Capitulo 19- Su Razón
-Los dos están en la habitación- dijo la feliz abuela después de dar un sorbo al café expreso, mañana los darán de alta a primera hora- el hombre sonrío, ansiaba entrar de inmediato a ese cuarto donde se hallaba lo que alguna vio como un sueño tonto y sin sentido, una tontería con la cual divagaba de cuando en cuando porque después de todo soñar no le costaba nada; pero ahora era ya toda una realidad.
Al abrir la puerta se encontró con la enternecida imagen de la madre de su hijo profundamente dormida, su rostro era iluminado por la rayos de la luna llena, sus brazos daban abrigo al pequeño al que tanto ansiaba conocer desde que supo de su existencia. A diferencia de Bra, el pequeño Truman estaba despierto, abría los ojos de cuando en cuando acostumbrándose a todo aquello que era nuevo para él.
Samuel entró con cuidado tratando de dar unos pasos silenciosos con tal de no despertarla. Sabía muy bien el cansancio físico que implicaba traer un hijo al mundo y aun ella siendo una saiyajin no sería la excepción. Se sentó en la mecedora que estaba cerca de la cama, con cuidado la acercó hasta los dos y se detuvo a observar al recién nacido, los ojos azules del pequeño se fijaron en los ojos negros de su padre, bostezó, cerro los ojos y se llevo una mano a su boquita que en un acto reflejo comenzó a chupar; Samuel conocía muy bien aquellos reflejos innatos de los recién nacidos.
Acarició su cabello escaso, aquella era la tercera ocasión que experimentaba la sensación indescriptible de ver un pequeño tan indefenso dependiendo de él para todo. Truman era el hijo de la mujer que amaba, su primer y último hijo que fue concebido por amor.
Le contemplo unos segundos, hasta que resolvió tomarlo de brazos de su madre con sumo cuidado para no despertarla, el pequeño tan solo hizo un ruido casi imperceptible y escondió la cara en el pecho de su padre, se acomodo para dormir profundamente en esa nueva vida a la que llego sin saber precisamente porque.
Samuel acaricio su rostro y comenzó a fijarse en cada detalle del recién nacido, era perfecto, contó los 5 dedos en su manos y sus pies; tenía los ojos y la nariz de Bra, aunque parecía que el tono de su piel era similar al suyo, se quedo sentado abrazándolo sin poder quitarle la mirada de encima, le sonreía sin que ni siquiera se hubiese percatado de ello. Se disculpo con él por no haber estado ahí en el preciso momento en el que nació, pero todo fue muy inesperado, se suponía que nacería en por lo menos una semana más y cuando le llamaron para rendir cuentas de la CME no dudo en ir de inmediato, así, cuando regresara, tan solo se dedicaría a estar al pendiente de Bra y el momento en que naciera su bebé, sin embargo, mientras llegaba a ciudad central, la madre de Bra le llamó para decirle que ya estaba en el hospital y que él bebé nacería pronto, hizo todo tan rápido como pudo y aun así alcanzó a verlo unas 12 horas después de que había nacido, no quería que las cosas fueran así, pero así sucedieron.
Bra abrió los ojos y lo primero que vio fue a Lautrec sosteniendo a su bebé, mirándolo enternecidamente.
-Hola, mamá- le saludo Samuel con una gran sonrisa- buenos días- lentamente se levanto llevando al pequeño consigo, se sentó a su lado con todo cuidado y le entrego el bebé a una enternecida madre- es hermoso Bra…se parece mucho a ti
-Lo crees, yo creo que se parece a ti
-¿Le llamaras Truman?
-Si… ¿No te gusta?
-Claro que me gusta, estoy seguro que también le gustara su nombre- sonrío extrañado mientras tomaba la mano de su bebé, la cruza de dos razas, un hibrido saiyajin humano, algo poco común que un futuro se convertiría en los más normal- gracias Bra
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La detective Dodge tamborileaba sus dedos sobre un viejo escritorio, le dio un sorbo al vaso con whisky que le dejaron mientras aguardaba la llegada de Michel LaGranje. Ese día le citaron en una vieja casa en el centro de la ciudad para ver a la líder de un nuevo movimiento que no tenía mucho tiempo de haber surgido.
No habían pasado ni 24 horas desde que vio al padre de Samson y aun le quedaban una serie de dudas cuya respuesta era muy difícil de dilucidar, tan solo quería saber la razón de porque crear a un hombre como lo era Samson, un sádico en toda la extensión de la palabra, un asesino calculador quien sin piedad destajaba a su presa en cuanto menos lo esperara, un monstruo.
El rechinido de la puerta le distrajo de sus pensamientos, entro un chico de pantalón negro y playera blanca de no menos 20 años, tras de él una mujer rubia de lentes oscuros, Dodge le miro sin perder detalle en su corto camino hasta sentarse a la mesa, una mujer entre 23 y 24 años, su piel blanca casi pálida, el rostro frio, una falta de expresión exasperante en él, una blusa azul, pantalón negro. Dodge no la perdió de vista supo quien era por su forma de caminar, incluso por el ritmo que tenia al respirar
-Ella es Michel LaGranje, la maestra- dijo firmemente el chico, pero aquello era una mentira sutil en la cual no caería, esa no era Michel LaGrange, era probable que la tal LaGraje ni siquiera existiera en la realidad, no era más que el nombre falso que aquella mujer usaba para ocultarse, era ella, Susan Ranvier, la mujer que todo el mundo buscaba, la única que logro burlar a un sistema diseñado para ser perfecto y sin embargo ella había demostrado que aun no existía la perfección en el vocabulario humano.
Dodge sonrió sin temor a ocultarlo, la mascara de LaGrange había caído dejando ver a Susan Ranvier, una mujer que la tierra tragó desde hacia 9 meses, que el mundo se tornó en su búsqueda pero tal parecía que ella jamás sería encontrada, Dodge la tenia frente a ella.
-Detective Dodge, un placer
-Susan Ranvier, igualmente- mas ella no hizo movimiento alguno, no se puso nerviosa y no perdió el control como Dodge lo creyó, esbozo una sonrisa discreta que desapareció sin dejar rastro, tal parecía que esperaba ser reconocida
-Veo que se dio cuenta de quien soy, así que espero que no repita mi nombre desde este momento. Una nunca sabe si las paredes puedan tener oídos o no
-En efecto, LaGrange, es verdad- optó por seguirle el juego, de cualquier forma ella decía la verdad. Desde aquella ocasión en que su jefa insinuó que afuera existía algo más poderoso que el rey, creía en aquellas teorías de que había un nuevo orden detrás del conocido que buscaba instaurarse paulatinamente sin que la humanidad se percatara en ello- Dígame porque ha querido verme corriendo el riesgo de ser encontrada
-Lo que quiero es que me encuentren, detective Dodge, o que al menos eso piensen, que crean tenerme en sus manos como ave dentro de una gran jaula…sin escapatoria, eso es lo que quiero.
-¿Y conmigo piensa lograrlo?- Ranvier se quito los lentes y los dejo asentados sobre la mesa, asintió sin decir más y clavo sus ojos negros en la detective
-El mundo se convertirá en lo que ellos quieren, un mundo vacio de todo, solo con sentimientos superfluos que moverán a los sujetos, seres que vivirán para servir a una elite de unos cuantos…sin que les hayan pedido tan siquiera su opinión. Incluso la elite tendrá defectos…serán inteligentes, capaces, pero no podrán dilucidar lo que pasa a su alrededor, tan solo lo hará un puñado de la elite dentro de la elite. La humanidad se volver estúpida controlada por los descendientes de unos estúpidos que creyeron que tenían el derecho de tener el poder tan solo por ver una superioridad inexistente.
-¿Por qué desapareciste?- pregunto sin rodeos
-Porque buscaba vengarme de lo que me hicieron desde el día que fui concebida en un laboratorio por el capricho de un hombre que amaba a mi madre tanto que buscaba estar atado a ella de alguna forma, aunque solo fuera por unos años…
-¿Qué quieres decir?- preguntó la detective intrigada
-Que yo soy la 46, Susan Ranvier…hija de Eva y Magnus Ballard, diseñada para morir en mi juventud expresando los genes de una vieja enfermedad que aqueja a la familia de mi padre. Le hicieron creer a una pareja que yo era hija suya y así parecía ser, aunque yo siempre creí que había algo que me hacia diferente a ellos, me faltaba un lazo que me uniera a esa familia de la que buscaron hacerme parte…si Dodge, ellos, "la elite" creo a 46 sujetos para experimentar con ellos, cada uno lleva en sus genes no solo su muerte temprana, también un rasgo que tenia que estudiarse, 46 sujetos a excepción de mi, que no solo tengo un rasgo, tengo muchos de esos rasgos que mis demás 45 hermanos no tienen…un hombre que fue parte de esa elite me dijo todo esto, Jean Luke Rediget entró a mi oficina hace unos meses ofreciéndome la verdad que cambiaria mi vida para siempre, una verdad fuerte que me haría entender el sentido de mi vida y estuvo en lo cierto
-Eso es imposible…Jean Luke Rediget murió hace años
-Es verdad, ellos mataron lo que quedaba de Rediget…¿Tú Recuerdas a uno de los asistentes de Bra Brief, un tal Oswald?- No lo recordaba en lo absoluto, había visto a tantas personas en los pasillos de la corporación- Oswald era en realidad Jean Luke Rediget, él fue parte de un grupo selecto dentro de la elite, los caballeros de la luz, decayeron según el gusto de la elite sobre la elite y los eliminaron, dejaron a Rediget en consideración a su abuelo quien logró grandes avances para instaurar al nuevo orden, pero lo eliminaron tiempo después, Oswald murió hace unos meses.
-¿y que es lo que has hecho en todo este tiempo?
-Observarlos, convencer a otros de lo que pasa en las grandes torres de las corporaciones, hacerles saber que ellos también controlan al mundo, que la elite no puede dar un paso a menos que nosotros lo deseemos, eso es lo que he hecho. Yo soy una saiyajin, Dodge, una saiyajin en busca de venganza, quiero acabar con aquellos que me diseñaron para morir tan pronto, sin darme la oportunidad de disfrutar nada de la vida, con esos que creen que el mundo es suyo y tienen derecho a hacer lo que quieran a diestra y siniestra…el mundo que yo veo Dodge es un mundo sin elite, un mundo en el que aquellos dominados gobiernan la tierra, donde el humano trabaja por lo que tiene y no se entrega a cosas vanas y superfluas, donde la razón domina al sentimiento, sea cual fuere ese sentimiento
-¿Acaso tú buscas un mundo perfecto?
-No un mundo perfecto, un mundo humano, Dodge, plagado de errores, pero humano a fin de cuentas, donde no exista la elite, ni ninguna elite buscando transformar al mundo según su propia conveniencia…la humanidad no será esclava de unos cuantos
-¿Y te crees capaz de derrotar a esa elite que tiene la capacidad sufiente como para haber logrado programar tu muerte?
-Donde ellos ven grandeza, yo veo debilidades…por ejemplo la elite tienen un cadena de comando indirecta, pasa por un sinfín de intermediarios y la mayoría de ellos no están informados de los obejtivos reales del nuevo orden
-¿Y Bra Brief es uno de esos intermediarios?
-En efecto, solo que ella tiene más noción de lo que sucede a su alrededor, sin embargo hay muchos otros que actúan solo en función de principios económicos o admiistrativos que les convienen, como alguna vez lo estuvo el mismo Trunks Brief.
Otro es que los miembros de la elite están ávidos de poder para si mismos, el egoísmo, su deseo de poder es aun más fuerte que la elite en si.
Uno de los errores que he usado en su contra es el desarrollo de la hiperviolencia que ellos mismos crearon. Han hecho que la miseria y exclusión sea cada vez más y más grande, esto a fin de cuentas genera un sentimiento de ira y esto crea violencia que pronto alcanzara a su inalcanzable elite. Todo lo he calculado, mi final esta cerca y el día que yo muera, la elite morirá conmigo.
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Tenía dos días de nacido cuando Truman Lautrec Brief llego a la corporación capsula, hubo una fiesta de bienvenida a la que incluso fue invitada una revista para que tomara las fotos del nuevo integrante de la familia Brief, quien un día heredaría una parte del imperio llamado Capsule Corporation.
Familiares y amigos se reunieron a conocerlo llenando la casa de regalos. Lautrec aun se sentía en un sueño, que ese bebé que tenía entre sus brazos era parte de un sueño del cual despertaría para enfrentar una duda realidad en la que Truman no existía y Bra no era parte de su vida.
Sharon, la hija de Lautrec, miraba de cerca a su hermanito al cual siempre quería tener a su lado, un hermano que con el rápido correr de los años no volvería a ver.
El mundo era nuevo y prometedor para Truman L. Brief, un heredero del mundo.
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-El mundo es de ellos- le dijo Ranvier- hasta que nosotros lo decidamos así, porque quizá crean que son la elite dentro de una elite; pero no pueden hacer nada sin nosotros…son soberbios, vanidosos, ven en ellos cosas que no existen, como si el mismo oro brillara dentro de la basura y descubrieras que tan solo se trata de un papel dorado…todo es vana ilusión, todo es invento suyo.
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Truman dormía plácidamente en los brazos de su padre mientras los curiosos amigos se acercaban a ver a ese pequeño del que nunca esperaron su existencia.
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-¡Qué maravilla! ¡Cuántas criaturas hermosas! ¡Qué bella es la humanidad! ¡Magnífico mundo nuevo que tiene tales habitantes! ...Magnifico, Magnifico mundo nuevo, Dodge, que hermosos seres que buscan perfeccionar el mundo- dijo con un halo de sarcasmo- Magnifico mundo que nos entrego a la muerte, que nos hizo morir como viejos cuando nuestras vidas apenas comenzaban y tan solo para comprobar a su elite…esa es la razón de la existencia, es la razón de la existencia de esta generación de la humanidad, como ellos le llaman…el rebaño estúpido
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Y Brindaron por el pequeño, por el niño que apenas distinguía lo que estaba a su alrededor "por un futuro prometedor" propuso un amigo de la familia; un futuro prometedor que de antemano tenía tan solo por tratarse de un Brief. Su mundo era distinto, difícil de aspirar. En el camino de Truman no existía más que el poder y el éxito…el destino de un Brief mencionó la orgullosa abuela. Lautrec apretó a su hijo en brazos, como si de esa forma pudiera protegerlo de todo aquello que escuchaba en esa sala, casi tan igual a la doctrina elitista que alguna vez Eva le mencionó.
-Lo que me hicieron Dodge, lo cobrare muy caro, lo que nos hicieron y la razón del porque lo cobrare muy caro, lo juro por mi vida que terminara pronto. Ellos destruyeron mi mundo y yo destruiré el suyo, mi último día de vida, será su último día, yo no solo atrasare cada plan que tengan en mente, yo los hare añicos.
Dodge, sin permitirse mostrar el asombro que le causó escuchar aquellas palabas, asintió, Ranvier estaba decidida a acabarlos sin medir consecuencias, sin importarle nada, no tenía nada que perder, por el contrario con ello ganaba su venganza, la muerte de aquellos que le causaron su muerte porque eliminar su causa equivalía a matarlos y era eso lo que le mantenía con la voluntad de llegar hasta el final.
Hacerlos pedazos, reducirlos a la nada, golpearlos en su orgullo, demostrarles que uno de sus controlados experimentos les acabaría sin piedad ni ningún tipo de miramientos.
-Maestra LaGrange- le faltaba el aire, respiraba agitada, tomando grandes bocanadas de aire a cada momento, hilos de aire pasaban por sus pulmones, era el daño hecho por su mismo cuerpo a si mismo, programado para asesinarse cuando comenzaba a vivir.
-Estoy bien- refunfuño mientras tomaba el aliento, poco a poco regresaba a la normalidad- el mundo que yo veo Dodge, mi visión del mundo, es que es nuestro…
-Vamos LaGrange, si tu fueras uno de ellos estarías haciendo todo por lograr que los planes se llevaran a cabo sin ningún contratiempo…
-Es cierto, porque habría nacido con su ideología y su forma de ver la vida; pero no fue así, Dodge, ambas sabemos lo que pasa ahí afuera en el mundo, yo no quiero pasar un mundo así, al menos no sin intentar hacer algo
-Lo siento LaGrange- esgrimo- después de conocer a Ranvier se me hace muy difícil pensar que hagas algo por un ideal
-Quiero vengarme- contestó sin reparos- ellos me crearon para morir joven sin pedirme permiso, como parte de un capricho de un hombre que nunca pudo reconocer el amor que le tenía a una mujer que aunque nació en esta tierra no era en este mundo
-¿De quien hablas?
-Eso ya no importa ahora- LaGrange se levantó- Sabrás de mi Dodge, tú los llevaras a mí y los pondrás en la palma de mi mano…cambiaras el verdadero orden del mundo…mi legado será de destrucción, el humano no caerá victima de ellos…los amos del mundo…eso y me venganza, esa es mi razón de las cosas que hare- dio la media vuelta y se fue sin decir más al lado de aquel compañero que apenas podía mantener su paso apresurado.
Moriría joven, no tenía dudas; sería igual como los otros 45 casos, ella era la 46 y algo le decía que también sería la última, que con ella se cerró una investigación exhaustiva para demostrar algo; pero ¿Qué era eso? ¿Qué era tan importante como para truncar la vida de 46 personas que hubiesen podido ayudarles en sus propósitos? ¿Cuál era el sentido de aquello?
