Foca ártica.
-¿Qué hacías?- pregunto Katara con el rostro avinagrado.
- Nada… solo miraba por ahí- señalo Aang.
Katara había vuelto de cacería junto a Sokka y ahora ambos iban entrando a la cocina con las ropas manchadas de una cosa oscura, arrastrando unos ganchos en cuyos extremos iban prendidos sendos pedazos de una carne lisa y firme de un vivo color rojo, la carne iba dejando sobre el hielo azul un fina banda carmesí que señalaba limpiamente el camino que ambos hermanos habían seguido desde el trineo hasta allí, Aang levanto la mirada hacia Katara, estaba de espaldas y el monje podía ver como sus músculos se contraían por el esfuerzo, no debían ser muy diferentes de los que arrastraba con el gancho.
- ¿Qué es eso?- pregunto al tiempo que señalaba la carne que Sokka subía trabajosamente a la mesa.
- Foca ártica, allá fuera hay mas, ¿Por qué no la traes?- contesto el guerrero que tenía el rostro cruzado por una línea de sangre seca.
El aludido puso cara de espanto y se asomo afuera, sobre el trineo estaba la cabeza destrozada de la foca con la lengua colgando, la baba congelada, y la piel entera aún adherida al cráneo; Aang entonces miro a sus compañeros como a un par de caníbales y negó gravemente con la cabeza.
Sokka, quien se limpiaba el rostro con un trapo, simplemente estallo.
- ¿Qué le ocurre?... traerla a la cocina no es como si la comiera… ¿Cuándo va a dejar de ser tan remilgado?
-Ya sabes como es, si no querías verlo así la hubiese buscado tú- le reclamo Katara al tiempo que se sacaba el abrigo.
- ¡Ve y dile que viene Zuko!, a lo mejor así se anima.-sugirió Sokka.
- ¿Por qué va animarle que venga Zuko?
- Aaaaah, ¿No son amigos?
- Si pero al que anima que venga Zuko es a ti.
- Si eso es así, ¿Entonces por que te empeñaste en preparar foca ártica para su cena de bienvenida?
- Porque ahora es el Señor de Fuego, Sokka.
- Piensas acaso que por eso va al olvidar que siempre olvidabas servirle la cena cuando viajaba con nosotros.
- ¡Eso no es cierto!- se escandalizo la chica de las trenzas.
-Katara… le ne-ga-bas la comida.
-¡Yo nunca le negaría la comida a nadie!
-¡No, claro que no!
Katara puso los brazos en jarras delante de su hermano, completamente indignada.
-Voy a hablar con Aang- sentencio la joven y abandono la cocina.
