Capitulo 6- Celos

No creyó prudente investigar la procedencia de aquel e-mail, no era tan tétrico como solían ser las cartas de Eva, no había imágenes adjuntas de asesinatos, ni ningún tipo de informe de oscura procedencia…tan solo una simple pregunta "¿Conoces a los 46?" Era quizás una equivocación, cabía la posibilidad que se tratara de una persona que le mando aquel mensaje por accidente, aunque ella sabía perfectamente que los accidentes no eran obra de la casualidad, que si aquellas líneas llegaron hasta ella era porque así estaba planeado desde un principio.

Quiso contestar, preguntarle a que se refería con los 46, quien era, por qué sabía tanto y que buscaba con infórmale sobre ese grupo de 46. No recibió respuesta ni aun pasada una semana, ni 15 días después, ni transcurrido el mes. Aquella persona había optado por ignorar sus preguntas; por su cuenta, Bra trató de obtener la IP de donde provenía la cuenta de e-mail, mas no obtuvo éxito, pasado mes y medio no tenía resultados con su búsqueda, aquella persona, como si fuera un fantasma no volvió a mostrar alguna señal de su existencia. Bra optó por no indagar más, era mejor, por el momento, observar tranquilamente la situación y esperar a cualquier movimiento en falso. Le molestaba admitirlo; pero mientras no pudiera conseguir la forma de saber la identidad de aquella persona, tendría el control sobre la forma y el momento de hacerle llegar sus mensajes.

Los 46 se convirtieron en una constante de sus pensamientos, a veces pasaba desapercibida, a veces no podía dejar de pensar en ello a tal grado que llegaba a convertirse en una tediosa obsesión de la que se hartaba por completo.

Las muertes de los que algún día pudieron ser parte de la elite aumentaban repentinamente de 29 pasaron a 34 y con ellos aumentaban las sospechas de la detective Dodge, la insistente mujer sospechaba sin ocultarlo que Bra Brief estaba vinculada a todas esas extrañas muertes, a la muerte del 30 regresó a las oficinas de la corporación para hacerle preguntas sobre un tal Emmanuel Ariex, un joven becado que trabajaba como ingeniero automotriz de la empresa y quien murió de insuficiencia cardiaca. Para la muerte de la 32, Dodge la citó en la comisaría, le trató de interrogar por varias horas en presencia de Maroon, su abogada, quién exigió las pruebas de que en verdad Brea fuera sospechosa, ante la falta de las misma, Dodge se vio obligada a dejarla ir, no sin antes advertir que estaría al pendiente de ella, algo que a la saiyajin no le interesó en lo absoluto.

Hacia el 34, la detective no tenía ninguna duda que Bra Brief estaba, de alguna manera, implicada en aquellas increíbles muertes y que estaría al pendiente de cualquier error que llegara a cometer.

Había pasado un mes y medio des la interrogante "¿Conoces a los 46?" y no supo mas del individuo que mando ese e-mail. Mientras tanto su matrimonio iba de mal en peor; aun no sentía que su venganza estuviera del todo satisfecha, en realidad no estaba segura si seguía siendo una venganza o solo era por el placer de estar con Samuel; era algo que no quería saber, no por ahora, lo único que tenía claro era que no deseaba estar al lado de Goten fue por eso que se fue de su casa, se compró un departamento y se mudo ahí, ni siquiera quería estar en un lugar donde había compartido parte de su vida a su lado, fue por eso que se marcho de ahí, un día, muy temprano en la mañana mando a buscar sus cosas y por un simple mensaje de texto del celular le dijo a Goten que no deseaba verlo, que no intentara detener a la gente que se llevaba sus pertenencias y lo más importante que no la buscara, no estaba de humor para lidiar con él porque le daba asco; pero a su marido poco le importo eso, no importaba lo que ella dijera, no se cansaría de intentar revivir su relación a menos que en realidad toda esperanza muriera y eso no pasaba todavía.

Bra no quería descubrir lo que pasaba dentro de ella, no sabía que sentía por Lautrec ni hacía el menor esfuerzo por averiguarlo, tan solo continuaba con su ferviente relación y sus encuentros después del trabajo, únicamente le importaba disfrutar cada minuto mientras él seguía en el engaño de que todo eso era por amor.

Samuel comenzaba a sospechar que todo eso fuera realmente porque ella le correspondía. Se planteaba la posibilidad de que solo fuera una aventura pasajera de la señora Brief, que él solo fuera un juguete del que tarde o temprano se fastidiaría y aunque la duda no lo dejaba tranquilo, no tenía el valor de preguntárselo, al fin y al cabo estaba idiotamente enamorado, no quería perderla, talvez esa era la única condición para estar juntos, para adorarla y quererla a su antojo ¿Valía la pena? Si su esposa se enteraba su familia quedaría destruida y no quería provocarle tanto dolor a su hija, era demasiado pequeña para eso.

Aun al sentir sus caricias, sus besos, que se le entregara por completo, la duda permanecía dentro suyo sin poder llegar a preguntarle que pasaba en realidad, temiendo perderla tras esas palabras, imaginando una vida sin ella, una mujer de la que se hizo adicto y a quien amaba y deseaba con más intensidad con el paso del tiempo.

Era uno de esos días lluviosos, las calles de la ciudad estaban anegadas por completo, a penas y podía pasar a través de ellas sin manchar sus ropas, fue por eso que Samuel resolvió quedarse en la empresa, la tormenta que azotaba la ciudad del oeste no daba tregua alguna. Le avisó a su esposa y a pesar de sus reclamos por sus constantes ausencias en casa, se quedo ahí ¿Cómo era posible que pensara que podía llegar a casa con el clima en esas condiciones? –Es demasiado temprano para comenzar a pelear- se dijo mientras dejaba el celular sobre la mesa de la cafetería. Las peleas ya eran constantes y en ciertos momentos insoportables; pero lo entendía, Abril tenía buenas razones para dudar de él y su fidelidad…se volvía igual que su padre. El viejo teniente Lautrec, para su desgracia, tenía razón, con el tiempo comenzaba a ser igual que él aunque lo aborreciera; pero no podía frenar lo que sentía, aquello que le hacia despertar aun con más animo de vivir, con la seguridad de que lo tenía todo en su vida, que esta era una de las pocas veces en las que era feliz, a pesar de todas las consecuencias que ello implicaba.

Hizo a un lado el plato y aprovecho para estirar los brazos, pensaba también en el informe mensual que debía enviarle al señor Green, no le llevaría más de 30 minutos a una hora cuando mucho, no representaba un gran problema

-Hola- y esa voz le regreso al mundo real, sonrió de inmediato al verla esa chica le hacia sentir feliz repentinamente, su sonrisa casi inocente le hacia reír también, y le parecía increíble que lo buscara tanto, era tan extraño y difícil de describir- hace tanto tiempo que no nos vemos…un mes, si no me equivoco

-Susan Ranvier- en ella haba algo familiar, un ápice de confianza y complicidad que en ese momento no podía explicar- ¿Cómo has estado?

-¿De que te ríes?- le pregunto acercándose a él, sonriendo también, posando su delicada mano en su hombro

-Solo una vez una chica tuvo tanto interés en mí como para acercárseme…después de ella, no hubo nadie más

-¿Quién?- pregunto curiosa

-La que fuera madre de mi primer hijo- ¿Por qué decía tales cosas? ¿Por qué con ella no era tan doloroso recordar tan sombríos momentos, como implicar a su primer hijo?

-Ah vaya…

-… ¿Por qué te acercas tanto a mi?

-veamos…que puede ser…me agradas, tienes la facha de ser un buen sujeto y me gusta ser amiga de buenos sujetos- Lautrec rió abiertamente y así platicaron varias horas, de cosas de las que ni el mismo pensó en decir en una perfecta desconocida; pero ella…ella era distinta, en que forma y porque solo Kami-Sama lo sabía, era como si ella le diera un sentido de que pertenecía a algo ¿pero a que? Pasaban más de las tres y llevaban más de 4 horas metidos en la cafetería tan solo hablando, su amplia charla iba desde la empresa hasta asuntos familiares, del clima hasta la pésima programación que había en la televisión, para Susan era como si alguien quisiera hacer imbécil a la gente, Samuel solo supo asentir; su conversación se fue acercando sin que él se percatase a un terreno peligroso, Susan pedía saber demasiado- es más que obvio que tú le gustas ¿A ti te gusta?

-Ya basta, Susan- le pidió en tono autoritario- déjate de bromas, ella es la vicepresidenta, yo un simple empleado, sin contar que esta casada y yo igual

-Eso no es impedimento, amigo…ustedes se traen algo- pero él se enserio por completo, lo que Susan se proponía a desvelar se hacia molesto, reunía todas sus fuerzas para no palidecer, para no sudar profusamente, para no comenzar a tartamudear

-Es solo tu idea- contesto molesto- ya basta de tus conjeturas, no puedo tener con una mujer de esa clase- mas Ranvier no le creyó, además varias cosas los delataban, como ese beso apasionado que accidentalmente vio por la puerta ligeramente entreabierta de la oficina de Bra cuando se fue a quejar de las instalaciones del laboratorio, como la ocasión en que les vio tomarse de la mano por escasos segundos durante una conferencia sobre el chip; pero se lo confirmaba más la ocasión en la cual tratando de llamar a Bra para pedirle que cambiara a un elemento del equipo porque solo perjudicaba en lugar de ayudar, su llamada se cruzó con la de ambos y escuchó con claridad una cita en determinado hotel a determinada hora- es tiempo de que regrese a mi cueva de esclavitud- mascullo Susan- pero antes de irme te diré algo, lo que yo se de ustedes dos no lo diré nunca…pero vete con cuidado, amigo…piensa en tu esposa y en tu hijita, ese tipo de gente solo usa a los de nuestra clase para su satisfacción, tú lo debes de saber bien, trabajaste con ella ¿ no se te hace raro que de repente surgió en ella el amor por ti? – Y añadió tras ver su seria mirada- solo lo digo porque no quiero que una mujer como esa te lastima… tú…- y se fue sin decir más, Samuel no quería escuchar nada tampoco, Susan Ranvier revivió esa duda que ya tenía enterrada y ahora lo carcomía por dentro, era realmente amado o una distracción momentánea. Su temor a saber si era realmente utilizado comenzaba a desvanecerse, no podía vivir eternamente de una ilusión, no podía cegarse por alguien que talvez solo lo quería; pero no lo amaba, se había arriesgado demasiado por esa mujer, y si en verdad todo lo que habían vivido juntos no significaba nada para ella más que pasarse un buen rato, entonces era mejor olvidarse de ella, aunque eso para él era prácticamente imposible.

-¿Dónde estuviste toda la mañana?- pregunto Bra mientras que firmaba varios documentos y leía otros sin profundizar en ellos. Desde el momento en que entró a su oficina, Samuel se notaba pensativo, como en aquellos primeros días en los cuales comenzaba a trabajar en la corporación y tan solo hablaba lo necesario, mirándola de cuando en cuando con una abrumadora timidez.

-Necesito saber algo de usted- dijo con una seguridad que Bra no le conocía, dejo los documentos a un lado y prestó toda su atención a aquel hombre que por venganza se convirtió en su amante

-¿Qué?- cuestionó expectante

-¿Me ama o tan solo quiere… no se, divertirse conmigo?

-¿De donde sacas esas ideas? Yo no tengo porque estar jugando contigo…

-¿Me ama o no, señora Brief?- pregunto de nuevo hastiado de sus rodeos, esta vez no toleraría que ella evadiera sus dudas- ¿es tan difícil contestar?

-¿A que viene esto? Tú sabes muy bien que no soy de las personas que exponen sus sentimientos

-Por favor, respóndame- insistió ante una cada vez más nerviosa Bra, que ya no sabía que hacer para evadir la respuesta y soslayar ese complicado tema

-…Te quiero Samuel- contesto pensando que de esa manera se libraría de ese predicamento, no lo tenía para hacerla sentir incomoda de tan bochornosa manera, él era para olvidarse de ese tipo de momentos ¿Qué le costaba quedarse en su lugar?

-Me quiere- y se levanto de improvisó, molesto como nunca antes lo había estado, eso no le bastaba, el querer para él no era lo mismo que amar y sabía muy bien que para ella tampoco. Por piedra vez, Bra vio a Lautrec con esa mirada de decepción, se levantó y sin decir nada se dirigió a la puerta. Su corazón dio un vuelco a verlo alejarse, sin saber en que momento, ya estaba detrás de él, abrazándolo, estrechando su rostro contra su ancha espalda, apretándolo contra sí, reteniéndolo para siempre si fuera preciso, lo necesitaba, lo quería, lo…

-Samuel- le llamó sintiendo al hombre más calmado

-¿Qué quiere?- pregunto con un tono cortante y tan hiriente ¿Por qué le dolía tanto?

-¿Qué harás?

-Ir a casa con mi hija y mi esposa, es lo que debo de hacer- murmuro con la voz apenas audible, era inútil retenerlo, esta también era la primera vez que Samuel no quería estar a su lado- déjeme ir-se lo confirmo esa hosca orden, Bra le soltó lentamente, mirando hacia el piso de mármol para no verlo partir, él no miro atrás, continuo caminando intentado que nada le importara.

Eran más de las 11 de la noche, Bra no quería volver a su departamento, a ese lugar llegaría para ser atormentada por la soledad, por el odio y los recuerdos que incrementaban el dolor más y más; aquel departamento se volvería su propio infierno si estaba sola ahí. ¿Qué pasaba con Samuel? Antes, siendo su empelado jamás hubiera cuestionado nada, aun ahora era muy dócil ¿Qué le hizo preguntar tal sandez? No podía dejar de penar en ello, hacia todo lo posible para evitarlo; pero nada funcionaba, Samuel Lautrec no la dejaba en paz, aun pensando en algo totalmente distinto, eso conllevaba a la conexión de una idea tras otra que desembocaba en él, en una rabia desenfrenada al imaginarlo al lado de su esposa, una inseguridad irracional al recordar su sombría voz pidiéndole que le dejara ir. Se suponía que él debía hacerle olvidar toda humillación, no hacerle tener más de la cuenta, era un imbécil, igual que todos los hombres.

Trataba de hacer varios arreglos sobre el presupuesto del próximo año y así olvidarlo todo, refugiándose en números, planeaciones y proyectos.

En el preciso instante en el cual revisaba las finanzas de la Corporación Capsula región Sur, el servicio de e-mail de la empresa le anunció que tenía un nuevo correo electrónico. Aquello era extraño la red se limitaba únicamente para comunicarse entre empleados de la empresa y a esas horas, se suponía, que no había nadie. Lo abrió de inmediato

"Tal parece que no conoce el proyecto de los 46, entonces el organigrama de ELLOS esta en lo correcto, hay más de 15 proyectos que se supone que no conoce." Bra abrió bien los ojos al leer aquel mail ¿Ellos? ¿Qué no conocía 15 proyectos? Entonces el primer mail de si conocía a los 46 no era una pista que alguien quisiera mandarle era una pregunta tal cual. De inmediato Bra se dispuso a contestar, tecleando sigilosamente, esperando que esa persona, quien quiera que fuese le respondiera:

"¿Quién eres? ¿Quiénes son ellos? ¿Por qué te interesas en esos 46?"

Y lo envió, la respuesta no se hizo esperar, en cinco minutos se le anunciaba la llegada de un e-mail

"No sabía que usted estaba aquí todavía. Decirle quien soy no le compete" aquello le molesto, ella tenía derecho a saberlo "usted conoce quienes son ELLOS, yo no, jamás los he visto, hablo de los amos del mundo para que nos entendamos mejor" No podía creerlo, alguien ajeno a ellos sabía de la existencia de los amos del mundo "La razón de mi interés en los 46 es debido a que posiblemente pertenezca a ellos y además podía comprobar si el organigrama que tengo en mi poder esta en lo correcto"

Bra sin perder tiempo respondió de inmediato

"¿De que organigrama hablas?" lo envió, no estaba de humor para discutir la identidad de esa persona, en 5 minutos exactamente llegó la contestación

"Hay un organigrama que muestra muchos nombres de gente supongo importante, aunque hay unos que no conozco, y el líder de todos no pensé que estuviera dentro de esta organización, secta o no se como le llamen, según esto, cada uno de los amos de segundo orden no están enterados de todos los proyectos, aquí sale que usted esta enterada de varios; pero es imposible hacerle saber el proyecto de los 46, usted se comunica con un amo de primer orden quien tampoco sabe todos los proyectos y a su vez él se comunica con el amo de todo amo, de tal forma que él es la única persona que sabe todo lo que pasa"

"¿Cómo lo obtuviste?" "¿Quiénes son los 46?" pregunto ansiosa la joven Brief; pero no hubo respuesta, pasaron más de 30 minutos sin noticias sobre la persona y el organigrama, reabrió de nuevo los e-mails, ninguno daba el remitente, era imposible saber quien era.

Era tanta su preocupación por este hombre que le daba información a medias que olvido por completo a Samuel Lautrec, tan solo hacia conjeturas de esos 46, que eran o quienes eran se volvió obsesivo, no sabía que le ocultaban información, tampoco podía preguntarle a Ganong si en efecto ella desconocía todo proyecto futuro de los amos del mundo y era lo que llamaban un amo de segundo orden, los pondría en alerta y ese sujeto que se comunicaba con ella dejaría de hacerlo. Sin darse cuenta, mientras leía de nuevo los e-mail tratando de encontrar una pista sobre su procedencia, Bra se rindió al sueño.

Para cuando despertó, a las 6 de la mañana, vio su computadora apagada, muy probablemente debido a su programa para ahorrar energía, le encendió nuevamente, y mientras se cargaban todos los programas instalados fue a darse una ducha en el baño de la oficina y para cambiarse de ropa. Mientras se maquillaba, Bra vio un mail nuevo, recibido a las 4 de la mañana:

"Nunca revelo mis secretos" se quedo sentada frente a la pantalla como si de esa manera pudiera saber el origen de tal e-mail.

En el techo del edificio del frente, se levantaba una figura femenina, aun con la laptop abierta en sus manos, le miraba detenidamente todo movimiento que la vicepresidenta hiciera, había sido una noche larga.

Poco a poco comenzó el movimiento en la corporación, la llegada de diversos empleados, su ir y venir entre los pasillos, su murmullo casi imperceptible, las risas entre cubículos y los chismes de oficina que siempre empezaban con un "cuenta la gente". Bra, encerrada dentro de su propio mundo y a salvo de todo aquello en su oficina, ignoraba todo lo que sucedía, los e-mails fueron perdiendo importancia para recaer en un tópico insistente: Samuel Lautrec. Le había pedido a su secretaria que al verlo llegar le avisara inmediatamente que solicitaba su presencia. Se había cambiado ya, tenía tanta energía que no parecía que hubiese pasado gran parte de la noche en vela; esperaba con paciencia la llegada de aquel hombre que tenía que volver al papel que le tocaba.

-Samuel esta aquí, señora Brief- se puso nerviosa, algo que no le sucedía desde hacia mucho tiempo, talvez no desde que era una niña, su corazón se aceleraba más y más, sentía que su sangre comenzaba a hervir.

-Hazlo pasar- dijo rápidamente tras recuperarse de su tonto nerviosismo.

Entró sin mirarla siquiera, con los ojos mirando a un punto en el suelo, con el rostro demacrado producto de haber peleado con su esposa toda la noche cuando ella aseveraba una y otra vez que él le engañaba con esa mujer de la que estuvo enamorado y él se defendía con que esas eran ideas suyas, no eran más que celos fuera de lugar, y así termino durmiendo incómodamente en el sofá, si es que a eso se le podía llamar dormir.

-¿Estas más tranquilo?- preguntó sin dejar de mirar su rostro inexpresivo; pero él nada respondió para su desesperación- Samuel- quedo ahí, de pie, ausente, como si nada de lo que ella dijera o hiciera realmente importaba- eso la sumía en la exasperación- Samuel- y caminó hasta pararse frente a él- ¿Eso quieres escuchar? Si yo te lo he comprobado muchas veces, lo sabes, no necesito decirte nada- sus ojos se encontraron, los de él aun con la combinación de una furia amainada y la decepción. Sin perder tiempo, Bra le besó apasionadamente y Lautrec no tuvo fuerzas para rechazarla, desde el momento en que comenzó a pelear con su esposa le extrañaba, también los besos, las caricias, la sensación de su respiración en su oreja y de saberla suya. Tan solo en ese beso se entregaba a ella, porque realmente la amaba, nunca antes había necesitado tanto de una mujer como en ese momento, ciertamente era ya su adicción, el primer pensamiento al despertar y el último al dormir -¿Eso quieres escuchar?- pregunto Bra con la respiración agitada- te amo- Samuel acaricio su fino rostro con su fuerte mano, la miro por un instante…no podía concebir estar un minuto más sin ella

-Yo la amo, yo…-y todo lo que tenía que decirle fue abruptamente cortado por un beso, con el que sentía que era capaz de renunciar a todo

-Te necesito- su beso apasionado subía de intensidad, Samuel la necesitaba también- tú sabes que te necesito- las manos de la mujer desajustaban su corbata, desabrochaban su camisa lentamente botón por botón

-Bra- le llamó con la respiración entrecortada- ¿Aquí?

-No sería la primera vez- contesto mientras deslizaba su saco hasta hacerlo caer al suelo- contigo me desconozco, hago cosas que no pensé hacer nunca- de su saco siguió su camisa, y comenzaba a desabrochar el cinturón- todo lo que quiero es que estés conmigo…anoche no pude dejar de pensar en ti

-Ni yo en usted- y le saco la blusa, acaricio su sedoso cabello- lo es todo, nada más importa.

Tecleaba en la computadora mientras fumaba un cigarrillo, a pesar de que Billy le había advertido que sería reprendida a Susan no le intereso, estaba ahí desde temprano, fue la primera en llegar y hacia varias horas que estudiaba algo en el monitor de su computadora, talvez las mejoras para el nuevo chip, o la anatomía del cerebro que tanto le interesaba a últimas fechas; pero las conjeturas de su equipo de trabajo estaban equivocadas.

Lo que Susan estudiaba con tanto ahínco era un documento que había obtenido no hacia mucho, hablaba de un proyecto conocido como "S38H" versión II, en el cual se tomó uno de los óvulos de una saiyajin de nombre Eva, se inseminó al mismo tiempo que al de la versión I, el proyecto que dio origen a Samuel Lautrec, y se congelo para ser puesto en un útero sustituto al de la madre original y dando origen al segundo hijo de esa mujer, una niña concebida al mismo tiempo que su hermano y con muchos años de diferencia entre sus nacimientos, su nombre fue Eva al igual que la madre que nunca le conoció y que aquella niña que seguramente era una mujer, nunca conocería.