Oscuridad.

Repentinamente la ventisca se detuvo, el viento ahora se movía al ras del suelo, meciendo los copos de nieve y trazando fantasmales líneas blancas sobre las calles; los canales estaban cubiertos de una fina capa de hielo, erizada de frágiles cristales de escarcha, que ondulaba conforme el agua se movía a través de ellos.

Katara despertó primero, salio de su cama y se dirigió directamente a la cocina, le extraño encontrar un pequeño mocasín de piel grisácea abandonado cerca de la mesa pero lo dejo sin prestarle mucha atención, en la cocina Aang estaba esperándola.

Aang, ¿Qué haces levantado tan temprano?

Quise ayudarte con el desayuno- el muchacho sonreía con esa sonrisa que trataba de disimular algún disgusto, Katara lo observo un poco extrañada sin recordar que la comida del día anterior consistía casi en su totalidad de platos con carne.

Gracias, necesitaba ayuda en la cocina ¿Y que sugieres para el desayuno de hoy?

Una macedonia de frutas Sifu Katara.

Para cuando se reunieron todos a desayunar los espacios vacíos en la mesa se hicieron evidentes.

¿Dónde esta Zuko?- pregunto Sokka molesto por no poder comer carne y por no tener un aliado junto al cual quejarse.

¿Y como voy a saberlo?- protesto Katara mirando el espacio vacío como si lo fuese a hacer aparecer a fuerza de mirar.

Aang frunció ligeramente el ceño, ¿Por qué siempre Zuko estaba llamando la atención?

Tal vez sigue dormido, o fue a recordar los viejos tiempos con Toph.

Ja ja ja que buen chiste, me encanta recordar eso - celebró Sokka.

¿Recordar qué cosa?- intervino Suki.

Cuando Zuko entro a nuestro equipo lastimo los pies de Toph y la llevo a cuestas hasta que se curo, a Sokka le parecía gracioso – aclaro la maestra agua al tiempo que pescaba un trozo de sandia de su plato con un palillo.

En verdad no puedo imaginármelo.

Suki apenas si conocía a aquel muchacho, para ella era difícil comprender la familiaridad que Sokka y su hermana tenían con aquel Señor del Fuego, ellos hablaban de él como de cualquier muchacho, sin embargo, para la guerrera Kioshy este ser malhumorado siempre había formado parte de ese grupo de personas que, por definición, tienen velado el lado humano y viven rodeados de un halo de misterio.

No puedes imaginártelo porque no lo viste nunca- le aclaró Sokka al tiempo que sacaba de su plato algunos trozos de melón que engullo casi sin masticarlos.

Aún así voy a buscarlos no vaya a ser que vuelva a perderse como aquella vez – continuo el muchacho.

Este bien, debe estar con Toph… afuera esta muy oscuro.- señalo Katara.

Sokka la miro sin entender mucho eso de "afuera esta muy oscuro", se encogió de hombros y se despidió se Suki con un beso antes de salir al exterior.

Afuera el frío era lacerante, "¿Cómo se les ocurre salir?", Sokka miro hacia la muralla coronada de la nieve que trajo la ventisca, y a los bultos de piel que eran los vigilantes de la ultima ronda, agazapados en lo alto de las torres; en el canal un hombre con el rostro cubierto a medias rompía el hielo delante de su barcaza con un remo.

¡Oiga! ¿No ha visto a un hombre con una joven por aquí?

El hombre de la barcaza, detuvo su tarea, negó con la cabeza y aprovechó para sacudir la escarcha que se había formado sobre su abrigo.

Echo a andar por el reborde del canal, en dirección a la casa del líder de la tribu, ese era un sitio interesante que a Toph le gustaría conocer, tal vez Zuko la había llevado allí.

Aún faltaban algunos meses para que el sol se levantara de manera que andaba en medio de la penumbra, era extraño estar en la tribu agua del norte con Suki, allí todo le recordaba a Yue y no podía evitar sentirse vacío cuando recorría las mismas calles que había recorrido con ella; se detuvo en una esquina, mas allá estaba el puente, era un pequeño puentecillo semicircular que unía una calzada con la otra por encima del canal.

Camino como un autómata hasta el centro del puente y allí se detuvo, frente a él podía ver la muralla y tras él estaba el gran edificio donde se asentaba el gobierno de la tribu, miro la superficie congelada del canal recordando como Yue había convertido un pez en un oso, suspiro largamente… la luna parecía estar a punto de caerle encima de lo que grande que se veía, el muchacho levanto el rostro hacia ella examinándola, buscando a Yue en aquel enorme circulo plateado.

Lleno de desaliento bajo su rostro, sepultándolo en sus manos, sentía como si una esfera de hierro le hubiese anidado en el pecho y le cortase la respiración, cerro los ojos con fuerza, ¿Por qué tenía que dolerle tanto estar allí? ¿Por qué tuvo que perderla?

En eso estaba, cuando le pareció ver algo moviéndose en la calzada, el guerrero no movió un músculo, permaneció atento, aquella cosa se movía hacía el, le recordaba una morsa solo que esto palpitaba como si se tratase de un corazón gigante, continuo esperando hasta que sintió un olor acre envolviéndolo, entonces arrojo el boomerang hacia aquello con toda la fuerza de la que disponía.

Grande fue su sorpresa al descubrir que no había nada allí, el boomerang regreso sin pena ni gloria a la mano de su dueño y este examino atentamente los dos extremos de la calle donde había visto la aparición, aquel sitio estaba desierto, las únicas señales de vida por ahí eran las luces tras las ventanas cerradas y una mujer que barría la nieve acumulada frente a su casa, esta casa y esta mujer estaban, si embargo, muy lejos del guerrero casi al lado de la muralla.

Sokka observo entonces, era un cazador y los cazadores saben seguir un rastro, solo que esta vez no había rastro que seguir, solo una mancha oscura de algo que parecía alquitrán.

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