Tras separarse de Jack y Alex, tomaron diferentes caminos. El Doctor y Mickie se habían dirigido hacia el corredor de la derecha y fueron a para a la sala de máquinas, donde el Doctor estuvo trabajando, con la mente puesta en el dolor que le habían causado aquellas criaturas y lo que estaba dispuesto a hacer para que pagaran por ello.
Poco después de que Alex les hubiera puesto al corriente de las novedades y tras cortar la comunicación, Mickie se quedó callado sumergido en sus pensamientos y poniéndose cada vez más furioso, no sólo con las criaturas que habían secuestrado a Rose. Sólo tenía una cosa en la cabeza, Rose. ¿Cómo era posible que se hubiera visto metida en estos problemas?
Él siempre había soñado que acabaría formando una familia con ella, muchas veces había imaginado viéndose rodeado de niños, incluso había visto a sus nietos en sus sueños; pero nunca se pudo llegar a imaginar que llegaría un tipo de otro planeta a deshacer todos sus deseos.
Por eso al final no pudo contenerse más y le dijo al Doctor:
¿Por qué tuviste que invitarla a ir contigo? – Dijo con una voz profunda. – Siempre te estás metiendo en líos ¿Cuántas veces has estado a punto de morir? Nunca pensaste que algo de esto podía ocurrirle por tu culpa. ¿Por qué tuviste que volver a buscarla la primera vez que apareciste en lugar de marcharte como ibas a hacer en un primer momento?
El Doctor, que iba unos pasos por delante de él, se giró sorprendido pero al ver la expresión de dolor y enfado del chico, comprendió lo mal que se sentía Mickie en ese momento. Se quedó pensativo unos segundos pero al final decidió ser sincero con el chico por una vez.
Cuando la conocí me impresionó su energía, su entusiasmo por conocer cosas y descubrir otros mundos. Después me di cuenta que no podía estar sin ella…
Entonces, ¿Por qué no viniste a buscarla? La abandonaste y sólo le dejaste un holograma. – Dijo Micke interrumpiendo al Doctor – Si, si, ya se lo que dijiste. Que se podrían ver afectados los dos mundos y ¿Ahora? ¿Qué ha cambiado? ¿Ya no te importa alterarlos?
El Doctor no contestó y empezó a caminar por el pasillo. Realmente le molestaba que interfirieran en su vida privada, pero Mickie no iba a dejar las cosas así. Era muy cabezota y sabía como sacar de quicio al Doctor.
Vamos Doctor, siempre estás ocultando cosas. Ella era feliz antes de que tú aparecieras, pero lo cambiaste todo. Le abriste un mundo al que Rose no se pudo resistir. – Mickie corrió hasta alcanzarlo y le cogió del brazo para intentar que se detuviera. – Cuando la dejaste tirada en aquella playa casi se muere de pena. – Sabía que aquellas palabras iban a causar mucho daño, pero en el fondo se alegró, quería que él supiera por lo que estaba pasando.
Yo no la dejé tirada en la playa. – El Doctor se volvió y miró a Mickie con los ojos desorbitados y dijo casi en un susurro. – Aquello fue lo más doloroso que he tenido que hacer en toda mi vida. Tú sabes que intenté que se fuera pero siempre ha sido muy testaruda y cuando regresó a mi lado, creí que había encontrado a la mujer con la que deseaba pasar el resto de mi vida. Cuando eligió dejarlo todo, incluso a Jackie, para quedarse conmigo, me quedé sin palabras.
¿Por qué no la enviaste otra vez de vuelta?
Porque… - Al Doctor le daba miedo decir aquellas palabras que estaban profundamente enterradas en su corazón y que muy pocas veces había dicho. – Porque entonces comprendí que realmente estaba enamorado de ella.
Entones, si tanto la querías ¿Qué te importaba alterar los mundos si podías estar con ella? – Mickie no entendía su comportamiento.
Cuando casi es arrastrada por la brecha del Vortex y Pete apareció frenando su caída y se la llevó al otro lado, comprendí que era lo mejor para ella. Aquí podría llevar una vida normal, disfrutando del día a día. Tener una familia, encontrar el amor que ella tanto necesitaba. – El Doctor no pudo evitar sentir un nudo en su garganta, una fuerte presión en el pecho que le ahogaba y dándose la vuelta empezó a caminar. No quería que Mickie le viera destrozado, con los ojos inundados de lágrimas.
Por eso al no ir a buscarla, nunca supiste que habías tenido una hija. Una niña que yo he cuidado, como si fuera de mi propia sangre. – Al terminar de decir esas palabras Mickie comprendió que se había excedido. Qué se había dejado llevar por su enfado y por un momento temió la reacción del Doctor, pero le sorprendió su respuesta.
Mi hija, lo se. – El Doctor se detuvo y sin darse la vuelta le respondió – April, si supe que era mía nada más verla. Y puedo estar seguro que la has cuidado muy bien, que la quieres como tu propia hija.
Y ahora ¿Por qué has venido exactamente? – Mickie suavizó el tono de voz.
Porque pese a no querer reconocerlo cuando la tenía a mi lado y pese que entonces sentí por ella lo que no había sentido por nadie, cuando me quedé sólo, acepté que ella era lo único que quería, lo único que necesitaba. Porque cuando ella desapareció de mi vida, mi corazón destrozado no encontró consuelo, aunque me costó aceptarlo, terminé por darme cuenta que no volvería a ver su hermoso rostro, que las palabras que yo tanto necesitaba oír, ya no las escucharía de nuevo con su dulce voz. Creí que ella sería feliz aquí, no quería hacerle más daño apareciendo en su vida. Y entonces llegaron las cartas. - Tras unos segundos en completo silencio, el Doctor se giró hacía Mickie y con una suave voz le dijo – Gracias. Creo que necesitaba decir esto en voz alta para comprender realmente hasta que punto la quiero.
De nada – El chico entendió todo lo que significaban esas palabras pronunciadas por el Doctor. Jamás se le ocurrió pensar que llegaría el día en que el Doctor se sincerara con él.
Doctor, la han encontrado. – Dijo el chico con voz temblorosa, tras escuchar las noticias que acababa de darle Alex.
Durante un segundo que a Mickie le pareció eterno, el Doctor se quedó callado, con la mirada fija en el muchacho. Aquella frase todavía retumbaba en su mente, repitiéndose una y otra vez. "La ha encontrado." Había esperado tanto escuchar eso, que por un momento no se lo creyó.
¿Cómo se encuentra? – Dijo sin pensar, pues todavía no era capaz de pensar con claridad. La expresión de su cara reflejaba tanto la alegría como el miedo por saber lo que le había pasado, por saber lo que le habían hecho, por pensar en lo que le había podido ocurrir.
Alex ha dicho que estaba viva, pero muy débil. – Una profunda tristeza se dibujaba en la cara de Mickie. No podía imaginarse lo que había pasado la mujer de la que llevaba toda la vida enamorado.- Espero que se ponga bien, no se, Alex no parecía demasiado preocupado, pero supongo que el capitán y él no tendrán mucho tiempo para pensar con los soldados pisándoles los talones.
Pero, ¿por qué no me lo has dicho antes? – Dijo el Doctor absolutamente fuera de si.- ¿Tanto daño querías hacerme?
Mickie dudó un momento antes de contestar. Su primera idea fue decirle que si, que llevaba años enfadado con el Doctor por haberle robado a la mujer de su vida. Pero no lo hizo, no se lo merecía después de todo, si no fuera por él, Rose todavía seguiría cautiva.
Estaba muy cabreado contigo. Cuando tú apareciste, me cambiaste la vida, te llevaste lo que más quería y cuando la dejaste en aquella playa destrozada pensé que era mi oportunidad. Pero no pude hacerlo, ella no estaba preparada, la miraba a los ojos y sabía que tu seguías estando ahí. Poco después descubrió que estaba embarazada y todo fue totalmente diferente, menos una cosa, tu recuerdo. Desde entonces tan sólo vivía por April, siempre le está contado cosas sobre ti. Le contaba vuestras aventuras juntos y la cantidad de veces que salvaste el mundo, y sobretodo el gran día que derrotasteis los dos juntos a los daleks y a los cybermen. – El chico se quedó callado. Suspiró aliviado llevaba mucho tiempo queriendo decirle todo aquello al Doctor. – Tenía muchas ganas de poder decirte todo esto a la cara y… bueno ya está dicho.
El Doctor miró fijamente a Mickie pero no dijo nada.
Debemos seguir adelante – El Doctor muy serio se dio la vuelta y empezó a caminar por el pasillo hacia el siguiente cruce.
Mientras seguían la exploración, cada uno por su lado, sin dirigirse la palabra, observaron que algo extraño estaba pasando, la actividad de los guardias se vio alterada. Se ocultaron en el hueco de una puerta, justo en el último momento, mientras venían de frente hacia ellos, un numeroso grupo de alienígenas que pasaron de largo sin percatarse de su presencia.
¿Crees que el capitán tendrá algo que ver con este alboroto? – Dijo Mickie señalando en la dirección que había tomado el grupo de soldados.
No lo sé, pero será mejor seguirlos. Tal vez podamos averiguar que está pasando. – Le dijo el Doctor en un susurro y con un gesto de la mano le indicó que le siguiera sin hacer ruido.
- o -
Cuando Jack desató a Rose de sus ataduras, no supo que una alarma había sonado en la consola de mandos de Radnesk. Un escuadrón de soldados que se dirigían hacia la habitación donde estaban Jack, Alex y Rose, se puso en estado de alerta.
Acababan de salir de la sala, cuando ellos vieron a los soldados demasiado cerca de ellos como para no ser detectados. Tenían órdenes de no herir a su prisionera, todavía la necesitaban con vida, pero debían eliminar a los intrusos.
Jack, con Rose en brazos, se quedó rezagado, pues Alex echó a correr hacia el otro lado del pasillo para comprobar si tenían el camino libre, a la vez que se ponía en contacto con Mickie, informándoles de su situación y pidiendo ayuda. Los soldados les estaban pisando los talones, eran muchos y la lucha cuerpo a cuerpo no tenía sentido. Por eso Jack y Alex siguieron adelante.
Justo después, Alex se dio la vuelta para asegurarse que Jack le seguía, cuando al fondo dos guerreros que estaban más adelantados y que casi les había dado alcance ya, apuntaron con sus armas directamente a la cabeza del capitán.
¡Jack!– gritó Alex - ¡Agáchate! – Un disparo rápido y certero derribó al tirador, que cayó sobre su compañero evitando que hiciera un nuevo disparo. – ¿Estás bien? – Dijo Alex acercándose al capitán que estaba en el suelo cubriendo a Rose con su cuerpo.
Si, no te preocupes. Gracias por salvarme. – Dijo mientras se levantaba y comprobaba que Rose no estuviera herida. – Tenemos que darnos prisa, no creo que tarden mucho en aparecer más como estos. – Señalando hacía los cuerpos de los soldados.
De nada, era la mínimo que podía hacer, tu lo has hecho antes por mi. – Alex se sintió complacido por lo agradecido que estaba el capitán.
Al momento se pusieron de nuevo en camino hacia el almacén donde debían encontrar la TARDIS. Sin embargo, no se esperaban el recibimiento que les habían preparado. No se percataron que poco después de llegar ellos a la nave de los alienígenas, las fuertes emisiones de energía de la TARDIS fueron detectadas por los controles de la nave de los extraterrestres y después de un efectivo rastreo dieron con ella en el viejo almacén.
Vamos capitán, estamos cerca de la TARDIS – Dijo Alex mientras se volvía hacia el capitán, que se había detenido al notar que Rose se movía inquieta en sus brazos.
La dejó en suelo y comprobó su pulso, que era un poco irregular, murmuraba palabras que Jack no podía entender, excepto una. - Doctor.- La preocupación del capitán iba en aumento, Rose cada vez tenía peor aspecto y era necesario llegar cuando antes a Torchwood y ponerla en manos expertas. Jack no dijo nada y después de cogerla se dirigieron hacia la sala rápidamente.
Un nuevo disparo les cogió por sorpresa cuando estaban a punto de llegar hasta la puerta. Jack se agachó y rodó por el suelo protegiendo a Rose por lo que no se dio cuenta que la bala le había atravesado el brazo, la adrenalina no le había dejado, mientras Alex con su arma preparada derribaba al soldado que había hecho el disparo al capitán.
Jack, que ya se había recuperado de la herida, se puso en pie rápidamente con su webley en la mano y abatió a tres de los alienígenas que habían aparecido por el otro extremo del corredor.
Sin perder tiempo Jack recogió a Rose y junto a Alex entraron en el almacén en el preciso momento en el que aparecieron el Doctor y Mickie tras los soldados que acababan de derribar. El Doctor se detuvo junto a Jack, observó a Rose y por un momento se quedó totalmente petrificado, al comprobar el mal estado en que se encontraba la mujer que tanto amaba. Jack y el Doctor se miraron durante unos segundos, el capitán pudo adivinar la pregunta que flotaba en los ojos del Doctor.
- Es una chica fuerte, saldrá de esta ya lo verás. – Dijo Jack con tristeza en la voz, aunque la esperanza que sentía también se tradujo en lágrimas. – Esta muy débil, pero es una luchadora, siempre lo ha sido por ti. Necesitará muchos cuidados pero ahora que estás a su lado se recuperará pronto. Tu cercanía es lo único que necesita en estos momentos.
- Doctor, capitán, creo que tenemos un problema, será mejor que nos marchemos cuanto antes. – Dijo Alex que vio en el transmisor que acababan de aparecer un grupo de alienígenas encabezados por Radnesk y Zeck. – Tenemos visita. – Dijo mientras se preparaba para presentar una dura batalla.
Jack le entregó al Doctor a Rose, que se dirigió rápidamente a la TARDIS, y después se reunió con Alex y Mickie que estaban ocultos detrás de unas cajas, dispuestos a enfrentarse con los soldados.
El Doctor, una vez en la TARDIS, dejo a Rose sobre la cama. Contempló durante un momento su rostro, le retiró suavemente un mechón de su niveo rostro, que ahora reflejaba todo el sufrimiento que había tenido que pasar.
Le acarició la cara, le besó en los labios, fríos y secos, estaba tan pálida y delgada que casi no la reconocía. Sintió que su corazón se estremecía y sin poder remediarlo, se apenó por el dolor que le había causado.
El sonido de los disparos producidos en el exterior le hizo reaccionar y se dirigió a los controles de la TARDIS y empezó a prepararla para despegar cuanto antes.
En el exterior se entabló un duro combate, los disparos rebotaban en las cajas, sobre la TARDIS y los alienígenas iban cayendo poco a poco. De pronto desde el fondo del almacén y tras una puerta oculta aparecieron varios soldados que les cogieron desprevenidos.
De pronto se encontraron entre dos fuegos, Mickie se giro para hacer frente a dos soldados que se dirigían hacia él. Pillados por sorpresa cayeron bajo sus balas. Mientras, Alex tuvo que salir corriendo de su escondite, cuando tres guerreros estuvieron a punto de tenerlo rodeado.
Ya le tenían a tiro, cuando dando un grito para llamar la atención de su compañero, detrás de un motón de aparatos oxidados, apareció Jack; le dio un empujón a Alex para apartarlo del fuego enemigo, pero al no calcular la fuerza que usaba, el muchacho, fue a parar contra una vieja nave, se dio un fuerte golpe en la cabeza que le dejo aturdido, mientras el capitán continuaba disparando sin cesar contra los soldados, para evitar que lastimaran al chico.
Poco a poco fueron derrotando a los alienígenas que iban apareciendo, que se resistían a perder su fuente de energía. Zeck estaba furioso, daba continuamente órdenes a sus soldados, lanzándolos contra Jack y Mickie que protegían a Alex que se recuperaba poco a poco.
Y entonces el Doctor se asomó por la puerta de la TARDIS y con un grito les dijo:
Vamos, dejaros de jueguecitos, tenemos que huir. Esto se va poner muy feo. – Dijo mientras desaparecía en el interior de la TARDIS. Un momento después entraron corriendo Mickie y Jack que llevaba a Alex sobre los hombros.
Podemos irnos. – Dijo Jack dejando al chico en el suelo con ayuda de Mickie.
¿Se pondrá bien? – Dijo Mickie ayudando a Alex a levantarse.
Si, no te preocupes. Solo ha sido un golpe en la cabeza. Se recuperará. – Dijo Jack dirigiéndose hacia el Doctor. - ¿Cómo está Rose?
Bien. – La escueta respuesta del Doctor y la expresión de su cara indicaron a Jack que el Doctor estaba tramando algo.
Doctor. – Dijo Jack mirándole directamente - ¿Qué ocurre? ¿Acaso Rose a empeorado?
Nop – El continuo silencio del Doctor estaba empezando a poner nervioso a Jack. – Por favor, ve con Rose y asegúrate que no necesita nada mientras pongo la TARDIS en un lugar seguro y por cierto, será mejor que te agarres. – Dijo el Doctor apretando el último botón e inmediatamente después, mientras la TARDIS con su característico sonido abandonando el viejo almacén de la nave alienígena, un fuerte temblor hizo agitarse toda la nave.
¿Qué ha ocurrido? – Dijo Mickie levantándose, dejando un momento sólo a su compañero y observando la pantalla del ordenador pudo comprobar la terrible explosión que se estaba produciendo en la nave alienígena en ese momento. - ¿Pero, que has hecho?
Un pequeño ajuste de cuentas – Dijo el Doctor, mientras se plantaba delante de la pantalla del ordenador, con las manos en los bolsillos.
Nadie fue capaz de decir nada, estaban demasiado impresionados de lo que estaban siendo testigos. El Doctor pocas veces tomaba venganza, pero en determinadas circunstancias, dejaba libre el fuego que anidaba en su corazón y las consecuencias podían ser devastadoras.
Todo ocurrió en cuestión de segundos, la gigantesca nave de los alienígenas se volatizó muy deprisa, pero nadie advirtió que una pequeña cápsula de salvamento salía despedida entre los restos de la nave. El general Zeck, con Radnesk, el gran canciller y varios soldados había conseguido llegar hasta ella y ponerse a salvo.
- o -
Doctor – Dijo Rose en una suave voz mientras se removía inquieta. Continúo murmurando. – No, por favor – Empezó a temblar y a mover la cabeza de un lado a otro – Otra vez no. Ya no puedo más. – Intentó liberarse de las manos de Jack.
Calma, Rose – Dijo el Doctor que se había acercado hasta ella. – Shh. No te preocupes todo está bien. – Dijo mientras le sujetaba los brazos en lugar del capitán. – Ya se ha acabado. – Empezó a acariciarle el pelo, a la vez que le susurraba suaves palabras para calmarla.- Estoy aquí. Escúchame, he venido a buscarte y nada ni nadie nos volverá a separar. Te lo prometo. – Aquellas palabras fueron haciendo su efecto, Rose se fue relajando y su respiración recuperó la normalidad.
La TARDIS llegó al cuartel de Torchwood e inmediatamente salieron Jack, Alex que todavía estaba un poco mareado, apoyado sobre Mickie y tras ellos el Doctor con Rose e en sus brazos. Cuando la había cogido, al levantarla, le había parecido tan ligera, que no pudo entender como había sido posible que su cuerpo resistiera todas aquellas terribles pruebas por las que había pasado.
La cabeza de Rose reposaba sobre el pecho del Doctor, ella percibió el sonido de sus dos corazones y como un acto reflejo saco su mano, de entre la gabardina que Jack le había puesto cuando la encontraron y se agarró fuertemente a la chaqueta del Doctor. Se acurrucó y se apretó más contra el cuerpo del Doctor. Reconoció perfectamente ese sonido, sabía que estaba en un lugar seguro y a salvo.
Jackie que había reconocido el sonido de la TARDIS llegó corriendo hasta ellos y cuando vio el estado en que se encontraba Rose, no pudo decir nada. Se quedó mirando al Doctor buscando alguna respuesta, a la multitud de preguntas que le llegaban a la cabeza. Los ojos se le llenaron de lágrimas pero ni una sola llegó a caer. Ahora era el momento de ser fuerte, no podía dejarse vencer por la tristeza.
Tenemos que llevarla al hospital – Dijo Jackie acariciando la cara de Rose.
No. – La rápida respuesta del Doctor la pilló desprevenida.
Pero… Rose necesita que la vea un médico. – Jackie no entendía porque el Doctor se comportaba de esa manera.
No. Yo se lo que necesita Rose y sólo yo puedo dárselo. – Se dio la vuelta y empezó a andar hacía la salida – Necesita descansar y no médicos que empiecen a hacerle pruebas innecesarias.
Podíamos llevarla a casa. – Dijo Mickie acercándose hasta el Doctor – Es un lugar tranquilo, y alejado de cualquier intromisión.
Me parece bien. - Dijo el Doctor mirando al chico agradecido - ¿Tienes coche?
Si, por supuesto. Lo tengo en la parte de atrás, voy a buscarlo – Mickie salió a la carrera y transcurridos unos minutos apareció de nuevo en la puerta.- Doctor, cuando quieras nos vamos.
Bien, entonces todo aclarado – Dijo el Doctor mirando a Jackie - ¿Vienes? Creo que en estos momentos necesita saber que estás cerca de ella.
Claro – Jackie aceptó la decisión del Doctor y pensó que tal vez tuviera razón. Rose solo necesitaba mucho reposo y sobre todo tiempo para que se recuperará. Sin dudarlo por más tiempo, siguió los pasos del Doctor. – Tengo preparada su habitación. Sabía que tú la traerías de vuelta a casa.
Jack, ven tu también, estoy seguro que Rose estará encantada de verte cuando se despierte, además tendré que decirle que fuiste tu su salvador. – Le dijo el Doctor mientras se dirigían hacia la puerta.
El capitán sonrió y dio un paso para seguir al Doctor, pero se detuvo, miró a la herida del brazo que ya se le había curado por completo y luego se volvió hacia Alex.
Vamos, me has salvado la vida un par de veces hoy y después de lo que te he hecho.- Dijo Jack señalando al golpe en la cabeza del muchacho. – Creo que te mereces que te invite a tomar algo.
