Capitulo 9 Clúster

-Esa es la situación señorita Templado, así que agradeceremos su cooperación- Templado, una mujer de casi 70 años, la mirada gris y casi vacía, se levantó del sofá de la sala dejando a un lado la taza de té

-Usted no sabe…cuanto me arrepiento- dijo tras dar un suspiro en el que hubiese deseado que se fuera la vida- en aquel tiempo, su gente me convenció de que las cosas deberían ser así, que una elite tenía que gobernar al mundo para su propio beneficio, para asegurar su evolución.

-Si y es así como debe de ser, la elite gobernara al mundo y lo dirigirá hacia una nueva utopía

-…Se guiara por fines egoístas, no son diferentes a otros regímenes dictatoriales, la única diferencia es que controlaran a todas las clases, no solo físicamente si no también en su espíritu…yo, con estas manos y con mi mente ayude a que esto se haga realidad, ayude a destruir al espíritu humano

-No, lo ayudó a perfeccionarse- esbozo una sonrisa melancólica, se giro súbitamente hacia el fanático muchacho

-Clúster no es evolución, ni perfección, es la expresión de lo que unos cuantos son capaces de hacer por conservar el poder. Si vienen a mí a preguntarme sobre los 46 y sobre el origen del 46, yo no dudare ni un segundo en decirles toda la verdad- el joven no dijo nada, en el tono de su voz se escuchaba con claridad lo convencida que esta mujer estaba de sus palabras- no negare lo que se

-Usted sabe lo que implica eso- dijo el joven mientras se levantaba- solo espero que reconsidere

-No- le respondió aun sabiendo que firmaba su sentencia de muerte. Aquel joven, un nuevo y ciego adepto de los amos del mundo, se había marchado, con esa actitud sería y sus ojos de desaprobación, supo que moriría pronto; pero no lo haría antes de que la verdad se supiera.

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Se habían reunido de emergencia, los 7 amos de los amos no habían estado tranquilos desde la noticia de que alguien entró a su base de datos sin dejar rastro de alguno, más aun, tenía información que hablaba de proyectos que ni siquiera se llevaban a cabo y que podría hacer llegar a manos peligrosas, la gente común nunca creería en tal verdad, por el contrario se reiría de ella puesto que les parecería increíble que algo de tal magnitud se llevara a cabo en frente de sus ojos sin percatarse de ello; pero corrían el riesgo de que esos proyectos llegaran a manos de otros integrantes de su organización que no estaban enterados de tales planes y posiblemente creando un gran cisma dentro de su, hasta entonces, eficaz sistema.

-Se han tomado todos las precauciones, hemos bloqueado las entradas, el sistema es impenetrable en estos momentos- dijo Lans mientras todos miraban una presentación proyectada hacia una de las paredes que explicaba cronológicamente los hechos; detrás de la mesa de juntas se encontraban los otros 6 que regían todo lo que sucedía alrededor de la humanidad y pronto a la humanidad misma.

-Es tarde ya- le interrumpió un anciano de ojos grisáceos y mirada amenazante-solo quiero saber si tiene todo lo que involucra al clúster- Lans asintió y de inmediato se escuchó un cuchicheo entre los presentes

-El daño esta hecho, si sus sospechas son ciertas y la 46 tiene todo lo que involucra al clúster, buscara nuestros puntos débiles y tratara de acabarnos

-Igual que su madre- señalo una mujer

-Pero la diferencia- dijo Ganong alzando la voz- es que en aquel entonces, nosotros controlamos a Eva haciéndole creer que todo era por ideación suya…a este no la controlamos

-Deberíamos tomar inmediatamente cartas en el asunto- interrumpió el mas joven de todos ellos, un hombre de cerca de 40 años- tenemos que acabar con el proyecto 46

-No te precipites- Lans adoptó esa pose tan distinguida que la caracterizaba- el proyecto 46 esta diseñado para que su vida acabe, al igual que los otros, es cuestión de tiempo

-Seguramente que ya lo sabe- esgrimo Ganong

-Que bien que lo sepa, así podrá hacer personalmente los preparativos para su funeral- contesto Lans con una sonrisa victoriosa

-pero, Lans- le interrumpió una mujer- ¿Cómo sabes que su padre no la programó genéticamente para que no muriera?

-…A pesar de todo- respondió con seriedad- el padre del proyecto 46 creía en el nuevo orden y no hubiera hecho nada para perjudicarlo, no debemos preocuparnos por eso. Lo primordial es mantener en constante vigilancia a todos los que pertenecen a esta organización e interceptar cualquier documento que pueda llegarles- todos asintieron en total acuerdo con Lans, tan solo esperaban que fuera la solución para sus tan repentinos problemas, ninguno de ellos, a excepción de Lans, podía creer que su organización fuera seriamente amenazada-Novus Ordum Seclorum- pronunció finalmente, aunque aun les quedaba la duda de que los días del proyecto 46 estuvieran contados

-Novus Ordum Seclorum- repitieron al unísono, a pesar de todo confiaban que, al final, el nuevo orden prevalecería sobre todas las cosas, aun sobre este contratiempo que quedaría en un olvidado pasado.

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-Se que cometimos errores, es nuestra naturaleza humana- era la primera vez que le veía en meses- pero lo que importa es que podemos volver a empezar- mientras le escuchaba hablar, se percató de que había olvidado el tono de su voz- tenemos que darnos otra oportunidad- que hasta esos momentos solo pensaba en un hombre y no era el que tenía enfrente ¿tenía razón y era un capricho? ¿se obsesiono con él porque no le hacia caso y lo perdió?- Lo que yo hice no tiene perdón y en parte fue mi culpa lo que sucedió contigo y tu empleado- esa obsesión se posesiono de ella, no podía pensar en otra cosa que no fuera él, ni las últimas palabras que le había dicho, ya hacia un mes desde su ultimo encuentro y desde entonces esas palabras no dejaban de reverberar en su cabeza, su mirada fría que atravesaba su corazón y ese resentimiento que le invadía por completo, lo comprendía-¿quieres volver a comenzar?- y no supo que responder, miro directamente a sus penetrantes ojos negros ansiosos por su respuesta, repentinamente pensó en su futuro ¿Qué le esperaba de seguir encaprichada con Lautrec? Miro de soslayo a Goten, hablaba y hablaba sin que ella realmente le pusiera atención, confundida aun, sin saber que hacer con su vida

-Los 2 cometimos errores- dijo Bra en un hilo de voz mientras miraba el sofá, detrás de Goten, en el que Lautrec se solía sentar, asimilando que tal vez ese romance sin futuro se había terminado y que lo mejor que podía hacer por ella misma era regresar con ese hombre al que juró amar hasta que la muerte los separara- y si…a pesar de todo, deberíamos intentarlo de nuevo, por todo lo que vivimos

-Lo que paso- dijo Goten- debe de quedar en el pasado y nosotros tenemos que comenzar de nuevo, empezar desde cero- miro hacia la nada, que fácil era decirlo…empezar de cero, no hallaba respuesta de cómo hacerlo, no planeo enamorarse de el hombre que le serviría para su venganza.

Goten le miraba extrañado, pensando en la probabilidad de que ella pensaba en ese despreciable sujeto. No pregunto nada, prefirió quedarse callado y adjudicarlo todo a esos pensamientos paranoicos, después de todo, ellos nacieron para estar juntos y nada ni nadie se interpondría a eso. La besó apasionadamente como en aquello viejos tiempos en los que no podía dejar de pensar en ella, y ella le correspondió recordando en ese beso al hombre del que estaba tan locamente enamorada en el pasado y al que no dejo de amar, aunque también se dio cuenta que comenzaba a compararlo con el otro, el supuesto capricho que no podía sacarse del corazón y se quedo incrustado en su mente, el hombre al que añoraba, del que necesitaba sus caricias recorrer su cuerpo mientras sus labios besaban su cuello, ansiaba esa devoción que le profesaba haciéndola sentir la mujer más dichosa del mundo, lo necesitaba tanto y tan desesperadamente ¿Quién lo hubiera imaginado? Sin embargo, tenía que aceptar que aquel idilio se había terminado, no podía continuar y en realidad nunca debió de comenzar

-Te amo- le dijo tiernamente su esposo, mas sus palabras no le reconfortaron, no le provocaron aquella salvaje emoción que tuviera en años pasados, tan solo un dolor en el alma porque que más hubiera deseado que aquellas palabras provinieran de la boca de Samuel, y segundos después le dijera que no se arrepentía de nada, que la amaría para siempre. Parte de ella se había destruido sin así quererlo, tenía que callar aquella voz en su interior que le suplicaba regresara a los brazos de Samuel Lautrec; pero eso no podía ser, demasiado daño ya tenían los dos.

La llevaría a cenar y por la noche era seguro que se reconciliarían. Tenia tan solo un par de horas de que Goten se había marchado cuando en ella comenzaron a surgir las dudas ¿estaba correcto lo que hacia? ¿Ya debían de volver aun cuando estaba tan confundida?

Salió de la empresa sin dirigirle la palabra a nadie, su rumbo era incierto, nunca en su vida había estado tan indecisa. Después de que Goten se fue, solo pudo pensar en Samuel, la primera vez que lo vio y la ultima, con los ojos llenos de odio.

Se subió a su auto, miro el reloj, faltaban cerca de 15 minutos para las 8, hora en que Goten la estaría esperando en ese lujoso y exclusivo restaurante del que pensaba era un error haber aceptado su invitación. Se quedo ahí, en el auto con las manos sobre el volante, pensando en todo y en nada. Si, ella se buscó lo que le pasaba, la confusión, la inseguridad e incluso el dolor con el que ya no podía más

-West 77- susurró con un hilo de voz apenas entendible, sus ojos brillaron llenos de esperanza y una sonrisa victoriosa se dibujo en su rostro. Fue ahí donde iba por su café de medía mañana y se veía con Eva, ahí fue a buscarlo en busca de explicaciones por su renuncia cuando pensaba que era el autor de tan pavorosas cartas, y era ahí donde seguramente estaba, una corazonada se lo gritaba en su mente, tan fuerte que era imposible no escucharla.

Sin precisar como llego así, estaba ya parada frente a la puerta del café, no sentía su ki; pero…apenas se percibía en los últimos meses.

Se escuchó el sonido agudo de las pequeñas campanas situadas justo por encima de la puerta, la suave música instrumental de fondo, el placentero aroma a café y su cabeza se llenó de recuerdos repletos de él, de su actitud tímida, de la forma en que lo intimidaba con tan solo una mirada.

Iba a sentarse en la misma mesa en la que Samuel le declaro su amor sin importarle nada, ella no pudo creerle en esos momentos, no solo era esa difícil situación por la que atravesaba, si no era el sentido común que le decía que una persona no se podía enamorar de la nada de otra, el amor a primera vista no existe o al menos eso concluía de su experiencia, en ese entonces creyó que Samuel estaba confundido, tal vez impresionado por la mujer con la que trabajaba y no podía dilucidar la diferencia entre el amor y la admiración.

Justo cuando iba a tomar asiento en aquel lugar donde se sentara años atrás su lado, cuando le declaro que la amaba, lo vio sentado leyendo unos documentos y bebiendo una humeante taza de café. Su semblante era serio, lucia cansado, triste, quizá derrotado, como si la vida ya le diera lo mismo.

Bra se sentó frente a él, sin dirigirle la palabra, cualquiera pensaría que habían concertado una cita y que ese encuentro no era obra de la casualidad. Lautrec apenas alzó la mirada, al ver que era ella fingió no verla, pretendió que continuaba solo, como hubiera preferido estar; era mejor así, ella en realidad solo buscaría la forma de…-Samuel- interrumpió sus pensamientos con esa voz que antes le llevara al mismo cielo y que ahora le sonaba a la misma tortura; él continuó pretendiendo que nadie se encontraba frente a él, que no le tentaba mirarla con todo detalle, besarla y ¿Por qué no? Hacerla suya…Bebió un poco de café ¿Cómo era posible que quisiera caer en el mismo error?-Samuel- escuchó de nuevo; mas el siguió pretendiendo que ella no estaba ahí- …te entiendo- dijo ella con la mirada clavada en ese hipnotizante humo del café-…solo…solo quería decirte que estoy muy avergonzada y desgraciadamente no me di cuenta del daño que pude causar, no solo a ti, también a mí- él no la miro, con el bolígrafo subrayo dos palabras en una misma línea en el documento, los ojos de Bra irradiaron rabia, como detestaba esa actitud, según ella, infantil, tenía que hacer que le pusiera atención como fuera, no podía soportar ser ignorada-…hoy Goten fue hablar conmigo y vamos a volver a empezar- Lautrec se detuvo por completo, con calma asentó el bolígrafo, hizo a un lado los documentos y le dirigió esa mirada fría

-Entonces, señora Brief, su venganza fue un éxito- y esas palabras le dolieron más de lo que hubiera pensado o deseado ¿se merecía tanto sufrimiento?

-Samuel…

-¿Por qué me dices esto?- pregunto fastidiado- ¿Me quieres destruir más?- ella negó con la cabeza sin saber que más decir para calmarlo- ¿crees que es posible destruirme más? Es posible que sí, Bra; pero no será por ti

-No, tú no entiendes- interrumpió con desesperación, sin saber como reaccionar ante el hombre humillado que tenía enfrente

-Si siempre supiste que yo te amaba tanto ¿Cómo pudiste ser tan desalmada como para hacerme sentir que tú me correspondías?

-Tan solo olvídalo, yo tratare de hacer lo mismo

-¿Qué has dicho?- pregunto indignado- No puedo, hiciste pedazos mi amor por ti y mi dignidad…el respeto que tenía por mi…ya no puedo volver empezar… ¿Por qué a mí? Bra ¿Fue porque siempre te demostré ese amor ciego hacia ti? Ese fue mi gran error

-…Per…perdóname- Articuló la palabra con dificultad, eran muy contadas las veces que la había dicho, si es que alguna vez pidió una disculpa en realidad o tan solo lo hizo como un compromiso para continuar la vida con normalidad. Era quizá la primera vez que sentía en carne propia ese daño cruento que era capaz de hacer con sus acciones

-Tú no sabes que significa el perdón, Bra Brief- y ella cerró los ojos ¿Quién hubiera pensado que Samuel Lautrec sería capaz de hacerle sufrir tanto? Ni el mismo lo creía, en parte se lo reprochaba, una parte de su corazón le exigía que se callara porque desmoronaba a pedazos el orgullo de esa mujer a la que aun amaba, de la que no dejaba de pensar por mucho que lo intentaba. A veces esperaba que todo fuera una pesadilla de la que pronto iba a despertar, que sería de mañana, ella estaría a su lado y estarían juntos para siempre…pero no lo era así.

No le vio necesidad a seguir atormentando a su corazón con tenerla en frente, tan cerca y tan lejos. Sacó su billetera y dejó un billete para pagar el café. La vio detenidamente por un instante, su rostro afligido, deteniendo las inmensas ganas que tenía de llorar; tomó sus documentos, sin decir más se marchó de ahí furioso consigo mismo, porque en esa mirada que apenas duró unos cuantos segundos se percató que aun la seguía amando, tanto o más que antes.

Pasaban más de las 10, por hora y medía dio varias vueltas por las calles de la ciudad. No quería ver a Goten, tan solo necesitaba olvidar ese dolor que le embargaba el alma y que incluso hacia difícil respirar.