Capitulo 5- Deja Vu

Jean Flint, la patóloga en jefe del área de investigación de la corporación llevaba un mes investigando las muestras de DNA que Bra le dio, fueron un total de 23, desde ese entonces 4 más se habían agregado a su lista.

En ninguno de ellos encontró algo fuera de lo normal, excepto por una cosa, una serie de datos en los cromosomas 16 y 21 que muchos tenían en común, secuencias codificadoras desconocidas, para su función ya tenía cerca de 15 hipótesis; pero ninguna la convencía del todo, las proteínas que se formaban por las secuencia de pares de bases eral algo nunca antes visto en el cuerpo humano… ¿Qué era todo eso? No era la primera vez que Bra le daba una muestra de ese tipo para investigar; pero esa secuencia y por ende, esas proteínas no las había visto en todos los años de su carrera.

Muchas incógnitas se formaron en su cabeza ¿Por qué le hacia investigar a estas personas¿Quiénes eran?

Comenzó a escribir el informe de los primeros 15, describiendo la normalidad de su DNA a excepción de esas secuencias, reprochándose a si misma no saber ni para que estaba trabajando, mas joven talvez le hubiese cuestionado a Bra que era todo eso; pero ahora se conformaba con un aumento de sueldo y un nuevo automóvil… de algo tenía que vivir.

-Pues si, tenemos muchas cosas en común, a veces también creo que tengo demasiada suerte…o que dentro de mi mala suerte siempre hay algo bueno, es extraño, mucha gente no me comprende o simplemente no lo entiende o no puede hacerlo; pero se que pasa algo raro a mi alrededor- Susan Ranvier le miro fijamente por unos segundos, todo lo que Billy dijo era idéntico a lo que ella vivía, como si fuera protegida por una fuerza a la que no podía hallarle explicación, alguien que controlara todo su ambiente y sus movimientos, vigilando cada paso en su vida ¿se estaría volviendo paranoica?

-No es tan malo- dijo finalmente tras darle un sorbo a su taza de café- mira donde estamos…gente de nuestra edad aun sigue estudiando, muchos ya quisieran nuestros puestos en este lugar, tenemos un gran futuro

-No lo dudó- le respondió con recelo- aun así no puedo evitar preguntare cual es el precio a futuro ¿Qué tanto pagaremos por ese revolucionario chip?

-Nosotros nada, por el contrario nuestro nombre quedara perpetuado en la historia, el equipo que hizo posible el chip que logro acelerar la evolución de la humanidad en miles de años.

-Será tu nombre el que quede en los anales de la historia, eres tú quien conduce esto; pero… ¿no te preocupa el futuro posterior al chip?- y agregó en tono desesperado- No sabemos que pueda pasar con la humanidad

-Ese no es mi problema- Billy no se extraño ante tal respuesta, Susan era una buena chica, tenía ideas fuera de serie, trabajaba hasta altas horas de la noche, era increíblemente metódica y obsesiva con que sus ordenes fueran seguidas al pie de la letra, aunque siempre estaba dispuesta a aceptar sugerencias; pero a veces gustaba de humillar a aquellos que cometían errores, podía pasar semanas recordándoles sus fallos con una acida ironía insoportable a determinado momento. El bioingeniero Billy Duffy, quien se hizo su amigo a los pocos días de que ella tomara el mando de la investigación, sabía muy bien lo egoísta que Ranvier podía llegar a ser, el sentimiento de que ella todo lo podía si lo quería y que, muy en el fondo, ella tenía la plena seguridad de que todos tenían que servirle. Terminó su jugo de naranja y dejo el vaso a un lado, se percató que Ranvier no dejaba de mirar a alguien justo detrás de él

-¿Qué tanto miras?- pregunto curioso con una sonrisa cómplice adornando su rostro

-A ese sujeto…Samuel Lautrec- respondió sin dejar de verlo. Billy no tenía que voltear para saber quien era, lo conocía desde hacia un par de semanas, cuando fue presentado como el representante de la nueva filial CME

-¿Te gusta o algo así?

-No, solo me agrada, siento que lo conozco desde hace mucho tiempo y no se porque sea eso- recordó lo que había vivido un tiempo atrás, cuando le pidió a Bra Brief una extensión de tiempo para investigar ciertas cosas de ese chip por su cuenta, quería saber que era lo que estaba creando- Hace un tiempo, la jefa me reprendió porque lo mire mucho, me dijo que lo dejara en paz porque es casado o algo así, no le pongo mucha atención a esa histérica

-¿En verdad?- le pregunto intrigado, ella asintió-vaya, vaya… dicen por ahí que la jefa tiene una aventura con él…

-Tú siempre tan enterado de estas cosas; pero ¿quien lo iba a decir de la jefa? parecía persona decente, solo comprueba que las apariencias engañan… ¿Qué pasa si voy a saludarlo?

-No creo que mucho- contesto Billy creyendo que se trataba de una broma

-Si, no pasara nada- se levantó repentinamente para sorpresa de su acompañante y sin mas se sentó a la mesa de Samuel quien leía su periódico con especial atención en la sección de economía – Hola- era increíble mirar a aquella chica, nunca antes le había visto y sin embargo sentía como si ella y él se conocieran desde hacia mucho tiempo

-…Ho…hola- contesto nervioso, apabullado por la decidida actitud de la joven -¿te conozco?- preguntó pensando que talvez esa sensación de que la conocía era porque en efecto así era.

-No lo creo, es la primera vez que hablo contigo- respondió tomaba un pan del plato de Lautrec, algo que le disgusto- disculpa es que aun tengo hambre- se disculpo al verlo con el semblante.

-Deberías pedir permiso antes, no te lo hubiera negado

-…lo siento, es que me dieron ganas de comerlo...yo te recuerdo bien, te estaba viendo aun cuando hablaba frente a todos ese día de la presentación del chip- Lautrec se fijo en ella detenidamente, era cierto, ella era Susan Ranvier, la mujer que trabajaba en el chip y que Bra tanto detestaba, se lo dijo un día cuando desayunaban, que de ser por ella ya la hubiese sacado a patadas; pero desgraciadamente no tenía tiempo para el proyecto del chip y que además de los Brief no había nadie mejor para ese proyecto que ella.

-Susan Ranvier ¿no es así?- pregunto tras dar un sorbo a su taza de café, la joven asintió orgullosa al oír su nombre- si te recuerdo, expusiste muy bien tus ideas sobre ese chip

-Disculpe señor Lautrec- le interrumpió una secretaria morena y con el uniforme de la corporación- la señora Bra Brief me ha mandado a decirle que necesita hablar con usted urgentemente

-¿Por qué no me habló a mi celular?-

-lo que pasa-respondió- es que usted no contestaba, ella esta en su oficina, parece que lo tiene pagado- de inmediato, Lautrec, buscó el celular dentro de su saco, vio la pantalla, en efecto estaba apagado, había olvidado cargarlo

-Esta bien, muchas gracias, iré en unos minutos

-Vaya- dijo Susan al ver a la mujer irse- a usted le gusta Bra Brief

-¿Por qué dices eso?- pregunto extrañado ¿acaso era tan obvio?

-Solo te mencionaron su nombre y hasta te brillaron los ojos, además- y le dijo al oído- ella si se fijo que yo te miraba y no le gusto mucho que digamos, me dijo que eres casado, hasta parecería que estaba celosa

-No lo creo- contestó con seriedad mientras se levantaba- seguro lo imaginaste…me dio gusto saludarte

-Nos seguiremos viendo- le guiño el ojo mientras terminaba de comer el resto del pan. Lautrec río divertido ¿Desde cuando una chica venia sin razón alguna a su mesa? Fue algo que jamás se imagino.

Camino tranquilamente pensando en las palabras de Susan Ranvier "hasta parecía que estaba celosa" Bra celosa por él, de alguna manera todo eso aplacaba sus dudas sobre lo que pasaba entre ellos. Ya casi llevaban un mes con esa relación y aun no comprendía porque ella se arriesgaba tanto con él, constantemente se preguntaba que pasaba entre ella y su esposo, una y otra vez se cuestionaba si lo que Bra sentía por el era realmente amor o solo era algo que se imaginaba; pero desechaba la idea, Bra lo amaba ¿Qué sentido tendría estar con él si no lo hiciera¿Por qué querría darle celos a su esposo? Además amarse de esa manera era hermoso y estimulante, frenar la sensación de besarla apasionadamente cuando estaban en público, de rozar su mano cuando nadie prestaba atención, las miradas a veces juguetonas a veces lascivas que se dirigían, de sentirse el hombre mas dichoso del mundo al tenerla entre sus brazos, al hacerla suya.

Tocó la puerta antes de entrar, tal y como solía hacerlo siendo apenas un empleado cuando todos sus sentimientos solo aspiraban a ser sueños y deseos, cuando moría por dentro al tenerla tan cerca y a la vez tan lejos.

Se veía bella en su traje sastre blanco, detrás de su escritorio, tecleando sin cesar, una visión perfecta de una mujer que bien podría ser una diosa, tanto la amaba, en ese poco tiempo le había hecho sentirse más vivo que nunca con solo sentir su respiración en su oído y escuchar entre sus gemidos su nombre "Samuel"

-Samuel- como si fuera mencionado por un ser que ningún mortal tenía derecho a ver- Samuel- así se sentía, como si el hombre hubiera encontrado el edén mismo- Samuel- y se sentó frente a ella, perdiéndose en esos ojos verdes, tratando de controlar las ganas incontrolables de besarla desenfrenadamente hasta que ambos fueran uno.- Hace un rato que trataba de comunicarme contigo ¿Por qué no me contestabas el móvil?

-Esta descargado, discúlpeme- Bra continuaba con su incesante tecleo, por varios minutos no le dirigió la palabra a Samuel, se le notaba molesta ¿Qué pudo haber hecho mal?

-Hay un par de dudas que tengo sobre uno de los informes de CME- le dijo cuales y Samuel los leyó con atención

-No veo nada malo

-¿No?- pregunto con ironía- haz de estar muy ciego para no darte cuenta de ello, este balance no se ajusta con este- y le mostró ambos documentos

-Claro que no, son cosas totalmente distintas- increpó alzando la voz, odiaba que alguien buscara un defecto en su trabajo cuando en realidad no existía

-Deberías de poner más atención a tu trabajo- gritó furiosa- ¿has visto esta aberración?

-Ahí no hay falla de ningún cálculo, lo revise unas 5 veces

-Pues parece que lo hiciste rápidamente y mal- los ojos de la vicepresidenta chispeaban cólera, su ira iba más allá de los supuestos errores en los balances… ¿Qué demonios era? La pregunta comenzaba a atormentar a Lautrec, era plausible que lo tomara como excusa para dejarlo de una vez por todas

-¡Esto no sirve!- grito hecha una energúmena, se levanto de inmediato y le hizo frente a Lautrec- ¡es basura!- arrugó los papales y se los tiro. Samuel le miro con esos ojos inexpresivos acostumbrados a ver sus rabietas

-No le permito que me hable así

-Acéptalo, tu trabajo es malo, si no estuvieras coqueteando con la tal Susan Ranvier tu trabajo estaría tan bien como siempre- Lautrec se asombró al escuchar aquello, después de todo, Susan estaba en lo cierto, tenía celos, todo aquel arranque casi histérico eran por celos, ella no podía soportar verlo con otra mujer

-¿De quien mujer habla? No, no señora Brief, no coqueteo con nadie se lo aseguro, solo me fijo en usted es lo que me interesa nada más- La empresaria no podía soportar que él se fijara en otra, ella tenía que ser su único centro de atracción, ningún otro; pero bien sabía que él era incapaz de engañarla. Aprovechando que las persianas estaban cerradas y la puerta tenía seguro, Bra se acercó a él hasta acomodarse en su pecho

-solo puedes fijarte en mi…suficiente tengo que compartirte con tu familia

-Yo te comparto también, no puedes ser totalmente mía, ante la ley, eres suya

-Pero aquí- y le llevo la mano a su corazón- eres todo- y sin perder tiempo lo beso, ella lo necesitaba, hacia unos minutos cruzo cerca de la cafetería y al mirar de soslayo se encontró a Jane Ranvier al lado de él, mirándolo tan coquetamente ¡esa desgraciada! Aun después de que le dijo que él estaba casado continuo pretendiéndolo; era de la misma calaña de Pares; pero no lo permitiría, no con él.

La vida le daba la oportunidad de vengarse y no la dejaría pasar, no eran celos los que se sentía por Samuel, era suyo, su distracción y sabia que para él, ella significaba muchísimo más, que se embriagaba en ella, en sus ojos se le miraba profundamente enamorado, una venda perfecta que no le dejaba ver más lo que él quería ver.

Sin perder tiempo, Bra desató la corbata de Samuel

-Espere- interrumpió nervioso- alguien podría vernos

-No, todo tiene seguro- y solo esas palabras de confianza bastaron, se dejo desabrochar la camisa mientras a ella le quitaba el saco. Dejándose llevar por ese sentimiento que talvez había vivido dentro de él desde siempre, ella lo era todo, la dueña de su destino, la mujer para la que quería vivir eternamente. La amaba ¿Cómo evitarlo? Sentir su piel en contacto con la suya, sus besos, sus caricias, le hacían entrar en un delirio del que nada mas importaba.

Ella le hizo vivir de nuevo, era un hombre casi muerto, todo lo que tenía, un nuevo trabajo, una familia, existían tan solo para olvidarla y pensó haberlo logrado hasta que la tuvo enfrente de nuevo y miro sus hermosos ojos, se rindió en ese instante.

-Te amo- le dijo tras acomodarse la corbata, robándole un beso. Era increíble como este hombre la idolatraba, que a pesar del tiempo él la siguiera tratando como una deidad, para él ella era el amor de su vida.

-tienes que volver a trabajar- le dijo en un susurro, esforzándose porque sus palabras no hicieran ningún efecto en ella.

Samuel acaricio su rostro delicado, pensando que todo debió de ser diferente, la vida era injusta, ahora le daba la oportunidad de tener a la mujer de su vida cuando ya tenía otra; no podía dejarla, su hija era muy pequeña aun.

-Te veré otra vez- le llamó antes de salir- en la noche a las diez, donde siempre

-Es que no puedo- contesto cabizbajo. Bra sabía la respuesta, abrió la puerta y dejo a Lautrec retirarse, en algún momento le había dicho que pronto su esposa y su hija vendrían a la capital en busca de una casa, talvez este era el día y de ser así no quería enterarse, le enfurecía que una niñita se robara su atención; Samuel solo era suyo y de nadie más, siempre había sido así.

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-Este es el espécimen 46- le dijo Ganong a la mujer- él más útil de todos ellos, aunque su naturaleza es distinta, sin embargo nos esta facilitando muchas cosas

-Si Eva supiera de esto volvería a morir odiaba a ese hombre a muerte- la mujer le dio un detallado vistazo a la foto que estaba en la computadora- la 46, dicen que es problemática

-Tiene su temperamento, lo que se heredera no se roba- era aquel el proyecto más ambicioso que se había emprendido hasta entonces, de fallar, sus planes se retrasarían por cerca de 50 años

-¿Hasta ahora todo bien?- preguntó la mujer con dificultad mientras se levantaba para servirse una copa de coñac

-Ha tenido problemas, con ella; pero nada de que alarmarse, se pueden tolerar aun

-Ella será la última y por lo tanto será la que vea todo lo que pase antes de su fin, se dará cuenta de las cosas, es inteligente; pero hay que seguir engañándola, manteniéndola en una burbuja de cristal en todo lo posible, no puede enterarse de nada- contestó con preocupación

-No lo hará, el escenario esta listo- pero eso no convencía a la mujer, el historial de la número 46 la calificaba como una persona suspicaz capaz de darse cuenta de cosas mínimas que para muchos pasarían desapercibidas, eso no le daba confianza; su única esperanza era el final de la 46.

-¿Cómo van los otros?

-29 ya, no se puede detener

-Eso nos deja con 17, menos ella…16. Esténse pendientes de ella, todo movimiento, toda actitud sospechosa- ordeno con severidad ante un sumiso Ganong quien solo asintia de vez en cuando

-¿y Bra?

-Bra…- la joven sobre la que tenia sus esperanzas de que la organización se levantara para nunca caer- tendré que medir su templaza con ella, si pasa esta prueba, le probare a todos que tengo la razón, ella será la nueva ama del mundo, ama de todo amo.

-solo falta que ella acepte

-Aceptara- esgrimo con seguridad- lo lleva en la sangre, solo ella puede hacerlo.

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Reacia, Abril, la esposa de Samuel, aceptó vivir en la capital del oeste, dejaba su trabajo, su familia, para ir a un lugar desconocido. En la misma ciudad donde Lautrec le contó que vivía la mujer de la que se enamoro profundamente, las dudas no la dejaban conciliar el sueño.

Hacia tiempo que su esposo no le hacia el amor, siempre estaba distraído, toda su atención era para la pequeña Sharon y a ella solo le dirigía miradas alegres y una que otra caricia; él era distinto, esa maldita ciudad lo hizo cambiar, posiblemente era esa mujer. No entendía como él aun podía seguir amándola, en el fondo sabía la cruda verdad, Samuel le tenía afecto; pero su amor era de otra

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La noche era larga, Bra se sumergió en el mundo de los balances y los pocos déficit que arrojaba la empresa, detalles de subfiliales de las regiones, sin duda la empresa había crecido desmesuradamente en manos de su hermano y en las de ella, se habían propuesto hacer que la corporación pasara a la historia y perdura a través de los siglos, nada iba a detenerlos. Perdida entre sus pensamientos globalomaniáticos y de omnipotencia recordó a Samuel, a la rabia a la que sucumbía pensando que en esos momentos estaba al lado de su esposo. Samuel era suyo, la amaba solo a ella, no solo lo decía se lo demostraba al hacer el amor, solo hacía conocía sus verdaderos sentimientos.

Su celular vibró de nuevo, Goten le intentaba hablar por centésima vez, estaba harta de él aun le daba asco pensar en la humillación que le había hecho pasar, no estaba dispuesto a perdonarlo, al menos no hasta que su orgullo se hubiera redimido, era esa la verdadera razón de continuar con Samuel. Ante la insistencia de su marido optó por apagarlo, ya no le importaba más.

Su concentración se perdió por completo, su mente estaba fija en Samuel ¿la estaría engañando¿Estaría en esos momentos con su esposa y…? No, no tenía que pensar en eso, para ella, Samuel Lautrec solo era un juguete nada más

"Desde que empecé mi relación con usted, no he podido dormir con ella…para mi, solo usted existe"

Eso debería reconfortarla; pero no era así, las dudas no dejaban de atormentarla ¿seria verdad¿La engañaría también?

Un sonido la sacó de concentración, un pitido ligero que venia de la computadora, era un nuevo e-mail, le pareció extraño, era la cuenta que manejaba en la empresa y que muy pocos empelados conocían ¿Quién podría ser? Lo abrió sin perder tiempo, no tenía remitente, ni un titulo, tan solo una pregunta

"¿Conoces a los 46?" incrédula lo leyó una y otra vez sin comprender el significado, era como un Deja Vu, era imposible que todo eso comenzara de nuevo.