Jack se encontraba jugando con la niña, observando su alegre risa cuando él le hacía alguna carantoña o cuando comenzaba a hablar sin ningún tapujo, con sus pocas palabras. El capitán sonrió, ya no tenía ninguna de quienes eran sus padres, todo en ella formaba parte de ellos. Desconocía el rato que llevaba con ella, pero no quería dejarla, deseaba que la niña estuviera con sus padres, con los dos y pudiera tener una familia normal.
¿Como se llama tu mamá? – Le preguntó mientras le dejaba jugar con un pequeño aparato que había sacado del bolsillo.
Rose. Es mu' guapa. – Contestó la pequeña con su lengua de trapo.
¿Y tu papá? ¿Dónde está? – Jack sonrió, se estaba divirtiendo con la pequeña.
No lo sé. Mami dice que es Do'tor y que está mu' lejos.
¿Entonces no lo conoces?
No, pero mami dice s'empre que es mu' guapo y valiente. – Jack estaba muy atento, conversando con la niña, pero al oír pasos levantó la vista y vio a un joven alto y muy apuesto. Sin pensarlo dos veces dejó a la pequeña en el suelo y le llamó:
Perdón, creo que nos conocemos – Le ofreció la mano con una de sus mejores sonrisas.
El joven dudó un momento y al final le estrechó la mano con firmeza y le dijo:
Lo siento, pero no, creo que no le conozco. – Le dijo mientras se le iluminaban los ojos azules y trataba de ocultar el nerviosismo.
Oh, me parece que le he confundido con otra persona. Me presentaré soy el Capitán Jack Harkness – Y le guiñó un ojo.
Soy… Jones, Ianto Jones – dijo sin poder evitar sonrojarse y ponerse mucho más nervioso. – Disculpe, pero tengo trabajo que hacer. Encantado de conocerle – Se dio la vuelta y tropezó con una silla que tenía a su espalda. Para evitar que cayera, Jack le sujetó con firmeza y por un momento sus cuerpos se juntaron en un abrazo, Ianto casi sin respiración y con todo su cuerpo en tensión se perdió en los ojos azules y profundos de Jack, casi sin poder hablar. – Muchas gracias – dijo Ianto arreglándose el traje y se dirigió hacia el fondo de la sala.
Hasta pronto Jones, Ianto Jones – Jack recordó que aquella había sido la misma forma de presentarse a Ianto en su realidad. Parecía que las cosas no eran tan diferentes. Mirando como se marchaba a lo lejos sonrió picadamente. Pensó que tal vez, estaba destinado a que Ianto fuera definitivamente su pareja en cualquier realidad; o a lo mejor tan sólo se había encaprichado demasiado del chico.
Sin poder evitarlo Ianto se volvió y se dio cuenta que Jack le seguía mirando y le despidió con un gesto de cabeza y una sonrisa encantadora, deseando volver a ver a aquel extraño hombre, que tan familiar le parecía, aunque no había visto nunca.
En ese momento Jackie entró en la sala muy asustada, llevaba buscando a Rose por las oficinas desde hacía un buen rato y al final desesperada se dirigió hacia Mickie.
- ¿Está Rose aquí?
No, todavía no ha llegado, ¿Por qué? ¿Ha ocurrido algo? – dijo Mickey con preocupación, al ver lo angustiada que estaba Jackie.
No lo sé. Esta mañana cuando he ido a llamarla no estaba en su habitación. La cama estaba sin deshacer, el ordenador encendido con un escrito dirigido al Doctor. Podría haberme dicho que le escribía… – Dijo Jackie hablando para si misma en voz alta - ¿Crees que le habrá dicho lo de April? No estaba en toda la casa. He venido enseguida. Por cierto, gracias por quedarte anoche con April, Rose necesitaba despejarse un poco. Aunque ahora que no está…
Espera un momento, ¿Cómo sabes que no ha salido a dar un paseo?, sabes que le gusta andar por la ciudad a solas, para pensar... en quien tu ya sabes. – Dijo Mickie intentando tranquilizarla.
No, yo la conozco. Es mi hija y nunca se iría sin decirme nada y además está April, cuando no está con ella, siempre está preguntado por su hija. – Señaló a la niña y todos se volvieron hacia ella que estaba tranquilamente sentada en suelo observándolos atentamente.
¿De modo que te llamas April? – dijo Jack acercándose y cogiéndola en brazos. Cómo si de un viejo conocido de la niña se tratara, April se abrazó al cuello de Jack y se acurrucó.
El presentimiento de Jack estaba en lo cierto algo le había ocurrido a su pequeña Rose. Tenía que avisar al Doctor y traerlo hasta aquí.
Tenemos que buscar a Rose inmediatamente – Dijo Jack llamando la atención de Mickie y Jackie. Ella se volvió hacia el capitán y le miró de forma extraña. - ¿Y tú, quien eres? – Dijo mirándole fijamente.
Oh, perdón. Soy el Capitán Jack Harkness, compañero de viaje del Doctor. – Se presentó y cogiéndole la mano se la besó levemente, haciendo que Jackie se sonrojara repentinamente. – Soy un viejo amigo de Rose. Viajamos juntos con el Doctor durante un tiempo.
¿Está él aquí? – dijo Jackie mirando en todas direcciones. - ¿Dónde está? Él es el único que puede dar con ella, lo se, no dejaría que estuviera en peligro. ¿Dónde está?
No está aquí, lo siento, ni siquiera sabe que he venido. Pero han estado llegando una cartas de Rose a través de la brecha y he creído conveniente venir para averiguar que estaba pasando.
¿Y entonces que esperas para ir a buscarlo?, él es el único que puede encontrarla. – Dijo Jackie, cada vez más nerviosa.
No sabemos que le ha ocurrido. Primero iremos a ver su habitación, tal vez haya algo que nos dé una pista de lo que le ha pasado.
Sin pensarlo dos veces Jack junto a Jackie que llevaba a April en brazos y Mickie fueron a la casa pero el capitán sabía que algo no marchaba bien, sentía unas extrañas vibraciones que no le gustaban nada. Afortunadamente, un corto viaje de veinte minutos hasta la casa les sacaría de todas dudas.
Se dirigieron directamente a la habitación de Rose, todo estaba como había dicho Jackie. La cama sin deshacer y el ordenador encendido con la carta incompleta dirigida al Doctor. Al momento de entrar, el controlador manual del vortex de Jack empezó a comportarse de una manera inusual, emitiendo un fuerte zumbido y lanzando fuertes destellos.
¿Qué ocurre? – dijo Mickie volviéndose hacia él.
Lo que ya suponía, el controlador ha detectado rastro de la energía del corazón de la TARDIS. – dijo Jack mirando atentamente el aparato sujeto a su muñeca.
De pie allí, en medio de la habitación, Jack se preguntó que le habría ocurrido a su amiga, temiendo que tener parte del corazón de la TARDIS en su interior la hubiera puesto en peligro. Muchas veces se había preguntado si podría pedirle que le devolviera a la normalidad, si todavía tenía ese extraño poder que le había dado la inmortalidad, que con tanto anhelo deseaba perder ahora.
Ahora se daba cuenta que hubiera sido mejor saber que nunca tendría la oportunidad de volver a ser un ser humano normal, antes que poner a su amiga en peligro. Pero si algo tenía claro Jack, mientras observaba los preciosos ojos grandes de color miel de la pequeña April Tyler, aunque no fuera a decir nada a Mickie o Jackie, es que haría todo lo que estuviera en su mano por recuperar sana y salva a Rose.
¿Y eso que quiere decir? – dijo Jackie que estaba muy nerviosa y empezó a moverse por toda la habitación. - ¿Qué le ha ocurrido a mi Rose?
Cuando Rose absorbió la energía del corazón de la TARDIS, su cuerpo adquirió una estrecha relación con él. Y ahora que se sentía tan deprimida y expresaba todos sus sentimientos a través de las cartas que le escribía al Doctor, esa energía era enviada por Rose, sin ella saberlo, a través de la fisura buscando al causante de su tristeza y la única conexión era con el corazón de la TARDIS.
Capitán – Le llamó Mickie señalando un rastro de polvo en el suelo, junto a la ventana. - ¿Qué crees que puede ser esto?
Esto es el rastro que deja la teletransportación. – Dijo Jack mientras olfateó el extraño polvo y hacía un gesto de asco por el desagradable olor. – Creo que va siendo hora de ir a buscar al Doctor. – Concluyó Jack mirando a Mickie; imaginándose la reacción del Doctor ante su pequeña excursión al otro lado de la fisura.
