NdA Gracias a Shadow Lestrange, Aumi Hikari, Banshee87 y Sayuri Hiro por vuestros comentarios, que como no han sido desde una cuenta no os los he podido agradecer. Este es el último capítulo de "Draco" y espero que os guste mucho a todos. ¡Besos!
Tercera parte
Draco no durmió demasiado bien aquella noche. Tenía las palabras de Harry clavadas como garras en el pecho. Sabía que lo de Greg era lo de menos. En cuanto quedara con él y se tomaran un par de cervezas juntos, sería como si no hubiera pasado nada. Pero lo que le había dicho Harry…
No sabía por qué le importaba tanto lo que pudiera pensar ese idiota presuntuoso de él, pero le importaba. En el fondo, siempre le había importado. Y se había acostumbrado con suma facilidad a que Harry lo mirara con más aprecio, a que bromeara con él, a que se preocupara por él. Se habían hecho amigos y eso le gustaba más de lo que podía expresar con palabras. Resultaba amargo haber oído esos reproches de su boca y haber recibido de nuevo una mirada disgustada. Pero sabía que Harry estaba en lo cierto, no tendría que haber tratado a Ute así. Tendría que haber sido más discreto. Claro, en sus tiempos él había llegado a hacer insignias insultando a Harry, así que meterse con Ute en voz baja le había parecido bastante sutil en comparación, toda una muestra de madurez.
Obviamente no era así.
Cuando se levantó al día siguiente estaba desanimado y pasó casi todo el día leyendo distraídamente en el sofá. Harry también tenía razón en otra cosa: su vida era tan aburrida… Quizás un viaje le animaría, pero eso parecía sólo una solución a corto plazo.
-Draco… -Era Narcissa, acercándose a él. Draco apartó las piernas para hacerle sitio en el sofá-. ¿Te pasa algo, hijo?
-No, estoy bien.
Ella se lo quedó mirando unos segundos.
-Tu padre tiene una reunión de negocios dentro de una hora. ¿Por qué no le acompañas? Así te distraerás.
Draco puso los ojos en blanco.
-Madre, eso me aburre aún más que estar aquí tumbado.
-¿Y qué te entretiene, aparte de estar con tus amigos? –Meneó suavemente la cabeza-. Tú vales tanto, Draco… Me mata verte desperdiciar tu vida.
No era la primera vez que Narcissa le decía algo así y normalmente Draco desechaba sus palabras sin darle mayor importancia. Pero ese día le recordaron a Harry, lo último que éste le había dicho… y a sus propios sentimientos. No le dolía admitir que en ocasiones echaba de menos no tener nada que hacer. La actividad física no era lo suyo, más allá del sexo y el quidditch, pero siempre había disfrutado estudiando, maquinando, organizando… Harry tenía razón al decir que su mente necesitaba alguna ocupación consistente, más profunda, que decidir entre dos camisas.
-¿No te gustaría hacer algo? –continuó ella-. ¿Una maestría en Pociones?
-No –dijo, desganado-. Preferiría trabajar en algo, antes que ponerme a estudiar otra vez. Pero tú sabes que no es tan fácil.
Narcissa le dirigió una larga mirada.
-Lo que yo sé, querido, es que eres un Malfoy y un Black y eso significa que puedes hacer cualquier cosa que te propongas. Simplemente hay que encontrar la manera adecuada de conseguirlo.
Tras arreglar rápidamente las cosas con Greg, Draco pensó. Pensó mucho. En realidad no quería trabajar, no si eso suponía madrugar mucho y aguantar a algún imbécil incompetente como jefe. Lo que quería era ser útil, ayudar. Y conseguir más influencias, claro. Desde luego su familia ya hacía muchas donaciones, pero él pensaba en otra cosa, algo más personal. Lamentablemente, era en esos círculos donde su presencia era recibida con sonrisas rígidas. Esa gente quería, necesitaba su dinero, pero no lo querían a él, y aunque podía imponer su presencia gracias precisamente a sus galeones, como le había dicho a Harry no creía que eso fuera a ser positivo para nadie.
Lo que él quería era demostrar que valía para el puesto, fuera éste el que fuera. Pero, ¿en qué organización benéfica podían aceptarle de buena gana, con independencia de su dinero?
Y entonces tuvo una idea.
-Quiero ayudar.
Hermione miró a Draco con incredulidad.
-¿Quieres ayudar a mejorar las condiciones laborales de los elfos domésticos?
-Sólo quieres que tengan medio día libre a la semana, ¿no? Y que cobren un galeón al mes. –Ella asintió, aún con los ojos fijos en él-. Bueno, no me parece tan grave. Aunque creo que entonces los precios de compra de los elfos deberían rebajarse un poco, porque Granger, nadie quiere gastarse medio millón de galeones para luego seguir pagando más. Pero en fin, en resumen, que te ofrezco mis servicios para la causa. Estoy lleno de buenas ideas. ¿Te interesa?
A Draco le importaban bien poco las condiciones laborales de los elfos, pero pensaba que si hacía un buen trabajo en la organización de Hermione demostraría su valía y estaría en condiciones de trabajar en proyectos que le interesaran mucho más. Ahora sólo tenía que comprobar si Granger confiaba al menos un poco en sus aptitudes.
-Claro, necesitamos toda la ayuda disponible. ¿En qué has estado pensando?
Draco reprimió una sonrisa y adoptó una pose solemne.
-Granger, creo que urge dar una fiesta para recaudar fondos.
Ella torció un poco la boca.
-Ya hicimos una y casi no pudimos cubrir gastos.
Draco la miró compasivamente.
-Querida, no te ofendas, pero tú emites lo que podríamos llamar ondas anti-fiesta. Daremos una cena y un baile en Malfoy manor. Es mejor empezar suave, así que yo pondría un precio de mil galeones por cubierto.
Hermione abrió los ojos como platos.
-¡Eso son cinco mil libras!
-¿Piensas en libras? Qué mona. Greg lo traduce todo a ranas de chocolate.
-Malfoy, mil galeones el cubierto es una barbaridad.
Draco y sus padres habían asistido a cenas benéficas de tres mil galeones el cubierto, así que no estaba para nada tan impresionado como ella.
-Una barbaridad que todos querrán pagar para que no haya chismes sobre ellos. Es una manera como cualquier otra de presumir de los ricos que somos. Hazme caso y te prometo que recaudarás un mínimo de sesenta mil galeones… o trescientas mil libras o… un número muy grande de ranas de chocolate. De ahí tendremos que descontar algunos gastos, pero no creo que lleguen a los dos mil galeones.
Hermione se quedó un rato callada, pensativa. Draco supuso que antes de tomar una decisión, la pobre tendría que asimilar que existía un mundo donde la gente manejaba esas cantidades de dinero.
-¿Estás seguro?
-¿Me he equivocado alguna vez? –Hermione le dirigió una mirada muy significativa-. Vale, estoy seguro.
No fue difícil convencer a Lucius y Narcissa para dar la fiesta en la mansión, aunque ellos no estaban muy de acuerdo con las reformas de Hermione. Draco les había contado su plan de probarse a sí mismo en esa organización y los dos lo aprobaban y celebraban verlo con esa iniciativa, así que pronto se pusieron manos a la obra. Preparar aquella fiesta no era muy diferente a preparar cualquier otra, pero a Draco le animaba pensar que esa fiesta servía para algo. Y de vez en cuando, sobre todo cuando ya estaba acostado, se preguntaba qué pensaría Harry de aquello. No habían vuelto a hablar desde el picnic porque Harry estaba esos días ocupado con un nuevo caso, pero en ocasiones Draco sospechaba que eso, en el fondo, no era más que una excusa para no verlo. La idea le entristecía, así que procuraba olvidarlo en cuanto le venía a la cabeza.
Mientras la fiesta iba tomando cuerpo poco a poco, Draco también observaba la evolución del posible romance entre Astoria y Blaise con interés, pero desde lejos. A él le parecía que cada vez estaban mejor compenetrados y de vez en cuando se lo hacía saber sutilmente a ella, quien parecía más y más enamorada cada día.
Entonces, un día, llegaron dos noticias sorprendentes por espacio de muy poco tiempo. La primera, por la mañana, fue que Blaise había vuelto a partir a Estados Unidos a toda prisa. La segunda, ya por la tarde, le llegó de boca de una consternada Pansy.
-Ay, Draco, no sé cómo decírtelo…
-¿Qué ha pasado?
Ella lo miró con sincera preocupación.
-Es Blaise. No te lo vas a creer. ¡Va a casarse!
Draco se quedó atónito.
-¿Qué?
¿Y Astoria no le había dado una pista siquiera? Además, ¿a qué venía tanta prisa? Merlín, ¿la habría dejado embarazada?
-Su madre me ha contado no sé qué historia de una chica estadounidense de la que él estaba enamorado.
-Espera, espera… ¿estadounidense? –exclamó, comprendiendo con horror que no hablaba de Astoria.
-Sí. Ella iba a casarse con otro, por eso Blaise se vino aquí, para no verla. Pero la boda tendría que haber sido ayer, y ella no se presentó y a Blaise le ha llegado una nota suya diciéndole que se había dado cuenta de que le amaba a él y que era con él con quien quería casarse, y entonces Blaise ha salido disparado a por ella.
-No puede ser…
Ni siquiera se atrevía a pensar en lo que podía suponer eso para Astoria. ¡Dos veces seguidas! Aquello iba a dejarla totalmente destrozada.
Pansy le apretó el brazo.
-Draco, lo siento tanto… No sé cómo ha podido hacerte esto.
Él la miró con sorpresa, sin entender del todo el comentario, ni la mirada de pena que lo había acompañado.
-¿Eh?
-Hacíais tan buena pareja…
Draco comprendió por fin qué estaba pasando y se apresuró a calmar sus temores.
-Pansy, Blaise y yo lo dejamos cuando se marchó la primera vez. Pasamos un buen rato entonces, pero eso es todo. Te aseguro que estoy perfectamente.
Ahora fue ella la que se quedó mirándolo, claramente sorprendida, incluso escéptica.
-¿En serio?
-Claro. Sólo somos amigos. Ni siquiera es el último hombre con el que me he acostado.
-¿Y por qué estás con esa cara?
Draco no le había dicho a nadie lo de Astoria y Blaise, y tenía aún menos intenciones de soltar el chisme después de lo que acababa de pasar. Pero tenía que hablar con ella lo antes posible, darle la noticia con toda la suavidad posible para minimizar los daños… si es que era posible.
-Bueno, él no podía estar seguro de que yo no fuera a enamorarme de él –dijo, mintiendo sólo a medias, porque eso también le molestaba-. Podría haberme enamorado y entonces ahora estaría con el corazón roto. Eso no se le hace a un amigo.
Pansy se quedó convencida con aquello, y después de proporcionarle todos los detalles que sabía se fue a su casa. Aunque ya era casi la hora de cenar, Draco llamó por Red Flú a casa de los Greengrass para ver si podía decírselo a Astoria. Con un poco de suerte, ella aún no sabría nada.
-Hola, Astoria, ¿cómo estás?
-Un poco sorprendida con lo de Blaise. Te has enterado, ¿verdad? Daphne estaba un poco preocupada por ti, pero yo le he dicho que lo habíais dejado cuando él se fue a Estados Unidos.
Draco la miró sin comprender del todo.
-Eso da igual, ¿cómo estás tú?
-¿Yo? –Ella se encogió de hombros-. Ya te lo he dicho, un poco sorprendida. Como todos, supongo.
Astoria estaba tan tranquila que Draco no podía creer que estuviera disimulando algún pesar.
-Pero vamos a ver… ¿a ti no te gustaba Blaise?
Los ojos de Astoria se abrieron como platos.
-¿Blaise? No, claro que no. ¿De dónde te sacas eso?
-Tú dijiste… que él te había salvado… Blaise te salvó de aquel crup.
-Oh, eso… Sí, la verdad es que me salvó, pero no me refería a eso, me refería a Harry –dijo, sonriendo súbitamente-, a lo que hizo en el baile de Pansy y Theo.
Draco sintió como si le dieran un mazazo en la cabeza.
-¿Harry?
Pero Astoria seguía sonriendo, ajena a su tormenta interior.
-Claro… Mira que pensar que hablaba de Blaise… Me cae bien, pero Blaise no tiene nada que hacer al lado de Harry. Es tan… simpático, tan guapo… Creo que empiezo a gustarle, ¿sabes? Lo noto en un montón de detalles.
Draco estaba cada vez más alarmado, pero sólo podía pensar nononono.
-¿Potter y tú?
Ella se puso más seria.
-Lo dices como si tuviera algo de malo.
Aquello era quedarse definitivamente corto. Si su padre le hubiera dicho que iba a raparse la cabeza y hacerse un par de piercings no lo habría encontrado más erróneo de lo que encontraba aquello. Pero Draco estaba acostumbrado a ocultar sus sentimientos en situaciones como aquella, por naturaleza y por educación, e hizo un esfuerzo por controlarse.
-Lo siento, Astoria, pero es que no creo que hagáis buena pareja. Y eso por no hablar de que a Potter no le gustan las mujeres.
-Eso dices siempre, pero es mentira –replicó, con cierto ímpetu-. Harry también se acuesta con mujeres. Y yo creo que sí hacemos buena pareja. Y él piensa lo mismo, para que lo sepas.
-¿Te lo ha dicho él?
-Esas cosas no hace falta decirlas, se notan perfectamente.
Draco sabía que Harry, al contrario que Blaise, sería incapaz de jugar con los sentimientos de nadie. Y de repente todos esos cumplidos hacia ella, todas esas conversaciones entre los dos cobraban un nuevo significado. Pero Astoria podría haberse estado mintiendo a sí misma, malinterpretando las cosas igual que había estado haciendo él sin darse cuenta. Tenía que ser aquello, porque la otra perspectiva era sencillamente horrible de contemplar.
-Bien, sólo quería contarte lo de Blaise porque pensé que iba a dolerte. Me alegra haberme equivocado. Y ahora será mejor que me vaya, mis padres estarán a punto de cenar.
Pero Draco apenas pudo probar bocado. Sólo podía pensar en lo que le había dicho Astoria, en las ganas que tenía de pronto de arrastrarla por el pelo hasta fuera de Inglaterra. Se sentía traicionado, enfermo… No había sentido nada así desde la guerra, y desde luego entonces había sido por algo más grave que una relación amorosa. Pero, ¿por qué? ¿Por qué las palabras de Astoria habían despertado en su interior ese odio hacia ella, esos deseos que encerrar a Harry bajo llave y no permitir que nadie, nadie se acercara a él jamás?
-Oh, por las pelotas de Rincewind… -exclamó de pronto.
Narcissa estuvo a punto de duchar a Lucius con el vino que estaba bebiendo en ese momento.
-¡Draco!
Él ni la escuchó. La verdad que acababa de descubrir acaparaba toda su atención. ¿Cómo no se había dado cuenta? ¿Cómo había estado tan ciego?
¡Él amaba a Harry!
No sabía cuándo había sido, no sabía cuándo Harry se había convertido también en familia, cuándo se había abierto paso en su corazón, cuándo se había vuelto necesario. Pero había sucedido, se había enamorado de él, de su pelo horroroso, y sus sermones, y su aire despistado y esa sonrisa secreta que a veces le bailaba en sus asombrosos, hermosos ojos verdes. Y no quería simplemente irse a la cama con él, también quería quitarle la tensión del día con un masaje, hacerlo reír cuando estuviera desanimado, tenerlo a su lado en las largas veladas de invierno. Quería que Harry se sintiera orgulloso de él. Por desgracia, aparentemente había descubierto sus propios sentimientos justo a tiempo de perderlo por Astoria.
A la mañana siguiente, con los ojos algo enrojecidos por la falta de sueño, Draco fue a echar una mano en la asociación. Hermione andaba por allí, pero no debía de saber lo de Blaise porque no hizo ningún comentario al respecto. No era tan raro, porque la noticia de la novia estadounidense había salido a la luz sólo la noche anterior, y Hermione no frecuentaba tanto al grupo de amigos de Draco como Harry. Draco dudó un poco y al final se lo contó; quería tener oportunidad de aclarar que él no estaba sufriendo por Blaise en modo alguno. Sufría, sí, pero no era por él.
Por la tarde volvió a la mansión y se fue a dar un paseo por los jardines, abrumado por la melancolía. Harry y él llevaban días sin verse; eso no había pasado desde hacía mucho tiempo. ¿Realmente estaría aún tan enfadado por lo que le había dicho a Ute? ¿O pensaba que era un inútil que sólo servía para dejarse ver en las fiestas y ya no sentía interés alguno por él, ni siquiera como amigos? Se había atrevido a preguntarle a Hermione por Harry y ella le había contestado que seguía ocupadísimo por el trabajo; Draco seguía teniendo dudas de que aquello fuera verdad.
Tenía que hablar con él. Tenía que tantear el terreno y ver si había alguna posibilidad, por nimia que fuera, de conseguir ganar el corazón de Harry. No podía cedérselo a Astoria sin luchar.
Y entonces, como si fuera en un sueño, vio a Harry acercándose a él por el jardín. Por un momento pensó sinceramente que se lo estaba imaginando, tantas eran las ganas de verle, pero enseguida se dio cuenta de que era real. Iba vestido aún con la túnica de los aurores, tenía la barba incipiente de quien lleva varios días sin afeitarse y sus ojos, aunque cansados, parecían serios y preocupados.
-Hola, Potter –dijo, hecho un repentino manojo de nervios.
Harry lo miró con una intensidad abrumadora y bajó los ojos un momento, antes de volverlos a clavar en él.
-Oye, Malfoy, sé que debes estar enfadado conmigo por lo que te dije, y no te culpo, pero acabo de oír lo de ese imbécil de Zabini y… y sólo quería asegurarme de que estás bien.
Draco, sorprendido por sus primeras palabras, nervioso por sus propios sentimientos, apenas fue capaz de comprender que Harry estaba bajo el mismo error que Pansy.
-Estoy bien. Lo que tuvimos él y yo no significaba nada y sólo duró hasta que volvió a Estados Unidos por lo de su madre. Después ya no nos volvimos a enrollar.
-¿En serio?
-Sí, sí. De hecho… yo quería ver si lo emparejaba con Astoria.
Harry volvió a agachar la cabeza unos segundos, de modo que Draco no podía ver bien su expresión. Quizás no debería haber dicho lo de Astoria. Quizás había hecho que se volviera a enfadar, pensando que había tratado de alejarla de él.
-Escucha, hay algo que tengo que contarte.
Draco supo que iba a hablarle de ella, lo supo, y las palabras salieron de su boca antes de que pudiera impedirlo.
-No, no quiero oírlo –exclamó, dando media vuelta.
Harry dio un respingo y lo miró con incredulidad mientras enrojecía.
-De acuerdo –farfulló.
Draco no necesitaba girarse para saber que a Harry le había dolido su reacción. Eran amigos, quizás había querido confiarle sus sentimientos, pedirle ayuda para acercarse más Astoria. Aquello parecía mucho más de lo que podía soportar, todo su ser se rebelaba ante la idea. Y si se lo oía decir en voz alta… entonces sería un hecho, no una horrible posibilidad. Pero por otro lado, si lo amaba, ¿no debía ayudarlo?
-Será mejor que me vaya –dijo entonces Harry.
-No, espera –le pidió Draco, volviéndose hacia él. Harry parecía aún más cansado que antes. Si era cierto que venía de un caso tan largo, tenía que estar exhausto. Y aun así, a pesar también de que pensaba que Draco estaba enfadado con él, había ido directamente hasta Malfoy manor para asegurarse de que Blaise no le había roto el corazón. Esa era una amistad que debía honrar, aunque resultara tan doloroso-. Perdona, Potter, querías decirme algo y no te he dejado, pero… sí que quiero oírlo.
-Da igual –dijo Harry, con aire abatido.
-No, por favor, dímelo –insistió Draco, con suavidad-. Somos amigos, ¿no?
Al oír la palabra amigos, Harry hizo una mueca de dolor.
-Amigos… Oh, Draco… Yo no quiero ser tu amigo, yo quiero ser mucho más. Necesito mucho más. –Y de nuevo sus ojos le dirigían la misma mirada intensa y anhelante con la que le había saludado. Draco estaba ligeramente boquiabierto, con el corazón latiéndole tan deprisa que parecía querer salirse de su pecho, quizás para cobijarse en el de Harry-. ¿No podríamos…? ¿Es que no te gusto ni un poco?
Draco consiguió reaccionar por fin.
-No, un poco, no –dijo, dando un paso hacia él, acariciándole la mejilla rasposa con el dorso de la mano. Harry cerró los ojos un segundo, como si aquel roce fuera más de lo que podía soportar y Draco sintió una poderosa oleada de triunfo, excitación y agradecimiento que lo dejó con las rodillas flojas-. Prueba con mucho.
Entonces le besó, un roce que envió escalofríos por todo su cuerpo. Harry se tensó un momento, como si lo hubiera pillado desprevenido, pero después le empezó a devolver el beso, tomando su cara entre las manos. Draco pensó que se derretía, y recibió con entusiasmo la lengua que Harry insinuó entre sus labios. Su cuerpo se apretó contra el de él y le pasó las manos por la espalda, notando los duros músculos bajo la ropa. Harry intensificó el beso y también le abrazó con fuerza, como si ya no fuera a dejarlo escapar. A Draco le pareció perfecto, porque no tenía intención de marcharse a ningún lado.
-Draco… -murmuró entonces, separándose un poco de él-. ¿Lo dices en serio? ¿Te gusto de verdad? No quiero ser uno más, no quiero que dentro de dos o tres semanas te canses de mí.
-Nunca me había sentido así y… no creo que vaya a cansarme jamás de ti –contestó, pasando los dedos por su espeso cabello oscuro.
Harry volvió a abrazarlo con tanta fuerza que Draco temió sinceramente por sus costillas.
-Estaba tan celoso de Zabini… Te dije cosas horribles, te sermoneé como si tuviera algún derecho… Pensaba que estarías furioso conmigo.
-No, esa me la merecía –admitió Draco-. Además, puedes sermonearme todo lo que quieras. Aunque eso no significa que vaya a hacerte caso.
Harry se movió para que pudieran mirarse a los ojos, dejando los brazos alrededor de su cintura. Sonreía un poco, pero había un matiz triste en esa sonrisa que revelaba lo mal que lo había pasado y Draco sintió ganas de besarlo y mimarlo hasta borrar ese dolor para siempre.
-No soportaba veros juntos. Le pedí a Robards que me diera el caso más complicado, uno que me permitiera alejarme de ti… Pero te llevo dentro y estuviera donde estuviera no podía parar de pensar en ti. Y entonces hoy hemos terminado y me he encontrado a Neville y me ha dicho lo de Blaise y… tenía que venir a ver si estabas bien.
-No he estado mejor en toda mi vida.-Draco le besó de nuevo, disfrutando de su olor y su sabor, de la sensación de felicidad perfecta que encontraba entre sus brazos, pero sabía que Harry estaba muy cansado.- Ven, vamos a entrar a la mansión, y le diremos a los elfos que te preparen un buen baño caliente y algo de comer. Ya veremos qué pasa después, si sigues despierto.
Harry se durmió nada más tocar la cama. Draco se quedó observándolo un buen rato, con una sonrisa en los labios, y después salió de la habitación procurando no hacer ruido. Tuvo que hacer un serio esfuerzo para no ponerse a bailar por los pasillos, pero en vez de eso se fue a buscar a sus padres, que estaban escuchando la radio en uno de los salones.
-Tengo que deciros una cosa –anunció sin más-. Harry está durmiendo en mi cuarto y en lo que a mí respecta, es donde dormirá a partir de ahora.
Ellos lo miraron, se miraron entre ellos y volvieron a mirarlo a él.
-Ya era hora de que sentaras la cabeza, querido –dijo Narcissa, sonriente.
-Pero creo que es mejor que no os caséis –añadió Lucius-. Hay que ser modernos; podéis vivir juntos igualmente.
-Tonterías, Lucius, ¡Draco es nuestro único hijo! Daremos una boda espectacular.
-Cissy, eso está muy pasado de moda.
-¿De dónde te sacas eso? Las bodas nunca pasarán de moda.
-Pero ellos no necesitan papeles para demostrar que se aman, ¿a que no?
-Lucius, te lo advierto: deja de decir esas cosas.
Draco se dio cuenta de que aquello iba para largo y se marchó para que discutieran a gusto. Además, tenía otra cosa que hacer. Entonces se dirigió hacia otro de los salones y se arrodilló frente a la chimenea con una pizca de polvos Flú en la mano.
-Mansión Greengrass.
Tenía que decirle a Astoria lo que había pasado. Ahora que sabía que Harry le amaba a él, su animadversión hacia ella había pasado con tanta rapidez como había llegado; sólo le daba pena, porque después de todo sí iban a romperle el corazón una vez más. Draco sabía que probablemente se sentiría traicionada, pero no había otra solución. Y se merecía escucharlo de él.
Cuando Astoria apareció al otro lado de la chimenea, Draco le pidió que pasara a su salón. Ella cruzó por la chimenea y lo miró inquisitivamente, un poco recelosa.
-¿Qué pasa?
-Harry ha venido a verme hace un rato. Quiere estar conmigo, Astoria. Y yo quiero estar con él. Siento que esto te perjudique a ti, pero… uno no puede decidir de quién se enamora.
Astoria le lanzó una herida mirada de incredulidad.
-¿Cómo puedes ser tan… traidor? ¡Te dije que me gustaba! ¡Tú no le amas! ¡Dentro de menos de un mes ya te habrás cansado de él!
Draco meneó la cabeza.
-No, te equivocas. Estoy enamorado de él. No sé cuándo ocurrió, pero ocurrió y te aseguro que tengo intención de darle a Harry todo lo que merece.
Astoria se puso en pie, claramente enfadada.
-No quiero volver a saber nada más de ti.
Entonces echó polvos Flú por la chimenea y se marchó a su casa. Draco se sintió mal al verla irse de ese modo, pero sabía que no se podía evitar que a Astoria le doliera. Tampoco podía hacer gran cosa si ella decidía romper su amistad con él para siempre. Recordaba bien lo que había sentido al pensar que la situación era al revés y tampoco había tenido deseo alguno de volver a ver a Astoria.
No, quizás la había perdido, pero había ganado a Harry, y eso contaba mucho más. Y pensaba disfrutar cada segundo.
Draco despertó cuando Harry empezó a moverse. Se había acostado pronto, deseoso de estar abrazado a él aunque Harry estuviera dormido, y al abrir los ojos se encontró recostado contra él, con un brazo sobre su cintura y una pierna entre las suyas. Harry le sonrió con ojos felices y adormilados.
-Hola…
Draco sonrió también y le dio un beso, sin importarle nada que aún no se hubieran lavado los dientes.
-Hola.
-Por un momento he temido que todo fuera un sueño.
-Es real… Es real y te lo demostraré… en cuanto hayamos pasado por el cuarto de baño. Quiero que nuestra primera vez tenga un poco de glamour.
-Me parece bien.
Mientras iba al baño y se lavaba los dientes, Draco se preguntó si debía pedir a los elfos que les llevaran algo de desayunar. Estaba impaciente por hacerlo con Harry, pero había algo novedoso y excitante en postergarlo un poco más, en regodearse en pensar en lo que iba a pasar; sin embargo, sabía que Harry llevaba esperando ese momento mucho más que él y no quería hacerlo sufrir más. Ya desayunarían después; quizás eso les daría energía para una segunda ronda.
Harry le esperaba fuera, tumbado en la cama. Llevaba sólo unos calzoncillos que el propio Draco le había prestado la noche anterior. Su erección tensaba visiblemente la tela de algodón; Draco también tenía una, medio oculta por sus pantalones del pijama. Para su sorpresa, se sentía ligeramente nervioso. No recordaba haber sentido nervios por nada sexual desde que era un adolescente. Pero esos nervios no eran nada comparado con su deseo, con el amor que sentía hacia Harry.
-Ven aquí –dijo él, desde la cama.
Draco se acercó a él y se tumbó a su lado, apretándose de nuevo contra él. Harry olía ahora a pasta de dientes y jabón. Draco frotó la nariz contra su cuello antes de ir a por sus labios, estremeciéndose al sentir la mano de Harry acariciándole el costado.
-¿Qué te gusta más? Nunca te lo he preguntado.
-Quiero follarte –dijo Harry, con voz ligeramente ronca-. Pero también me gusta alternar. Quiero estar contigo de todas las maneras posibles.
Draco sonrió, aunque sus palabras le habían puesto aún más caliente.
-Me parece una idea estupenda.
Harry le acarició el pelo con expresión arrobada antes de acercar su cara a la suya y besarlo con suavidad. Draco emitió un murmullo de aprobación y le devolvió el beso. Hacía tiempo que, para él, los besos sólo habían sido un paso previo y rápido hacia el verdadero sexo, pero con Harry tenía la impresión de que podría pasarse horas y horas disfrutando simplemente con aquello, de la sensación de intimidad. Harry se colocó encima de él, con cuidado para no aplastarlo, y Draco cruzó los brazos por su espalda.
-Te quiero tanto… -murmuró Harry, abandonando su boca para besarle en la mandíbula, en el cuello.
Entonces descendió hacia su clavícula, hacia su pecho, hacia sus pequeños y endurecidos pezones. Parecía decidido a besar cada parte de su cuerpo. Draco estaba abrumado por lo que sentía, no sólo físicamente, sino también en su corazón; cada beso, cada caricia que encendía su carne llevaba también un mensaje de amor incondicional.
Harry le preparó con la misma ternura que si lo creyera virgen y para cuando entró en él, Draco ya había perdido la conciencia de sí mismo. Cada centímetro de piel gritaba el nombre de Harry y se sentía suyo para siempre. Entonces Harry empezó a moverse lentamente dentro de él, apartándole el pelo sudoroso de la frente, tratando de besarlo sin perder el ritmo. Los únicos sonidos de la habitación eran sus respiraciones rasgadas, sus cuerpos chocando, sus gemidos cada vez más intensos y más urgentes. La tensión se estaba volviendo insostenible por segundos y Draco se apretó aún más contra él buscando desesperadamente el estallido que necesitaba.
-Harry…
-Draco…
Algo se rompió en su interior y el orgasmo sacudió su cuerpo, haciéndole gritar. Harry siguió moviéndose dentro de él, con el cuello tenso y los ojos apretados, y se corrió poco después entre deliciosos gemidos de alivio. Draco tenía los ojos cerrados cuando Harry se desplomó sobre él, cálido y resbaladizo; entonces lo abrazó con las pocas fuerzas que le quedaban y sintió contra su pecho cómo se tranquilizaba poco a poco su respiración y los latidos de su corazón.
-Espero que no tengas otros planes, Harry, porque no vas a salir de esta cama nunca más
Harry soltó un pequeño resoplido de risa.
-Como si quisiera…
Draco sonrió y siguió abrazándole, decidiendo que era así como quería empezar todos los días del resto de su vida.
"Querido Draco,
Supongo que a estas alturas ya te habrán hablado del motivo de mi regreso a los Estados Unidos. Pansy me ha escrito acusándome de haber arriesgado tus sentimientos, y esa acusación me ha dejado un poco preocupado, así que te escribo con el fin de explicarte lo que pasó.
Conocí a Anne-Lise hace seis meses. Sólo puedo decir que me enamoré de ella nada más verla, pero Anne-Lise ya estaba prometida con el heredero de una de las mayores fortunas del país. Pese a eso, ella también empezó a sentir lo mismo que yo; sin embargo, no estaba dispuesta a romper el compromiso, que había hecho muy feliz a su familia. No puedo describirte la pesadilla de esos días. La boda estaba cada vez más cercana y yo no conseguía convencerla para que dejara a su prometido. Finalmente decidí ir a Inglaterra con el objetivo de olvidarla.
Entonces tú y yo volvimos a vernos. Me atrajiste, y pensé que eras una oportunidad para intentar olvidarla, pero te prometo que sólo me acerqué a ti porque estaba seguro de que no sentías nada profundo por mí. Somos amigos, y nunca te habría hecho daño a propósito. Pansy me ha dicho que, de hecho, ahora estás con Potter, así que en eso no me equivoqué. Pero quizás ella tiene razón al decir que la cosa podría haber salido mal y por ello me disculpo.
Cuando tuve que volver a los Estados Unidos volví a ver a Anne-Lise. Tuvimos una discusión terrible, y me marché de allí con mi madre y mi hermanastro, decidido a no regresar nunca más. Pero entonces, el día de la boda,, me llegó una carta suya diciéndome que había dejado a su prometido. Por eso salí a toda prisa a los Estados Unidos. Hablé con Anne-Lise, y ahora puedo decir, lleno de orgullo, que soy la persona más feliz del mundo.
En fin, Draco, espero que no me guardes rencor. Planeo volver a Inglaterra pronto para que podáis conocerla. Te deseo lo mejor con Potter; la verdad es que siempre sospeché que te rondaba demasiado. Saludos,
Blaise Zabini"
Malfoy manor de gala era una visión digna de contemplar. El comedor principal estaba decorado en verde, rosa y blanco, en armonía con los rosales del jardín. Había flores por todas partes y los prismas de cristal de la lámpara del techo centelleaban con docenas de arco-iris. Draco se había puesto una túnica azul oscuro con adornos en plata y Harry, a su lado, iba de marrón oscuro y ocre. Lucius y Narcissa habían optado por el negro habitual, pero ella lo había suavizado adornándose el cabello con pequeñas flores de jazmín.
Los invitados ya estaban llegando, todos elegantemente vestidos. Draco estaba encantado con el éxito de su plan, ya que habían acudido sesenta parejas… Eso hacía ciento veinte mil galeones, el doble del mínimo que le había prometido a Hermione. Sin duda ayudaba que aquella fuera la primera vez que él y Harry se dejaban ver juntos en público. La gente no había hablado de otra cosa en los últimos días.
Draco estaba saludando a Hermione y a Ron cuando Harry, que estaba a su lado, le dio un pequeño codazo en el costado.
-Mira quién viene por allí –dijo, sonriendo.
Eran los Greengrass al completo. Los señores Greengrass encabezaban la marcha y tras ellos iban Daphne con Adrian… y Astoria con Cormac McLaggen. Tras recuperarse de la sorpresa, Draco tuvo que admitir que McLaggen tenía muy buen aspecto. Siempre lo había considerado guapo, pero aquella noche también parecía distinguido.
Draco no pudo decir si Astoria le había perdonado; se saludaron con cordialidad, pero eso no significaba realmente nada. En una fiesta uno debía ser cortés incluso con las personas a las que detestaba. Tampoco sabía qué pensaban ahora los Greengrass de la pareja de Astoria. Lo que sí notaba es que tanto ella como McLaggen parecían realmente encantados de estar juntos.
-Supongo que habría sido mucho esperar que Astoria se enamorara de más de tres hombres en menos de un año –comentó, cuando ellos se alejaron.
Harry sonrió, satisfecho.
-El verdadero amor siempre triunfa al final.
Como no sabía con qué se iba a encontrar, Draco había sentado a los Greengrass a varios invitados de distancia, así que tampoco tuvo oportunidad de hablar con ellos y tantear el terreno durante la cena. Fue sólo después, ya en el salón de baile y con la música llenándolo todo, cuando Astoria se acercó a él con un esbozo de sonrisa en los labios.
-Es una fiesta fantástica, Draco.
-Me alegra que te esté gustando. Veo que has venido con McLaggen.
Astoria ladeó la cabeza.
-Me di cuenta de que la gente que decía saber qué era lo mejor para mí no tenía tanta idea como yo pensaba y decidí que lo mejor era seguir mi instinto.
Draco sonrió, aceptando el reproche. ¿Y quién sabe? McLaggen no podía ser una aportación peor que Romilda Vane.
-Me parece justo. Y te prometo que te ayudaré a que sea bien recibido. Las cosas se torcieron, pero… yo sólo quería que fueras feliz y lo sigo queriendo todavía.
Astoria también sonrió, esta vez abiertamente.
-Gracias, Draco.
Él se dio cuenta de que McLaggen les estaba observando con el ceño ligeramente fruncido; quizás eran celos, o más posiblemente, que pensaba que podía estar hablando en su contra de nuevo.
-Tu novio me mira mal, ve a bailar con él y explícale lo maravilloso y gay que soy.
Astoria, radiante, le dio un beso en la mejilla y se fue hacia McLaggen. Draco aún estaba observándolos con placer e indulgencia, contento de que ella ya no estuviera enfadada con él, cuando sintió a Harry abrazándolo por detrás y depositando un beso en su cuello.
-¿Todo bien?
Draco le apretó cariñosamente el brazo y se recostó contra él, feliz y satisfecho.
-No podría ir mejor.
Fin
