Sol de mediodía

Capítulo XIV: "El prado"

La sensación de paz y tranquilidad era casi infinita, dormía sobre algo suave y cálido. Su rostro estaba hundido en el cuello de Edward y yacía literalmente sobre el cuerpo de él. Sintió los brazos de Edward rodear su cintura posesivamente mientras ambos respiraban al mismo tiempo. La felicidad se alojó en la boca de su estómago al recordar la noche anterior. Sonrió con los ojos cerrados. Con cuidado e intentando con todas sus fuerzas no despertarle acarició el pecho de Edward, jugueteó con los botones de su camisa y aspiró su aroma. Su sonrisa se amplió y el corazón latió como desaforado.

Otra sonrisa tonta estiró sus labios, suspiró, y al fin abrió los ojos.

Su sonrisa se borró al instante.

Lizzie estaba allí.

La única hija de Edward estaba de brazos cruzados frente a ellos, en pijama, con los rizos desordenados enmarcando su rostro, con su muñeca favorita en sus brazos, sentada en el borde de la mesita y con una graciosa expresión ofendida en el rostro.

Bella parpadeó confundida.

- ¿Liz? –

- nos dejaron solas – acusó, sus mejillas estaban sonrojadas, hizo un puchero de enojo – y no nos invitaron a dormir con ustedes, no querían estar conmigo ni con Rosie…-

Por un momento no supo que contestar. No supo que decir. Se sonrojó. Aun yacía descaradamente sobre el cuerpo del padre de la niñita.

- claro que no, cariño… - farfulló - tan solo… -

Lizzie soltó un bufido, y aunque era por molestia, lucía adorable y graciosa y Bella tuvo que luchar contra las ganas de sonreír.

Con cuidado, apoyó la palma en el pecho de Edward e hizo ademán de incorporarse, pero el brazo de Edward apretó el agarre en su cintura automáticamente y no se lo permitió. El movimiento hizo que él despertara confundido.

- Bella… - parpadeó - ¿dónde vas?... – entonces se percató que Lizzie estaba allí; la expresión en el rostro de su hija debió haber llamado la atención porque su ceño se frunció en preocupación al instante – Elizabeth… ¿qué sucede? –

- estoy enojada – dijo la niñita sin más. Dio otro bufido.

El ceño de su padre se acentuó.

- ¿por qué? –

- ¡porque no me invitaron a dormir aquí y Rosie y yo nos sentíamos solas! –

Edward estalló en una profunda carcajada.

Bella se mordió el labio preocupada, Lizzie parecía aun más ofendida. Quiso abrir la boca para decir algo, pero Edward la atrajo hacia él otra vez y la recostó a su lado. Le hizo un gesto a su hija con el brazo y le sonrió.

- ven acá princesa – la llamó.

Lizzie no dudó. La pequeña tomó la mano que Edward le ofrecía con una sonrisa resplandeciente en el rostro y subió al sofá para tenderse juguetonamente sobre el pecho de su padre y estrecharlo a él y a Bella con sus brazos pequeñitos.

Edward acarició su cabello con la mano derecha.

- ¿ahí está mejor? – preguntó.

Lizzie asintió.

- está bien, los perdonamos… - apuntó la muñeca en sus brazos – Rosie y yo – aclaró – sus ojos se alzaron hacia los de Bella –…pero ya no quiero dormir – restregó sus ojos para quitarse el sueño – tengo hambre… –

La castaña acarició los rizos cobrizos de la niñita y sonrió.

- pero primero tienes que tomar un baño – Lizzie hizo un mohín.

Edward asintió reafirmando la idea.

- anda Liz, ve a bañarte mientras yo preparo algo para comer –

Bella y Lizzie se observaron incrédulas, Edward las observó ofendido.

- será solo un poco de cereal, todos pueden servir cereal –

- si tu lo dices – tomó a Lizzie de la mano – ¡vamos cariño! –

La pequeña tomó su mano con ganas y ambas se incorporaron para salir del sofá. Edward soltó un gruñido falso cuando ambas apretaron su pecho con fuerza juguetonamente al levantarse.

El ladrido de Jake se oyó en el segundo piso.

- ¡Bella, Jake está despierto! – exclamó con los ojitos brillantes.

- tal vez también tiene hambre… -

La niñita asintió efusivamente y se precipitó a subir las escaleras. Bella hizo ademán de seguirla, pero unos dedos largos y varoniles atraparon su muñeca.

Se volvió. Edward la observaba con un brillo especial en sus ojos y una sonrisa torcida en los labios.

- ¿acaso no me darás los buenos días? –

Sintió la sonrisa idiota en los labios.

- buenos días… - susurró sin aliento.

Edward rió. Deslizó una mano alrededor de su cintura y la atrajo hasta él y la besó. Suave, dulce y cálidamente. Sus labios se movieron con cuidado sobre los suyos, acariciando su boca. Se sintió flotar de emoción. Parecía que no había suelo a sus pies. Se sonrojó. ¿Era eso posible?.

No abrió los ojos cuando se separaron y una sonrisa se plasmó en sus labios.

- ¿esto está pasando de verdad? – preguntó.

Edward soltó una risita, sintió sus dedos sobre sus mejillas coloradas.

- ¿necesitas que te lo compruebe otra vez? –

Asintió mordiéndose el labio.

Él sonrió, esbozó aquella sonrisa suya que lograba quitar el aliento y agachó su rostro considerablemente hacia el de ella. Apretó sus fríos labios contra los suyos con suavidad. Sus respiraciones se acompasaron.

- te quiero Bella –

Alzó el rostro buscando los labios de Edward con mas ansias…

- ¡Bella, creo que Jake tiene hambre! – la voz de Lizzie los trajo a la realidad - estoy lista… ¿me ayudarás? -

Se observaron a los ojos. Ambos con el mismo pensamiento en la mente.

- ¿se lo diremos a Liz? – susurró ella.

Edward se mantuvo sereno.

- ¿qué crees tú? –

- creo que es mejor esperar… – la expresión de él no cambio – creo que es mejor esperar un poco, todo ha sido demasiado pronto y ella es tan pequeña… - se mordió el labio, jugando con los botones de la camisa de él – pienso que es mejor esperar un poco y ver como se dan las cosas. –

Edward no contestó de inmediato y ella esperó con la respiración entrecortada. Tal vez le había molestado. Tal vez él quería…

- como tu digas - se ruborizó como carmín al oírle – confío en lo que te parezca mejor. -

Le sonrió.

- Bella… – cantó Lizzie.

- ¡ya voy cielo! – volvió su mirada a Edward – tengo que ir a ayudar a Liz… -

Él asintió y la besó otra vez. El calor subió a sus mejillas al instante. Se sintió como una idiota y casi embriagada por el aroma de Edward, por sus ojos cautivadores y por su mirada especial…

Tropezó en el primer escalón. El rubor se incrementó cuando vio a Edward sonreír.

Casi una hora más tarde los tres estaban sentados alrededor de la mesa de la cocina.

- ¿iras a trabajar hoy papi? – preguntó Lizzie tomando de su jugo de naranja

- no, cariño – contestó él - no tengo turno hasta mañana –

Bella le miró.

- ¿y qué harás hoy? –

Edward le devolvió la mirada y esbozó una sonrisa torcida.

- dímelo tú… -

Se ruborizó como carmín y tuvo que evadir el poder de su mirada. Se sintió como una reverenda idiota. ¡No podía ser posible que su corazón latiera así!, ¿sería saludable?.

El timbre de la entrada sonó.

Edward frunció el ceño.

- es bastante temprano para recibir visitas ¿no?… -

Lizzie se había precipitado a la ventana que daba a la calle.

- lo extraño es que yo reciba visitas – corrigió Bella.

Vio a Edward negar con la cabeza divertido.

- ¡es la tía Alice! – exclamó Lizzie, corrió hacia la puerta de entrada seguida de cerca Jake.

- ¿Alice? – se extrañó.

La voz musical de Alice se escuchó en la entrada. Sonreía y le hablaba a su sobrina, al alcanzar el umbral de la cocina se quitó las enormes gafas de sol que usaba y sus ojos azules se clavaron en su hermano. La cocina parecía iluminarse con su belleza.

- ¡Edward…! - saludó con una sonrisa juguetona para su hermano – se te está haciendo costumbre esto de pasar en la casa de Bella – alzó una ceja.

La castaña agachó el rostro mortificada. Sabía que se había ruborizado y que sus ojos la delatarían, no por nada era la peor actriz del mundo. Escuchó la risita musical de la pelinegra.

- buenos días para ti también Alice – dijo Edward inmutable.

Su hermana le besó en la mejilla.

- ¡bueno!... me alegro de que ambas estén listas… - observó a Bella y a Lizzie y apremió con un gesto – vamos, al auto, hay un largo día por delante y tenemos mucho que hacer…–

Se asustó.

- ¿qué?, ¿a qué te refieres Alice? –

La muchacha parecía exasperada.

- ¡eres mi dama de honor, Bella! – exclamó – tenemos que ultimar los detalles de la boda, queda mucho que hacer, pasteles que probar, flores que escoger… –

Bella no contestó. Se aterrorizó. No quería hacerlo. No quería pasar todo el día planeando la boda de Alice, pero no supo como zafarse de esa.

- lo siento, Alice – Edward había salido al rescate – no creo conveniente que Bella salga contigo por hoy – la sonrisa de su hermana se esfumó en un santiamén - es mejor que Bella descanse, su mano aún no está recuperada y los medicamentos la marean… – le dio una mirada fugaz – además, se ha quejado bastante por los dolores…-

Bella parpadeó. Su mano no dolía nada, pero se apresuró en asentir y trató de poner su mejor expresión de dolor.

- sí… es, es… verdad Alice, duele – apuntó su mano – ¡demasiado! -

Elizabeth se acercó a ella con la alarma pintada en su rostro de muñeca.

- ¿duele mucho? – preguntó rápido - ¡habías dicho que ya no te dolía nada! –

Se ruborizó como tomate. Edward carraspeó y se apresuró.

- es que Bella no quería preocuparte cielo… –

Alice alzó una ceja. Su mirada azul recorrió los rostros de Bella y Edward y viceversa.

- Edward, ¿has escuchado por ahí que los borrachos y los niños siempre dicen la verdad?... tal vez sería interesante que pensaras en eso. -

Bella se sonrojó furiosamente y Edward soltó una risita a su lado.

- lo pensaré… – prometió – de todas formas, Bella se mantendrá en reposo por hoy –

Su hermana parecía querer traspasarlo con la mirada.

- ¿y qué hay del turno en la tienda? –

Edward se encogió de hombros.

- tampoco irá – Alice abrió sus ojos azules por la frustración y Bella se volvió a él al instante – tal vez Lizzie quiera ir contigo, estoy segura que le gustará pasar un rato con Emmett y Jasper –

- ¡sí! – se adelantó la pequeña alzando sus brazitos hacia la chica para que la alzara - ¡llévame tía Alice, llévame! –

Alice le dio una sonrisa a su sobrina y la alzó. Pero su ceño estaba fruncido al observar a su hermano.

- bien… Lizzie se va conmigo – sonrió misteriosa – pero no soy ninguna estúpida, Edward – advirtió.

Él rió.

- ¡jamás he dicho que lo seas! –

Alice hizo una mueca. Afirmó a la pequeña en sus brazos y se dispuso a salir. Bella sintió los ojos de Alice sobre los suyos y era obvio que estaba muriéndose de curiosidad.

- la traeré por la tarde – dijo, le dio una mirada mordaz – espero que para entonces te sientas mejor, Bella -

Bella asintió tratando de sonreír.

Vio a Alice llevarse a la pequeña Elizabeth que se despedía de ellos con la mano. Apenas la puerta de entrada se cerró, se volvió a Edward con los ojos muy abiertos.

-¿por qué has hecho eso? – le reclamó – ¡hoy tenía que trabajar! – indicó su muñeca - ¡esta estúpida mano no está dejando que cumpla con mi trabajo y…! -

Edward le dio un beso rápido en los labios. Esbozó su sonrisa favorita.

- yo también soy dueño de la tienda, puedo tomar decisiones de vez en cuando ¿no? –

Bella abrió la boca. Observó el rostro de él y no vio ningún indicio de broma o de mentira.

- ¿me estás tratando de decir que no solo estoy saliendo con el padre de mi mejor amiga, sino también con mi jefe? –

Edward soltó una risita divertida y se levantó del asiento para dejar su plato en el fregadero. - eres una chica mala, Bella… – se rió.

Se ruborizó como carmín. No sabía que decir. Edward se acercó otra vez y tomó sus manos entre las suyas.

- hoy pasarás el día conmigo – anunció, alzó el rostro para mirarle – quiero llevarte a un lugar muy especial para mí –

- ¿de verdad? – y allí estaba otra vez, ¡su corazón tratando de salir por la boca!

Edward asintió.

- necesito que hablemos, Bella –

Le sorprendió el tono de voz de él, parecía preocupado, sus ojos se habían oscurecido un tono y había disminuido el volumen de su voz…

Jake.

El rostro de su mejor amigo apareció en su mente y sintió que un frío la recorría al recordarle. Se volvió al reloj de pared.

Edward frunció el ceño preocupado.

- ¿qué sucede? -

Se volvió a mirarle.

- Jake… - susurró, los ojos de Edward se oscurecieron y apretó los labios – Jake está esperándome, él… no puedo dejarle ir así – la ansiedad se alojó en la boca de su estómago - tengo que hablar con él, tengo que explicarle. –

Edward asintió, a regañadientes y era evidente que la idea no le gustaba para nada, pero asintió.

Tomó su mano y la alzó del asiento - Vamos… -

Media hora más tarde Edward detuvo el Volvo frente a la estación. El viaje a Phoenix era largo y tedioso, había que tomar un autobús hasta Port Angeles, luego una avioneta hasta Seattle y luego un avión a Arizona. Recordó la última vez que había estado en ese mismo lugar, el día que había llegado de Phoenix, parecía que hubiese sido hacía años atrás como si hubiese sido otra persona, otra época completamente diferente.

Edward le dio un apretón suave en la mano.

- estaré aquí – susurró.

Asintió. Estaba aterrada. ¿Qué diría Jake?, y lo peor, ¿Qué le diría a Jake?.

Salió del auto.

Sintió que todo el peso de sus acciones cayeron sobre ella; sentía que a cada paso que daba más fuerza perdía. Jake había sido la persona más importante en su vida desde que Charlie había muerto. El único que se había mantenido incondicionalmente a su lado y el que la había salvado muchas veces de la soledad.

¿Era malo lo que haría?

La estación en Forks era muy pequeña, nunca había mucha gente. En ese momento, las pocas personas que había leían esperando o se despedían de sus familias. Lo vio.

Jacob Black, su eterno mejor amigo, estaba apoyado en uno de los pilares mirando hacia la carretera. Llevaba una pequeña maleta, simple y destartalada. Estaba solo.

Bella tomó una bocanada de aire y se acercó él.

- Jake… -

Jake se volvió al instante. Una enorme sonrisa inundó sus los labios y sus ojos negros como la noche brillaron al verla.

- ¡Bells…! – parecía que un gran peso lo había abandonado - ¡al fin llegas, es tarde y creí…! -

- Jake – intentó por todos los medios que su voz no se quebrara - yo no voy a Phoenix –

Jacob se quedó mudo, abrió la boca y la cerró varias veces, parecía no saber qué decir. Ya no había rastro de sonrisa y sostuvo su mirada con los ojos muy abiertos como tratando de asimilar la noticia.

- ¿cómo? – lucía confundido – Bella que… -

- no puedo irme Jake… - no lloraría, no lloraría – no puedo hacerlo –

Podían haber pasado siglos y con cada segundo que pasaba se sentía aun más traidora. Jake lucía devastado, sorprendido, dolido. Frunció el ceño sin entender.

- ¿cómo que no irás…? , ¿por qué…? – no terminó la pregunta. Algo había hecho contacto en su cabeza. Su boca se redondeo en una perfecta "o" - ¿es…?, ¿es por él, verdad? -

Sonaba tan dolido, tan decepcionado que Bella sintió como su estómago daba un vuelco completo. Allí estaba otra vez, haciendo sufrir a quienes quería.

Asintió. – sí, Jake… -

El moreno se transformó. La ira oscureció sus ojos.

- ¡Bella! – espetó colérico, varios se volvieron a mirarles, a Jake le dio igual - ¡basta, ya fue suficiente! – tomó sus brazos con fuerza (ignoró su gemido de sorpresa) y le obligó a mirarle, parecía desesperado, sus pupilas estaban dilatadas y la miraba incrédulo – ¡¿Cuándo vas a entenderlo?! – exclamó - ¡¿no entiendes que esto te hará daño?, ¿acaso quieres que te repita todo?! –

Se mordió el labio, no lloraría. Bella se desesperó.

- Jake… yo… - alzó los ojos para mirarle – Jake, yo estoy enamorada de él –

Jacob se congeló. Sus manos se aflojaron sobre sus brazos y Bella se alejó un paso. Su mejor amigo la observaba horrorizado

- ¿fue él quien te pidió que te quedaras? –

Todos los recuerdos de la noche anterior pasaron por su mente. La desesperación de Edward, la rabia de sentirse traicionado por ella, su propio dolor, su propia pena, el rostro de Elizabeth.

- no… - contestó – decidí quedarme –

- ¿te quedas por…? – Jake lucía incrédulo - ¿porque estás enamorada… de él? –

Se mordió el labio. No iba a mentirle.

- sí –

Jake tomó su rostro entre sus manos y alzó el rostro de ella para que le mirara. Un escalofrío la recorrió.

- pues yo también estoy enamorado de ti… –

Eso no se lo esperaba.

Sus ojos castaños se abrieron incrédulos. Alzó el rostro y observó al único y mejor amigo que tenía en el mundo. Por un momento estuvo segura que se largaría a reír y se reiría de ella por creerle el juego. Deseo con todas sus fuerzas que eso sucediera. Pero no sucedió. No había rastro de broma en las facciones de Jake.

- estoy enamorado de ti, Bella – repitió con voz ronca – desde que tengo memoria has sido tú quien ha ocupado mi mente, desde que tengo cinco años y te veía jugar con mis hermanas; no sabes… - frunció el ceño, molesto – nos sabes cuánto esperaba cada verano para que fueras a La Push, , solo tú, te esperaba a ti… - sus ojos brillaron - tuve la esperanza de que mi padre tuviera tu custodia cuando sucedió lo de Charlie, pero no sucedió y en cuanto supe que ibas a estudiar a Phoenix, fui a cuidarte, dejé a mi familia por ti… –

Bella no sentía nada. Estaba pegada al suelo, no sabía qué hacer ni que decir…

- Jake… -

- ¡ahora ya lo sabes! – espetó Jake amargamente – ahora que sabes que yo también estoy enamorado de ti, ven conmigo -

No lloraría. Luchó contra las lágrimas.

- no puedo Jake…- susurró con un hilo de voz – no iré contigo, este es mi lugar, no puedo… –

- ¡claro que no! – se indignó Jake, soltó su rostro y la observó – ¡este no es tu lugar, no sabes lo que estás haciendo, te estás aferrando con uñas y dientes a algo que no existe, a algo que no perteneces! – parecía desesperado, tomó sus brazos otra vez – Bella… no sabes, no tienes idea de lo que sentí cuando me dejaste – sus ojos lucían adoloridos – ¡despareciste de Phoenix de la noche a la mañana, dejaste todo de lado, tu casa, tu trabajo, sin decirme una sola palabra…! – apretó sus brazos - ¡¿te imaginas lo que sentí?, ¿lo desesperado que estaba?! – apremió – tienes que volver a Phoenix conmigo a tu casa, donde queda lo último de tu familia… –

Bella negó con la cabeza.

- no Jake… mi familia está aquí – no pudo evitarlo, sus ojos comenzaron a escocer y su voz se volvió más débil – Edward y Elizabeth son mi familia –

Lo había dicho. No había pie atrás, y aunque dolía, no se arrepentía.

Jacob la soltó.

- eres mi mejor amigo, Jake – se apresuró con voz ronca – ¡eres el único y siempre lo serás...! –

- ¡pero yo no quiero ser tu amigo… ¿acaso no ves lo que él te está haciendo?... ¡es como una droga para ti, es enfermizo es…! -

Bella negó con la cabeza.

- Edward me hace feliz. –

Jake soltó una risa incrédula. - Bella… - comenzó.

Pero ella no podía más. Sentía las lágrimas en los ojos, su garganta quemaba y tenía que salir de allí en ese mismo instante. Tal vez era una egoísta, una asquerosa egoísta, pero necesitaba a Edward en ese momento.

- lo siento… - susurró – pero no voy contigo –

Lo abrazó, rodeó el cuerpo grandote y exageradamente alto de su mejor amigo, pero Jake no devolvió el abrazo.

- te quiero… - susurró.

Jake rió amargamente.

- no de la misma forma en que yo te quiero a ti –

Bella se mordió el labio y se apartó de él. Alzó el rostro y le observó. Jacob estaba deshecho. ¡Tenía que salir de allí! - gracias por todo, Jake… -

Y se alejó.

Caminó los más rápido que sus piernas le permitían sin importar si tropezaba o caía al suelo. No podía quitar de su rostro los ojos tristes de Jake, y el rechazo que había sentido cuando él no había devuelto el abrazo. Dejó que las lágrimas salieran. Dejó que al final corrieran por sus mejillas porque estaba completamente segura que no volvería a ver Jake nunca más y su pecho se apretaba por eso. Era como si hubiese perdido a un hermano. Jake había sido por muchos años su única familia.

Ni siquiera vio por donde iba y se detuvo. Las ganas de llorar eran casi inaguantables.

Entonces unos brazos la estrecharon por detrás. Los reconoció de inmediato.

Los brazos de Edward envolvieron su cuerpo y la giraron para poder verle. Al fin, los dejó escapar. Los sollozos salieron de su garganta y se dejó caer en el pecho de él, adolorida. Sintió que Edward besaba su cabello, que susurraba algo en voz baja, que acariciaba su espalda y la consolaba. La estrechó con fuerza y la guió hacia la salida.

Se sintió una completa egoísta; ¿Qué debía pensar Edward en ese instante?.

Alcanzaron el Volvo y se obligó a componerse. Por él. Tenía que demostrarle que estaba feliz, inmensamente feliz por estar a su lado. Aunque una parte de su alma se había ido para siempre con Jake.

Él abrió la puerta del copiloto.

- Edward....-

- tranquila… - la interrumpió tendiéndole un pañuelo – todo está bien… sube –

Asintió tratando de calmarse y se metió dentro del auto.

Su respiración comenzó a disminuir, a ser normal otra vez, y las lágrimas dejaron de salir. Restregó sus ojos con las manos y logró componerse mientras Edward rodeaba el auto y subía.

Se mantuvieron en silencio unos minutos.

- Bella… - ella le miró, Edward tenía los ojos clavados en la calzada - me preguntaba si … si es esto lo que realmente quieres – sus ojos se oscurecieron y se volvió hacia ella – me preguntaba si realmente tomaste la decisión correcta. –

El sostenía su mirada anhelante, como si su respuesta dijera todo. Le sonrió.

- es la mejor decisión que he tomado en mi vida, Edward –

Se acercó a él y le dio un beso suave en los labios.

- llévame a aquel lugar… – susurró sobre su boca, le besó otra vez. – llévame a tu lugar y olvidemos todo lo demás… –

Él asintió. Observó sus ojos como buscando el engaño, o algo que demostrara lo contrario a sus palabras.

Bella le sonrió. A pesar de tener los ojos enrojecidos y de seguro lucía horrible. Le sonrió de verdad, porque Edward era lo único que necesitaba en ese momento.

Al fin, Edward encendió el motor y salió de la calzada para enfilar calle abajo. Le sorprendió que tomasen la carretera para salir de Forks.

Se aclaró la garganta.

- ¿dónde es? – preguntó curiosamente animada, aliviada de que su voz no demostrara una nota de llanto.

Le sorprendió que él también sonara animado.

- en el bosque… -

Bella no contestó. Fue cosa de segundos, un recuerdo pasó por su mente.

- ¡No… no…no…! – gritó

Hacía todo porque no la llevaran con ella, pero esos dos enormes hombres ya la dirigían a los arboles que cercaban la villa…

La mano de Edward sobre la suya la devolvió a la realidad.

- ¿estás bien? - el pareció comprender lo que sucedía, se apresuró – si no quieres ir o te trae algún mal recuerdo podemos…-

- confío en ti, Edward – le interrumpió, una sonrisa se dibujó en sus labios – confío totalmente en ti –

Él apretó su mano con gentileza y entrelazó los dedos con los de ella.

- tal vez sería bueno llamar a Elizabeth… – dijo Edward de pronto – no tendremos señal cuando estemos allí –

Entonces Bella recordó. Se volvió hacia él con brusquedad por la conmoción.

- ¡pusiste un teléfono celular en mi bolsillo! – acusó - ¿por qué? –

Edward frunció el entrecejo.

- es un regalo – contestó confundido – ¿sucede algo malo?, ¿no te gustó?... si quieres podemos cambiarlo por otro. –

- no es eso… es que no debiste gastar en mí, no me gustan los regalos; primero el vestido y ahora esto, es demasiado -

- ¿demasiado…? – alzó una ceja calculadora. Rió al ver su expresión y llevó su mano hasta los labios de él para besar sus nudillos.

El corazón de Bella latió como desaforado.

- todas esas cosas materiales… - susurró Edward con voz profunda - …son nada, en comparación lo que significas para mí –

No pudo contestar. Si abría la boca, su corazón se escaparía por ella.

Quince minutos más tarde, Edward detuvo el auto a un lado de la carretera. Observó alrededor confundida, parecía el final de un camino rodeado de árboles frondosos y húmedos. Allí estaba extrañamente iluminado como si el sol tratara de abrirse paso entre las nubes.

- ¿aquí es? –

Edward sonrió.

- solo nos quedan unos minutos de caminata –

Se horrorizó.

- ¿caminar? – escuchó su risita y le vio bajar del auto y rodear el auto en dirección hacia ella - ¡¿caminaremos?! – repitió mientras el abría la puerta, Edward asintió – bien, pero te advierto de inmediato que no soy una buena senderista - tomó la mano que él le tendía para ayudarla a bajar – de hecho… – continuó – soy la peor senderista de la historia y como ya sabes me es bastante difícil caminar en superficies planas sin sufrir accidentes… – alzó su mano vendada como evidencia. - ¡imagina como será caminar por el bosque! -

Edward soltó una carcajada

- Bella, no voy a dejarte caer – y volvió a reír.

Devolvió la sonrisa contenta y alzó el rostro hacia él. No había visto nunca a Edward reír tan seguido como en ese momento y era una visión que no quería perderse nunca más. Se veía aun mas infartarte cuando estaba contento, sus mejillas se sonrosaban y sus ojos brillaban.

- vamos -

Tomó su mano para guiarla y enlazó sus dedos con los de ella. Se abrieron paso por un sendero húmedo y se introdujeron en el bosque. Tan solo podían ver el verde exagerado que los rodeaba. Los árboles milenarios parecían tocar las nubes por lo altos que eran, a lo lejos se oía claramente el sonido de los animales al esconderse entre los arbustos y las gotas de agua cayendo de los arboles. Ninguno de los dos dijo nada. Caminaron en silencio y observando a su alrededor. Hasta que el camino comenzó a desaparecer, ya no era bien definido y se sumergieron entre las ramas de los arboles, parecía más oscuro por la frondosidad de las hojas, el suelo se volvió lleno de obstáculos, piedras, troncos…

Y tropezó. Se preparó para el impacto…

- ¡ey…! - Edward la había atrapado.

- te lo dije – masculló apenada y ruborizada como tomate – esto es casi suicida para mí…-

Edward rió divertido y enlazó uno de sus brazos alrededor de su cintura para sostenerla.

- no te preocupes, ya casi llegamos –

Caminaron unos metros más abriéndose paso entre los matorrales, entonces, apareció un fulgor delante de ellos entre los árboles. Bella abrió los ojos sorprendida.

- ¿eso es luz? – preguntó entusiasmada - ¿luz… solar? – él asintió - ¡¿verdadera luz solar?! - susurró emocionada.

Edward sonrió y asintió.

Bella reprimió un gemido. Se alejó de él y se apresuró en correr entre los helechos hacia aquel fulgor sorteando el barro húmedo y los troncos.

- ten cuidado – oyó a Edward advertirle.

Pero no le importó. Necesitaba luz. Luz solar. Hacia muchas semanas que no sentía el sol sobre su piel, aquella calidez reconfortante que adoraba sobre su cuerpo. Quería sentirlo, quería verlo.

Lo alcanzó. El brillo entre los arboles estaba justo en frente de ella.

Se abrió paso entre el enorme ramal y dio un paso hacia adelante…

Contuvo el aliento.

Era el lugar más hermoso que había visto en la vida. Era un prado. El prado más mágico y encantador que había visto.

Era pequeño y perfecto. Colchones de flores de todos los colores y todos los tipos llenaban de lado a lado el lugar, parecía que los árboles milenarios del bosque se hubiesen separado y hubiesen dejado ese espacio para que todas aquellas flores crecieran y el sol daba de lleno sobre ellas, iluminando todo y repartiendo su calidez como si fuese un enorme foco que le alumbrara. Lucía como el tipo de lugar en que de pronto aparecerían Blanca nieves o alguna criatura mágica.

Sintió los pasos de él acercarse lentamente.

- Edward… - gimió observando el cielo – esto es… es… – sintió los brazos de él enredarse alrededor de su cintura – ¡tu lugar es hermoso…! -

El aliento de él acarició su cuello y depositó un suave beso en él. Dibujó un trazo con la punta de la nariz hasta su oído.

Por suerte estaba sosteniéndola, o sus rodillas habían cedido.

- ahora… - susurró Edward con voz ronca - es nuestro lugar –

Dejó escapar una risita contenta y se apoyó en el hombro de él.

- es mágico… - susurró – es como el lugar de un cuento, es perfecto. –

- su perfección se reduce a nada contigo aquí –

El corazón le latió como desaforado.

- ¿cómo…? – intentó con todas sus fuerzas que sus pensamientos fuese coherentes otra vez - ¿cómo lo encontraste? –

Sintió de inmediato a Edward tensarse tras ella. Le extrañó.

Giró su cuerpo aun en el abrazo de él y alzó el rostro para verle.

Edward la miraba con una expresión inescrutable en el rostro.

- ¿Edward? –

- te traje hasta aquí porque quiero contarte todo, Bella… – su corazón se saltó un latido – necesito decirte todo lo que siento, todo lo que creo y comenzar una nueva etapa contigo a mi lado – ella sonrió – pero para eso quiero contarte todo, quiero que sepas cuanto confío en ti. –

Bella entendió, era el momento. Asintió. Su corazón latió más rápido, Edward le contaría todo al fin, sabría todas las respuestas a sus preguntas, pero… ¿estaba preparada para saberlo?

No tuvo tiempo para pensarlo más. Los labios de Edward habían capturado los suyos de un movimiento rápido y se movían ansiosos sobre su boca. Era como una droga y ya no quería dejarla jamás. El aliento de Edward era dulce, embriagador y no quería sentir nada más que la boca de él sobre la suya. Sintió sus manos deslizarse sobre su cintura, acariciando, tocando y dejando trazos de electricidad con la yema de sus dedos. El beso se volvió más apasionado, el aire se volvió escaso, y tuvo que alzar el rostro aun más alto para sentir la boca de él aun más profunda. Edward gruñó y la apretó contra su cuerpo. Solo respiraban el aire de los pulmones del otro. Edward dio un paso hacia adelante, para guiarla. Se introdujeron aun mas en el claro, Bella retrocediendo y Edward llevándola con él acariciando su espalda de arriba abajo y reclamando su boca como suya. No se oía nada más que el sonido de sus labios buscando los del otro, los gemidos, los suspiros…

Y se acabó el aire.

Se separaron al mismo tiempo y ambos jadearon buscando normalizar la respiración. Se sonreían.

Bella se sintió más que feliz. Se sentía completa. Ya no había problemas, ya no había penas. Ya nada podría dañarla. Edward estaba con ella y la quería y eso era suficiente para pensar en un futuro prometedor junto a él.

Sintió que él tomaba su mano y llevaba sus dedos hasta sus labios, los acariciaba. La electricidad la recorrió, se mordió el labio, jamás había sentido algo así.

- tus labios están rojos… inflamados… – susurró Edward con una sonrisa, su pulgar trazó su boca y Bella reprimió un gemido –…y es por mi culpa – se sonrojó, él esbozó su sonrisa favorita – perdóname, pero no siento ningún remordimiento. –

Fue demasiado. El aire le faltó. Iba a explotar de amor por él, estaba segura, y necesitaba sentirlo otra vez, necesitaba que él la estrechara otra vez. Sin pensarlo dos veces, se aferró a su chaqueta y lo atrajo hasta ella. La mirada verde de Edward estaba clavada en la suya. Con cuidado, lentamente, Bella se dejó caer sobre aquella mágica colcha de flores con suavidad y atrayendo a Edward con ella.

Cayeron suavemente sobre la alfombra de flores. Edward amortiguó su peso sobre el de ella apoyando sus palmas a cada costado de su cabeza. Se besaron otra vez, sus labios chocaron y suspiraron al mismo tiempo. Se buscaban, se querían, se necesitaban y el beso se volvió cada vez más apasionado… una de las manos de Edward aferró a su cintura y alzó su cuerpo para apretarla contra él.

Fue estúpido y completamente avergonzante, pero soltó un gemido de placer cuando su piel hizo contacto con la suya.

Se separaron al instante, Edward soltó una risita.

- jamás… – jadeó, perdida en los ojos de él, sentía calor en el rostro –…jamás había sido algo así, nunca sentí esto por otra persona. –

Edward sostuvo su mirada mientras ella enredaba los dedos en su cabello.

- créeme, yo tampoco –

Bella no dijo nada. De pronto la magia se rompió y las inseguridades la invadieron. ¿…y la madre de Lizzie?.

Edward había leído la duda en sus ojos. Tomó su mano y la besó.

- te prometo que jamás he sentido por nadie lo que siento por ti Bella, nunca

Edward se incorporó y se sentó a un lado. Tomó la mano de ella entre las suyas y le ayudó a incorporarse y sentarse delante de él. Inmediatamente enredó sus brazos alrededor de su cintura y hundió su rostro en el cabello castaño de Bella.

- si supieras, Bella… - susurró en su oído – su pudiese ser capaz de explicarte todo lo que me has hecho pasar durante este último mes – le oyó reír amargamente – nunca, nadie me había hecho sentir tan vulnerable; nunca… nadie había vuelto mi mundo de la forma en que tu lo haces ni nadie me ha descolocado tanto como lo has hecho, Bella –

Ella sonrió.

- ¿y eso… es bueno? – preguntó apretándose contra su pecho.

Él le dio un beso en la cabeza.

- mucho más que eso… - sonrió – solo tú me haces ver el mundo de forma diferente – la alzó sin esfuerzo y la sentó en su regazo, sus ojos se encontraron al instante – no te imaginas cuanto he esperado por ti, Bella –

No pudo evitar la sonrisa en sus labios, sintió que su corazón se agitaba y tomó el rostro de Edward para agacharse un poco y besarlo en los labios con ternura. Movió su boca sobre la de él, explorando, sintiendo y transmitiéndole en aquel beso cuando ella había esperado por él. Soltó un suspiro cuando se separaron y apoyó su frente en la de él.

La luz del sol sobre ellos era cálida y acogedora.

- aquella noche, la noche en que te conocí… - Edward aferró su cintura con más fuerza –-…cuando recibí la llamada de Emmett diciendo que no había podido recoger a Elizabeth porque no tenía forma de volver a Forks por el mal tiempo, me volví loco… – su ceño se frunció, su mente se había perdido en los recuerdos – …aquel día volvía de Seattle, había tenido que trasladar a un paciente y eran casi tres horas después de que la escuela hubiese terminado y cuando… - inspiró – cuando Emmett me llamó, me descontrolé, nadie sabía de ella… no estaba por ninguna parte, quería matar a Emmett, quería levantar cada piedra de la ciudad para buscarla, necesitaba encontrarla y lo primero que hice fue ir a la academia… – alzó el rostro hacia ella y la observó – entonces vi tu nota, explicando brevemente que te la había llevado y dejaste solo una dirección…-

Bella se mordió el labio sintiéndose culpable. Aquella noche lo había creído el peor padre del mundo al dejar a Lizzie sola en medio de la lluvia, pero solo entonces pudo imaginar la desesperación de Edward aquel día.

- creí lo peor, Bella… pensé tantas cosas, ¿alguien dejándome una nota? ¿diciendo que se había llevado a mi hija?... creí las peores cosas de ti, me puse en los mas horrorosos escenarios… ¿puedes entenderme? – ella asintió – ¡no sabía quién eras… no sabía con quien estaba mi hija!... ¿y si le habían hecho daño?... - bufó – estaba vuelto loco, ni siquiera me sentía yo, estaba dispuesto a partirle la cara a quien se la había llevado sin mi consentimiento. Pero entonces te vi en la oscuridad, eras… eras tan pequeña… - una sonrisa se formó en sus labios – … eras tan diferente a como te había imaginado, lucías tan frágil, incapaz de hacerle daño alguno. -

Se observaron a los ojos.

- ¡pero de todas formas no eras de mi agrado! – rieron divertidos – ¡…estaba desesperado!, no entendía nada, no te entendía, ¡¿en qué cabeza podía caber llevarse a una niña ajena así como así?!... – Bella se ruborizó - ¿una niñita totalmente desconocida? – suspiró – … no tardé mucho en entenderlo; solo tienes un corazón tan grande para hacerlo. – le sonrió.

Bella sintió la garganta apretada, alzó su mano y acarició la mejilla de él.

- Edward… -

- aquella noche me la llevé a casa, dispuesto a examinarla y a cerciorarme por mí mismo que no había sufrido daño alguno – Edward continuó, parecía avergonzado – hablé con Elizabeth, le pedí que me contara cada cosa que había hecho contigo, cada palabra que le habías dicho, cada detalle de lo que habían hecho… pero nada, me contó de lo bien que lo habían pasado, lo preciosa y buena que eras y… – la miró a los ojos – … y me dijo que al fin había encontrado una mamá para ella.

- No supe que contestar a eso – rió amargamente, perdido en los recuerdos – ya sabes que Elizabeth jamás conoció a su verdadera madre, nunca había tenido una, las únicas figuras femeninas en su vida eran las de mi madre y mis hermanas, pero tú… - la observó fijamente –…que dijera eso de una muchacha que recién había conocido y con la que había pasado tan solo un par de horas, en aquel momento fue escalofriante. - volvió a reír y negó con la cabeza – de inmediato le expliqué que no lo eras y que no podrías serlo jamás, que seguramente tendrías tu propia familia alguna día y que no eras su mamá, y todo quedó allí. Lo dejé pasar, no me importó demasiado, las probabilidades de que ustedes volvieran a verse eran mínimas… -

- ¡pero apareciste! – acarició su cintura – apareciste de nuevo en el lugar que menos esperaba, en el lugar más cercano a mi hija. Cuando te vi aquella tarde en la librería estaba pasmado, no podía creerlo, ¿acaso seguías a mi hija?... – Bella le miraba fijamente – …y pensé tantas cosas, la primera fue despedirte en ese mismo instante; decirte que te marcharas, que no volvieras a cruzarte en la vida de mi familia y que no quería verte cerca de mi hija jamás… pero tus ojos - sostuvieron la mirada del uno al otro – …tus ojos mostraban tanta sorpresa como los míos – acarició su rostro con cuidado - tus ojos reflejan todo lo que piensas, Bella… -

Sintió que se ruborizaba.

- entonces vi la forma en que tú y Elizabeth se relacionaban, fue aterrador – continuó – todos en mi familia notaron de inmediato el cambio en Lizzie, lo feliz que estaba, cuanto hablaba de ti… y solo pude pensar en que mi hija sufriría, su amor por ti era demasiado, ¿por una desconocida?... temí aquella amistad diferente porque no te conocía, no sabía quién eras, que hacías, si realmente la querías como ella imaginaba. Entonces te pedí que te alejaras de ella y tu reacción me sorprendió aún más - la observó - ¿llorabas por mi hija?, ¿llorabas porque no querías alejarte de aquella niñita ajena? –

Bella recordaba claramente esa mañana en la librería.

-… pensé tantas cosas Bella – susurró frustrado – estaba confundido por completo, no sabía qué hacer, como separarte de ella, pensé en volver a Chicago con Elizabeth para que no pudiera verte mas y terminar con esa relación de amistad extraña entre ustedes, estaba decidido – la miró – pero no pude, porque Lizzie no era la única atraída por ti; de momento a otro, comenzaste a aparecer en mi mente, te recordaba y comencé a sentir cosas por ti. Con mayor razón busqué apartarte de nuestras vidas… -

- … y entonces tuviste aquel accidente, caíste por las escaleras y cuando vi tu ficha entre los documentos de mi padre en el hospital cuando dejaba el turno, me aterré y fui a verte. - la observó – Carlisle me entregó tu ficha y me hice cargo de ti, pero a la mañana siguiente en tu casa… -

Hizo una pausa. Bella lo recordaba a la perfección, ambos lo recordaban. No había necesidad de que Edward volviese a revivirlo.

- Aquella mañana tu comportamiento llamó demasiado mi atención y me preocupé como no me había preocupado jamás en la vida… - negó con la cabeza – no era solo mi ética profesional, de momento a otro, comencé a sentir que necesitaba protegerte – sonrió levemente - conozco de sobra a Alice y se perfectamente cómo es cuando se trata de compras, por lo que conseguí el traslado de un paciente a Port Ángeles… y como si lo hubiese estado esperando, recibí el llamado de Alice – parecía que los recuerdos realmente le dolían – ¡estaba desesperado!... solo podía pensar en que habías huido, en que no estabas bien, en tus ojos asustados de esa mañana – acarició su cintura - y te vi… te vi caminando en esa calle oscura y solitaria, y vi el auto y cruzaste la calle, y solo pude pensar no, ella no…

- Edward… -

Sintió el pecho apretado, por lo que le besó otra vez. Quería transmitirle cuanto sentía haberlo asustado y cuan agradecida estaba de él. Cuanto lo quería. Su boca partió los labios de Edward ansiosos y angustiados, necesitaba sentirlo, después de tantos pensamientos, tantas dudas… todo parecía claro en su mente. Se separó con los ojos llenos de lágrimas y le golpeó en el pecho débilmente.

- fuiste un estúpido, pudiste matarte –

Edward le restó importancia y lo dejó pasar – no sabes lo que sentí Bella, lo frustrado que estaba, lo furioso contra Alice… - suspiró - …solo pensaba en que estuvieras bien, en llevarte de regreso a casa; creí que aquello que tanto te atormenta había alcanzado el límite y habías tratado de matarte. -

La observó.

- y esa noche, me quedé contigo. – susurró – fue la primera noche que dormí en la misma habitación que tú, pero no lo supiste. Después de que Alice partió y te dejó dormida fui hasta tu cama, te observé y sentí cosas que jamás había sentido, quería quitarte toda esa pena, quería cuidarte…decidí no dejarte y dormí en el sofá, pero entonces susurraste mi nombre… - rió – ya lo habías hecho por primera vez en el auto, pero cuando lo hiciste allí en la habitación, soñabas, soñabas conmigo y eso te hacía sonreír…- Bella sintió que se ruborizaba - entonces me di cuenta de lo que sentía realmente por ti; supe que todo iba más allá que cualquier deseo protector sobre ti… -

- …y dejé que estuvieras con Elizabeth; mi hija era feliz a tu lado y yo estaba tranquilo al verlas a ustedes dos felices. Sé que fue demasiado egoísta de mi parte y te pido perdón por eso… – le beso la mano, como reafirmando lo que decía con palabras – …porque entre mas se ensanchaba tu relación con Elizabeth, mas era lo que nosotros nos veíamos y lo que yo sentía por ti se incrementaba; después de unos días, fue obvio que tú también sentías lo mismo… - sonrió – y nuevamente traté de apartarme de ti, que tan solo fueras la amiga de mi hija… - bufó - pero no pude, entre más te alejaba de mí, mas me enamoraba de ti. -

- entonces aceptaste ir a la Academia con nosotros, y por primera vez, sentí lo que era tener una familia, mi propia familia – rió culpable – ese día fue perfecto, solo éramos nosotros tres y me sentí más feliz de lo que me estaba permitido… - acarició su rostro - para ese entonces ya no podía negarlo, estaba completamente enamorado de ti… y te besé -

Bella se sonrojó furiosamente, él sonrió.

- ¡creíste que estaba arrepentido!...pero claro que no; había aprendido a conocerte, a entender que clase de criatura eras, cuan especial eras y sabía que merecías alguien mucho mejor que yo… - sonrió amargamente – merecías una hija tuya – acarició su cintura - no una niñita con un padre desquiciado y una familia excéntrica… necesitabas algo tuyo…- rió encogiéndose de hombros - traté de hacer que lo entendieras, pero eres la mujer más testaruda del planeta… –

Bella rió.

- ¡claro que no! – rió falsamente ofendida.

- intenté que te relacionaras con otros… - Bella recordó esa mañana en que le había dejado con junto a Eric – aunque tenía la esperanza que no cayeras tan bajo como para aceptar a Mike Newton… –

Ambos rieron divertidos y las risas hicieron eco en el claro. Edward la observó, su sonrisa cayó.

- …entonces apareció Jacob. –

Bella se mordió el labio.

- todo fue diferente – apretó sus cintura contra él y ella rodeó su cuello con los brazos – sentí temor porque lo de ustedes era diferente, la forma en que se miraban, como lo abrazaste en cuanto se vieron, Jacob y tú tenían un lazo muy peculiar que los unía… -

- éramos amigos – susurró Bella.

Edward asintió.

- …pero me aterró, por primera vez pensé en lo que sería verte con otro. Los celos me carcomían. Nunca los había sentido y fue algo aterrador y extraño. ¿Cómo podía alguien tan frágil como tú hacerme sentir algo así?. Nunca había celado a nadie en la vida, ni siquiera a ti cuando te dejé esa mañana con Eric Yorkie; tal vez fue porque esa vez no te vi interesada… pero con Jacob Black – susurró – por primera vez supe lo que eran los celos…-

- después, al sentirte llorar… me imaginé todos los escenarios, Bella – soltó, parecía frustrado – estaba desesperado; después de hablar contigo no podía pensar en otra cosa más que tú. Terminé el turno media hora antes y partí a tu casa, y los vi… - una sombra oscureció sus facciones – juntos lucían como una familia, y tú te veías feliz, él te había hecho feliz–

- sentí celos, sentí tanta rabia, quería alejarte de él en ese mismo instante, quería… – vaciló – pero luego me di cuenta que era eso lo que yo te había pedido y no podía culparte, y el que te enojaras por mi actitud solo mejoraba las cosas… pero entonces dijiste que te ibas a Phoenix –

Sostuvo su mirada.

- todo cambio… - susurró – nunca sentí una desesperación igual. No podía permitirlo, no sobreviviría si me dejabas, no concebía un día en el que no estuvieras, en el que no te viera sonreír, yo… - suspiró - al fin entendí que no había nadie más para mí en el mundo que tú y que había sido un ciego y el mayor estúpido al tratar de dejarte ir… - acarició su cintura - ya no se trataba solo de Elizabeth, era yo… después de todo lo que había intentado apartarte de mi… – soltó una risita - ¡pero mírame..!. nada de eso resultó, y aquí estoy, completamente enamorado de ti… -

- yo también estoy aquí… - susurró Bella acercando su rostro al de él - lo que significa que también estoy completamente enamorada de ti y dispuesta a ir al fin del mundo contigo… –

Edward rió.

- entonces iremos juntos –

Bella sonrió y depositó un beso corto en sus labios.

- tu hermana… - susurró de pronto - tu familia, ellos no están de acuerdo con esto, yo no les agrado. –

Edward se incomodó, pero fue evidente que trató de evitar el tema.

- Alice te adora – dijo.

- lo sé – susurró Bella – y creo que se ha convertido en mi mejor amiga- se mordió el labio riendo culpable.

Edward también rió. Ella insistió.

- Edward, tu familia… -

- les cuesta entenderlo, para ellos es extraño que de un día para otro te hubiese incluido en mi vida – susurró al fin, Bella sintió como la preocupación se alojaba en la boca del estómago – pero lo harán al final y a mi no me importa lo que piensen, de alguna u otra forma les extraña que la chica que se llevó a Elizabeth sea ahora parte de nuestra familia. –

Asintió compungida.

- por eso tu hermana me odia… –

Edward negó con la cabeza.

- Rosalie es… diferente, a veces pienso que también me odia a mí. –

Bella abrió mucho los ojos.

- ¡pero es tu hermana! – se sorprendió.

- Rosalie y yo jamás nos hemos llevado del todo. Ella es una persona bastante peculiar… - era obvio que no había querido ahondar más en el tema – le desagrada cualquiera que se relacione demasiado con Elizabeth… busca protegerla demasiado.-

- y Alice y tu madre… -

Edward soltó una risotada.

- Bella, Alice es la hermana menor de Elizabeth. –

Ella también rió pensando en Alice. Era fácil ver las cosas de la manera en que Edward lo hacía, su sonrisa vaciló…

- ¿crees que a Rosalie le habría desagradado ella? –

Edward la observó por unos segundos, se quedó en silencio.

- no lo sé… no puedo imaginármelo siquiera –

Silencio.

Habían alcanzado aquel tema. El tema que Edward tanto odiaba y sintió que había arruinado todo.

- perdón Edward, yo no quise… -

- no tienes por qué disculparte Bella… - se apresuró él con una sonrisa – quiero que sepas todo, quiero que sepas por qué Elizabeth no tiene a su verdadera madre con ella. –

Se quedó congelada. ¿acaso el momento había llegado?. El momento que tanto había esperado y temido a la vez. Edward al fin lo contaría.

- su nombre es Tanya… -

Fue instantáneo. Una ola de celos la recorrió. Sintió que su estómago se apretaba de solo escuchar su nombre. Ahora ella, tenía nombre.

Edward lo captó y soltó una risita sorprendida...

- tonta, Bella… - quitó el cabello de su rostro ruborizado y la atrajo para besarla – jamás estuve enamorado de ella, nunca; te voy a contar como una de las dos cosas más importantes de mi vida viene de un simple error; como lo más grande que me ha dado la vida, viene de una relación sin sentimientos… - le dio una sonrisa torcida, sus ojos eran profundos – además, las prefiero castañas… -

Le dio un beso en el cuello. Pero no fue suficiente para distraerla.

- ¿eso quiere decir que es rubia? –

Edward alzó el rostro para mirarla, con los ojos muy abiertos por la sorpresa. Soltó una risita.

- ¡eso es lo de menos Bella…! -

Se ruborizó. - ¿cómo es? –

Edward le dio una mirada exasperada. - ¿importa? –

Se mordió el labio, solo entonces se dio cuenta de lo inmadura que sonaba.

- no, pero… -

- Bella… - Edward tomó su rostro en sus manos y lo acercó al suyo - tú has sido, eres y serás la única mujer de mi vida – susurró; allí estaban de nuevo las mariposas en su estómago, él continuó – nunca, nadie ha significado lo que tú significas para mí, nunca… -

Le besó suavemente en los labios.

- ¿ahora si puedo continuar? –

Bella asintió avergonzada.

Edward tomó aire.

- conocí a Tanya cuando tenía trece años. Ya sabes, mi padre es doctor y es muy bueno en lo que hace; apenas dejó la escuela de medicina comenzó diferentes investigaciones y a entrenar residentes nuevos en diversos hospitales, para eso debía trasladarse mucho; desde que tengo memoria hemos estado cambiándonos, moviéndonos de ciudad en ciudad, Rosalie nació en Rochester, Nueva york, yo nací en Chicago y Alice en Biloxi, en Mississippi; mis padres se conocieron en Wisconsin… - revoleó los ojos – es muy largo, pero para cuando yo tenía trece nos fuimos a vivir a Denali en Alaska; allí mi padre se hizo un buen amigo, Eleazar, quien tenía tres hijas… Kate, Tanya e Irina, Tanya era la segunda -

Continuó.

- siempre he sido bastante introvertido, cosa diferente a mis hermanas, ya conoces a Alice y Rosalie… Rosalie adora ser el centro de atención, todas ellas se volvieron muy cercanas, pero yo no. Tanya fue la única que buscó mi amistad, se comportó de muy buena forma conmigo, solo después entendí que yo le agradaba de otra forma. – suspiró – pero a mi Tanya no me interesó nunca más que como una amiga, era una gran persona en ese entonces, le hice entender de la forma más sutil posible que no me interesaba más que su amistad. –

- Cuando tenía quince, Carlisle anunció que nos íbamos al Estado de Washington, al pequeño pueblo de Forks y en cuanto llegamos aquí, supe que era donde quería quedarme; algo diferente a lo que te sucede a ti – ambos rieron – a mí me gustaba la lluvia, el ambiente tranquilo; Esme también se enamoró del lugar y exigió que fuese nuestro último lugar de residencia… –

- y no supe más de Tanya. –

- partí a estudiar a Chicago, mis abuelos vivían allí antes de morir y me habían dejado una casa, así que fue una de mis mejores opciones. –

- pasaron varias cosas, me enfoqué en mi carrera de lleno, pero me sentía muy solo. Extrañaba a Alice y a Esme… - sonrió – Jasper era mi mejor amigo, él estudiaba derecho, y se enamoró de Alice cuando lo invité a Forks para una Navidad y decidió quedarse aquí con ella. -

Bella rió.

- Alice me contó de eso –

Edward alzó las cejas sorprendido.

- ya veo que se han hecho buenas amigas –

Ambos rieron. Edward continuó.

- entonces vi a Tanya en la universidad… – agachó el rostro – ella había pasado tiempo lejos de su familia atendiendo conferencias y fue grato ver un rostro conocido, tanto para ella como para mi. Para ese entonces Tanya estudiaba administración o algo así… - apretó la cintura de Bella – no sé como sucedió, ni por qué no la detuve. Yo no la amaba, no la quería - susurró – lo que hice fue contra todos mis principios y creencias, Tanya jamás me había interesado mas que como una amiga, y yo no creo en las relaciones sin amor – lucía asqueado consigo mismo - pero fui un cobarde, ella aun sentía cosas por mí, aun tenía un extraño amor adolescente y… -

Bella sonrió amargamente viendo la culpa de él. Eso no era nuevo, todas tenían un amor platónico por él.

- …y yo me aproveché de eso, Bella - susurró – fui un egoísta y no pensé en nada mas… pero ya era tarde para arrepentirme. –

Silencio.

No supo que decir, Edward parecía avergonzado. Alzó su mano y le acarició el rostro.

- se necesitan dos, Edward – susurró – no tuviste la culpa, Tanya sabía que no sentías nada por ella. -

Él la observó.

- fue el peor error, jamás me lo perdonaré… - susurró – pero fue el error con la mejor consecuencia de mi vida – sus ojos brillaron paternalmente como cada vez que miraba a Elizabeth.

Ella sonrió.

- ¿no me odias después de lo que acabo de decirte, Bella? –

No dijo nada, negó con la cabeza y apretó sus labios contra los de él.

- continúa – apremió.

Edward asintió.

- la vida siguió. Tanya sabía que yo no sentía nada por ella y todo quedó allí. Tiempo después vi a su hermana Irina en la universidad; me ignoró, pero llamó mi atención el que iba con uno de mis compañeros de facultad, no era uno de mi agrado, de hecho no nos llevábamos bien, su nombre era Laurent –

- En medio de una discusión, y medio borracho, me dijo que yo había embarazado a la hermana menor de Irina... -

Se quedó callado. Observó las flores alrededor – Bella… me avergüenza demasiado. -

- sigue…–

Él soltó un bufido.

- Laurent dijo que la hermana menor de Irina había tenido un hijo hacía unas semanas… -

- Fue como si el mundo hubiese caído. Todo encajó Bella, la posibilidades de que ese bebé fuese mío eran demasiadas y necesitaba saberlo, necesitaba comprobarlo; fui donde Irina, pero ella lo negó rotundamente, dijo que Tanya no había tenido ningún niño y que no volviera a mencionar algo así – sonrió amargamente – Irina mentía, lo supe de inmediato, no me es difícil leer a la gente, Bella, la única que me cuesta eres tú… -

- Entonces fui a Denali, dejé todo en Chicago y viaje de vuelta a Alaska. Allí encontré a los padres de Tanya, Eleazar y Carmen. Me recibieron con los brazos abiertos… fue horrible, me sentía culpable, estaba nervioso, desesperado y ellos me trataron como a la más importante de las visitas. Cuando les pregunté por Tanya me dijeron que había partido hacía casi cinco meses a estudiar a Canadá… - Bella abrió los ojos – en una pequeña universidad de Regina y que no sabían nada de ella… -

- no demore más de un día en partir a Canadá –

- Tanya no estaba inscrita en ninguna universidad. La busqué debajo de cada piedra, en cada lugar, hasta que di con ella. Vivía en un pequeño apartamento, estaba escondida. Me presenté en su casa, desesperado, no sabía que decir, que hacer, tan solo me presenté allí. Aún recuerdo la expresión en su rostro al verme… fue sorpresa, terror; apenas abrió la puerta y me vio trató de echarme, me pidió que me fuera, que desapareciera… - sonrió amargamente – la respuesta era obvia ¿no?, y le exigí que me contara la verdad… –

- Tanya estaba exactamente igual a como la recordaba. Bonita, altiva y orgullosa, pero en ese momento se quebró… -

- me contó que después de lo nuestro había quedado embarazada, pero que no había estado dispuesta a cargar con un bebé, que era muy joven, con un futuro prometedor y un niño no estaba en sus planes. Que lo había odiado desde el primer momento y le avergonzaba… - la voz de Edward disminuyó - me dijo que se había practicado un aborto. –

Bella estaba horrorizada.

- yo… el mundo se derrumbó, Bella, nada tenía sentido. Me sentía el ser mas asqueroso de la tierra, el más repugnante; por primera vez en la vida me sentí impotente, sentí pena y rabia por aquel hijo al que no había podido proteger y al que había llegado a querer de tan solo imaginarle. –

- Pero las cosas se aclararon en mi mente, y no todo encajaba. Tanya no tenía por qué estar escondida si había abortado en los primeros meses de su embarazo, podía haber vuelto a casa y nadie se habría enterado, seguir estudiando y dedicarse a su futuro prometedor. Decidí hacer todo por mi cuenta. Fui hasta el hospital de Regina, era estudiante de los últimos años de medicina, por lo que no fue difícil entrar a los archivos y encontrar la ficha de Tanya… y allí estaba, Tanya había tenido una niña… –

Sus ojos se encontraron y se sonrieron, él parecía emocionado.

- me sentí padre por primera vez – sonrió – era maravilloso, quería verla, quería estrecharla en mis brazos, quería darle a esa niñita todo lo que quería, todo lo que deseara, porque aunque no hubiese sido concebida con amor, ni su madre era la mujer de mi vida, esa niñita era mi hija… -

- Tanya la había dado en adopción - su voz era ronca – la bebé ya no le pertenecía, estaba escrito que había sido su deseo no verla, y la entregó, la bebé, mi hija pertenecía ahora al Estado de Canadá. –

- busqué en cada orfanato de Regina, pero ninguna bebé que estaba allí cumplía con las características, ni coincidía con las fechas… –

- debo haber estado desesperado – sonrió - porque una de las mujeres se acercó a mi y me dijo en secreto que había llegado una niñita con los ojos verdes mas especiales que había visto en la vida y que eran iguales a los míos…- sonrió – pero que había sido transferida a un orfanato en Estados Unidos, en New Hampshire, donde vivía una pareja de europeos que estaba tramitando su adopción. –

Bella le observó y deslizó sus dedos por el cabello cobrizo de él que tanto le gustaba.

- ¿pasaste por todo eso, solo? – preguntó - ¿nunca le hablaste a nadie de esto? –

Edward negó con la cabeza.

- Bella, no podía decirle a nadie. Nadie supo que Tanya había tenido una hija, a excepción de Irina, creo, y quise respetar su secreto. Además, Elizabeth ya había sido adoptada… -

Bella abrió mucho los ojos.

- tenía que tener a mi hija conmigo y no me importó nada más. Contacté a unos amigos y le pedí ayuda a Jasper, él es abogado, no le dije para qué lo necesitaba, pero no me negó lo que le pedía. Jasper es el tipo de persona que jamás hace preguntas, confió plenamente en mí y nunca hemos hablado de eso. Cuando llegue a New Hampshire, Lizzie aun estaba en el orfanato, era tan pequeñita, tan linda, perfecta, y tenía tan solo semanas de vida y apenas la vi, supe que era mía. –

Sonrió.

- y sé que ella también lo supo. –

Se sonrieron emocionados. Edward apretó sus brazos alrededor de su cintura y la atrajo hasta él. Bella escondió el rostro en su cuello y le abrazó.

- los padres adoptivos irían por ella al día siguiente, tuve suerte de no llegar un día después – sonrió - había que ser rápido… sé que todos los expedientes fueron destruidos, todo lo que indicara que Elizabeth era huérfana. No quedó rastro de que Lizzie hubiese nacido en Canadá. No sé qué se le comunicó a los padres adoptivos, solo sé que al siguiente día volaba con mi pequeña hija a Forks y que no pretendía separarme de ella jamás –

- cuando llegué aquí… - rió divertido – ¡nadie podía creerlo!, no contesté una sola pregunta. Carlisle y Esme estaban pasmados de verme con una niña y sin una madre, y sin haberme casado… - rió – algo que sorprendió demasiado a Esme; Rosalie… - su expresión se endureció un poco - Rosalie demostró su opinión; Jasper y Emmett estaban tan sorprendido como mis padres y Alice… Alice había encontrado una muñeca nueva… –

Ambos se echaron a reír. Era extraño reír después de todo lo que él había relatado. La risa disminuyó hasta que se apagó por completo. Se abrazaron el uno al otro en medio de las flores y con el sol cayendo sutilmente sobre sus rostros

- no puedo creerlo… - susurró – todo lo que has dicho, todo es…-

- es horrible, asqueroso… – susurró Edward – es paradójico que un error me trajera lo más grande que tengo, aunque haya hecho sufrir a mi hija por tanto tiempo. –

Bella alzó el rostro para observarle.

- te equivocas, Edward eres el mejor padre de todos –

- ¿me odias ahora? – preguntó él – lo entenderé, si dices que sí. -

¿Cómo podía odiarle?. Era imposible. Ahora comprendía por qué el tema de la madre de Lizzie era un episodio doloroso y sensible para Edward.

- Edward: no sé si es posible, pero te amo aun más -

Y se agachó para besarle. Sus labios se amoldaron a los del otro con dulzura.

Ella le observó.

- ¿Qué sucedió con Tanya? –

- nunca más supe de ella – Edward acarició su mejilla – jamás la volví a ver, pero no le guardo rencor, al fin y al cabo, tuvo a Elizabeth, y Lizzie me trajo hasta ti… –

Bella le besó de nuevo, una brisa helada corrió por el lugar y ella tiritó en sus brazos.

- ¿tienes frío? – preguntó Edward preocupado - es tarde… será mejor que vayamos a casa… -

Se incorporó y levantó a Bella con él. Ella sostuvo su mirada.

- te quiero – susurró.

- ahora tú eres mi vida – se limitó a contestar él.

Tomó su mano para guiarla a la salida, pero ella no se movió. Le miraba con los ojos muy abiertos parecía cohibida.

Edward frunció el ceño.

- ¿qué sucede? –

Abrió la boca para hablar, pero se sentía como una idiota.

- es mi turno, Edward – anunció con un hilo de voz – ahora yo tengo que contarte mi parte, quiero que sepas… - no pudo continuar, observó al suelo y las lágrimas traidoras ha habían delatado.

Él comprendió al instante. La atrajo hasta él y la estrechó en un abrazo apretado. Besó su cabello.

- tranquila – la acunó - no tienes que hacerlo si no te sientes preparada…-

Bella negó con la cabeza y alzó el rostro hacia él.

- no, necesito que sepas lo que le pasó a mi padre… -

Edward la acercó a él y la abrazó con fuerza otra vez.

..

Esta semana han sabido mucho de mi ¿no?. Este capítulo es muy importante y espero de verdad que haya quedado bien, que lo hayan comprendido y les haya gustado. Ahora saben quién era la mamá de Lizzie, pero varios ya lo habían imaginado ¿no?, quien más que Tanya podía ser su mamá.

Espero de verdad que me dejen saber que piensan, sus impresiones, si les gustó o no. Me esforcé mucho escribiendo este, de verdad. Me demoré una semana y una traducción en este! xD. Así que espero con ansias sus comentarios.

Muchas, muchas gracias por leer y seguir la historia. Me pone contenta saber que todo lo que hago les agrada.

Un beso para cada uno de ustedes y un abrazo de oso :)

Cariños, Annie.