Edward alzó el rostro.
Pudieron haber pasado años, pudo haber irrumpido una manada de elefantes en la sala, la tercera guerra mundial pudo haber estallado en ese mismo instante y a ninguno de los dos le habría importado. Los segundos de silencio se hicieron eternos y ambos mantuvieron la mirada del otro.
Hasta que Edward salió del estupor.
- ¿te vas? –
Bella asintió, no confiaba en su voz.
Fue tan rápido que Bella retrocedió asustada. Edward se había levantado del asiento, había soltado el libro de golpe y se había alzado en toda su altura.
- ¿Cómo es eso de que te vas? – repitió.
Bella tragó.
- ya te dije… - titubeó – volveré a Phoenix y… -
- ¡Confié en ti, Bella! – estalló Edward furioso, sus manos se deslizaron por su cabello, parecía que no sabía qué hacer con ellas – ¡Desde el principio temí que esto pasara!... ¡me advirtieron que esto sucedería, pero de igual forma confié en ti! – lucía dolido como si ella lo hubiese traicionado – Confié en ti Bella – exclamó - Te confié los sentimientos de mi hija y tu solo la has ilusionado, le has hecho creer que la quieres de verdad… que estarás con ella incondicionalmente y ahora te marchas… - parecía realmente afectado, comenzó a desesperarse - …y yo… yo permití que la llenaras de ilusiones… es una niñita, ella… - suspiró furioso – …permití que la engañaras frente a mis narices… yo… -
No pudo evitarlo. Los ojos de Bella se llenaron de lágrimas y dio un paso hacia adelante.
- Edward… - espetó – no sabes lo que dices, jamás haría sufrir a Lizzie, yo amo a tu hija más de lo que crees, la adoro… te prometo que vendré a verla todos los meses y ustedes pueden ir a Phoenix y… –
La fuerza de la mirada de Edward cayó sobre la suya. Dura y furiosa.
Rompió en llanto.
- Edward… - gimió – ¡no te imaginas lo que me duele hacer esto!, pero tenías razón, terminé atada a tu hija de tal forma que me duele partir ahora, no quiero dejarla a ella – lloró con fuerza – ni a ti – Edward la observó fijamente – ¡no llegas ni siquiera a comprender cuan importantes son ustedes dos para mi… ni siquiera un poco! – tomó una bocanada de aire – pero he comprendido que no tengo nada, que esto me está haciendo sufrir más de lo me he dado cuenta, que no tengo a nadie en ninguna parte del mundo, tú mismo me has dicho una y otra vez que busque mi propia vida…¡ pues no la tengo, no tengo nada más que un montón de recuerdos dolorosos!... y a Jake – agachó el rostro al instante, no quería ver sus ojos al decir eso, sollozó – Jake es mi mejor amigo y es lo único seguro que tengo en la vida. –
Sintió la mirada de Edward sobre ella, pero se negó a alzar el rostro.
- ¿te vas con él? – susurró Edward. La nota de furia en su voz era notable.
Se limitó a asentir, reprimiendo un gimoteo.
- No… no… tú no…- parecía que Edward no podía formar una frase coherente, su voz comenzó a titubear, Edward no titubeaba nunca – No lo harás… -
Levantó el rostro para verle.
- no te irás con él, no voy a permitirlo… - la voz de Edward se había vuelto ronca y sus ojos se habían oscurecido – no dejaré que te vayas… -
Dio un paso hacia ella y aferró su estrecha cintura con decisión. Fue como si todo el peso del mundo cayera sobre ella. No pudo evitarlo más y se dejó caer sobre el pecho de él, llorando, como una niñita desvalida y frágil, porque dolía demasiado, la sola perspectiva de separarse de él dolía más de lo que había imaginado…
- Edward… - sollozó, se aferró a la chaqueta de él y apretó sus puños en ella – Edward… -
Edward había enterrado su rostro en el cabello de ella y la apretaba con fuerza contra él.
- No… no puedes irte – gruñó ahogado y tomando su mentón para que le mirara, sus ojos verdes mostraban decisión – no puedes irte porque eres mía… –
Y chocó sus labios contra los de ella. Hundió su boca en la de ella reclamándola con urgencia. Sus suaves y fuertes manos se posaron en su cintura y la estrecharon aun más contra él. Nada los separaba. Le echó los brazos al cuello atrayendo su rostro hacia el de ella con aún más fuerza. El aire se volvió escaso y jadearon en busca de aire en la boca del otro. Parecía que la habitación se había prendido en llamas; sus lenguas se juntaban, peleaban, sus cuerpos se rozaban….
Bella rompió el beso.
- Edward – jadeó en busca de aire – yo… -
Él no la dejó continuar.
- perdóname, Bella… – pidió con voz suplicante, apoyó su frente sobre la de ella para luego besarla - perdóname, por favor, he sido el más completo idiota… yo… - lucía frustrado consigo mismo – me he comportado como un estúpido, he dicho cosas que no sentía en realidad… - sus manos se deslizaron por su cadera y su cintura, Bella gimió - te amo Bella - anunció, el aire se quedó atorado en su garganta – te amo y eres lo mejor que me ha pasado en toda la vida, te amo demasiado – besó la punta de su nariz - tú y Elizabeth son lo más importante que tengo en la vida… y no puedo dejarte ir – apretó sus labios contra los de ella – olvidémonos de todo… - susurró - quiero que hagamos esto funcionar…. que seamos una familia al fin. –
Bella sintió la sonrisa se formaba en sus labios, alzó el rostro, Edward le sonreía de vuelta.
- Edward – susurró con la voz quebrada – yo también te amo… -
Una sonrisa enorme cruzó el rostro perfecto de él. Besó su frente.
- y ya sabes que yo a ti –
La besó otra vez. La boca de él se posó urgente y ansiosa sobre la suya. Y no le importó, porque por primera vez en la vida, anhelaba que Edward la besara y la estrechara contra él como lo estaba haciendo. Solo él podía llevarla a un mundo donde solo había felicidad, no había penas, ni recuerdos. Era el único hombre en el mundo en que confiaba.
Edward tomó su cintura y la alzó. Bella soltó un gemido sobre la boca de él y enlazó sus piernas alrededor de su cintura. Sintió sus mejillas como carmín.
- adoro tus mejillas sonrojadas… -
Edward caminó los pasos que los separaban del sofá sin que ninguno quitara la mirada del otro. Le dio un beso corto en los labios para luego depositarla con suavidad sobre los cojines, Bella lo atrajo hacia ella. Volvieron a besarse, esta vez con mayor suavidad. Esta vez, tenían todo el tiempo del mundo. Él la besó en el rostro, en la nariz, las mejillas, los párpados, la frente, y finalmente en la boca otra vez. Bella se sentía en el séptimo cielo, enredó sus dedos en el cabello de él y devolvió los besos de Edward con más que ansias.
- prométeme… –susurró ahogada, entre beso y beso – que… no... vas… a dejarme… nunca –
Edward sonrió. Esbozó su sonrisa favorita sobre los labios de ella.
- te prometo que jamás, voy a dejarte… te prometo que voy a quererte siempre –
Una sonrisa se plantó en su rostro y recibió los labios de Edward por última vez.
Edward giró sobre sí mismo y la atrajo con él por lo que ella quedó situada sobre su cuerpo. Se sintió la mujer más feliz del mundo y no recordó algún momento de su vida tan lindo como ese. Hundió el rostro en el cuello de Edward sintiendo como él acariciaba su espalda y su cintura con delicadeza depositando besos suaves en su cabello...
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Ha pasado un tiempo demasiado largo, lo sé!... y pido perdón por eso, pero como que me vino una rush de ideas… algo tan extraño, como que me vino una súper inspiración, y créanlo o no, pero fue para peor XD porque tengo demasiada historias e ideas en mi mente, y cuando me voy a sentar a escribir esta, vienen ideas para otra historia. Tonto pero cierto. Siento que casi no puedo esperar para escribir todo lo que tengo en mi mente. Espero que me perdonen por la demora, pero también espero que me comprendan. Además, me demoro bastante editando cada cap. para que quede casi perfecto. Les agradezco a todos por la espera, por leer y espero que les haya gustado el cap.
Por cierto, perdón, por lo largo… 32 páginas de Word, literalmente el más largo que he escrito, espero que no haya sido muy tedioso, pero no tuve corazón para sacar nada. :S
Un beso para todos y nos estamos leyendo, adiós!
Annie.
PS: aun no hay actualización de "Hasta que la muerte nos separe" así que a seguir esperando.
