Ante los ojos de Rose aparecían imágenes, sombras del pasado, seres queridos que iban pasando ante su vista, oía sus risas, la están llamando y empezó a correr hacia ellos. Estiraba los brazos intentando alcanzarlos, sentía la necesidad de acariciarles, de sentirse amada, pero cuanto mas quería llegar hasta ellos más se alejaban.
Volvía a echarse a correr, una y otra vez, pero veía como se dibujaba un túnel que el final estaba cada vez más lejos. Corría y corría sin parar pero al final le fallaban las fuerzas, tropezaba pero enseguida se levanta, ella sabía que era una luchadora y continuaba corriendo pero era imposible alcanzarlos.
Estaba agotada, le faltaba el aire en los pulmones, el corazón le latía tan deprisa que creía que le iba a estallar. Pero cuando pensaba que estaba perdida una voz que conocía muy bien resonó en su cabeza.
Rose.- Repetía una y otra vez. – Rose, estoy contigo. Mi amor no pierdas la esperanza. – Después se perdía en la lejanía como un eco.
Doctor, ¡estás aquí! Sabía que no me dejarías sola. – Rose buscaba a su alrededor, dando vueltas persiguiendo el sonido de aquella voz tan amada.
Lucha, mantente con vida. – La suave voz del Doctor resonaba en su cabeza.
Cuando te fuiste, mi corazón se quedó contigo. – Gritaba al vacío que se llevaba sus palabras. Rose notaba como sus ojos se llenaban de lágrimas.
Tranquila, mi amor. Pronto estaremos juntos de nuevo. – Rose sintió que esas palabras llenas de amor le daban esperanzas.
¿Dónde estas? No puedo verte – Dijo Rose con desesperación en su voz. – Por favor, no me dejes, no te vayas. – En ese momento creyó verlo a lo lejos y echó a correr, pero solo era un espejismo. Después le pareció que lo veía en otra dirección y volvió a correr hacia él pero de nuevo solo fue una ilusión, continúo durante un rato hasta que comprendió que su mente le estaba engañando. - ¿Dónde estas, amor mío? – Se dejó caer de rodillas y empezó a golpear el suelo furiosa.
Abrió los ojos y descubrió que todo había sido un sueño, que nada había cambiado, que seguía atrapada en aquel siniestro, frío y solitario lugar. Entonces un sentimiento de terror la inundó de nuevo, la angustia empezó a recorrer su cuerpo pero entonces recordó las palabras del Doctor.
Pero ¿cómo es posible? – Se oyó decir así misma. - Solo ha sido un sueño, mi mente me estaba jugando una mala pasada. Tal vez… ¿y si es verdad que él ha conseguido llega hasta mí? - Entonces una duda empezó a formarse en su cerebro, algo en su interior le decía que aquello no podía ser real, aunque… - ¿Porqué no? - Tal vez él había conseguido comunicarse con ella, pero… era demasiado increíble. - No quiero rendirme – Se dijo Rose – No puedo dejar que me conviertan en un simple instrumento sin voluntad.
Notaba como ese pensamiento le llenaba de confianza, le daba esperanzas. Todo el dolor, todo el miedo no eran nada comparado con las ganas de vivir. Sabía que el cuerpo era frágil pero la mente era un instrumento poderoso para luchar. No tenía ninguna duda, él vendría a buscarla. Solo era cuestión de tiempo. Nada más. Cuestión de tiempo.
- o -
Después de localizar la nave alienígena y haber transferidos los datos necesario a la TARDIS, el viaje hasta su objetivo fue corto y fácil. Tras apagar los motores y dejar los controles en el modo de hibernación, pero preparados en estado de alerta para el caso que tuvieran que salir corriendo, el grupo de hombres, se encontraron al salir de la TARDIS, en una gran sala con muchos aparatos y artilugios que estaban amontonados como si hubieran sido dejados a su suerte.
Mickie, tú vienes conmigo – Dijo el Doctor mirando alrededor atento a cualquier ruido.
Como en los viejos tiempos – Dijo Mickie guiñándole un ojo a Alex, al comprender que su amigo iba ser el compañero de Jack. El chico sonrió devolviéndole el gesto.
Jack, tú ve con Alex hacia aquel lado. – Continuó diciendo el Doctor, señalando el pasillo que se perdía hacia la izquierda. – Nosotros iremos por el otro lado.
Doctor, será mejor que lleves este comunicador, si ocurre cualquier cosa, podré ir a rescatarte. – Le dijo Jack haciéndole entrega de un pequeño dispositivo – De esta forma estaremos en contacto todo el tiempo por si surge algún problema.
Bien pensado. ¿Dónde has conseguido esto? – Dijo el Doctor mirando el aparato y después se lo entrego a Mickie.
Me los dio Ianto, poco antes de salir. – Decía Jack mientras se colocaba el transmisor en la oreja.
¿Quién? – El Doctor no recordaba quien era ese joven.
El chico que me salvó la vida del ataque de los alienígenas. Ya sabes, con el que estuve en el pasillo, ya me entiendes… - Dijo Jack con una amplia sonrisa.
Ah! El joven que te salvó la vida. Entiendo. – Dijo mirando a Jack sin comprender como podía ligar con cualquier persona. – De acuerdo, todos sabemos lo que tenemos que hacer. Cada uno por su lado y si hay alguna novedad nos ponemos en contacto y… - Se detuvo un momento – si encontráis a Rose… -
No te preocupes Doctor, seguro que estará bien. – Jack le interrumpió impidiendo que el Doctor dijera lo que tenía en mente. Se dio la vuelta y haciendo un gesto le dijo a su nuevo compañero.- Vamos Alex, tenemos trabajo que hacer. - Y se alejaron por el pasillo.
Doctor, ¿todo saldrá bien, verdad? ¿La encontraremos… viva? – Dijo Mickie con un hilo de voz.
Por supuesto. Rose es fuerte, ya ha estado en peores situaciones y ha sabido salir adelante – La voz del Doctor, no le pareció a Mickie que sonora muy convincente, pero quería creer en sus palabras. Confiaba en él, siempre habido conseguido sacarles de todos los problemas en los que se habían metido. – Vayamos por allí, y Mickie ten cuidado, estos tipos son peligrosos.
Si, Doctor. – Mickie estaba asustado, pero solo con pensar en lo que le hubiera ocurrido a Rose, la chica de la que siempre estaría enamorado, aunque nunca tuviera la más mínima oportunidad desde que apareció el Doctor, el valor volvía a él.
Al principio llegó a odiarlo pero cuando comprendió que Rose estaba profundamente enamorada del Doctor, no le quedó más remedio que aceptarlo, porque siempre sería su más fiel amigo y estaría a su lado en cualquier circunstancia. Ahora ella le necesitaba, eso le daba ánimos y no podía fallarle.
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Jack y Alex estaban caminando por un largo pasillo cuando de pronto se detuvieron, un ruido les hizo ponerse en alerta, con las armas preparadas, estaban dispuestos a presentar batalla. Tras unos segundos de tensa espera, el ruido se fue alejando en dirección contraria.
En el corredor había varias puertas, probaron dos de ellas pero se encontraron que estaban cerradas, otras dos habitaciones estaban vacías, debían tratarse de simples almacenes y en la última descubrieron que era un arsenal, donde los alienígenas guardaban sus armas.
Jack cogió varios pequeños artefactos que parecían granadas y pensó que les podría servir en caso de necesidad, por si tenían que salir a toda prisa. Alex estaba estudiando un aparato cuadrado con una pantalla y cuando quiso darse cuenta, lo había encendido y descubrió que el artilugio emitía una serie de suaves pitidos. Por otro lado, en la pantalla aparecieron una serie de puntos luminosos que se movían.
Shhh. – Le dijo Jack acercándose al chico - ¿Qué demonios es eso? – Dijo mirando las señales que se reflejaban en el dispositivo.
Parece un receptor que recoge las señales de presencias cercanas.
¿A que distancia están estos puntos? – Dijo Jack señalando los diferentes signos de vida que se veían en la pantalla.
No lo se, no entiendo estos símbolos pero algunos creo que están relativamente cerca de nosotros.
Será mejor que sigamos buscando a Rose antes que nos encuentren. – Dijo Jack dirigiéndose a la puerta que tenía más cerca. – Pero llévate ese aparato, tal vez así la encontremos antes. Y ahora no hagas ruido. – Dijo mientras abría la puerta lentamente y asomaba la cabeza mirando hacia un lado y otro del pasillo. Después le hizo un gesto a Alex y continuaron su búsqueda.
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Mientras tanto el Doctor y Mickie tomaron el otro pasillo que les condujo, tras seguir por varios corredores hasta la sala de máquinas de la nave alienígena. El Doctor se puso a estudiar su funcionamiento e investigó el complejo sistema de sus motores. Mickie también estaba dando vueltas alrededor de las máquinas, observando todas luces y botones que había en un cuadro de mandos que parpadeaban luminosos.
Mickie, no toques ningún botón – Le dijo el Doctor – No sabemos como funcionan, podríamos dar la alarma y alertar de nuestra presencia.
Vale, vale, no tocaré ninguna tecla. – Dijo Mickie con cierto tono de reproche en su voz, aunque comprendió que el Doctor tenía razón. En ese momento Mickie recordó el fatídico día en que libero a los Daleks de su prisión y casi consiguió que invadieran todo el planeta. No podía dejar que les encontraran antes de saber donde estaba Rose.
Mickie, acércate por favor. – Dijo el Doctor muy entusiasmado y poniéndose las gafas se acercó hasta la consola de mandos – Hacía tiempo que no había visto este sistema de conductos y… observa esta pantalla – Mickie miró atentamente, pero no entendía nada de los extraños símbolos. – Aquí indica el tipo de combustible que están utilizando para su nave, pero no… no puede ser. – Le parecía increíble lo que las lecturas reflejaban.
¿Qué ocurre, Doctor? – Mickie se estaba poniendo nervioso
Utilizan el mismo tipo de energía que la TARDIS. – El Doctor se movía inquieto de una pantalla a otra estudiando los datos – Y durante el tiempo que llevan aquí, han estado haciendo recargas periódicas pero… no entiendo de donde sacan la energía, y ¿entonces para que quieren a Rose? Aunque… - El Doctor se quedó sorprendido por lo que se le acababa de ocurrir. – No, no es posible.
Aunque ¿que? – Dijo Mickie impaciente, esperando la respuesta del Doctor. - ¿El que no es posible? Vamos Doctor, estas empezando a asustarme.
Que los Ricohraxus han estado utilizando a Rose para reponer sus naves de combustibles. – Las manos del Doctor se tensaron sobre los controles y aunque no dijo nada, en ese momento le hubiera gustado ver aparecer a alguna de esas criaturas, para poder descargar todo el odio que estaba creciendo en su interior por lo que le estaban haciendo a Rose. – Y eso solo es posible por que cuando yo creí que le había quitado la energía del Vortex, realmente no conseguí absorberla del todo. Entonces los Ricohraxus detectaron que ella era portadora de esa energía que necesitan.
Pero, ¿Cómo? Yo he estado con Rose, durante estos dos años y no he visto nada extraño en ella, su comportamiento ha sido el mismo. Bueno, ha tenido momento muy malos y ha estado mucho tiempo deprimida, hace mucho tiempo que no la veo reír. Solo lo hace con… - Mickie se detuvo de pronto, comprendió que iba a decir lo que Rose había mantenido en secreto durante esos años. – Bueno solo en algunos momentos muy determinados. – El Doctor no dijo nada, se comportó como si no hubiera escuchado el último comentario de Mickie pero sabía perfectamente que se estaba refiriendo a April.
Tal vez Rose no era consciente de que tenía la energía del Vortex en su interior. – El Doctor miró a Mickie. - Durante estas últimas semanas, ella me ha estado escribiendo unas cartas que me iban llegando a la TARDIS a través del Vortex.
Ya lo sé, el capitán me contó algo del tema – Dijo Mickie con tristeza – ¿Y eso que tiene que ver con ella? No lo entiendo.
Cada vez que Rose me escribía una carta ponía en ella sus sentimientos y cuando se relajaba o cuando se iba a dormir, la energía que había generado a través de ellos salía de su cuerpo y venía directa hacia la TARDIS, donde ya la recibía. – Le explicó el Doctor mientras se le rasgaba la voz. Sintiéndose culpable por el dolor que le había causado todo ese tiempo a la mujer que amaba. – Bien – Dijo, a la vez que se quitaba las gafas y se dirigía hacia la puerta – Es hora que pongamos las cosas en su sitio y recuperemos a Rose. – La expresión de su cara reflejaba una furia que le era difícil de contener.
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Jack y Alex continuaron con su búsqueda y gracias al pequeño aparato que habían encontrado pudieron esquivar a diferentes grupos de soldados que pasaban haciendo su ronda.
Tras caminar durante unos minutos, sin que nadie se interpusiera en su camino, una puerta se abrió justo antes de que dieran la vuelta a una esquina y estuvieron a punto de tropezar con un guardia que se había quedado rezagado. Alex caminaba delante, con la vista puesta en el aparato, atento a las señales enemigas que pudieran aparecer en su camino.
Sin embargo, en el último instante Jack detuvo a Alex agarrándole de la cintura y al tirar del chico para alejarlo del peligro, lo atrajo hacia sí, quedando pegado a su cuerpo, tan cerca que el capitán estaba seguro que estaba escuchando el rápido latido de su corazón. Jack le tenía sujeto, con un brazo rodeando su cintura mientras con la otra mano le tapaba la boca. Todavía desconcertado y demasiado nervioso como para pensar con claridad, Alex sintió la boca de Jack junto a su oído susurrando muy bajito: – No hagas ningún ruido, hay un guardia a la vuelta de la esquina. - ¿Siempre había sonado así de sensual la voz del capitán?.
Empezó a faltarle el aire, respiraba de forma demasiado sonora y estaba seguro que Jack podía oírle. Jack lo miró mientras esperaba que el peligro pasara y sonrió en silencio. No había duda que Alex era un chico muy atractivo, notaba sus nervios, las manos aferrándose con fuerza a su brazo para no perder la serenidad y podría asegurar que se había ruborizado.
Si las cosas fueran de otro modo, si lo hubiera conocido antes, seguramente el capitán no habría tardado en conquistarlo, Alex lo estaba deseando. Pero todo había cambiado en la vida de Jack y aunque le había costado más de lo que pensaba, ya no podía negar que había conocido a la única persona a la que realmente quería conquistar.
Alex sintió que las piernas le temblaban como gelatina y tuvo que refirmarse en el cuerpo del capitán que le sujetaba con fuerza para impedirle caer al suelo. "Dios mío, que bien huele… ¿Por qué tiene que tener la mano ahí? No creo que me diga nada, no está interesado en mi, pero… seguro que me está mirando y no, no voy a darme la vuelta, no voy a mirarle, no voy a permitir que esto sea todavía más vergonzoso para mi."
Alex no se dio cuenta cuando pasó exactamente, pero cuando regresó a la realidad, Jack le había soltado y estaba a su lado, mirando al pasillo que tenían por delante.
Vamos, podemos seguir adelante, el pasillo está despejado. – Alex lo vio pasar a su lado y tras unos segundos en los que se detuvo a pensar en todo lo que había pasado, le siguió por el pasillo, sin dejar de mirarle.
Continuaron su camino, el chico seguía alterado por haber estado tan cerca del capitán, le parecía tan atractivo y estaba deseando poder estar a solas con él para demostrarle todo lo que era capaz de hacer.
Jack permaneció muy atento a las señales que recibía en el receptor, distinguió varios puntos de color azul que se iban alejando y aprovecharon para seguir con su búsqueda. Entonces Jack se percató de algo extraño que se reflejaba en la pantalla, una señal de distinto color que emitía una luz muy potente. Estaba inmóvil estudiando el camino más corto para llegar hasta la señal.
Alex – dijo Jack en un susurro. – tenemos que ir en esa dirección. – Señaló el corredor que giraba hacía la derecha. – Informa al Doctor que hemos encontrado algo extraño y que nos dirigimos hacía allí.
Claro. – El chico rápidamente contactó con Mickie a través del intercomunicador. – Hola, Mickie estamos siguiendo la pista de una señal. – Mientras Alex hablaba con su amigo, Jack estaba muy atento a las señales del transmisor y buscaba la manera de llegar al lugar indicado. - En cuanto hayamos localizado el lugar os pasaremos la información, tal vez el Doctor puede identificar de que se trata. Tened cuidado.
Tenemos que ir hacia aquella dirección – dijo Jack señalando hacia el otro extremo del corredor. – Hay que ir todo recto.
Continuaron la marcha, después de varias vueltas por los distintos corredores, intentando esquivar a las patrullas de alienígenas que vigilaban por la nave y evitar ser descubiertos. Al fin llegaron hasta el lugar donde la señal era más fuerte.
Hemos llegado – dijo Jack mostrándole a Alex la pantalla. – Informa al Doctor de nuestra posición.
Muy bien – Alex volvió a contactar con Mickie – Hemos encontrado el lugar con la fuente de energía. – Les pasó la información de cómo llegar al lugar que había descubierto y un momento más tarde, escuchó al fondo al Doctor decir algo en voz alta, con tono nervioso, pero no fue capaz de entenderlo.
Vamos Alex, ponte detrás de mí. – Dijo Jack guiñándole un ojo y haciéndole una señal de que no hiciera ruido. Desconocían lo que se iban a encontrar al otro lado de la puerta, tal vez había todo un escuadrón enemigo o simplemente se trataba de una habitación vacía, pero si algo tenía claro el capitán, era que morir, en su caso, no era un gran problema y aunque no quisiera reconocerlo, quería proteger al muchacho pues al fin y al cabo le había caído bien.
La puerta cedió sin hacer ningún ruido, Jack la empujó muy lentamente, revolver en mano. Al principio no pudieron distinguir nada. Para su sorpresa y cierto alivio, la sala estaba vacía excepto por un gran ordenador que estaba emitiendo pequeños pitidos y unas luces bailando en la consola. Jack y Alex se acercaron lentamente hasta los controles observando las lecturas de la pantalla.
Mira Jack esto se parece a aparato que hay en los hospitales que controlan el ritmo de corazón. – Dijo Alex señalando la primera pantalla que encontraron en la consola
Si, es cierto y esta… - Jack se aproximó a la siguiente –… esta registra las ondas del cerebro. En concreto las ondas cerebrales de un humano.
¿Eso quiere decir que están haciendo experimentos con seres humanos? – La voz de Alex sonó con un tono de repulsión.- Entonces… - Jack le interrumpió.
Esto quiere decir – Jack tragó saliva. - Que si Rose está aquí, tal vez la están utilizando para sus pruebas. – Los dos se quedaron sin palabras, no sabían que decir ante la idea que acababa de cruzar por sus cabezas.
Jack continuó investigando, mirando todos los ordenadores, todas las pantallas y las consolas que aparecían en su camino, pero nada le ayudaba realmente en su búsqueda. Empezaba a cansarse de no encontrar absolutamente nada, por lo que se sentó ante una de las consolas y empezó a teclear, tal vez pudiera encontrar donde tenían a Rose y sacarla cuanto antes.
Mientras tanto Alex estaba dando vueltas alrededor de la sala cuando algo llamó su atención. Un gran cristal que daba a una nueva habitación. Se acercó lentamente pero no pudo distinguir nada, la estancia estaba a oscuras pero colocando las manos sobre el cristal y haciendo una pantalla con ellas pudo distinguir que al otro lado había alguien.
Jack creo que he encontrado algo, pero no consigo distinguirlo, está demasiado oscuro. – Dijo Alex volviéndose hacía él.
¿Qué ocurre? – Dijo el capitán mientras se acercaba hasta el cristal.
No estoy seguro, pero creo que en esa otra habitación hay alguien. – En ese momento oyeron un lastimero quejido y alguien que lloraba con una gran angustia.
Entonces Jack sintió como si una fuerza invisible hubiera comenzado a presionarle el corazón y dejarle sin respiración. Los ojos se le inundaron de lágrimas y notó una gran tristeza que le estremecía todo el cuerpo. En ese momento comprendió que ella estaba muy cerca y como si flash hubiera venido a la mente, echó a correr hacia la puerta. Ni siquiera escuchó que Alex le estaba llamando a gritos, solo pensaba en que tenía que rescatar a Rose que estaba justo al otro lado del cristal.
Jack, sin pensar en el peligro, solo tenía en la mente el dolor que le estaba destrozando el corazón, en el aire que se escapaba de sus pulmones, en la angustia que le daba unas terribles ganas de llorar, si eso era lo que Rose le transmitía a él, no quería ni pensar en lo que estaba sintiendo de verdad ella.
Se dirigió rápidamente hacia la puerta más próxima y de pronto se encontró con algo que, en su larga vida no había visto, ni espera volver a ver. Se encontró con Rose desnuda, delgada, pálida y en ese momento sumida en un estado de semi-inconsciencia. Unos segundos después entró Alex y se detuvo, respirando entrecortadamente ante el espectáculo tan sobrecogedor.
Pero, ¿Qué es esto? – Alex no daba crédito a lo que estaba viendo.
Rápido tenemos que bajarla de ahí – Jack se acercó a Rose y empezó a hablarle suavemente, mientras le acariciaba el cabello con ternura.– Hola preciosa, soy Jack y hemos venido a sacarte de aquí.
¿Jack? – Dijo Rose con una voz apagada - ¿Quién eres? No te conozco. – Pese a que el estado de Rose era delicado, la chica intentó liberarse de las manos del capitán. No comprendía lo que estaba ocurriendo, o bien se trataba de un nuevo sueño o bien eran aquellas desagradables criaturas que volvían para hacerle alguno de sus horribles experimentos.
¿No te acuerdas de mí? – Jack continuaba hablando con ella. Intentaba calmarla, no hacía falta fijarse mucho para darse cuenta que lo que más necesitaba en ese momento era descansar y sobretodo tranquilidad.
Rose protestó, no podía liberarse, aquellas manos extrañas, seguían sobre su cuerpo. Se removió sin conseguir nada pues Jack no estaba dispuesto a soltarla, no ahora que la había encontrado. La quería, adoraba a esa chica como a su hermana pequeña, igual que aquel que había perdido siendo casi un niño. Rose era increíble y no iba a permitir que aquellas criaturas destrozaran su vida y haría todo lo que estuviera en su mano para llevarla con el Doctor.
La apretó cuidadosamente contra su cuerpo, Rose notó el latir del corazón del capitán y se sorprendió al descubrir que lo hacía de una forma muy rápida, acelerada incluso, Jack estaba nervioso, no sólo por lo que Rose le estaba transmitiendo sino por todo lo que estaba ocurriendo.
Vamos, Rose, no puedes hacerme esto, tienes que acordarte de mi. – La voz del capitán sonó más como una plegaria que otra cosa, pues no estaba dispuesto a perder a su amiga a manos de aquellos seres, que intentaban robarle sus recuerdos. Te rescaté cuando estabas a punto de caerte de un zeppeling en Londres en plena Segunda Guerra Mundial. - Rose le miró atentamente, pues hasta ese momento no había abierto todavía los ojos, mientras Jack la liberaba de sus ataduras por completo y con cuidado le cubría con su abrigo.
Si, creo que… - Dijo Rose en un susurro – Te recuerdo pero… tú me ayudaste con unos chicos que me querían quitar la bicicleta, entonces parecías mucho más alto.
Pero… - Jack sonrío con tristeza. – Eso ocurrió cuando tu tenías diez años y creo que te defendiste muy bien tu sola al enfrentarte aquellos matones, no puedo decir lo mismo de Mickie, escondido detrás de ti.
Jack… - Aquellas cuatro letras inundaron con fuerza el corazón del capitán.
Eso es, aguanta un poco más, además el Doctor te está esperando.
¿El Doctor… está aquí? – Rose intentó incorporarse pero estaba demasiado débil y ninguno de sus miembros reaccionó a su intento.
Si, en cuanto te encuentres un poco mejor, iremos a buscarle.
Se acurrucó por fin entre los brazos del capitán y este cerró el abrazo con toda la ternura y el cariño que pudo. Le besó la cabeza y vio que ella cerraba los ojos y comenzaba a respirar pausadamente.
