Toph.

Despertó con una sensación extraña, para ella era raro despertar en medio del silencio, no sabía si era hora de despertar o si todos dormían aún; le pareció haber oído un grito pero no estaba segura, se apresuro a colocar sus pies en el suelo, apartando con cuidado la piel que la cubría, se estremeció al contacto helado, aquel hielo amplificaba la mas mínima vibración y Toph se confundía, estaba "viendo" en una "definición" extraña; a pesar de esto pudo darse cuenta de que alguien caminaba en el pasillo.

Abrazo sus rodillas y escucho con atención, apesadumbrada por no poder "ver" usando sus pies, el frío le resultaba intolerable; había crecido en aquel estrecho período de tiempo, parecía un loto límpido naciendo en medio de la oscuridad, el cabello largo y lacio, aún mas negro que aquella noche, le caía a un lado del rostro, la señora Bei Fong había tenido especial cuidado a la hora de engalanar a su hija para el viaje al polo, de manera que su cabello había sido cepillado escrupulosamente; si, había crecido y los cambios eran evidentes, sus rostro redondo como la luna se había convertido en un ovalo invadido por sus enormes ojos velados con un lugar húmedo y amelocotonado que eran sus labios, gano altura, sus piernas parecieron olvidar dejar de crecer y sus manos eran ahora como calas largas, níveas y delicadas.

Se canso de escuchar, el que había gritado estaba ahora en el comedor, inmóvil desde hacia mucho rato, tanteo el suelo en busca den sus mocasines de piel, los odiaba pero eso no era razón suficiente para congelarse los pies, se envolvió en un chal de lana de vicuña y salio al pasillo, su habitación estaba entre el comedor y el lugar del que vino el grito, en aquella dirección estaban las habitaciones de Sokka y Zuko así que se dispuso a averiguar quien de los dos la había despertado; siguió el pasillo con el brazo derecho extendido, rozando con la yemas de los dedos la pared de hielo, cuando llego al umbral se apoyo de un costado y escuchó con atención; un leve olor a madera flotaba en la habitación, era un olor conocido para ella, cuando sus pies se quemaron floto tanto a su alrededor que Toph llego a considerarlo propio, era el olor de Zuko.

-¿Zuko?- llamo la chica, era extraño que él no le dijese nada sí estaba allí, bajo dos escalones y quedo de pie sobre el mosaico de pieles que cubría el suelo.