Pese a lo mal que lo estaba pasando durante esos meses, las cartas que dejaba escritas en el ordenador, le hacían sentir mejor. Le reconfortaba sacar sus sentimientos y sus frustraciones, aunque no se los pudiera decir a él. Una vez escritos se quedaban ahí, no esperaba volver a leerlos nunca, simplemente los dejaba aparcados en el ordenador, igual que había aparcado su corazón después de Canary Wharf.

Aquella noche, después de volver al trabajo y tras terminar las obligaciones en casa, se puso delante de la pantalla del ordenador y comenzó a escribir como ya era costumbre para ella.

Mi amor:

Estoy sola recordando mientras pasan los días y sé que no te podré olvidar. Hoy está lloviendo y me siento muy triste. La lluvia que golpea los cristales me crea una ilusión al dibujar tu rostro y siento un fuerte dolor en el pecho que me da ganas de llorar. Cuando me he despertado esta mañana, he recordado que hoy hace exactamente dos años de lo sucedido en Canary Wharf, a veces confundo la realidad y creo que estoy viviendo un sueño. Me duele tan adentro, es como si mi corazón y mi alma estuvieran en un continuo lamento.

Paso el día y la noche pensando en ti, ¿que voy a hacer sin tu sonrisa, si ya no me miras, si al despertar ya no estoy entre tus brazos? ¿Que voy a hacer tras tu partida, con mi desdicha? ¿Cómo me miro en el espejo y le explico a mi reflejo que ya no volverás? desapareciste de mi vida dejando tanto amor pero cuando nos separamos no sabía que dejabas una gran parte de ti en mi interior, que me da fuerzas para seguir adelante y luchar por un futuro mejor.

Ahora que estoy lejos de nuestra cama, quisiera poder penetrar en tus sueños, para que recuerdes cuando amanecía entre tus brazos, cuando te amaba y te miraba a los ojos para decirte que tu alma estaba tatuada en mi piel. Quiero que sepas que mi corazón reclama la luz que me dabas y extraño tu cuerpo para abrazarte fuerte hasta la eternidad.

En cualquier lugar que estés, en cualquier momento, yo seré el aire que roce tu piel y te haga estremecer. Cuando estábamos juntos no hacían falta las palabras, tú me mirabas y yo me perdía en tus ojos, tus besos, tus caricias, aunque viniera un ángel desde el cielo no me haría volar tan alto como tú.

En estos momentos soy como un naufrago perdido en medio del mar y tu recuerdo es la estrella que me guía en medio de la tempestad y sólo tú tienes la llave maestra de mi vida…

Rose escuchó un ruido a su espalda, lentamente se volvió y de pronto se encontró con tres de los androides que tan bien conocía, que habían estado a punto de matarla en la Navidad que tanto significó para ella y le daba miedo pensar que pudieran querer llegar hasta su más preciado tesoro y apuntándole con sus armas desintegradoras le indicaron que se levantara.

Rose obedeció, temiendo que pudieran conocer su secreto y quisieran arrebatárselo, además no quería asustar a nadie de la casa; Jackie estaba cerca de su dormitorio y no quería que pudiera salir herida y Pete no estaba en casa pues seguía trabajando hasta tarde en Torcwood.

Entonces dos androides se aproximaron hasta donde estaba ella y se colocaron uno a cada lado y sin decir nada se teletransportaron hacia un lugar desconocido para Rose. En un último intento de pedir ayuda Rose llamó al Doctor, aunque sabía que no podría hacer nada por ella desde el otro lado.

¡Doctor! Ayúdame – Dijo en un grito desesperado.

- o -

Martha estaba nerviosa, había pensado en como decirle aquello al Doctor muchas veces, tantas que ya dudaba sobre si quería decírselo de verdad o no. Estaba enamorada de su amigo desde el primer momento que lo había visto en el hospital, aquella mirada, aquella forma en que le había guiñado el ojo, se había quedado en su mente grabada para siempre.

Pero eso había todo, habían pasado muchas cosas juntos, varias veces habían estado a punto de morir, incluso el Doctor había arriesgado su vida por salvarla, pero Martha esperaba algo más, algo que nunca llegaría. Ahora después de leer las cartas de Rose lo sabía. No podía pedirle al Doctor lo que ella deseaba con todas sus fuerzas.

Por eso tenía que irse, necesitaba tiempo para pensar y estar con su familia a la que echaba de menos y a lo mejor, encontrar a un hombre que le hiciera sentir lo mismo que el Doctor. Todavía se sentía como una joven estudiante en prácticas de medicina y su sueño seguía siendo convertirse en médico para ayudar a la gente.

Pero todo había cambiado al conocer al Doctor. Se vio envuelta en una aventura realmente fantástica donde tuvo que enfrentarse a terribles peligros, pero en la que su corazón había sufrido más de lo que ahora podía soportar, al enamorarse del hombre equivocado, del que nunca sentiría lo mismo por ella. A pesar de estar profunda y secretamente enamorada del Doctor sabía que nunca sería correspondida y que pese a sus esfuerzos, no podía hacer nada contra la fuerza del recuerdo de Rose.

Desde que empezaron a recibir aquellas cartas, para el Doctor ella no existía, como si fuera transparente y cada vez que intentaba acercarse a él sufría un nuevo rechazo y sobretodo, para su desgracia el Doctor no era consciente del dolor que le causaba.

Aquella tarde, de regreso a la TARDIS, Martha y el Doctor, mientras hablaban, Martha miró a su alrededor, pensando lo mal que podían haber acabado las cosas si el Master, hubiera conseguido cumplir su plan unos meses atrás.

Entonces, ahora solo quedas tú, el último Señor del Tiempo. – mientras se agarraba del brazo del doctor.

Bueno, siempre había creído que era el último, así que esto no cambia nada. – Dijo el Doctor, tratando de quitarle importancia, aunque ahora sí, se sentía realmente solo. Primero perdió a Rose y luego el Master se suicido

¿Y ahora que vas ha hacer? – quiso saber Martha sacándolo de su ensoñación.

Pues, no sé… - encogiéndose de hombros – ¿Podríamos ir a… - se volvió hacia Martha -… voy? – y al ver su expresión comprendió que había tomado la decisión de no continuar viaje con él y Jack.

Si, he decidido quedarme. Aquí me necesitan, soy doctora y hay gente a la que puedo ayudar. He disfrutado mucho del viaje y por supuesto de vuestra compañía pero no es mi sitio – se quedó callada y suspiró, quería ser totalmente sincera con él – Siento que no me necesitas como yo a ti, tú solo quieres compañía pero yo quiero algo más. Tienes ocupado el corazón por un vacío muy grande y que no podrás llenar hasta que encuentres la manera… - El Doctor le hizo un gesto para que no continuara pero Martha sonrió con tristeza – No, aunque no quieras aceptarlo, su pérdida te ha dejado con el corazón sumido en la más profunda melancolía y sólo podrás recuperar la paz cuando puedas volver a su lado. Cada vez que recibes una de esas cartas, te llena de esperanzas saber que te sigue queriendo, pero también te entristece profundamente por no poder estrecharla entre tus brazos. Y contra eso no puedo hacer nada, de modo que prefiero irme y encontrar mi camino. – Acercándose al Doctor le dio un beso – Adiós Doctor. Además todavía te queda Jack y creo que él te entiende en lo que se refiere a Rose.

Lamento haberte herido.

No, está bien. Eres un gran tipo y te mereces lo mejor – Metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y le devolvió el teléfono – Te llamaré, si alguna vez te necesito y esperó que vengas volando.

OK. Espero que encuentres lo que buscas, Martha Jones. – Dijo él con una ligera sonrisa.

Yo también – Se marchó sin volverse.

Durante un momento, el Doctor se quedó mirando la puerta, una parte de él esperaba que Martha volviera a aparecer, que todo siguiera siendo igual. Habían conseguido hacer un gran equipo los dos junto con Jack. Pero también sabía que la chica lo había pasado mal. Pese a no haber hablado de ello, conocía sus sentimientos y lamentaba no poder corresponderla como merecía. Pero no volvió.

Se dio la vuelta hacia los mandos de la TARDIS y mientras revisaba los controles y preparaba un nuevo destino, la TARDIS empezó a oscilar ligeramente y el corazón de la nave volvió a latir muy suavemente, una nueva carta acababa de aparecer en la pantalla. Entonces de pronto y casi sin aliento entró Jack.

¡Doctor tenemos un problema!

Pero justo en ese momento un grito de desesperación envolvió al Doctor y Jack en la más profunda angustia.

¡Doctor! Ayúdame.

- o -

Al capitán Harkness siempre le gustaba ayudar a sus amigos y desde que el Doctor recibía las cartas de Rose había observado que su compañero de viaje se volvía en muchos momentos taciturno, solitario, su carácter se había vuelto más apagado, ya no tenía la sonrisa de la que se enamoró perdidamente, de modo que decidió tomar sus propias iniciativas.

Con el manipulador del vortex arreglado y aprovechando que el Doctor había acompañado a Martha a casa se dispuso a hacer una visita inesperada a una vieja. Un rápido viaje a través del espacio-tiempo y de pronto se encontró transportado en una calle desierta y después de que la cabeza dejara de martillearle se dirigió hacia la sede de Torchwood, donde Rose le dijo al Doctor que estaba trabajando.

Mientras se dirigía hacia el edificio sintió un extraño presentimiento de que Rose podía estar en peligro, algo extraño estaba pasando, lo presentía pero no podía hacer nada hasta saber si ella se encontraba bien. Llegó a las oficinas situadas en una gran plaza, se dirigió hacia la recepción para preguntar por Mickie, porque era a la única persona que conocía de la sede en esta dimensión.

Cuando estaba a punto de dirigirse con su mejor sonrisa a la chica que estaba detrás del mostrador alguien llamó su atención.

Pero si es el capitán Jack Harkness en persona – Dijo Mickie acercándose para darle un cordial abrazo – ¿Pero como has llegado hasta aquí? Creía que el Doctor había dicho que no se podría volver a abrir la brecha sin destruir el mundo - El chico no entendía como había podido viajar entre las dos dimensiones.

Bueno es una historia muy larga que contar. – Dijo Jack mientras echaba un vistazo al interior del edificio - ¿Dónde está Rose? – Jack quería ir directo al grano cuanto antes.

No ha llegado todavía, aunque es muy extraño ella siempre llega la primera. Desde que se separó del Doctor no ha vuelto a ser la misma y está completamente centrada en su trabajo y en… - No continuó hablando, contar el secreto de Rose, sabiendo que Jack se lo contaría al Doctor, era algo que si amiga no se lo perdonaría.

Lo entiendo. Al Doctor le ocurre lo mismo y desde que recibe las cartas de Rose se ha vuelto más callado. – La voz de Jack reflejaba la tristeza que sentía por su amigo.

¿Cartas… de Rose? – Mickie no entendía nada. Pero antes de que pudieran seguir hablando una vocecilla a su espalda les interrumpió.

Tio Mickie, ¿dónde está mamá? – dijo con su lengua de trapo una niña rubita de año y medio que les estaba mirando fijamente.

Hola preciosa – Jack con una amplia sonrisa no pudo evitar coger a la niña en brazos y hacerle una caricias. La miró fijamente y observó cierto parecido a dos personas que conocía muy bien. Sabía que aquellos eran los mismos ojos de su madre y la misma sonrisa de su padre.

Observó a la pequeña atentamente durante un rato más, después miró a Mickie y sin decir ni una sola palabra el chico le dijo afirmativamente con la cabeza.