Transferencia
Cap3
"Irreal"
-¡Por
favor suban todos al autobús que ya nos vamos!-
gritaba el presidente de curso, hasta entonces no había hablado con
nadie, además mis planes para el viaje era dormirlo completo por que
no había dormido nada estudiando mi misión.
- ¿Tienes
con quien sentarte?- me
preguntó Leo. Sacándome de mi sonambulismo-
¡Vaya que cara! No dormiste nada anoche eh?-dijo
medio bromeando y medio preocupado.
- Es
que todavía no me despierto...-
mentí- y no, pensaba irme
al fondo. Pero veo que el reinado de plásticas se tomó el lugar-
detallé al subir al bus.
- ¿Nos
vamos juntos?- preguntó
animado.
- No prometo
diversión- advertí, él
se rió y me cedió la ventana.-Anda
tu a la ventana, creo que la disfrutarás más que yo-
le dije el aceptó y se sentó luego yo a su lado.
-Será
un gran fin de semana ¿No crees?-
me preguntó, "Sí
claro, tendré que llevar una doble vida y no dormir nada, pues de
día estaré con ustedes y de noche estaré con la pistola en la mano
en persecución de microtraficantes" pensé
no muy animada.
-Sí,
lo será- respondí sin
mucha emoción. Cerré los ojos y suspiré.
- Leo,
¿no quieres irte con nosotras?-
era la chillona voz de Helena-
pues veo que la extranjera no te hará mucha fiesta-
no abrí los ojos escuché atentamente.
- Joshua-
corrigió él- y no, estoy
bien aquí-respondió.
Debería haber abierto los ojos para ver la expresión de Helena,
pero decidí no darme ese deleite, por más tentador que fuera.
Cuando ya el sonido de sus tacones dejaron de golpear las latas del
camino del bus abrí los ojos. Con una sonrisa estampada en el
rostro.
-Podrías irte
con ella, digamos que yo planeaba dormir en le viaje y no deseo que
te aburras- le dije, aun
que ya se lo había planteado al subir al bus.
- Es
mejor estar sólo que mal acompañado-
dijo serio, pero luego me dio un sonrisa.- Además
si quieres puedes apoyarte en mi hombro si quieres dormir, pues se te
nota que no haz dormido nada-
-Gracias,
lamento aburrirte tanto-me
abroché el cinturón del bus, tanteé el mango de mi arma dentro de
mi bota escondida bajo unos pantalones pata de elefante, y me acomodé
en el cálido hombro de Leo.
-Dulces
sueños Josh- susurró
cariñosamente. En poco tiempo y a pesar de la bulla, me quedé
dormida inundada en el peculiar y agradable olor de Leo.
Era
increíble la facilidad que ella tenía para dormirse, nos habíamos
sentado detrás del conductor y ella me había cedido la ventana.
Pero poco fue lo que vi. El paisaje, más bien, veía la cara de
Joshua, con sus cristales marrón cerrados por una persiana de
terciopelo, claro si mis amigo oyeran mis pensamientos me tratarían
de enfermo cursi, pero tengo que ser sincero conmigo mismo, desde que
la vi, cuando casi le da una pelota y pidió jugar con nosotros,
sentí que ella no era igual que las aburridas chicas del colegio,
que se rehusaban a cualquier actividad que no se relacionara con
salones de belleza.
Ella parecía tan natural y tan abierta con su
personalidad, pero ayer había despertado completamente mi curiosidad
cuando no me quiso decir a que se dedicaba; para ser sincero tengo
alguna especulaciones especialmente por lo que me ha dicho mi padre
la noche anterior.
-Papá,
mañana tengo un paseo de curso-
le dije, él recién había llegado del trabajo vestía su traje
azulino oscuro con el pecho lleno de condecoraciones de honor, él
era uno de los generales de una organización especializada y
secreta, me lo había dicho hace dos años confiando en mi palabra de
hombre, y no se lo había dicho a nadie.
-¿Otro
más?-dijo
cansado.
-¿Qué?-
pregunté, pues yo era hijo único y no concebía el "otro
más"
-¡Ah!
no, nada... ¿A donde es?-me
preguntó, le pasé la colilla de comunicación para que la firmara.
Este al verla abrió de sobremanera los ojos, luego sacó el
bolígrafo y firmó el papel devolviéndomelo.
-¿Pasó
algo malo?-
pregunté al ver su expresión.
-No-
respondió automáticamente- ¿Jugarán
con pistolas de balines?-
preguntó, eso me sorprendió, yo nunca le había dicho nada sobre
nuestros juegos con pistolas, supuse que algún apoderado se lo había
dicho, David solí decirle todo a su padre y este era muy amigo del
mío.
-Bueno,
sí- dije
rascándome la nuca nerviosamente, él no pareció dar indicios de
querer retarme, al contrario, sonrió y me puso la mano en el
hombro.
-Suerte
con eso- dijo
burlonamente.
Miré a Josh, dormir plácidamente con una expresión de ángel cansado y desprotegido, puse mi mano en su hombro pasándolo por detrás de su cuello para afirmarla y acomodarla mejor, estaba cálida y su olor era ácido pero agradable. Le demostraría a mi padre que mi equipo ganaría, pues Josh aprendería rápido, de eso estaba seguro.
Un
suave remezón me despertó, abrí con pereza mis ojos y noté que el
brazo de Leo estaba en mi hombro y que mi cabeza estaba apoyada en su
cuello, abrí los ojos y reaccioné rápidamente enderezándome,
confundida y con la sangre subiéndome a las mejillas miré cono Leo
sonreía.
-Perdón si
te asusté, es que ya estamos por llegar-
dijo sonriente.
-Ah...-me
había quedado sin palabras, ¿en que momento había terminado en esa
posición? Esperaba que nadie nos hubiera visto, pues eso si que era
vergonzoso. Miré de reojo la camisa de Leo, al menos no estaba
baboseada, ¡Por suerte mis glándulas no decidieron sobre salivar
mientras dormía!
-¿Cómo
estuvo el sueño?-
preguntó inocentemente.
-Reconfortante-
dije automáticamente- ¿Te
aburriste mucho?-
-No,
el paisaje era muy interesante-
dijo con una extraña sonrisa, supongo que lo era. El bus se detuvo y
todos se pusieron de pié, me desperecé en el asiento y esperé a
que todos salieran del pasillo para poder salir. Mientras pasaba la
gente logré ver a Helena echando chispas por los ojos al mirarme.
Sentí la mano de Leo en mi cabeza, me giré rápidamente.
-Tenías
un mechón fuera de lugar-
dijo inocente y volvió a peinarlo- Listo-
-Gracias...-dije
atónita, luego nos paramos y bajamos a buscar nuestros bolsos, aquí
venía el mal asunto, compartía cabaña con Helena, elegí la
habitación más alejada de todas y al salir de ella se me cruzó
Helena con sus manos en su cintura y con aspecto desafiante.
-¿Qué
te crees extranjera?-
dijo agresivamente.
-Me
creo una estudiante de paseo-
dije sin mucho interés y me dispuse a esquivarla cuando el resto de
su horda de Barbie me bloquearon el paso, suspiré irritada.
-Muy
graciosa, pero te lo advierto rara, tú no me vas a quitar a Leo, él
es de mí propiedad, el es mí chico-
dijo mientras me apuntaba con el índice. Eso si me
irritaba.
-Escucha
Helena, yo no tengo deseos de pelear ni ahora ni aquí ni nunca,
además que yo sepa Leo no tiene dueña, es más ni siquiera es una
mascota como para que lo trates así.-dije
lo más calmada y seria que mi profesionalizo me dejaba y me di
vuelta para salir por mi pieza, pero alguien tiró bruscamente de mi
cola de caballo, fingí perder el equilibrio y caer al piso, pues
debía guardar apariencias.-¡¡Helena
suéltame!!-grité.
-NO
lo haré, hasta que te alejes de Leo!-
gritó idiotamente, los gritos llamarían la atención de los
cercanos y así lo hicieron, David fue el primero en asomar por la
ventana y al notar la escena le gritó al resto y entró para tomar
la mano de Helena y obligarle a soltarme, luego me ayudó a
pararme.
-¡Claro! ese
es tu plan, ser la ramera de los chicos ¿no?-
gritó Helena, eso si que no me gustó en nada, pero sabía que no
debía iniciar una pelea. Me quedé en silencio, mirándola con sumo
odio y disgusto mientras apretaba mis puños para evitar golpearla, o
matarla por accidente.
-Qué
estas diciendo Helena?!-
gritó Andrés entrando exaltado y colérico.
-¡¿Ves?!
¡Era obvio, ramera!- me
gritó Helena, Andrés iba a responderle, pero le tomé del codo y
negué con la cabeza. Me acerqué a Helena la miré a los ojos y con
la voz mas tranquila y seria que pude sacar a flote le
hablé.
-Helena, si
tanto te molesta verme rodeada de buenos amigos, los cuales te hacen
falta, pues me alejaré de ellos. Quizás me sienta igual de sola
como tú te sientes y podrías odiarme menos o quizás odiarme con
una buena razón.- le
dije sin pestañear, sin mover ningún músculo más que los del
rostro, ella me dio una cachetada, sonora y llena de eco en la
habitación. No me moví, pues interiormente supe que estaba en lo
cierto. Nadie movió un músculo, esperando mi reacción, la volví a
mirar y le sonreí. Luego me di vuelta y caminé hacia mi habitación
saltando por la ventana. Dejando atrás un enorme bullicio.
Recorrí
la estancia y vi una pileta, la mejilla me ardía por el palmazo por
lo que apliqué el frío elixir por mi mejilla y me senté en la
banca de concreto cercana a esta, tal y como le dije a la Poly pocket
me iba a alejar de los chicos, en verdad me alejé de todos.
Al
almuerzo en la sala comedor, me senté en el piso con mi plato y mi
baso en una esquina, Helena me miraba triunfante, y los chicos me
miraban y cuando les veía negaba con una sonrisa, estos suspiraban
con desacuerdo. Terminado el almuerzo mientras recorría la estancia
sonó mi celular, en la pantalla decía "General Paredes"
contesté rápidamente y al estar en el patio trasero de la estancia
cerca de una pequeña casita, subía ágilmente y me acosté en el
techo de esta para que nadie me viera.
-Capitán
Hasse al habla-respondí
lo suficiente mente fuerte para que él escuchase.
-¿Ya
llegó a destino?-
preguntó el General.
-Afirmativo,
y sin inconvenientes-
-Perfecto,
le quisiera informar de un repentino detalla Capitán-
la voz del General era blanda y casi paternal.
-¿Qué
sucede?- respondí con la
misma informalidad.
-Verá
mi hijo también está en ese viaje-
abrí los ojos de par en par y me senté
instintivamente.
-¿Qué?-
-Conoce
a Leo Paredes-sentí como
un nudo se me afianzaba en mi garganta. O sea era evidente el lazo
por el apellido, pero había muchos Paredes en las guías
telefónicas.- ¿Capitán?-
-Ah...
sí, señor yo...-mi
mente no razonaba. Por el otro lado de la línea se oyó una
risa.
-No se preocupe
Joshua,- su tono era
totalmente paternal- no
quiero que se haga problemas con él, él no tiene idea de su estado,
y si usted quiere decírselo no hay mayor problema, él es una
persona digna en quien confiar Josh-
-Señor,
no sé que decir, prometo no complicar la misión ni exponer a su
hijo a ningún peligro-fue
lo único que se me ocurrió, pero él volvió a reír.
-Joshua,
se una adolescente normal de día, no te preocupes por eso, Leo sigue
las normas al pie de la letras, sólo quería pedirte si podrías
darle una paliza en eso de la guerra de balines-
esta bien, eso no era lo que esperaba oír de una llamada directa y
privada del General Paredes, el hombre más respetuoso que había
conocido. Luego él se rió, y al encontrar al chiste también lo
hice
-Lo siento mi
general, pero he renunciado a esa guerra, pues tuve problemas con
algunas personas y quisiera evitar peleas-
le informé, conversamos unos minutos más sobre la misión de la
noche y me percaté de los nuevos detalles de esta. Terminado
cortamos la comunicación y bajé del tejado de un salto.
-¿Qué
hacías allá arriba?-conocía
esa voz y "Hablando
del rey de Roma" me
volteé y lo miré seria. No quería más problemas, Helena me había
dejado en claro que no quería que me acercase a Leo, y siendo el
hijo de mi jefe le debía respeto.
-Pensaba-
respondí, luego pasé por su lado sin mucha atención. Pero el me
tomó del codo.
-Espera,
¿como estas?-preguntó.
-Bien-
respondí, él me giró y me abrasó. ¿Qué la pasaba?
-Disculpa
que Helena sea tan torpe, pero no tienes que dejarte gobernar por
ella, sólo está celosa de no ser...-
le tapé la boca y la apegué al la muralla de la casita, pues oí el
tono de Helena y pasaba cerca de allí.
-Sube-
le susurré, no puso objeción y subió al tejado, luego yo subí más
rápido y le hice señas de que se quedara callado. Helena pasó con
su horda de idiotas y cuando ya estaban a diez metros me
relajé.
-¿Bueno que
decías?-dije
apáticamente. Luego lo miré, y no me gustó lo que vi, sus ojos me
miraban fascinados y expectantes, su mano estaba sobre la mía y
estábamos muy cerca pues el tejado no era muy espacioso.
Instintivamente me eché para atrás pasándome del borde del techo,
caí pero me alcancé a tomar de una teja para no azotarme tan
fuerte, luego esta se soltó y caí estrepitosamente al
césped.
-¡Joshua!-
gritó Leo y bajó correctamente del techo y se acercó a mí. Cuando
llegó yo ya estaba de pie y sólo tenía un rasguño en el codo.-
¿Estas bien?-
-Lo
estoy- dije sin mayor
importancia, mi corazón latía con fiereza y mi respiración era
entrecortada. El me tomó en brazos, pues me pilló desprevenida.-
¡Oye, suéltame!-
-NO,
vamos a la enfermería a ver si estas realmente bien-
-
¿Qué? NO, ¡suéltame
Leo!-jamás había ido a
la enfermería por un rasguño en el codo, sólo me había dejado
atender por los doctores de la organización cada vez que tenía una
bala insertada en el cuerpo después de algún descuido en alguna
misión. Que humillante para mi orgullo ir a la enfermería por una
torpe caída.
-Mira yo
jamás he ido a la enfermería a no ser por una bala insertada en mi
cuerpo ¿bien?-dije
mientras me safaba y me ponía de pie frente a él, le presenté mi
herida en el codo- Y esto
no es nada comparado con eso!-
dije frunciendo el seño infantilmente. Él tomo mi codo y sonrió
como si recién se hubiera convencido de algo me miró a los ojos
mientras acercaba si rostro a mi herida, me quedé helada frente a
esa mirada, y él lamió mi herida. Lo quedé mirando atónita y
aparté mi codo rápidamente, ruborizada y con los latido y
respiración más agitados que antes.-
¡¿Qué haces?!-
-Tenía
mis sospechas...-dijo
casi en un susurró mientras se me acercaba, yo por instinto
retrocedía.
-¿Dé que
hablas?-dije sin
comprender nada.
-Hace
cuantos años sirve a mi padre Agente Hasse-dijo
con una traviesa sonrisa, bruscamente todas mis sensaciones se
volvieron en las contrarias, la sangre se me bajó de golpe, mi
respiración y latidos se detuvieron por un momento para luego
desbordarse de adrenalina.
