Escándalo en la calle Heiss

Protagonizado por Edward Elric, Winry Rockbell, Alphonse Elric, Roy Mustang. Con la aparición especial de la KGB Sovietica.

Le recordamos que esta historia usa personajes del Manga/Anime Fullmetal Alchemist, que pertenece a su respectiva autora y a sus colicenciados. Esta historia tiene como fines no lucrativos entretener al lector.

Hace 6 meses, la puerta se abría de ambos lados, Edward Elric, pilotando un avión propulsado, atravesaba a sus anchas ese terrible lugar para esta vez aterrizar en Central, no sin antes cerrar la puerta para evitar que otro se colara en el mundo de la alquimia.

Bueno, un aterrizaje decente – se dijo Edward, mientras se quitaba el casco de piloto con la insignia de la república de Weimar, bajando de la nave, y tomando su equipaje, sin embargo, un disparo se escuchó cerca, justamente en el Palacio de Gobierno, donde de un balazo certero en la frente caía Roy Mustang, quien tomaba posesión en ese momento como secretario de defensa y luego, otro impactó el corazón del primer ministro Louis Armstrong, Edward corrió al auxilio de los militares.

Y la escena era triste, dramática, al parecer el asesino había atacado desde lejos, lo que daba a un francotirador, pero nadie le vio ese día, tras ver a la gente dispersarse, Edward corrió a la estación de trenes, con destino a su tierra natal, para horas después llegar al velorio de su tía, ahí estaban unos conocidos de los Rockbell, cuando vio a Winry, sus palabras se quedaron atascadas en la garganta, y ella en un tono despectivo, y a la vez aterrado – Tú... ¿Aquí? ¿Por qué no has venido antes?

Aún de desearlo, no he podido, Winry, han matado a Mustang y a Armstrong... ¿y Alphonse? - dijo Edward, cabizbajo.

Él está adentro de la casa – dijo la rubia, para luego ir más cerca de la tumba de Pinako Rockbell, una de las mejores mecánicas de Auto mail del mundo.

Edward corrió dentro de la casa, y vio a su hermano sentado, pero a los pocos segundos le miró y salió huyendo despavorido, aquélla persona ya no era la "lata de sardina andante", era él mismo, como debió crecer y desarrollarse, Alphonse, evidentemente más alto que Edward, que intentó alcanzarle pero tras tropezar le perdió de vista.

Edward Elric volvió de sus reminiscencias y corrió al baño del supermercado, para poder teñirse y cortarse el pelo, si era cierto que la KGB esta investigándole, era más difícil andar afuera de la casa de Riza, así que tras salir compró los alimentos y algunas ropas para despistar a los investigadores, que aún, por fortuna, no le estaban espiando.

Tras salir del establecimiento, Edward Elric hizo un hoyo en la tierra, y cavó dos entradas secretas hacia el sótano de la teniente, fijándose en no dejar rastro de ellos, así los ductos ocultos y hechos con alquimia, asegurarían la libertad de Elric, al menos en un cincuenta por ciento.

Volviendo al cuartel de Fritz, todo pasaba dentro de lo normal, salvo la mente de la teniente Riza Hawkeye, que deseaba fuertemente que Edward no fuera capturado. Tras salir del trabajo, y llegar a casa, vio a Edward con el pelo corto, tintado de negro, y un traje café muy de moda, unos lentes oscuros de forma circular, y un cigarrillo sin encender en la mano.

He tomado precauciones, y así estoy, la alacena está llena y me tomé la molestia de limpiar la casa – dijo Edward, esbozando una sonrisa.

Edward sirvió el té, y un poco de comida para ambos, la cena se ambientó en silencio, Edward volvió a recordar el día anterior, ese momento tan preciado para él.

Su lengua exploraba la boca de la teniente, ya sin prenda alguna ambos se dedicaron a explorarse, él arriba ahora, ella abajo, mientras él tenía ocupadas las manos en la entrepierna de la rubia, ella frotaba su pecho y espalda, Edward lanzó un gemido de placer, el hecho de tener ese metal ahí dentro le resultaba a ella muy excitante, pero sin duda era la mano humana la que más la hacía disfrutar, volvieron a acomodarse para así corresponderle, y entonces...

¿Volveremos a hacerlo, Riza? No he parado de recordar esos momentos tan grandiosos – dijo Edward, mientras daba un sorbo a su té.

Pronto tendremos que huir de aquí, pero si tú lo prefieres – dijo sensualmente la teniente, mientras terminaba su taza.

Ayer tú técnicamente me... bueno, ahora quiero devolverte el favor – Dijo Edward llevando a Riza al sillón que ayer interesado observaba.

Y así sucedió, pero esta vez Riza no hizo nada, se dejó acariciar y besar por el alquimista de acero, quien para sorpresa de la teniente, tenía muchas ganas por satisfacerse, comenzó besando el cuello de la teniente, mientras recorría de arriba a abajo la espalda de la mujer en cuestión, para luego pasar a la boca de su amante, recorrió con un dedo de su mano metálica el pecho de ella, haciendo círculos en su abdomen, y con la otra sujetando la nuca, y así, extasiado, continuar con otra loca noche de pasión desbordada.

En la calle no pasaba nadie, solo el viento que soplaba fuerte, y la KGB, muy lejos del rastro de Edward, buscándole a las afueras de la ciudad, esa noche precisa fue la última de Edward y Riza en Central, al día siguiente habrían de partir hacia otro lugar, pero quien hubiere visto toda la escena, se podría decir que se amaron como pocos hubieran hecho, y las fantasías se habían realizado con sumo éxtasis.


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Bien otro traguito de agua de limón, a su salud, lectores, gracias por los reviews, ¡y los que vendrán!