Sokka.

Aquello parecía obra de un espíritu concluyo Sokka, mientras palpaba el suelo alrededor de aquella mancha oscura, alzo una ceja con un brillo fresco en sus expresivos ojos azules, Toph y Zuko no eran espíritus; se sintió un poco estúpido por haber perdido su tiempo, desando sus pasos satisfecho, solo tenía que seguir sus huellas.

Cuando estuvo frente a la puerta, lo asalto un irrefrenable deseo de entrar y arrellanarse entre los cojines a esperar las atenciones de Suki y Katara pero casi al instante cayo en cuenta de que le reñirían de volver solo, soltando un suspiro de resignación se acuclillo examinando las huellas sobre la nieve.

El muchacho hizo un mohín de disgusto, todas las huellas eran del mismo tamaño e iban en la misma dirección, eran suyas indudablemente; aquel par no había salido por la puerta principal, de eso no cabía duda, Sokka se dirigió a la parte trasera de la vivienda deseando que Toph y Zuko no hubieran decidido dar una vuelta en trineo, cuando llego a su destino suspiro aliviado, el trineo seguía en su lugar, la piel congelada de la foca ártica seguía enrollada sobre si misma, en el lugar exacto donde la había dejado después del arrebato vegetariano del Avatar.

Miro la puerta firmemente cerrada desde el interior, cubierta de escarcha, no había nada que indicara que la habían abierto desde el día anterior antes de aquella ventisca; miro entonces al suelo, allí estaba pintada la misma historia, la nieve acumulada contra la hoja de aquella puerta lucía intacta como una mullida almohada de algodón, el guerrero soltó un tercer suspiro de desaliento, sus respiración se convirtió en vaho al contacto con la atmósfera helada, haciéndole parecer un dragón particularmente molesto.

Se dio la vuelta y se apoyo sobre el trineo, la ventisca había helado los patines de manera que el vehiculo crujió débilmente ante el peso del muchacho; seguramente aquel par estaban escondido en algún armario cuajándose de la risa, no podía imaginar algo mas tonto e inmaduro, valla rey el de la Nación del Fuego, repentinamente adopto una expresión muy seria, acababa de recordar una desaparición muy parecida en la Isla Ember pero aquella vez él y Suki no estaban precisamente gastando una broma; sintió como le ardían las orejas, ciertamente Toph no seguía teniendo trece años pero aquello era simplemente descabellado, si definitivamente el hambre lo estaba trastornando.

Zuko lucho por separar una vez mas los parpados, hacía mucho que se sentía hundido en un vació sin fondo, donde el único punto de referencia era aquel bulto blando entre los brazos y aquel arrullo que repetía incansablemente sin pensar, vio a través de la bruma a un muchacho de grandes ojos azules, el rostro del muchacho era el retrato de la sospecha, el Señor del Fuego tuvo la absurda idea de que lo miraba a través del agua, sintió ganas de reírse pero ya no sabia que eran las ganas de reírse, en un momento dado vio esos ojos tan cerca que creyó que lo veían a él y a su valiosa carga pero después pensó que era una ilusión.

Algo grande y oscuro flotaba a poca distancia de la superficie del agua del canal, la cosa de antes lo estaba acechando y al guerrero no le gusto esa idea, se acerco con paso cauteloso hasta el borde del canal, el agua se veía mucho más oscura de ese lado, Sokka se arrodillo ante el agua y acerco su rostro a la superficie, escrutando como si allí debajo hubiese algún tesoro escondido.

Vio algo que solo pudo asociar con una gigantesca bola de alquitrán, meciéndose de una manera siniestra allí debajo, era algo que no había visto nunca y que despertó su curiosidad; se quedo mirando como aquella cosa amorfa se inflaba acercándose a la superficie, algunos movimientos espasmódicos le hacían suponer algo vivo, le surgían apéndices gordos y ondulantes conforme crecía mas y más. Se puso de pie y estiro la pierna sobre el agua, toco aquello con la punta de su bota un par de veces.

Luego volvió a inclinarse para ver mas de cerca, le pareció oír un extraño murmullo al que le presto demasiada atención, una burbuja salía de la masa oscura y eso lo llenaba de emoción, la burbuja subió perezosamente y cuando toco la superficie se desbarato liberando un vaho fétido y acre sobre el rostro del chico, Sokka compuso una mueca de asco justo en el momento en que el ruido de un infierno se liberaba sobre su cabeza.

Antes de acertar a reaccionar, esa cosa que había juzgado inocua e inofensiva, digna de su curiosidad, cobro vida elevándose sobre su cabeza tres veces mas grande que cualquier oso-ornitorrinco que hubiese visto; una ola de agua helada lo empapo de pies a cabeza cortándole la respiración al tiempo que uno de aquellos, graciosos, apéndices se enroscaba alrededor de una pierna, aprisionándosela como si se tratase de una prensa.

Unos segundos mas tarde, se encontró asido a una cuerda, con el cuerpo completamente sumergido, bajo aquel agua que mas parecía hielo liquido y con ambas piernas atrapadas por aquello, que poco a poco lo envolvía de la misma manera en que las estrellas de mar y los caracoles engullen su alimento.

En la superficie solo podía verse la nieve mojada, algunos charcos aquí y allá, el agua levemente agitada por la lucha que se desarrollaba bajo la superficie, el trineo, aun con los patines pegados al suelo por una costra de hielo y una cuerda tensa que partía de aquel, e iba a descansar dentro del canal, la cuerda vibraba por la tensión en sus dos extremos, mientras el hielo que apresaba los patines del trineo gemía lastimeramente al tiempo que se rompía.

Finalmente luego de unos segundos, los patines del trineo se liberaron del hielo con un crujido espantoso; el trineo se volcó arrastrado por la cuerda y se dirigió hacia el canal hasta que se detuvo como por arte de magia, la cuerda liberada de la tensión cayo laxa sobre el hielo mojado de la calzada y la piel de la foca ártica, cuidadosamente enrollada por Sokka, rodó aún un par de veces antes de detenerse, tan muda como la cuerda y el trineo bajo la fría luz lunar.