Celos.
Mientras tanto Katara y Suki se habían encerrado en la cocina, abstraídas en una conversación vacía e intrascendente, Aang excluido por la naturaleza del coloquio se vio obligado a vagar por la casa buscando algo que hacer; mientras se dirigía a la terraza observo a Momo volando directo hacia él con un objeto extraño en la cabeza, el Avatar trastabillo cuando el lémur se estrello contra él, para cuando recupero el equilibrio examino con cuidado lo que traía el animal, era un pequeño mocasín de piel gris, Aang no tuvo muchas dificultades para reconocerlo ya que Toph no paraba de quejarse de ellos durante la cena, aquello era muy extraño, estaba bien que no le gustaran pero hacía suficiente frió afuera como para acalambrar una mano o un pie desprotegido.
Sumamente extrañado y aún con el mocasín en la mano se dirigió a la habitación de Toph, como supuso estaba vacía, el lecho estaba desordenado pero eso no era extraño tratándose de la maestra tierra, lo que si resultaba raro era que sobre una mesa al lado del lecho estaba el brazalete de Toph, aquel que hizo con el trozo del meteorito que le regalo Sokka, algo estaba ocurriendo, camino hacia la habitación de Zuko, se detuvo un poco incomodo, era tan raro entrar en la habitación del Señor del Fuego, la puerta estaba entornada, adentro no se veía nada pero la penumbra no era lo que intimidaba al muchacho, tenía la sensación de entrar en el cubil de algún animal salvaje, esa sensación tan común en aquellos que sin reconocer sus meritos juzgan grandiosos los ajenos.
En el interior se percato de que esta, era por mucho, la habitación mejor climatizada de la casa, sus rostro adopto una clara expresión de fastidio, ¿Y ahora por qué Katara le daba a él la mejor habitación? Empezaba a exasperarle aquello, no era justo que ella se desviviera por mimar al Senor del fuego si él era el Avatar, su novio.
Paseo los ojos por la habitación, para Zuko no había saco de dormir, él tenía un camastro que si bien era sumamente espartano no por eso dejaba de burlarse del Avatar; la cama estaba deshecha algo raro para una persona como Zuko, dedicado en medio de una rigidez casi militar pero Aang herido y molestado constantemente por el tábano de los celos decidió ignorar este detalle e irse rumiando su rabia por los pasillos de la casa.
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