Aquella noche fue la segunda que dormieron en una posada.

– ¡Ah! –exclamó Malva, tirándose sobre la cama. Suspiró. – ¡Cuánto echaba esto de menos!

Wonrey se sentó en la otra cama con una sonrisa.

–Parece que no es difícil hacerte feliz.

La sonrisa de Malva se borró.

–Depende del tipo de felicidad. De si es la felicidad de poder estar con la gente a la que quieres, o si es la felicidad de saber que ellos estarán a salvo.

–Malva…

–Sí, sé que soy la Elegida, y no vacilaré a la hora de cumplir mi misión. No daré un paso que no sea firme. Pero también yo querría estar con sus amigos y su familia en momentos grandes.

–No iba a decir eso. –susurró Wonrey. Ella le miró fijamente, alarmada por su tono.

– ¿Qué te pasa?

Entonces Malva notó que una lágrima cayó al suelo. Se arrodilló junto a Wonrey.

– ¡Wonrey! ¿Estás bien? ¡Wonrey!

–Malva… Tenías razón. Necesitamos alguien en quien confiar, incluso sólo por poder sentir su presencia y que nos ayude en los peores momentos, aunque nuestros secretos sean demasiado grandes para poder confiarlos… –cerró los ojos mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Malva le abrazó con todas sus fuerzas.

–Puedes confiar en mí. –susurró ella.

–Lo sé. Pero en ocasiones… el secreto es demasiado grande para poder decirlo.

–Nunca es demasiado pequeño para que no sea un enorme peso.

–Y pensar… que alguien más joven que yo ha tenido que darme una lección tan obvia…

– ¡No seas estúpido! ¡La edad no importa!

Entonces Wonrey abrió los ojos y los ancló en ella. Malva se sintió incómoda.

– ¿Qué pasa?

–Malva, recuerda lo que te dije. No debes abrir el tercer sello.

– ¿Por qué?

Él no respondió.

–Wonrey, si de verdad mis palabras te han servido de algo, y si de verdad ha significado algo para ti el que yo esté a tu lado, por favor, dímelo. –suplicó ella. Él respiró hondo.

–No me pidas eso. –dijo al fin.

–Wonrey, es muy importante para mí la regeneración del mundo. ¿Por qué… no debo completarla?

–Está bien. Te lo diré. Una vez abierto el primer sello, el Elegido deja de poder dormir. Puedes cerrar los ojos, pero jamás tienes sueño ni logras dormirte. En el Segundo sello, se pierde el apetito. Tu cuerpo se vuelve incapaz de digerir lo que comes, y la comida deja de tener sabor para ti, hasta que se vuelve sumamente desagradable. Tras el tercer sello, se pierden los sentimientos. No puedes llorar, ni sentir dolor, ni siquiera reír con toda tu alma. Y en el cuarto sello pierdes la voz.

Malva le miraba con horror.

– ¿Por qué?

–La Regeneración del mundo no es lo que tú crees. –dijo Wonrey, mirándola.

Y entonces le habló de la verdadera historia de Mithos, de quién era Yggdrasill y de Tethe'alla.

–Pero a mí no es Tethe'alla lo que me preocupa. –dijo Wonrey mirándola. –Eres tú. No quiero que pases por ese calvario.

–Pero, si no lo hago, Sylvarant morirá.

–Escúchame, Malva. No puedes hacerlo. Si completas la regeneración, pronto Tethe'alla será como Sylvarant.

– ¡Pero…!

–Malva, sé que es duro y difícil de asimilar, pero…

– ¿Qué puedo hacer? –susurró Malva. –No puedo hacer otra cosa… que cumplir con mi destino. Si regenero el mundo, Sylvarant sobrevivirá a esta dura crisis. Debe ser el Elegido de Tethe'alla el que regenere su mundo.

– ¿De verdad quieres condenar a Tethe'alla? –dijo él, frunciendo el ceño. Ella enterró la cabeza entre sus manos.

– ¡No! ¡Pero no sé qué hacer! ¡No puedo hacer nada!

Wonrey se arrodilló junto a ella.

–Eh, Malva, tranquila. Sólo puedes evitar condenar a otro mundo. Aún no hay tecnología capaz de permitir el viaje entre ambos mundos… Y la gente de Sylvarant no te creería si les contases la verdad. Lo único que puedes hacer es abrir todos los sellos que puedas, y luego huir para evitar tu muerte. Si abres dos sellos, equilibrarías la balanza. Se detendría la era de decadencia de Sylvarant y empezaría una de lenta prosperidad, sin que Tethe'alla decayese.

Malva alzó la mirada hacia Wonrey.

–No lo hará. –dijo con cierta fiereza.

– ¿Por qué?

–Porque tú eres un ángel de Cruxis. Tendrías que volver junto a Yggdrasill si la Elegida deja de cumplir su misión… y estarías en mi contra. Y por eso no voy a pasar.

–Me quedaré contigo, entonces. –dijo Wonrey suavemente, apartando el pelo oscuro de Malva de su rostro con dulzura. –Te ayudaré a evitar a Cruxis. No dejaré que te hagan daño, Malva.

–Wonrey…

Entonces él se levantó. Le tendió la mano para ayudarla.

–Tenemos que irnos. Me temo que no vas a poder dormir, como ya te he dicho.

–Entonces ¿para qué alquilaste esta habitación?

–Porque tú no debías saber que no podías dormir. Yo no podía revelártelo. Ahora vamos; tenemos que llegar al Géiser de Thoda. Ése es el segundo sello.

Al final, a la semana de abrir el primer sello, llegaron a Asgard.