Wonrey estaba cruzado de brazos sin emanar emoción alguna. Miró a Yuan y se dio cuenta de que le había dicho algo.
– ¿Qué vas a decirle a la gente? –repitió Yuan pacientemente.
– ¿Sobre qué?
–Sobre la muerte de Malva.
Involuntariamente los ojos de Wonrey se dirigieron sobre el cuerpo inerte cubierto por una manta que yacía en el suelo de la sala. Se estremeció.
–Que los Desianos la mataron. –dijo sin emoción.
–Pero eso no es… –empezó a protestar un soldado. Los ojos de Wonrey se posaron sobre él. De nuevo eran fríos, ya que la única persona capaz de infundir calor en ellos –Malva–, estaba muerta. El soldado se estremeció ante esa mirada y se calló.
–Es lo mejor, Yuan. Así la gente no se alterará.
–No te lo discuto. ¿Qué vas a hacer tú?
Wonrey no respondió inmediatamente. Aún no lo había pensado. Inconscientemente, recordó de nuevo las últimas palabras de Malva. Recordó la ola de amor que Sacrificio le había transmitido, borrando así la alarma de Cruxis… Notó el dolor del hechizo de Malva como si fuese él quien lo realizase.
–Vigilaré a la siguiente Elegida. –dijo entonces.
– ¿Vas a ayudarla a resucitar a Mertel? –inquirió Botta. Wonrey guardó silencio otro breve instante.
–No. –dijo finalmente. –Voy a mantenerla con vida, para que sea ella quien elija su camino. Pero más que a ella… a Raine y a Genis. Nadie les hará daño mientras yo esté para protegerles.
–Bien. –asintió Yuan. –En ese caso… creo que debemos despedirnos.
Raine se enfureció. Lanzó la tiza con certera puntería y vio, no sin satisfacción, cómo Lloyd despertaba.
– ¡Au! –exclamó él. Ella suspiró.
–Pero ¿cómo puedes dormir de pie?
–Ah, profesora, ¿es la hora de salir? –preguntó Lloyd, esperanzado. Ella suspiró de nuevo.
–No importa. –se detuvo durante un instante y miró el cielo. Reprimió una sonrisa. –Genis, ¿por qué no respondes tú a la pregunta?
Desfiladero de Ossa, Sylvarant (antes de que Sheena aparezca)
Kratos y Lloyd se lanzaron a la batalla. Colette corrió a ayudarles mientras Genis y Raine empezaban a hacer hechizos. Sin embargo, no todos los enemigos estaban delante de ellos.
– ¡¡Raine, cuidado!! –advirtió Genis. Raine se volvió con el grito, igual que Colette, Lloyd y Kratos.
El bandido esbozó una sonrisa de victoria y se dispuso a golpear a Raine. Todos pensaron que ya era tarde.
De repente, un relámpago blanco se abatió sobre el soldado. Tras un instante, el relámpago se esfumó. El soldado yacía en el suelo, muerto. Raine se acercó a él, perpleja.
– ¿Qué ha sido eso? –dijo Lloyd sin aliento a su espalda.
–No lo sé, pero ha salvado a la profesora. –dijo Colette.
Kratos se acercó a ella.
–Raine…
–Estoy bien. –zanjó ella, poniéndose en pie de nuevo. Le mostró una pluma blanca y muy grande. Era de un blanco inmaculado y perfecto. – ¿Qué era eso?
–Parece la pluma de un ángel. –sugirió Colette.
–Parece que tienes un ángel de la guarda, Raine. –dijo Genis con una sonrisa.
–Dudo que un ángel se preocupe de mí, pero sea lo que fuere, me ha salvado la vida. –comentó ella. El grupo reanudó la marcha. Kratos se retrasó un momento. Miró hacia un árbol.
– ¿Podría ser…? –dijo pensando en voz alta. Unos ojos dorados brillaron entre la espesura, como si fuese una respuesta. Kratos oyó perfectamente el sonido de un batir de alas. Perplejo, siguió su camino.
Base Renegada, Sylvarant
Yuan dio un par de órdenes más a los soldados y se quedó a solas.
–Yuan. –llamó una voz. Él se volvió, alarmado, hasta que reconoció a Wonrey.
–Ah, eres tú.
–La Elegida está a punto de completar la regeneración. Ya está de camino a la Torre de la Salvación.
– ¿Por qué no nos avisaste antes?
–Ellos desconocen mi existencia, y me gustaría que siguiese siendo así.
–Bien. –asintió Yuan. Se volvió hacia una de las puertas al tiempo que Botta entraba. – ¡Botta, prepárate! ¡Tienes que ir a la Torre de la Salvación antes de que Remiel active finalmente el cristal Cruxis de la Elegida! ¡Si no, Kratos podría tener que enfrentarse a ellos!
–Sí, señor. –respondió Botta, y entonces se fijó en el ángel de alas caídas que estaba al lado de Yuan. –Hola, Wonrey.
–Hola, Botta.
Botta salió de la habitación. Yuan se volvió hacia Wonrey.
–Tiene órdenes de no enfrentarse a ninguno de los semielfos del grupo. ¿Satisfecho?
Wonrey asintió. Desapareció. Yuan dio media vuelta y aguardó la llegada de la Elegida.
Laboratorio de Investigación, Sybak, Tethe'Alla
– ¡No puede ser! –exclamó Wonrey, horrorizado. Miró con cautela a aquella semielfa cuyo pelo era de color verde. – ¿Por qué?
–Eran semielfos. –explicó Kate. –Aquí los semielfos que ocultan su raza son castigados con la muerte…
Wonrey apretó el puño sobre su espada, la que había sido la espada de Malva.
– ¡Pero…! ¡No puedo dejar que eso ocurra! ¡Ella jamás me lo perdonaría!
– ¿Eres su amigo? –dijo Kate.
–Soy su… protector, más bien.
– ¿Por qué no les estabas ayudando? –acusó Kate. Por alguna razón, Wonrey sintió la necesidad de justificarse.
–Yo no pude venir hasta aquí. Ellos vienen de Sylvarant y viajaron mediante los Rhiar, pero yo no pude seguirles así y tuve que utilizar… um, otros métodos. No podía saber dónde estaban, así que bastante me ha costado seguir su pista.
«En realidad he tenido que ir hasta Welgaia, atravesarla de incógnito y llegar aquí» pensó, frustrado.
– Ellos no saben que viajas con ellos, ¿verdad? –inquirió Kate. Ante la expresión defensiva de Wonrey, ella intentó calmarle. –Oh, no te preocupes, yo no voy a decirles nada. Pero ¿por qué les vigilas sin que ellos lo sepan? ¿No sería más fácil unirte a su grupo?
–Me temo que para algunos de ellos yo soy un fantasma del pasado. Y podría no resultarles positivo que conozcan mi existencia.
–Quizá sea bueno que sepan que el pasado puede volver. –dijo Kate con suavidad. –El pasado nunca muere. Sólo dime una cosa más. ¿Estás enmendando algún error?
Wonrey recordó cómo había perdido a Malva. Era tan doloroso… Pero Colette también estaba muriendo. Y en aquella ocasión, era el amor lo que estaba salvándola, no matándola.
–El amor fue mi error. Amé a alguien equivocado, y ella me correspondió. Pero al final las cosas se torcieron, y ella murió por amor… Para protegerme. Pensaba que el amor no era otra cosa que felicidad pasajera y dolor como final, pero esta Elegida, Colette… Su amor es lo que está luchando por salvarla. Creo que comprenderá que el sacrificio no es correcto, no como sucedió con la persona que yo amé. Y ambos semielfos, Raine y Genis, son personas que también amaron a esa persona; de otra forma, pero también era amor, y ellos la hicieron muy feliz. No puedo dejar que mueran. No es justo. Me lo juré a mí mismo cuando Malva murió por mí.
Wonrey se desvaneció para aparecer en el cielo. Miró hacia sus pies; el vasto puente de Tethe'alla se extendía hasta donde alcanzaría la vista humana, pero no la suya. Con su aguda vista encontró a Genis y Raine. Iban rodeados de soldados, e iban hacia el encuentro de más.
Desapareció de nuevo y reapareció donde estaban los soldados que aguardaban la llegada de los condenados. Ellos se volvieron al oír desenfundar una espada, pero para cuando quisieron defenderse ambos ya estaban muertos. Wonrey batió sus alas y se elevó en el cielo. Vio que Lloyd, Sheena, Zelos, Colette y Presea ya habían alcanzado a los soldados y liberaban a Raine y a Genis.
«Malva, parece que tus ideas no han muerto. »le dijo. Conservaba la costumbre de enviarle sus pensamientos. «Ellos también creen como tú, especialmente Lloyd. Ellos harán un mundo regenerado sin sacrificios. Quizá, si tú hubieses nacido diez años más tarde, habrías dispuesto de los Rhiar, como Colette, y habrías podido vivir… Pero ahora es su tarea la de unir Tethe'alla y Sylvarant. Nosotros ya cumplimos nuestro cometido.»
Escuela, Iselia, Sylvarant~Tethe'alla
Raine cerró la puerta de la escuela y se apoyó en el marco de la puerta.
«Aquí es donde despedí a Malva y a Wonrey, hace diez años. »se dijo, algo nostálgica. Desde que Genis estaba estudiando en Palmacosta, ese tipo de pensamientos la asaltaban con cierta frecuencia. Entonces oyó el sonido de una tela. Se volvió rápidamente y, enarbolando su vara, aprisionó a la persona contra la pared.
– ¿Quién eres? –dijo con frialdad, internamente orgullosa de sus reflejos, ya que no practicaba desde que todo había acabado. Entonces vio frente ella a un joven de pelo blanco y ojos dorados y sombríos.
– ¡Wonrey! –exclamó, atónita. Él la miraba sin expresión. Ella le liberó.
– ¡Tú…! ¡Estás vivo! Pensé… Estás igual que hace tantos años… De todas formas, no deberías estar aquí.
Wonrey le dio la espalda. Sus alas, que ahora siempre llevaba visibles, estaban alicaídas, como siempre desde la muerte de Malva.
–Lo sé todo acerca de Cruxis…
–Pero no lo sabes todo acerca de mí. –dijo él bruscamente. Una de sus alas dejó caer una pluma. Raine se agachó y la recogió.
–Esto…
Miraba fijamente la pluma. Sacó otra de su bolsillo y comprobó que eran iguales.
–Wonrey…
–Esa pluma es mía, sí.
–Entonces, ¿fuiste tú quien me salvó en el desfiladero de Ossa? –dijo, perpleja. Él asintió sin volverse. – Pero, ¿por qué?
–Yo amaba a Malva. –dijo él. Raine comprendió que estaba llorando. –Malva pronto se convirtió en mi única amiga. Pero Cruxis puede enviar una especie de… mensaje telepático a todos sus ángeles. Cuando Malva dejó de cumplir su papel de Elegida y auto sacrificarse, Cruxis mandó esa señal, y también llegó hasta mí. Es una señal tan fuerte… que anula tus sentidos, y acaba rompiendo tu voluntad si te resistes y pasas a ser una marioneta de Yggdrasill. En ese caso la alarma era capturar a la Elegida y entregarla. Una vez la Elegida estuviese localizada y capturada, se aceleraría el proceso del cristal Cruxis y se intentaría encarnar en ella a Mertel, saltándose por primera vez todos los sellos. Yo me resistí a aquella llamada, pero empecé a enfermar. Los ángeles somos inmunes a las enfermedades, pero yo moría lentamente al luchar permanentemente con ese control. Prácticamente, Malva nos llevó, siguiendo mis indicaciones, hasta la base de los Renegados del desierto de Triet. Para cuando llegamos, yo ya estaba semiinconsciente casi todo el tiempo. Al poco de llegar nosotros, la base renegada fue atacada por los Desianos. Eran muchos, pero tan sólo eran una especie de avanzadilla. Creo que estaban de viaje, o de exploración, o algo así, cuando detectaron la base renegada. Entraron para destruirla antes de informar a su base, lo que permitió que ningún Desiano conociese la existencia de la base cuando ellos murieron.
»Cuando atacaron, Botta fue a detener su avance, mientras que Malva, Yuan y yo nos refugiamos en una sala con el control de la base. Por entonces yo solo oía las palabras de Malva como algo muy lejano e ininteligible, y estaba demasiado maltrecho para prestar más atención. Y por eso se sacrificó… Yuan hizo un hechizo que le permitía hablar conmigo, pero él no escucharía sus palabras hasta que Malva deshiciese el hechizo… y ya fue demasiado tarde. Ella se despidió de mí y me pidió que le jurase algo. Yo accedí sin pensarlo, y ella me dijo… que tenía que vivir. Que no podía dejarme morir. Y que era ella la que se iba a sacrificar, porque yo no aguantaría la culpa de pensar que ella era una marioneta de Cruxis por mi culpa. En eso último tenía razón. –admitió Wonrey. –Probablemente no lo hubiese soportado. Y, tras la despedida, lanzó un hechizo… Un hechizo que solo los Elegidos saben hacer, pues solo ellos saben el dolor del sacrificio por los demás. Y mató a todos los Desianos, y sanó a todos los Renegados, incluyéndome a mí. Despejó mi mente. Entre su cálida magia y que la llamada de Cruxis empezaba a dejar de tener sentido, porque lo que la provocó dejaba de existir, me aclaré. Corrí hasta ella, y la cogí en mis brazos… Pero ella ya no podía vivir. Seguía teniendo aquella sonrisa tan feliz... Y repitió que, por primera vez, sus alas no pesaban... Yo no sabia qué decir o qué hacer mientras la veía morir. Y, súbitamente, se me ocurrió. Solo dije "te quiero". Si hubieses visto su rostro en ese instante... Y murió entre mis brazos.
Raine miraba a Wonrey con horror. Wonrey clavó entonces sus ojos dorados en ella.
–Desde entonces me prometí que no dejaría que te pasara nada malo, ni a Genis ni a ti. Os vigilé permanentemente. Estuve cerca por si me necesitabais. Yuan se convirtió en una especie de cómplice, casi un amigo. Yo le decía algunas cosas sobre el viaje de la Elegida, aunque nunca soltaba nada que os pusiese en peligro.
–Tú me salvaste en el desfiladero de Ossa.
–Porque, aunque quería vigilaros sin que lo supieseis, vi que no tendrías tiempo de defenderte, y maté al bandido. –esbozó una sonrisa. –No pensé que fuese a ir dejando plumas como si fuese una gallina. Pero no solo te ayudé ahí... También, cuando os apresaron nada más llegar a Tethe'alla, al final del puente, había más soldados. Les maté, pero dejé que fuese Lloyd quien matase a los otros. Y cuando estabais a punto de morir en la Torre de la Salvación, fui yo quien le dijo a Yuan dónde estabais.
– ¿Por qué? En la Torre, podrías habernos salvado a Genis y a mí tú solo.
–Me temo que os tomé cariño... a todos.
–Y en el puente... no era necesario que les matases.
–Me temo que fue una especie de venganza por haber intentado mataros.
–Pero...
–Raine, en principio solo lo hacía como deber hacia Malva, pero al ver... cómo luchabais, dejé de pensar en ti y en Genis como deber hacia Malva, y empecé a pensar en ayudaros desde las sombras porque yo quería hacerlo. Siento mucho no haberme dejado ver antes... Ni siquiera ahora estaríamos hablando si no me hubiese descuidado. Si seguí vivo y pude conoceros, fue gracias a que su juramento me obligaba a seguir luchando. Probablemente, de haber sabido que su juramento era tan fuerte sobre mí, no me lo habría pedido, pero gracias a ella os conocí y ayudé. De todas formas, ahora ya puedo morir, porque he encontrado el verdadero valor de la vida. Tengo dos opciones: seguir viéndoos... o ir con ella.
–Entonces, Malva ¿está...?
–Muerta.
–Lo sabía. Si no, Colette no podría ser la Elegida. Pero, al verte a ti, no he podido evitar pensar... Wonrey, la he echado muchísimo de menos estos años. Ella era alguien muy especial, y pensar que murió tan joven... me desgarra el alma...
Wonrey la abrazó con suavidad. Raine le devolvió el abrazo. Ambos necesitaban sentir el contacto de alguien con quien llorar a su gran amiga. Wonrey plegó sus alas con cuidado sobre ambos, como si también la abrazase con ellas, llenándolos a ambos de paz.
Raine se separó suavemente de él.
–Necesitaba oír todo eso, Wonrey. Siento haberte hecho pasar por esto, pero...
–Estoy bien. No soy tan joven como aparento.
Entonces Raine se volvió. Wonrey siguió la dirección de su mirada y vio a Genis. Sonrió ampliamente.
–Genis, no... –empez? Raine.
–Tranquila, Raine. Por mí puedes abrazarte con quien quieras, pero sé que no era eso.
–Hola, Genis. –dijo Wonrey. Ambos cruzaron una mirada.
– ¿Nos conocemos?
–Sí. Te conocí hace varios años.
–No pareces tener tantos... Aunque los ángeles no aparentan su edad, es cierto.
–Raine, tengo que irme. –dijo Wonrey con una enigmática sonrisa. –Pero no te preocupes... Seguiré cuidándoos, a los ocho... a los nueve, aunque sea junto a Malva, aunque ya no seamos necesarios... Hasta siempre.
Raine se apoyó otra vez en el marco de la puerta, en idéntica posición a diez años atrás, y olvidó a Genis durante un instante.
–Hasta pronto, Wonrey y Malva. –susurró, con los ojos húmedos y una sonrisa, mientras contemplaba el suave vuelo del ángel.
