Capitulo 21- Un capricho
El final se acercaba, el final de la 46, ellos estaban cada día más cerca de encontrarlos, no más callejones sin salida, no más juegos sin sentido, pronto encontrarían a la mujer que les hizo quedar en ridículo, aquella que estuvo a punto de derribar sus planes; mas aquello era impensable, nadie, absolutamente nadie podía destruir a los amos y dueños incondicionales del mundo.
No podía culparla, lo llevaba en la sangre, por ser la hija de Ballard, eran de esperarse esas reacciones; sin embargo, en teoría, serían suprimidas para evitar algún problema de este tipo, una acetilación y una metilación en los pares de bases en su DNA, eso le había dicho Templado que haría; pero al parecer se había equivocado en acetilar algunos pares de bases, pues la mujer les dejo en jaque varias veces…simplemente imperdonable.
A fin de cuentas, Susan Ranvier, no era más que el capricho de Magnus Ballard. Magnus el gran hombre que pudo haber transformado a los caballeros de la luz y también a los amos del mundo; pero no quiso hacerlo, por el contrario renuncio al poder por un sentimiento de culpa, tan bien adiestrado estaba en su doctrina, algo de lo que su madre, en parte se arrepentiría.
Instalaciones del sur
Año 747
Su madre, desde hacía días, le hablaba de un lugar en donde guardaban una valiosa investigación, para él no era un secreto lo que su madre hacía y con quienes, estaba consiente que ese secreto no era sabido por muchos y que, en realidad, él era una de las pocas personas que sabía lo que pasaba realmente, él tenía ese poder en sus manos.
La noche anterior, su madre le dijo que lo llevaría a aquel lugar, unas islas al sudeste de ciudad del sur. Magnus Ballard, un hombre frio, sin sentimiento alguno, no pudo evitar entusiasmarse por ello. Desde los comienzos de su adolescencia su madre venía hablando tantas veces de ese asunto que soñaba con ello, con los laboratorios llenos de científicos alrededor de aquel alíen al cual investigaban con tanta vehemencia, después de todo, era por el bien del mundo, la humanidad nunca lo sabría, pero tendría que estar agradecida de hacerlo.
Ese día se levantó más temprano de lo usual, comió un desayuno ligero y dejando su costumbre de lado no salió a correr, su mente ya estaba en esas islas del sur, lo único que le hacia falta era llevar el resto de sí.
Llegaron a esas paradisiacas islas en el medio de un cristalino mar, pocas veces Ballard había visto algo tan hermoso. Estaba impresionado, pero pudo disimularlo muy bien, como su personalidad se lo dictaba.
Valery Ox, su madre lo presentó en frente de cada investigador que ahí se encontraba, él, con toda seriedad les saludo con un fuerte apretón de manos, ansioso por ver aquel ser. Mientras su madre hablaba de las instalaciones, el costo y el tiempo que les llevo levantarlas, Magnus comenzó a dar señales de su impaciencia, se aclaró la garganta varias veces y Valery conociendo bien las señales que su hijo daba le pidió paciencia, pronto irían a verla.
Caminaron por un pasillo estrecho, completamente blanco, sin ninguna ventana y con varias puertas de metal pesado a los lados.
Su madre abrió una de esas, Magnus entró de inmediato, Valery encendió la luz y entonces la vio con toda claridad, era ella el alíen a quien tanto se empeño en conocer, una chica, una mujer que hacia apenas unos años dejo de ser una niña, sus ojos no pudieron separarse de esa visión mientras era examinada físicamente, su madre hablaba y hablaba; pero él ya ni siquiera sabía sobre que, aquella chica ocupaba toda su atención, su mente y su concentración, era ella y nada más en ese mundo. Ni siquiera él mismo supo que le sucedía, tan solo dejaba que pasara. Era bella, verdaderamente hermosa, la única mujer que le llamó la atención a tal grado.
-Vamos- pero él no quería irse, quería quedarse ahí contemplando aquella visión mirándola de nuevo, una vez y otra más como si fuera la primera vez, imaginar que tocaba ese cabello negro, y acariciaba esa piel tersa y robaba un beso de sus rojos labios- Magnus- su madre tenía la puerta abierta, la luz casi cegante del pasillo borraba la figura de su madre, dejando una figura oscura que apenas podía dilucidar-Vamos, aun tienes cosas que ver
Frenó el impulso de colocar su mano sobre el grueso cristal e imaginar que no existía, que no era impedimento para tocarla
-Magnus- y salió de ahí, sin poder dejar de pensar en ella, una obsesión que nunca antes tuvo y que jamás pudo comprender.
Pensaba en ella, le absorbió su mente y secuestró sus pensamientos para apoderarse por completo de ellos. Pidió comenzar a trabajar en esas instalaciones y siendo un joven tan brillante no pudieron negárselo, ninguno de la nueva generación había pedido comenzar a trabajar ahí de inmediato, aquello recalcaba aun más la decisión de Rediget de hacerlo su sucesor, era el único preparado para tal grado de responsabilidad, tenía visión, un indiscutible liderazgo y, más que nada, un perfecto entendimiento de la elite y lo que representaban. Sin duda alguna necesitaban a alguien como él para la sucesión, un hombre que los llevaría más alto que nadie, sería una revolución, así lo había planeado aquel líder, comenzó a ir a la isla más a menudo para instruir a su futuro legatario. Ballard, como era de esperarse, comenzó a aprender y, más aun, a dar idea de cómo mejorar las cosas, se quedaba despierto noches enteras escribiendo sus ideas para mejorar a su organización, Rediget se vio en él, muchos años atrás, sin duda no se equivocaba en escogerlo, era más que un digno sucesor, él haría de los caballeros de la luz una organización imprescindible para los amos del mundo.
En parte, todo lo que hacía era para olvidarla, para dejar de pensar en ella, la mujer que absorbió sus pensamientos y, en ciertos momentos, su razón.
Se reprochaba él mismo por sus sentimientos, no era digna de su atención, era un experimento, un alíen…no era nadie. Era algo tan escandaloso únicamente comparado con que un día llegara a casa para decirles a sus padres que iba a casarse con su empleada… ¡impensable!; pero le estaba sucediendo.
A pesar de las muchas oportunidades que tuvo para conocerla, se negó a hacerlo. Alegaba mucho trabajo, cansancio o que simplemente se iría de esa isla.
Dejo de salir de la isla. Trabajaba como ningún otro ser humano ahí, no dormía, apenas comía y solo bebía algo de agua porque alguien le recordaba que tenía que hacerlo. Bajo cerca de 10 kilos, su madre comenzaba a preocuparse por el exceso de trabajo; pero Magnus insistió que no tenía porque hacerlo, todos sus esfuerzos eran por el bien de la elite. Reacia lo entendió.
Ballard se pasaba los días trabajando y las noches admirándola detrás de ese cristal, a un amor imposible que nunca llegaría a perpetuarse. Comenzaba a odiarle y poco tiempo después a odiarse…se había enamorado, no podía evitarlo, la amaba.
Rediget le citó en la mañana de aquel lunes en sus oficinas, sospechaba que era lo que tratarían. Llego 5 minutos antes de la cita, como lo hacía según su madre le había enseñado. Le pidió pasar, le ofreció algo de beber a lo que se negó rotundamente, era aun temprano para comenzar a beber
-¿Por qué me cito aquí?- preguntó de inmediato, si algo detestaba Ballard era perder el tiempo
-Te cite para decirte que mi decisión esta tomada, tú serás el nuevo dirigente de nuestra asociación- no se asombro, ni una mueca de algún sentimiento se dibujo en su rostro, mas aquella actitud no extraño a Rediget, estaba acostumbrando al carácter estoico del joven, raro hubiera sido que dejara salir algún tipo de emoción.
-No puedo serlo-contestó sin reparos- no seré el jefe de la organización- se esperaba todo tipo de reacción menos esa, su madre hubiese aceptado sin ninguna contradicción, aquello era simplemente irregular e increíble ¿Quién renunciaba al poder cuando le era ofrecido en bandeja de plata con la garantía de que nunca habría ningún tipo de problema en el futuro? Se había enfermado o quizá vuelto loco, sin duda no se esperaba esa reacción de un amo del mundo. No pudo evitar preguntar por sus razones
-¿Qué sucede?- preguntó finalmente. Él se quedo varios minutos en silencio, Rediget tan solo le miraba pasivamente esperando pacientemente su respuesta-¿Qué sucede?- preguntó nuevamente en un intento de sacarlo de su ensimismamiento.
-Es ella, esa mujer...Eva
-¿Eva? ¿Qué tiene Eva?
-no puedo dejar de pensar en ella, es lo único que hago desde que amanece hasta que me duermo, ella absorbió mis pensamientos desde el primer momento en el que la vi... Yo se que es incorrecto, que esta completamente errado; pero no puedo controlar mi mente, aun cuando estoy con mi prometida, solo pienso en Eva
-Eva es parte de un experimento, Ballard, tienes que ser consiente de eso.
-Lo se; pero no puedo evitarlo…es por eso que no puedo ser dirigente de esta organización, mi objetividad se ha nublado, ya no puedo ver más allá porque más allá solo la veo a ella y nada más-Rediget se reclinó sobre su asiento incrédulo aun de todo lo que había escuchado, Ballard, el hombre que un día los haría estar al mismo nivel de los amos del mundo reconoció que no podía estar al mando, tal parecía que no era una situación momentánea, si no que trascendería. Rediget comprendió que en el fondo, aquello no se trataba de un capricho.
-Ballard- le habló en tono paternal- comprende que tú eres la esperanza de la evolución de los caballeros de la luz…si yo invente la rueda, tú inventarías el avión- Ballard asintió, avergonzado no supo que decir; pero ¿no hacia mas daño subiendo al poder con la mente obnubilada por una mujer? En cierto sentido, todo lo que estuviera relacionado con ella sería poco objetivo, una obsesión no podía existir en un amo del mundo, tan solo la visión hacia un futuro mejor y velar por la realización de sus planes...él no podría hacerlo.
-No puedo, no podre hacerlo nunca…lo siento- se dio la media vuelta y se retiró en el medio del gélido silencio, no esperaba ni más ni menos. Ella, Eva le volvió un hombre distinto…para su desgracia
-Elegiremos a alguien- él estaba de nuevo detrás de ese cristal mirándola dormir- los demás no pueden saberlo, deben de creer que será algo democrático, es lo más conveniente…de no ser así…
-Nunca confiarían en ellos mismos, vivirían con la inseguridad de que quien fue elegido… fue porque no hubo más opciones y no por sus habilidades, crearía una inestabilidad que llegaría a quebrantar a nuestra organización
-Así es- que desperdicio de talento; quizá era un amo del mundo; pero aun no podía mandar sobre los corazones de la humanidad- En una semana será la elección y le presentare a André- su corazón se estrujó, no pudo contener la rabia que hizo sucumbir su cuerpo. Tuvo el presentimiento de que André se la arrebataría sin lugar a dudas, después de todo ella amaba mucho a Rediget y André, siendo tan parecido, no sería la excepción- pero si así lo quieres, Ballard puedes ir tú a conocerla.
-No, yo no quiero hablar con ella, por ahora- Rediget respetó esos sentimientos
-…Me equivoque- dijo Alexander Rediget con decepción-Tú no tienes el carácter para dirigir si dejas que un sentimiento te quite el poder
Una semana después le miro pasear por la playa con André a su lado y todo él se lleno de celos. La forma en que le veía, lo contemplaba como un hombre distinto a todo lo que había visto antes, sus ojos brillaban con su presencia, le enfermaba de rabia; pero nada pudo hacer ni quiso hacer. Ballard continuó con sus investigaciones, para aquel entonces Arker ya era el nuevo dirigente de los caballeros de la luz y Arlighton su sucesora en caso de que algo le llegara a ocurrir. No hubo discusión, nadie supo que paso en la realidad, tan solo los amos del mundo "mayores" aquellos de "primer orden".
El tiempo siguió pasando, Ballard no quiso retirarse de aquella isla, se quedo ahí para continuar sus investigaciones junto con Frank Lumbardo, quien el tiempo lo haría su compañero inseparable.
Les miraba desde lejos, por medio de las cámaras instaladas por toda la playa, el semblante cambiado en aquella mujer y la depresión en la que entraba cuando André se iba por varios días. Él, mirándola detrás del cristal deseando que esa barrera no existiera, que pudiera entrar libremente a su habitación, mirarla a los ojos, besarla hasta quitarle el aliento, después hacerla suya…no podía creer lo que pensó, era increíble que aquello pasara por su mente, esa mujer no era nada más que un objeto para experimentación, no podría ser otra cosa nunca; pero…era demasiado bella, demasiado perfecta. Se retiró de la habitación, no podía continuar mirándola, era demasiado masoquismo para él.
André llegó un día con la noticia de que se casaría y pensaba comunicárselo a Eva. Ballard comenzaba a pensar en el proyecto "S38H" el hibrido con madre saiyajin y padre humano. Se imaginaba que la noticia no le entusiasmaría mucho y pensaba aprovecharlo para su nuevo proyecto…suyo y de Lumbardo ¿Por qué no darle crédito? Él también se había desvelado y dejado de ver a su familia por darle vida a ese proyecto.
Ballard ya estaba casado para ese tiempo, pero eso no le distraía de ella. Incluso veía sus grabaciones, su obsesión crecía con el correr de los años y ya no sabía como hacerse entender que era no era más que un mero objeto, el proyecto S38H le haría ver que no se trataba de otra cosa.
Sucedió una mañana, el mismo día que André se caso, Ballard se negó a ir debido a que el proyecto no estaba debidamente perfeccionado, comenzaban a faltarle ciertos detalles de los cuales no encontraba la manera de solucionar. Quería comprobar que los genes saiyajin podían darle una extraordinaria fuerza a un humano a pesar de que fuera de madre saiyajin y no de padre saiyajin ¿Cómo comprobarlo? Tan simple como buscar a un hombre que se destacara por no tener un adecuado desempeño físico, ahí debía de comenzar.
-¡Señor Ballard!- un hombre entró desesperado, debía de ser algo importante porque estaba prohibido entrar a la oficina de Ballard sin permiso o tendrían que abstenerse a las consecuencias-¡señor Ballard!
-¿Qué sucede?
-Es Eva, ha enloquecido, esta destruyendo todo en su habitación, nadie puede acercarse…estoy seguro que quiere matarnos a todos.
No era la primera vez que lo hacía; pero por primera vez, Ballard, estaba solo. En anteriores ocasiones contaba con la compañía de Lumbardo quien intentaba lo mejor que podía para calmarla, a veces rondaba por ahí Alexander Rediget quien comenzaba a preparar todo para su partida definitiva, e incluso podía encontrarse a Valery Ox caminando por los pasillos grabando sus notas en una de sus múltiples cintas; pero ya no se acercaba a las instalaciones del sur desde que supo que su hijo planeo el proyecto del hibrido, para ella una autentica aberración, un pecado contra la naturaleza.
Estaba solo y no podía dejar las cosas así. Nunca había hablado con ella, no sabía que decir para calmarla, por primera vez en su vida se sintió inseguro.
Caminaban por los pasillos, cada vez que se aproximaba a su habitación se escuchaba un sinfín de objetos estrellándose contra el piso ¿a que venía tanta furia? Abrieron la puerta, se quedo de pie en el marco, le vio fijamente con su mirada fría, ella continuaba arrojando cosas, repentinamente se percató de su presencia, se detuvo en seco, le miro con escrutinio, Ballard ni siquiera se movió tampoco dijo nada, le dejo continuar con su tarea. Ella dejo a un lado la lámpara que era el siguiente objeto para estrellar contra la pared.
-¿Eres algo de la doctora Ox?
-Soy su hijo- Contestó seriamente
-Te le pareces…demasiado- se sentó en su cama y se concentró en mirar al piso, como si en el suelo blanco encontrara un consuelo para su sufrimiento.
-¿Por qué tirabas todas tus cosas?
-No lo se, estaba molesta…él… ¿Quién eres tú? Hijo de la doctora Ox
-Soy Magnus Ballard- y dio 2 pasos dentro de la habitación, confiado por alguna razón de que ella no le haría daño
-¿Qué significa Magnus?- preguntó sin disimular su curiosidad
-Significa Grande- Eva rio abiertamente; pero su risa, fuera de molestarlo se hizo melodiosa, pocas veces le vio reír y nunca supo porque aquello le hizo sentir una felicidad que muy pocas veces experimentó en su vida
-Una mujer tan presuntuosa como tu madre…tenía que ponerle ese nombre a su hijo
-¿Por qué tirabas todas tus cosas? ¿Por qué tanta ira?
-¿Por qué no?...Él, se ha ido para siempre
-¿Alexander Rediget?
-No…su hijo, André- y todo el hirvió de celos, su cuerpo comenzaba a estremecerse; pero ese no era el momento para demostrar lo que pasaba en su interior, sería demasiado revelador, únicamente disimuló un sonrisa y tocó su hombro, conteniéndose de tomarla entre su brazos y gritarle que André no era ni la mitad de hombre que era él, nunca podrían compararse…sin embargo no podía decir nada, aquel era un secreto que debía morir con él- nunca podrá ser mío- recordó el beso que ella le robó, aquel que vio en una cinta de video cuando rompió el vaso con agua y su mano se llenó de fragmentos de vidrio.
-Entiende que él ama a otra persona- heridas que tardaron en sanar y que solo se comparaban a las heridas que él mismo se hizo al corazón- por eso se casa con ella
-Se en que consiste el matrimonio
-Entonces sabrás que no tiene caso que rompas tus cosas, porque eso no lo traerá a ti, André pertenece a otro mundo, un mundo superior por mucho…
-Al otro lado del océano, en el horizonte donde se pierde la vista, ahí es donde André se quedara para siempre, el hombre que vendra aquí será otro, le pertenecerá a otra mujer…mi André se ha ido para siempre
-Tú nunca has tenido a André...nadie tiene lo que realmente desea y cuando lo tiene desea otra cosa totalmente distinta. La humanidad nunca es feliz
-Yo no soy humana
-Te criaste como una, eres humana en el alma y en tu mente que es lo que vale más.
-…Me agradas más que tu madre, muchísimo más que ella, contigo puedo hablar, ella casi no me dirige la palabra.
-Ella no volverá nunca.
Llegó a su casa esa noche entró a su despacho y no pudo dejar de pensar en ella, su mirada, su voz, su risa, aun le parecía increíble que horas atrás habló con ella.
-Es solo un objeto, un objeto- se repetía una y otra vez hasta cansarse, hasta que comprendiera que así era.
"por favor es impensable…fue como si un chimpancé me diera un beso" fue lo que André dijo después de su beso robado, un chimpancé, objeto de experimentación. Si el obtuso de Rediget podía darse cuenta, él también tendría que hacerlo.
Entró después a su habitación con su esposa y le hizo el amor, pensando, soñando y pretendiendo que se trataba de Eva.
El proyecto S38H estaba listo, tenía al padre perfecto, el primer capitán de Fragata Samuel Lautrec. Él tendría un hijo con ella, estaría unido con ella hasta que el proyecto por fin terminara en los primeros años de su edad adulta…eso lo inundaba de rabia, él…el creador del proyecto, quería destruirlo. Un perfecto extraño estaría unido a Eva, él por el contrario…no debía de pensar en eso…él no tenía nada que ver con Eva… ¿o si? Podría hacerlo si le daba la gana…estaba a punto de crear al S38H, podría creer otro hibrido, un hibrido que lo uniría a ella…una niña… ¡Si! Una niña así podría demostrar el efecto en una mujer, puesto que el de Lautrec era un varón… Era perfecto.
Lumbardo entró a su oficina a primera hora de la mañana, entró a los archivos del S38H, su preciado proyecto, cual fue su sorpresa al encontrarse que en la misma carpeta de archivos se encontraba un S38HII, extrañado entró al archivo era el mismo objetivo, la misma justificación; pero esta vez era una niña lo que se pensaba obtener…y el padre aparecía como Magnus Ballard. De un salto se levantó del escritorio, frenéticamente busco a Ballard y lo encontró sentado en la orilla de la playa, descalzo, sus pies mojándose con las frías aguas del océano.
-Ya lo he visto- le dijo con seriedad- Lo he visto y estas llevando esto demasiado lejos, no tiene sentido que busques algo en una niña, lo que importa es un varón, no podemos estar creando híbridos sin control…
-¿Qué hay de ese proyecto…el proyecto 46?- le esgrimo
-Aun lo están analizando…además son injertos de DNA saiyajin en un par de cromosomas, tú pretendes crear uno con 23 cromosomas saiyajin...
-Ese necesario- no había dormido ni comido, toda la noche se la paso frente al monitor tecleando la idea que lo uniría a ella.
-¿Necesario? No lo creo…tú solo buscabas un buen pretexto
-¿Qué piensas hacer? ¿Qué tenga mellizos? Ni siquiera eso, serian hijos de distintos padres, medios hermanos desarrollándose en el útero al mismo tiempo…Falta que lo apruebe la señora Lans- nada dijo, no le importaba, no sabía a ciencia cierta porque lo había hecho…un capricho a fin de cuentas.
Fueron concebidos al mismo tiempo, cada uno por separado, Lumbardo trató de convérselo de que nacieran al mismo tiempo también; pero Ballard se negó rotundamente ¿Qué diría Eva si supiera que en sus entrañas llevaba a la nieta de la mujer a la que tanto odiaba? No era el momento.
Ballard la introdujo en el proyecto 46 montó un muy buen teatro, los padres escogidos eran perfectos, su hija nació años después que Samuel Lautrec. Eva ya lo odiaba en aquel entonces por haberle quitado a su pequeño Evenruth, nunca más le dirigió la palabra, nunca más quiso saber de él. Aquel día trato incluso de matar a André, trato de romper el vidrio que la separaba de Ballard. Le dolió, pero se dio fuerzas pensando que era un objeto que ya había servido para sus propósitos…ya no le servía de nada ahora.
Por fotografías llego a ver a la niña, pero no se atrevía a acercarse. Le decían que era una niña solitaria, nunca tenía amigos, siempre trataba de evitar a la gente. Aquello le llamó la atención sobremanera.
No pudo seguir viviendo de reportes e investigaciones, tenía que verla por él mismo. No fue tan difícil entrar a la hora del recreo en la escuela de la niña. Por si mismo ya había comprobado su soledad y su falta de adaptación social, era como si nada de su alrededor le importara en lo más mínimo.
La tentación de hablarle era demasiada, entró y le saludo, ella ni siquiera le contestó, continuaba meciéndose con lentitud en el columpio
-¿Cómo te llamas?- ella le miro de soslayo cuando se sentó a su lado en el otro columpio- mi nombre es Magnus Ballard y me hablaron mucho de ti…que eres una niña muy especial
-¿Quién le dijo?- tendría 7 años, el cabello y los ojos negros, la mirada sería como la suya, los rasgos de su madre, el cuerpo atlético igual al de ella.
-Un amigo…- y en su corta conversación le dijo que era una niña importante, mejor que todos esos que la rodeaban y que si no quería hablarles estaba bien; después de todo no eran de su categoría. La niña le habló de que incluso en casa se sentía como una extraña, él le dijo que era normal; pero no quiso decirle la razón, acaricio su cabello y después se marchó.
-Cuando crezcas, Susan, serás alguien especial, harás cosas extraordinarias que ningún otro ser humano haría…cuídate mucho… hija
Despertó apesadumbrada por aquel recuerdo que creyó olvidado, el hombre que fue a visitarla en la escuela y a quien nunca volvería a ver, Magnus Ballard…su padre…
-Maestra La Grange…-una chica de unos 20 años pidió permiso para entrar a su habitación, ella accedió. Nada había ahí, tan solo el colchón viejo tirado en el piso, un tocador a punto de caer debido a su antigüedad, la ropa puesta en 4 sillas de madera igualmente ya acabadas por el tiempo, una habitación deprimente en todo sentido- Estamos listos para comenzar cuando usted lo diga…
-No depende de mí, depende de Bra Brief y lo que quiera hacer, de cualquier forma actuaremos igual a lo planeado.
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Truman estaba al cuidado de su abuela Bulma. Bra después de una semana se decidió a visitar al padre de su hijo quien yacía en coma debido a la bala que lo cegó de la conciencia.
Intubado, con 2 pequeños pedazos de tela adhesiva pegados a sus parpados para evitar la resequedad y el sonido de todos los aparatos que medias su frecuencia cardiaca, su respiración, la saturación de oxigeno en su sangre…ahí estaba Lautrec privado de sus hijos, de Bra y su felicidad.
Gohan le informó que su estado podría revertirse siempre que se sometiera a una neurocirugía, peligrosa; pero era la única forma, la otra opción era dejarlo así hasta que su cuerpo se diera por vencido; pero siendo un saiyajin, solo Kami sabía cuanto tiempo tomaría aquello.
Bra no lo pensó 2 veces, pidió que fuera sometido a aquella cirugía, de cualquier forma, sin ella estaba muerto.
Entró a su habitación, habló de Truman, de que aunque no lo quisiera se parecía mucho a él. Que lo adoraba más que a nada en el mundo…tanto como a él. No se dio cuenta cuando comenzó a llorar, se limpió las lágrimas y le pidió que resistiera a la cirugía, no podía criar a Truman sola.
Salió de ese hospital decidida a vengarse de aquellos a quienes creyó culpables…los amos del mundo.
