Capitulo 20- Jazz in

Ella le miraba enternecida deleitándose con cada uno de sus movimientos. Él lo admiraba mientras lo tenía cargado, acariciaba su nariz, su rostro, se parecía tanto a ella y eso le fascinaba.

Su relación era incierta hasta antes de que Truman llegara al mundo; pero mientras ambos admiraban a su pequeño sentían como si fueran una familia que nunca se separaría.

Finalmente Truman se quedo dormido en brazos de su padre, Bra acaricio su escaso cabello.

-Gracias- le dijo mientras admiraba al pequeño que según el se parecía demasiado a los Brief; pero eso era la mejor parte, se parecía a ella y eso era lo que le encantaba, mientras que ella consideraba que el niño era idéntico a él, jamás se pondrían de acuerdo sobre el parecido de aquel pequeño.

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Mientras sus seguidores discutían sobre temas de política, insultaban al sistema y presumían sobre el abandono hacia todo lo material e innecesario, LaGrange, su líder, meditaba entre la sombras, mirándolos sin perder detalle. Como un león al tanto de lo que pasaba a su alrededor, al mismo tiempo pensaba que pronto llegaría el final de su existencia y que todo debería de comenzar a andar según lo había planeado con meses de anticipación.

Uno de sus discípulos, uno como cualquier otro de los que ahí estaban reunidos, se acerco a ella, preguntándole si estaba bien

-Claro que estoy bien- respondió con una sonrisa maliciosa- tan solo estaba pensando

-¿En que pensaba usted? Si es que puedo saberlo- LaGrange tomo de uno de sus bolsillos una bala plateada, alargada de 9mm de diámetro, el joven la miro con interés, en todo ese tiempo nunca habían recurrido a la necesidad de armas de fuego, tal como la misma LaGrange les dijo una vez, el arma más poderosa con la cual contaban era su mente y el que en ese momento ella portara esa bala era una completa falta a sus palabras, ella, la mujer que combatía a la hipocresía de la sociedad.

-Usted dijo que las armas solo las utilizan aquellos débiles de inteligencia ¿o acaso me equivoco?

-No; pero quienes las usan de manera inteligente no los puedes juzgar de débiles de inteligencia…Esta bala es para una presa especial, su vida dependerá de sus decisiones…

-¿Una presa? Señora LaGrange, acaso usted piensa…

-Para lograr nuestros propósitos, ciertos sacrificios tendrán que hacerse…Yo no soy una asesina; pero quiero que entiendas que si no tengo otra forma, tendré que hacerlo…es una vida en contra de todas las vidas que un día serán afectadas en el nombre de la elite que iluminara al mundo; pero no depende de mi, todo depende de ese hombre

-¿Y quien es ese hombre?- pregunto el chico

-Mi hermano- respondió sin remordimiento.

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Era de noche cuando él salió del departamento, había demasiado viento, Samuel Lautrec se abrigo en su gabardina negra. Por la tarde su jefe le llamó para citarlo con cierto personaje que quería saber más acerca de la CME y si a pesar de estar asociados a la Capsule Corporation aun tenían futuro.

Lautrec no tenía idea de quien era; pero quería decirle que la CME con una buena inversión podía quitarse del yugo de la corporación, tan solo necesitaban una buena oportunidad para independizarse de nuevo.

Estaba dispuesto a convencer a ese hombre a como diera lugar para que la empresa CME saliera adelante. En el fondo, detestaba que la corporación capsula se adueñara de todo cuanto tenía a su alrededor, no importaba cuanto amara a Bra, lo cierto era, al menos para él, que el poder no debería estar centrado en un solo lugar ni en una sola familia.

Llegó a un bar tranquilo como cualquier otro en el centro de la ciudad, "Jazz in" era su nombre, tenía un saxofón en el letrero con luces de neón rosas y azules, le llamó la atención; pero no se fijo mucho en los detalles. Entró y preguntó por Eduardo Heins, un hombre quizá un poco más joven que él, tal vez uno de esos herederos que buscan algo que hacer con parte de su dinero, aquella era una oportunidad que no pensaba desperdiciar.

El joven se presentó como Eduardo Heins, un hombre que recientemente había ganado millones de zenin en la lotería mundial y ahora quería invertir su dinero en algo que pudiera duplicarlo, comentó que un buen amigo suyo le hablo de la CME y de que únicamente le faltaba una buena inversión para estabilizarse y volver al mercado competitivo. Por horas Samuel Lautrec estuvo hablando sobre la empresa y sus conveniencias sobre independizarla y regresarla a la vida, el joven Heins poco a poco iba convenciéndose o así lo pensaba Samuel.

Eran cerca de las dos de la mañana, el bar comenzaba a cerrar, las notas de jazz cesaron súbitamente, un hombre mayor se acercó para decirles que ya estaban cerrando. Eduardo Heins sacó de su billetera mil zenin y le pidió una hora más para que ellos estuvieran ahí, el hombre aceptó sin reparos.

Heins le dijo que estaba interesado y quería ir por la mañana a ciudad central para hablar con el dueño, Samuel sonrió victorioso ante lo que creyó que era el principio del fin de la asociación de la CME con la corporación. Heins correspondió a su sonrisa, prometiéndole que aquello haría historia, como si leyera su pensamiento le dijo que ni la misma corporación sabría que era lo que le sucedió.

De alguna forma, Heins sacó a la conversación a los hijos de Lautrec, orgullosamente le hablo de Sharon y Truman, su pequeño hijo de apenas 7 días de nacido. No reveló la identidad de su madre, únicamente dijo que era la mujer a la que más amaba en el mundo.

No se dio cuenta en que momento, una mujer de cabellos rubio se sentó a su lado, llevaba lentes oscuros lo cual le pareció ridículo a esas horas de la mañana en un lugar cerrado.

-Ella es la maestra LaGrange- mas Samuel no vio en ella a la tal LaGrange, en ella reconoció a una mujer que tenía casi un año sin ver,buscada por cada rincón del planeta, aquella mujer era ni mas ni menos que Susan Ranvier ¿Qué hacia ahí? ¿Cómo fue que lo encontró? ¿Trabajaba ahí? Aquello era imposible, el único que permanecía ahí era el dueño del bar a quien hacia mas de 30 minutos no había visto.

Se retiro los lentes oscuros dejando ver el casi irreconocible rostro de la chica que conoció en la corporación

-¿Qué te pasa?- le pregunto Susan en un susurro- tal parece que has visto a un fantasma… ¿acaso no piensas saludarme?-Samuel ni siquiera se inmuto, le dirigió una mirada severa sin saber que pensar o que decir. Aquello era demasiado abrupto para él. Susan se rio de su confusión- ¿Así es la forma en que me recibes Samuel Evenruth Lautrec?

-¿Dónde estabas escondida?- pregunto sin reparos- todo el mundo te ha buscado por todas partes, dejaste un proyecto inconcluso…te llevaste todo lo necesario para acabarlo la única persona que podía hacerlo después de ti, esta muerta

-Se todo eso y más, Samuel; pero no era mi intención quedarme a concluir ese proyecto, no después de todo lo que se…tal parece que tú no supieras en lo que la madre de tu hijo esta inmiscuida…la amas tanto que prefieres no darte por enterado de lo que sucede a tu alrededor

-Calla, no soy un ciego, se todo lo que pasa

-¿Y aun así me reprochas que no haya finalizado el proyecto del chip?- Samuel guardo silencio de inmediato- debiste quedarte con tu esposa y tu hija, te lo dije desde hace tiempo…ella destruyo a tu familia

-Tú no sabes nada Ranvier, cállate

-Se que tienes un bebé de 7 días de nacido…Truman ¿no es así?...mi sobrino- Samuel le miro extrañado

-No somos tan amigos, como para que lo consideres tu "sobrino"

-No es por amistad que lo llamó mi sobrino, si no porque en realidad es mío…lleva la sangre de Eva, por lo tanto tiene mi sangre

-¿De que hablas?

-…Recuerdas que una noche antes de que descubrieras de que solo eras el juguete de Bra Brief te comente que descubrí que no estabas solo en el mundo, que después de ti hubo otro hermano tuyo que fue diseñado de la misma forma; pero que nació muchos años después. La noche en que Bra te rompió el corazón me pedias que aquello fuera cierto, porque no querías sentirte solo en ese mundo…y yo te dije que era cierto

-Pero nunca quisiste revelarme su identidad…¿Acaso eres tú?- ella asintió, mientras el supuesto Eduardo Heins, cuyo nombre Lautrec comenzaba a dudar, le extendió un documento, lo leyó rápidamente, hablaba sobre el experimento SH38II XX que daba detalles de la concepción de Susan Ranvier, la forma en la que engañaron a sus padres adoptivos haciéndoles creer que en verdad se trataba de su hija cuando en realidad era un experimento producto de un capricho, bautizada como la "46" y que un día durante su juventud moriría.

Su corazón palpitaba tan fuerte que pensó que se le estallaría dentro del pecho, sudaba frio y se sentía pálido, estaba en frente de su hermana, algo le gritaba que aquello no era mentira y que todo el tiempo supo que se trataba de su hermana, desde el primer día que la conoció, desde la ocasión en que hablo con ella, siempre lo había sabido; pero en ese momento preciso, sin saber la razón exacta, no podía creerlo o no quería aceptarlo; Susan Ranvier no era la misma chica que conoció en la corporación, esta mujer tenía algo más de diferente que su cabello teñido de rubio, eran sus ojos llenos de odio y resentimiento, la mirada dura propia de una persona que había sufrido sin lugar a dudas, que llevaba una pena tan grande que pocos llegarían a entender, el semblante sombrío, estaba seguro que si en ese instante pudiese sentir el ki, del que alguna vez le platicó Bra, el de Ranvier seria maligno.

-Toda esto fue un teatro, no existe Eduardo Heins, no existe ningún interés en la CME

-En efecto- y el hombre del que nunca supo su verdadera identidad se levantó de la mesa sin decir nada más, el que hablara ya no tenía sentido.

-¿Qué es lo que quieres Ranvier?

-Venganza, Lautrec…no es justo lo que me hicieron, me condenaron a una muerte prematura, naci por el capricho de un hombre y por su capricho también he de morir. Mi madre biológica me odiaría si supiera quien es mi padre…pero eso en realidad no me interesa…Samuel Lautrec fuimos concebidos al mismo tiempo y nos llevamos años de diferencia, y solo porque en tu experimento querían a un varón y no a una niña…te tocó la mejor parte, tú verdadero padre estuvo a tu lado, tu madre te adoro como si fueras su propio hijo, tú no morirás joven…yo por el contrario fui dada al cuidado de extraños que de alguna forma siempre supieron que yo no era parte de ellos, siempre estuve sola, mi muerte será pronto

-Como si no supieras que estaba considerado que yo muriera hace unos años, que el experimento del que yo era parte ya había demostrado lo que tenía que demostrar, yo ya no era útil y por eso querían eliminarme.

-Te dejaron vivir, hermano mío, yo no tengo salvación, mi vida no depende de una decisión, soy una muerta caminando hacia mi inevitable final; pero he decido que no moriré así…no sin antes vengarme de ellos, destruirlos por completo eso es todo lo que quiero

-¿y tu crees que yo puedo ayudarte con eso? No tengo ninguna posibilidad

-Claro que la tienes…es Bra Brief, ella es la madre de tu hijo, tú puedes influir en ella como mejor te convenga.

-Nunca- respondió iracundo- jamás trataría de manipularla por ti

-Si tan solo me ayudaras, Samuel, podemos hacerle creer que tu hijo esta en peligro, que Truman esta en la mira de los amos del mundo, tengo el poder para hacerlo cierto si así lo quiero, Bra los exterminara al momento…

-¡No pondré a mi hijo en peligro por ti y tú estúpida venganza!...no metas a mi hijo en este juego idiota tuyo, mantennos lejos de esto.

Susan Ranvier se inclino sobre la silla, por varios minutos no dijo nada, se dedico a escuchar la respiración rápida y corajuda de Lautrec

-Truman…True man…el hombre verdadero- dijo Susan finalmente al escucharlo más calmado-¿Fue tú idea o la suya?

-Ella le puso el nombre- contesto secamente- me voy- y se levanto súbitamente- no tengo nada que hacer aquí

-De verdad pensé que serias un hombre con más agallas, que pena tenía un mal concepto sobre ti…estoy decepcionada, muy decepcionada

-No me interesa, Susan Ranvier…- se dio la media vuelta, se dirigió a la puerta, pensaba que si no volvía a verla era lo mejor para él, en ese momento escucho un chasquido metálico, no pudo evitar voltear…Susan Ranvier sostenía un arma, aquello se le hizo tonto, él como la mitad saiyajin que era podía resistir el impacto de la bala sin que nada le sucediera…

-¿Qué crees que haces?

-Bra Brief va a participar en esto lo quieras o no…ella es la clave para acabarlos, es ella quien tiene que eliminarlos para que todo se termine.

-¿exactamente que piensas hacer con esa arma?- preguntó con una sonrisa burlona

-¿De que te ríes?...¿o es que acaso no recuerdas de la bala que mato a tu madre?

-¿De que hablas?

-La bala que mato a tu madre esta dentro de esta arma…tú morirás en mis manos…morirás como el plan de los amos del mundo dictaba desde un principio ¿Desde cuando los experimentos deben tener una vida propia?- justo cuando estaba a punto de disparar, Lautrec se le abalanzó luchando contra ella para quitarle el arma, parecía un animal salvaje que luchaba enardecidamente por su supervivencia, llego darle un golpe en el ojo derecho, partir uno de sus labios; pero no conseguía que Ranvier soltara el arma. Por fin logró acorralarla contra la pared le estrello la mano un sinfín de veces en contra del concreto hasta que finalmente, la saiyajin a punto de desfallecer, soltó el arma. Extenuada por aquella inesperada pelea, Susan Ranvier cayó desmayada, mientras que su medio hermano tomaba el arma para guardarla en su saco

-No iba a morir aquí- le dijo a una saiyajin que apenas y conservaba la conciencia- tengo dos hijos y una mujer a la que amo más que a la vida misma…no podía morir en tus manos.

Se dio la media vuelta y se marchó, no tenia ningún caso quedarse ahí. Estaba admirado de ese mismo por aquellas fuerzas que surgieron sin que estuviera seguro de donde, un instinto de supervivencia tal vez, porque estaba seguro que en ese momento no podía más que sobrevivir a cualquier precio.

-Un saiyajin después de todo- susurro una herida Ranvier, quien logró levantarse a dudas penas para apuntarle con un arma, la misma que alguna vez apuntó contra su madre y que dentro contenía la misma bala que le mato, aquella que Lautrec tenía en su saco no era más que un arma común y corriente que ni siquiera tenía una bala dentro, le apunto detrás de la cabeza y disparo.

Gohan fue traído desde el hospital en el que trabajaba para que tratara exclusivamente a Lautrec, quien había sobrevivido sin que nadie supiera como, su estado era grave y su pronostico reservado. La bala estaba alojada en su cerebro y le indujo un coma, lo peligroso de aquello era que de operarle era posible que una de las principales arterias cerebrales fuera afectada y muriera al instante. Era un riesgo que casi ningún neurocirujano estaba dispuesto a correr. Después de todo ¿Quién estaba lo suficientemente loco como para atreverse a matar al padre del hijo de Bra Brief? Eso fue lo que Gohan le explicó a Bulma y ella le pidió que se hiciera hasta lo imposible.

Lejos de ahí, sosteniendo a su pequeño mientras le mecía entre sus brazos, estaba Bra, el sol se ocultaba en el horizonte mientras que sus lágrimas recorrían sus mejillas.

Lo que ellos habían hecho no lo perdonaría jamás, así se lo prometió a Truman.