El Doctor lleva dos horas interrogando al prisionero y no había conseguido sacar ningún tipo de información. Era un tipo muy duro, un auténtico soldado y estaba instruido para pasar por duras pruebas. Habían intentado convencerlo con buenas maneras pero al final el Doctor, cansado de no conseguir nada, decidió tomar otro camino.

Jack – Dijo el Doctor – Creo que puedes intentar otros métodos, no me gusta lo que puedes tener en mente pero no veo otra solución. Yo no he conseguido absolutamente nada.

Muy bien Doctor, dame una hora y tendremos la información necesaria. – Dijo Jack empezando la remangarse la camisa.

Jack – El Doctor le cogió del brazo y mirándole a los ojos – No tengas problema en utilizar los medios necesarios. – Le dijo mientras miraba hacia el alienígena. – No sabemos que le estarán haciendo a Rose y deben pagar muy caro todo el daño que le hayan causado.

De acuerdo, déjalo en mis manos – Dijo el Capitán cerrando la puerta de la celda tras de sí.

El Doctor estaba realmente agotado, pocas veces se sentía tan hundido como entonces. Sólo de pensar en las penurias por las que estaría pasando Rose, se le revolvían las tripas. En esos momentos su sed de venganza estaba totalmente descontrolada y se sentía capaz de cualquier cosa. Pero decidió que debía descansar un rato y se dirigió hacía la cantina para comer algo.

La cafetería estaba casi desierta, excepto por un par de personas que estaban sentadas en la parte más alejada de la sala. Realmente no tenía hambre pero decidió tomar un café, necesitaba mantener la mente despejada en todo momento, por si Jack conseguía finalmente la información que necesitaban. Con el vaso que había sacado de la máquina del café se sentó en una mesa junto a la ventana.

Hacía un día muy bonito y había música de fondo que llenaba muy suavemente la habitación; pero al Doctor le daba igual; poco le importaba si el sol brillaba en el exterior y si la gente era realmente feliz. Su mente estaba puesta en Rose, en su sonrisa, en sus ojos marrones, mirándole directamente y pidiéndole ayuda… Todo para él en ese momento era Rose, lo demás no importaba

Al principio no prestó atención a la música que estaba sonando en la radio, pero poco a poco se dejó envolver por la melodiosa canción que estaba sonando en ese momento.

"Quédate conmigo. No te vayas.Por que no puedo estar sin ti. Solo quédate conmigo. Y quédate cerca porque he construido mi mundo a tu alrededor. Y no quiero saber como es vivir sin ti. Así que quédate conmigo. Solo quédate conmigo."

El Doctor sintió un dolor extremadamente intenso en su corazón. Sentía como si esas palabras las estuviera diciendo Rose directamente, como en las carta que le iba enviado a través del vortex. Sin darse cuenta una lágrima resbaló por su mejilla cayéndole a la mano. Y entonces recordó el triste recuerdo del día que tuvieron que separarse en la playa de Bad Wolf.

"Quédate conmigo. No te vayas. Por que no puedo estar sin ti. Solo quédate conmigo. Y quédate cerca porque he construido mi mundo a tu alrededor. Y no quiero saber como es sin ti. Así que quédate conmigo. Solo quédate conmigo."

La canción seguía sonando, él no pudo soportarlo y se fue a dar un paseo. Había pasado por muchas cosas, la destrucción de su planeta, la perdida de su familia. Se había enfrentando en numerosas ocasiones contra los Daleks, los Cybermen, los Slitheen, y muchos más de los que había perdido la cuenta.

También había tenido varias relaciones, algunas serias, otras habían sido simples compañeros de viaje; pero en esta ocasión; pensando en Rose, era muy diferente. Nunca había sentido algo tan profundo por alguien. Si, había encontrado alguna compañera realmente especial como para estar dispuesto a tener hijos y formar una familia, pero realmente en sus más de novecientos años nunca una mujer había significado tanto para él.

Cuando encontró a Rose y la fue conociendo, poco a poco se dio cuenta que esa chica era una persona especial y diferente. Le enseñó a disfrutar de la vida, le hizo comprender que las cosas se podías hacer de otra manera. Con su compasión y su gran corazón, se entregó a él sin importarle nada, la total y completa renuncia a su familia, a sus amigos, nunca nadie había echo eso por él.

Ni siquiera Martha, ni Jack, dos personas a las que tenía mucho cariño habían conseguido llegar a tocarle el corazón como lo había conseguido Rose. Sabía que tanto Martha como Jack se habían enamorado de él; pero no podía corresponderles y se arrepentía del daño que les había causado.

Martha había llegado en un mal momento, aunque por mucho que lo hubiera intentado, el Doctor sabía que su relación era imposible, no sólo se trataba de Rose, de haberla perdido, había algo más, algo que el Doctor no sabía como explicar, algo que hacía imposible su relación.

En cuanto a Jack, el Doctor sonrió, pensando en su amigo. Había conocido pocas personas como él, tenía algo especial, además de no poder morir nunca. Sabía que era especial desde la primera vez que lo había visto, por mucho que tratara de un timador por aquel entonces. Tal vez fuera su sonrisa, su carisma o lo rápido que había sido capaz de arriesgar su vida por salvarlos a ellos. Pero Jack era realmente especial, aunque no tanto como para que el Doctor perdiera la cabeza por él.

De todas formas, estaba muy agradecido por poder tenerlos como amigos y sabía que podía contar con ellos eternamente, tanto como para pedirle a Jack que sacara lo peor de si mismo.

Entonces se dio cuenta del error que había cometido. Jack lo haría, de eso no le cabía la menor duda, iría al mismo infierno si el Doctor se lo pudiera y justo ahí es donde lo había enviado, sin pensar en las consecuencias.

No sabía cuanto tiempo había estado paseando pero al llegar a Piccadilly, cuando en un cartel luminoso aparecieron unas letras enormes: - "Doctor sálvame" - No entendía como habían aparecido esas palabras de la nada pero comprendió que tenía que tomar una decisión. Volvió a Torchwood dispuesto a recuperar a Rose. No dejaría que nada ni nadie les volviera a separar de nuevo. Jamás.

Cuando llegó a Torchwood se dirigió directamente a las celdas. Allí se dio cuenta que Jack había utilizado unos métodos muy drásticos, que no había visto hacía mucho tiempo. Se detuvo en seco ante la visión y por un momento creyó que iba a vomitar.

Jack se lo quedó mirando, tenía la camisa cubierta de un líquido viscoso que debía ser la sangre de aquellas criaturas. En la mano tenía un cuchillo, aunque su color era ya indescriptible. Sin embargo, por mucho empeño que había puesto en sus prácticas con el alienígena, tampoco habían conseguido la información. El prisionero había perdido el conocimiento y Jack estaba intentando reanimarlo. Cuando el Doctor entró en la celda se quedó impresionado por el aspecto del alienígena.

Jack, ¿Que ha ocurrido? – Dijo mirando hacía la pared que estaba también cubierta por un líquido viscoso y negro. La expresión de Jack se parecía poco a la que el Doctor conocía, y mezclado con el sudor que corría por su rostro y cuello y la suciedad que apelmazaba su camisa, le daba un aspecto tremendamente fiero y amenazador.

Parece que nuestro amigo es un tipo duro. No he conseguido sacarle nada. – Le dijo mientras se limpiaba las manos con un trapo y lo tiraba al suelo. – Creo que necesito un descanso y después puedo seguir trabajando con él, creo que todavía aguantará una ronda más.

No Jack, creo que ya es suficiente – Dijo el Doctor con decisión.

Pero… no podemos rendirnos ahora. No puede aguantar mucho más. Es cuestión de tiempo. – Jack estaba perplejo por el comportamiento del Doctor. – Tu mismo me ha dicho que usara todo lo necesario para sacarle la información, no me digas ahora que sientes pena por esa cosa.

Es posible, no lo se, pero creo que tenemos que cambiar de táctica – El Doctor se puso las gafas y se acercó a mirar al prisionero.

No puedo creer lo que estas diciendo. – En ese momento el alienígena se despertó y Jack se volvió dispuesto a continuar con su trabajo. Pero el Doctor le sujetó el brazo impidiéndole coger un pequeño aparato, que al estar conectado a la corriente, expulsaba unas diminutas chispas azules, Jack se revolvió y consiguió soltarse de la fuerte presión.

Vamos Jack, ya es suficiente, déjalo. – Dijo el Doctor intentando contenerle.

Como puedes decir eso. Acaso no sabes el daño que le están causando a Rose, ¿Es que acaso no te importa? – Jack sabía el dolor que esas palabras le iban a causar al Doctor pero no le importó, si él no era capaz de terminar el trabajo, Jack estaba dispuesto a volver a mancharse las manos; lo había visto demasiadas veces y aunque no se sentía orgulloso de ello, no era la primera vez que desarrollaba sus tácticas de tortura.

El Doctor se dio la vuelta y cogiendo a Jack por la camisa le empujó contra la pared tan fuerte que un ligero quejido salió de su garganta mientras el Doctor le decía:

¿Crees que esto es lo que querría Rose? ¿Piensas que ella disfrutaría lastimando a un ser vivo? No me puedo ni imaginar el sufrimiento por el que estará pasando, pero no quiero mirarle a los ojos cuando la recuperemos y tener que contarle lo que hicimos para dar con ella. ¿Estás dispuesto a hacerlo tú y que odie siempre por ello?

Justo en ese momento apareció en la puerta Ianto que acababa de oír la conversación y miró fijamente a Jack durante unos segundos. El capitán pudo leer en sus ojos la terrible inquietud que despertó en el chico. Ianto no podía creer lo que estaba viendo, nunca se había enfrentado a una situación parecida, toda aquella sangre por las paredes, el prisionero, que parecía estar a punto de morir y Jack, cubierto de ese mismo líquido que apenas podía controlarse. Se había quedado sin palabras y dando media vuelta se marchó mientras oía como el capitán le llamaba.

Tras una corta carrera Jack consiguió alcanzarlo y cogiéndole del brazo lo empujó contra la pared.

Suéltame. – Ianto intentó liberarse del capitán pero Jack lo retuvo con firmeza.

Ianto, ¿Creo que te has llevado una mala impresión de mí? Yo no soy así. – Le dijo Jack apoyándose con las dos manos en la pared para impedir que pudiera escapar.

Entonces, ¿Qué tengo que pensar? – Le dijo Ianto mirándole seriamente a los ojos. - ¿Quién es usted en realidad? ¿El encantador Capitán que conocí hace poco o el sanguinario Capitán que he visto ahora?

Escucha, tú no sabes nada de mí. No sabes por todo lo que he tenido que pasar durante toda mi vida. – Sus ojos reflejaban una profunda tristeza a la que Ianto no pudo ser indiferente. - Perdí mi casa, mi familia y he visto cosas que te helarían la sangre. – Le dijo Jack que poco a poco fue suavizando su mirada. – No me gusta la violencia, pero cuando alguien hace daño a mis seres queridos, me vuelvo loco. Y Rose es una amiga a la que quiero mucho y tampoco me gusta ver como el Doctor está sufriendo porque no puede ayudarla. Él la ama con locura y hace tiempo que la perdió por culpa de tipos como ese que tenemos encerrado – Dijo señalando hacia la celda – Así que es posible que en estas circunstancias tengamos que hacer alguna excepción. – Jack se acercó lentamente y con una calida voz le dijo: - Pero he vivido mucho, más de lo que te podrías imaginar y he visto por que merece la pena seguir luchando. La gente se merece una oportunidad sin seres de otro planeta. ¿Crees que podrías darme tu una segunda oportunidad? Porque cuando te miro, cuando he encontrado tus ojos ahí parado en la puerta, he sentido que la rabia desaparecía. Tú me haces demasiado bien Ianto Jones. Siempre lo has hecho.

Capitán, yo… - Ianto se estaba ruborizando -… lo siento, creo que, a lo mejor me he pasado. Tal vez me haya precipitado en mis…

Calla – le dijo Jack casi en el oído. – No digas nada más – Mientras le cogía la cara entre sus manos y le besaba suavemente. – Eres muy dulce mi querido Ianto – Terminó diciendo, mientras volvía a besarle con pasión mientras sus cuerpos se juntaban pareciendo uno.

Mientras tanto, en la celda el Doctor seguía intentando sacar información del alienígena. El prisionero totalmente consciente ya, no había dicho ni una sola palabra, el Doctor sabía que le estaba entendiendo perfectamente pero no había emitido ni un solo sonido.

Mickie y Alex llegaron al pasillo. Los dos estaban emocionados por la posibilidad de que el aparato que querían enseñarle al Doctor, pudiera ayudar a salvar a Rose. Los dos se detuvieron al ver a Jack al fondo, con Ianto. Mickie se quedó mirando a su amigo y le dijo un golpecito en el brazo.

Ya te lo dije, Jack es así, aunque jamás lo había visto tan encaprichado de alguien que no fuera el Doctor, claro. – Alex no dijo nada, tan sólo continuó andado hasta la celda en la que estaba el Doctor.

No pasa nada, además cuando todo esto acabe el capitán se irá. Tan sólo me parece muy atractivo, nada más. – Mickie miró a su amigo, pero no dijo nada.

Doctor – Le llamó Mickie desde la entrada.

¿Si? – Dijo volviéndose en dirección a la puerta. Cuando el Doctor lo vio, se dio cuenta que Mickie no estaba sólo, Alex estaba con él. Le recordaba bien, después de haberles ayudado a acabar con los cybermen, era un buen chico, no había vivido en el mejor momento, pero estaba seguro que las cosas le iban bien, pues era todo un luchador.

Creo que tenemos algo que puede interesarle. – Dijo Mickie, enseñándole un pequeño dispositivo, poco más grande que un reloj de muñeca, que llevaba en la mano

¿Qué es eso? – Acercándose hacia ellos se puso las gafas para observarlo más atentamente.

Es un sintonizador de ondas cerebrales. – Dijo Alex

¿Y como funciona?

Tiene un sistema que localiza la frecuencia de aquellos sujetos que emiten el mismo tipo de ondas. –Dijo Alex mirando hacia el prisionero – Desde hace un tiempo hemos estado utilizando tecnología alienígena para nuestros aparatos y sistemas y conseguimos crear esto – Continuó diciendo, mostrándole el aparato que llevamos en la mano. – Se coloca en el base craneal del sujeto y después el ordenador registra las ondas de su cerebro y nos lleva hasta otros de su especie, donde quiera que estén, en la Tierra o ha miles de kilómetros de distancia en el espacio exterior.

Interesante – Contestó el Doctor, con la mirada puesta en el pequeño aparato. – ¿Ya lo habéis probado?

Bueno, no fuera de las simulaciones. Hicimos pruebas con el ordenador y dio un resultado excelente pero hasta ahora no habíamos tenido la ocasión de probarlo con seres vivos. Así que no sé si funciona – Dijo Alex con cierta preocupación en la voz

Entonces, es hora de hacer la prueba – Dijo el Doctor mirando hacia el preso. – Mickie ¿Qué tal si me echas una mano como en los viejos tiempos?

Muy bien Doctor, como en los viejos tiempos. – Dijo Mickie, sonriendo al saber que todavía podía ser útil para el Doctor – Alex ayúdame y sujétale la cabeza – Los jóvenes se colocaron uno a cada lado del preso y sujetándole la cabeza fuertemente le colocaron el implante en la base del cráneo.

Todos contuvieron la respiración. Aunque ninguno había dicho nada, tanto como el Doctor como Mickie deseaban con todas sus fuerzas que aquello funcionara de verdad. De lo contrario, ninguno de los dos tenía, en ese momento, una idea mejor para encontrar a Rose. Pasados unos segundos el ordenador de Mickie empezó a emitir una débil señal y poco a poco fue cogiendo fuerza.

El Doctor se puso las gafas y junto los dos jóvenes se pusieron delante de la pantalla del ordenador conteniendo la respiración y observando la trayectoria de la señal. A los diez segundos alcanzó una velocidad increíble hasta llegar a su objetivo final.

¿Detrás de la luna? ¿Cómo es posible que no nos hallamos dado cuenta de su existencia hasta ahora?

Bueno, supongo que con un buen sistema de camuflaje y un distorsionador de ondas energéticas, no tiene porque ser muy difícil despistar a los aparatos más rudimentarios. – Los dos chicos lo miraron con seriedad. – Lo siento. ¿Has recogido las coordenadas de la nave? – Dijo el Doctor quitándose las gafas y guardándoselas en el bolsillo interior de su chaqueta.

Si, ya estoy las estoy enviado a la TARDIS. En cuestión de unos segundos tendrás todos los datos en tu ordenador. – Dijo Mickie – Creo que ya podemos salir.

Si, ¿Dónde esta Jack? – Dijo el Doctor mientas salía de la celda.

Doctor – Le llamó Alex. - ¿Qué hacemos con él? – Señaló hacia el alienígena.

Es vuestro. Ha atacado vuestras instalaciones. Torchwood sabrá lo que tiene que hace con él. – Dando media vuelta salió sin decir nada más.

Al salir al pasillo y dar la vuelta a una esquina encontró a Jack realmente muy ocupado con el joven que le había salvado la vida en el tiroteo. Se alegró por el Capitán, él si que sabía disfrutar y aprovechar de los buenos momentos. Pasó junto a ellos y siguió su camino. Le dejaría disfrutar antes de poner rumbo hacia la cara oculta de la luna.

El Doctor se dirigía hacia la TARDIS para hacer los preparativos y salir cuanto antes, cuando en ese momento entraba por la puerta Jackie con una niña en los brazos. Jackie entró precipitadamente y se detuvo de pronto frente al Doctor.

Doctor – y se abrazó a él – Menos mal que estas aquí. Estoy muy asustada y tengo mucho miedo por Rose. – Se echó a llorar, escondiendo el rostro contra el pecho del Doctor. – La vas a rescatar, ¿verdad?

Por supuesto Jackie. – El dijo el Doctor mostrando su mejor sonrisa. - Ven, vamos a tomar algo y charlamos un rato, así podrías contarme todo lo que ha ocurrido. – Le dijo el Doctor mirando a la pequeña atentamente.

¿Ha pasado mucho tiempo? Pensé que no volveríamos a verte. Yo le dije a Rose que tenía que dar contigo y contarte… bueno ya sabes, Rose siempre te ha necesitado y cuando te perdió dejó de ser la misma. – Dijo Jackie jugueteando con la taza de té.

Si, eso mismo creía yo. – El Doctor observaba a Jackie y pudo advertir las profundas huellas que la preocupación había dejado en su rostro. Parecía cansada y estaba algo ausente, pero el Doctor no dijo nada. - Pero las cosas han cambiado, cuando me enteré que Rose estaba en problemas no dudé en venir a ayudarle.

¿Dónde está Rose? ¿Quién se la ha llevado? ¿Por qué? ¿Para qué la quieren? Por favor dímelo, no tengo miedo a la verdad. – La mirada suplicante de Jackie le encogió el corazón al Doctor.

Está prisionera en una nave que está en el lado oculto de la luna. – Jackie apreció la tristeza que envolvía sus ojos. – Los Ricohraxus, son una raza alienígena que utiliza la energía del vortex para su nave. – El Doctor estuvo con la mirada perdida durante unos segundos. – Ha sido por mi culpa. Nunca debí implicar a Rose en mis viajes, solo le he causado pena y ahora está pasándolo mal por mi culpa. –

El Doctor estaba muy deprimido, no podía evitarlo, tenía amigos cerca, gente que quería ayudarle, que irían al fin del universo por él, pero aún así se sentía muy sólo. Nunca había tenido los sentimientos tan a flor de piel, tal vez había olvidado el dolor por haber pedido a toda la gente de su planeta, pero su mente tan sólo le decía una y otra vez que jamás había sentido nada parecido.

No, cariño. Tú has sido muy importante para ella, eres lo mejor que le ha pasado nunca y por eso te estoy muy agradecida. – Le dijo Jackie mientras le daba pequeñas palmaditas en la mano. - Nunca la vi tan feliz como cuando estaba contigo ¿Acaso nunca viste su rostro cuando hablaba de ti? Tendrías que verla cuando le cuenta a… cuando nos cuenta lo que todavía siente por ti. A pesar de que la echaba mucho de menos cuando estaba fuera, yo sé que tú la hacías inmensamente feliz. – Jackie se quedó mirando a la pequeña April, que estaba correteando por la cantina. – Y además tuvo alguien a quien entregarle todo su amor.

Es preciosa – El Doctor contempló a la pequeña, tenía tantas ganas de cogerla en brazos. Pero no lo hizo, pues entonces no sería capaz de dejarla marchar, no dejaría a su pequeña ahora que la acababa de encontrar. Si todo salía bien, ya tendría tiempo de disfrutar de April, "Un nombre maravilloso." Pensó el Doctor, cuando los tres estuvieran juntos, podría volver a tener una familia de verdad, la misma que hacía siglos que había perdido. Rose y April estarían con él y por fin volvería a ser completamente feliz. – Se parece mucho a Rose - Sabía la verdad en lo más profundo de su corazón. Tenía la misma alegría y los ojos de Rose.

Si, es un encanto y tan lista como su padre. Es una pena que no haya podido estar más por aquí, últimamente. – Dijo Jackie sintiéndose muy orgullosa.

La he echado tanto de menos, desde que la perdí. Cuando empezaron a llegarme sus cartas sentía a Rose más cerca. Ha mantenido vivo mi amor por ella y por mucho tiempo que pase no creo que ninguna otra persona pueda ocupar su lugar. - Dijo el Doctor mirando a Jackie – No te voy a engañar, poco tiempo después de perder a Rose conocí a alguien, Martha, una buena chica, pero le hice daño. Martha se sintió atraída por mi pero, para cuando me di cuenta ya era demasiado tarde y yo no pude corresponderle; tenía muy presente a Rose en mi corazón, además con la llegada de las cartas ella comprendió que no tenía otra opción que marcharse. – La confesión del Doctor no sorprendió a Jackie pero dándole un apretón en el brazo agradeció su sinceridad.

Doctor, siento interrumpir – Justo en ese momento apareció Jack en la cantina – Tenemos todo listo para salir. Creo que ha llegado el momento.

Bien – Dijo levantándose, después se acercó a Jackie - La traeré de vuelta, te lo prometo – Y le dio un fuerte abrazo. En ese momento la niña se había acercado hasta la mesa, Jackie la cogió en brazos, el Doctor le hizo una caricia y al verla sonreír, sintió que una luz se encendía en su corazón. – Cuida bien de ella. – Jackie asintió con la cabeza.

Confío en ti. – Ella estaba segura que el Doctor regresaría con Rose. - Estaremos aquí a vuestro regreso.

El Doctor, Jack y Mickie se dirigían hacía la TARDIS, cuando de pronto una voz les detuvo justo en la puerta. Jack se dio la vuelta, porque había reconocido la dulce voz de Ianto.

Capitán, me gustaría ir con vosotros. – El joven agente apareció preparado con una mochila a su espalda. – Creo que podría seros de utilidad. Tengo un buen conocimiento de sistemas operativos.

Creo que es mejor que no vengas – Jack se acercó al muchacho y pudo ver la decepción en sus ojos.

Pero, estoy seguro que te sería de ayuda o… - Jack le interrumpió poniéndole la mano sobre el hombro.

Te agradezco tu interés pero esta es una misión muy peligrosa y no quiero que te ocurra nada. – Le dijo Jack acariciándole la mejilla. – Espérame, cuando vuelva tenemos que hablar. – Ianto aceptó sin poner objeciones, aunque su mirada triste no decía lo mismo.

Perdón, capitán – le interrumpió Alex, que apareció corriendo por el final de pasillo – ¿Hay sitio para uno más? Ya me he enfrentado a situaciones parecidas. El Doctor lo sabe muy bien cuando eliminamos a la cybermen. – Dijo mirando al Doctor.

Está bien, creo que nos puede ser de utilidad. – El Doctor estaba empezando a impacientarse. – Venga, Vámonos ya. – Y juntos se dirigieron por fin hacia la TARDIS

¿Que estas haciendo? – Le dijo Mickie a Alex en voz baja para que nadie le oyera mientras seguían los pasos del Doctor y Jack.

Bueno – Dijo mirando hacia el capitán – No dije que no me gusta el capitán, ya se que tarde o temprano se marchara, pero tal vez a la vuelta… – Dijo Alex sonriendo, sin quitar la mirada de encima del trasero de Jack.

¿Se puede saber que le veis a ese tipo? Si, es guapo, tiene una sonrisa encantadora pero sigue siendo un soso. – Dijo Mickie echándole un brazo por los hombros.

Y por cierto, no soy soso y mucho menos en la intimidad. – Dijo de repente Jack mientras se daba la vuelta. – Te lo puedo demostrar cuando quieras. – Mickie no dijo nada más. Mientras el capitán se reía el muchacho comenzó a sonrojarse avergonzado.

Jackie observó como se alejaban hacia la TARDIS y poco después con su característico sonido fue desapareciendo. Jackie besó a April y le dijo:

Ya veras que pronto vuelve tu mamá. El Doctor la traerá de vuelta porque él es tu papá.

Papi – Dijo la pequeña mirando hacia los hombres que se perdían de su vista. Después miró a Jackie y le dedicó una encantadora sonrisa, la misma sonrisa abierta y sincera del Doctor.