Lágrimas
Shuichi despertó. Abrió sus ojos de par en par, le ardían. Había pasado toda la noche llorando, lo más silencioso que pudo. Se incorporó en su cama y observó los alrededores. El cuarto estaba en penumbras. Hiro ya había despertado y para que Shuichi no despertara, cerró las persianas. Una segunda vista al cuarto, le hizo recordar lo solo que estaba. Las paredes grisáceas por las sombras, las finas líneas de luz entrando y apenas dándole en los ojos. A un lado, descansaba la guitarra de Hiro; parecía como si lo estuviese observando. Brillos rebeldes la recorrían, ocultando el rojo pasión de la guitarra.
Una tercera vista al cuarto y ¿Por qué aún estaba vivo?
Shuichi miró al techo. Ya habían pasado seis meses. Habían pasado tantas cosas: sacaron un nuevo CD a la venta, pero por los altibajos de Shuichi, no fue uno de los mejores; supo que Yuki estaba teniendo éxito con la última de sus novelas y parecía que gestaba una continuación de la misma. Hiro estaba algo animado, parecía que habían planes de casamiento...
Aquel día, en que Hiro le contó aquello, fue como si alguien le hubiese dado un gran golpe y le revolviese toda la cabeza.
-¿Qué piensas?- Hiro lo sacó de sus pensamientos.
-En nada en especial.
-¿Yuki?
-Sí. No sé si lo he olvidado, aveces hace falta no ver a alguien un par de meses y listo. Pero, a pesar de todo, no estoy seguro. Si siquiera lo viese una vez para saber si aún lo quiero. Es una fea sensación en mi pecho, como si algo aún no hubiese terminado; siento que al saber si aún lo amo, me liberaré de todo.
-¿Y por qué no lo vas a ver?
-Porque ya no se pasea por los estudios como antes.
Shuichi se dejó caer sobre la silla, exhausto. Habían practicado una y otra vez casi sin descanso, aquel día. Entonces Touma entró, trayendo consigo un libro.
-¡Atención¡Vengan todos!- los llamó.
-¿Qué pasa?- Fujisaki levantó su vista del teclado y lo abandonó, yendo junto a Touma, como los demás.
-Mañana por la noche habrá una fiesta, por la nueva novela que Yuki ha publicado y la cual, ha sido su mayor éxito entre todas. La fiesta la organizamos con Mika, Yuki sabe. Se hará en un salón privado. Todos están invitados.
Shuichi suspiró e indiferente, volvió a su silla. De todas formas, no pensaba ir.
Cuando Touma se fue, Hiro se acercó a Shuichi.
-¿Estas bien?
-Sí- sonrió a su amigo.
-No piensas ir ¿Verdad?
-No.
-Shu-chan.
-¿Qué pasa?
-¿Porque mejor no vas?
-¿Qué!
-Sí, ven conmigo te haré compañía.
-¿Por qué?
-¿Recuerda lo que hablamos ayer?
-Pero...
Hiro le extendió dos sobres.
-Yuki te invitó, hay uno para mí, también.
Shuichi tomó el suyo.
-¿Crees que debería ir?
-Y vestirte lo más lindo que puedas, sólo para que vea lo que se ha perdido.
Shuichi sonrió.
Y finalmente llegó la noche de la fiesta. Shuichi estaba muy nervioso, se había vestido lo más lindo que pudo. Pero estaba tan nervioso, que no pudo pensar mucho. Hiro lo llevó en la moto. El lugar era un enorme salón bastante lujoso. Una alfombra recibía a los invitados. Cuando Shuichi y Hiro se presentaron con la moto, los vieron raros. Tras las grandes puertas, adornadas con cortinas rojas, los recibían unas escaleras, también decoradas con alfombra. Escalón, tras escalón, Shuichi sentía que se ponía más y más nervioso. Un hombre los recibió al final de la escalinata, dieron sus nombres y siguieron de largo.
Ese sería el día, donde Shuichi sabría finalmente si aún amaba a Yuki o no. Pero justo cuando iba a abrir la puerta, le bajó la presión tan de golpe, que casi cae. Hiro lo tomó y lo llevó al baño, para darle agua y refrescarlo.
-¡No puedo!- se abrazó a Hiro.
-Tranquilo ¿Qué pasa?
-No puedo ¿Qué pasa si aún lo amo?
-Nada. Sí él no te viene a buscar, no hagas nada.
-¿Y cuando lo salude!
-Cálmate ¿Sí?
Shuichi cabeceó.
Cuando Shuichi y Hiro entraron al salón de la fiesta, todos parecieron hacer silencio. Lo único que se escuchaba era la música de fondo y algunos murmullos. Hiro empujó a Shuichi hasta donde Yuki, quien estaba sentado en una larga mesa de mantel rojo y decorado con flores.
-Hola- dijo nervioso el cantante.
-Hola- respondió Yuki encendiendo un cigarrillo.
El cantante sintió como sus ojos se envolvían en lágrimas y rápidamente dio media vuelta y se marchó hacia las mesas, donde se sentó y tomó una copa. Al poco tiempo, Hiro le hizo compañía. Transcurrió una hora mientras los demás invitados saludaban a Yuki y Touma, Mika, K´ y los otros conocidos, saludaban a Shuichi y Hiro.
-Me ignoró- susurró Shuichi.
-¿Cómo?
-Que Yuki me ignoró
-No le hagas caso.
-¿Cómo no hacerle caso?- bebió una tercera copa de vino.
-Sólo ignóralo.
Y así pasaron varias horas. Finalmente, luego de varias copas de vino y agua, Shuichi se vió en la urgencia de ir al baño. Salió corriendo, algo mareado por el alcohol y entró. Luego se lavó las manos y entonces vio su rostro en el espejo: pálido, con pequeñas ojeras, su cabello estaba algo más ordenado... pero no impecable. Más lágrimas asomaron en sus ojos ¿Qué debía hacer? No podía seguir así, llorando todo el día, noches sin dormir ¿Yuki en verdad valía eso? Nadie vale la vida de otra persona... Dejó que un par de lágrimas se escapasen de sus ojos.
No escuchó la puerta abrirse y alguien darse paso por la misma.
Yuki se detuvo al ver a Shuichi llorar frente al espejo. No supuso o no quiso suponer porqué lloraba el chico, pero no pudo evitar preocuparse.
-¿Te sientes bien?- le preguntó en el tono más seco que pudo poner.
Shuichi volvió su rostro hacia Yuki bruscamente.
-Sí...- dijo atónito ¿Qué hacía ahí!
-Te ves flaco... No me digas que no estas comiendo ¿Acaso estás anoréxico? Los chicos de hoy...- se quejó y caminó hasta el lava manos- Creen que la moda es estás esquelético- dejó el cigarrillo y se mojó la cara.
¿Anoréxico? Él no estaba enfermo de eso... era por Yuki por quien no comía, él le había sacado el hambre.
-No me he estado sintiendo bien últimamente.
-¿Y por eso lloras¿No te ves lindo?- lo miró desde el reflejo- ¿No es que lo que importa es lo de adentro¿No es lo que dices es tus canciones?
-En tus libros el hombre siempre es caballero, dulce, atento, romántico... y no eres así- remató el ataque- Sólo escribes lo que los demás quieren leer o lo que piensas que quieren leer ¿No? Yo hago lo mismo- se mojó el rostro ¿Hasta que punto había llegado¿Desvalorizas a sí sus canciones que con tanto amor había escrito¿Decir tal mentira sobre sus letras?
-Cómo si alguna vez hayas leído alguna de mis novelas- se secó el rostro.
-Todas- observó su propio reflejo-. Leí todas tus novelas, porque quería conocerte, saber de ti.
-¿A sí?
-Y noté algo... que son un reflejo tuyo, a la inversa... que escondes cosas y que muchos de tus problemas los vuelcas en tus novelas.
-Interesante.
-Es increíble lo que hace el amor ¿Cierto?- intentó sonreír. Pero por dentro lo hizo ampliamente, hacía mucho que Shuichi deseaba decirle eso- Cuando vives por una persona y por nadie más y cuando hacer algo por ella, aún a espaldas de ella, sabes que lo hacer por ella y te sientes feliz, aún cuando jamás se llegue a enterar- entonces rió-. Bueno... quizás no me entiendas, porque eres un poco más frío- mucho más frío --.
-Te entiendo- dijo-, hice eso por alguien, alguna vez.
El corazón de Shuichi se estrujó ¿Cómo podía decirle eso en la cara!
-¿Enserio?- intentó mostrarse lo más frío posible- ¿Por quién?
-Una pareja mía.
-Esta vez las lágrimas no se contuvieron en Shuichi, el chico bajó la mirada y las dejó caer. Dio media vuelta y caminó hacia la puerta.
-Shuichi- escuchó que Yuki lo llamaba e intentaba agarrarlo del brazo, pero la puerta no se lo permitió.
Caminó la más rápido que pudo, hasta la mesa donde Hiro.
-¿Estás bien?- le preguntó el guitarrista.
-No.
-¿Quieres que nos vallamos?
-No- tomó su copa y la llenó hasta el tope.
-Ya tomaste demasiado, si sigues tomando te hará mal.
-No me importa.
Finalmente llegó el final de la fiesta. Todos de pararon para despedir a Yuki, quien cruzó el cuarto. Shuichi observó aquello con el corazón partido en mil pedazos, sentía como que si al cruzar las puertas Yuki, lo perdería para siempre. Se excusó con Hiro diciendo que iba al baño y salió por una de las puertas de emergencia, tanteando las paredes, para intentar mantener el equilibrio, pues estaba muy ebrio. Finalmente llegó afuera y encontró al escritor subiendo a su auto.
-¡Yuki!- casi lloró el nombre de hombre. Como pudo, corrió hasta el auto de este, quien al verlo en ese estado, se acercó al muchacho.
-Estás ebrio...- dijo en un tono algo confuso.
-No te vallas... perdóname por todo... sé que hice todo mal.
-Shuichi...- Yuki sentía pena de aquellas palabras, después de todo, Shuichi no había echo nada en verdad.
-Yo no quiero perderte- dejó que las lágrimas cayesen de sus ojos.
-Shuichi... estas muy ebrio...
-Los ebrios jamás mentimos- sonrió.
-Lo sé- no pudo evitar que una sonrisa se escapase de sí-. Sube al auto, mejor te llevo a tú casa.
-No- dijo en tono juguetón-. Yo quiero ir a tú casa, Yuki- le tocó la nariz.
-¿Seguro?- sonrió y abrió la puerta de su auto.
-Sí... la casa de Hiro es bien aburrida- subió al auto.
Yuki le permitió aquello, confiado en que Shuichi había bebido mucho, pero no tanto como para no saber lo que hacía. Sino, que simplemente estaba alegre por el alcohol.
-Tú eres más divertido que Hiro- dijo cuando Yuki se sentó en el asiento del conductor. Entonces se abrazó y comenzó a besarle el cuello.
-Ahora no, Shuichi, mejor en a casa ¿Sí?
-¡Ok!
Continuará...
