Capitulo 22- Venganza
-¿Y luego?
-Luego observaremos su evolución, todo debe de salir bien, si todo sale bien con la cirugía
-¿Y si no?
-…Podría morir o quedar en estado vegetal, Bra…eso sucedería.
No pudo decir nada más, se levanto de su asiento y salió del consultorio de Gohan, en esos momentos se llevaba a cabo la cirugía de Lautrec.
Nadie sabía como acabaría, nadie sabía a ciencia cierta si podría resistir a tal operación, solo sabían que de no hacerlo moriría inevitablemente.
Era un día soleado, aquello no le agrado en lo absoluto, prefería que el día fuera gris, oscuro, que hubiera un clima terrible, que reflejara lo que ella sentía por dentro.
Subió a su auto y le pidió al chofer que le llevara a las oficinas de Ganong.
El viejo estaba frente a su escritorio mirando hacia la ciudad que tenía bajo sus pies, se le miraba nervioso, sudaba profusamente aun cuando el aire acondicionado estaba en la temperatura más fría.
Bra entró sin anunciarse, se quedo de pie mirándole con un odio que el viejo Ganong podía sentir que le atravesaba el cuerpo, como si pudiera matarlo con esa mirada.
Intimidado dudo en tan siquiera voltear, sin embargo lo hizo sin molestarse en ocultar su nerviosismo. Era patético, Bra tan solo pudo sentir pena por aquel hombre, un amo del mundo que en ese momento se caía a pedazos.
-Quiero una explicación- exigió-quiero que me digan la verdad acerca de Samuel Lautrec ¿ustedes tuvieron algo que ver? ¿O me equivoco?
-Te equivocas- contestó seriamente- nosotros no tuvimos nada que ver con lo que le sucedió a Lautrec…aun cuando creas lo contrario, no tiene sentido que lo matáramos.
-¿Tu piensas que yo creo en tus palabras?
-No lo hicimos Bra, nosotros no le hicimos daño a Samuel Lautrec aunque lo dudes… ¿Has que has venido? ¿Tan solo a preguntarme? ¿Tanto te preocupa el padre de tu hijo? Sabía que lo tuyo con él no era solo algo pasajero
-¿Quién eres tú para juzgarme?
-¿Quién eres tú para venir con tus acusaciones? Nosotros somos los amos del mundo, no le debemos explicaciones a nadie y menos a ti…recuerda que uno de nuestros lemas es que todos son prescindibles…solo la elite es imprescindible
-Yo ya no soy parte de esta elite… ¿No es así? No resulte lo que ustedes pensaban que sería, es cierto. Me he sorprendido de mi misma con todo lo que ha pasado en mi vida; todo ha hecho que me ponga a pensar en quien soy y lo que quiero…no solo para mi, si no también sobre el mundo que le heredare a Truman y su visión del mundo no es algo que yo comparta, su universo elitista no es nada más ni nada menos que tonterías y patrañas bien fundamentadas. Si, tienen el poder para cambiar al mundo; pero no lo harán, se que yo puedo impedirlo…y ustedes lo saben también, por eso preferían tenerme de su lado.
-Así es Bra- una voz salió de entre las sombras, no se había percatado que detrás de ella estaba la pequeña y casi imperceptible presencia de Lans que salió a la luz; mirando con desprecio al nervioso Ganong avanzó hasta ponerse de frente con la saiyajin- Yo creí en ti, tuve una fe ciega en ti, te quise poner todo tipo de pruebas para confirmar que eras tú la persona que llevaría al mundo a la perfección y a la iluminación; pero me equivoque, volé muy alto cerca del sol con alas hechas de cera y ahora he caído, la cera se ha derretido…tú estas por debajo de mis expectativas, al final tienes los mismos errores humanos que todos los demás. No tienes un pensamiento perfecto como alguien de la elite debería de tener
-¿Qué quieres decir?
-Tú sabes a que me refiero, Bra…a tu aventura y al bastardo fruto de esa unión- Se escuchó un golpe seco, Ganong retrocedió con los ojos bien abiertos, no podía creer lo que veía, tendida en el suelo, inconsciente yacía Lans; por primera vez en su vida Bra había golpeado a alguien sin pensarlo si quiera, sin darse cuenta, el solo hecho de que mencionara algo sobre su hijo le hizo perder por completo su razón
-Tómalo como quieras- le dijo a Ganong- si quieres puedes hacerlo como una declaración de guerra, se mucho sobre ustedes se sus debilidades y se como destruirlos, aun más rápido de lo que se puede destruir.
-¿Quieres ser nuestra enemiga Bra?
-Lans se acaba de declarar mi enemiga- Se dio la media vuelta, salió de ahí furiosa, la rabia le embargaba aun haciéndole estremecer, aquel golpe no fue suficiente quería destruirla si era necesario.
Aquel insulto a su hijo le había mostrado una parte de sí que ignoraba, no, solo era por Truman, era también por Lautrec, porque, a pesar de todo, estaba completamente segura que fue Lans quien ordenó matarlo ¿Quién otro sino ella? Ella misma lo había confirmado al decirle que su relación fue algo propio de humanos comunes; pero no lo pensaba tolerar.
Bajo de su auto y entró a la corporación, su madre mecía a Truman entre sus brazos. De inmediato, sin saludar ni tan siquiera dar explicaciones tomó a Truman, lo acunó, le dio un beso en la frente y comenzó a hablar con él como si se tratase de cualquier día, como si olvidara el hecho de que su padre en esos momentos estaba siendo intervenido en una operación donde nunca le aseguraron si volvería a ser el mismo de antes o si tan solo sobreviviría, como si no importase el hecho de que una hora atrás se había declarado enemiga de aquellos que se hacían llamar los amos del mundo, la gente más peligrosa que existía en la tierra, sus manos cubrían todo rincón del planeta y su influencia estaba presente en cada momento de la vida diaria de todo ser humano. Nada de eso importaba al estar al lado de su hijo, representaba una nueva esperanza.
Truman tenía algo especial, aunque aun no descifraba que era aquello, presentía que algo importante pasaría con aquel bebé, que un día, cuando fuera todo un hombre dejaría una huella que sería recordara por muchas décadas y más allá.
Bulma, ansiosa de preguntar por Samuel, poso sus manos en los hombros de Bra; pero ella ni siquiera le miro. En aquel momento solo ella y Truman existían en el mundo; Bulma no fue capaz de romper tal encanto, sabía que a veces el solo hecho de abrazar un hijo era un aliciente que nada podía sustituir.
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Las estrellas surgían magnánimas de entre las nubes, el color azulado oscuro de la noche la mantuvo en silencio mientras ponía en orden sus ideas. Le gustaba mirar a las estrellas, desde que era niña siempre salía al jardín para observarlas durante horas. Su madre salía tras de ella para meterla a la casa, acostarla en su cama mientras su padre le daba un beso de buenas noches.
Y cuando los dos se iban pensando en el buen trabajo que hacían como padres al dormir a su pequeña, la niña se levantaba sigilosamente para salir una vez más y mirar fijamente a las estrellas, porque en ellas había un hechizo que la atraía, que la hacía sentirse más fuerte de lo que era y de lo que nunca sería, un sentido de pertenencia que no hallaba en aquellos dos extraños que eran mamá y papá.
Alguna respuesta estaba en el espacio, en un vacio infinito como el de su alma, tan solo equiparable al de su corazón.
-Maestra- se acercó uno de sus adeptos mientras ella miraba al cielo nocturno, le miro de soslayo esperando a que continuara- él vive- asintió- nuestro plan…maestra, si él vive, entonces…
-¿Esta consiente?
-…No, hasta ahora solo sabemos que salió vivo de la cirugía y que esta en la unidad de cuidados intensivos, que se encuentra intubado para poder respirar y no saben que repercusiones podría haber tenido la operación; pero vive maestra…él vive, la señora Brief se retractara, no le hará ningún daño a los amos…
-No seas estúpido- respondió con tranquilidad-esta vivo, si…pero ¿en que condiciones esta? Tú mismo me has dicho que aun no despierta, que tuvieron que intubarlo para que pudiera respirar… ¿te parece que sea algo por lo que Bra olvide a los amos del mundo?- negó con la cabeza- Es tan solo cuestión de lógica, la lógica aun rige al mundo
Y miraba a las estrellas con sus ojos negros azabache, porque en el fondo sabía que venia de ellas, que su origen era distinto de aquellos que la rodeaban y que aquellos que se hacían llamar sus padres era una ilusión, que ella misma era una ilusión de pertenencia. No era su hija, ni nunca lo sería porque jamás se sintió parte de ellos, Ranvier era tan solo un nombre por el cual era reconocida en el mundo, pero no le provocaba nada más en lo absoluto.
Ella era una saiyajin, era la hija de un amo del mundo, el fruto de una unión que su madre biológica no hubiera dudado ni un instante en destruir.
"Algo que no debió suceder" pensó, pero ahí estaba, contando cada minuto de su vida, cada uno era uno menos, en un cuerpo que era una bomba de tiempo cuya explosión llegaría inevitablemente en cualquier momento.
-Quiero hablar con Dillinger…vamos a comenzar en unas horas y quiero que este listo.
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Corrían las 2 de la mañana de un frio día de enero. Lans, aun no abandonaba la oficina de Ganong, tenía un ojo morado, el otro con la mirada furiosa y vengativa. Se había equivocado y de que manera…alguna vez Ballard le dijo "La gente de elite comete errores de elite"…ese era su caso. Se reprochaba el haber confiado en Bra Brief, tan solo le defraudo, no era un amo del mundo, solo vio un espejismo aquella vez que fue raptada por Rediget, cuando su mirada se cruzo con la suya y por un segundo pensó que podía verla, que sabía donde estaba y que estaba sucediendo en realidad.
-Sabe demasiado- le dijo a un sumiso Ganong que no supo que contestar- le tendremos que eliminar
-Una figura tan importante no puede ser eliminada así como así es una persona importante
-¿Qué sugieres? ¿Qué la deje vivir? No puedo, bien lo sabes, esta demasiado inmiscuida en este mundo…nuestro mundo
-¿Tienes miedo de lo que nos podría hacer?
-Ella nunca podría hacernos daño. Es un ratón en contra de un elefante, nuestros ideales no pueden ser destruidos tan fácilmente.
Se levanto sin decir más, dejando a Ganong solo con sus pensamientos y sus temores, porque en el fondo sabía que Bra Brief podía destruirlos en cualquier momento si así lo quería.
-Vamos a casa- le dijo Lans a su chofer, le miro esperando a que se llevara la mano a la gorra en ese acto de entendimiento tan usual en su empleado; pero no lo hizo y fue algo que en aquel momento no le presto la debida atención.
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-Todo estará bien- le dijo a Truman mientras lo alimentaba- él volverá con nosotros y volverá a decirte lo mucho que te ama- El niño le miraba con atención como si comprendiera cada palabra que ella le decía- volverá Truman, él volverá y te enseñara a ser la gran persona que es…- su móvil sonó en aquel instante, de inmediato lo tomo quizá serían noticias sobre el estado de salud de Samuel. Atónita miro la pantalla del móvil, no conocía el número, dudo en contestar; pero la curiosidad venció a su razón.
-Sal al balcón- le dijo la voz fría de una mujer, una voz conocida- estoy afuera de tu departamento- una voz que no había escuchado en poco menos de un año; pero sin embargo la recordaba bien.
Dejo a Truman en su cuna y aun sosteniendo su celular se asomó al balcón. Cual fue su sorpresa al ver de pie en la acera a la mujer más buscada del mundo, aquella que había burlado un sinfín de veces la seguridad de aquellos que se proclamaban dueños de la humanidad.
Sosteniendo un viejo móvil, mirándola fijamente estaba Susan Ranvier, esbozando una sonrisa victoriosa, con un brillo singular en sus ojos que Bra estaba segura de no haber visto nunca antes
-Tú has visto mi vida, te hablaron sobre mi muerte y serás testigo de mi resurrección…Bra Brief. Te mostrare el mundo que transformare, te daré la oportunidad de acabar con aquellos que le hicieron daño…
