Los personajes no me pertenecen, son de la magnífica Stephenie Meyer, a mí solo me pertenece la historia.

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Capítulo 9: El renacer de Bella

Edward POV
Mi pequeña Bella se moría en mis brazos, solo podía salvarla condenándola a esta vida, mi vida.

Todos parecían de acuerdo en que debía ocurrir, incluso el cazador de vampiros, aquel que odiaba todo lo que mi raza implicaba prefería eso a verla morir. Yo seguía debatiéndome el tiempo se agotaba.

-Saca el hacha de su pecho o la ponzoña no servirá para nada.-me advirtió Will.

Yo aún no podía moverme, el corazón de Bella seguía latiendo, pero yo sabía que no por mucho más tiempo.

-Edward, puedo transformarla yo, si no te sientes capaz.-me ofreció Carlisle.-Saca el hacha justo antes de que le muerda, así no perderá más sangre.

-No, yo lo haré. Yo le morderé.-acepté.

Si Bella tenía que culpar a alguien de esta condena prefería que fuera a mí, era culpa mía que se viera en esta situación. Si yo nunca hubiera aparecido en su vida, ella no se habría enamorado ni hubiera dado su vida por mí.

-Bien, yo sacaré el hacha.-dijo Carlisle.-Debes morderle justo después, hay que hacerlo deprisa, hijo.-yo asentí.

Incliné mi cabeza sobre el hueco de su cuello, con los dientes preparados. En el mismo instante en que oí el desgarro del arma al salir de su pecho, clavé mis colmillos en su precioso cuello.

Pasé más de un minuto inoculándole veneno, pero sin chupar una sola gota de su sangre. Entonces, como si le hubieran aplicado una descarga, su corazón comenzó a bombear más fuerte. Ella se retorcía de dolor entre mis brazos, yo la besé en la frente y la abracé.

-¿Ha funcionado?-preguntó agónico Will.

-Sí, ella se está transformando.-le contesté.

Me levanté, sosteniéndola entre mis brazos y la llevé a mi habitación. Me senté sobre mi sofá de cuero y allí la mantuve abrazada hasta que volviera a abrir los ojos.

Bella POV
La herida en el pecho dolía, pero no más que los ojos de Edward, él estaba sufriendo tanto. Pero yo había hecho lo correcto, yo no podía vivir en un mundo en el que él no existiera. Además de seguro me había ganado la entrada al cielo, acababa de salvar a un ángel.

La oscuridad se iba apoderando de mí, mis ojos se iban cerrando y mi respiración decaía. Dejé de ver, de escuchar, pero aun sentía. Noté como extraían el hacha de mi pecho, quise gritar por el dolor, pero mi cuerpo ya no respondía. Entonces hubo otro dolor, unos dientes sobre mi cuello, algo se introdujo dentro de mi cuerpo, algo que despertó mi corazón. Los sonidos volvieron pero aún no podía abrir los ojos, y un dolor palpitante se iba acrecentando en mi interior, me quemaba. Entonces escuché de nuevo su melodiosa voz.

-Sí, ella se está transformando.-dijo Edward.

Ahora empezaba a comprender, Edward me había mordido, me estaba transformando en vampiro, nunca me había detenido a pensarlo, ¿convertirme yo en vampiro? Tener una eternidad para amar a Edward, por mucho que doliera la transformación la recompensa merecía la pena.

El calor se hacía insoportable, de vez en cuando se escapaban entre mis dientes débiles gritos de dolor. Todo ardía, excepto unos brazos helados que me agarraban fuertemente, y un dulce y frío

aliento que golpeaba mi rostro. Estaba con él, me tenía abrazada, y me estaba hablando. Intenté concentrarme en su voz, a pesar del dolor.

-Bella, pequeña, perdóname.-parecía como si estuviera llorando, y lo estaba haciendo aunque no pudiera derramar lágrimas.-No he tenido otra alternativa, no puedo perderte. Eres lo único que he amado en este mundo, el único motivo por el que querría alargar mi vida. Siento tanto que te duela, pero pronto pasará, te lo prometo. Estoy aquí contigo, mi amor, nunca voy a irme, no me separaré de ti. Te quiero, Bella.

Sentía tantas ganas de besarle, de abrazarle y decirle que yo también le amaba, pero esta oscuridad me tenía prisionera, pero algún día desaparecería y sería el momento en que mi eternidad junto a Edward comenzaría.

El dolor se multiplicaba en cada parte de mi cuerpo, pero cada vez que retorcía una parte de mi

cuerpo, Edward la acariciaba. Y cada vez que yo profería un grito, él me besaba, en la frente, las mejillas, los labios, el cuello,...Ayudaba sentirlo tan frío junto a mi cuerpo, y porque cuando sentía sus caricias casi podía olvidar el calor que me embargaba.

Cuando mi mente comenzaba a aclararse escuché una conversación entre Edward y Rosalie.

-No sé si has hecho lo correcto, Edward.

-Yo tampoco.-le contestó él.

-Ella no ha podido elegir, habéis decidido por ella, eso no es justo.-le reprendió Rosalie.

-Tú salvaste a Emmett.-le recordó.-Yo amo a Bella, y sé que ella me ama a mi. Se interpuso entre

un hacha y yo para demostrarlo. No podía dejarla morir.

La rubia no tenía nada que contestarle a eso.

-No me importa si no la aceptas en la familia, si no la quieres aquí, nos marcharemos, pero yo estaré

siempre con ella. Bella es mi prioridad número uno, y lo que pienses, Rosalie, me da igual.

-Lo siento, Edward.-se disculpó.-No quiero que os vayáis, solo que no puedo evitar pensar que quizá ella no quiera esta vida.

-Yo también lo pienso, y me duele todo el tiempo, pero no podía dejarla irse. Ella es todo lo que quiero.

Escuché como la hermana de Edward salía de la habitación. Mi sentido del oído se iba agudizando, y también mi olfato, había humanos en el piso de abajo.

El dolor iba desapareciendo, ya prácticamente solo notaba, los ya no tan fríos brazos de Edward, su dulce aliento sobre mi rostro, y mi corazón cesando de latir.

Abrí los ojos y pude verle al fin, sus ojos estaban clavados en los míos, y me sonreía. Me tenía acunada entre sus brazos, no quería moverme jamás de allí. Levanté una mano para acariciar su rostro, él giró la cara y me besó en la palma de la mano, yo le sonreí.

-Te quiero tanto, Edward Cullen.-articulé con mi nueva voz cantarina.

-No más que yo a ti, Isabella Swan.-me respondió.

Presionó sus labios contra los míos y yo enredé las manos alrededor de su cuello, no pensaba dejarle escapar. Pasamos tanto rato besándonos, que de haber seguido siendo humana habría muerto asfixiada, pero ya no, ahora podía pasarme todo el tiempo que quisiera besando a Edward, ya no necesitaba el aire para vivir, pero sí el aliento de mi vampiro.