Rose abrió los ojos, parpadeó varias veces hasta ver de nuevo, pero la oscuridad era absoluta excepto por la débil luz que se filtraba a través de una ranura en la parte inferior de la puerta. No recordaba como había llegado hasta allí, en el último recuerdo que tenía, estaba en su habitación y de repente aparecieron los androides, después todo fue silencio y vacío.
Que dolor – Dijo Rose llevándose las manos a la cabeza y se levantó lentamente, le dolía todo el cuerpo. - ¿Dónde estoy? – Se quedó sentada en el suelo intentando mantener la calma.
No sabía que le esperaba, de modo que decidió investigar como era el lugar en que la habían encerrado. Se incorporó con la espalda apoyada en la pared y empezó a avanzar, la superficie era fría y rugosa; continuó hasta llegar al hueco que definitivamente era una puerta y por donde se filtraba la poca luz que entraba en la habitación.
Acercó el oído pero no pudo distinguir ningún sonido, sólo un ligero ruido de motor, lo que le indicó que estaba prisionera en algún tipo de instalación. Intentó abrir la puerta, la forzó y la golpeó, pero no cedió a sus intentos. Finalmente continúo explorando la pared hasta que comprendió que no había salida posible.
Sola y deprimida se sentó en el suelo y se acurrucó abrazándose las piernas con los brazos. Unas lágrimas empezaron a resbalar por sus mejillas, enterró su cara entre las rodillas y lloró con desesperación. Tenía miedo de no volver a ver a su hija, sabía que April estaría bien cuidada pero en ese momento, la niña era su mayor preocupación; ni siquiera le importaba su propia seguridad, si tan sólo pudiera saber que la niña estaba bien, las cosas serían mucho más fáciles.
Después de perder al Doctor había volcado todo su amor en aquella adorable personita, que tanto se parecía a su padre, cada vez que la veía sonreír recordaba los momentos tan perfectos y románticos que había pasado
Poco a poco, el sueño se fue apoderando de ella y sus pensamientos se llenaron de los recuerdos del primer año y medio de su hija, sus primeros pasos, su primera palabra, al llamarla "mamá" aquella cálida mañana de verano y así, sin darse cuenta se quedó dormida.
No sabía cuanto rato había pasado, cuando un ruido le despertó y una potente luz le impidió ver quien entraba. Entonces unas manos duras y fuertes la pusieron en pie. Pasados unos segundos las figuras que habían entrado se hicieron visibles y Rose pudo observar la tremenda estatura y la fuerte complexión pero lo que más llamó su atención fue la palidez de sus rostros y su desagradable olor.
De pronto sintió un pinchazo en el cuello y rápidamente una descarga de electricidad recorrió su cuerpo hasta el cerebro. Al cabo de unos segundos, su mente empezó a revivir imágenes del pasado, imágenes que le traían recuerdos felices pero también muy dolorosos: el primer encuentro con el Doctor, bailando con Jack sobre su nave, la regeneración del Doctor y creer que había muerto, el día que tuvieron que separarse para siempre y por supuesto el nacimiento de su hija.
Una fuerte luz empezó a crecer en su interior, comenzó a convulsionarse y poco a poco la energía apareció a través de su boca inundando la habitación. Rose no podía soportar el dolor que le producían esas imágenes y de pronto con un grito de terror y desesperación llamó al Doctor. - ¡¡¡Doctor!!! – Después, debido al dolor, sus piernas se doblaron pero no cayó al suelo por que los alienígenas las sujetan con fuerza.
Durante un momento perdió el conocimiento y cuando volvió a recuperar la conciencia estaba siendo conducida por un largo pasillo con muy poca luz y no podía distinguir nada. Al principio no podía entender lo que le había sucedido, le dolía mucho la cabeza pero poco a poco mientras su mente y el dolor se iban despejando comprendió lo que le había ocurrido.
Todavía no sabía lo que hacía en ese lugar o para que la querían aquellos alienígenas, pero una idea le cruzó por la mente. Como si de un flash se tratara, recordó los momentos en los que había tenido el vortex de la TARDIS en su interior, esa energía le había dado el mayor conocimiento de todo el universo. Al poco tiempo de perder al Doctor, Rose descubrió que todavía tenía parte de esa energía en su interior. El Doctor, antes de regenerarse no le había quitado todo el vortex y aunque tiempo después le dejó el mayor regalo posible, no se dio cuenta de extraerle toda la energía de la TARDIS.
Debemos llevar a la prisionera ante el Líder. – Dijo una voz gutural que iba delante de ella. Aunque en un primer momento le sorprendió poder entender al ser, supuso que el vortex le estaba dando esa facultad, igual que lo hacía cuando estaba cerca de la TARDIS. – Desea conocerla personalmente. – Dijo la criatura mirando hacía su compañero.
Después de la prueba que le hemos realizado podemos asegurar que tiene el combustible que necesitamos. Nuestro Líder estará muy contento, Superior Zeck. – Parecía realmente impresionado por su éxito.
Perfecto. Su potencial es muy fuerte. Nos servirá hasta que encontremos la fuente de energía primigenia. – Zeck se sentía muy orgulloso.
Gracias a nuestros espías androides pudimos localizar la señal de esa energía.
Después de un largo recorrido por diferentes pasillos llegaron hasta una gran puerta donde Zeck pidió permiso para ver al Líder, tras una corta espera las puertas se abrieron lentamente. La empujaron hasta el centro del gran salón que estaba débilmente iluminado y poco después una fuerte luz iluminó un trono donde apareció el Líder, los soldados y el resto de acompañantes se arrodillaron ante su presencia, Rose se quedó de pie observándolos y después miró directamente a los ojos del ser de mayor tamaño.
¿Está es la criatura tan especial? – Dijo el Líder señalando a Rose.
No soy especial – Contestó Rose directamente. La sorpresa se reflejó en el rostro del Líder.
¿Muestra respeto a nuestro Gran Canciller, el gran Líder de los Ricohraxus? – Dijo Zeck mientras le golpeó en la espalda y Rose cayó de rodillas. ¿Y como entiendes nuestro idioma?
No lo sé. De repente apareció toda esa información. – Dijo Rose mirando a Zeck con furia y levantándose.
¿Cómo ha ido la prueba, Radnesk? – Dijo el Gran Canciller.
Mi señor, la reacción a nuestra solución ha sido espectacular. – Radnesk estaba orgulloso por el resultado obtenido – La energía que surgió de su cuerpo alcanzó la medida más alta de nuestros controladores.
Bien, entonces podemos seguir adelante con lo planeado. – Dijo el Gran Canciller mientras se levantaba y se acercaba a Rose. – No se como puede contener tanta energía en una cuerpo tan pequeño y tan débil. – La mano extremadamente fría y algo viscosa de la criatura recorrió su mejilla.
¿Pero, de que están hablando? – Rose intentó apartarse, pero el Canciller la sujetó con fuerza. - Yo no tengo ninguna clase de energía… - No pudo seguir hablando porque Zeck le volvió a golpear y de nuevo cayó de rodillas. - ¿Pero que haces? – Rose intentó levantarse pero unas fuerte manos la mantuvieron en el suelo. – "Si el Doctor estuviera aquí…"
Debes esperar a que te den permiso para hablar. Nadie habla sin el permiso del Gran Canciller. – Dijo Zeck hablándole al oído con un gruñido.
Calma Zeck, hay que cuidar el material. No queremos que se estropee la mercancía. – El Gran Canciller observaba a Rose dando una vuelta a su alrededor. – No importa, mientras consigamos el combustible necesario para abandonar esta galaxia tan primitiva.
¿Entonces, hacemos los preparativos? – Dijo Radnesk haciendo una reverencia ante el Líder – Será cuestión de poco tiempo.
Está bien, preparadla y me mantenéis informado de la situación. – El Gran Canciller se dirigió hacia su trono.
A sus ordenes, mi Señor – Dijo Zeck y cogió a Rose por el brazo empujándola hacia una puerta lateral.
¿Adónde vamos? – Rose empezó a forcejear intentado soltarse pero la presión sobre su brazo era muy fuerte y no puedo hacer nada. - ¿Qué me van a hacer?
Rose no obtuvo ninguna respuesta, la única información que pudo conseguir fue a través de la conversación que mantenía Radnesk, en voz baja, con otro alienígena que se había unido a su grupo.
¿Ya está preparado el tanque?
Si, tenemos todo listo.
Muy bien, lo primero será desinfectarla. Después le colocaremos los tubos y por último haremos la conexión.
Después de recorrer unos cuantos metros llegaron a una sala gigante, con un gran tanque transparente y un armazón que colgaba del techo. Rose observaba atentamente, estaba muy asustada y lo único en lo que podía pensar, lo único que le permitía no gritar, era la imagen del Doctor en su cabeza. Entonces comprendió que no había forma de escapar, que había llegado su hora y sintió que le fallaban las fuerzas.
No tuvo tiempo de pensar nada más, porque Zeck la metió en una habitación pequeña con una ventana de cristal desde donde podían observarla. Rose, dando traspiés se quedo de pie en medio de la sala viendo como Radnesk apretaba una serie de botones y pocos segundo después una niebla inundaba la habitación.
A Rose empezaba a faltarle el aire, notaba como el gas se iba introduciendo en su garganta y empezó a toser, el humo le estaba dejando un sabor amargo y muy desagradable. Se tapó la boca con la mano pero no pudo evitar que el gas llegara hasta sus pulmones. Sintiendo como si una mano invisible los apretara con fuerza y poco antes de perder el conocimiento el último pensamiento que le vino a la mente fue para el Doctor y su pequeña April.
- o -
Después de la precipitada entrada de Jack en la TARDIS, el capitán se quedó parado observando al Doctor que estaba muy atento mirando la pantalla del ordenador.
¿Doctor? – Dijo Jack - ¿Doctor ocurre algo? – Jack se acercó para ver que le tenía tan concentrado.
Si, bueno no lo se, y es algo muy extraño – Dijo el Doctor pasados unos segundos. Al darse cuenta que Jack no hacía ningún comentario, levantó la cabeza y mirándole fijamente preguntó – Jack, ¿Qué me ocultas?
No te va a gustar. – Dijo el capitán con una pequeña e inocente sonrisa.
El Doctor se giró, metió las manos en los bolsillos de su pantalón y se plantó frente a Jack, su expresión reflejaba el vació más absoluto.
Vale, pero te he avisado. He viajado hasta la otra dimensión y he descubierto que Rose ha desaparecido y está en problemas muy serios. No sabemos exactamente por quién, pero Mickie y yo descubrimos que fue secuestrada. Encontramos rastro de azufre en su habitación. – Jack esperaba que el Doctor reaccionara inmediatamente y decidiera poner rumbo hacia allí.
¿Tenías que hacerlo, verdad? – El Doctor conocía demasiado bien a Jack, por lo que desde que había comenzado a recibir las cartas, se había estado preguntando cuanto le costaría hacerle una visita, aunque no había esperado que terminara así,
Bueno, ya sabes como soy. No podía dejar que nada malo le ocurriera a Rose, no después de las primeras cartas. – El Doctor continuó mirándolo en silencio, inmóvil delante de él, serio, de la única forma en la que Jack no era capaz de decir lo que estaba pasando por su mente. – Vamos Doctor, estamos hablando de Rose, no podemos dejar que esas cosas, lo que quiera que sean le hagan ningún daño; se lo que sientes por ella...
Sabes que lo me estás proponiendo podría acabar con las dos realidades ¿verdad? Que lo que has hecho ha podido alterar el espacio tiempo, incluso después de que yo te dijera que no lo hicieras.
Jack estaba a punto de hablar de nuevo, de intentar explicarse y evitar que el Doctor se enfureciera con él, pero no lo hizo, se quedó callado, al ver la amplia sonrisa del Doctor. No era la misma que le había visto tantas veces al salvar a un inocente o al terminar un trabajo bien hecho. No, esa sonrisa iba mucho más allá de cualquier sentimiento que Jack pudiera pensar, lo conocía bien y sabía lo que eso significaba.
Vamos a poner en peligro dos realidades por salvar a Rose ¿verdad Doctor?
¡Por supuesto! – El Doctor se volvió hacia los controles, movió varias palancas y presionó otros tantos botones, a una velocidad que el capitán no pudo seguirle y finalmente cuando la TARDIS comenzó a prepararse para despegar el Doctor se volvió hacia Jack. - ¿Listo capitán?
Si señor. – Dijo Jack con un saludo militar.
De pronto la TARDIS se agitó violentamente, el Doctor y Jack sintieron que el suelo se estremecía bajo sus pies. El Doctor se agarró a la consola de mandos y Jack se lanzó sobre una de las barras que cruzaban las columnas de la nave, a la vez que un grito de pánico resonó en toda la TARDIS, al mismo tiempo que sintió un fuerte dolor que recorrió su cuerpo, desde su controlador manual del Vortex. El aparato estaba encendido y parpadeaba y con cada uno de los pálpitos una descarga eléctrica recorría su cuerpo, cada vez con mayor intensidad.
¡¡¡Doctor!!! – Los dos reconocieron al instante la voz y se miraron en completo silencio.
Jack, ¿estás bien? – Dijo el Doctor al ver a Jack en el suelo de rodillas y acurrucado a sus propias piernas. Le costaba respirar, hacía mucho que no se sentía así. Desde la última vez que había muerto, bajo los disparos de los soldados al mando del Master, Jack no había sentido tanto dolor.
Doctor – La voz de Jack era como un lamento de agonía, pues le costaba demasiado pronunciar más de una palabra seguida – Tenemos que rescatar a Rose. – Dijo y levantando la cabeza pudo ver como unas lágrimas resbalaban por sus mejillas.
Jack, ¿Qué te pasa? ¿Por qué estas llorando? – El Doctor se acercó hasta Jack. Se arrodilló frente a su amigo y trató de abrazarle, pero Jack se volvió a quejar con fuerza y cayó al suelo otra vez. – Jack, vamos, ¿Qué pasa?
Siento… por todo lo que está pasando Rose… sus sentimiento son muy fuertes. – Por primera vez en mucho tiempo el capitán Harkness estaba asustado, su cuerpo temblaba y se estremecía con fuerza. – Está muy asustada, deprimida y se siente muy sola… no entiende lo que le está pasando, su amor por ti es lo único que le hace seguir adelante. – Los ojos de Jack, inundados en lágrimas se encontraron con los del Doctor, que pudo ver a través de ellos todo el sufrimiento de Rose.
El Doctor sintió como una llamarada de fuego inundaba su mente y su corazón se convertía en una roca incandescente. En su interior brotaba una ola de fuego, que buscaba venganza y solo se apagaría cuando hubiera restablecido el orden y hubiera puesto las cosas en su sitio. Tenía que recuperar aquello que más amaba y por lo que tanto había sufrido, aquello que una vez creyó perdido para siempre, su verdadero amor.
La mano firme del Doctor ayudó a Jack a ponerse en pie. Todavía sentía el terrible dolor en su cuerpo, pero poco a poco fue desapareciendo, igual que los sentimientos de Rose. Ella ya no estaba en su cabeza, había desaparecido sin más. se apoyó en una de las columnas de la nave y miró al Doctor, que se movía con decisión de un lado a otro de los controles de la TARDIS.
Doctor. – Dijo Jack moviéndose hacia su amigo, pero este no le respondió. – Doctor…
El Doctor se había convertido en una estatua allí parado frente a los controles, escuchaba la llamada de Jack, pero algo en su mente le mantenía ocupado en otras cosas. La voz agónica de Rose, la necesidad de encontrarla y salvarla, poder volver a abrazarla y saber que estaba bien, todo ello le mantenía alejado de la realidad.
Entonces notó la mano de Jack sobre la suya. Los dos amigos habían terminado por comprenderse sin necesidad de palabras, a veces incluso sobraban.
Doctor. – Por fin miró al capitán y para sorpresa de este sonrío. – Doctor, Rose nos necesita, tenemos que ayudarla.
Lo se, eso es lo que vamos a hacer. Quien quiera que se la haya llevado lo va a pagar muy caro. – De repente, la energía que unos minutos antes parecía haber desaparecido del Doctor, volvió a él y se dio la vuelta, hablando con rapidez para no perder un segundo. – Vamos, baja esa palanca, enciende ese dispositivo y pon en marcha los motores.
