Disclaimer: Avatar: the last airbender no me pertenece y bla bla bla.
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Kaonashi.
No había mucho que hacer después de la guerra, ahora que la paz les había arropado bajo sus níveas alas el mundo se había vuelto un lugar muy plano, incluso aburrido para él, el avatar, un chico que era de todo excepto normal, entonces por qué tenia que llevar una vida normal y sin aventuras, ellos no lo entendían, siempre habían deseado una vida normal.
Y ahí estaba él, mirando los rectilíneos edificios de la tribu agua del norte, sin nada que hacer salvo aburrirse, afortunadamente el mundo tiene otras dimensiones para el avatar, siempre puede ir al mundo de los espíritus.
Era un sitio interesante, con toda suerte de criaturas espirituales, un paisaje extraño, bañado de una luz crepuscular que reptaba lentamente sobre la vegetación; Aang llevaba rato mirando detenidamente un pequeño ente translucido que hacia girar su cabeza como si se tratase de un despertador averiado, cuando vio, con el rabillo del ojo, una masa informe palpitando en algún lugar a su derecha, se levanto como activado por un resorte y se acerco a aquello lleno de curiosidad, busco su rostro, ansioso por hablar con aquel espíritu pero por mas que miraba y miraba no lo encontraba, la masa parecía hecha de una carne gelatinosa y era enorme, al punto de hacer parecer los árboles robustos a su lado meras ramas enclenques, tenía un color sanguinolento y reposaba sobre un musgo rojizo que por debajo se veía impregnado de una sustancia negra y gomosa.
Aang toco aquello y sintió como palpitaba bajo su mano, se sentía seco y caliente al tacto como la piel de algunas serpientes, dudo un poco antes de acercar el oído para escuchar, no escucho ningún latido, nada que denotase órganos funcionando allí dentro, solo podía oír llantos quebrados, el llanto sordo de los desesperados; tomo su vara y empezó a medir aquel prodigio preguntándose si los espíritus también podían morir, ¿Seria esto un pedazo de uno?, mientras estaba en eso escucho la voz de alguien que le llamaba:
¿Avatar Aang?
¿Quién esta ahí?- pregunto el aludido.
¿Eres tú el avatar Aang?- continuo la voz.
Si, soy yo, ¿Quién eres tú?
¿Aquel que venció a la nación del fuego?
Si,… dime quién eres, por favor.
Kaonashi… ¿Puedes llevarme contigo?
¿A dónde?
La voz no respondió pero Aang, curioso, siguió preguntando.
-Puedo llevarte pero ¿A dónde?... Kaonashi ¿A dónde quieres que te lleve?
Por el bosque Aang solo podía oír una risa suave, casi infantil, que se fue debilitando como si se alejara hasta que, al cabo de un rato, acabo por desaparecer; para cuando volvió a mirar la masa que había estado midiendo también había desaparecido sin dejar ningún rastro.
El avatar decidió entonces que era hora de regresar.
Perdonen el anacronismo del reloj despertador, no se me vino a la cabeza otra comparación; los espíritus que aparecen en esta historia están inspirados en los de la película Sen to Chihiro no Kamikakushi de los estudios Ghibli, (también ignore deliberadamente lo de la muerte de lo espíritus).
