De pronto todo fue silencio y oscuridad. Solo una pequeña luz se divisaba al final del pasillo. Otra vez estaba allí, de vuelta en el almacén de la tienda de ropa donde trabajaba como dependienta y se vio rodeada por los maniquís que la perseguían y la intentaban atrapar. Todo estaba perdido hasta que una mano apareció de la nada y una voz suave cerca de ella le dijo:

Corre – Rose pestañeó varias veces, sentía un fuerte dolor por todo su cuerpo y en ese momento unas lágrimas resbalaron por su mejilla, después tan sólo quedó un vacío en su memoria, el recuerdo ya no estaba allí. Solo una página en blanco.

El tanque que mantenía a Rose en estado vegetativo, estaba colocado en el centro de una sala. Radnesk estaba al cargo de su funcionamiento y había llegado el momento de hacer una nueva descarga de energía. Había estado observando los cambios producidos en Rose, tomando notas y esperando el momento adecuado para continuar con el siguiente paso del proceso.

En algunos momentos, se había dado cuenta, que la chica, cuya fuerza de voluntad era mucho más fuerte de lo que hubieran visto con otros sujetos, había tenido ocasionales momentos de lucidez, pero al final había vuelto a caer en el mismo estado comatoso en el que la mantenían. Dio las ordenes necesarias a sus subordinados y pasados unos segundos un líquido transparente llegó a través del tubo conectado al cuerpo de Rose.

De improviso, Rose sintió como se iba introduciendo en su organismo, como la marea que durante la noche cubre la playa. Unos segundos después llegó a su cerebro. Un momento más tarde, notó que su cuerpo se relajaba poco a poco, que su cerebro iba llenándose de imágenes de su vida pasada, sensaciones en ocasiones placenteras y otras terriblemente dolorosas. Recuerdos que para ella eran muy valiosos y eran los únicos que le ayudaron a seguir adelante cuando su vida quedó rota y vacía.

Sintió el aire en la cara, colgada de la cuerda del zepelling durante la Segunda Guerra Mundial. Después se sintió transportada por el rayo de la nave de Jack. Su imagen se fue perdiendo entre las brumas que envolvían sus recuerdos, su carismática sonrisa, los momentos que habían pasado juntos, bailando junto al Big Ben. Una niebla lo cubrió todo y luego tan sólo quedó la más absoluta nada.

Recuperó la conciencia y abrió los ojos, no sabía cuanto tiempo había pasado pero asustada intentó gritar para llamar al Doctor. Le dolía la garganta y lo único que salió a través de su boca fue un destello de luz y energía que la envolvió y llenó el tanque mientras lentamente se dirigía hacia los diferentes conductos para ser transportada a los depósitos donde la iban almacenando.

Su cuerpo se agitó violentamente, con la respiración entrecortada y el pulso acelerado se fue calmando. Quería que todo acabara ya, que su madre no desapareciera de su mente, que Mickie no fuera más un simple nombre que llamaba a unos recuerdos inexistentes. Cada vez que perdía un recuerdo en su mente se producía una descarga que dejaba su cuerpo completamente agotado y caía rendida perdiendo el conocimiento.

Horas, tal vez días más tarde, Rose volvió en si de nuevo. El arnés que la mantenía inmóvil estaba bien ajustado a su cuerpo, se dio cuenta que sus brazos y piernas no respondían. Era como si no las sintiera, se sentía totalmente paralizada de cuello para abajo. Quiso mover la cabeza pero el tubo que tenía conectado a su columna vertebral se lo impidió. Movió los ojos a un lado y otro, intentando ver si había alguna forma de soltarse, pero después de intentarlo repetidas veces se dio por vencida.

Aquello era una tortura que no podría soportarlo. ¿Cuánto tiempo podría aguantar?, ¿Que iba hacer?, ¿Habría alguna manera de escapar? Estos y otros pensamientos llenaban su cabeza y entonces llegó a su mente la imagen de su hija, su sonrisa, aquella sonrisa que era exactamente igual a la del Doctor.

Cerró los ojos y sin poder evitarlo unas lágrimas empezaron a caer por su rostro. Se sentía terriblemente desesperada, la soledad y el miedo hicieron que un torrente de lágrimas se derramara sin poder evitarlo.

En ese momento algo alteró los controles que tenían la información sobre el tanque, Radnesk llegó para comprobar lo que ocurría, al observar a Rose y ver que estaba muy nerviosa decidió administrarle un potente sedante, necesitaba que ella estuviera relajada para que viviera el mayor tiempo posible. Rose no quería dormirse porque sabía que aquello podía significar la perdida de más recuerdos, pero el narcótico era muy agresivo y al final cayó en un sueño vacío de imágenes.

Radnesk estaba a punto de marcharse, pero antes de salir de la habitación, escuchó un zumbido proveniente del tablero de controles. Era el mismo que habían recibido cuando habían descubierto a Rose. Aquello no podía ser real, era demasiado bueno, dos fuentes de energía proveniente del Vortex para poder dar combustible a su nave durante varios meses.

La estudió con rapidez, tan sólo quería estar seguro que no se trataba de ningún error, pero aquella energía seguía allí y era muy fuerte, la mayor que hubieran visto nunca. Por ello aún sabiendo que el Gran Canciller no debía ser molestado, decidió ir a verle y darle la gran noticia, a lo mejor eso le valía un ascenso a Jefe Supervisor.

- o -

Mickie estaba trabajando en su oficina cuando el característico sonido de la TARDIS llegó hasta él. Estaba en una reunión, dando instrucciones a los nuevos trabajadores a su cargo. Todos le escuchaban en silencio y con respeto. Habían oído contar muchas historias de las hazañas de Mickie y ahora en esta realidad era una persona respetada y admirada, pero de pronto se quedó callado, los asistentes le miraron sorprendidos y pasados unos segundos Mickie se levantó y salió rápidamente sin dar ninguna explicación.

Después de una carrera llegó hasta el lugar en el que acababa de aparecer la TARDIS y sin poder evitarlo se lanzó hacia la puerta dispuesto a entrar, pero en ese momento se encontró de cara con el Doctor.

¡Mickie! – Dijo el Doctor con una amplia sonrisa y le dio un apretón de manos.

Doctor. – La expresión de Mickie no dejaba lugar a dudas, estaba muy preocupado.

Mickie, - Dijo Jack saludando. - ¿Sabes algo nuevo de Rose? ¿Ha habido alguna novedad? – Dijo Jack mientras salía detrás del Doctor.

No. Todo sigue igual. ¿Cuándo nos vamos? – Mickie estaba realmente impaciente por ponerse en marcha cuanto antes.

Bueno, antes quiero que me pongáis al corriente de lo sucedido y en segundo lugar, lo siento Mickie, pero esta vez te quiero aquí. – Dijo el Doctor mientras se dirigía hacia el interior de Torchwood.

¿Cómo? No vas a dejarme en tierra, no cuando Rose está en peligro. – Dijo el chico enfadado. – Ella jamás me abandonaría a mi, no voy a dejarla tirada.

Creo que los que se la llevaron son tipos peligrosos, es posible…

¿Más que los Daleks y los Cibermen juntos? Vamos Doctor, ya hemos pasado por esto y por mucho que intentes meterme miedo no voy a cambiar de opinión. Si vosotros vais a salvar a Rose, entonces yo también voy.

El Doctor abrió la boca para decir algo, pero la mano de Jack sobre su hombro le detuvo. – Creo que el chico tiene razón después de todo. Además no sabemos a que nos estamos enfrentando y toda ayuda es poca.

Muy bien, pero si acabas metido en la cloaca de la nave, dile al capitán que vaya a por ti. – Mickie y Jack lo miraron sin saber que responder. – Vale, ¿Qué sabemos sobre esos tipos?

El Doctor comenzó a caminar pasillo adelante, mientras que Mickie y Jack le siguieron y le observaban como estudiaba las instalaciones. Con las manos en los bolsillos y deambulando se iba formando en su cabeza la mejor manera de llevar a cabo el rescate de Rose. Le gustaba conocer todo lo que ocurría o había ocurrido con anterioridad, por si algo tenía relación con el secuestro de Rose. Mientras observaba a la gente trabajando por allí, iba haciendo continuas preguntas sobre lo que le resulta nuevo o extraño.

En ese momento sonó el teléfono de Mickie – Es Jackie, creo que será mejor que conteste – dijo Mickie y se alejó un poco. – Hola Jackie – Contestó muy serio. Y empezó a contestar a las preguntas que ella le hacía cada vez más nerviosa.

No, no sabemos nada todavía.

¿Y que hay de él, ha llegado ya?

Si, está aquí. – Dijo mirando hacía el Doctor. – Acaban de llegar. – Miró también a Jack.

¿Acaban, es que acaso el Doctor ha encontrado a alguien nuevo para sustituir a Rose? ¿Cómo ha sido capaz? Después de todo lo que ella hizo por él.

Es Jack, el capitán Harkness, le conociste el otro día.

Vale, bueno, voy para allá.

Después de un pequeño silencio contestó: - Muy bien, aquí estaremos. Colgó, miró hacia el Doctor y con una sonrisa cómplice dijo: - Viene hacía aquí.

Jack también miró a su alrededor. La única vez que había estado en Torchwood Uno, el lugar estaba completamente destrozado, tras la batalla de Canary Wharf. Allí tan sólo quedaban restos de lo que debía haber sido un centro de ingestación al máximo nivel.

Ahora, mientras recorrían los pasillos de esa realidad alternativa a la que él conocía, se podía hacer una idea de cómo había sido aquel lugar que en poco menos de doce horas quedó reducido a escombros.

La gente se movía por los pasillos con rapidez, hablando sobre los nuevos prototipos que habían sido desarrollados a partir de tecnología extraterrestre y nadie se había fijado en su presencia y en la de Doctor.

Sin embargo, al fondo del pasillo lo vio, ahí parado, mirándole con la misma expresión curiosa que tanto le gustaba en su realidad. Al fin y al cabo parecía el mismo Ianto Jones que él conocía. Le hizo un gesto para que se acercara, ¿Cómo iba a perder la oportunidad de tenerlo cerca otra vez?

Capitán, pensé que no volvería a verle. – Le dijo Ianto visiblemente nervioso.

Tenía algunas cosas pendientes por aquí. – Contestó el capitán con una encantadora sonrisa.

¿Algunas cosas pendientes? – Preguntó el joven agente con curiosidad y cierta picardía escondida tras un aspecto tímido.

De repente Jack sintió como si un rayo lo fulminara y cayó al suelo. Apenas podía respirar, cada segundo era un cúmulo de pensamientos que no le pertenecían. Se sentía como si tuviera en la cabeza una enorme radio recibiendo señales sin sentido.

Capitán ¿Se encuentra bien? – Preguntó Ianto, visiblemente asustado.

Jack no dijo nada, estaba demasiado concentrado en respirar y en separar cada una de las palabras que se agolpaban en su mente. Entonces la escuchó, la voz sonó tan fuerte, que el resto de pensamientos parecieron desaparecer.

"Doctor." Repetía una y otra vez la voz. Una voz que Jack conocía muy bien, desde que había sentido por última vez a Rose, había esperado una nueva señal de que todavía había esperanza de recuperarla, pero nunca hubiera pensado en algo tan fuerte como eso.

Doctor. – Dijo el capitán tan débilmente que tan sólo Ianto pudo escucharle. El joven agente estaba a su lado y cuando Jack intentó levantarse y no lo consiguió, dejó que se apoyara sobre él. – Doctor.

¡Doctor, el capitán le necesita!. – Gritó Ianto. El Doctor se dio la vuelta y al ver a Jack en el suelo, acudió rápidamente.

¿Qué ocurre? – Le preguntó a su amigo.

No lo se, todo es muy confuso… pero es Rose… otra vez.

¿Rose?

Si, la siento, no se como, pero se lo que siente y… - Jack se quedó callado con la mirada perdida. Un momento más tarde miró al Doctor y le agarró el brazo. – Te quiero.

¿QUE? – El Doctor intentó separarse de Jack, pero el capitán lo sujetó con fuerza. – Jack, creo que esos pensamientos…

No… no lo entiendes. – Continuó Jack. Dejó de hablar un momento. Tantas veces deseando decir esas dos palabras y había tenido que ser Rose la que le obligara a decirlo, cuando ni siquiera quería hacerlo él, porque sabía muy bien que jamás iba a ser correspondido.

Jack ¿Qué estás diciendo? No es el mejor momento para entrar en esos temas que tu y yo sabemos muy bien no…

Doctor… escúchame, cállate y escúchame. – El Doctor lo miró sin comprender de que estaba hablando, mientras Ianto comenzó a preguntarse como podía terminar enamorándose siempre de las personas más extrañas. – No soy yo… se trata de Rose.

Rose, ¿Qué pasa con Rose, Jack?

Ella te quiere, es ella la que te quiere. Está pensando en ti… le están haciendo daño y no deja de pensar en ti. Te quiere… maldita sea y está esperándote. – El dolor volvió a ser tan intenso que le obligó a dejar de hablar y a concentrarse en respirar.

Ianto lo abrazó, sin saber exactamente lo que hacer, tan sólo quería que el capitán se sintiera bien o al menos lo intentaba. Entonces Jack cogió su mano y el joven agente, sintió una corriente eléctrica recorriendo su cuerpo.

Te necesita Doctor, las dos… te necesitan. - Dijo finalmente Jack con dificultad.

¿Las… dos? – Preguntó el Doctor, sintiendo algo extraño en su interior, como si lo que acababa de decir Jack significara demasiado, tanto que le daba miedo pensar lo que aquello podía implicar. Sin embargo, no tenía tiempo para tantas explicaciones, ya habría tiempo para hablar cuando hubiera recuperado a Rose. - ¿Dónde está?

No lo se… está oscuro, no puede ver nada, pero está segura que es una nave.

¿Una nave? Genial. – Dijo el Doctor casi con alegría. Jack tan sólo lo miró sorprendido.

¿No te das cuenta? Si Rose está en una nave, eso quiere decir que podemos rastrearla. Rose sigue teniendo el vortex en su interior, por lo que a la TARDIS no le será difícil dar con ella.

Entonces será mejor que nos demos prisa… porque ya vienen a por ella otra vez… no sabe cuanto tiempo aguantará. – La expresión del Doctor cambió en ese mismo momento.

Hasta ese instante, el Doctor sabía que había sido secuestrada, aunque no supiera el motivo, pero ahora también sabía que la estaban torturando. Lo estaba pasando mal y él todavía no había hecho nada por ayudarla.

Ya la había perdido una vez, no podía dejar que eso ocurriera otra vez. Sin embargo, sin decir nada, el Doctor se preguntó si Rose podría perdonarle alguna vez por todo lo que había sufrido por su culpa o si él mismo podría perdonarse en algún momento. Entonces volvió a fijarse en Jack, parecía más relajado, agotado pero tranquilo por fin.

¿Y bien? – Preguntó el Doctor.

Se ha ido. Ya no siento a Rose. Lo siento. – Los dos amigos se miraron un momento y sin decir nada comprendieron perfectamente lo que el otro sentía en ese momento. El Doctor se alejó de Jack, necesitaba tiempo para pensar y se dirigió a la TARDIS seguido de Mickie.

Entonces ¿Se encuentra bien? – Le preguntó Ianto al capitán, al ver que Jack comenzaba a ponerse en pie lentamente.

Si, estaré bien en seguida. – Ianto no pudo evitar ayudarle, sobretodo porque estaba deseando hacerlo, cualquier cosa por estar cerca del capitán.

Todavía no me ha contestado. – Dijo Ianto sonriéndole. - ¿Cuáles son esas cosas pendientes? – Terminó preguntando, esperando que él fuera parte de esos asuntos pendientes.

Jack no llegó a contestar, pues en ese momento un zumbido sonó en mitad del pasillo.

El Doctor y Mickie, al igual que él y Ianto, esperaron para ver lo que ocurría y de repente una fuerte luz lo iluminó todo.

¿Qué es eso? – Preguntó Mickie, poniendo voz a lo que estaban pensando todos. Pero nadie tuvo tiempo de decir nada, pues de improviso dos disparos salieron de la luz, dejando varios heridos, justo antes de aparecer varios enormes seres que ninguno de los presentes había visto nunca.

El Doctor y Mickie se refugiaron al dar la vuelta a la esquina, mientras el Doctor buscaba el destornillador sónico en el bolsillo de la chaqueta.

¡Capitán! – Gritó el Doctor.

Estoy bien, ¿que demonios son esas cosas? ¿De donde han salido, de la casa del terror?

Las criaturas dijeron algo, pero con el griterío de la gente que se movía por todas partes no pudieron escucharles. Unos, dirigidos por el que parecía ser el líder se dirigieron hacia el Doctor y Mickie.

¿Qué hacemos Doctor? - Dijo el chico alterado. - ¿Crees que esas cosas son las que se han llevado a Rose? ¿Crees que han venido a por nosotros? Doctor…

Mickie, si quieres hacer algo útil, cállate. – Los tres seres que iban hacia ellos se detuvieron al ver al Doctor. – Vale, creo que no está bien irrumpir en casa ajena y mucho menos disparando sin tan siquiera presentarse. Por cierto soy el Doctor y creo estar bastante seguro que he visto a tipos como vosotros alguna vez. Altos, con malos humos, bastante violentos y si no me equivoco, muy poco amigos del agua de la tierra.

Con un rápido movimiento, enfocó el destornillador sónico hacia los antiincendios del techo y en menos de un segundo el agua cayó encima de las criaturas. Los seres comenzaron a gritar mientras se retorcían de dolor. Uno de ellos salió corriendo con sus últimos esfuerzos, mientras los otros se iban consumiendo hasta morir.

Como siempre has salvado la situación. Decías que no los conocías. – Dijo Mickie, sin quitar la vista de encima de lo que quedaba de los cuerpos.

No los conocía, había oído hablar de ellos. Tenía que probar.

Al mismo tiempo otras dos criaturas se fueron acercando a Jack y Ianto. De forma inconsciente, Jack colocó a Ianto detrás de él, como siempre había hecho, quería protegerle. Una de las criaturas levantó su arma y fue a dispararle, pero el capitán fue más rápido y le disparó dos veces en el pecho, de forma certera, con lo que el ser cayó muerto al suelo de manera fulminante.

Sin embargo, Jack todavía un poco débil no vio al otro ser sacar su arma y apuntarle. Todo pasó muy rápido y cuando quiso darse cuenta alguien le había tirado al suelo, el disparo pasó rozando por encima de su cabeza y en un último intento por matar a la criatura le disparó, alcanzándole en la pierna, dejándolo malherido.

Ianto había visto que la criatura apuntaba a Jack y no dudo en salvarle la vida, no sabía lo que era, pero una sensación que nunca había sentido le obligaba a estar a su lado pasara lo que pasara. Nunca había estado verdaderamente atraído por un hombre, pero cuando estaba cerca del capitán, el corazón le latía a cien por hora, no era capaz de pronunciar dos palabras seguidas sin tartamudear y sobretodo, estaba dispuesto a morir por él.

Jack sonrió al mirar a Ianto a los ojos. El capitán había caído sobre Ianto, no se podía creer que los sentimientos por aquel joven estuvieran en las dos realidades. Ninguno de los dos dijo nada durante un segundo, tan sólo se miraron. Ianto no sabía que hacer, pero se quedó ahí, hipnotizado por la mirada de Jack.

Vaya, mira lo que me he encontrado, mi propio caballero andante, justo como a mi me gusta. – El capitán acarició la mejilla de Ianto y este trató de hablar, pero los nervios no le dejaron hacerlo. – Me has salvado la vida. Ese disparo te podría haber dado a ti.

No pensé en ello… yo sólo quería… no se, te vi en problemas y quise ayudarte. La verdad…

No te preocupes, está bien. – Jack no le dejó seguir hablando, había deseado besarle desde que lo había visto la primera vez y no iba a dejar escapar aquella oportunidad, por ello, cerró los labios de Ianto con los suyos, tal y como había hecho cientos de veces.

El Doctor le dijo a Mickie que encerrara a la criatura a la que el capitán había dejado malherida, ahora al menos tenía alguien a quien sacarle la información sobre el paradero de Rose y desde luego no iba a detenerse hasta que la hubiera conseguido, sin importar el coste.

Jack, ¿Qué tal si dejas tus aventuras para más tarde? Tenemos a un tipo con el que me gustaría hablar.

Jack se levantó, ayudando a Ianto a hacerlo después y por un segundo se quedaron ahí. Tal vez fuera la última vez que se vieran, tal vez no hubiera ningún Jack Harkness en aquella realidad o no estuviera en la Tierra, pero al menos ese beso haría que Ianto no lo olvidara nunca.

El capitán se despidió de Ianto con una caricia y siguió al Doctor, pero antes de perderse por el pasillo se dio la vuelta y le dijo a Ianto que todavía estaba ahí de pie mirándole.

- Tal vez volvamos a vernos. Puedes buscarme en Torchwood. Tres en Cardiff. Por cierto, puedes conquistarme con un expresso.